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Laguna Estigia
(R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38 Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2010, 12:57 [ Más información ]
Capítulo 6 (Primera Parte)
Wenas, gente!! ¿Cómo han estado en estos... uh... 4 o 5 meses sin vernos...?
Yay!!!! Creí que nunca terminaría este capi! XD Okay, para aquellos que creían que estaba muerta, lamento informarles que no, sigo viva y coleando, aunque algo más atareada. Para aquellos que creían que había abandonado el fict, con gran satisfacción lo niego... Un fict que jamás abandonaré será LE. Pueden dudar de todo el resto, pero de LE no XD. Estoy demasiado enamorada de Filldeserp como para dejarlo así como así *risas*. Mi idea principal en esta nota de autora era intentar no llenarla de excusas, pero creo que se merecen saber qué me ha sucedido. Principalmente, en Noviembre tuve mis exámenes finales y me enfoqué en ellos, ya saben... todo el tema de querer ser la chica modelo y eso XD Lo conseguí! Wee! XD Conseguida esa meta, me propuse concluir DO antes de fin de año. También lo conseguí. (Por cierto, LE ganó el Premio Anual HA al Mejor Fict En Proceso (escritoras menores de 15 años)!)Y posteriormente... me planteé disfrutar las vacaciones, sabiendo que este año escolar iba a ser el más complicado de todos los que he cursado hasta el momento, so... También lo hice, sólo escribiendo en todo el verano el fict aniversario de HA (Si les interesa leerlo --> www.harryargentino.com.ar/fansfictions/viewstory.php?sid=13467) ^^!, y no porque no quisiera ir escribiendo de a poco LE, sino porque mi musa se tomó en serio lo de Vacaciones. Y una vez estando a quince días de empezar el ciclo escolar, retomé LE. El gran problema fue que finalmente volví a clases y me encontré con mi tiempo libre recortado, por la pila de deberes y además porque me he unido al coro del colegio (sí, sí, he perdido toda cordura...) perdiendo así algunas horitas de los sábados que solía emplear para escribir. No merezco su perdón, lo sé... Pero realmente lo siento. Quise terminar este capi la semana pasada, pero ciertos inconvenientes volvieron a surgir y, ¡argh...! Soy una malísima escritoria, lo sé –snif-. 21 reviews! Yay! Muchísisimas gracias! Los kieroooo! Bueno, este capi va dedicado a Jandres, quien hace poco ha cumplido años y siendo un lector tan fiel, no puedo más que darle un pequeño regalito... (lamento la demora T.T). También agradezco el apoyo de Gaya y Kathy, otras dos lectoras que creo que saben más de mis ficts que yo misma XD Pero mis cariños más expresos van hacia Nagini (una beta sin igual! Creo que pueden imaginársela con sus colmillos venenosos, cada mañana en el colegio, preguntándome si he escrito LE...), Gonza y Javote, dos personajes que se van turnando para cuestionar mi constancia de escritura y animarme las mañanas! Y claro, subirme los humos! XD. Espero que disfruten del capi, y que la demora no haya sido totalmente en vano. Beshos a todos! *** Título: Laguna Estigia Autora: Parvati-Blossom Resumen: Reto N° 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido. Rating: PG15 Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción... Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T Advertencia: Tortura de personaje *escalofrío* No vaya a ser que pierda la costumbre... *** Capítulo 6 10 de agosto de 2004 Permaneció en silencio mientras Filldeserp intercambiaba en susurros unas últimas palabras con el Dark Lord antes de retirarse con ella hacia sus aposentos, donde realizarían la primera clase. Hermione no sabía realmente qué sentir respecto a lo que estaba sucediendo; cuando la habían secuestrado, pensó que moriría y no había podido menos que sentirse aliviada de dejar aquella vida que la había maltratado cada día. No obstante, los planes de Voldemort habían cambiado al parecer y allí estaba, bautizada como la protegida de su ex–mejor amigo. Aunque sabía que no quedaba nada de su mejor amigo en aquella persona frívola y con unos ojos verdes poco compasivos. Recordaba el brillo auténtico que alguna vez habían poseído... habían enternecido a cada persona donde habían sido posados. Nada de ese sentimiento cálido quedaba en ellos... ni tampoco en su esencia. No lo había visto el suficiente tiempo como para juzgarlo, pero pocas veces sonreía... y si lo hacía, era una sencilla sombra del pasado, más parecida a una mueca despectiva. Ahora caminaba detrás de él, sumisa, sintiéndose cohibida y sofocada ante las inmensas paredes de la Fortaleza. Los pasillos estaban desolados y eso la hacía sentir aún más intimidada. Nadie que la ayudara. Nadie que escuchase sus gritos ni su desesperación. Miles de preguntas se iban formulando en su mente a cada segundo, pero no se atrevía a formularlas en voz alta. Además que la información la estaba abrumando y necesitaba tiempo para reorganizar sus pensamientos. Una vez más. El aura que irradiaba Filldeserp la acobardaba. Todo en él impactaba, sobre todo su atractivo aristocrático. Era imponente, y ella tan débil... Recordó la impresión que se había llevado en el Callejón Diagon y se dio cuenta que en aquel momento sólo había visto una mínima parte de su poder. Ahora que lo tenía verdaderamente cerca y estaba sitiada por paredes enemigas, el efecto que tenía en ella se duplicaba. Se preguntó cuán diferente sería la realidad si Harry no se hubiera cambiado de bando. ¿Hubiera llegado a ser tan poderoso? Nunca lo había visto tan confidente con su poder cuando convivieron en Hogwarts, así que sospechaba que las realidades hubieran sido bien distintas. En varios aspectos, su estadía con el Dark Lord parecía haberle favorecido en demasía. Pero... examinando sus crueles actos, todos sus avances se tornaban oscuros. No podría felicitar jamás a alguien que abusaba de su poder para matar a las personas. Torturarlas sin piedad. Manipulando a personas inocentes... Manipulando... ¿estaría también ella bajo su control? Después de todo, no tenía muchas opciones aparte de seguirle la corriente a ambos Dark Lords. ¿Qué iban a enseñarle? ¿Con qué propósitos? Ni siquiera le habían hecho un lavado de cerebro para que sus lealtades no estuvieran del lado del Bando de la Luz. Entonces, ¿para qué se esforzarían en enseñarle cuando no sabían si se voltearía contra ellos? Estaba divagando. Ella no podría hacer nada contra Filldeserp y Voldemort, aliados. Sólo era una aurora modelo. Sin embargo... debía intentar escapar por lo menos. No perdía nada, por más que sus posibilidades fueran mínimas, para no decir escasas. Nadie había escapado de la Fortaleza una vez capturado dentro, pero... siempre había una primera vez para todo. ¿Y si ella lo conseguía? Filldeserp la sacó de sus pensamientos cuando llegaron ante la puerta de sus habitaciones. Él hizo una serie de movimientos extraños con las manos combinados con unas palabras que los oídos de Hermione no llegaron a captar. Inmediatamente la puerta se abrió, cediéndoles la entrada. Potter se volteó a verla entonces e hizo un ademán para indicarle que ingresara