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Laguna Estigia » Capítulo 5
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2010, 12:57
[ Más información ]

Capítulo 5

Advertencia: Tortura de personaje. (Esto ya se ha vuelto costumbre XD)

~*~

I am the son and the heir of a shyness that is criminally vulgar.
I am the son and heir of nothing in particular.


~*~

Capítulo 5

8 de Agosto de 2004


Sus pasos eran sigilosos y caminaba con auténtica elegancia, digna de un Malfoy. Su túnica balanceaba trágicamente detrás de él, dándole a la situación un toque especial. Su rostro revelaba el deshonor que estaba sufriendo aquel día y muchos mortífagos evitaban cruzársele, ante la peligrosa mirada que enviaba a todo aquel que osaba burlarse de él. No obstante, tuvo que serenar su ignominia y furia al entrar a la sala de reuniones de la elite de los mortífagos, donde seguramente se hallaría frente a frente con su Señor y con Filldeserp, al que ni ganas tenía de ver.

Dicho y hecho. Allí estaban las dos poderosas figuras, con aquellos ojos frívolos que nada dejaban entrever. Sin debilidades, puras resistencias y ventajas sobre ellos. Un aire de astucia y conocimiento. Bellatrix Lestrange, Anthony Goldstein y Megan Jones ya estaban allí, junto a otro par de nombres conocidos, pero no lo suficientemente serviciales al Dark Lord como para tener contacto con ellos, a su gusto.

Se sentó en su lugar privilegiado de la mesa, aguardando a su Señor para iniciar la reunión de aquella noche. Hacía días que no se habían congregado en la Fortaleza; suponían que el Dark Lord había estado ocupado con otros asuntos. Desvió su mirada para centrarla en Potter. Si le preguntaban a él, todos lo respetaban más de lo que merecía. Allí estaba, con la vista fija en el infinito... Exactamente perdido en sus pensamientos; su común palidez, su fisonomía neutral y tranquila, con un aire de reflexión que usualmente no veía en él. Siempre tan controlado... ¿por qué ahora eso había cambiado?

Los ojos verdes despertaron repentinamente y conectaron miradas con Draco. Esos ojos se burlaron descaradamente de él, como sabiendo de antemano todo lo que había sucedido en el Ministerio; el caos que había producido el asesinato de Cornfoot y la acusación de la maldita y estúpida de Granger. Una sonrisa malvadamente juguetona se expandió por el rostro de Potter.


- ¿Cómo has estado, Draco? – Preguntó Potter con falsa cortesía. El Dark Lord sonrió ante esto, ya que había estado al pendiente de todo el intercambio de miradas.
- Bien, salvo si consideras el hecho de que todo el ministerio es un caos por culpa de la muerte de Cornfoot en frente de sus narices...
- Parece que has hecho bien tu trabajo, Filldeserp. – Sonrió Voldemort. Su heredero correspondió a la sonrisa y asintió.


Draco no tuvo tiempo para asombrarse. Se sintió estúpido al no haber adivinado quién había sido el verdadero asesino del traidor. Era obvio. Sólo alguien realmente corrompido por la maldad podía llegar a realizar tal crueldad. Sólo alguien que estuviera tan deseoso de probar su poder, reservado por tantos años de secreto entrenamiento. Sólo alguien a quien el fallar no fuera una posibilidad y la venganza fuera el único camino del triunfo.

Y eso lamentablemente significaba Harry Potter.


- ¿Entonces...? ¿Fuiste tú el que adoptó mi aspecto físico para camuflarse en el Ministerio? – Murmuró Malfoy, deduciendo rápidamente. Potter asintió, sonriendo perversamente.
- Espero no haberte ocasionado muchos problemas. – Su frase estaba impregnada de sarcasmo.
- ¡Tú...! – Voldemort y Filldeserp levantaron las cejas ante la exclamación de Malfoy, quien se apuró para recomponer su figura obediente. – No sabes lo que has hecho.
- ¿Ah, no?
- No. Granger te vio y reconoció algo extraño en ti, ¿sabías?


No le asombró encontrarse con una mirada aburrida por parte de Potter. Seguramente se había encontrado con Hermione Granger a propósito, sólo para causarle conflictos a él y a su positiva imagen en el ministerio. Además, ¿cómo podía estar tan seguro de que Granger y Potter no estaban aliados, y que ni él ni el Dark Lord lo sabían? Tenía que admitirlo: esa teoría era la más improbable, no obstante... ¡¿Por qué había tenido que ser justamente Granger?!

Y lo mismo se preguntaba el Dark Lord. Harry se halló siendo núcleo de dos miradas interrogativas, ansiosas de explicaciones.


- ¿Granger? ¿La auror? – Preguntó Voldemort, sabiendo de antemano que era ella. Ella.
- Ajá. – Contestó Filldeserp, como si fuera lo más elemental del mundo. – Me crucé con ella, cuando estaba por salir del ministerio y dirigirme al Callejón Diagon... Pero cuéntanos, Draco, ¿qué pasó?


¿Había sido la imaginación de Draco o los ojos de Potter relucían en satisfacción?


- Me demandó ante el Wizengamot. Me suministraron un poco de Veritaserum. – Ante esto, ambos magos oscuros se inclinaron para escuchar su relato.
- Pudiste bloquear los efectos, ¿verdad, Malfoy?
- Parcialmente. Sí, al fin de cuentas... Sí, pero eso no resta que mi perfecto historial haya sido manchado por tal denuncia de un crimen que yo no cometí. Reclamo venganza. – Miró fijamente a Potter, que le devolvió la suya con desafío.
- Esa sangre sucia se ha interpuesto en muchos de nuestros planes. Ha detenido, inclusive, algunas misiones vitales. – Murmuró el Dark Lord, analizando la situación e interponiéndose entre la lucha de voluntades que tenían los dos jóvenes.


Miró de reojo a su heredero, que se mantuvo impasible ante la descripción de su Lord sobre su ex mejor amiga, sin ningún recuerdo superponiéndose en su mente. Sonrió interiormente. El castigo le había sentado excelentemente y esta sería la misión óptima para comprobarlo.


- Quiero que ustedes, Filldeserp y Malfoy, vayan y maten a Granger. Háganla sufrir.
- A sus órdenes, mi Señor.


Las palabras no temblaron. Los ojos no brillaron. Sus manos no se estrujaron. No hubo ninguna reacción ante el mandato. Voldemort no pudo menos que complacerse. Sería una semana entretenida...

***

9 de Agosto de 2004


Hermione apoyó su cabeza en su mano derecha, suspirando suavemente, mientras ojeaba los pergaminos que Neville le había entregado sobre una de las investigaciones que habían estado realizando. No tenía ganas de aquello. No hoy, un día en el que el vacío de su alma se pronunciaba profundamente. Aquel vacío, aquella sensación de desasosiego... de Soledad. Era un día de expresiones distantes.

Todos los nueve de agostos a partir de 1997 habían sido deseosos de ser eludidos. Neville la trataba con cautela esos días y Ron a penas la miraba a los ojos, algo que no terminaba de entender. Si se encontraba de malos humores, la actitud de sus dos amigos la asqueaba y le dolía intensamente: era como si la compadecieran...

Era un día de recuerdos, de aflicciones eternas y remordimientos. Si ella hubiera estado con ellos... Tal vez su padre seguiría con vida, su madre no estaría en tan delicada situación y ella tendría a Harry a su lado... Porque podría haber evitado su derrumbamiento. Aún con el pasar de los años y los insistentes argumentos de la Orden del Fénix, ella se hallaba recia a creer que Harry había sido el verdadero traidor en ese momento. Era fácil para ellos culparlo de su alevosía, cuando no habían sentido ni visto el verdadero dolor de su alma. Ella había sido reconfortada entre sus brazos, se había sentido asimilada en su Oscuridad... La había vivido.

