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Laguna Estigia » Capítulo 6 (Segunda Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 6 (Segunda Parte)

11 de agosto de 2004
Horario: una de la mañana.



Era una noche fría, terriblemente fría. La luna menguante brillaba recelosamente sobre los terrenos, acompañada por nubes densas que oscurecían las estrellas en el firmamento. En el bosque reinaba una inquietante paz. Podía escucharse el zumbido del viento contra los enormes árboles, pero los animales que habitaban allí parecían haber desaparecido. O quizás habían decidido ocultarse de la Amenaza que se cernía sobre el castillo.

Sí, el castillo. Seguía estando allí, enfrente de él, imponente. Con una magia tan singular rodeándolo, haciéndolo parecer tan espectacular y esperanzador como siempre. ¡Ah! También seguía siendo igual de falso e ilusorio. Contenedor de esperanzas perdidas, de una juventud sin futuro... El lugar que muchos jóvenes consideraban su segundo hogar, o como en su caso, su único hogar. Qué ingenuo había sido en aquel momento para dejarse llevar por aquellas estúpidas creencias. Aquellas promesas de tranquilidad y felicidad. No obstante, ¿en qué otras cosas podría haber creído...? ¿En los Dursley? Tal vez debería haberles hecho caso al cumplir sus once años, y no haber aceptado la vacante en Hogwarts; no haber aceptado su lugar en el Mundo Mágico; haber negado sus responsabilidades, haber vivido como un muggle...

Hogwarts no había cambiado. Ni que debiera. Seguía estando bajo el mando del mismo director. Albus Dumbledore. El mismo vejete insufrible con tantas caretas bajo la manga. Aquellos malditos ojos azules chispeantes, que a la vista parecían tan carismáticos. Y no lo dudaba. Después de todo, ¿qué sería de Dumbledore sin su carisma y poder? Nunca hubiera llegado tan alto. Aunque tampoco negaría que era un vejete inteligente o que había sido realmente brillante en su juventud. Eran hechos que hasta el mismísimo Lord Voldemort nunca denegaría. Pero aquello no significaba que fuera la mejor persona para liderar los ideales del Bando de la Luz. Aunque tampoco habían tantas otras posibilidades.

Sin embargo, no era el momento de plantearse cosas como esas. Hacía años había tomado su decisión, y en ningún momento se había arrepentido de tal. Lord Voldemort le había brindado más cosas de las que jamás en su vida Dumbledore le hubiese entregado. Y quizás fuera entonces cuando uno comprendería cómo podía enfrentar las memorias que surgían en su mente al hallarse en el lugar donde empezó todo... y donde todo su pasado quedó desterrado.

A su lado se encontraba una temblorosa Hermione. Ella también parecía estar reviviendo recuerdos, aunque Filldeserp estaba seguro que en algún momento, durante aquellos seis años, la joven había vuelto al castillo. No obstante, esta era una de las primeras veces que Filldeserp lo hacía. Y por la expresión de su rostro, le era totalmente indiferente.


- Tom tiene ideas descabelladas. Y temo decir, que cada día parecen empeorar más. – Siseó Nagini. Filldeserp sonrió burlonamente.
- Qué suerte que no está aquí para oírte decir eso, Nag. Pero llegado al caso, ambos sabemos que a pesar de su locura... es un genio.
- Sólo lo admitiré y aceptaré cuando Dumbledore también lo haga.
- No tendrás que esperar mucho para ello, Nag.
– De haber podido, la serpiente hubiera reído.
- ¿Qué piensas hacer respecto a la chica Granger? Será un absoluto estorbo.
- Sino fuera porque te conozco, diría que pareces celosa de la presencia de otra hembra en la misión.
- ¡Siempre hemos sido tú y yo! No puedes negarme un poco de posesión sobre el tan nombrado Heredero de Voldemort, ¿verdad?
- No me atrevería a hacerlo.
- Es bueno saberlo.



A pesar de su aspecto amenazante, Nagini no era una serpiente tan frívola como muchos suponían. Si bien a la hora de acción en una misión sería mejor no cruzársela, era una serpiente extremadamente astuta y perceptiva. Sus escamas eran de un color negro como la noche, a excepción de ciertos sectores donde un verde oscuro se mezclaba con éste. Poseía un gran tamaño y, a pesar de ello, una gran agilidad. Sus ojos eran amarrillos; un amarrillo helado que enviaba escalofríos por todo el cuerpo de quien se atreviera a mirarla.