primero. Hermione se mordió el labio inferior y cumplió con la silenciosa orden. Él la siguió, cerrando la puerta tras de sí. Nuevamente encerrada. Ahora que se hallaba más tranquila, se percató de lo acogedora que era la sala. Había un par de sillones y una pequeña mesa en el centro, cerca de una gran chimenea. En una de las paredes había una biblioteca de libros gruesos y atrayentes, cuyos contenidos supuso que eran artes oscuras. Había dos puertas a simple vista, sumadas a la de salida; Una que sabía que la trasladaba a su habitación y otra que entre la agitación de la mañana no había divisado. Se sorprendió de ver a Filldeserp aguardando pacientemente a que terminara de registrar las que serían por tiempo indeterminado sus habitaciones. Ella se sonrojó ligeramente por su distracción, provocando que una mueca burlona apareciera en el rostro de su ex amigo, quien posteriormente se giró en dirección a la puerta misteriosa. - Esta puerta conduce a la sala de entrenamiento. – Explicó Filldeserp anulando el silencio. – Para que te des una idea, funciona como la sala de Multipropósito (N/A: o sala de los Menesteres, de acuerdo a la versión de HP5 que hayan leído.) - ¿Cambia según la necesidad? – Cuestionó Hermione, y él asintió. El heredero de Voldemort prosiguió a abrir la puerta tras un momento de concentración. Hermione entró detrás de él y se sorprendió ante lo que vio, aunque recompuso la postura rápidamente, al darse cuenta que no era tampoco tan sorprendente viniendo de los Dark Lords. Aquella sala de entrenamiento contaba con una mesa redonda y un par de sillas en uno de sus rincones. Del otro lado, sobre las paredes detrás de una larga tarima, había una innumerable cantidad de armas y utensilios que servirían para el combate cuerpo a cuerpo. Era una sala soberbia. Le inspiraba una sensación inquietante... como si dentro de sí guardara tantos secretos, tantos conocimientos... que sería imposible revelarlos todos ni en un millón de años. - Está claro que no podrás entrar sola a este lugar. Sólo el Lord y yo tenemos acceso. Las consecuencias serán graves si lo intentas por ti misma. Hermione no necesitó que Filldeserp revelara más para entender su punto. Además, con aquella mirada amenazante que le había dirigido, tenía la advertencia bien clara en su mente. Era bastante obvio que no la dejarían ingresar sola: podría valerse de armas para defenderse contra ellos, hasta atacarlos si se diera la situación. Pero dudaba que lograra mucho. Había visto el combate cuerpo a cuerpo de Filldeserp... ella no estaba ni remotamente cerca. No. Tal vez no querían que usara esas armas para dañarse a sí misma. Aunque pudiera hacerlo con métodos más sencillos... pero llegado al caso, había un montón de razones por las cuales no iban a consentirle el acceso. En fin, suspiró con resignación. Era una prisionera con algunos privilegios más, pero prisionera. Todo lo que hiciese estaría custodiado por Voldemort y Filldeserp, y debía acostumbrarse a la idea. El Dark Lord había dicho que era la protegida de Filldeserp, con Todo lo que ello significaba. Ahora que se lo ponía a pensar... Tal vez Harry ya hubiera atendido órdenes del Dark Lord la noche anterior... órdenes de curarla luego de la tortura que había sufrido. ¿Había sido él en definitiva? Observó como Harry se sentaba en una de las sillas y se percató que estaba esperando a que ella hiciera lo mismo. No quería ni imaginarse lo que le costaría a ella si abusaba de su paciencia. Se ubicó exactamente en el lugar opuesto a él, enfrentándolo. Fue duro ver a Filldeserp... y ver a Harry a la vez en esos ojos esmeraldas. Él hizo una mueca de repulsión y ella intentó concentrarse en la realidad. No valía la pena remontarse al pasado. - Veamos... en las primeras lecciones abarcaremos los puntos claves de la historia de la magia negra, sobre todo las grandes personalidades que marcaron cambios en los diferentes ideales del bando oscuro, ya que estoy seguro que sabes, la batalla entre el bien y el mal se remota a la antigüedad. – Hermione detectó su tono irónico en sus últimas palabras, pero Filldeserp no le dio tiempo a opinar. - Esto te ayudará a entender con mayor eficacia la situación actual del Mundo Mágico, y sobre todo la guerra que estamos viviendo. Hay un proverbio japonés que dice: “Si quieres conocer el pasado mira el presente que es su resultado. Si quieres conocer el futuro, mira el presente que es su causa.” A pesar de ser un razonamiento muggle, es bastante acertado. Y en eso se basa el estudio de la historia. - ¿Desde cuándo conoces cultura muggle japonesa? – Preguntó Hermione, quien simplemente no se pudo contener. Al fin de cuentas, era una sabelotodo insufrible. Filldeserp alzó ambas cejas de una manera desinteresada y ella pensó que no iba a responderle, pero para su sorpresa, sí lo hizo. - Los muggles tienen un extraño razonamiento de la vida, Granger. A pesar de ser tan despreciables como lo son, uno puede rescatar ciertos puntos de su... ¿cómo podríamos llamarle? ¿Inteligencia? ¿Filosofía? – Respondió él burlonamente. - No todos los muggles son despreciables. – Contrarrestó Hermione, irritada. - Oh, pero la gran mayoría lo son, ¿verdad? – Una sonrisa macabra se expandió por el rostro del Heredero de Voldemort, pero luego se desvaneció. – Son humanos, y esa especie animal tiende a hacer siempre lo incorrecto. - Hablas como sino fueras parte de la humanidad, Harry. – Y recalcó lentamente el Harry, lo que hizo que Filldeserp chasqueara su lengua en desaprobación. - Tal vez no lo soy. – Él sonrió misteriosamente. - ¿Cómo saberlo? - ¿A qué te refieres? – Herm palideció ligeramente ante la idea. - Luego de años de entrenamiento, de practicar rituales y una increíble variedad de magia oscura, ¿cómo saber si aún sigo siendo humano? – Su tono estaba repleto de sorna, pero Hermione no se dio por vencida. - Porque aún sientes. Porque de alguna forma... aún sonríes. – Bajó la mirada a su regazo. No quería enfrentar esos ojos jade. No quería ver la inhumanidad en ellos... quería seguir creyendo que Harry aún vivía detrás de todo ese abismo. La fría mano del que alguna vez fue su mejor amigo tomó su barbilla y la levantó imperativamente. Sus ojos centellaban peligrosamente. - ¿Qué te dije sobre tu postura, Granger? Debes demostrar determinación y orgullo, o terminarás siendo tratada como esclava. - Yo... – Las palabras no querían salir. La mano de Harry ejerciendo fuerza en su cuello comenzaba a provocarle dolor. - Permíteme dudar de ser humano, ya que no siento. Ya no me importa sentir. Es algo innecesario y estúpido. Sentir es lo que te condena. – La frialdad de su voz penetró la mente de Hermione, y sin poderlo eludir, sus ojos castaños brillaron a causa de las lágrimas. - ¡No es verdad! – Exclamó Hermione, a quien comenzaba a costarle respirar. – El sentir es una gran virtud... te da valentía. El deseo de proteger a otras personas, personas a las que amas, eso es lo que incita tus energías para vivir. Siempre dijiste y creíste eso. Y cuando te conocí, yo también comencé a creer en ello y