Lo que pagaría por un pasado distinto, que les permitiera estar juntos de nuevo... Como lo habían estado los primeros años de Hogwarts, con sus ingenuidades, alegrías y aventuras. Cuánto necesitaba sentirse querida de nuevo. Sabía que Ron y Neville la querían, pero nunca se lo habían hecho saber de una forma tan sincera como alguna vez lo había hecho el joven Potter.

Hermione se mordió el labio inferior, alejando esos pensamientos. Ahora, su ex mejor amigo era el igual y heredero del Dark Lord más poderoso y devastador de la historia de la humanidad mágica. No quedaba nada de lo que alguna vez había sido. No era Él.


- Hermione, ¿piensas salir hoy? – Preguntó Neville, sentado del otro lado de la mesa. La auror pudo divisar preocupación en la voz de su amigo.
- Sí. – Contestó secamente, fijando de nuevo la vista en los papeles.
- ¿Adónde irás?
- Iré a visitar a mi padre. – Dijo con voz neutral, aunque Neville la conocía lo suficientemente bien como para adivinar que tras su indiferencia había un oculto titubeo.
- ¿Puedo acompañarte?


La joven alzó los ojos, sorprendida. Nunca, pero nunca en todos aquellos años, ninguno de sus amigos se había entrometido en su día de luto. La respetaban y entendían su decaimiento. No sabía cómo reaccionar ante la petición de Neville... No sabía a qué se debía el impulso que éste había tenido, porque sabía que existía uno.


- ¿Por qué? – Cuestionó Herm.
- Quiero estar contigo hoy. Pero sino quieres, no importa. Respeto tu privacidad, especialmente en este día...


Las palabras de Neville estaban impregnadas de sinceridad, aunque ella pudo detectar que le ocultaba algo. Suspiró internamente. El acompañamiento le vendría bien, no lo iba a negar. No era fácil volver a la sede de sus recuerdos, de revivir el pasado e intentar superarlo al mismo tiempo.


- Está bien. Puedes venir. – Neville le sonrió.
- ¿Cuándo iremos?
- A la noche. – Contestó Hermione, sin darle importancia. Aunque su amigo no pudo evitar fruncir el entrecejo.
- Es peligroso, Mione...
- Murió de noche... Siempre lo he ido a visitar de noche. No va a suceder nada.


No sabía cuán equivocada en realidad estaba.

***

La inmortal belleza de la luna llena iluminaba cada poro del lugar, con una escalofriante pero tenue luz. Era llamativa y atractiva, siempre tan imponente y poderosa, llena de su propia y característica energía. Su luminiscencia blanquecina irradiaba paz en las terribles tinieblas de la noche, con mayor énfasis en la presente. Pequeñas estrellas la acompañaban, aunque había una cantidad considerable de nubes ocultándolas.

Neville hubiera deseado estar en cualquier parte con esa espectacular noche, menos en un cementerio. No tenía miedo, pero el ambiente no podía dejar de causarle escalofríos. Caminando entre las tumbas, con el sonido del viento zumbándole en los oídos mientras su majestuosa túnica se agitaba, y con la imagen explícita de un tierno, pero melancólico ángel de mármol sobre su cabeza. Su estómago se encogió al prestarle mayor atención.

Parecía una inocente niña, de cabellos largos y bucles en las puntas, con sus ojos cerrados en un gesto de abandono y dolor. Las pequeñas alas que surgían de su espalda la rodeaban amparadamente. Lucía tan vulnerable... y representaba contundentemente la época de guerra que estaban viviendo, porque no muy lejos de esta estatua estaba la de un mago, que mostraba valentía y determinación, con la varita señalando al frente... al vacío de la muerte.

Ese cementerio estaba dedicado especialmente a las víctimas de la nueva Época Tenebrosa, desde el retorno de Lord Voldemort hasta las vigentes fechas. Era duro recorrerlo porque nombres reconocidos se iban perdiendo en el trayecto. Tal vez familiares o viejos amigos descansaban allí, en espera de que sus almas pudieran yacer en paz. Aguantando el momento en el cual la Causa que los había llevado a morir concluyera.

La espera se estaba haciendo eterna.

Neville se detuvo de pie frente a la tumba de su abuela. La observó con añoranza, rememorando lapsos de felicidad que había compartido con ella. Eso le llenó de fuerza y sonrió con orgullo. Estaba seguro que donde fuera que estuviera ahora ella, junto con sus padres, que habían muerto años atrás, estaría complacida de él. Complacida del Hombre en el cual se había convertido. Lucharía por ellos y por su propia vida. Viviría lo que ellos no pudieron, y por lo cual sucumbieron peleando, padeciendo hasta el último instante de tortura.

Porque no había tiempo de arrepentimientos o de recuerdos. En ese preciso instante, otras personas como ellos podrían estar muriendo y él no podía permitir que la tristeza le cegara. Tenía que sobrellevarlo y seguir. Porque si esa guerra no terminaba pronto... Sería el fin de todos. No podían ocurrir milagros al paso que iban. Voldemort conseguía más poder cada día y con él, su heredero. Y los años de Oscuridad seguirían infinitamente...

Elevó la vista y vio a Hermione, a unos cuantos metros de él, inclinada sobre una tumba y sollozando. Sonrió con abatimiento antes de agacharse y colocar una flor blanca sobre los restos de su abuela.

- No se preocupen por mí. – Murmuró antes de ponerse de pie y dirigirse hacia su amiga.


Estaba destruida, lo sabía. Desde el episodio del Callejón Diagon estaba mucho más susceptible. Neville sabía que había varias razones, pero la primordial consistía en Filldeserp. El maldito bastardo la había herido profundamente. Sabía cuánto Hermione había llegado a apreciarlo en sus tiempos de Hogwarts, incluso más que a Ron y a él mismo. Y verlo de forma tan vil y despiadada, a punto de matar al que en el pasado había sido amigo suyo sin ninguna clase de remordimiento... Había sido mucho para ella, por mucha fortaleza que tuviera. No se había imaginado que el cambio fuera tan radical.

Le preocupaba su amiga, porque a pesar de que él sabía cuánto dolor estaba pasando... Hermione no decía nada al respecto y cuando se le preguntaba, desviaba el tema. No se descargaba y contenía muchos sentimientos confusos en su interior. Lo podía ver en su mirada o en el temblor de sus hombros al llorar con desesperación.

Apoyó una mano en el hombro de ella, indicándole que estaba a su lado. No obstante, a Hermione le sirvió poco y nada ese gesto. Le miró suplicante y Neville entendió que necesitaba privacidad con sus fantasmas. Se levantó y cuando iba a dirigirle un par de palabras comprensivas, escuchó un grito del otro lado de la necrópolis. En un acto de reflejo, sacó la varita de su bolsillo.


- Quédate aquí, Mione. Iré a ver qué sucede. – Y sin darle tiempo a ella de contestar, salió corriendo en dirección de los gritos.


Hermione contempló su retirada, pero no hizo ningún movimiento. Estaba de rodillas en el suelo, con sus ropas manchadas de barro. No le importaba. Su rostro estaba estropeado por las lágrimas que aún bañaban sus facciones. Cerró los ojos y un suspiro se escapó de entre sus labios.

No toleraba el vacío de su alma. Demasiados conflictos en su mente y en su corazón la asfixiaban y la comían sin piedad alguna. Eran sentimientos deprimentes, que la hundían en la oscuridad y la atiborraban de incertidumbre y desazón. No quería esa realidad ni ese mundo. No quería vivir de esa forma, suspirando el pasado y cuestionando el futuro... Sin saber lo que realmente ocurría en el presente. Era una batalla perdida contra sí misma y no podía hacer nada por cambiarlo.


- ¿Por qué me abandonaron de esta forma?


No tenía energías para pelear. No tenía impulsos ni metas que alcanzar. No deseaba venganza por las vidas arrebatadas y no tenía personas a las que proteger que de por sí, no supieran hacerlo por sí solas. No tenía la osadía de la cual meses antes se había distinguido: todo su mundo se había desmoronado muy fácilmente y volverlo a construir requería de esperanzas que ella carecía.

