Historia al azar: molly moon-¿solo amigos?
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Laguna Estigia » Capítulo 15
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 15

Long time no see.

¿Creen que si me disculpo unas ochocientas veces puedan llegar remotamente a perdonarme?

Bueno, para las vacaciones de invierno (julio) me planteé terminar LE definitivamente o al menos avanzar cuanto pudiese, pero independientemente de las actualizaciones. Incluso me prometí que no publicaría nada hasta poderles asegurar que todo estaba ya mayoritariamente escrito y con un cronograma de fechas. Como se imaginarán, avancé pero no lo suficiente. Entonces empezó el dilema: ¿publicar o no publicar?

Testarudamente hasta hace pocos días iba a mantener mi promesa de no publicar nada hasta haberlo terminado. Pero luego decidí que tampoco tiene mucho sentido que tenga estos capítulos en mis manos indefinidamente hasta que consiga el tiempo libre necesario para darle cierre. Así que aquí tienen, el capítulo 15 que desde julio dormía en mi PC.

(Si no querían matarme antes, creo que ahora les he dado razón suficiente, lo sé).

El capítulo 16 ya está escrito y probablemente lo suba para fines de febrero o principios de marzo, cuando espero tener noticias sobre el resto. Si consigo avanzar (tengo el 17 por la mitad) hasta la mitad del 18, publicaré antes el 16. Mi idea es básicamente esa, tener un capítulo más que el publicado, sobre todo para poder controlar no haber cometido ninguna equivocación a nivel argumento, pues estos capítulos finales son trabajosos y no quiero que quede ningún nudo sin desatar. 

Serán 19 capítulos. Tanto este como el 16 tienen muchos diálogos y explicaciones, que deberían resolver la mayoría de los misterios. Siéntanse libres de preguntar todas sus dudas, porque me ayudarán a revisar no haberme olvidado de nada. No habrá batallas ni acción hasta el 17 (por eso quedé atascada ahí. Ya me saben cómo me cuesta la acción jaja).

En este capítulo queda expuesto uno de los finales que deseché, pero con el cual inicié la escritura del fict. Tan sólo lo menciono para que, cuando lean el auténtico final al cual nos precipitamos con este capi, puedan decidir con cuál quedarse en sus mentes. 

Muchas gracias por la confianza, por el apoyo, por la paciencia, tanto para aquellos que me acompañan desde hace cinco (¡cinco!) años y medio como para aquellos que se toparon con LE en este último tramo. Y vuelvo a ratificar mi promesa: terminaré Laguna Estigia.


Título: Laguna Estigia

Autora: Parvati-Blossom

Resumen: Reto N 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.

Rating: PG13

Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JKR, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter. Sin embargo, aquellos personajes que no pertenecen al Cannon, son de mi propiedad. ¿Ejemplos? Alice Kolberg, Lucas de Santos... Es un fict sin fines de lucro.

La profecía que se revela en este capítulo fue inspirada en textos de Goethe en inglés que traduje como me convenía XD. No, no he leído nada de Goethe aún. Pero me gustaron las frases cuando leí la compilación en wikipedia y entonces se me ocurrió armar la profecía en base a ellas. Para ser fiel a los derechos de autor, especifico:

La primera parte es un fragmento de Der Erlkönig: "Who rides, so late, through night and wind?/ It is the father with his child. / He holds the boy in the crook of his arm / He holds him safe, he keeps him warm."

 La segunda parte es un motto personal de Goethe: "Without haste, but without rest."

La tercera parte proviene del acto IV de Fausto: "The deed is everything, the glory nothing".

La cuarta parte es de Roman Elegies, la quinta: "the Past and Present speak louder, more charmingly."

La quinta parte es nuevamente de Fausto: "Blood is a juice of rarest quality" y "Peace is gone."

La sexta parte es de Wilhelm Meister's Apprenticeship: "Night is the other half of life, and the better half."

Y la última es de Hermann and Dorothea, acto IX: "He who is firm in will molds the world to himself."

 


Capítulo 15

 

Laguna Estigia
Reino de los Muertos

 

En sus oídos retumbaban gritos, pero era incapaz de reaccionar. ¿Por qué habría de hacerlo?

De aquella oscuridad sin comienzo y sin fin, una bruma cobró forma; figuras danzantes la retuvieron hasta que un dolor punzante la desterró de la perlesía. 

Repentinamente hubo color y luz; hubo sentido. Hubo cuerpo. Pero al mismo tiempo, con la recuperación de la noción de sí misma, se duplicó el sufrimiento, por todo ella y, a la vez, focalizado en su pecho. Sentía que su respiración se agilizaba exponencialmente, pero no había aire que respirar. Sentía mucha sed, tanta que su garganta parecía desquebrajarse.

Ante sus ojos, descubrió un río. Se inclinó y estiró sus manos para guardar en ellas la solución a su ansia. El más leve contacto con el agua le indicó la frialdad de su estado; era tal que se sorprendió de que no estuviera solidificado. Volvió a extenderse para dar fin a su necesidad, pero unos brazos la jalaron en sentido contrario.

Cerró los ojos ante el golpe contra el mármol y, al abrirlos, tomó consciencia del lugar y de la situación.

Estaba en la Laguna Estigia, por tercera vez en su vida.

Elevó sus ojos y reconoció a Salazar Slytherin de pie junto a ella, sacudiéndose la túnica con desdén, como si al haberse arrodillado y al haberla tocado, hubiera ensuciado sus ropajes irremisiblemente.

 

-                  Por protocolo, en mis tiempos, uno agradecía a la persona que le salvaba la vida. Algunos optaban incluso por una deuda mágica, que tengo entendido sigue vigente entre ustedes, señora Potter. - La sermoneó Salazar, mirándola desde su altura con menosprecio.

-                  No veo cómo ha usted salvado mi vida, Slytherin. - Se esforzó en incorporarse; faena difícil con el dolor, la sed y la convulsión que aún sentía.

-                  Bueno, técnicamente es verdad que no pude haberla salvado estando usted ya muerta. Pero de hecho, de haber bebido el agua del río Estigia, le aseguro que todo lazo con su cuerpo se hubiera disipado. Aunque ya no sentiría sed, ni dolor, ni instintivamente querría respirar cuando aquí tales cosas no son posibles.

 

Hermione jadeó cuando otra punzada atacó su pecho. Salazar se aproximó y rodeó sus hombros con su brazo derecho, ayudándola a permanecer erguida.

 

-                  En esta ocasión no tengo más remedio que conducirle ante los Mayores.

 

Sin ninguna otra explicación, prácticamente la arrastró hasta las grandes puertas del Reino de los Muertos e ingresaron. Al igual que la última visita que había hecho al místico territorio, el entorno cambió y en segundos se halló en una lujosa sala, con grandes vitrales que proyectaban una tonalidad rojiza y un amueblamiento digno de la realeza.

 Sobre una especie de tarima tres figuras aguardaban. Contrario al aspecto ideal que tanto ella como Salazar poseían en aquella dimensión, esas figuras no parecían tener rasgos definitivos. En un momento creyó identificar ojos azules, y luego hubo marrones, prontamente negros. Lo mismo sucedía con cualquier forma facial que sus holgadas túnicas permitieran entrever.