es por eso que ahora estoy viva. ¿Acaso eso es estúpido? ¿Es erróneo? - Creo que antes de empezar con la lección de hoy, será mejor que aclaremos ciertos factores. – La soltó, volviéndose a sentar correctamente en su silla. – Empecemos. Harry Potter está muerto. Muerto. ¿Entiendes? Sé muy bien qué pasa por tu cabeza cada vez que me miras... el Harry que buscas no está. - ¡Mientes! – Chilló Hermione, poniéndose de pie y fulminando a Filldeserp con la mirada. Algo que no iba a permitir era que ese ser borroneara sus recuerdos... Él también se puso de pie, con su rostro asemejando una perfecta máscara, y Hermione se percató de cuánto había crecido. Sumado a su poderosa aura, ella estuvo a punto de morderse la lengua y volverse a sentar, pero no se dejó intimidar. No por el momento. - Harry Potter murió, Granger. Que tu caprichosa mente no lo quiera entender no es mi culpa. Hermione ahogó un sollozo. Aquellas palabras taladrarían su mente por meses. Sabía que eran verdad, Ron y Neville se lo habían repetido una y otra vez a lo largo de los años, pero ella no había querido creerles. Y tampoco quería creerle a Filldeserp ahora, pero su malévola mirada hacía que todas sus creencias se desmoronaran inevitablemente. Aún así... aún así... Ella no quería rendirse. Si Harry seguía vivo entre tanto abismo, ella podría ser quien lo sacara de allí... quien le ayudara a volver a ser humano. Pero perdía fuerzas. Con cada palabra que escuchaba de los labios de Filldeserp, sus ilusiones se quebraban. Se avergonzaba de su ingenuidad y de su devota confianza, no obstante quería intentarlo. - El pasado no existe. Olvídate de la Orden del Fénix. No debes sentir culpabilidad a la hora de concentrarte en lo que se te está enseñando, porque te aseguro que es una oportunidad única... Hacía tiempo que el Lord no me encomendaba a alguien para entrenar. Si quieres dramatizar la situación, hazlo, pero debes estar al tanto de sus consecuencias; Que seas mi protegida no significa que a la noche te resguarde de tus pesadillas. Inclusive pude ser que las incremente... - ¿Qué significa exactamente que sea tu protegida? – La Gryffindor se armó del valor para preguntar. - Estás bajo mi cuidado, lo cual significa que atenderás a todas las órdenes e indicaciones que yo te dé sin caprichos de por medio. Si quiero, puedo castigarte sin razón que el Dark Lord no se interpondrá. Asimismo, también significa que tendré que hacerme cargo de todos tus daños y heridas. Por esa misma razón fue que te curé anoche. Hermione se sonrojó ligeramente ante lo que ello significaba. Ella había sido dañada en todo el cuerpo, y todas sus heridas habían sido curadas... - Si te vi desnuda, fue por cuestiones profesionales. Así que no elabores fantasías. – Se detuvo por un instante, antes de continuar. – Por último, te dedicarás exclusivamente a tus clases. Hay muchos tópicos en los que debes progresar, y por eso se te da tiempo para ejercitar esas habilidades. Tómalo seriamente o esto se acaba. Hubiera querido gritarle, pegarle e insultarle con todo su ser. Descargar toda la ira y frustración que estaba sintiendo. Nunca se había sentido tan vacía. Tenía que olvidar un pasado que amaba, que la había protegido durante años. Tenía que cambiar, y tenía que atender a las órdenes de aquel ser que repetía una y otra vez a través de sus ojos crueles que su Harry estaba muerto. Todo sentimiento cálido se desvaneció de la sala en ese momento. Se sentía tan vulnerable, tan sola. Comenzó a sollozar en silencio, cubriendo su rostro con sus manos, deseando nada más que un abrazo protector, un pecho donde refugiarse y deshacerse de todo ese sufrimiento. Pero todo lo que obtuvo fue una ruda cachetada en su mejilla izquierda, que le hizo despertar del ensimismamiento y hallarse con una cruda realidad. Filldeserp la miraba con odio, casi con asco, de pie a su lado. Y por el impulso y la sorpresa del golpe, ella ahora yacía miserablemente en el suelo, temblando por el descontrol y casi percibiendo como su alma se descomponía en pedazos. - Maldita Sangre Sucia. Eres más débil de lo que supuse. Decepcionante, la verdad... Esperaba más de la sabelotodo insufrible. – Las lágrimas aumentaron y con ellas, la vergüenza. – ¡Deja de llorar, estúpida! - ¡¡Cállate!! – Le gritó Hermione, cerrando los ojos con fuerza y colocando sus manos sobre sus oídos, como si eso impidiera escuchar su voz. No vio la furia en las esmeraldas ni tampoco supo cuándo ni cómo, pero se encontró contra una pared, patéticamente de pie, siendo amenazada por la varita de Filldeserp en su cuello. No quiso abrir los ojos. Realmente no quiso, pero él la obligó. Nunca estuvo más aterrorizada en su vida. Los ojos de él ya no reflejaban ninguna dulzura, ni paciencia ni siquiera asco. Estaban puramente llenos de odio, incontrolable y abrumador. El color verde se había perdido, para alterarse a un negro metálico que hasta parecía tener detalles rojizos. Supo entonces que no era humano, y que era sin duda alguna... el heredero de Voldemort. Bajo su simple maligna mirada, todo su ser se convulsionó en pánico. No había una persona más peligrosa en el mundo que la que tenía enfrente. - Jamás, y repito, jamás te atrevas a faltarme el respeto. No eres capaz de imaginar las torturas que puedo idear, y te aseguro que con la fragilidad que demuestras, no soportarás ni la más leve de todas ellas. Hermione cayó de rodillas al suelo cuando él bajó su varita segundos después, y respiró hondo para intentar controlar su cuerpo y aclarar su mente. Tardó varios minutos en recobrar su postura, sin embargo cuando lo hizo, ninguna lágrima se asomaba en su sereno rostro y casi pudo ver una ligera satisfacción en la mueca de Filldeserp. Volvieron a situarse en sus asientos y esta vez se aseguró de tener el rostro bien alto. - Bien. Estábamos hablando de los detestables que son los muggles. – Empezó él. Ella permaneció en silencio. – Pero antes, habíamos estado hablando de historia, y con ella empezaremos. - Si bien la historia se remota a mucho antes, creo que será idóneo comenzar con Salazar Slytherin, ya que tiene una gran influencia en nuestros ideales de hoy en día, ¿verdad? – Herm asintió levemente. - ¿Te has cuestionado alguna vez porqué odió tanto a los muggles y sangres sucias? Ya que él fue uno de los primeros y principales impulsadores de aquella discriminación. - Creí que simplemente había sido como es ahora: un odio sin razón, en un pensamiento de ser superiores y tener poder sobre ellos. - ¿Y nunca te preguntaste de dónde surgió en primera instancia ese odio? El primer mago seguramente tenía sus razones bien marcadas, ¿no te parece? – Tras un ligero vacilo, Hermione asintió. – Salazar Slytherin tenía sus razones bien marcadas, de hecho. – Ella se inclinó ligeramente en su silla, interesada en la historia que ningún libro relataba. - Te imaginarás que cuando Hogwarts fue construido, los magos y brujas eran cazados por los muggles, para ser quemados en la hoguera u otras torturas relativas. Los adultos, obviamente, tenían el suficiente entrenamiento para defenderse