Historia al azar: I've got my eyes on you
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Laguna Estigia » Capítulo 3
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2010, 12:57
[ Más información ]

Capítulo 3

Contestación de reviews:

Monik:
Gracias! Me alegro que te haya gustado ^^ En este capi no hay acción, pero como es otro de transición... qué más se puede esperar? XD En fin, ojalá te siga gustando!

CheP: No, la verdad que nunca me ha pasado XD! Pero si es lo que el fict provocó en ti, pues está claro que lo vengo haciendo bien... XD! Supongo que es difícil verlo como el Heredero de Voldemort... Aunque yo estoy muy acostumbrada, así que escribirlo no es un gran problema XD! Me alegro que hayas recreado el aura de respeto que Harry tiene... La verdad que es bastante aristocrático, viéndolo desde ese punto de vista... Sep, la escena de los mortífagos es shockeante, y eso de que llueva lo hace más... err... tenebroso? Jajajaja. No, me parecía muy cruel dejarlo cortado allí XD! Aunque la idea pasó por mí varias veces... Entiendo eso de que te quedas en la expectativa. Me pasa con los ficts que leo... ¬¬ Siempre en la mejor parte... Crack! Y tienes razón... Primero los aurores porque han sido los más “avencijados” (y sí, te has creado una nueva palabra XD!) Un besote para ti también y gracias por el review!

Nie: Gracias por el review! En cuanto a tu fict, lo he estado leyendo... ^^ Aunque no he tenido tiempo de dejarte un review, pero prometo pasarme pronto por allí. Lo llevas muy bien! Besos.

Deisio_hyh: El gusto es mío. ^^ Gracias por los elogios, realmente me entusiasman mucho. Intento darle esa personalidad a Harry, y definir la de Neville, Ron y Hermione... Siempre en mis ficts ha figurado la característica de hacerlos OOC... Pero por algo son ficts, ¿no? XD! El final ni yo lo sé, pero te puedo asegurar que falta muchooo. Gracias!! Tú lo pides, tú lo tienes ^^

Selene: Gracias! Hago lo posible. Ojalá te siga gustando el fict ^^

Evix Black: Me alegro haber representado a Harry tal cual lo tengo en mi mente. Este capi es de transición, por lo tanto no hay acción... Igualmente, espero que te agrade ^^

***

Título: Laguna Estigia

Autora: Parvati-Blossom

Resumen: Reto N° 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.

Rating: PG

Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

***

Capítulo 3

- ¡Neville! ¡Oh, Neville!

Hermione corrió velozmente hacia el joven arrodillado, el cual le observó con sus ojos marrones brillando extrañamente. Reflejaba en ellos su propia decepción y desconcierto. Se sentía culpable de no haber estado a la altura de las circunstancias. Apenas había llegado a tocar al maldito de Potter, que encima se había mofado de él de la peor forma posible: mostrando su debilidad ante la comunidad y destrozando ilusiones.

Los brazos de su amiga le rodearon cuidadosamente. La escuchó sollozar por unos instantes, aferrándose a él como si temiera que segundos más tarde se esfumara entre sus manos. Neville no se quejó, aunque sus heridas estaban pidiendo a gritos atención médica. La lluvia seguía cayendo, más calma que antes.

- Ron, ¿estás bien? – Hermione soltó a Longbottom de repente para centrar su atención en el pelirrojo, que asintió, con una débil sonrisa en su rostro.
- No te preocupes, Mione. Llevemos a Neville a los cuarteles, allí Ginny podrá atenderlo. – Hermione estuvo de acuerdo de inmediato.

Ron y Hermione colocaron una mano cada uno sobre un hombro de Neville y se concentraron en la imagen de los cuarteles; sabían que las barreras de aparición del Callejón Diagon habían sido destruidas antes de que los mortífagos huyeran. Ya no serían útiles allí; ahora todo dependía de los sanadores disponibles para la atención pública. No dudaban que habría muchos muertos, como en cada ataque clave.

Segundos más tarde, se aparecieron en el salón principal de los Cuarteles, donde sanadores y otros miembros de la Orden les estaban esperando. Al instante, cinco sanadores se dirigieron a Neville. Tanto Hermione como Ron no aceptaron que les atendieran, argumentando que su amigo era la prioridad principal. Así que se encaminaron a la sala de reunión, donde se les había comunicado que Dumbledore estaba convocando al resto de la Orden para medir las consecuencias del ataque.

El director de Hogwarts les observó apagadamente, sus ojos azules centelleando en pesar y preocupación cuando atravesaron la puerta. Los dos Gryffindor se sentaron monótonamente en sus típicos asientos en la larga mesa y Hermione no pudo evitar pensar en lo que había dicho Harry sobre el anciano.

Al fin de cuentas, si era tan bondadoso y poderoso como decían, ¿por qué no acudía a los ataques? ¿A qué le temía? Si Albus muriese, perderían a su gran líder, pero... ¿de qué valía la pena resguardarse de la tormenta, cuando ésta caería sobre ti irremediablemente, tarde o temprano, habiéndose llevado antes miles de vidas que nada tenían que ver con la guerra?