Salazar se alejó unos pasos de Hermione e hizo una reverencia. Ella quiso imitarlo, pero el dolor la subyugó contra el suelo.

Unos instantes después percibió en su cuerpo una corriente mágica, fría como el agua de la Estigia, que redujo la dolencia, la sed y su respiración.

 

-                  Bienvenida, Hermione. Te hemos estado esperando.

 

Se levantó nuevamente y quiso retroceder, pues las tres figuras (o más bien entes) la habían rodeado. Se estremeció a causa de la disminución radical de la temperatura de la sala.

 

-                  ¿Qué son? - Murmuró, entre aterrorizada y maravillada.

-                  Son los Jueces. - Respondió Salazar. - Soberanos del tiempo y del espacio, gobernadores de los muertos y titiriteros de los vivos. Pero si te refieres a la naturaleza de su ser… son manifestaciones de la magia o de la gran fuerza natural, volátil y cambiante, que impulsa el universo.

-                  Si se nos permite cierta identidad, me gustaría presentarme como Acheron, Juez del Infortunio.

-                  Cocytus, Juez de la Lamentación.

-                  Lethe, Juez del Olvido.

 

Hermione no podría haber asegurado de dónde procedían sus voces: si del exterior o del interior de su alma.

 

-                  Del interior, querida. Tu elemento está conectado con nosotros directamente. No fue un don de tu nacimiento, sino un regalo nuestro. - Contestó Lethe.

-                  Así que… esto ha sido todo. - Susurró Hermione. - He muerto.

-                  Sí, así es. - Dijo Cocytus.

-                  ¿He cumplido con mi misión? ¿Seré juzgada ahora?

-                  No creíamos que te preocupara tanto la misión, Hermione. - Siseó Acheron. - Pero sí, has cumplido con tu misión. Al menos, provisoriamente.

-                  ¿Provisoriamente?

 

Salazar rió, al parecer sumamente entretenido por el diálogo. Los Jueces produjeron un sonido muy cercano a un gruñido, pero él no cesó su carcajada. Con una sonrisa encantadora, caminó hasta Hermione y tomó sus manos, infundiéndole calor.

 

-                  Filldeserp ha triunfado, querida. Ha engañado a los Mayores; ha cambiado el destino del mundo. ¡Un mortal ha destronado a los Jueces eternales! - El regocijo brillaba en sus ojos. - El Imperio Slytherin se elevará pronto en el mundo mortal y en el inmortal. ¡Creyeron que habías cumplido tu cometido, pero fallaste, Hermione! ¡Fallaste por haberte esforzado demasiado! ¡Fallaste porque obtuviste demasiados buenos resultados!

 

Los Jueces intentaron arrimarse al dúo, probablemente para interrumpir el discurso de Salazar, pero algo los mantenía a un metro de distancia.

 

-                  ¿Qué sucede? - Exclamó Hermione, alterada.

-                  No pueden tocarte. - Susurró Salazar en su oído, aún con un dejo de picardía. - Porque no estás del todo muerta. Aún estás bajo el dominio de Ella.

-                  ¿Ella?

-                  La Muerte, administradora de las almas que vagan… - Slytherin hizo una mueca burlona. - ¿Recuerdas el pacto que Filldeserp hizo con Ella?

 

Hermione observó a los Jueces, luego a Slytherin y comprendió.

El pacto que Filldeserp había sellado con la Muerte había sido para salvarla. Por eso Salazar había impedido que bebiera el agua de Estigia, algo que evidentemente todos los huéspedes permanentes del Reino debían hacer para cortar ataduras con el mundo temporal. No estaba viva, pero tampoco estaba muerta. Consecuentemente, los malestares de su cuerpo mortal la continuaban acosando, pero a la vez había podido acceder a la Laguna. De alguna manera, aún podía volver a su cuerpo y a la vida.

 

-                  ¿Cómo puedo regresar? - Le preguntó a Salazar. Éste negó con la cabeza.

-                  No hay nada que puedas hacer desde aquí… salvo mantenerte lejos del agua de la Laguna, claro. Es Filldeserp el que tiene que guiarte de nuevo hacia él.

-                  ¿Cómo…?

-                   Ah, Hermione. - Salazar rió entre dientes. - Deberá pagarle a la Muerte con aquello que le prometió… su propia alma cuando muera.

-                  ¿Qué? ¿Qué clase de precio es ese? ¡No!

-                  ¡Niña ilusa! - El rostro del mago oscuro abandonó cualquier rasgo de satisfacción. - Ese sacrificio es lo que le permitirá a Filldeserp vencer definitivamente a los Jueces. Jamás estará bajo su control. Es verdad, cuando muera se convertirá en un Dementor… pero para eso hay que morir, ¿no es cierto?

-                  ¡No! ¡Prefiero morir! ¡Llévenme a la Laguna! - Pretendió desprenderse de los brazos de Slytherin que la retenían y acercarse a los Jueces, pero falló. Él la arrojó contra el suelo y la inmovilizó.

-                  Si mueres, ¡todo lo que amas será destruido! - Los ojos de Salazar se semejaban a llamas, fruto de la exasperación, de la cólera y la demencia. - ¡Por manos de tu esposo! ¡Primero asolará con todo aquello remotamente implicado con tu muerte! ¡Desgarrará a sus enemigos con una crueldad inimaginable! Luego… destrozará a su mentor. Se alzará como el más poderoso Dark Lord que el mundo haya visto jamás… pero ya no tendrá ideales. ¡Todos le temerán! El balance se habrá restaurado, pero la magia… caótica e inestable… ya no acudirá a los humanos.

 

A medida que Salazar pronosticaba los sucesos, imágenes ligeramente borrosas y fugaces se ideaban en la mente de Hermione; podía oler la sangre en un vasto campo de batalla; podía quemarse en el fuego que desmantelaba al Ministerio de Magia inglés; escuchaba las voces de Harry y Voldemort batallando y discutiendo, cumpliendo la profecía… y el ácido sabor de una venganza que no podía reparar el vacío de la pérdida la penetraba. Presenció la muerte de cada uno de sus amigos, de sus compañeros aurores, de mortífagos aliados a Voldemort, pero ante todo, no soportó contemplar la decadencia y degeneración de Harry, de su magia, de su elemento, de sus ideales... de él.

 

-                  ¡No puedo creerte! ¿Por qué querrían los Jueces semejante destrucción? - Prorrumpió, desesperada, deseando detener las imágenes.

-                  ¡Ciclos de vida, Hermione! - Gritó Salazar, trasladándola a la realidad. - Para ellos, los magos hemos llegado a nuestro fin. Tu misión era grande… ¡desencadenar la extinción de nuestra raza!

-                  No puedo consentir que Harry entregue su alma por mí, no puedo… - Dijo ella, sollozando y abrazándose a sí misma, aún en el suelo.