No le importaría morir en ese instante, sino fuera porque sabía que de alguna forma... le era útil a la Orden y a la Comunidad Mágica en general. Pero para su propia persona, no guardaba nada. No había forma de quitarse de encima el peso que llevaba sobre sus hombros.

Se abrazó a sí misma, sin escuchar los gritos desesperados que la rodeaban.

***

- Recuérdame una vez más porqué hemos venido aquí, Potter. – Murmuró Malfoy entre dientes mientras ingresaban sigilosamente en el cementerio. Harry sonrió cínicamente.
- ¿El Veritaserum te ha afectado el cerebro o qué, Malfoy? No me digas que no eres capaz de mentalizarte en la venganza que quieres llevar a cabo...


El rubio soltó unos insultos dirigidos a Filldeserp, pero éste hizo oídos sordos y sonrió con arrogancia mientras sus felinos ojos analizaban el escenario. Había pocas personas en el lugar y entre ellas, estaba la que a él le importaba en esa misión, y su acompañante. No había esperado cruzarse nuevamente con Longbottom tan pronto, pero no iba a desperdiciar la ocasión, ¿verdad?

Su vista se fijó en el ángel por un único instante. Sonrió ante la ironía que se le presentaba. Malfoy, interesado ante esto, siguió la dirección de su mirada y sus labios emitieron una mueca de desagrado.


- Son unos idiotas. Las almas que residen aquí nunca tendrán paz. – Masculló, expresando en su voz un contundente odio.
- Yo no pienso así. – Expuso Harry. – Una vez que mueres, ya no hay nada más por lo cual agobiarse ni dolor que sufrir. La muerte es una dulce conciliación, que muchos no merecen.
- ¿Cómo tú, por ejemplo?
- Ajá.


Malfoy hizo una exasperación con sus ojos, lo que ocasionó otra sonrisa burlona de Harry. El mortífago se acomodó bien su capucha como si temiera que alguien indujera su identidad, mientras que Potter recorría tranquilamente los sepulcros, leyendo los nombres y recordando el por qué y cómo cada uno de ellos había muerto, con su rostro al descubierto y su señorial capa ondulando teatralmente detrás de él. Malfoy pensó que Filldeserp era un dramaturgo profesional.

Se estaba fastidiando. Un cementerio no representaba una gran diversión en cacería. Sencillamente concurrían allí almas con penas... sobre todo de noche. Sería fácil dar con Granger y matarla allí. Si bien el lugar era grande y largo, sabían exactamente a qué persona ella venía a visitar y dónde debía estar.


- Potter, me aburro.
- Oh. Drakito está aburrido... ¿qué puedo hacer para divertirlo? ¿Traerle un payaso y que le entretenga? ¿Regalarle una varita mágica farsa para que practique magia ficticia? ¿Tal vez llevarlo a ver un partido de Quidditch?
- Potter. Te lo advierto. Mi paciencia tiene límites. – Potter sonrió ante su lenta amenaza, acercándosele peligrosamente.
- La mía también, Draco. Y te aseguro que si en este momento hacemos un duelo, el ganador con todos los privilegios seré yo. Olvidas con quién estás hablando y quién manda aquí. ¿Seguro que no necesitas ir a San Mungo?
- Ya verás... Que seas el protegido del Lord no significa que seas mejor que yo... Ya verás.


La figura de Malfoy se perdió entre los árboles que decoraban el territorio. Harry sonrió con satisfacción. Había logrado quitarse de encima al molesto de Malfoy. Ahora empezaría la verdadera acción. Esa misión sería muy simple.

Además... había hecho ir a Draco justamente hacia donde se desviaba Neville ahora. Granger era toda suya.


***

Corrió lo más rápido que pudo. Los gritos aumentaron su intensidad al arrimarse cada vez más a la zona de foco. Se ocultó primeramente detrás de unos arbustos, para examinar la situación y decidir qué hacer.

Se sorprendió al ver a un mortífago (esas túnicas eran fácilmente reconocibles a larga distancia) torturando a una pareja con la maldición cruciatus. Furia surgió en sus adentros, reviviendo la tortura de sus padres en su memoria. Obviamente, el ambiente en el que se hallaban era perturbador y por eso tardó segundos en elegir qué hacer.

Era un auror y defendería las vidas de los inocentes.

Neville dejó de esconderse y señaló con firmeza al mortífago que recién entonces se dio cuenta de su presencia. Fue demasiado lento y no pudo esquivar el ataque del auror, quien le lanzó unos cuantos metros contra un árbol. Vio a la mujer desmayarse y a su novio caer de rodillas a su lado. Suspiró con alivio, al advertir que ninguno de los dos estaba seriamente herido. Salvo por los daños psicológicos que pudieran tener...

Volteó toda su atención al mortífago, mientras caminaba con cautela en su dirección. Familiares ojos grisáceos le devolvieron la mirada entre la oscuridad y un odio mutuo se intercambió al reconocerse.


- Cuánto he deseado atraparte en acción, Malfoy. Gracias por entregarte en bandeja de plata.


Malfoy le sonrió con despecho y volvió a alzar su varita, dispuesto a defenderse. Así fue como ambos magos comenzaron un duelo de fuerzas brutales. Demasiado desequilibradas, ya que Longbottom había estado recibiendo un entrenamiento mucho más avanzado que el rubio.

Habrían pasado al menos diez minutos, antes de que el susodicho mortífago estuviera tendido sobre el suelo y atado mágicamente con cuerdas rigurosas, con un destino sellado. Los Cuarteles de la Orden del Fénix necesitaban de un mortífago de la elite para informarse de los futuros movimientos de Voldemort. Y por fin habían encontrado la oportunidad...

Neville sonrió triunfalmente y se agachó a su lado.


- Cometiste un error al subestimarme, Draco. No soy quién solía ser.
- Eres tú quién ejecutó un error, no yo. – Replicó Malfoy con un aire de arrogancia y victoria que confundió a Neville. Sabía que el honor de la familia del mortífago residía en nunca demostrar debilidad, no obstante... ¡¿qué había de bueno en ser capturado por un auror?!
- ¿Qué dices?
- No he venido solo. – Neville frunció el entrecejo, sin entender a qué se refería.
- ¿Con quién has venido? – Se apuró a cuestionar.
- Filldeserp. Y adivina qué está haciendo él en este momento mientras tú estás aquí, jactándote de mí... – Los ojos de Neville brillaron en reconocimiento.
- Oh, no... ¡Hermione!


Ante la sonrisa burlona de Malfoy y la consternación que sentía, salió corriendo como si su vida dependiera de ello en dirección al lugar donde había dejado a su amiga sola.

¡Estúpido! ¡Era todo una distracción!


***


Unos fríos brazos la envolvieron por atrás. Se estremeció ante el frívolo contacto y se sorprendió al mismo tiempo. Neville se había ido hacía unos instantes, ¿no? Entonces... ¿quién podría estar preocupado por reconfortarla? Nadie de la Orden sabía adónde habían ido y Ron no había querido acompañarles... Era lo que su mente le decía.

Sin embargo esos brazos, a pesar de ser desconocidos y hasta tal vez peligrosos, le estaban otorgando lo que durante tanto tiempo había deseado: un gesto de cariño. Una palmada en el hombro no servía ni tampoco palabras huecas a sus oídos. Ella necesitaba esto: abrazos irrevocables y sólidos, que le sostuvieran y no le permitieran caer.

Sin pensar, se acurrucó contra el pecho de esa persona. Se dio cuenta de que sus brazos eran fuertes y que estar acomodada entre ellos no le disgustaba. Para ser sincera consigo misma, le colmaban de una calidez que el tiempo le había hurtado. Sus lágrimas dejaron de germinar y todo su cuerpo se calmó pocos instantes después. Todo era tan pacífico desde ese punto de vista...


- No pensé que te mostrarías tan gustosa con tu muerte. – Una voz le susurró al oído.