- ¿Cómo están? – Preguntó Albus, examinándolos con la mirada y viendo en ellos la desesperanza y el dolor.
- Volvieron a salirse con la suya, Albus. Cuerpos y más cuerpos... – Ron suspiró cansadamente. Albus leyó en su mirada que algo más grave de lo normal había pasado.
- ¿Dónde está Neville? – Hermione titubeó antes de responder su pregunta, sabía el impacto que causaría.
- Está siendo atendido por los sanadores.
- ¿Neville? – Albus no pudo evitar mostrar su sorpresa. Hermione asintió silenciosamente. Neville era el que siempre salía ileso de las peores heridas, siempre obteniendo superficiales. Claro está que nunca se había confrontado con Potter. - ¿Qué sucedió?
- Nos encontramos con él... – Murmuró Ron, tensión en su voz.
- ¿Él? – Cuestionó Dumbledore, confundido. Hermione bajó su mirada a sus manos al responder.
- Harry... – Tibias lágrimas surgieron de los ojos almendrados de la muchacha y empezaron a recorrer su rostro con suavidad. Demasiados acontecimientos juntos que le estaban nublando la razón y ya no podía contenerse.
- ¿Filldeserp? – Dijo Dumbledore, intercambiando con Ron una mirada alarmada. – ¿Volvió a salir a la luz?
- Eso parece. – Weasley quiso alargar una mano para apoyarla sobre la de Hermione, pero ella evitó el contacto. No necesitaba que la reconfortaran.
- Está tan diferente... No es Harry, no lo es...
- Hermione... – Empezó a decir Ron, pero fue cortado por Dumbledore.
- Tú no lo habías visto antes, Hermione, es comprensible tu shock. No muchos lo han visto de cerca...
- Sus ojos... – Murmuró Hermione, aparentemente sin oír las palabras de Dumbledore. – Ni siquiera en los peores tiempos de Hogwarts los había visto tan fríos, tan... indiferentes. Y cuando... cuando... estuvo a punto de matar a Neville... no... – Ella escondió su rostro entre sus manos, ahogando las palabras. Los ojos de Dumbledore destellaron peligrosamente.
- ¿A punto de matar a Neville? – Ahora el vejete fijó su atención en Ron, quien asintió pesadamente.
- Déjame contarte, Albus.

Tanto el profesor como los dos aurores elevaron la mirada y la dirigieron hacia la puerta, donde un enfermizo Neville les sonreía levemente, como si nada hubiera pasado. Estaba más pálido de lo normal, aunque sus ropas ya no estaban bañadas en sangre porque las habían renovado. Se tambaleó ligeramente cuando dio sus primeros pasos en dirección a Ron, quien al instante se levantó y le ayudó a sentarse a su lado.

- ¿Estás bien, Neville? – La inconfundible y obvia pregunta. Manía en aquellos tiempos.
- Los sanadores dicen que es el shock que sufrió mi sistema con el ataque y por cierta pérdida de sangre... Dicen que estaré débil un par de días y que debería tomar reposo, pero no creo que sea conveniente en estas fechas...
- Tu salud primero, Neville. – Le regañó Hermione, olvidando el pesar que había sentido segundos antes. – No debes arriesgarte a tener una recaída, puede traer serias consecuencias a largo plazo.
- No la tendré. No de nuevo, Mione. No le dejaré sentirse victorioso de nuevo...

Los ojos del auror brillaron en desprecio, decisión y humillación. Porque eso se sentía: un idiota por dejarse vencer tan fácilmente. Se había confiado, algo había salido mal...

- Tengo la sensación que me he perdido de algo substancial. – Dijo Albus, mirando seriamente al trío de aurores. Los datos que estaba recibiendo de la verdad eran demasiado salteados como para conectarlos.
- Me batí a duelo con Potter. – Dumbledore le miró con asombro y a la vez, con cierta consternación.
- ¡¿En qué estabas pensando, Neville?!
- Quería ver si era tan bueno como los rumores contaban. Y debo decir que los rumores quedan cortos una vez que lo ves en práctica... La mitad de los hechizos que me lanzó no los conocía y practicaba excepcionalmente la magia sin varita y la esgrima.
- Su agilidad es envidiable. – Comentó Ron con derrota. – Neville a penas pudo rozarle con unos hechizos y eso que es uno de los mejores de nosotros...
- Sospecho que maneja los elementos. – Murmuró Hermione, pensativa. Aún se le notaba la nostalgia en la voz, pero había empezado a serenarse como correspondía.
- ¿Por qué dices eso, Mione? – Preguntó Ron, frunciendo el entrecejo.
- ¿Viste cuando te desarmó, Neville? - De repente, la expresión facial del auror se tornó comprensiva y asintió.
- Es probable. Sin embargo, hay algo que me inquieta aún más... ¿te acuerdas, Albus, que antes de que Potter revelara dónde estaban las lealtades de Snape, éste nos comentó que en los interrogatorios parecía que manejaba perfectamente la Legeremancia, hasta tal vez mejor que el propio Dark Lord? – Albus asintió reflexivamente. – No creo que sea sólo eso.
- ¿A qué te refieres? – Inquirieron Dumbledore y Ron al mismo tiempo, consternados. Neville suspiró con resignación.
- Es más profundo. Debe de estar entrenando algún tipo de magia oscura con los ojos, porque cuando me apuntaba con la daga, me miró a los ojos y sentí como si me adormeciera, no podía resistirme.
- Si es verdad lo que dices, tenemos aún más problemas de los que pensábamos. – Murmuró Dumbledore, los dedos de sus manos entrelazados. Se apoyó en el respaldo de su silla con una expresión de indescifrable cansancio.
- Todo hubiera sido tan diferente sino hubiera decidido unirse al Dark Lord... – Murmuró Hermione con nostalgia.
- ¿Qué dijimos de los ‘hubiera’, Mione? Ya no importa lo que pudo haber sido. – Replicó Ron. – Ahora es la mascota de Voldemort. Ni siquiera tuvo un mísero remordimiento cuando nos miró a la cara...
- ¿Tú no sentiste remordimientos, Ron?
- ¿Qué pregunta es esa, Hermione? ¡Yo no hice nada de lo que tenga que avergonzarme!
- Cuando le pregunté si no se sentía avergonzado de si mismo, lo negó y me contestó que nuestra estupidez era lo infamante. – Comentó Neville, ensimismado en sus pensamientos. - ¿Creen que haya sido una indirecta?

Las puertas se abrieron inesperadamente de par en par, dejando ver a un perturbado Kingsley Shacklebolt que corrió con velocidad hacia ellos. Teóricamente aquella reunión privada no podía ser interrumpida, pero algo grave debería de haber pasado. El auror estaba realmente pálido y por el aspecto de sus ojeras, llevaba tiempo sin descansar demasiado bien, como la mayoría de los empleados del ministerio. Vestía desordenadamente el uniforme de auror y su varita estaba a simple vista, enganchada en su cinturón.