y escapar. ¿Qué sucedía con los niños, entonces? Algún caso con suerte, podría haber sobrevivido gracias a su magia accidental. Pero la mayoría del tiempo... no tenían cómo protegerse. Morían sin mucha opción. Eso sucedió con los hijos de Slytherin. – Determinó Filldeserp. Hermione abrió los ojos por la sorpresa y se llevó una mano a la boca instantáneamente. - Pero... pero... ¿entonces cómo puede haber un descendiente de Slytherin ahora? - Pues imagínate que Slytherin tuvo muchos hijos. Lo común en la época. El mayor de ellos tenía la suficiente edad como para escapar, en caso que se diera la situación (claro está que eran muy cuidadosos para intentar evitarlo.) Pero el resto murió calcinado, enfrente de los ojos de Salazar y su esposa, quienes no pudieron hacer mucho para salvarles. - ¿Por qué no pudieron? - Imagínate que a pesar de todo, los muggles no eran idiotas, Hermione. Además estaba el hecho que sus poblaciones eran más numerosas que las nuestras. No es un factor que haya cambiado mucho al presente, pero por lo menos estamos mejor balanceados. Los muggles intentaron retener a Slytherin el suficiente tiempo como para que fuera ya tarde. De hecho, llegó justo a tiempo para admirar el... espectáculo. Estoy seguro que podrás comprender el dolor de un padre... - Entonces... entonces... Slytherin odiaba a los muggles por eso. Y a los sangre impura por... - No, a los sangres impuras no los odiaba. Es decir, sí a sus padres, pero precisamente quería protegerlos del mismo destino que habían tenido que sufrir sus hijos. Temía que sus padres los entregasen y los acusaran de ser brujos. Quería evitar una repetición de la historia. Aunque con el tiempo, también se comprobó que los sangres sucias no guardaban bien el secreto de Hogwarts... muchos alumnos terminaron en la hoguera por culpa de compañeros, quienes demasiado cómodos con los ideales planteados por sus padres, traicionaron a la magia que habitaba en ellos. Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw tenían opiniones muy variadas respecto a eso, y malinterpretaron a Slytherin cuando una vez, impulsivamente, expresó su deseo de que no hubiera más sangres impuras en el castillo, para evitar esos acontecimientos. Sus alumnos no tardaron en enterarse de su opinión y la adaptaron. Por lo tanto Slytherin decidió partir, indignado por lo que ocurría, dejando tras de sí la Cámara de los Secretos; sus ideales malgastados. - ¿A qué te refieres exactamente con ‘sus ideales malgastados’? – Filldeserp suspiró. - La sed de venganza, Granger. Slytherin comenzó a descubrir nuevos tipos de magia negra y los experimentos que llevó a cabo en su lapso de vida fueron magníficos, pero intensamente malignos. La magia negra suele provocar eso. Consume hasta la voluntad más fuerte. Y sus ideales se corrompieron. Abandonó todo lo que tenía en Hogwarts. Su esposa había muerto tiempo atrás, presa de una depresión crónica, y su hijo había desaparecido de Inglaterra. No tenía nada que perder. Y eso lo llevó a convertirse en uno de los magos más poderosos de su época. - ¿Un Dark Lord? – Recibió una negación como respuesta. - Podría haber conseguido ese título y mucho más, pero no se lo conocía como un asesino de serie. Torturaba muggles y experimentaba con ellos como si se tratasen de ratas de laboratorio, sí, pero no provocó ninguna guerra ni revolución. Su ambición no llegó a extremos ni tampoco quiso reconocimiento. No lo necesitaba. Hermione analizó la información recibida. La historia tenía sentido, aunque estuviera impregnada con ideales malignos y venganza. Podía imaginarse con facilidad a los muggles descubriendo el secreto de Hogwarts, matando a pequeños niños mágicos por culpa de aquel prejuicio dirigido a los magos. También podía comprender el dolor y la soledad del fundador de la casa de las Serpientes al perder a todos sus hijos y a su esposa. Pero nada justificaba la discriminación hacia los nacidos de muggles en el presente. - ¿Crees en los ideales de Slytherin? ¿Crees que los sangres impuras somos... traicioneros? ¿Una calumnia para la magia? – Preguntó a Filldeserp. Le pareció ver un atisbo de sorpresa en sus ojos, pero quizás sólo estaba alucinando. - Muchos sangres impuras traicionaron. – Dijo. Un silencio siguió a su afirmación, y cuando Hermione comenzó a pensar que no aportaría mayor comentario, siguió. – Y muchos sangres puras traicionaron. Hermione internamente sonrió. Si bien no era la respuesta que el Harry de Hogwarts le hubiera dado, tampoco era la de Voldemort. Y eso la alivió sutilmente. - La sangre no importa. No importa tampoco la clase social ni tampoco el estado económico. La gente traiciona sus ideales, sus raíces, sus lealtades... Gente ignorante, que no sabe lo que es el poder ni cómo manejarlo. Se ciegan en él... y no les preocupa morir por un poco de reconocimiento. No les importa morir mientras crean que lo han hecho por una causa justa y noble. Pero... ¿existe una causa que lo valga? ¿Qué tenga esas características? - No toda la gente es así. – Expuso Hermione. – No todos quieren morir así. No todos quieren poder. No todos traicionan... - ¿No? – Preguntó él. La determinación en sus ojos la hizo dudar. - No. Hay gente que siempre permanece firme en sus convicciones. - Quizás algún día caigas en la realidad que ese tipo de humanidad no existe. Es una fantasía creada por el hombre. Sino hubiera quien creyera en la lealtad, no habría traiciones, ¿verdad? - ¡No es una fantasía! - El mundo está podrido, Granger. - Se lo puede cambiar; se lo puede mejorar. - Ah. – Musitó él, entrecerrando los ojos con recelo. – Esperanza. Dime, Hermione... ¿no fue la Esperanza lo que llevó a la gente en creer en mí? – Ella no respondió porque sabía cuál sería el punto. – ¿Qué pasó con esa “Esperanza”? Hermione cerró los ojos con pesar. Aún llevaba grabados en su mente los rostros de dolor, de desesperación, que había manifestado la Comunidad Mágica ante la noticia de la traición del Niño Que Vivió. El Niño que Vivió para Traicionar. Para Matar. Para Convertirse en Aquel al que teóricamente estaba destinado a derrotar. Si él, un muchacho de diecisiete años con un tremendo potencial y voluntad, había caído en la oscuridad y había perdido la esperanza, ¿qué les restaba a ellos, magos vulgares sin gran habilidad? ¿Qué fe podían sostener? ¿Qué ideales podían defender? - El mundo es hipócrita. La historia una y otra vez nos ha relatado las grandes hazañas que ejecutaron grandes personajes... héroes. Pero esas hazañas son basura, puros engaños. No hay héroes. La gente digna se confunde muy fácilmente entre las masas superficiales. ¿Qué puedes esperar? ¿Un cambio quizás? Pero... ¿los cambios son buenos o malos? Cuando los acontecimientos que cambiaron la humanidad ocurrieron, ¿esos cambios nos llevaron a la mejoría? ¿Cómo puedes definir si un cambio es totalmente bueno o malo? - Nada es absoluto en este mundo. – Continuó. – Lo que puede ser bueno para ti, puede ser malo para mí. Es necesario ese equilibrio entre el mal y el bien en el mundo. Pero... ¿qué sucedería si se