- Esta noche será divertida. – Siseó Nagini con auténtico regocijo en su voz.
- Claro que sí, preciosa. Hoy será la noche en la cual Draco Malfoy aprenderá que nunca debió atravesarse en mi camino. – La serpiente se deslizó con más rapidez por el suelo, aún más emocionada.
- ¡Cómo quisiera verlo...!


Hermione se sentía deliberadamente ignorada. Y tenía muchas razones para hacerlo. No sólo que Filldeserp parecía no preocuparse ni reparar en su presencia, sino también que ahora conversaba en pársel (un idioma que definitivamente ella no conocía) con una serpiente que sabía no simpatizaba mucho con ella. Además estaban caminando tranquilamente por los terrenos, bordeando el bosque prohibido, como si estuvieran esperando alguna clase de señal o algo que les permitiera ingresar. Si le preguntaban a Hermione, no veía la hora en la cual esa funesta noche terminara.

Estaba de nuevo en Hogwarts. De nuevo allí... con Harry, pero no de la forma en la cual años antes había imaginado. Hogwarts ya no le parecía tan acogedor. No cuando contenía tantas memorias dolorosas, tantos momentos que debía olvidar si quería sobrevivir en su cordura. Se recordaba con once años, comentando con sus recientes amigos Ron y Harry, lo interesante que eran las clases, vistiendo con orgullo los colores de Gryffindor, sin entender totalmente porqué pertenecía a aquella casa. Más tarde lo comprendió. Se recordaba con trece años, peleando con Ron por cualquier estupidez e intentando ser la voz de la conciencia de Harry en aquellos tiempos tan peligrosos, con la amenaza de Sirius Black sobre su amigo...

Sirius... ¿Qué diría Sirius si viese ahora a su ahijado? ¿Qué diría al ver al hijo de su mejor amigo convertido en su asesino? Tal vez, viéndolo desde aquel punto de vista, era bueno que Sirius ya estuviera muerto. Porque sino, moriría de nuevo.

Hubiera querido llorar. Lástima que ya no tuviera más lágrimas en sus ojos para derramar. Había llorado lo suficiente hoy. Más que en toda su vida, supuso.


Filldeserp se detuvo y Hermione casi tropezó con él en su distracción. Llevaban sobre sí encantamientos que evitaban que fueran vistos, escuchados, rastreados o palpados, entre otras tantas cantidades de hechizos. Filldeserp le había dicho que frecuentemente él no se colocaba tantos hechizos, ya que acababan menguando su poder mágico bajo sus efectos, pero aquella vez haría una excepción por ella. Nagini, según entendió Hermione, tenía sus propios métodos de invisibilidad. Aunque no le servía de consuelo.

El heredero de Voldemort observó con inmutable calma como las grandes puertas del castillo se abrían con extremada lentitud, desde el punto de vista de Hermione, a quien cada segundo que transcurría provocaba un aumento de su nerviosismo. Una tenue luz iluminó el sector circundante a la entrada, y una oscura figura salió del interior del castillo. Ante el estupor de Hermione, Filldeserp se adelantó hacia ésta. A medida que se iban acercando, la joven Gryffindor comenzó a distinguir los rasgos de la figura.

Era una mujer, vestida con una elegante túnica negra, y con sus cabellos rubios platinados cayendo dócilmente sobre sus hombros. Aún en la oscuridad de la noche y con a penas la luz que desprendía su varita, Hermione pudo ver aquellos ojos azules, con un brillo muerto en su interior. Su mirada era tan desafiante que envió escalofríos por todo el cuerpo de Granger.


- Mi Lord. – Musitó ella cuando Filldeserp, Hermione y Nagini llegaron hasta ella.
- Buenas noches, Alice. – Saludó Filldeserp, con una sonrisa cordial.
- Hasta ahora todo ha salido bien, mi Lord. Dumbledore no sospecha nada.
- Excelente trabajo, Alice. Siempre tan servicial. – Dijo con una sonrisa burlona impresa en su rostro. Alice retornó la sonrisa, con sus ojos brillándole exaltadamente.
- Si perdona mi intrusión, mi Lord, ¿quién es la joven que le acompaña? No recuerdo haberla visto en ninguna reunión...


A pesar de la amabilidad de sus palabras, Hermione detectó detrás de ellas cierta aversión hacia su persona. Se preguntó porqué, ya que no recordaba haberse cruzado jamás con esa tal Alice, aunque su rostro le era bastante familiar... pero era imposible que se conociesen. Entonces, ¿por qué el rostro pálido de la mortífaga lucía tan enfurecido?