- ¿Kingsley? ¿Sucede algo? – Preguntó Albus, frunciendo el entrecejo y pensando qué más podría haber ocurrido aquella noche.
- Ustedes son los encargados de investigar el ataque al poblado muggle, ¿verdad? – El recién llegado miró fijamente al trío de aurores, los cuales asintieron, perplejos a la mención de un tema que estaba lejos de ser primordial en ese momento. – Han... Han... Asesinado a Cornfoot.
- ¿QUÉ? – Ron se puso de pie, recobrando de pronto todo el color que había perdido esa tarde.
- ¡Imposible! – Exclamó Hermione, siguiendo el ejemplo de su amigo. - ¡Nadie puede entrar sino tiene la licencia de auror del ministerio!
- Nadie entró en las prisiones bajo identidad de auror. Es más, si nos guiamos por lo que identificaron las barreras, nadie entró. Sin embargo, es imposible que Cornfoot se haya suicidado.
- ¿Por qué? – Neville miró ceñudamente a Kingsley, el cual se estremeció ante el recuerdo de algo.
- Se me ha solicitado buscarlos a ustedes tres para que lo vean personalmente, ya que son los encargados del caso... Pero dado que hace instantes estuvimos bajo ataque, se entenderá que no puedan ir y...
- ¿Y limpiarán todo sin nosotros investigando antes? ¡No, eso sí que no! – Le interrumpió Neville. Hermione volteó a verle, enojada.
- No puedes hacer esfuerzos, tienes que mantenerte en cama, Neville...
- Hermione, acaban de asesinar a un mortífago bajo las propias narices del ministerio. Esto no sucedía desde que encontraron a Pullmen muerto en el departamento de deportes hace aproximadamente cuatro meses... ¡Eso significa que habíamos dado en el clavo, él poseía una verdad que ahora no podrá contar!
- Maldición. ¿Qué estamos esperando? Vamos, Herm... No podemos dejar escapar esto. – La muchacha asintió con poca convicción ante el pedido del pelirrojo.
- Iré con ustedes. – Dijo Dumbledore, poniéndose de pie también. El trío le miró, atónito. Dumbledore nunca era partícipe de sus investigaciones. – Mi instinto me dice que hay algo allí que me interesará. – Se miraron intrigados, no obstante no replicaron nada más.

*~*~*

Londres, 1 de Agosto de 2004
Horario: una de la mañana.


Los miembros del ministerio estaban sumergidos en el inquietante mutismo. Por más que fuera día de luto, era demasiado para un simple ataque que se repetía diariamente. Quienes visitaban ese día el ministerio se percataron de que algo más andaba mal, pero no había pistas en la prensa. Lo que la comunidad no sabía, aunque sea no con certeza, era que las noticias más substanciales y turbulentas eran censuradas por varias razones...

Hermione muy pocas veces había bajado a las mazmorras del ministerio; no formaba parte de su división la tarea de vigilar a los presos. Sin embargo, bien sabía las condiciones que debían cumplirse para que la jornada de vigía resultara exitosa: carecer de varitas (o tener las codiciosamente autorizadas) o elementos peligrosos, poseer el distintivo de auror del ministerio y el objeto especial que brindaba el Ministerio a los guardias para guiarse en aquella oscuridad.

Se sentía desprotegida sin su varita. En cualquier instante, uno de aquellos temibles presos podría ingeniárselas para escapar entre los firmes barrotes de alguna forma retorcida y atacarla por la espalda sin que ella llegase a verlo o a esquivarlo. Algo así no había sucedido nunca, pero... Siempre había una primera vez para todo, esperaba que no fuera el caso. Además que el corredor bullía en actividad... Aurores que iban y venían con caras solemnes. Algunos con la impresión y el horror grabados en sus rostros.

Pronto el trío de aurores y Dumbledore supieron la justificación de eso. Llegaron al número de celda en la cual Harry, horas atrás, había asesinado brutalmente a Cornfoot. Allí aún yacía el cadáver del mortífago traidor. En el suelo estaban marcadas algunas pistas que el asesino había dejado mientras que otras personas fotografiaban hasta el mínimo detalle de la escena del crimen.

Tanto Ron como Neville miraron aturdidos la sangre seca que manchaba el suelo y la forma que había cobrado del cuerpo de Cornfoot luego de la tortura. En cambio, Hermione sintió un dolor superficial al imaginarse cómo había sido todo a partir de la mueca de sufrimiento que expresaba el rostro del muerto. En la contraria, Dumbledore observó con calma la escena, fijando sus ojos en los detalles llamativos del asesinato.

- ¿Hace cuánto tiempo murió aproximadamente? – Preguntó Dumbledore a Kingsley, que estaba inmediatamente detrás de él.
- Dos horas y media como mucho... El infiltrado estuvo aquí poco antes del inicio del ataque a Callejón Diagon. – Contestó el auror, afligido.

Hermione se agachó al lado del cuerpo, procurando examinarlo, aunque el asco le invadía de sobremanera.

- ¿Cómo alguien puede ser tan cruel...?
- Ten en cuenta, Mione... – Dijo Neville, acercándose a ella. – Que si Cornfoot hubiera llegado a hablar, hubiéramos adquirido una gran información... Su traición significaba mucho para Voldemort. Tal vez planes que hace meses viene planeando podrían haberse estropeado con sólo la declaración del mortífago.
- Queda claro que no se suicidó. – Señaló Ron.
- ¿Cómo podría haber hecho Cornfoot para quebrarse la mayoría de sus huesos primordiales y aumentar excesivamente el bombeo de sangre solo? Y como si fuera poco, sufrir periódicos cruciatus mientras tanto... – Dijo una de las curanderas más próxima a ellos. Hermione se estremeció ante la enumeración de los episodios de la tortura.
- Murió apuñalado. – Dedujo Hermione por la sugestiva y profunda herida que poseía Cornfoot en el pecho.
- ¿Cómo pudo el intruso ingresar con una cuchilla? – Cuestionó Ron, frunciendo el entrecejo. – Según tengo entendido, los hechizos que abundan aquí en contra de la presencia de esa clase de elementos son poderosísimos...
- Una enorme cantidad de magia negra fue empleada. – Apuntó Dumbledore tras aplicar una serie de hechizos de verificación en la celda. – Muy avanzada. Perfectamente podrían haber sido usados encantamientos de ocultamiento...