quebrase? ¿Sino hubiera más equilibrio? - No habría mal... ni bien. – Murmuró Hermione. Filldeserp asintió. - ¿Qué habría? - Un Dominante. - Poder. – Corrigió él. – Si el equilibrio desapareciera, si uno de los dos dejara de existir, el otro dominaría. Tendría el poder absoluto. - Pero también habría quién no lo tuviese. El que es demasiado débil para poseerlo. – Agregó Hermione. - Exacto. ¿Y cómo sabes cuando ese cambio se ha dado? ¿Cuándo sabes si el mal y el bien han dejado de existir... para transformarse en poder y debilidad? - Cuando el cambio es inevitable... necesario. – Dijo ella, tras segundos de meditación. – Cuando ya no hay almas que quieran combatir... o cuando ya no haya más esperanza. - Cuando el bien y el mal no existan más, ya no habrá razón por la cual luchar. – Musitó Filldeserp con tranquilidad. – ¿Y para qué la Esperanza, cuando no tiene fundamento? ¿Cuándo ya no hay más posibilidades de equilibrio? - La Esperanza siempre vivirá. No necesita una realidad con la cual vincularse; el espíritu del hombre está instintivamente vinculado con esa Fe. Por más que todo esté oscuro... siempre estará la ilusión de que alguna luz se encienda e ilumine el camino. - Eso es lo que hace a este mundo hipócrita. Esperan muchas cosas... pero hacen pocas. Hermione guardó silencio. Quizás Filldeserp sí tenía razón. Quizás... La esperanza no consistía en su vínculo con el hombre, sino con su realización. Consiguiendo el triunfo de aquella Fe. La voluntad para luchar era algo muy inestable. En un segundo, todo su mundo podría desarmarse y ya no habría nada en lo cual apoyarse; ya no habría sueños. Sólo un Enorme Vacío. Fácil de Manipular. Difícil de volver a completar. ¿Existirían cosas tales como la Maldad y el Bien? Después de todo... sólo se necesitaba de una acción, de una mínima porción de tiempo, para que creencias perdieran sentido. El Constante Equilibrio algún día se quebraría. Perdería su función. Ni siquiera sería necesario. Habría dominación. Pero mientras tanto... habría rebeliones. Guerras. Y muertes. Y si existiesen cosas tales como el Bien y el Mal, ¿por qué lo hacían? - Alguna vez... quizás hubo sólo Bien... o sólo Mal.... pero la dominación absoluta murió, ¿verdad? – Murmuró Hermione. Filldeserp emitió una mueca amarga. - El hombre siempre tuvo y tendrá un lado oscuro. Podemos suponer que antes de superar la inteligencia animal eran seres inocentes. Quizás asesinaban, pero sólo para sobrevivir. Aunque sea tenían una excusa. Pero llegó el momento en el cual... ya no necesitaban excusas para hacerlo. El placer de la acción... de sentir que tienes en tus manos la vida de personas que son incapaces de defenderse; que no pueden huir. Que cometieron un grave error o simplemente... estuvieron en el momento equivocado, en el lugar equivocado. Eres una aurora, ¿verdad? – No esperó la respuesta de Hermione, ya que la sabía con anticipación. – Seguramente en alguna misión, has tenido que asesinar mortífagos. ¿Eso es bueno o malo? - No es ni bueno... ni malo... – Respondió ella, pensando bien cada palabra. – Es... supervivencia. - Y a la hora de sobrevivir, “el fin justifica los medios.” – Con una sonrisa satisfactoria, Filldeserp agitó su mano y en la mesa aparecieron tres gruesos libros. Hermione los observó con interés. – Para mañana, leerás estos libros y me relatarás sus contenidos. - Pero... – Sus ojos castaños se abrieron de la sorpresa ante la consigna. ¡Era imposible leerse semejantes libros en menos de veinticuatro horas! - Clase concluida. – Dijo Filldeserp secamente, cortando toda queja. *** Una mujer caminaba con soberbia por los pasillos de la Fortaleza; pasillos que conocía muy bien. Su sonrisa malvada alcanzaba sus ojos azules zafiro, que relucían especialmente esa tarde de verano. Ningún mortífago se atrevía a mirarla. Pertenecer al Círculo Interno del Dark Lord daba esos beneficios. Sumado a que era la novia no oficial de uno de los magos más influyentes en la Comunidad Mágica contemporánea y antigua, ninguno de todos esos cobardes se animaba a poner un dedo sobre ella. Ni siquiera los ojos. Sólo Uno de todos aquellos magos oscuros lo había hecho. Y al tan sólo recordarlo, sonrió con placer. Alice Kolberg era una hermosa joven, con su cabello rubio platinado y sus finos rasgos. Otra característica que la hacía poderosa era su sangre pura. Ningún muggle ni squib había pertenecido jamás a su familia. No había mayor honor que eso. Nativamente era alemana, aunque había vivido en Inglaterra gran parte de su adolescencia. El suficiente tiempo como para determinar dónde yacían sus lealtades. Se detuvo frente a la puerta de la sala de reuniones principales. Se aseguró mentalmente de que todo estuviera en orden antes de llamar con suavidad a la puerta y aguardar con paciencia la respuesta de su Lord. - Adelante. Ingresó a la sala de colores negros y verdes. En su opinión, no había ninguna combinación mejor que ésa. Salvo quizás algunas tonalidades rojas.... en representación a la sangre derramada. Voldemort estaba sentado detrás de su escritorio con su típico rostro inexpresivo e intimidante. Su atención estaba sujeta a un informe que uno de los mortífagos de bajo rango le había entregado sobre los movimientos que había realizado en el último tiempo Gringotts. Algo que aún el Dark Lord no había conseguido era el control monetario de la Comunidad Mágica. Misión que no podía tardar en llevarse a cabo salvo que quisiesen darle una mínima oportunidad de victoria a Dumbledore. Permaneció callada durante ese tiempo. Había aprendido en sus primeros años como mortífaga que la insolencia no llevaba a nada, salvo a una larga sesión de cruciatus. - Alice, querida, toma asiento. – Pidió Voldemort, aunque su tono dejaba claro que no aceptaría un no como respuesta... y el tono meloso que había usado al hablar con ella era una broma interna del Círculo. - Mi Lord. – Saludó ella, sentándose y haciendo una leve inclinación. - ¿Qué te trae esta pacífica tarde a estos lugares? – Preguntó él, dejando de lado el informe y concentrando su atención en ella, sonriendo con malicia. - Le traigo mi informe sobre las actividades de este año en Hogwarts y... una petición, mi Lord. Alice era profesora de pociones en Hogwarts desde la muerte del traidor de Severus Snape, quien fue una de las primeras víctimas de Filldeserp a partir del comienzo de la Época Tenebrosa. Dumbledore siempre había querido la unión de la joven a la Orden del Fénix, ya que era una Maestra de Pociones y ese era un título de habilidad que escaseaba últimamente en Europa, pero Alice hábilmente eludía sus deseos, insinuando una neutralidad inexistente. Tenía una excusa perfecta: no era una guerra de su país, y trabajaba en Hogwarts por el excelente trabajo que se le ofrecía. Nada más. Así que el Vejete se conformaba con saber que ella no apoyaba a la Orden Oscura... - ¿Qué clase de petición? – Los ojos rojos del Dark Lord la contemplaron con desconfianza. - Mi Lord, estoy segura que ha llegado a sus oídos que Draco Malfoy ha sido arrestado por el Ministerio, y actualmente está