-                  ¿No entiendes? ¡No es por ti solamente! ¡Por tu descendencia! ¡Por el mundo mágico! ¡Por él! ¿Quieres ver cómo poco a poco se devora? ¡Te haré presenciar cada instante, te lo juro, Granger! ¡No hallarás paz en este mundo si consientes al plan de los Jueces! - Él escupió sobre ella, incrédulo ante su llanto. - Decídete pronto, sangre sucia. ¿Permitirás que él se sacrifique por ti y salvarás al mundo mágico, o renunciarás a la posibilidad de revivir y a la magia?

 

De la misma manera como había avistado aquel futuro planeado, pudo conocer la otra posibilidad, aunque estas visiones fueron muchísimo más difusas y breves. Se vio a sí misma sosteniendo un bebé; a Sheila y a Harry abrazándose; una increíble explosión; el cuerpo tieso de Harry sostenido por Phinehas; un círculo de hombres en túnicas negras inclinados en reverencia…

Lloró por aquella felicidad desbordante que ese futuro prometía en contraste con el anterior; lloró porque aquella decisión tan difícil podía salvar al mundo, pero no a ellos, no a Harry. Lloró al desear que la magia nunca hubiese existido en verdad y que ellos dos fueran sólo muggles en Londres.

Pero no podía desearlo lo suficiente. Recordó su primera experiencia con su elemento, en los jardines de la Fortaleza; la libertad y la frescura de ser ella misma, uno y todo a la vez, que le había otorgado la magia. Además, evocó las lecciones de Filldeserp sobre la magia y cada ocasión que había visto manifestarse su elemento...

El entendimiento de ese amor, de esa dedicación y entrega total, de ese sueño y esa creación inmanentemente destructiva, despejó su incertidumbre.

Miró a los ojos a Salazar y él aminoró la fuerza que ejercía sobre ella para permitirle enderezarse. El mago oscuro asintió con solemnidad, aceptando su decisión y respetando el peso que ella tendría que cargar por el resto de su existencia.

Hermione caminó hacia los Jueces y sonrió.

Dumbledore había tenido razón. La clave de la salvación moraba en el amor.

 


 

Hogar de los Lupin

6 de febrero de 2005

Horario: ocho y cincuenta de la noche

 

Remus abrió la puerta de su casa e ingresó tras levitar el cuerpo de Hermione por el umbral. El hall estaba a oscuras y desolado. Encendió la luz para evitar cualquier tropiezo y se dirigió al primer piso. Los escalones de madera de la escalera crujieron. Pronto oyó pasos y vio salir a Tonks de su dormitorio, con varita en mano y semblante alerta. En cuanto ella lo distinguió, su cuerpo se relajó y quiso arrimarse a abrazarlo, pero se paralizó al reparar en Hermione.

De no haber estado ocupado levitando a Hermione, Remus hubiera acudido a sostener a Tonks, pues hubiera jurado que se desmayaría. El horror en su mirada le confirmó que aquella noche había cambiado todo.

 

-                  Remus… ¿qué…?

-                  Lo siento, Tonks. Ya te lo explico. Déjame que la deje en la habitación…

-                  ¡No! - Negó frenéticamente con la cabeza. - ¿Qué has hecho? ¡Filldeserp no tardará en rastrearte, Remus! ¡No puedo creer que arriesgues así a Hannah!

-                  ¡No lo entiendes, Nymphadora! ¡Hermione está muerta!

-                  ¡Pues con más razón deberías haberla depuesto, Remus!

-                  Él me lo pidió, Tonks… no podría haber…

-                  ¡Él ya no es Harry, Remus! ¡Ya no es el niño que prometiste proteger a James y a Lily, mucho menos a Sirius! ¡Es un Dark Lord! Pensé que ya lo habías asumido… - Tras un portazo, Tonks se encerró en el dormitorio.

 

Remus se mordió el labio, sobrecogido por la frustración y la impotencia. Aún de no haber racionalmente tomado la decisión, su lobo interior lo hubiese hecho. Anhelaba ayudar a su cachorro, no podía abandonar a su manada… Pero sabía que era aún mayor que eso.

Ya no se trataba de dos bandos opuestos y enemigos. Se trataba simplemente de dos seres humanos, ante la muerte de un ser querido.

Entró al cuarto de huéspedes y ubicó el cadáver de Hermione sobre la cama. Posteriormente aplicó distintos encantamientos para la conservación de su cuerpo y se sentó junto a ella. Se llevó las manos al rostro y ambicionó poder llorar.

Aquella noche no había triunfado el bando de la luz; había marcado su derrota. Filldeserp ya no tenía razones políticas para atacarlos; ahora lo guiaría una venganza personal. Remus conocía ese dolor y el impulso que confería. Lo había experimentado con la muerte de James y Lily, y luego con Sirius.

Titubeó, pero acarició la mejilla de Hermione. Hubiera querido hablar con ella sobre Harry. Hubiera querido saber en qué clase de hombre se había convertido detrás de la imagen de Dark Lord. Hubiera deseado saber la verdad durante el período posterior al "rescate". Hubiera podido entonces dormir en paz, al menos unos meses, sabiendo que Harry vivía aún.

 

-                  Me pregunto porqué no compartiste tu esperanza conmigo, Hermione.

 

Su mano se detuvo en su cuello. Creyó haber sentido pulso…

Se puso de pie bruscamente.

Había pulso.

Se tambaleó desandando hasta la pared, donde buscó soporte. Había presenciado ese Avada Kedavra. Había sido auténtico.

La puerta se abrió, revelando a Filldeserp. Remus soltó un grito ahogado, aún en estado de shock. El mago oscuro, por su parte, sólo alzó una ceja y se acercó a su esposa, sentándose en el acolchado.

 

-                  Está viva. - Murmuró el licántropo.

-                  No del todo, pero sí lo suficiente. - Contestó Filldeserp.

-                  ¿Cómo es posible?

 

Filldeserp volteó a mirarlo con una sonrisa sombría en su rostro. La marca que anteriormente había notado persistía allí, negra y repugnante, incluso satírica.

 

-                  Magia negra, por supuesto.

-                  ¿Necromancia? - Conjeturó Remus.

-                  No exactamente.

 

Colocó sus manos sobre el vientre de Hermione y cerró los ojos, murmurando palabras en otro idioma. Instintivamente Remus supo que debía permanecer alejado. De sus manos surgió fuego, que fue absorbido por el cuerpo de ella. La marca de Filldeserp resplandeció y él gimió, retorciéndose levemente sobre Hermione, quien empezaba a recuperar color.

Luego de unos minutos, Filldeserp se recompuso, aunque Remus notó las marcas de sudor y el gesto de dolor latente en su mueca.

 

-                  ¿Qué has hecho?

-                  Le he infundido un poco de mi magia. La suya no hubiera podido proteger… - Su voz se apagó al acariciar el vientre de su esposa. 

-                  ¿Estaba…? ¿Está embarazada? - Filldeserp asintió. - ¿Y el niño… sobrevivió?

-                  Sí. - Jadeó y se llevó una mano a su hombro derecho.

-                  ¿Estás herido? - Esta vez Remus no pudo contenerse y se aproximó a Filldeserp. Él rió entre dientes al contemplar su expresión.

-                  Puedo cuidarme yo solo, Lupin.  