Hermione se fijó en la emoción disipada de los ojos oscuros de Cornfoot. No había duda de que había reconocido al asesino antes de que la vida se le fuera usurpada. El pavor de sus facciones estaba relacionado con ello. ¿Pero quién podía hacerle temer de aquella forma excesiva? Como si el Dark Lord hubiera estado en persona en el Ministerio... La sola idea le hacía estremecerse... Tenía que ser alguna mano derecha que tuviese en el Ministerio...

De repente encontró una hipótesis muy factible para la identidad del asesino... ¿A quién había visto actuar sospechosamente ese mismo día, cuando ella se retiraba del Ministerio para ir a la reunión de la Orden, y que sospechaba con vehemencia que era mortífago...?

Draco Malfoy.

- Malfoy. – Murmuró a sus dos amigos y al director de Hogwarts. Neville y Ron intercambiaron miradas confusas al principio, hasta entender a qué se refería.
- ¿Crees que sea Malfoy, Hermione? – Preguntó Dumbledore, pensativo.
- Ayer lo vi antes de ir hacia los Cuarteles... A mi parecer, actuó algo extraño...
- Pues, busquémoslo para que declare ahora, ¿no? – Sugirió Ron, quien parecía estar encantado de poder encontrar alguna razón para encarcelar al rubio.
- No podemos sin pruebas... – Recordó Albus.
- ¿La declaración de Mione no es suficiente? Además, sería apuntado como sospechoso, no como criminal.
- ¿Pero por qué piensas que es él, Hermione? – Volvió a insistir Dumbledore.

Hermione se mordió el labio inferior, rememorando su encuentro con Malfoy en esa misma tarde. Su instinto se lo decía: el asesinato de Cornfoot tenía que ver con esa actitud anormal en el rubio. Y su instinto nunca fallaba.

- Simplemente lo sé. Él tiene algo que ver... tal vez no es el asesino directo, pero debe de saber algo...

Su sonrisa había sido maliciosa, de esas que Draco nunca solía hacer, repleta interiormente de un alarmante misterio. Como informándole que él sabía algo que ella no y, por lo tanto, eso lo hacía superior. Pero no podía explicárselo a Neville, Ron y Albus... Era una conjunción que ellos no comprenderían.

*~*~*

Horario: seis de la mañana.

Entró en la sala con la furia brotándole en cada uno de sus gestos corporales. No le importaba ser irrespetuoso, ¡si le estaban faltando el respeto a Él! ¡¿Cómo podría ser que le acusaran de asesinar a un traidor de mortífago el día anterior, cuando él había estado exactamente en la Fortaleza, cumpliendo órdenes del Señor al revisar las estrategias del ataque?! Granger debía de estar demente o tenerle mucho odio para ver a un clon perfecto de sí mismo, caminando por el ministerio tranquilamente...

Y ahora su expediente (del cual tanto se había esforzado para mantener limpio a los ojos de todos los idiotas que conformaban la elite del ministerio) estaba manchado por una estúpida teoría de Granger... ¡¿Cómo se atrevía esa sangre sucia a acusarlo?! Se las iba a pagar... Cada una que había hecho en el pasado y ésta sobre todo... Se lo informaría a su Señor y él... él la pondría en la lista de futuras víctimas... Oh, sí... Disfrutaría ver a la sabelotodo insufrible gritar por clemencia mientras el dolor sacudía cada parte de su cuerpo...

Pero tuvo que deshacerse de esa imagen en cuanto elevó sus ojos grisáceos para enfrentarlos ante lo que sería un tribunal provisorio. Algunos miembros selectos del Wizengamot, entre ellos el vejete de Dumbledore, el trío de aurores de oro y algún que otro miembro del ministerio... ¡Ah, cómo pudo haberse olvidado de MacMillan! El célebre ministro que actualmente tenían...

Conteniendo la rabia que bullía en sus venas, se sentó en la silla dispuesta para él. Ninguna cadena le ató a la misma, sólo porque no había pruebas en su contra. Si quería, podría hasta negarse a declarar, pero eso sólo agregaría más problemas a los ya presentes... Si realmente era inocente, no debería haber problema en que aplicasen el Veritaserum en él, ¿verdad?

Sí lo había... Podría llegar a revelar el receloso secreto de que era mortífago enfrente de aquellos acusadores y suspicaces ojos, que no dudarían en enviarlo a las prisiones subterráneas del Ministerio.

- Sr. Malfoy, lamentamos haber interrumpido su jornada de trabajo nocturna... Seguramente tendría muchas actividades programadas en su agenda... – Empezó a decir MacMillan, con el cual poseía una calificada amistad.

Si Dumbledore y los suyos se fijaban lo suficientemente bien, podrían haber llegado a ver el guiño de ojo del ministro y el tono divertido que ocultaba su solemne voz.

- No hay ningún inconveniente, todo sea para aportar algo benéfico a la investigación que están llevando a cabo nuestros capacitados aurores, señor ministro. – Ironía disimulada en su susurrante voz.

Tanto Ron como Neville se percataron de la burla y hubieran replicado algo sino fuera por una seña de Hermione, pidiéndoles decencia a ambos. Al fin de cuentas, Draco estaba allí, siendo acusado sin pruebas... Lo menos que podía hacer el rubio era ponerles en duda a ellos y como consecuencia, ellos tenían que mostrar seguridad y determinación.

- ¿Estuvo usted en el ministerio ayer por la tarde? – Preguntó Dumbledore con serenidad.
- No. Era mi día libre, así que estaba con mi familia.
- Sin embargo, la señorita Granger, aquí presente, asegura haberle visto en el corredor del tercer piso aproximadamente a las seis y media de la tarde. ¿Es eso correcto? – Replicó MacMillan.
- No.
- ¿Nos permitiría aplicar el Veritaserum? – Pidió uno de los miembros del Wizengamot.

Draco se estremeció imperceptiblemente, pero no podía negarse. Ahora el Veritaserum estaba permitido para el Wizengamot cuando lo quisieran usar en cualquier caso, por más insignificante que fuera.

- Adelante.