- Aunque tiene cierto parecido con... – Continuó Alice, sin embargo se detuvo a contemplar la expresión del rostro de Filldeserp, que como siempre no revelaba demasiadas emociones, ni siquiera las suficientes para intentar adivinar en qué estaba pensando. – Pero no puede ser...
- Fue el deseo del Lord mantenerla con vida. – Dijo Filldeserp fríamente. Los ojos azules revelaron la sorpresa que aquella noticia incitó.
- ¡Pero es una sangre sucia!
- Será mejor que Tom no te escuche criticando sus decisiones, Alice. – Murmuró Filldeserp, aunque su tono de voz era menos amenazante que lo esperado. La mortífaga calló, aunque no bajó sus ojos al suelo en señal de arrepentimiento en ningún momento.


Filldeserp se acercó a ella hasta quedar a pocos centímetros de distancia. Con seductora habilidad acarició la mejilla de Alice, quien sonrió soberbiamente ante el gesto. Hermione, la única testigo de la escena, frunció el entrecejo, sin comprender el intercambio que Harry y la mortífaga estaban haciendo. A su lado, Nagini siseó muy enojada, intentando acaparar nuevamente la atención de Filldeserp, pero éste la ignoró, demasiado entretenido en murmurarle unas palabras en el oído a Alice.

La risa suave de la mortífaga que siguió a aquella acción le puso los pelos de punta a Hermione, quien no podía dejar de observar con qué afinidad ellos se trataban. Casi sintió celos al ver como una mujer parecía llamar la atención de Harry, y que no fuese ella. Nunca nada parecido había sucedido en Hogwarts. Luego del fracaso amoroso de Cho Chang, Harry no había vuelto a salir con ninguna otra chica, dejando a Hermione como su única compañera femenina. Tal vez había pensado que aquello continuaría así, luego de seis años... Filldeserp, siendo el heredero de Voldemort, obviamente tendría a muchas mujeres sangre pura detrás de él. ¿Por qué tendría que elegirla a ella?

Inmediatamente descartó aquellos pensamientos de su mente. ¡¿En qué rayos estaba pensando?!


- Será mejor que prosiga en su misión, mi Lord, antes de que Dumbledore se dé cuenta de la intromisión en las barreras. – Susurró Alice en contra de sus instintos. Filldeserp sólo asintió, retomando la distancia prudencial ente ellos.
- ¡La misión, Harry!
- Ya te he escuchado, Nagini.
- Pues no lo parece.
- Siempre arruinando mi diversión...
- Ya sabes lo que pienso sobre eso.
- No te pongas demasiado rabiosa. Luego no tendrás cómo descargarte.
- Sino empiezas a moverte, será contigo.
- Filldeserp rió entre dientes tras aquel comentario de su amiga.
- Debes continuar con tu patrulla, Alice, o alguien comenzará a sospechar. – Sugirió Filldeserp antes de comenzar de nuevo su caminata hacia las puertas del castillo.


Nagini y Alice le siguieron, pero Hermione permaneció rígida en su lugar, pensando sobre todo lo que acababa de ver.


- ¿Algún percance, Granger? – Preguntó burlonamente la mortífaga, volteándose hacia ella. Cayendo en la realidad, Hermione negó con la cabeza y la siguió, advirtiendo la mirada recelosa que Alice envió en su dirección.


***


Aceptando la sugerencia de Filldeserp, Alice emprendió nuevamente su patrulla como profesora de Hogwarts, para así aminorar luego las sospechas sobre su persona cuando descubrieran el cadáver de Draco Malfoy. Mientras tanto, Nagini y Filldeserp habían puesto en marcha su plan de infiltración, decidiendo dividirse en dos equipos: uno que se encargaría de la muerte de Malfoy (Filldeserp y Hermione), mientras que Nagini estaría a cargo de cuidar que no hubiera interrupciones, y si las había, eliminarlas.

Así pues Hermione se halló recorriendo los desérticos pasillos junto con Filldeserp. Corrían menos riesgo de ser descubiertos al encontrarse el alumnado en período vacacional, y de aquella manera, menos profesores habitando en el castillo, aunque Filldeserp tenía la plena seguridad que había como mínimo una docena de aurores patrullando, intentando proteger al mortífago traidor de venganzas. Hermione tuvo que admitir que sus esfuerzos serían infructuosos. Tras haber visto a Harry luchar en Callejón Diagon, tenía la certeza de que ni una docena de aurores profesionales juntos podrían detenerlo. Menos con Nagini cubriendo sus espaldas.