 

Entonces Remus recordó quién era y se apartó, reconociendo su estúpido error. No obstante, el rostro de Filldeserp se serenó y se levantó para quedar frente a frente con su antiguo profesor.

 

-                  Te agradezco, Remus, por tu ayuda. Que la magia atestigüe la deuda que asumo en este juramento; tú y tu familia serán siempre protegidos por mi varita y recibidos en mi hogar.

 

 El licántropo percibió la corriente de magia que estableció el vínculo con Filldeserp, atónito. Examinó cómo la ferocidad de aquel mago oscuro se convertía en la sonrisa sincera del hijo de sus mejores amigos, y nuevamente quiso llorar, pero por causas muy distintas.

 

-                  Estuviste en el lugar correcto, en el momento correcto, Remus. - Dijo Harry, riendo agridulcemente. - No hubiera podido pedirle ese mismo favor a ninguno de mis aliados más allegados porque los necesitaba en la batalla. Debía estar pronto con Hermione para salvarlos, a ella y a mi hijo, definitivamente… pero no podía desertar a mi gente… - Lo miró directamente a los ojos. - Entiendo que ya no podrás volver con la Orden tras esto.

-                  ¡Qué lástima! Estoy segura que lo lamentas profundamente. - Irrumpió Tonks, avanzando dentro de la habitación con furia. - Ahora debemos someternos a tu protección, ¡oh, buen señor!

-                  ¡Nymphadora!

-                  ¡No uses ese nombre, Remus! No me digas que has caído por su actuación de buen muchacho. ¡Es un asesino! ¡Debería matarlo ahora mismo! - La amenaza no fue vacía: la aurora esgrimía su varita.

 

Remus palideció y se interpuso entre su esposa y Harry, temiendo por la vida de ella. Pero su huésped no se inmutó; no sólo no agarró su varita, sino que ni siquiera adoptó una postura ofensiva o de duelo. De hecho, sonrió y abrió sus brazos, invitándola a intentarlo.

 

-                  No puedo atacarte, Tonks. Gracias a mi juramento, tienes acceso a deshacerte de mí. Adelante.

 

La mano de Tonks tembló, pero no emitió palabra. Tampoco retiró la varita.

 

-                  Querida, desiste. Por favor. - Suplicó Remus.

 

Durante unos momentos de tensión, creyó que ella pronunciaría la maldición. Su mirada estaba cargada de odio y sufrimiento, probablemente recordando cada hecho atroz en el cual aquel hombre había estado involucrado y había sido el directo responsable; cada compañero difunto por esos mismos actos.

Pero bajó la varita.

 

-                  Tienes otra deuda con Remus ahora. - Musitó Tonks. - Sólo porque tu muerte lo destruiría. Te quiere más de lo que mereces, monstruo.

 


 

7 de febrero de 2005

Horario: doce y cuarto de de la noche

 

Suspiró, recostándose contra la pared. Demasiadas cosas habían salido mal.

Habían perdido temporalmente la Fortaleza, por más que el bando de la luz no hubiese podido alcanzar el edificio. No podrían regresar hasta configurar nuevas barreras que anularan las coordenadas que el Ministerio y la Orden poseían del lugar.

Había estado a punto de perder a Hermione y a su hijo, simplemente por no poder confiar en nadie para resguardarla durante el ataque en algún otro cuartel… y porque ella había sido testaruda. Hubiera desperdiciado tiempo valioso discutiendo con ella, pero se arrepentía de no haberlo hecho.

Había fracasado en retener a Cecilia y en resguardar a los Lukyan.

El espía había sido desenmascarado y confirmado finalmente, pero el precio había sido demasiado alto.

Harry se abrazó, intentando luchar contra el frío que serpenteaba en su interior y que lo acompañaría el resto de su vida hasta que acatara con el pacto. Su alma había quedado dañada permanentemente; jamás conocería el descanso en la eternidad ni se fundiría con el círculo infinito de la magia. En cuanto muriera, se convertiría en una criatura aborrecible y vagante.

No lamentaba haberlo hecho; por ella lo volvería a hacer. Pero no esperaba que tan pronto el destino consumara lo que había sospechado: los buenos tiempos duraban poco.

Había curado ya las heridas de la batalla. Se había comunicado con Anthony para verificar la situación general de los aliados en cuanto a número de heridos y muertos, y brindar instrucciones. Sin embargo, no podía involucrarse aún en ello; Hermione debía continuar en un lugar estable hasta despertar.

También había intentado hablar con Voldemort a través de su vínculo mental, pero permanecía aún fuera de su alcance, ocupado en misteriosos asuntos en Alemania con Phinehas. Podía especular sobre su ira ante las noticias y prefirió no insistir hasta que él mismo pudiera soportar las recriminaciones.

Chasqueó la lengua, impaciente. El cansancio lo estaba venciendo, pero no podía bajar la guardia en aquel lugar. Por más que Tonks le había asegurado que no lo mataría, no estaba dispuesto a tentar su suerte, que ya de por sí había sido bastante mala el día anterior. Decidió explorar la casa para distraerse.

En el camino a la escalera, escuchó unos gimoteos. Inusualmente curioso, abrió con sigilo la puerta y descubrió un dormitorio con decoración infantil y una cuna. Con cuidado, se acercó.

Era una beba.

La estudió con inquietud. En unos meses, sería el padre de un ser así. La idea aún le inspiraba cierto miedo e inseguridad. Jamás en su vida había tenido contacto con infantes, salvo cuando él mismo había sido uno. Se estaba lanzando, quizás, a lo que podría ser la tarea más ardua de toda su vida.

Frunció el entrecejo al notar algo extraño en el aura de la niña. Estaba convencido que aún era demasiado pequeña para poder manifestar magia. Sin embargo…

Retrocedió cuando una idea floreció en su mente. ¿Habría heredado la beba el atributo de licantropía de su padre? Los licántropos puros eran raros, porque en general tendía a ser un gen recesivo, sobre todo con una madre, en gran porcentaje, de sangre pura. Pero la posibilidad existía.

Extendió una mano para tocar a la niña y comprobar aura contra aura su suposición cuando Tonks ingresó a la habitación.

 

-                  ¡Aléjate de ella! - Le gritó, corriendo hasta él y empujándolo lejos. - ¡Sal de aquí! ¿No has arruinado lo suficiente nuestras vidas? ¡No la toques!

 

Harry quedó aturdido por semejante reacción. Hubiera esperado esa fiereza por parte de Remus, dado que sus instintos de licántropo lo instigarían a proteger a su pequeña, pero no de Nymphadora. Aunque tampoco le sorprendía del todo. Pero era sospechoso.

 

-                  Tonks… esa niña… ¿acaso…?

-                  ¡Sal de aquí, te he dicho!

-                  ¡No le haré daño! ¿Es licántropa?

 

Tonks perdió color tras su inquisición. Empezó a temblar y perdió súbitamente la capacidad de habla.

En ese momento, Remus apareció en la puerta.

 

-                  ¡Hermione ha despertado!