Uno de ellos se acercó a él con un pequeño frasco de vidrio que contenía la poción Veritaserum, la cual parecía prácticamente ser agua por su tonalidad incolora. Draco bebió las pocas gotas que depositaron en su boca sin oponer resistencia y empezó a elaborar sus barreras mentales simultáneamente. Como espía en el ministerio, Voldemort le había enseñado algunos trucos para burlar el Veritaserum. Tal vez no en totalidad, pero sí datos fundamentales como su unión al lado oscuro.

Físicamente, aparentó todos los síntomas de una poción de la verdad bien aplicada. Interiormente, reía por la estupidez del Ministerio. Tanto Dumbledore como MacMillan se inclinaron hacia delante, expectantes, y empezaron a formular preguntas directas.

- ¿Estuvo ayer por la tarde en el ministerio?
- No.
- ¿Qué estaba haciendo?
- Revisando trabajos en mi mansión. – Manejó el Veritaserum para no decir ‘revisando estrategias en la Fortaleza.’
- ¿Se cruzó ayer con la Srita. Granger?
- No.
- ¿Sabe algo sobre el asesinato de Cornfoot?
- Absolutamente nada.

Todos los miembros del Wizengamot se observaron, pasmados. Esas respuestas les dejaban sin pistas para continuar la investigación. Hermione, en cambio, miraba a Malfoy fijamente. No tenía ninguna duda de que lo había visto... ¿Cómo podía ser...? Había varias posibilidades: que Malfoy estuviera manejando el Veritaserum, que la persona que había visto ayer no fuese sido realmente Malfoy o que le hubiesen aplicado un hechizo confundidor en algún momento...

¡¿Cómo podía ser posible?!

- ¿Es usted un mortífago, Sr. Malfoy? – Preguntó Dumbledore serenamente.

Los miembros del Wizengamot abrieron sus bocas para replicar que no podía hacer esa pregunta fuera de contexto, pero callaron ante la mirada amenazante que les dirigió el director de Hogwarts.

- Ss... No. – Las cejas del vejete se elevaron de forma incrédula.
- ¿Es usted un mortífago, Sr. Malfoy? – Repitió.
- No.

Eso había estado cerca...

***

Londres, 1 de Agosto de 2004
Horario: doce y media de la noche.


Sonrió jactanciosamente al caminar por los pasillos principales de la Fortaleza. Esa había sido una de las mejores noches de su vida, si llegaban a preguntarle. Tal vez no la mejor, pero que estaba entre las diez primeras, seguro...

Ver a Neville Longbottom, el auror estrella y el golden-boy de Dumbledore, inclinado a sus pies. ¡Cómo desearía ver la cara del vejete cuando se enterara de lo sucedido en el Callejón Diagon! Creía estar en lo cierto si decía que no le sentaría nada bien. Más el asesinato del traidor de Cornfoot... Se habían quedado en la nada absoluta, tal y como lo merecían. Incompetentes. ¿Y seguían creyendo que ganarían esa guerra?

Eso sí. Estaba recibiendo miradas desaprobatorias y coléricas por todos lados. Todos le criticaban por no haber matado al auror y haberlos hecho marchar, cuando la diversión podría haber continuado. Pero es que Harry no quería vencer tan pronto. Eso había sido una cachetada para Neville, para ver si lograba despertarse... Quería un rival honorable, no uno que hechizara con encantamientos de primer grado... La próxima no perdonaría... Le estaba dando Tiempo.

Tiempo... Arde sin dejar cenizas...

Entró en el despacho de Lord Voldemort e hizo una reverencia profunda. Elevó sus ojos verdes hasta alinearlos con los de su Señor en una postura sumisa, pero en vez de encontrarse con la confidencia de él, halló furia... Furia que nunca había visto con tanta intensidad. Y por primera vez, estaba dirigida a él. Eso también hacía la diferencia.

Harry sabía cómo actuar en esos momentos. Bajó su mirada al suelo y permaneció en silencio. Silencio que duró eternos minutos y que tenía como objetivo causar su nerviosismo. No obstante, el muchacho no se arrepentía de nada ni temía a nada. Mantuvo su mente en blanco todo ese tiempo, cosa que hizo comprobar a Voldemort cuánto había avanzado su heredero desde la última vez que había tenido que escarmentarlo.

- Filldeserp. Ha llegado a mis oídos tu actuación de esta noche...

El despacho del Dark Lord era una sala amplia, con estanterías de libros a los costados. En el centro estaba el escritorio, con todos aquellos pergaminos valiosos y extravagantes utensilios apoyados en él. Había una chimenea acogedora en uno de los extremos mientras que en el frente de la habitación, sobre la pared, estaba exhibido el escudo de la Familia de Slytherin. El despacho sin su habitante brindaba un ambiente respetuoso e intimidante a la vez. Con su habitante... Dependía el estado de humor del mismo.

- Mi Lord. Vengo a reportarle las consecuencias del ataque.
- ¿Y cuáles son éstas? – Voldemort le miró impacientemente. Quería llegar al punto de discusión.
- Se han capturado seis miembros del ministerio de la lista, mientras hemos tenido una pérdida de diecisiete mortífagos en las filas... Nuestros heridos están siendo atendidos en las torres mientras que los prisioneros han sido ubicados en las mazmorras.
- ¿Y qué me dices de Longbottom, Filldeserp? – Murmuró en un siseo el Dark Lord, expresando toda su disconformidad en el acto. Harry tragó saliva antes de contestar.
- Lo he dejado vivo, mi Señor.
- ¿Y se puede saber por qué?
- Longbottom no sabe combatir, Tom. Ya sabes cómo son los dominados por Dumbledore, manipulados y todo... Tienen una inteligencia mucho menor que la nuestra. – Comentó con burla. – Me encargué de humillarlo y bajarle los humos... Pero... En el último instante decidí dejarle con vida porque... es el único que les queda, ¿verdad? Quiero divertirme con él en más ocasiones...
- ¡¿Y por qué no traerlo prisionero, Harry?!
- ¿Qué habría de diversión con eso, Tom? – Voldemort le miró con el entrecejo fruncido, pero no objetó nada más al respecto.
- ¿Qué me dices de Cornfoot? – Harry sonrió maliciosamente, conmemorando el evento.
- Muerto. – Los ojos escarlatas de Voldemort brillaron en deleite.
- ¿Cómo?
- Apliqué los últimos hechizos de tortura que hemos creado. – Dijo Harry en un tono indiferente. – No dudes que sufrió las consecuencias de la traición... Por estas horas, deben estar descubriendo su cuerpo en una de las guardias.
- Puedes retirarte, Filldeserp.