Dos cosas sucedieron en ese instante. Ella reconoció la voz varonil casi de inmediato y su ser se llenó de aflicción, al mismo tiempo que se percató de la locura que estaba aconteciendo. ¡Estaba acurrucada entre los brazos de Filldeserp, el heredero de Lord Voldemort! Quiso separarse de él inminentemente, jaló y pataleó, pero esos brazos revelaron ser mucho más fornidos que su propia voluntad.

Las lágrimas que se habían retirado segundos antes volvieron a aparecer con auténtica facilidad cuando sus ojos castaños se fijaron en los sombríos ojos verdes de su anterior mejor amigo. En ellos vio reflejado su propio pasado, su propia tristeza y su mundo perdido. Dejó de forcejear, al ver que no había caso... Él era mucho más poderoso que ella. Además que Filldeserp había aprovechado su ensoñación anterior para arrebatarle disimuladamente la varita. Estaba desarmada y desprotegida, sumado a la debilidad que emocionalmente estaba sufriendo.

Filldeserp sonrió con maldad.


- Eso es, pequeña. Estás desprotegida y en los brazos de tu enemigo. No vale la pena luchar.


Hermione no pudo responder. No había nada que hacer.


- Si te dejas llevar, Hermione, te prometo que no habrá sufrimiento que traspasar. Sólo cierra los ojos y deja que la muerte te consuma...


El tono de voz suave que estaba empleando Harry estaba adormeciendo a Hermione. Sus palabras eran tentadoras y predecían un futuro sereno... ¿Qué podía perder con acatar a su orden? Era tan fácil hacer lo que le pedía. Morir. Simplemente Morir. Allí y En ese Momento. Sin nada más que el sentimiento que inundaba su alma y el sueño eterno de por medio. Sin heridas físicas. Sin ser víctima de intensiva malevolencia. Disfrutando un instante más, sólo uno más, entre esos brazos... Los únicos brazos que parecían ser capaces de brindarle calidez y que ahora le ofrecían algo más...



- Maldito seas, Malfoy, eres un completo inútil. ¿Es que acaso no pudiste distraerlo un poco más? – Escuchó la voz enojada de Harry a lo lejos, cuando había estado dispuesta a dormirse para siempre.


Eso no fue lo que específicamente le hizo salir del trance, sino una sacudida y una fuerza feroz que la puso de pie. Abrió los ojos y vio que ya no estaba entre los brazos de Filldeserp, aunque éste la sostenía firmemente del brazo derecho, impidiéndole escapar o moverse. Él estaba mirando concentradamente hacia un sector especial del cementerio, en el que Hermione no divisaba nada desemejante.

Los ojos verdes voltearon a verla con urgencia y le sonrió misteriosamente.


- Espero que te guste la idea de tu futura estadía en la Fortaleza del Dark Lord, Hermione Granger.


Antes que pudiera llegar a reaccionar, Potter le había envuelto con su capa y habían desaparecido de allí.


***


- ¡¿QUÉ ÉL QUÉ?! – Su grito resonó por toda la casa, aturdiendo los oídos de muchos.
- Ron, tranquilízate. – Intentó razonar Ginny, pero era imposible.
- ¡¿Cómo quieres que me tranquilice, Ginny?! ¡Hermione está en manos de esos asesinos en este preciso instante! No puedo ni pensar en lo que debe estar sufriendo...
- Con alterarnos no ganaremos nada, Ron. Necesitamos pensar fríamente.
- ¡Pero...! – Quiso replicar el joven Weasley.
- Hazle caso a Ginny, Ron.


Estaban en los Cuarteles. Malfoy estaba encerrado en una habitación con severos encantamientos que le impedirían escapar. Y a Neville le había tocado dar la terrible noticia a la Orden del Fénix.

Hermione había sido secuestrada.

Había corrido con todas sus fuerzas a por ella, pero lo único que llegó a divisar fue una cegadora luz roja en la zona de la tumba del señor Granger y al momento siguiente... El cementerio volvió a estar abandonado. Filldeserp se había llevado a su amiga y él había sido tan idiota como para facilitarle la tarea, cayendo en la trampa que con Malfoy habían preparado.

Había ido especialmente para cuidar de Hermione porque su instinto le había prevenido que algo pasaría aquella noche. No obstante, parecía ser que no se lo había tomado lo suficientemente en serio. Debería de haberla convencido de no ir de noche al cementerio, del riesgo que corrían... Aunque él en realidad no hubiera tenido el derecho para decirle eso a su amiga.

Además, sabía que de día o de noche... Filldeserp la hubiera alcanzado. Tal vez hubiera sido algo más dificultoso, pero al fin de cuentas... el resultado sería el mismo.

Ron continuó con su cadena de maldición, caminando exagerada e impacientemente por toda la sala. Ginny permanecía sentada, aparentemente calmada, aunque sus ojos destellaban en preocupación. Neville estaba apoyado con una pared, con la vista fija en el piso, sintiéndose culpable de todo aquello y con un deseo incontenible de venganza y odio hacia Filldeserp. El resto de los miembros de la elite de la Orden respetaban su dolor y mantenían el inquietante silencio.

Dumbledore tenía una rara expresión en su rostro; una mezcla de incertidumbre y extrañeza. Sus ojos azules se veían opacados y el poder que usualmente irradiaba su cuerpo parecía haber decaído. Sabía que nada bueno resultaría de toda la situación. Habían perdido a una de sus mejores aurores y entre todo el caos en el cual estaba sumergido el Ministerio...

Por lo menos tenían a Malfoy. Era hora de sacarle información valedera a un mortífago. La necesitaban.


- No podemos hacer mucho. – Dijo Dumbledore, quebrando el silencio. – Sólo esperar...
- ¡¿ESPERAR?! – Chilló Ron. Neville suspiró con resignación.
- Debes entender algo, Ron. Ellos actualmente tienen una gran ventaja sobre nosotros. Ni siquiera sabemos dónde está la famosa Fortaleza del Dark Lord, ¿cómo quieres que logremos rescatar a Hermione? No creo que estén dispuestos a ello. Además... – Los ojos de Neville se entristecieron. – Hay escasas esperanzas para Mione de estar viva en este momento. Sabes como es el sistema: Voldemort les saca toda la información posible en una larga y exhaustiva tortura, y luego los asesina... Extirpando todo el honor de la persona.


Neville tenía razón. Nada podían hacer.

Algunos se sintieron impotentes y furiosos con ese destino, mientras que otros permanecieron con los hombros bajos y desanimados totalmente. Una minoría aún guardaba un poco de esperanza en sus corazones, pero...

Todo miembro de la Orden que hubiera sido secuestrado por Voldemort y los suyos, nunca más había sido visto con vida.

Hermione no tenía por qué ser la excepción.


***


Dejó de examinar los mapas sobre su escritorio cuando el ruido de la puerta de su despacho al abrirse le interrumpió. Alzó la vista para encontrarse con la solemne figura de su heredero, ingresando allí e inclinándose con respeto ante él. Se extrañó al hallarse frente a él únicamente, cuando en realidad Malfoy también debería de estar allí presentando su informe sobre el mini ataque, que de hecho había tardado menos de lo acordado...

¿Tan fácil había sido ejecutar a Granger que no habían tardado más de una hora y media?

Analizó la expresión del rostro de Filldeserp. Como siempre, estaba impasible y aguardaba pacientemente a que le permitiera la palabra. El brillo de sus ojos estaba muerto y por el aspecto de la túnica que vestía, toda la acción había sido muy sencilla. A penas estaba ensuciada, lo cual significaba que no había habido ninguna clase de duelo.

Entonces, ¿dónde diablos estaba Malfoy?


- ¿Dónde está Draco, Harry? – Preguntó Voldemort, armándose de paciencia. Harry no se intimidó al hablar: su voz sonó tan indiferente como lo usual.
- En manos de la Orden del Fénix.
- ¿Y se puede saber por qué?
- Longbottom lo capturó.