 

Harry se olvidó instantáneamente de sus preocupaciones por la beba y se encaminó a la habitación de huéspedes. Respiró aliviado, sintiendo que todo volvía a estar en su curso, al ver a Hermione consciente en la cama y sonriéndole débilmente. La abrazó con fuerza y besó su frente, su rostro, sus ojos y sus labios con un ansia insaciable.

Se separó lo suficiente como para mirarla a los ojos. Ella lloraba.

 

-                  Nunca, nunca, vuelvas a sacrificarte por mí. ¿Me has escuchado, Hermione? - Ella negó con la cabeza, intensificando el caudal de sus lágrimas.

-                  El que jamás debería haber sacrificado su alma eres tú, Harry.

 

Se distanció de ella, de pronto circunspecto.

 

-                  ¿Cómo supiste…?

-                  ¡Serás un Dementor! ¿Cómo pudiste pensar que desearía eso? - Tonks y Remus, quienes habían permanecido en un rincón, soltaron una exclamación.

-                  Pero lo elegiste también. - Harry sonrió con amargura, estrechando las manos de Hermione en las de él. - Podrías haber optado morir en Estigia. Pero estás aquí.

-                  ¿Qué otra opción tenía? - Replicó ella, furiosa por cómo él había expuesto las circunstancias. - ¡Hubieras terminado peor que un Dementor si hubiera muerto! ¡Y la extinción de la magia…!

 

Por la expresión en el rostro de Filldeserp, supo que él desconocía de tales consecuencias. Pero no pudo contenerse.

 

-                  ¡Hubieras extirpado hasta la última gota de magia de los humanos! ¡Te hubieras convertido en un auténtico monstruo, sin escrúpulos, sin finalidad! Hubieras asesinado hasta a Voldemort… ¡todo por mi muerte! ¡No lo niegues! - Gritó Hermione al detectar la incredulidad en su postura. - Lo presencié todo. ¡Por mi culpa, por mi intromisión, te hubieras convertido en el más temido Dark Lord de la historia!

-                  La profecía… - El rostro de Harry se ensombreció ante el descubrimiento y luego rió macabramente, fuera de control. Hasta Hermione se asustó de la excentricidad que distinguió en sus ojos. - ¡Dumbledore tenía razón! El arma que Voldemort nunca conoció… ¡el amor! Y su pérdida… - Sus carcajadas se extendieron, pero carentes de humor. - Qué divino destino me deparaban los Jueces…

-                  ¡Basta! ¡Basta! ¡Me estás asustando, Harry! - Exclamó, apoyando sus manos en los hombros de su marido e intentando sacarlo de aquel ataque de risa, pero un penetrante dolor la frenó.

 

Tras su grito, Filldeserp volvió en sí y trató con urgencia de encontrar cuál era la fuente de su dolor. Al no hallar ninguna lesión física, se concentró y donó un poco más de su magia, prácticamente vaciando sus reservas. Instantes después, Hermione se tranquilizó y acarició su vientre.

 

-                  Era el bebé… - El semblante de Harry se apagó por la preocupación.

-                  Ya había dado suficiente magia para que no tuviera que pedir más de ti. No entiendo… - se mordió el labio y cerró los ojos, masajeándose la sien. - Un sanador debe examinarte de inmediato. Pero no podemos permanecer aquí…

-                  Si es por nosotros, Harry… - intervino Remus, azorado por el torbellino de acontecimientos.

-                  No. La Orden sabe dónde vives, Remus… Alguien te habrá visto conmigo. Puede que aún estén ocupados curando a los heridos y demás, pero no tardarán en reagruparse y atacar. - Calló, tramando el futuro inmediato. - También tú debes desaparecer de aquí. El Ministerio querrá juzgarte de cómplice…

-                  Dumbledore… - quiso interrumpir Tonks.

-                  Dumbledore no puede hacer nada contra los prejuicios arraigados contra los licántropos, Nymphadora. - La atajó Harry. - No le darán un juicio siquiera.

-                  No podemos saberlo hasta no haberlo intentado. No huiré como una rata cobarde. - Dictaminó Tonks tercamente.

-                  No puedes pedirles que abandonen su vida por nosotros, Harry. - Intervino Hermione cuando él se disponía a insistir en la huída. - Nadie puede negar la posibilidad de un Imperio sobre Remus y que, por ende, accediera a cooperar contigo en vez de eliminarte.

-                  Es una alternativa interesante, pero… - Jamás podrían saber el razonamiento de Harry, pues fue descontinuado por una explosión en la entrada.

 

Todos asieron sus varitas, excepto Hermione que a penas podía moverse. Mientras Remus y Tonks corrían a recoger a Hannah, Harry la ayudó a incorporarse, aunque sin prestarle demasiada atención, concentrado en el planteamiento de problemas y soluciones en su mente.

 

-                  Hermione, ¿aún tienes el medallón?

-                  ¡Por supuesto! - Buscó debajo de sus ropas y se lo mostró a Harry, cuyo rostro estaba cetrino.

-                  Ninguna propiedad de la familia Slytherin es segura en estos momentos… los mortífagos están siendo atendidos allí, al igual que el resto de nuestros aliados… - Harry suspiró, abatido y apremiado. - Debo enviarte por traslador a ese lugar… no hay otra solución.

-                  ¿Qué? ¡No me iré sin ti!

-                  ¡Ya hemos tenido esta conversación una vez en menos de veinticuatro horas, Hermione! ¡Ya no tengo más almas que ofrecer por ti! - Le gritó, exasperado. - No te arriesgaré otra vez… pero debo proteger a Tonks y a Remus. Hice un juramento.

-                  Lo siento… no quise… - Murmuró ella, cabizbaja, recordando el costo de su testarudez. Harry la besó y le sonrió con tristeza.

-                  No me arrepiento. Quiero que lo sepas siempre. - Agitó su varita sobre el medallón y se lo devolvió. - Deberán recibirte los elfos domésticos. Di portus. 

 

Hermione lo miró por última vez y repitió de acuerdo a su indicación, tras lo cual desapareció.

Tonks y Remus lo esperaban frente a la escalera. La niña dormía aún plácidamente en los brazos de su madre, aunque Harry pudo detectar varios encantamientos defensivos sobre su persona.

 

-                  ¿Qué desean hacer? Son sus compañeros. - Preguntó Harry, ojeando la puerta principal que aún resistía gracias a la protección mágica de la casa que se había activado.

-                  Podrías mantenerte a cubierto… podríamos argumentar haber estado bajo un Imperio o bajo la amenaza de muerte de Hannah… Si nos permiten justificarnos, entonces, no necesitaremos tu ayuda. - Propuso Remus. Como respuesta, el mago oscuro se encogió de hombros.

-                  Inútil, pero podemos intentarlo.

-                  Filldeserp, hagas lo que hagas, ante todo, protege a Hannah. Por favor. - Le suplicó Tonks. Sorprendido por la capacidad de la aurora para superar su orgullo, él asintió solemnemente.

 

Empleó encantamientos avanzados para tonarse invisible e imperceptible a los ojos de los otros, y se ubicó en una posición estratégica respecto a la puerta principal que no sólo le permitiría contemplar el desarrollo del conflicto, sino que además podría intervenir con facilidad. Tonks optó por una posición defensiva en el vestíbulo de entrada, mientras que Remus guardó su varita donde pudiera recobrarla rápido y abrió la puerta para darle la bienvenida a sus amigos.