- ¿Dónde está Malfoy? – Susurró Hermione, sin estar totalmente segura si había hecho bien en hablar. Sin embargo, con una ligera mirada de advertencia de parte de Filldeserp, supo que podía hacerlo aunque con discreción.
- En una de las mazmorras más inaccesibles del castillo. – Contestó él.
- ¿Alguna vez... has estado allí? – Filldeserp alzó una ceja escépticamente ante su pregunta.
- Obviamente. Yo fui el encargado de registrar cada rincón de Hogwarts en su momento.
- ¿Para qué? – Preguntó con auténtica curiosidad. Él sonrió misteriosamente.
- Para crear un renovado mapa del Merodeador.


En los segundos que se extendieron luego de aquella declaración, Hermione intentó definir si Filldeserp le había tomado el pelo o estaba hablando de verdad. Después de todo, un mapa con tales características le sería enormemente útil a Voldemort para mantener un buen ojo sobre sus enemigos, además de crear planes de ataque sin necesidad de mayores investigaciones. En realidad, no le extrañaría a Hermione que la Orden Tenebrosa tuviera mapas así del Ministerio, San Mungo, Callejón Diagon y lugares con similar importancia para la Comunidad Mágica. Explicaría muchos de los conocimientos que Voldemort poseía de antemano antes de que sus espías le informasen. Era hasta quizás una forma de comprobar si los espías estaban contando la verdad.

Durante varios minutos divagaron entre las mazmorras, cada vez profundizando más en Hogwarts. Hermione nunca había llegado a pisar tan bajo en el castillo; aquellos sectores parecían deliberadamente olvidados... ni siquiera los elfos domésticos parecían preocuparse por limpiar un poco. Todas las antorchas estaban apagadas y oxidadas. No ingresaba ningún rastro de luz por las pequeñas rendijas en lo alto de las paredes. Podía llegar a vislumbrar su camino gracias al lumus que mantenía Filldeserp. De lo contrario, la Oscuridad hubiera sido completa.

Se detuvieron frente a una puerta que, a simple vista, Hermione se percató que había sido recientemente instalada, o sino estaría tan destrozada como el resto de las que seguían por el mismo pasillo. Pudo sentir la presencia de varios y severos hechizos de seguridad, no obstante estaba segura que serían sólo un chiste para Filldeserp; podía leer la burla en sus ojos.


- Según el plan acordado. – Siseó Filldeserp en pársel y recién entonces, Hermione se dio cuenta que Nagini había estado detrás de ella todo aquel tiempo.
- Entendido.


El heredero de Voldemort respiró hondo antes de concentrar toda su magia en sus manos, las cuales colocó con firmeza sobre la superficie de la puerta. Durante un instante fueron cegados por una luz blanquecina y luego un sonoro ‘crack’ se escuchó. La puerta cedió dócilmente, crujiendo en todo el proceso. Con una leve indicación de cabeza de Filldeserp, Hermione entró, seguida inmediatamente por él. Al momento la puerta se volvió a cerrar, nuevamente con magia, aunque esta vez con encantamientos más rigurosos y oscuros.

Nagini permaneció del otro lado, custodiando.

Filldeserp chasqueó los dedos con elegancia e instantáneamente todas las antorchas del lugar se encendieron con una intensa llamarada azul, permitiendo así contemplar la mazmorra. Sin embargo, Hermione hubiera preferido no hacerlo, ya que era vista era desagradable. Cientos de ratas se deslizaban por los bordes de las paredes, acompañadas de telarañas. El olor que emanaba el lugar era repulsivo. Y entre todo aquel lastimoso espectáculo, en el medio de la mazmorra, estaba sentado con un porte siempre altivo, Draco Malfoy.

Había que admitir que su aspecto tampoco era el mismo del cual había sido la semana anterior. Sin embargo, luego de haber pasado un par de días en aquel lugar, Hermione admiraba que aún estuviera cuerdo o que pudiera continuar mostrando aquella arrogancia que lo había llevado a su derrocamiento. Sus cabellos rubios estaban sucios y carentes de brillo, y lo mismo sucedía con sus ropas aristocráticas, que estaban totalmente rajadas. Escuetamente su apariencia no coincidía con su ego.