Uno de los frascos más delicados, colocado en uno de los rincones de la sala, se destruyó en mil pedazos, ante la gran oleada de poder en bruto que desprendió el Dark Lord. Harry interpretó eso como una situación peligrosa: se estaba enojando rápidamente e indirectamente, él tenía algo que ver con eso. Bah, no era su culpa que Malfoy tuviera el nivel de un niño de primer año de Hogwarts, ¿verdad? No, mentía. Hasta un niño de once años podía vencer al rubio.


- ¿Y no pudiste evitarlo?
- Él quería demostrarme que era mucho mejor que yo. – Respondió Harry con sencillez. – Creo que de haber intervenido en el duelo, le hubiera herido infinitamente su orgullo. De todas formas, él estaba muy lejos de mi vista.
- ¡¿Qué clase de excusa es esa?! ¡Malfoy conoce muchos de nuestros planes y ahora... serán contados verbalmente al estúpido de Dumbledore y sus aurores!
- Malfoy no es afectado por el Veritaserum ni ninguna clase de poción de la verdad. Y si sabe lo que le conviene, no abrirá la boca, Tom.


Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había visto al Dark Lord tan enfadado. Y Jo. Él era el único individuo enfrente de él para desquitar esa furia. Esperaba que no fueran muchos cruciatus...


- Creo, Harry, que te estás tomando esto muy a la ligera. No sólo le hemos dado a Dumbledore una fuente de información, sino que también hemos perdido la nuestra en el Ministerio. No es necesario recordarte que Draco es uno de nuestros principales contactos allí, ¿verdad? – Harry se mantuvo callado, aunque su vista no abandonó ni por un solo instante a Voldemort.
- No es lo único que ha salido mal, mi Lord. – Murmuró Filldeserp, mordiéndose el labio inferior. Voldemort frunció el entrecejo y Harry supuso que seguramente se estaba aferrando a la varita para no maldecirlo en ese preciso instante.
- No hemos matado a Granger.


Cuchillos imaginarios le apuñalaron despiadadamente. Una y otra vez. Haciéndole sentir nuevamente un dolor incomprensible y si no hubiera sido por su magnífica resistencia, le hubiera llevado a gritar desesperadamente y a suplicar por su suspensión. Estuvo varios minutos bajo el efecto impiadoso de la Maldición Imperdonable, aunque ningún sonido logró salir de su boca. Cuando todo cesó, tuvo que sostenerse de la pared más cercana para no caer. Últimamente estaba sufriendo demasiadas torturas. Su organismo todavía no se había recuperado de la lección que le había dado el Dark Lord pocos días antes.

Maldición. Demasiadas cosas habían salido mal.


- ¿Me podrías explicar a qué se debe ese fallo, Filldeserp?


El tono de voz de Voldemort era amenazador. La mayoría de la gente hubiera muerto tan sólo por escucharlo. Sin embargo, Harry sólo se estremeció y fue en parte un efecto secundario del Cruciatus.


- Malfoy no consiguió entretener por demasiado tiempo a Longbottom. Pensaba hipnotizar a Granger para dormirla absolutamente y desde su mente, hacerla sufrir, recreando sus peores pesadillas... Es una de las torturas sin escapatoria y sin final. Bueno, salvo que se cuente la muerte, pero... La mente es infinita. Podía estar eternamente torturándola. Hubiera sido muy divertido.
- Pero a penas había vencido sus barreras mentales cuando Longbottom se dio cuenta de la trampa que le había puesto Malfoy y comenzó a dirigirse hacia mí. Tuve que detener todo y desaparecerme de allí antes de que me alcanzara.
- ¿Y Granger?
- Se encuentra en una de las celdas de alta seguridad en las mazmorras, mi Lord.
- Perfecto. Me encargaré de ella luego. Puedes retirarte.

***


Oscuridad. Sombras que nublaban su visión. Sus ojos castaños permanecían cerrados, ya que eran inútiles en ese momento. Un olor nauseabundo inundaba el lugar, haciéndole sentir peor de lo que ya estaba. Percibía fuertes amarras en sus muñecas y tobillos, inmovilizando cualquier posible movimiento que ella quisiera hacer para escapar del lugar. Se sentía desesperada. No entendía qué sucedía y tenía miedo de hacerlo.

No quería recordar, pero a su mente vino inmediatamente la imagen de aquel par de ojos verdes que tantas veces había contemplado en sus sueños... y en su realidad. Ojos que lucían muy diferentes a lo que alguna vez habían sido. Inspiraban frialdad... venganza... resentimiento... indiferencia... Eran un ácido mortal. Un ácido que lamentablemente ella había probado.

No podía creer cómo había terminado en la Fortaleza del Dark Lord, amarrada contra una tarima en una de sus tan temidas mazmorras. Sabía el destino que le esperaba: morir. Nadie había logrado escapar de las garras del Dark Lord... A excepción de Harry, pero eso ya no contaba. A lo sumo, permanecería viva, pero totalmente loca e incapaz de volver a ser de utilidad en aquella guerra...

Que ahora se daba cuenta.... estaba totalmente perdida.

No tenía sentido pelear. Ellos iban a ganar. Sabían todas las técnicas oscuras en la faz de la tierra... y si eso no era verdad, estaban muy cerca de conseguirlo. Sería imposible vencerlos. Lo había visto en el Callejón Diagon... La sencillez de los movimientos de Harry, como si no los pensara, como si.... ya supiera de antemano todo lo que iba a forjar su oponente. Era una inmensa impotencia lo que le invadía al saber que su entrenamiento de aurora no había servido de nada. Comparada con él, ella era sólo un peón. Él estaba listo para ser un rey de un juego de ajedrez.

Si Harry estaba muy lejos del alcance de la mayoría, Voldemort era inaccesible. Parecía que en cada minuto consumido, su poder mágico aumentaba. Había muchas personas que pensaban que él ya había adquirido la inmortalidad que tanto había deseado. Dumbledore seguía reticente a dar fe a esa teoría, pero...

¿Cuándo había sido la última vez que habían visto a Voldemort en un ataque? Dos meses, por lo menos.

No sabían qué tan lejos se encontraba ahora. ¿Qué iban a hacer?

Hermione alejó esos pensamientos de su mente. ¿Qué importaba ahora el mundo mágico? ¡Ella estaba encerrada en esa mazmorra, esperando a la muerte!

Con suerte... lo último que sus ojos fueran a ver serían las esmeraldas de Harry...



La puerta de la celda se abrió, dejando entrever una pequeña luz blanca por unos momentos, que atontó los ojos de Hermione. Escuchó suaves pasos dirigirse hacia ella luego de cerrar la puerta y que todo volviera a ser oscuridad. Esos pasos se detuvieron; la joven calculó una distancia media entre ella y su visita. No podía distinguirlo de entre la negrura, ¿quién sería? ¿Un mortífago, Voldemort o Harry?

Una mano helada tomó su barbilla y, al abrir los ojos, se halló con la imagen que por las noches abundaría en su mente, causante de su insomnio: aquellos crueles y malignos ojos escarlatas, que parecían estar inyectados en sangre de sus víctimas y de deseo de venganza, observándola atentamente; su rostro demacrado y terriblemente blancuzco, que contrastaba contra el aura oscura que su cuerpo emitía.

Lord Voldemort.

Preparó todos los escudos mentales que le habían enseñado a elaborar y se dispuso a resistir jornadas largas de tortura. Al fin de cuentas, ella era Hermione Granger, una de las aurores estrellas del Ministerio, y su mente contenía un tipo muy variado de información confidencial que el Dark Lord encontraría de utilidad.

Resistiría. No tenía nada que perder.

Nada... salvo su vida.


- Buenas noches, Granger. Espero que estés disfrutando de tu estadía en la Fortaleza. Cuán larga será, no puedo decírtelo ahora. Dependerá de qué tan útil me seas.
- Bastardo. – Escupió Hermione.
- Ya corregiremos ese vocabulario suyo, señorita Granger. Pero, ¿qué opina? ¿Me dejará libre acceso a su mente o prefiere sufrir en vano? – Dijo Voldemort, en un falso tono de cortesía.