Presentes en un momento probablemente histórico para la Orden del Fénix estaban Dumbledore, Shacklebolt, McGonagall, Dawlish, Moody y Hagrid. Filldeserp sonrió, apuntando la varita firmemente, presagiando el resultado del diálogo. No había suficientes tazas en la cocina como para servirle té a cada uno, de todos modos.

 

-                  Remus, buenas noches. Lamentamos tener que importunarte a estas horas pero, ¿podríamos pasar? - Saludó Dumbledore, como si la violencia explosiva contra la puerta nunca hubiese ocurrido.

-                  Claro, adelante.

 

Filldeserp se preguntó si quizás debería cambiar el método de abordar los ataques. En vez de invadir sorpresivamente un hogar y asesinar a sus enemigos instantáneamente, debería pedir permiso, intercambiar un par de cortesías con sus víctimas y revelarles así sus intenciones. Una visita social descarriada, sólo eso.

Luego de un saludo poco efusivo a Tonks, Dumbledore volvió a dirigirse al licántropo:

 

-                  Sabemos que proveíste albergue a Filldeserp, Remus.

 

Le pareció una mala manera de empezar. Al menos, deberían haber traído galletas y esperar a ser invitados a la mesa. Pero tal vez el poco sueño hubiese malgastado los buenos modales de Dumbledore… o Remus había descendido demasiado en el ranking de mejores amigos.

 

-                  No fue por voluntad propia. Él… sabía las coordenadas de mi hogar… ¡sabía de la existencia de Hannah! - Lupin miró, aparentemente nervioso, a Tonks y a su hija.

-                  Lupin, tus barreras son impenetrables si el intruso posee malas intenciones hacia tu familia. - Acusó Moody. - Son las mejores barreras que la Orden ha podido proporcionar.

 

Filldeserp sopesó aquella información… definitivamente interesante. 

 

-                  Eso no era garantía de nada. ¡No podía…!

-                  Remus. - Lo frenó McGonagall, con el tono de profesora que Filldeserp recordaba nítidamente. - Creo que todos en la Orden conocemos tu debilidad por Harry Potter. Admítelo y no te humilles con justificaciones vacías.

-                  Sí, es verdad, Filldeserp estuvo aquí. - Confesó Tonks, con el mentón en lo alto. - Pero ya no.

 

Todos los miembros de la Orden se relajaron ante su sinceridad, excepto Dumbledore y Moody. Éste escrutaba la casa con ambos ojos mientras el anciano miraba a la pareja con absoluta gravedad, incluso con un dejo de dolencia, como intuyendo la traición.

Entonces Filldeserp se acordó de un detalle que no había consultado con sus anfitriones…

Oclumencia.

Se deslizó por la barandilla de la escalera antes de que el hechizo de Dumbledore impactara en el lugar donde había estado antes. Descompuso la invisibilidad, pues el gasto constante de energía le jugaría en contra, y exclamó con sarcasmo frente a Moody:

 

-                  ¡Sorpresa!

 

Al menos todas las varitas se centralizaron en él y ya no coaccionaban a Lupin y a Tonks.

Antitética a la reacción que imaginaba por parte de Dumbledore, éste se horrorizó ante la marca visible en su mejilla; tanto que por segundos no emitió palabra. Incluso hubiera jurado ver lágrimas en sus ojos azules.

 

-                  ¿Qué has hecho, Harry? - Indagó, profundamente desconsolado.

-                  Bueno, para empezar, me escabullí y me enfrenté a un trol. Luego ataqué a un profesor, pero fue en defensa propia. También vencí a un basilisco. Ah, y ayudé a un fugitivo a escapar de su sentencia. Participé de la resurrección de Voldemort… destruí muchos ítems valiosos del Ministerio, instigado por la urgencia de salvar a un padrino… Practiqué magia oscura… traicioné a todos mis amigos y conocidos… ¡y eso sólo en mis primeros diecisiete años! Tu pregunta debería ser más específica, Dumbledore. - Se burló Filldeserp.

-                  Sabes a lo que me refiero, Harry. - Le reprendió el anciano como si aún fuera un estudiante. - ¿Por qué lo has hecho? ¿Qué puede valer tanto?

 

Se sorprendió de la perspicacia y el conocimiento de Dumbledore sobre el tema, o al menos su capacidad de fingir saberlo. Había creído que nadie del bando de la luz reconocería la implicación de la permanencia de la marca en su piel. Sólo los súbditos eternos de la Muerte ostentaban la marca siempre. Era el símbolo de su esclavitud.

 

-                  Acaso… ¿poder? - Replicó Filldeserp irónicamente.

-                  No, sabes que no lo vale. - Descartó Albus, examinándolo con fijeza. Sus ojos se iluminaron imprevistamente. - ¿Dónde está el cadáver de Hermione?

-                  Ya la he cremado, como el círculo de la magia lo demanda. - Hizo una mueca despectiva y asumió una expresión indiferente. - Lamento el tiempo perdido con ella, pero no me afligiré más por la muerte de esa sangre sucia…

 

Saltó contra la pared para eludir el golpe que Hagrid había propinado sobre él. El gigante temblaba, rojizo y compungido.

 

-                  ¿Cómo puedes decir eso de Hermione? ¡Tu mejor amiga! ¿En qué clase de criatura sin sentimientos te has convertido, Harry? - Atacó Hagrid, vivamente traicionado. - ¡Sangre sucia! ¿Acaso no recuerdas cuánto abominabas a Malfoy cada vez que pronunciaba esas mismas palabras contra ella? ¿En qué momento transmutaste en… en… esto? ¿O es que siempre nos engañaste?

 

Obtuvo la respuesta que esperaba. Hagrid siempre tan impulsivo y predecible…

Pero Dumbledore continuaba estudiándolo con sospecha.

No podía permitir que supiera de Hermione.

 

-                  Tampoco fue tan difícil, Hagrid. - Contestó. - ¿Cuándo sabes que conoces a una persona, total y genuinamente? Todos tenemos nuestros secretos oscuros…

 

Dumbledore avanzó y detuvo la acción del gigante con increíbles reflejos para su edad.

Había probado con la palabrería, pero no había funcionado. Remus no podría acusarle de no haber sido paciente.

Lanzó un cruciatus sobre Dumbledore, desatando así el infierno.

El vejete esquivó la maldición, pero por más que insistió, no pudo contener la respuesta de sus acompañantes al ataque. Remus y Tonks permanecieron alejados, sin saber muy bien aún en qué bando participar, mientras Filldeserp repelaba el masivo ataque sobre su persona.

Había sido un día largo, pero no debió haberse lamentado antes de tiempo. Había atraído la mala suerte.

Todo marchaba a la normalidad, con heridas superficiales esparcidas sobre casi todos los presentes, cuando un hechizo de Filldeserp, por reflejo contra un escudo, impactó en Remus. El castigo del juramento lo redujo al suelo, con sus efectos peores que el cruciatus. Aceptó la inminente derrota y se preparó mentalmente para ser apresado por la Orden. Voldemort definitivamente no se alegraría de esta noticia.