- Draco. Confío en que hayas tenido una entretenida y agradable estadía en el castillo. – Saludó Filldeserp, indiferente de toda la pobreza.
- Por supuesto, mi Lord. Nunca me había encontrado tan bien atendido, y durmiendo rodeado de tantos lujos. – Replicó Draco, con sus vengativos ojos grises ubicados en su interlocutor.
- Me complace saberlo. Siempre admiré la generosidad de Dumbledore para con sus huéspedes. O más bien, prisioneros...
- Deja de mofarte de mí, Filldeserp. – Amenazó Malfoy, amagando ponerse de pie, pero las esposas mágicas le impidieron el movimiento, además de las barreras que Filldeserp había colocado previsoramente a su alrededor. – Todo esto es tu culpa. Te juro que lo pagarás.
- ¿Ah, sí? – Preguntó él, en tono casual. - ¿Y me podrás explicar cómo vas a cumplir ese juramento una vez que estés muerto?
- ¿Me matarás? – Desafió Draco, elevando una ceja.
- Dalo por Hecho. – Sonrió Harry malvadamente. – Después de todo, tengo una promesa que cumplir con una dama.
- ¿Qué promesa?
- Alice. Estoy seguro que la conoces, ¿verdad? Es una mortífaga muy bien ubicada en el círculo interno. Además que tiene una figura seductora... Son rasgos notorios...
- ¿Qué hay con ella? – Preguntó Draco, entrecerrando los ojos.
- Es una mujer muy carismática, ¿no crees? Lo que la hace aún más tentadora...
- No soy un patético Gryffindor. No caeré así de fácil en tus juegos, Filldeserp.
- Así que un juego, ¿eh? ¿Alguna vez Alice te ha comentado sobre sus “juegos”... cuando ingresó a la Orden Tenebrosa?
- ¿De qué estás hablando?


Hermione palideció mientras la conversación iba avanzando. Su mente ágil y perspicaz unió rápidamente las piezas de aquel rompecabezas, y sintió como su alma se caía al piso. No podía ser cierto...


- Tu querida Alice, Draco, nunca estuvo realmente interesada en ti. – Sonrió Harry. – Aunque creo que hasta ahí sabes. Pero lo que sí no sabes, es que ella te ha vendido. Ha vendido tu ubicación, tan sólo por un poco más de jerarquía... ¿alguna vez te has preguntado porqué siempre ha querido destacar tanto? ¿Satisfacer tanto al Lord?
- Es una mortífaga fiel al Lord. – Murmuró Draco. – No hay más razón que eso. – Los ojos verdes de Filldeserp brillaron en deleite.
- ¿Alguna vez has besado cada centímetro de su blanca piel hasta al punto de sentirla plenamente tuya? – Las mejillas generalmente pálidas de Malfoy se encendieron en una moral furia contra Filldeserp.
- Tú...
- Eres un Traidor, Malfoy. Deberías haber seguido el ejemplo de Alice...
- ¿Qué me dices de la sangre sucia que te está escoltando? ¿Por qué sigue viva? – Le cortó Malfoy. Quizás buscando ganar un poco de tiempo o quizás porque realmente estaba interesado en la respuesta.
- No es algo que te incumba en este momento crítico de tu vida, Malfoy.
- Por supuesto que me incumbe. Ella y tú son los culpables de que yo esté aquí hoy. ¿Por qué el Lord puede permitirle la vida a una impura como ésta y no perdonar un pequeño desliz de uno de sus más fieles mortífagos?
- Quizás porque esta impura tiene más que ofrecer que este fiel mortífago. – Respondió Filldeserp, como si se tratara de una verdad universal.
- Permíteme dudarlo.


Hermione no sabía qué postura tomar ante aquel diálogo centrado en ella. Por un lado, podría optar por la indignación –Malfoy la estaba juzgando como inservible y ella era todo menos eso. – o bien podía estar indiferente, después de todo... no debería importarle si Malfoy o Filldeserp la calificaba de útil o no. Era tan sólo una prisionera, y tenía que hacer lo que se le dictaba, ¿verdad? Pero... ¿por qué a ella, una aurora que toda su vida había ido en contra de los ideales del Dark Lord, se le permitía vivir...? ¿Cuánto podía aportar a la Causa?

Aunque ella sabía que no se sentía así, sino más bien feliz; Filldeserp acababa de defenderla. Sutilmente, tal vez no con toda su intención, pero lo había hecho. Tal vez no con palabras cálidas, sino más bien frías y determinantes. Pero allí estaba, delante de ella... no permitiendo que Malfoy la degradara totalmente. Y su obtusa mente no pudo más que asimilar esa imagen con el viejo Harry, que impulsivamente saltaría en su defensa cada vez que alguno de los Slytherin la llamara sangre sucia...


- Normalmente no lo haría, pero... ya que es tu último deseo... Ahora, la sentencia. Hay que hacerlo como si fuera legal, ¿verdad? – Dijo Filldeserp, y tras eso adoptó una postura de sarcástica solemnidad. – Por desbocar información substancial, cooperar con el enemigo a tu conveniencia, traicionar al Dark Lord y el pacto que habías sellado con él, estás condenado a padecer una muerte lenta y dolorosa. Una muerte que desearás nunca haber tenido. Un auténtico disgusto el haberte conocido.