esperando para ser interrogado... - En realidad, ya ha sido interrogado. – Le interrumpió Voldemort. Alice estuvo a punto de perder su postura ante eso, sin embargo no lo hizo, pero sus ojos revelaron su confusión. – La Orden del Fénix fue la encargada de interrogarlo antes de que la noticia de su captura llegara a los oídos del Ministerio. Sin embargo una de mis fuentes más fiables me ha asegurado que no tuvieron el tiempo suficiente como para extender el cuestionario. Las preguntas que hicieron estaban mal dirigidas, así que no se enteraron de nada de demasiada importancia. Por eso decidieron hacer otra sesión de preguntas, esta vez oficial, antes de enviarlo a prisión. - ¿Y qué piensa hacer al respecto, mi Lord? - Fácil. Eliminarlo. Sólo necesito saber dónde se encuentra. Sabemos que no es en los Cuarteles de la Orden ni en el Ministerio... - ¿Podría tener en cuenta mi petición a la hora de eliminarlo? – Su pregunta poseía una intensa crueldad. - ¿Y cuál es esa petición, Alice? – Dijo Voldemort, sabiendo adónde iba su mortífaga. - Hacerle pagar por todo lo que hizo. – Resumió. - Pero Alice, querida... él no te ha hecho nada... Eres tú quien deberías pagar por traición... – Comentó el Dark Lord burlonamente. - Pagará por deshonrarme. – Sus ojos zafiros se helaron. – Por no llegar a sus expectativas, mi Lord; por fallar en una misión clave para usted. Pero sobre todo... por no llenar mis expectativas. Lo único que puedo hacer Voldemort entonces fue reír gustosamente de la mente maquiavélica de su súbdita. *** Aquella noche un elfo doméstico se apareció en los aposentos de Hermione para informarle que ambos Lords la aguardaban en el comedor para la cena. Ella, sabiendo que no había otra salida, se alistó y cinco minutos después se halló frente a la puerta que la separaba de ellos. Respiró hondo antes de abrirla con lentitud e ingresar. Esta vez la gran mesa estaba alistada para una abundante cena. Por el aspecto de la comida, Hermione inmediatamente supo que se trataba de cocina de primera calidad, y su estómago se mostró enormemente regocijado con la noticia. No había comido nada desde el mediodía, y había sido un almuerzo ligero que había solicitado a uno de los elfos domésticos. En su momento no había tenido mucho apetito, concentrada como había estado en leer los libros que Filldeserp le había encargado. Su cerebro estaba abrumado con la información, y aún le faltaba un libro y medio por leer... y quedaban tan pocas horas. Prestó más atención a su alrededor, y se sorprendió al notar la ausencia de Filldeserp en la mesa. Voldemort estaba leyendo unos pergaminos, demasiado ocupado todavía como para saludarla. En silencio se sentó en el asiento dispuesto para ella, al lado de la silla extrañamente vacía. Pacientemente esperó hasta que Voldemort hubiese terminado de analizar los informes, pensando una y otra vez sobre lo que había leído; los grandes personajes de las historia, los experimentos de la magia, las masacres... tanto de muggles como de magos. Había detenido varias veces su lectura a causa del llanto que había nublado su visión. Temía que tremendas guerras volvieran a repetirse, que tantas vidas inocentes fueran arrebatadas de forma tan brutal... y Allí, enfrente de ella, estaba el difusor de la guerra actual. ¿Cómo podía reaccionar? - Buenas noches, Hermione. Confío en que hayas pasado una tarde agradable. – Dijo Voldemort, desvaneciendo los informes y fijando sus ojos rojos en ella. Hermione sólo atinó a asentir tímidamente. - Filldeserp salió esta tarde en una misión rápida. No tardará en unírsenos. Nuevamente volvió a asentir, pero esta vez innumerables imágenes de crueles torturas se colmaron en su mente, figurando qué podría estar haciendo Filldeserp en esos momentos. No pudo contener un gemido angustioso, lo cual ocasionó una mirada inquisidora del Dark Lord, que fue deliberadamente ignorada. A pesar de la cantidad de años que habían pasado desde la traición de Harry, aún no asimilaba la idea... ni mucho menos ahora que convivía con los dos magos más poderosos (además de tenebrosos) de la época, donde constantemente respiraba un aire impregnado con el aroma que solamente podría llegar a otorgar la Crueldad y la Muerte. ¿Por qué Harry había cedido a ser parte de aquello? ¿Cómo el niño inocente, valiente y despreocupado había llegado a aquella realidad? ¿A transformarse en el heredero de semejante reino de Maldad? Quizás debería hacerle caso a Filldeserp... quizás debería dejar de pensar en el pasado; asimilar la idea de que el Harry que alguna vez conoció, había muerto, y que nada quedaba de él... Sólo un ser que poseía rasgos inevitablemente parecidos. - ¿Qué te han parecido tus clases de hoy? De no haber estado en una realidad tan angustiante y autoritaria, Hermione se hubiera ofendido ante el tono cuidadoso que había usado Voldemort, o quizás hubiera reído de la ironía. Le hacía imaginar a un padre preguntándole lo mismo a su hijo de poca edad. Lástima que no hubiera ni una remota conexión entre ambas situaciones, y que en realidad la pregunta del Dark Lord tenía un doble sentido... como cada pregunta que el maldito formulaba. - Interesante. – Se limitó a decir, con su vista fija en un elegante cuadro dispuesto sobre la pared. En el silencio que escoltó a su respuesta, pudo sentir los ojos de Voldemort analizándola frívolamente. Se estremeció. Sabía que su mente estaba totalmente vulnerable a los ataques de la Legeremancia. Bah, más bien sabía que el Dark Lord podía adivinar cualquiera de sus pensamientos luego de la tortura posterior al escaneo mental que había sufrido la noche anterior. El tan sólo recordarlo la hizo sentir aún más débil y arrinconada... aquella sensación... el saber que la muerte estaba cerca, que no había posibilidad de evitarla... Ahora tal vez la situación estaba peor. Estaba siendo manipulada al gusto de dos mentes siniestras, que cada día más avanzaban en su plan de destruir el mundo mágico. ¿Qué papel podía jugar ella en todos sus juegos? - Es un bonito cuadro, ¿verdad? Hermione se sobresaltó y miró a Voldemort sin entender a qué se refería, hasta que recordó que había estado fingiendo contemplar el cuadro enfrente de ella. Y sí, ahora que lo contemplaba en verdad tenía que admitir que era hermoso. Tan hermoso que no supo qué estaba haciendo en la Fortaleza de la Orden Tenebrosa. Un cuadro de unicornios. Libres, con aquellos colores tan vivos... tan puros; estaban rodeados de una vegetación acogedora, que casi le hizo percibir la fragancia del aire fresco. Qué fanático era Voldemort del sarcasmo para colocar en su comedor semejante cuadro. Era un elemento digno del despacho de Dumbledore o de alguna personalidad similar en el bando de la luz, pero... ¿Voldemort? - ¿No sería más conveniente un cuadro de serpientes? – Las palabras salieron automáticamente de su boca, sin pasar anteriormente por su cerebro. - Pero, Hermione... – Respondió él con voz melosa. - ¿Acaso no sabes apreciar a tan valiosas criaturas, quizás la clave de la inmortalidad? ¿Aquellos seres que parecen tan blancos... pero