Pero a su protección había salido Tonks.

 

-                  ¡Vamos, canalla, levántate de una vez! - Le instó ella, resistiendo con un buen escudo.

-                  ¡Tonks! ¿Qué haces? - Preguntó Shacklebolt, en representación de la incredulidad de todos, incluso del mismo Filldeserp.

-                  Hay cosas que están más allá del bien o del mal, Kingsley. Y aparentemente… Filldeserp es una de ellas. - Respondió Tonks.

-                  Esa es una mejor respuesta que la que podrían haber dado muchos de mis aliados. - La elogió Filldeserp, poniéndose de pie nuevamente.

-                  Acostúmbrate.

 

Remus se unió a ellos, provocando otra ola de recelos.

 

-                  Creí que nunca volveríamos a estar en el mismo lado de una batalla, tú y yo. - Le confesó Remus a Filldeserp. Éste rió, probablemente influenciado por la adrenalina del duelo, mientras cubría su espalda.

-                  Soy demasiado encantador, lo siento. ¿Aún quieres razonar con la Orden?

-                  No, estamos exponiendo a Hannah... ¿Sugerencias?

-                  ¿Te gustaría visitar Frankfurt, Remus?

 


 

Valle de Godric

Casa de los Potter

Horario: dos y media de la mañana

 

Arribó por aparición al vestíbulo de la casa. Quietud y penumbras lo recibieron.

Lógicamente visitar la casa de sus difuntos padres biológicos era el mejor medio para cerrar aquella ardua e importunada jornada. La frutilla en el postre de chocolate.

Iluminó la sala de estar y se sentó, enervado, en un sofá, luego de tomarse un minuto para rozar los muebles con la punta de sus dedos y contemplar las figuras móviles en los portarretratos.

Había prometido no volver.

 Cerró los ojos e inhaló profundamente. Aún sufría.

Prorrogó soportar aquella carga de recuerdos por el momento. Había asuntos más importantes que atender.

Los muertos ya no tenían nada que comunicarle, de cualquier forma.

Ingresó al dormitorio principal. Respiró aliviado al descubrir a Hermione durmiendo plácidamente. Había temido que aún sufriera dolores o necesitara magia.

Extenuado por el día adventicio que había vivido, se recostó junto a ella y procuró relajar sus adoloridos músculos. Su cabeza retumbaba con una tenaz jaqueca. Su hombro aún punzaba por la herida de la batalla en la Fortaleza.

No obstante, aún no podía dormirse. Voldemort finalmente estaba respondiendo a su llamado mental realizado horas antes.

'Filldeserp, ¿qué sucede?'

Hubiera querido gritar de frustración. ¿Acaso algo no había sucedido?

'El Contacto reveló nuestra ubicación. La Orden y el Ministerio atacaron la Fortaleza.'

'¿Confío en que no tuvieron éxito?'

'No, pero detectaron las coordenadas.'

'Eso es una complicación… ¿dónde estás ahora? ¿En los cuarteles del oeste?'

'No. Hermione fue asesinada por el Contacto. Tuve que recurrir al pacto con la Muerte… no quise exponerla a los mortífagos tan pronto.'

'¿Dónde estás, entonces?'

Respiró hondo e intentó despejar su mente. Esta información no le agradaría a Voldemort.

'En el Valle de Godric.'

Silencio. Luego, la cicatriz en su frente escoció. Había olvidado las secuelas que el enojo de Voldemort tenía sobre él durante esa clase de conversaciones mentales. No lo había extrañado.

'Habías jurado no volver.'

'Era una emergencia.'

Se sentía un niño pequeño siendo amonestado por jugar con un juguete ajeno. O quizás una mejor alegoría fuera elegir una vacación entre dos opciones presentadas por padres divorciados. En cualquiera de las dos circunstancias, él ya no era un niño y le irritó la recriminación de Voldemort. Después de tantos años, merecía un poco de su confianza.

'¿Pudieron descubrir algo de esa profecía?'

'Bastante, aunque, como siempre, de contenido ambiguo. Al mediodía estaremos allí con Phinehas para programar la reorganización de los mortífagos.'

Una vuelta apresurada. Aparentemente no le permitiría estar solo con sus recuerdos por mucho tiempo. La situación con los mortífagos no era tan urgente.

'Me aseguraré de permitirles el acceso.'

 

Filldeserp cerró la conexión mental abruptamente entonces, temiendo que el interrogatorio se perpetuara hasta el amanecer. Necesitaba descansar, pero sobre todo, necesitaba hilvanar.

El reloj avanzaba lentamente. La coyuntura acechaba, sin embargo, con su inmutable paciencia.

Y ahora sabía cómo parar el reloj.

 


 

Horario: diez de la mañana

 

La manera perfecta de despertar cada mañana:

 

-                  ¡Señora! ¡Señora! ¡Es hora de levantarse! - Chilló Folly enérgicamente, abriendo las ventanas para demostrarle a Hermione que, de hecho, el sol ya estaba en lo alto. Gimió y estiró las sábanas sobre su cabeza para disminuir el reflejo del sol. - ¡Amo Filldeserp la aguarda para desayunar, señora! No querrá hacerlo esperar, ¿verdad?

 

Hermione hubiera deseado poder decir sí, pero la elfa tenía los brazos ceñidos sobre su cintura en una pose que no dejaba lugar a réplica. Si no se levantaba pronto, estaba segura que la elfa la arrastraría hasta la cocina. Humillantemente.

Luego de alistarse, descendió por las escaleras hasta el comedor. Folly no le había mentido: Harry estaba sentado en la mesa, inmóvil y con la vista perdida en un cuadro, aparentemente ansiando su presencia. Lo saludó con un beso y percibió un incremento en la intensidad del color de sus ojos entonces.

Por unos minutos, no hablaron. Se sirvieron el desayuno, después de agradecer a Folly por su trabajo, y empezaron a comer. Intentó empezar la conversación, pero dudó, insegura de la gravedad de la situación.

 

-                  ¿Estás bien? ¿Sientes algo extraño? ¿Dolor? - Preguntó Harry casualmente mientras colocaba mermelada en una tostada.

-                  No. Me siento… - fluctuó frente a la palabra adecuada -… normal.

 

Harry asintió, prácticamente sin mirarla.

 

-                  Un sanador vendrá por la tarde. - Anunció. - ¿Salvo que no te sientas tan bien? - Volvió a inquirir, pero esta vez su mirada verdosa la penetró. Cuando ella no rectificó su declaración, pareció convencerse al fin. - Hubo muchos mortífagos heridos en la batalla. Por eso, en caso de no ser urgente, es mejor que los sanadores continúen trabajando en ellos.

-                  ¿Hubo muchos muertos? - Preguntó, incómoda por el despego de su esposo.

-                  Algunos. - Respondió él vagamente.

 

Hermione fijó su atención en el té. Aunque Filldeserp no lo confesara, ella infirió la congoja que le suscitaba las muertes de sus vasallos, la culpa y la rabia ante aquella derrota parcial.