El heredero de Voldemort hizo una reverencia y se volteó para salir, pero escuchó que Voldemort lo llamaba desde el escritorio. Se giró expectantemente y se encontró con su Señor apuntándole con la varita firmemente.

- Para que no se vuelva a repetir... ¡Crucio!

***

Filldeserp se acomodó mejor en el oportuno sillón en el cual descansaba, con los ojos cerrados y sus cabellos azabaches despeinados en cualquier dirección; era esa la imagen del heredero de Voldemort que hacía mucho que nadie veía. No era un momento de debilidad ni distracción, simplemente de reposo y de bajar las barreras mentales más trabajadas a un mínimo. Hasta tal vez, un momento de meditación.

Después de todo, meditar no conllevaba directamente a los remordimientos. De hecho, no tenía ninguna conexión. Él había perdido la vergüenza y la conciencia en sus actos. Ya no le importaba si la gente moría o si dejaba de hacerlo; ni tampoco le preocupaba el tiempo que se tardara Voldemort en dominar Inglaterra; no le temía ni al presente ni al futuro, podía prever lo que sucedería y estaba listo para afrontarlo. No como en el pasado, donde las sorpresas y decepciones habían sido demasiadas... Donde se había sentido culpable de cada una de las muertes de sus conocidos y vergüenza de sus errores... Había sido demasiado débil y cobarde para afrontar con determinación la situación, ver todo con claridad y a través de sus propios ojos. Había sido un dominado, una herramienta, al servicio pleno de Dumbledore.

La mayoría de la gente diría que ahora era una herramienta en manos de Voldemort. Podría ser... No obstante, Voldemort le había ayudado a crecer en varios aspectos que Dumbledore había temido que desarrollara. Había trabajado sus poderes en todos los campos posibles (o eso creía.) Era el heredero de Voldemort, no un mortífago cualquiera... Por lo tanto, su antiguo enemigo lo trataba de igual a igual, algo que muy extrañamente se veía.

Harry tenía beneficiosos que nadie más poseía; obviamente habitaba en la fortaleza, en una de las torres más lujosas. En ese momento se encontraba en la sala principal, donde solamente Voldemort y algún que otro elfo había entrado desde que la ocupaba, por lo tanto... seis años. La puerta de su habitación estaba a la derecha mientras que a su izquierda tenía el acceso a su biblioteca privada; en el frente la sala de práctica de pociones y al lado, de entrenamiento.

Generalmente estaba entrenando, practicando diferentes pociones o leyendo algún libro de Magia Oscura en sus “tiempos libres.” Cuando era un período de preparación para un ataque, todo eso se intensificaba y se le sumaban las constantes jornadas de programación de estrategias y reuniones, que últimamente eran muy seguidas. A veces salía a cumplir misiones silenciosas, pero su fuerte siempre había sido y seguiría siendo la acción.

Pero por primera vez en mucho tiempo, no estaba haciendo lo usual en su rutina. No solía detenerse a descansar unos minutos y sin embargo... Se sentía agotado, tal vez no en el extremo de la extenuación, pero... Había derrochado energía en el ministerio, sumado el duelo de entretenimiento contra Longbottom... y ahora el cruciatus que había acomodado un poco su serenidad. No obstante, las consecuencias eran terribles: un punzante dolor de cabeza y un cansancio que hacía tiempo no tenía.
Necesitaría alguna poción para apaciguar el dolor. Lamentablemente no había preparado ninguna contra éste en las últimas semanas, consiguientemente tendría que llamar al elfo, para que le trajera una del armario colectivo... Maldición, odiaba depender de los trabajos de los demás, pero esa era la única forma de poder seguir su rutina al día siguiente...

Chasqueó los dedos y al instante un elfo doméstico atendió a su llamado. Tras darle las indicaciones y esperar unos minutos al retorno del elfo, la poción requerida se apoyaba en la pequeña mesa enfrente de él. La examinó con la mirada cuidadosamente, asegurándose de que la pócima fuera la correcta, luego tomó el frasco y bebió de una sola vez su contenido. Volvió a apoyar el frasco en la mesa y...

El sueño le venció sin más.

***

El viento soplaba fuertemente, con una innatural furia, en dirección opuesta a la que caminaba. El suelo que pisaba estaba cubierto completamente de una blanquecina nieve, repleta de pureza y candor. Pero él era indiferente a aquel aire hogareño y sincero que el paisaje deseaba inspirarle. Nada podría volverle a cegar, eso sólo era nieve que en el futuro sería manchada con sangre...

Despejó aquel pensamiento pesimista de su mente mientras elevaba la mirada y se encontraba con el bosque prohibido adornado de blanco también. Había algunos jóvenes jugando en la nieve y riendo ingenuamente, sin importarles el presente... ni el futuro. Les contempló con neutralidad, nada que dejara entrever su disconformidad y fastidio.

Caminó hacia el campo de Quidditch, sin detenerse en ningún momento a saludar sus compañeros de casa que le sonreían al pasar. En los últimos meses se había incrementado aquella imagen heroica que la comunidad mágica tenía de él. Todos le apoyaban, se sentían seguros con su presencia y lo demostraban abiertamente. Confiaban en él de la misma forma en que lo hacían con Albus Dumbledore.

Se sentó en las gradas desocupadas. Todo el campo estaba vacío y el único ruido lo provocaba el viento. Una tranquilidad absoluta zumbaba en los oídos de Harry mientras se permitía divagar en sus pensamientos.

Desde allí poseía una excelente visión del castillo de Hogwarts, aquel que por muchos años había considerado hogar. Qué irónico. Suspiró con resignación. Veía al castillo celebrar otra Navidad con reluciente alegría, toda falsedad... Pero nadie se percataba de ese detalle, salvo él. Él no compartía el sentimiento y no estaba ciego de éste. Era simplemente otro día, otra pérdida de tiempo.