en realidad son tan neutros? Apoyan la Vida, ¿no es así? - Sigue sin tener coherencia. – Contrarrestó ella. - Claro que no la tiene. – Sonrió Voldemort. - ¿Dónde estaría la gracia si lo hiciera? Simplemente creo que en el comedor no es bueno un clima de agonía... sino un poco de tranquilidad. ¿No opinas así? No estaba de humor como para discutir con el Dark Lord sus criterios a la hora de diseñar y decorar su casa, así que no respondió. Ni fue necesario, ya que en ese mismo momento la puerta del comedor se abrió sigilosamente y tras ella apareció Filldeserp, con su típica expresión serena y fría. Hermione no pudo evitar notar con que habilidad el heredero de Voldemort había ingresado, sin ni siquiera producir un solo sonido. Destacaba de sobremanera sus misiones espías... Un auténtico experto en la materia. - Filldeserp. – Dijo Voldemort con una sonrisa cómplice. - Mi Lord. – Harry realizó una venia antes de sentarse junto a Hermione, sin ni siquiera posar sus ojos en ella, un gesto que encendió una leve furia en ella. - ¿No saludas a tu protegida? – Se burló Voldemort. Filldeserp sonrió en respuesta. - Qué descortesía de mi parte. – En sus palabras había un intenso cinismo. Se inclinó lentamente hacia Hermione y, ante la sorpresa de ella, tomó su mano izquierda y la besó con caballerosidad. El color se subió a las mejillas de la joven y desvió la mirada instintivamente. Aquella situación estaba errónea... Totalmente errónea. - ¿Qué les parece si empezamos con la cena? – Propuso Voldemort, quien parecía enormemente entretenido con la escena. Filldeserp asintió, pero Hermione no atinó a hacerlo. Durante los primeros minutos, comieron en silencio y Hermione lo agradeció infinitamente. En ese tiempo logró tranquilizarse y aunque sea, despejar mínimamente su mente de todos sus problemas, los terribles libros que había estado leyendo y de los dos Dark Lords allí presentes. Se concentró en su propio mundo, donde nada podía dañarla... salvo la Realidad. - ¿Cómo ha ido la misión? – Preguntó Voldemort. - Muy bien. – Contestó Filldeserp. – Si bien los mortífagos han vuelto a cometer los mismos errores de siempre, no ha sido nada que no fuese reparable. El esparcimiento se está realizando con éxito. – Voldemort sonrió satisfecho antes de proseguir. - He encontrado el paradero de la... prisión de Malfoy. - Filldeserp elevó ambas cejas, bastante interesado. - ¿Ah, sí? - Alice se encargó de hallarlo por nosotros. – Dijo, sonriendo cruelmente. - ¿Estarás disponible mañana, Filldeserp? Por la forma en la cual lo preguntó, Hermione imaginó que realmente lo estaba preguntando, y no que estaba ordenando su disponibilidad. Pero conociendo a Voldemort como lo conocía, sabía que simplemente se trataba de una orden indirecta. - Sabes que para Malfoy siempre estoy disponible, Tom. – Rió Harry, dejando de lado la formalidad. Hermione se sentía más incómoda a medida que avanzaba la conversación. El trato de ambos Lords, como había llegado a advertir sin demasiados detalles en el desayuno, era demasiado personal. Realmente... parecían ser padre e hijo. Lord Voldemort y Harry Potter... quién pensaría que la historia terminaría así. - Estupendo. Pero esta vez prefiero que vayas acompañado. Es uno de los territorios enemigos más peligrosos, y no estamos en condiciones de más bajas. - Por supuesto. Nagini me acompañará. – Asintió Filldeserp, no obstante Voldemort negó con la cabeza, con una sonrisa misteriosa en sus labios. - Puedes llevar a Nagini, obviamente, pero... creo que no le vendría mal un poco de acción a tu protegida, ¿verdad? Y de paso irá aprendiendo nuestras estrategias en casos como estos... Un cuchillo cayó al suelo, produciendo un ruido que cortó bruscamente el silencio. Las manos de Hermione temblaban mientras miraba aterrada a Voldemort y a Filldeserp. El primero parecía regocijado ante su terror, y el segundo la ignoraba deliberadamente, con la vista fija en su mentor, como si quisiera descifrar algo invisible en aquel rostro impasible. ¿Ella? ¿En una misión de Tortura? - No. – Hermione negó caprichosamente con la cabeza. – No iré. - ¿Y quién dijo que podías decidir? – Preguntó Filldeserp, colocando sus ojos verdes oscuros sobre ella, con una fuerza que la aturdió y quebró instantáneamente. Podía escuchar zumbando en su oído los gritos de las víctimas de aquella Causa. Podía sentir el aroma dulzón de la sangre, recorriendo cuerpos emponzoñados... ¿Sería capaz de manchar sus manos inocentes con la sangre de ellos? ¿Podría cargar con la culpa de ser la causante de sus martirios? Y sin embargo, ya no tenía opción. La manipulaban... y no había forma de escapar. Aunque cargase eternamente con la culpa de sus actos, tenía que hacerlo. Sabía que no le otorgarían la muerte, ya que en vez de castigo sería un premio. La obligarían a presenciar... a protagonizar horribles episodios... hasta quebrarla en totalidad. Semanas antes, había asesinado mortífagos. Pero no eran las mismas circunstancias. En aquel momento, había tenido una diferente perspectiva del mundo. Ahora... todo parecía tan confuso. Huía de su comprensión. ¿De qué le servía a la Orden Tenebrosa que ella fuera con Filldeserp? ¿Qué utilidad podía tener? - ¡NO! ¡No iré! – Quiso levantarse de su asiento y salir de allí corriendo, pero fue entonces cuando Filldeserp dejó de ignorarla. Sus ojos centellaron y casi pudo ver un fuego furioso en ellos. Con una rapidez turbadora, se volteó hacia ella y agarró su brazo, deteniéndola con brusquedad, y jalándola hacia él. La sujetó con tal fuerza que Hermione sintió como un dolor punzante empezaba a recorrer su brazo. Cerró los ojos, intentando no recordar lo que había acontecido aquella mañana; intentando no repetir la misma vergonzosa escena. - Es la última vez que toleraré tu indisciplina. – Susurró Filldeserp en su oído. Podía detectar el veneno en su voz. – Vendrás y, por tu propio bienestar, espero que no seas una molestia. Cuando él la soltó, no pudo evitar caer al suelo entre toda su conmoción. Había sentido demasiado cerca el descontrol de Filldeserp... en dos ocasiones en un mismo día. No quería que se repitiera, pero estaba excesivamente abrumada. Todos sus problemas, los libros de historia que había estado leyendo, aquellas imágenes de horror, sus ideales rotos, la convivencia con los dos seres que protagonizaban el caos de la Comunidad Mágica actual... Toda su desesperación, su impotencia, su dolor... habían colmado su resistencia. Demasiadas cosas guardaba en su interior... Y en ese momento, aquella prisión de emociones se abrió, solicitando un permiso que ella, en su perturbación, dio. Una descarga de poder sobrevino en su interior. La hizo olvidar momentáneamente su Realidad, para dormirla en un mundo donde ninguna de sus preocupaciones existía. Aquel delicioso poder... porque no había necesidad de negarlo, era placentero, la ayudó a encontrar su tranquilidad. Pero al mismo tiempo, por primera vez en su vida, dio a conocer el poder escondido en su interior. Ráfagas de viento sacudieron los vidrios de los ventanales del