***


Mientras tanto el prestigioso director de Hogwarts, Albus Dumbledore, estaba sentado tras su escritorio en su despacho, analizando unos informes que uno de sus aurores le había enviado recientemente sobre una de las misiones más importantes que la Orden estaba realizando en ese momento. Durante la lectura de las largas páginas con datos fundamentales y muy bien codificados, jugueteaba con un caramelo de limón entre sus dedos. Cuando terminó de leer y estaba dispuesto a comer el dulce para meditar sobre la nueva información, las alarmas sonaron.

El caramelo de limón cayó al suelo y se quebrantó, desparramando así sus pequeños componentes.

Dumbledore se puso de pie de inmediato y simultáneamente, la puerta se abrió de un golpe y por ella ingresó Neville Longbottom, uno de los aurores que estaba haciendo patrulla por el castillo aquella noche. Lucía algo agitado y pálido.


- Las alarmas han sonado. ¿Ha sucedido algo? – Preguntó Albus, con urgencia.
- No hemos visto nada. Pero... si las alarmas han sonado... – Respondió Neville, nervioso.
- Llamaré al Cuartel por refuerzos. Nosotros solos no podremos contra él... – Determinó el director, dirigiéndose hacia uno de los instrumentos colgados en la pared y que le permitían comunicarse con la Base.
- ¿Cómo sabes que es él?
- ¿Quién más podría conocer tan bien Hogwarts para eludir a todos los guardias... y dejar sonar las alarmas?
- ¿Albus...? ¿Crees que... lo ha hecho a propósito...?
- No me cabe duda de ello. – Una vez realizada la comunicación, Albus se volteó hacia Neville, y tras un suspiro cansado dijo: – Vamos.


***


Filldeserp se distanció un par de pasos más de Draco y prolongó las barreras de aislamiento, sin darle el tiempo suficiente como para reaccionar ante la provocación. Luego chasqueó los dedos y ante su comando, todas aquellas ratas de las cuales Hermione se había horrorizado al ingresar al lugar, se dirigieron hacia Malfoy, penetrando el escudo protector. La joven entonces entendió la función de la barrera: entrada pero no salida.

Malfoy, sentado sin otra opción en una silla como las utilizadas en los juicios del Ministerio, observó espantado como cada una de aquellas pequeñas criaturas le alcanzaba y trepaba por la silla, con una escalofriante velocidad. Sus diminutos ojos eran rojos, sangrientamente rojos, efecto de la posesión que Filldeserp estaba ejerciendo sobre ellos. Brillaban en un pertinaz apetito. Apetito que sería saciado con la carne de Draco. Sería comido en vida.

Hermione pegó un grito ahogado cuando las primeras ratas empezaron a cavar en la piel de las piernas del mortífago. Draco, a pesar de sus terribles esfuerzos, no pudo evitar empezar a gemir del dolor. Un dolor que aumentaba cada segundo, y que placía enormemente a Filldeserp.

La primera gota de sangre se derramó. Y no sería la última de esa noche.

Produciendo ruidos grotescos, las ratas empezaron a cavar en su piel, ya no sólo desde las piernas, sino también sus brazos. Los gemidos agonizantes que Draco emitía evolucionaron a gritos, y perdió el control de su cuerpo, empezando a convulsionarse. Luchó, pataleó, suplicó, pero las ratas no cedieron, y tampoco lo hizo Filldeserp.


- El Pequeño y Orgulloso colega Draco. ¿Ves como ser el protegido del Dark Lord sí significa que soy mejor que ? Apuesto a que ahora ya no estás aburrido... pero por las dudas, mejor que incremente la diversión, ¿verdad?


Las despiadadas palabras que pronunció Filldeserp helaron la sangre de Hermione. Estaban cargadas de un odio inmedible, de una satisfacción indescriptible... y de una maldad que jamás creyó posible llegaría a existir en él. Muy bien recordaba Hermione las peleas que Draco y Harry habían tenido a lo largo de Hogwarts. Muy bien lo hacía. Pero nunca, nunca imaginó que llegarían a consumirse ambos en un odio tan destructible. Tan ciego. Y lloró, realmente lloró por sus almas.

Las ratas dejaron de cavar. Empezaron a comer. Poco a poco, disfrutando cada bocado. Carne tan sabrosa; sangre tan gustosa. Y entre mordisco y mordisco, resonaban los gritos de Draco, sordos para aquellos que estuvieran afuera de la habitación. No había nadie allí que pudiera detener aquello. Nadie... salvo ella.


- ¡Detente! ¡Detenles, por favor! – Suplicó Hermione corriendo hacia Filldeserp y aferrándose a su brazo izquierdo.