Casi todas sus navidades las había vivido en Hogwarts. Bueno... Salvo la de quinto año, pero no deseaba rememorar el momento. Su padrino Sirius estaba muerto y no había más vueltas que darle. Bueno, salvo vengarle... Algo que esperaba, no estuviera demasiado lejos. El dolor de su muerte había pasado con el correr de los años, no obstante era una marca en su pasado. Había marcado tiempos, había sosegado a Harry y le había mostrado el verdadero mundo.

Lamentaba que su padrino hubiera muerto por una causa perdida, de la que él sería uno de los principales causantes, pero... Era lo que le convenía y donde pertenecía. No quería más cargas ni remordimientos. No quería que de nuevo, exigieran más de lo que él podía llegar a dar. Muchas esperanzas puestas en vano sobre él. Era imposible ganar y no valía la pena.

¿Por qué no valía la pena? Porque él nunca podría vencer a Voldemort, un mago experimentado, que sabía lo que hacía y en la mayoría de los casos, sus golpes eran efectivos. Además... había encontrado que compartía algunos rasgos con su enemigo. Sus personalidades y pasados no eran tan desiguales y... Hallaba gratificante su presencia. Le trataba con confidencia y respeto, y le hablaba con la única verdad que poseía, por más cruel y ruda que fuera. No había mentiras entre ellos, y eso era algo que Voldemort aprendió que debía cumplir al tratar a Harry. El muchacho estaba harto de las hipocresías, de las interminables caretas.

Se recostó contra el respaldo de la grada y cerró los ojos con verdadero desaliento. Nada de eso valía la pena y aquella idea le llenaba de un inexplicable vacío. Tal vez era porque no se permitía tener un peso consecuente de la traición sobre sí o sencillamente porque no hallaba una razón de vida a la que aferrarse. Porque al luchar, uno se aferra a algo para no desfallecer. Y eso era lo que faltaba, por más que apoyara las ideas del bando de Voldemort y todo eso, no eran su argumento de traición.

¿Por qué hacía lo que hacía?

- ¿No crees que aquí hace mucho frío, Harry?

Se sorprendió y nunca lo negaría. Es más, se sobresaltó al escuchar aquella voz suave arriba de él. Se volteó para conectar miradas con Hermione, que estaba de pie en una grada más alta que la de él. Se apresuró a bajar y a sentarse a su lado, su rostro dejando ver una expresión discreta y cautelosa, mientras que sus ojos la traicionaban demostrando cariño y preocupación.

Harry se encogió de hombros, sin mirarla directamente. Sus ojos verdes estaban fijos en el campo, como si se estuviera celebrando algún partido de Quidditch del que Hermione no se hubiera percatado.

- No lo creo.
- Supongo que con todo el abrigo que llevas, es posible que no sientas frío. – Dijo Hermione, analizándolo de reojo.

Era verdad. Sus ropas eran bien abrigadas y cada parte de su cuerpo estaba protegida del frío, a excepción de la cara. Vestía una bufanda azul oscuro, casi negro. Seguramente era el único Gryffindor que no lucía los colores de su casa con orgullo. Sus mejillas poseían un extraño y simpático color escarlata que contradecía la frialdad de sus ojos.

Lamentablemente Hermione no poseía esa suerte. Sólo llevaba el uniforme de Hogwarts, una bufanda con los colores de Gryffindor y un abrigo superficial. Harry dedujo rápidamente que la muchacha no se había esperado semejante frío o tal vez había salido apresurada... ¿Buscándole?

- ¿Tienes frío? – Preguntó Harry, no pudiendo evitar una sonrisa burlona.
- No, estoy bien. – Mintió su amiga mientras se abrazaba a sí misma. Harry alzó una ceja escépticamente y rió.
- Vamos, Hermione, a mí no puedes engañar. Además es demasiado obvio. – Granger se sonrojó, pero no objetó nada. - ¿A qué has venido?
- ¿Te molesto? Es que... En los últimos días casi no hemos compartido ningún tiempo libre juntos y...
- Los EXTASIS están cerca, Hermione. – Se excusó Harry con una mentira.
- ¿Acaso te importan más tus calificaciones académicas que tus mejores amigos, Harry? – No obtuvo respuesta. – Nosotros te queremos, Harry, y te extrañamos. ¿Por qué ya no hablas con nosotros? ¿Acaso hemos hecho algo malo?
- No pudo desperdiciar mi tiempo en cosas tan triviales. – Respondió Harry rudamente. Casi pudo reconocer los ojos llorosos de Hermione fijados en él, pero les ignoró. La muchacha respiró hondo, conteniendo el sollozo que pugnaba por salir de su garganta, y enfrentó la situación.
- Ya no te conozco, Harry. ¿Qué es lo que te sucede? Ron y Neville le restan importancia, pero yo no creo que sea algo para tomar a la ligera. ¿No te das cuenta que te necesitamos?

Harry miró a Hermione a los ojos por primera vez; aquellas almendras brillantes, sinceras y valientes, que en lo profundo dejaban detonar el dolor y la angustia que producía el presente en ella. Harry produjo un suspiro interno. Hermione era la que menos merecía su traición. Él tenía que admitir que ella debía ser la única persona en Hogwarts que se preocupaba por él auténticamente, no obstante no tenía la fuerza para llegar a él.

Las actitudes despreocupadas de Ron y Neville sólo habían confirmado su teoría respecto a la “amistad” que mantenía con ellos... Hermione era la única que insistía y creía que no era un capricho de Harry el querer estar solo; creía que había razones ocultas y era la única que poseía el saber de su lado. Lástima que no tuviera ninguna pista que la guiara...

- Vamos, Hermione, no te morirás por no hablar conmigo...
- Harry...
- La amistad no dura para siempre, Hermione. Nada dura para siempre.
- ¿Qué?

Harry no hizo caso al desconcierto de su amiga y la rodeó con sus brazos por los hombros, abrazándola contra sí. Ella disfrutó de la repentina muestra de cariño de Harry y, olvidándose de lo que había dicho él segundos antes, le sonrió con sencillez. Él no sonrió de vuelta, sino que cerró los ojos, aislándose de la realidad.