La respuesta de Hermione fue clara en el desafío de sus ojos castaños. Voldemort sonrió abiertamente. Hacía mucho tiempo que alguien tan joven no le miraba directamente a los ojos y se rehusaba a participar voluntariamente de sus planes. De alguna forma, le recordaba a Filldeserp en los tiempos en los que aún eran enemigos mortales, por la ingenuidad de sus palabras y actos, por el modo confianzudo en el cual sus ojos brillaban... Gryffindor de corazón. Era totalmente entendible como alguna vez esa jovencilla había sido la mejor amiga de su heredero.

Bien, si ella quería sufrir, él no se iba a privar de ese deleite.

Chasqueó los dedos y al simple acto, Hermione comenzó a sentir un profundo dolor en sus extremidades. Un dolor interno que se expandía por todos sus brazos y piernas como si se tratara de un veneno fluyendo por sus venas. La muchacha apretó los labios con fuerza para contenerse a gritar, pero pronto tuvo que morderse la lengua ya que el dolor progresaba en intensidad.

Todo su cuerpo estaba contraído en un dolor infernal. Las amarras jalaban su cuerpo en diferentes direcciones.... direcciones a las cuales sus extremidades normalmente no podían acomodarse. Hermione creía que pronto le desprenderían su brazo o una pierna... Todo su cuerpo ardía, sobre todo en las zonas donde las ataduras se encontraban ya que era donde se originaba la mayor presión. No pasó mucho tiempo hasta que el silencio se quebró por sus gritos de espantoso sufrimiento; ningún pensamiento coherente pasaba ya por su mente.

Su cuerpo era demasiado delicado como para resistir esa tortura. Sangre pura bañó su piel.

Lágrimas involuntarias se deslizaban por su pálido rostro, signos de la vital agonía que sentía. Una agonía que sumada a su alma deprimida hizo que pronto sus fuerzas se agotaran y que dejara de pelear contra el dolor.

Sus escudos mentales se rindieron y cayeron, dejándole vía libre al Dark Lord para hacer lo que quisiera con su mente. Antes de concentrarse en la Legeremancia que iba a aplicar, contempló la débil figura con altanería; cómo la deliciosa y tentadora sangre cubría sus facciones, y como su cuerpo parecía estar quebrado irregularmente. Era una pena que Granger fuera sangre sucia y auror... tenía un cuerpo apetecible.



La primera información por la cual indagó fue todo lo relacionado con la Orden del Fénix, enterándose de datos muy interesantes sobre el Vejete y los suyos, como por ejemplo qué entrenamientos recibían los miembros actualmente. (“¿Así qué Longbottom anda entrenando más desde su derrota a manos de Filldeserp? Uhm...”) Luego, la información crucial que el Ministerio había depositado en la mente de la sabelotodo Granger, esperando para su posterior análisis y teorías de resolución. Así se enteró de la incorporación de ciertas defensas nuevas a ciertos puntos estratégicos de Inglaterra, información que ni Malfoy ni ninguno de sus otros mortífagos ubicados en el Ministerio pudieron obtener.

Tras eso, su atención se depositó en el resto de las memorias de la joven. Era bastante aburrido, ya que la vida privada de Granger no era para nada interesante, pero tal vez surgiera algo atrayente de todo eso...

Las memorias se presentaban regresivamente en el orden del tiempo. No fue de muy grata sorpresa ver que los recuerdos que Granger más valoraba de sus tiempos de Hogwarts eran aquellos compartidos con Harry. Realmente le daba mala espina que la joven no odiara tanto a Filldeserp como sus demás ex amigos lo hacían actualmente.

Pero llegó a un momento en la etapa entre los seis y siete años de edad donde la mente de Hermione estaba bloqueada. No era causada de un Obliviate: se trataba de un suceso que la mente de la joven había retirado a lo más profundo por instinto.


Una espesa Niebla abrigaba el lugar, impidiendo su contemplación completa. Parecía un espejismo, por la sensación de lejanía y añoranza que inspiraba. De a poco, la niebla de fue dispersando, dejando vislumbrar una Laguna que separaba dos dimensiones enormes de tierra.

Uno lleno de vida, color y Luz... Con bosques verdes y abundantes, montañas altas y con el aspecto de ser inalcanzables, agua pura y cálida... Todo iluminado por una imaginaria luz blanquecina.

Del otro lado, se encontraba su brutal opuesto. Muerte, deslucimiento y oscuridad. Fuego quemándolo todo. Sequedad. Suciedad. Dolor... Y más Oscuridad. Era sencillamente el infierno, en su representación sólida y fornida.

La Laguna que les apartaba era lo único que tenían en común y la única forma de contacto entre ambas dimensiones. Pero solamente una barca podía cruzar esa Laguna. Y sólo una persona muerta podía hacerlo, de otra forma... volvería a su mundo sin más contemplaciones.

El Infierno no le pertenece a la Vida.

En el Horizonte se veía un brillante y gigantesco amanecer, que contrarrestaba las tinieblas del infierno y alegraba la calidez del Paraíso viviente. Los rayos del sol eran reflejados por la nítida y celestina agua. Era una preciosa imagen.

Lástima que en la barca que navegaba hacia el infierno, hubiera una inocente niña esperando a ser conducida frente a los Jueces.

Aunque nunca llegó. La rechazaron. Dijeron que todavía no era su momento. Todavía podía seguir viviendo: la perdonaban. Y que ellos le brindarían más vida de la que anteriormente había tenido.

Le dieron Poder. El Poder de haber muerto y vuelto a la vida, habiendo creado antes un enlace con el Mundo de los Muertos.

Había estado muerta clínicamente por diez minutos, por un incidente que nunca tendría que haber pasado. Volvió a la vida, luego de haberle provocado a sus padres el peor de los dolores: el saber que habían perdido a su hija y nada habían podido hacer para evitarlo. Los médicos dijeron que era un milagro... que ella era una niña prodigio.

Y realmente lo era.

Haber cruzado la Laguna Estigia y haber vuelto... muy pocos lo habían conseguido.




Y entre ellos se hallaba el Dark Lord más poderoso de todos los tiempos, Voldemort, quien reconoció al instante la memoria... ya que era muy similar a la que él tenía grabada en su mente. Cuando falló en su intento de asesinar al bebé Harry, por un milésimo instante... había estado muerto. Fue allí donde visitó el Infierno.

A él también los Jueces le habían dado poderes, como un regalo no merecido. Pero... el poder dependía de cada persona. Se preguntaba cuál sería el gran potencial de Granger... Estaba claro que aún no lo había demostrado.

Y ahí fue donde el Dark Lord se dio cuenta de que esa joven no era una joya divina que desechar. Así que un nuevo y magistral plan comenzó a elaborarse a una velocidad escalofriante en la mente de Voldemort.

Hermione Granger tenía otro destino antes de morir. Su estadía en la Fortaleza sería más larga de lo que había supuesto...

Entonces, Voldemort bajó su vista a la dichosa auror. Se había desmayado, a causa de la extenuación tanto física como mental por las torturas recibidas. Su respiración era dificultosa y requería inmediata atención médica. Con una sonrisa cómplice, Voldemort hizo desatar las amarras con un chasquido de sus dedos y envió a la joven a una de las habitaciones de la torre.

Tenía que hablar con Filldeserp.


***


10 de Agosto de 2004


La primera sensación que sobrevino a su cuerpo aquella mañana fue un angustiante dolor, aunque estaba mucho más controlado que en la noche anterior...

La noche anterior. De repente, toda su mente se reorganizó y pudo conectar la cadena de sucesos. Había ido con Neville al cementerio donde residían los restos de su padre, había sido secuestrada a manos de Filldeserp y torturada tiempo después por Voldemort, sólo para terminar entregándole por completo toda la información que guardaba su mente. Se sintió la persona más deshonrada e impura en la faz de la tierra.

Los había traicionado. A todos a los que quería. A toda persona que confió en ella alguna vez. No había resistido la tortura con toda su magnitud... y allí estaban los resultados: todo por lo que alguna vez había luchado se perdería entre la destrucción que se avecinaba.