comedor. En un acto de reflejo e instinto, Filldeserp conjuró un escudo que le protegió a él y a Voldemort del violento viento que parecía concentrarse en Hermione, surcándola y resguardándola. Hacía tiempo que Filldeserp no veía a un elemental inexperto desplegar su poder y casi había olvidado lo intimidante que era. Un poder poco usual en los tiempos actuales; que permitía dominar algo más allá de lo común: la mismísima Naturaleza. Sólo algo podía salvar a Hermione de ser consumida por su propio poder, y eso era otro elemental. Frunció el entrecejo mientras ampliaba el poder del escudo. Sabía que Voldemort estaba a su lado, esperando ver su proceder y confiando en su juicio y poder, así que no se preocupó en preguntarle qué debía hacer. Ya lo sabía. Contempló analíticamente el viento que ‘dominaba’ Hermione por unos instantes y luego chocó sus palmas, lo que produjo un sonido seco. Inmediatamente llamaradas de fuego se abrieron paso por el escudo y alcanzaron a Hermione, traspasando las ráfagas de viento. Al tan sólo tocarla, todo el poder de la joven se desvaneció. Lo mismo sucedió con el fuego. La Calma volvió a reinar. - Será mejor que cures esa quemadura que le has hecho, Filldeserp. – Sugirió Voldemort con sus ojos brillándole de una forma singular que Harry inmediatamente supo tenía que ver con su mente formulando un plan maquiavélico. - ¿Sabías de esto? – Preguntó Filldeserp. Voldemort negó con la cabeza, sonriendo. - Lo que es el destino, ¿verdad, Harry? Sin embargo el joven no aportó respuesta, sino que se limitó a tomar a Hermione en brazos y desaparecer del comedor, la cena ya olvidada. *** En los cuarteles de la Orden del Fénix reinaba un silencio espeluznante desde hacía varios días. Albus había convocado a la mayoría de los miembros de la elite a una reunión donde discutirían los tópicos más importantes y urgentes, tales como la declaración de Malfoy y como iban las investigaciones respecto al secuestro de Hermione. Neville y Ron a penas habían hablado en esos días. Sus amigos más cercanos estaban extremadamente preocupados por sus reacciones ante la ausencia de Granger, pero la Orden no comentaba nada al respecto: ambos aurores se estaban esforzando el doble de lo común en sus actividades contra los mortífagos y eso les beneficiaba de sobremanera, aunque el costo fuera tan alto. Dumbledore se sentó en la cabecera de la mesa cuando todos los miembros estuvieron en sus asientos. Todas las miradas se situaron pesadamente sobre él. - Buenas tardes. Empecemos con la reunión. Esas cinco palabras se habían repetido demasiado últimamente. Las reuniones de la Orden se realizaban con constancia ante la necesidad de organización. La Orden Tenebrosa estaba volviendo a la marcha luego de algunos meses de pasividad, y la inquietud volvía a instalarse entre los miembros de la Comunidad Mágica. El Miedo renacía ante la reaparición en público de Filldeserp, el heredero de Voldemort... y que ahora sabían, había pasado todo ese tiempo entrenando arduamente. No sabían con exactitud los límites de sus poderes, pero Dumbledore sospechaba que sino habían superado aún los de Voldemort, estaba muy cerca de hacerlo. Y eso le preocupaba. Podía combatir a un Dark Lord, pero a dos juntos... y con semejante conexión, excedía su capacidad. Por eso ahora la Orden buscaba por más miembros, y en lo posible, capaces de combatir mínimamente aquella amenaza que se cernía sobre ellos. Aunque en lo personal, el director de Hogwarts miraba con esperanza a Neville Longbottom, la segunda opción de la Profecía. A partir del ataque de Callejón Diagon y el secuestro de Hermione, los progresos de Neville en los entrenamientos que la Orden brindaba diariamente a sus miembros, eran cada día más notorios. Aunque un caso singular también era su amigo Ron. Ronald Weasley, hijo de dos grandes miembros de la Orden, y hermano de grandes influencias en la sociedad actual. Él mismo era una gran influencia, al ser parte del Trío Fantástico de Aurores... y ex-mejor amigo del traidor de Harry Potter. Él y Hermione, los únicos testigos cercanos del cambio rotundo que se dio en su amigo. Lo curioso de él no eran sus inmensos deseos de venganza ni aquellos humores cambiantes que experimentaba, sino como era capaz de concentrarse en las ocasiones más apremiantes y hallar la solución más pertinente y satisfactoria para sus intereses y los de la Orden. Era desconcertante como podía pasar de ser totalmente impulsivo a una mente fría, que parecía evaluar la situación con indiferencia; como si no se tratara de una guerra propia o real... como si no le inquietara las vidas con las cuales estaba valiéndose. - Hay muchas cosas de las que hablar hoy, pero principalmente debemos centrarnos en la declaración que ha hecho Draco Malfoy, mortífago que fue capturado por Neville la noche pasada. - Durante la investigación que se hizo del asesinato del mortífago Cornfoot, se interrogó a Malfoy y se le aplicó el Veritaserum. Yo personalmente le pregunté si era mortífago y lo negó deliberadamente, lo cual afirma nuestra sospecha de que Voldemort ha hallado una forma de burlar la poción de la verdad. - ¿Cómo hicieron declarar a Malfoy entonces? Ningún mortífago suele hablar voluntariamente en estos tiempos. – Preguntó Tonks. - Malfoy aceptó cantar ciertos datos si no le llevábamos a la prisión del ministerio, donde sabe que Filldeserp (quien ahora sabemos, fue el asesino de Cornfoot) puede ingresar y matarlo. Nos ha pedido un lugar de mayor seguridad, lo cual nos extrañó porque... sino declarase, tendría posibilidades de ser salvado por Voldemort, que asesinado por éste. – Informó Neville. - Lo que nos lleva a dudar de su palabra. – Razonó Ron. – Si la poción y hechizos de la verdad no funcionan en él... podría estar diciendo datos falsos para conducirnos hacia una pista errónea. - Así es. – Asintió Dumbledore. - Enumeró varios nombres de mortífagos de Elite, aunque ninguno que no sospechásemos ya. – Comenzó a contar Neville. – Nos dijo que el plan original respecto a Hermione era asesinarla y nada más. Quiso darnos algunos datos sobre futuros movimientos del Lord, pero hay ciertos encantamientos de secretismo instalados en él que no le permitieron hacerlo, por lo tanto debemos romperlos... y esperar hasta la declaración en el Ministerio. - Tenemos que asegurarnos de que Malfoy sobreviva hasta entonces, y que llegue a declarar datos importantes. – Apuntó Dumbledore. - ¿Y qué pasa sino sobrevive? – Preguntó Kingsley. - Volveremos al punto de partida. – Respondió Neville en tono preocupado. – Y no podemos permitir eso. No podemos permitir que una persona con tanta información vital se nos escape. De esto depende la vida de Mione... – Un corto silencio aconteció tras su declaración. - ¿Y adónde llevaremos a Malfoy? - Será mejor instalarlo en el lugar más seguro que poseemos bajo nuestra protección... Ya lo he elegido. - ¿Los cuarteles? – Preguntó Ron. - No. Algo aún mejor.... El antiguo castillo de Hogwarts. *** (Continúa en la siguiente page...)
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