Él bajó su mirada hasta ella y le pegó un golpe que la tiró al suelo de bruces. Sollozando, se dio vuelta en el suelo para quedar boca arriba y se incorporó ligeramente.


- ¡Detente, Harry! ¡¿Por qué haces esto?! Mátalo, ¡ten un poco de piedad!
- ¿No eres acaso de las que defienden las vidas de las personas, Mione? – Preguntó Filldeserp, con total tranquilidad.
- ¡La muerte es mejor que todo este sufrimiento! – Gritó ella.
- Es el precio que deben pagar los traidores, Mione. – Explicó Harry con pasmosa insensibilidad.
- ¡No me llames así! Tú... tú... eres un monstruo.


Hablas como sino fueras parte de la humanidad, Harry.


- ¿Y cuál es la novedad, Mione?


Hermione se levantó del suelo, furiosa, y arremetió contra él, dispuesta a pegarle con todas sus fuerzas; no midió su capacidad ni pensó contra quién estaba embistiendo. Sólo siguió su impulso de digna Gryffindor y atacó.

Pero esta vez, Filldeserp había perdido la paciencia. Tomó los dos brazos de Hermione y la sostuvo con fuerza, produciéndole superficiales heridas en las muñecas. Luego la volvió a tirar al suelo y esta vez elevó la varita en su dirección.


- ¿Qué hablamos sobre la indisciplina? ¡Crucio!


Hermione había experimentado muchos cruciatus en su vida, no obstante ninguna había llegado jamás a la intensidad de éste. Podía percibir todo el odio, toda la sed de venganza... todo el dolor y la furia de Filldeserp concentrados en su cuerpo, dañándola, apuñalándola, sacudiéndola... torturándola. Y al mismo tiempo, podía ver sus oscuras esmeraldas, llorando en las profundidades... muriendo lentamente.

Ya no sientes tanto frío, ¿verdad?

Lágrimas vagabundearon por el rostro de la joven. Lágrimas solitarias que no fueron secadas por nadie.


***


Veinte aurores, más Dumbledore y alguno de los profesores que se encontraban residiendo en Hogwarts durante aquel verano, entre los cuales se hallaba Kolberg, siguieron una estrategia para rodear el pasillo de la celda de Malfoy donde se había detectado la infiltración. Lo hicieron con absoluto cuidado para que no quedara ninguna vía de escape, y paulatinamente fueron acercándose más a la celda, hasta que el grupo principal, donde estaban Dumbledore y Neville, se halló frente a frente con la puerta de la celda.

Sólo había un obstáculo en el camino... Nagini.

Todos los aurores sacaron sus varitas y apuntaron a la temperamental serpiente, la cual siseó excitada y se inclinó ligeramente hacia ellos, provocando algunos retrocesos en los aurores más débiles y temblorosos. Otros perdieron el control y empezaron a lanzar hechizos a diestra y siniestra, sin embargo todos ellos no tuvieron efecto alguno sobre Nagini. Sus escamas poseían una propiedad especial que la protegía de la magia ofensiva. Ideal para una serpiente depredadora.

Los aurores que se mantuvieron en su juicio se giraron hacia Dumbledore, en pos de indicaciones.


- ¿Qué haremos?
- No tenemos más opción que retirarla del paso para acceder a la celda. – Dijo Dumbledore. – No importan los medios, noquéenla.


No obstante, Nagini tenía otros planes en mente. Si hubiera podido sonreír, aquellos humanos hubieran visto la sonrisa más maligna que un ser vivo podría expresar. Y mucho más.


- Tom va a estar muy contento conmigo. Aunque creo que me envidiará porque haré lo que él no pudo hacer todos estos años. ¡Si Harry viera esto...!


Y siseando más palabras incomprensibles para los aurores, comenzó a deslizarse por el desaseado suelo, arrimándose lo más rápido y compulsivamente posible hacia ellos. Algunos cobardes decidieron que preferían vivir antes de ser útiles a la Causa que defendían y salieron corriendo de allí. Otros sostuvieron sus varitas, dispuestos a vencerla. Y el resto permaneció estático, sin saber qué hacer.


- Qué patéticos. ¡Cómo me gustaría comérmelos! Pero creo que eso me causaría una terrible indigestión... Y no quiero eso, ¿verdad?


Sus silbidos incitaron a más aurores a huir, aunque esta vez algunos prefirieron disimular un poco y retrocedieron lentamente. Pero Neville seguía firme en la primera fila, con sus ojos marrones fijos en ella y analizando cada uno de sus movimientos, pensando que podría predecirlos como Filldeserp había hecho semanas anteriores con él.