Secas lágrimas brotaron de sus ojos y entre la desesperación que la abrumaba, intentó abrazarse a sí misma, arrimando las rodillas a su cuerpo y los brazos a su pecho.

Sorpresivamente... lo consiguió.

Sus ojos se abrieron al percatarse de que podía mover correctamente todas las partes de su cuerpo, no sin dolor... pero no tan intenso como debería de ser. Además, debería de estar atada y no... ¿Yaciendo en una cómoda cama, en un lujoso dormitorio?

La escena la pasmó. Realmente lo hizo. Esperaba volverse a encontrar en la celda oscura, aguardando sólo a otra tortura hasta el día de su muerte. ¿Acaso sería una ilusión? No, el tacto con las cosas era demasiado real para tratarse de un sueño. Sentía el dolor muy dentro de su ser para que fuera imaginario.

¿Entonces? ¿Por qué se sentía la princesa de un cuento de hadas?

Lentamente, colocó sus pies en el suelo y procuró ponerse de pie, sin embargo el gesto le llevó a ahogar un grito de dolor. Se mordió el labio inferior y caminó pausadamente hasta llegar al centro de la habitación. Contra la pared más cercana, se hallaba situado un hermoso y antiguo espejo, donde vio claramente su reflejo.

Su aspecto era algo lúgubre. Sus ojos estaban un poco rojos de tanto llorar y su piel estaba pálida por la pérdida de sangre que había resistido. Sus cabellos castaños estaban sucios y caían con poca gracia sobre sus hombros. Por primera vez en años que los advertía tan precarios. Vestía un pijama elegante y rosado claro, de una tela especial, que era cómoda y suave. No le sentaba nada mal.

Examinó su cuerpo con más detenimiento. Tenía alguna que otra cicatriz, pero no quedaba ningún signo notorio de la tortura. Había sido curada indiscutiblemente. Pero... ¿por qué? No entendía por qué el Dark Lord torturaba a sus víctimas para luego hacer el papel de médico. No era algo racional. ¿Entonces...?

Además, había escuchado que la única rama de la magia de la cual Voldemort no era especialista era la medicina. Nunca le había interesado aprender más que los conceptos claves; para eso existían las pociones... Entonces, era algo improbable que el mismo Dark Lord se hubiera encargado de su bienestar.

¿Quién...?


La puerta se abrió y por ella ingresó sin miramientos la figura imponente de Filldeserp. Ella se giró con brusquedad hacia él, quedando pasmada y sin saber cómo reaccionar ante su presencia. Él, en cambio, le dirigió una sonrisa ligeramente satírica tras inspeccionarla con la mirada sin discreción alguna.

En sus manos tenía un gran paquete, que depositó sobre la cama donde ella había dormido.


- Buenos días, Granger. Por lo que veo, te has recuperado bastante bien.


Hermione no contestó. Aún no salía de su shock, provocado por razones desconocidas.

- El Lord ha pedido tu presencia en el desayuno, así que alístate – le señaló el paquete – y baja a la sala rápido. – Con un movimiento de la cabeza, le indicó cuál era la puerta que conducía allí. – Prepárate para una larga e interesante conversación... – Sin decir más, salió de allí tan repentinamente como había entrado.


Si Hermione antes había estado sorprendida, ahora estaba aterrada. ¿Qué se tenían propuesto aquellos dos? No pensaba que podría soportar la comida con los ojos malévolos y astutos del Dark Lord encima de ella, y mucho menos la presencia de Filldeserp. Pero no podía desobedecer ninguna orden. Ambos tenían autoridad sobre ella mientras permaneciera en esa Fortaleza y además... No había sentido alguno en llevarles la contra. Su cuerpo se estremeció al recordar la tortura que había sufrido.

Sin saber qué más hacer, Hermione se acercó hasta la cama para tomar el paquete y averiguar cuál era su contenido. Cuán inmenso fue su estupor... sería imposible de calcular cuando entre sus manos se halló con un vestido negro, con mangas rojas con detalles finos y de terminación trabajada, y un delgado cinto de hilo rojo. El escote no era muy descarado, más bien discreto. Con tan sólo verlo, supo que se adecuaría bastante bien al estilo.

Se cambió de ropa y caminó hacia el armario en una de las esquinas de la habitación: todavía le faltaba hallar un calzado adecuado para el vestido. Al abrirlo, se halló frente a una cantidad innumerable de ropas elegantes y finas, que seguramente costarían bastantes gallones. Se preguntó porqué Potter le había traído uno, cuando allí había tantas y tan bonitas prendas. En fin, encontró unas botas negras de poco taco que le combinaban perfectamente con el atuendo.

Perfecto. Todo estaba arreglado, salvo su cabello. Pero no había una forma rápida de limpiarlo y alisarlo, menos sino tenía su varita a mano. Suspiró. Tendría que soportar el contraste de la hermosura del vestido contra la fealdad de su cabello. Qué humillación.

Salió de la habitación y encontró en la sala a un elfo doméstico, esperando educadamente por ella. Hermione alzó una ceja escéptica, aunque no sabía en realidad porqué se extrañaba. ¿Tal vez porque había pensado que Filldeserp la estaría esperando? Se acercó a la criatura y ésta realizó una pequeña reverencia, que le pilló desprevenida. ¿Realmente no sería prisionera?


- Yo la conduciré al Amo, señorita. ¡Pero no puede ir así frente al Amo, señorita! – Exclamó alterado el elfo. Con un chasquido de sus dedos, hizo que el cabello de Hermione quedara tan reluciente como había estado el día anterior. – Sígame.


Vio que el elfo se volteaba hacia la puerta. Hizo unos movimientos extraños con sus raídas manos y ésta se abrió, lo que le confirmó a Hermione su teoría que si ella intentaba huir, le sería imposible salir de sus habitaciones sino conocía el conjuro que la preservaba allí.

Siguió al elfo por los largos pasillos. Estaba segura que estaban tomando caminos alternativos para no cruzarse con mortífagos. No podía imaginarse la Fortaleza del Dark Lord inhabitada, aunque tal vez era demasiado temprano para que alguien estuviera en el lugar. No sabía qué hora era.

Por un momento, la idea de intentar huir del elfo y salir de la Fortaleza se formó en su mente, aunque fue sólo un impulso suprimido. Sabía muy bien que las barreras del lugar le impedirían desaparecerse hasta varias millas de distancia, adonde seguramente nunca llegaría. Además, las represalias serían mucho más graves de lo que podría soportar... Tenía que ver primero qué querían de ella para tratarla de forma tan respetuosa y ceremonial.

La criatura se detuvo delante de una gran puerta de roble, decorada con logotipos de serpientes enroscadas y amenazantes. Se la señaló, hizo una leve reverencia y desapareció. Hermione supuso que los elfos eludían al Dark Lord y su heredero a toda costa. ¿Qué tan complicado sería abrir la puerta para ella, ingresar, hacer una reverencia e irse?

Respiró hondo, armándose de la valentía que como noble Gryffindor tendría que caracterizarla. Empujó la puerta para dentro y entró en el comedor. Inmediatamente percibió las poderosas auras que allí adentro se encontraban: eran demasiado notorias para omitirlas. Además, el delicioso aroma que desprendía la comida servida sobre la extensa mesa hizo gruñir su estómago, que le recordó su debilidad de fuerzas y la última vez que había comido. Pero no se animó a aproximarse.

Voldemort, en la cabecera de la mesa, le miraba fijamente y con una sonrisa burlona en su rostro mientras que Filldeserp, a su lado derecho, la evaluaba con curiosidad, procurando fingir indiferencia ante su interrupción. Hermione se puso nerviosa ante ambos análisis y sus mejillas cobraron un color rosado.


- No seas tímida, Hermione. – Dijo Voldemort, en un tono repleto de sorna. – Siéntate con nosotros. – La invitó a sentarse al lado derecho de Harry.