- Ya no sientes tanto frío, ¿verdad?


***

Despertó inquieto en el sillón, con una viva confusión en su interior. Hacía años que había guardado recelosamente su pasado en el fondo de su alma, donde los recuerdos ya no surgían al presente y la última vez que había sucedido fue en el primer verano que vivió en la fortaleza.

Además estaba lo raro del recuerdo. No sólo que lo había soñado sino que también se trataba de uno de los últimos contactos que había tenido directamente con Hermione. Luego de aquella navidad en su séptimo año, la eludió en todo momento y sólo habían llegado a intercambiar algunas palabras en la semana por las clases.

Se puso de pie con dignidad, procurando no tambalearse, y se dirigió a su habitación, donde se acostó inmediatamente en la cama. Había dormido pocas horas y aún tenía tiempo para reponer completamente sus fuerzas. No que dormir en un sillón fuese lo más recomendable...

Pero los efectos de la poción habían desaparecido insólitamente, cuando tendrían que durar por lo menos ocho horas constantes... Lo que traía graves problemas, ya que sospechaba de un futuro insomnio y no podría ingerir otra poción somnífera, porque estaría drogando más de lo necesario su cuerpo...

Maldición. Otra noche que viviría contemplando el techo y la decoración de su habitación...

Su dormitorio era espacioso y los colores que destacaban en él eran principalmente negros, verdes, plateados y rojos, en sus más tenebrosas tonalidades. No creaban un aire lúgubre, sino sereno y tranquilo. Su cama era grande y acolchonada mientras que su ropero tenía numerosas prendas de vestir para diferentes ocasiones; no existía ningún estilo que saliera de los típicos cuatro colores.

En un extremo tenía una pequeña biblioteca, con sus libros favoritos para leer en las noches de desvelo. En el otro destacaba una puerta que conducía al baño mientras que en otro rincón se veía un comprimido bar, donde siempre estaban presentes sus bebidas alcohólicas predilectas.

Se incorporó al no encontrar más razón para permanecer en cama y se encaminó hacia el bar, para servirse un poco de hidromiel reforzada. Fijó su vista y sus pensamientos en la nada antes de beberse el licor en un largo trago. Cerró los ojos, calumniando el ácido ardor que recorría su garganta, y acercó otro vaso a sus labios automáticamente. Esta vez el sabor fue mucho más agradable y sedante.

Olvidar... En eso consistía. Olvidarse de todo y todos; de cada problema o victoria conseguida, de todo orgullo o humillación... No importaba cuántas personas hubiera asesinado o qué tanto se estuviera pareciendo a su ex rival, qué tanto hubiera traicionado a sus viejos mejores amigos o cuánto sufrimiento hubiera recorrido su vida por culpa de Dumbledore y sus manipulaciones... Cuánto había pedido de él la sociedad mágica, cuántas ilusiones fueron quebradas al cambiar él de bando... Cuánto dolor le causó a Hermione...

Sep. Eso era un punto de apogeo. Nunca había pensado en alguna persona que hubiera intervenido en su pasado en Hogwarts en aquellos mementos de insuficiencia. ¡¿Por qué ahora?! No, no estaba arrepentido. No había culpabilidad en su alma. Ya no tenía conciencia para eso. Entonces, ¡¿qué?! ¿Por qué ahora los recuerdos insistían, emergían de la oscuridad?

Apretó con mayor fuerza el vaso de vidrio que poseía en su mano derecha y éste, al no resistir la presión, se quebró, provocando cortes ligeramente profundos en la mano de Harry y manchas de sangre en la pulida alfombra sinople, a parte de que ahora pedacitos de vidrio estuvieran esparcidos sobre ésta.

Harry hizo caso omiso del desastre y se observó absortadamente su mano. Sentía el malestar penetrante de las heridas, no obstante carecían de importancia. Había pasado peores momentos. Le preocupaba todo aquel descontrol que había sufrido en un único día. La intrusión en el Ministerio, el cruce con Granger, el ataque, perdonarle la vida a Longbottom, ser torturado por el Señor (hecho que no sucedía desde sus primeros años junto al Dark Lord) y aquel maldito sueño-recuerdo, que ahora amenazaba con romper sus barreras mentales. ¡¿Tantos años de instrucción no habían servido de nada?! Por Dios, ¡se estaba volviendo débil!

Patéticamente débil...

Chasqueó la lengua escépticamente. Era odioso sentirse tan vulnerable consigo mismo. Nunca había temido completamente a los recuerdos, pero sí a los remordimientos; a que algo floreciera y se diera cuenta que todo había estado mal, esencialmente mal... Se había vuelto un ser frío e insensible con el mundo, pero temía que todo aquello se viniera abajo, que todo cobrara sentido.

Eso le hacía recordar que en el sueño-recuerdo se había planteado el por qué había elegido unirse al Dark Lord... Hacía años que sabía la respuesta: no tenía nada más que perder. Ya todo daba igual, sabía con anticipación cómo terminaría. Nada le sostenía, vivía porque suicidarse era de cobardes. Sólo eso. Nada tenía sentido y eso lo animaba a seguir sus instintos vengativos e ideales homicidas. Pero si de repente, algo fuera lógico, su castillo de naipes se derrumbaría.

Y todo volvería a ser en vano.

Gruñó en frustración mientras murmuraba un encantamiento sanador de heridas. Tras un período de ardor molesto en su piel, las heridas se cerraron y la sangre fue absorbida. Nada quedó sobre él que revelara lo sucedido. Sólo los restos de vidrio en el suelo eran pruebas de la negligencia.

Se recargó contra la pared detrás de sí y tras dar un suspiro de resignación, hizo desaparecer el vidrio. Y una nueva máscara de frialdad e indiferencia se instaló sobre sus pálidas facciones. Sus pensamientos se oscurecieron y los sentimientos se restringieron a la nulidad sincrónicamente. Eso no volvería a pasar nunca más y lo juró por sus poderes mágicos. Naturalmente, el Heredero de Voldemort, el tan nombrado Filldeserp y difunto Harry Potter, tenía que cumplir con su profesión y categoría.

Nada dura para siempre...

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