- Te falta un largo camino para alcanzar a Filldeserp, querido. De hecho, es inalcanzable para ti.


Si hubiera podido reír...


***


Sonriendo vorazmente, Filldeserp se adelantó hasta Draco, atravesando la barrera. El rubio ya había perdido una pierna y un brazo, y estaba a punto de perder los otros dos miembros. A parte de eso, varias ratas ahora iban a por su rostro. Estaba semi-conciente, más cerca de la muerte que de otra cosa. Ante el comando de su líder, las ratas frenaron su comida durante un par de minutos. Los últimos minutos antes de poder terminar.


- Comido por las ratas... esto debe de estar comiendo hondamente en tu orgullo, ¿verdad, Draco? – Susurró Filldeserp en su oído derecho.


El mortífago permaneció con los ojos cerrados, respirando con verdadera dificultad y maldiciendo a Filldeserp en su mente, entre todo el dolor que nublaba su cordura. Había perdido cierta noción de su cuerpo y de la realidad; la única forma que había conseguido de permanecer cuerdo y con vida hasta ese momento. Llevaba más de media hora de tortura, aunque no lo supiera. Se estaba desangrando, y dolía. Realmente lo hacía.


- Qué pena que tu camino termine hoy aquí. Podrías haber llegado a ser alguien poderoso, ¿sabes? Lástima que poseíste más orgullo de lo adecuado. Te consumiste en tu ambición. Hay más cosas que van más allá de tus intereses, Draco. Por ejemplo, los intereses de tu Lord. Pero ya es tarde para eso. Ya es tarde para reparar tu deslealtad. ¿Sigue tu juramento en pie?


Malfoy sólo pudo asentir; había perdido toda su voz gritando. Pero por lo menos, pudo expresar su voluntad. Filldeserp sonrió burlonamente.


- Nos veremos en el infierno, Drakito.


Y el heredero de Voldemort dio la última orden a las ratas, entregándoles además de obsequio el resto del cuerpo. Sólo se quedó con un ingrediente del cuerpo del mortífago.

Su corazón.


***


Nagini había estado jugando con los aurores por más de quince minutos. Se había entretenido enormemente con ellos. Había herido a unos cuantos, y había matado a otros cuantos. Había adornado el pasillo de la mazmorra con sangre fresca a grandes chorros. Desde su punto de vista, combinaba perfectamente con el negro gótico de las paredes. Sin embargo, ya se estaba aburriendo. Aquellos humanos eran demasiado previsibles. Sólo había dos personas que merecían su interés y que continuaban de pie, y serían sus últimas víctimas antes de la gloriosa retirada.

El problema consistía en que ya no tenía mucho más tiempo y debía terminarlos rápido. Un factor que tenía a su favor era que ya no había tantos otros en el camino, así que tenía vía libre para hacer lo que quisiera con ellos que no habría quien los defendiese. Esa idea le entusiasmaba.


- Longbottom. Víctima número 21 del mes de agosto.


El muchacho era ágil, no podía negarlo. Pero ella había entrenado todos esos años con Filldeserp hasta el límite, así que su velocidad era escasa en comparación a la que solía ver. Tenía amplios conocimientos en magia blanca, pero nada deslumbrante. ¿Qué era lo que veía Dumbledore en ese auror para nombrarlo el héroe que reemplazaba el hueco que Harry Potter había dejado en la Comunidad Mágica?

Ampliamente desilusionada con Longbottom tras tres minutos de pelea, le pegó un golpe casi mortal en los riñones con su dura cola, incrustándolo contra la pared opuesta en el envión. Cayó inconsciente al suelo.


- Dumbledore. Víctima número 22 del mes de agosto.


Si había quedado desilusionada con Longbottom, ciertamente no opinó lo mismo con Dumbledore. Ese vejete en sus mejores tiempos sí había sido el rival digno de Voldemort, y a pesar de haber perdido cierta habilidad con el paso de los años, aún se veía su calidad de mago en sus movimientos. Su conocimiento de magia era muy variado y acertado, y sus movimientos lentos, aunque bien pensados. Siempre había comprendido la razón por la cual Voldemort no subestimaba a Dumbledore, no obstante ahora la comprendía aún mejor.

No tenía mucho tiempo, así que en contra de sus deseos, decidió apurar la pequeña lucha, degradando aún más la velocidad de Dumbledore al encerrarlo con firmeza entre sus anillos.

Finalmente Nagini clavó sus colmillos altamente venenosos en la piel del veterano profesor, y dejó que el veneno ingresara a sus venas.


- Jaque Mate.

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