Hermione se vio sin opción. Se encaminó lentamente a su asiento reservado, con la vista fija en el suelo. No sabía qué le incomodaba más: si la indignada mirada del Dark Lord o la divertida de Filldeserp, porque a pesar de no mirarlos directamente, imaginaba sus expresiones faciales.


- Levanta tu rostro, Hermione. – Le sugirió Harry. Ella le miró con sorpresa y él le sonrió. – Una mujer que mira al suelo es sumisa o se siente avergonzada de su situación. Demuestra tu personalidad mirando directamente al frente.
- ¿Por...? ¿Por qué me dices eso? – Se animó a preguntar.
- Ya hablaremos de eso. – Le contestó, con una sonrisa misteriosa. Hermione no entendía nada. ¿A qué se debía la hospitalidad?


Estaba incrédula ante la amabilidad que estaba demostrando Filldeserp con ella. Desvió sus ojos almendrados para observar la reacción de Voldemort. En vez de estar enfadado o algún estado similar, sonreía complacido e instigándola a desayunar. No se hizo rogar más y tomó asiento, intentando no bajar la vista.

Una taza de té con algunos bocados dulces apareció instantáneamente enfrente de ella. Ese desayuno estaba manifestando ser muy atípico. Se fijó en que ambos brujos oscuros estaban bebiendo café negro. Se sintió extraña, pensando que esas circunstancias eran dignas de un desayuno familiar y no uno de magos que en el pasado habían sido enemigos.

Además... nunca había visto a Harry beber café en Hogwarts. Tal vez era un hábito que había adquirido desde que era heredero de Voldemort...

Tomó un sorbo de su té mientras escuchaba la conversación casual que mantenían Voldemort y Filldeserp.


- Rumania ha aceptado el trato propuesto por el Ministerio de Magia Británico. – Informó Filldeserp. – Ha salido en el Profeta de hoy, además de que McNair ya lo había garantizado.
- Sigue siendo inútil. – Comentó Voldemort con tono aburrido. – Los dragones no tienen ventaja sobre todas nuestras criaturas. No será muy difícil derrotarlos. ¿Qué me dices de MacMillan?
- Según las palabras textuales de Smith, no podía creerse la noticia que le dio la Orden del Fénix a primeras horas de la mañana... – Tono divertido en la voz de Filldeserp. - Smith cree que la declaración de Malfoy será dentro de diez días, aunque está seguro de que no se encuentra aprisionado en el Ministerio.
- Obviamente. El viejo Dumbledore no cometerá los mismos errores tantas veces seguidas. Malfoy es una gran fuente de información para la Orden.
- O eso creen... – Los ojos escarlatas del Dark Lord destellaron, aprobando el comentario de su heredero.
- Lo deben tener en los Cuarteles, el lugar más seguro según ellos... – Voldemort hizo una exasperación con sus ojos y Harry sonrió, aunque sus ojos se desviaron momentáneamente en dirección a Hermione, que se había quedado paralizada al escuchar sus palabras.
- ¿Ustedes conocen el paradero de los Cuarteles? – Preguntó Hermione, sin poder creerlo.
- Fue muy fácil descubrirlo, Granger. Pero no es necesario que nos infiltremos dentro del edificio... Tenemos total control sobre él, ¿verdad, Filldeserp?
- Aún con la mudanza forzada de Grimmauld Place, fue sencillo saber dónde sería el próximo cuartel, teniendo un registro de todas las viviendas al servicio de la Orden... Que en ese momento no eran muchas. Más la intrusión necesaria de ciertos espías, confirmamos las diversas teorías de la ubicación. ¿Cuándo fue la última mudanza? Hace un par de meses, ¿verdad?


Hermione no lograba entender cómo la Orden podía ser tan predecible para Filldeserp y Voldemort, que hablaban del tema como si fuera una noticia trivial más. No podía creer que su vida había estado en las manos de su enemigo todo el tiempo y con sólo un movimiento de ellos, cualquier vida de cualquier miembro de la Orden podía ser quitada. Por eso los rescates de los mortífagos aprisionados eran cosas comunes: ellos tenían idea de todos los planos de la situación.


- Eras jefa de uno de los departamentos de aurores, ¿verdad, Granger? – Cuestionó Voldemort, integrándola a la conversación. Ella asintió, sabiendo que no serviría de nada mentir. No sólo por la Legeremancia, sino también porque Voldemort había examinado todos sus recuerdos; sería imposible que no supiera algo como eso. – Hoy ese departamento debe ser un caos. – Voldemort sonrió ante la imagen mental que se elaboró en su mente.
- Tu desaparición causará estragos en la Orden también. – Rió Harry. – Sería un momento ideal para un ataque...
- Podría ser. – Asintió Voldemort.


Hermione palideció, aunque eso no era lo más importante que le estaba sucediendo. Sus ojos estaban abiertos en inmensa sorpresa. El trato de Harry y Voldemort era casi... paternal. Sobre todo por las miradas confidentes que el dúo intercambiaba; el orgullo que inspiraban los ojos escarlatas en dirección al joven Potter y los complementados que estaban. Si eran así en una conversación, no quería imaginarse el dúo que deberían de ser en un duelo. Imparables.

Durante el tiempo que duró el desayuno, Hermione permaneció hundida en sus pensamientos, haciendo oídos sordos a todo lo que decían los dos magos oscuros, que hablaban de diversas formas de infiltrarse en los Cuarteles y envenenarlos a todos. Bromeaban... A ella llegó a asquearle la imagen... No obstante, algo dentro de ella le indicaba que estaba complacida también. Estaba volviendo a escuchar la risa de Harry... aunque fuera muy diferente a lo que alguna vez había sido. Volvía a ver esos ojos verdes... que tanto había añorado.

Cuando finalmente la conversación agradable se terminó, los rostros de Voldemort y Filldeserp se serenaron mientras el primero hacía desaparecer todo rastro de que sobre aquella mesa había habido un desayuno. Hermione adivinó que ahora sabría qué estaba sucediendo. Lo necesitaba.


- Bien, Granger, te seré sincero, ya que imagino que debes de estarte cuestionando muchas cosas. –Comenzó Voldemort. – Ayer, como bien sabrás, estaba dispuesto a asesinarte e iba a serlo luego de analizar cada detalle de tu mente, pero... hubo un cambio de planes al final.


¿Aquello significaba que no la iban a matar...?


- No te devolveremos a la Orden del Fénix. No crees falsas esperanzas. – Continuó el Dark Lord. Filldeserp se mantenía callado. – Pero te permitiré elegir si quieres vivir o morir.
- ¿Qué? – Preguntó Hermione, confundida.


¿Por qué? ¿A qué se debía el cambio repentino de opinión? ¡Ella era una sangre sucia, ¿no?! ¡Según ellos, no merecía vivir! ¿Y ahora le daban a elegir?

Voldemort respiró hondo, armándose de la paciencia que nunca le había caracterizado.


- Puedes morir dolorosa y lentamente, como de todas formas ibas a hacerlo, o puedes vivir... Pero por supuesto, tendrás que colaborar.
- ¡Nunca seré una de tus sucias mortífagas! – Hermione se puso de pie, indignada. Voldemort sonrió irónicamente ante el directo insulto que la muchacha había dirigido a sus súbditas.
- No me refería a eso, querida Hermione. – Sarcasmo constante en su voz. – Serás entrenada. Te mostraremos el significado de estar en el bando oscuro. Se te dará tiempo para ello y cuando lo crea necesario, se te volverá a preguntar... Si quieres unirte a nosotros o morir. Pero te aseguro que tu puesto no se reducirá a ser mortífaga, como tú dices. Serás... ¿cómo decirlo? Algo más especial que ellas...
- ¿Más especial? ¡Oh, sí, claro! ¡Soy sangre sucia!
- Estamos dispuestos a ignorar tu condición, Granger. – Contestó secamente Filldeserp. Era la primera vez que hablaba en toda la conversación. – Cierra un poco la boca por un segundo y piensa en lo que te estamos proponiendo. ¿Qué tienes que perder?
- ¿Qué tengo

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