Sondeando cómo abordar las cuestiones que permanecían irresueltas en su mente, observó el cuadro que Harry había estado revisando antes de su entrada en el comedor.

Dejó caer la tostada que tenía en sus manos al reconocer a las personas en la fotografía. Eran James y Lily Potter, quien sostenía en sus brazos un bebé. La felicidad brillaba en sus rostros mientras ambos alternativamente jugaban con el pequeño.

 

-                  Esto es… ¿el valle de Godric? - Susurró Hermione, sin poder despegar su atención de esas figuras.

-                  Así es. - Contestó Harry.

-                  Pero… ¿la casa no había sido destruida… esa noche?

-                  Parcialmente, sí. - Respondió él, bebiendo su té. - Pero la mandé a reconstruir durante el verano antes de nuestro séptimo año. Necesitaba… - se detuvo. Hermione creyó que no elaboraría más, pero él suspiró tras una pausa y prosiguió: - un santuario donde recordarlos… Especialmente en aquel período de decisión.

-                  No creo que eso le haya gustado mucho a Voldemort. - Comentó Hermione, con una insinuación de sonrisa.

-                  No, claro que no. - Hizo una mueca. - Pero debía permitirme mi espacio personal para pensar, ¿no? - rió con cierta amargura. - Cuando decidí unirme a Voldemort, vine aquí. Una última despedida a mi pasado. - Miró el cuadro nuevamente, y sus ojos parecieron vaciarse. - Decidí que no importaban. Estaban muertos. Yo no. Y eso fue todo. Juré no volver. Aquí estamos. - Su risa aterrorizó un poco a Hermione. Sonaba quebrada.

-                  Estás vivo gracias a que ellos murieron. - Le interrumpió ella, dolida. - ¿Eso… tampoco importó?

-                  No, Hermione. - Su tono fue circunspecto esta vez. - Decidí no vivir bajo la sombra de su sacrificio. No podía ser lo que ellos habían sido, y si ellos habían querido que viviera, pues, imagino que hubieran querido que lo hiciera con mis propias decisiones. Sé que no estarían orgullosos de mí, más bien avergonzados, horrorizados. Quizás, de haber sabido en lo que me convertiría, me hubieran dejado morir. Pero si hay que vivir, hay que hacerlo por lo que uno cree. Fueron víctimas de una guerra. Yo formo parte de otra.

 

Hermione no tuvo respuesta para eso.

Volvió a mirar la fotografía, ese pasado fantasmal, y sonrió con tristeza.

 

-                  Hubieran muerto, aún sabiendo que te unirías a Voldemort. - Le garantizó mientras se acariciaba el vientre. Ella lo haría por su hijo también.

 

Harry la observó, con una tenue sonrisa en su rostro. Él había entregado más que su vida por ellos; había ofrecido su alma y su eternidad.

La sorprendió cuando tomó la mano que había apoyado en su vientre y se la llevó a los labios para besarla. Hermione quedó aturdida frente al repentino desvanecimiento de la frialdad por la calidez en sus gestos. Parecía otro hombre; más joven, más libre… más feliz.

Tal como había aparecido, la magia se fugó cuando escucharon unos pasos en la puerta de entrada. La máscara volvió a su lugar y su cuerpo se tensó mientras Folly se apresuraba a recibir a los visitantes.

Como si hubiera llegado a la Fortaleza y no a una casa en un pueblo rural donde había asesinado a los padres de su heredero, con esa misma y típica elegancia y arrogancia, Voldemort entró, seguido de cerca por el conde Phinehas. La escena hubiera sido cómica si Hermione no hubiera sentido su garganta reseca ni la repentina necesidad de voltear cada foto de los difuntos Potter para que no presenciaran el futuro.

Voldemort avanzó hasta Filldeserp, quien se había levantado de su asiento. Hermione creyó que lo abrazaría, pero fue sólo un intercambio de reverencias, como dos perfectos desconocidos. Phinehas, en cambio, fue mucho más fraternal en su trato para con el heredero, sonriendo con entusiasmo y dándole una palmada en el hombro, felicitándolo por la excelente defensa de la Fortaleza.

 

-                  Hermione. - Fue el tácito saludo de Voldemort. - ¿Confío en que te has recuperado satisfactoriamente de tu… aventura?

-                  Me conmueve su preocupación, milord. - Le respondió Hermione, tras una reverencia burlona. Notó la advertencia en la mirada de Filldeserp y calló, simplemente asintiendo.

-                  Veo que no olvidaste tu insolencia en la Laguna. - Respondió Voldemort. - Es una pena.

-                  Oh, pero sí sé que es lo que más te agrada de mí. - Replicó. - Cada día esperas este momento. Un poco de sorpresa en tu monótona vida de Dark Lord. Por cierto, ¿cómo estuvo el viaje por el Caribe? Estoy segura que no lo pasaron tan bien como Harry y yo defendiendo la Fortaleza, ¿verdad?

-                  Hermione. - La interrumpió su marido, con un tono seco y glacial.

-                  Es sorprendente cómo cada vez que hay algún conflicto, el Dark Lord no se encuentra disponible. - Prosiguió ella, obviando la segunda advertencia. - A veces me pregunto si no tiene un sensor para estas cosas…

-                  Qué esposa tan apasionada, Lord Filldeserp. - Comentó Phinehas, altamente entretenido con el espectáculo.

-                  Discúlpennos un momento, por favor. - Se excusó Filldeserp, tomando el brazo de Hermione y conduciéndola a la cocina.

 

Folly, que estaba limpiando los platos mientras tarareaba una canción, chilló al verlos. Pero Filldeserp a penas se fijó en ella, indicándole con un gesto que prosiguiera con sus actividades. Aunque la furia de su amo no estaba dirigida a ella, empezó a temblar y tardó varios minutos en recomponerse.

Hermione, por su parte, no se intimidó tan fácilmente. Elevó el mentón y lo miró a los ojos, dispuesta a defenderse de cualquier acusación.

 

-                   ¡Maldición, Hermione! - Exclamó él, absolutamente frustrado. - ¿Acaso no sabes que tienes que elegir tus peleas para ganar la guerra? ¡No puedes ser tan obstinada!

-                  ¡Ni siquiera te preguntó cómo estabas! - Le gritó ella como respuesta. - Regresa triunfalmente como si nada hubiese sucedido… ¡tu alma, Harry! ¿no puede acaso demostrar…?

-                  Hermione, ¡es Voldemort! ¿Querías que me abrazara? ¡En el hogar de mis padres! - Sumamente alterado, se llevó una mano a la sien, procurando calmar su respiración y sus nervios. - Debes suspender estas confrontaciones. Algún día la situación se irá de las manos y… - él la miró, desquiciado. - No puedo estar allí por ti siempre, Hermione.

 

Ella bajó la mirada, sintiéndose miserable.

 

-                  Regresemos. - Propuso Harry.

 

Phinehas y Voldemort ya se habían acomodado en la mesa y dispuesto su desayuno tardío. Tras otra disculpa, Harry retomó su lugar y Hermione lo imitó. Evitó mirar o dirigirse a Voldemort, pero notó la satisfacción vengativa en su rostro durante una mirada de soslayo. Se sintió humillada e indignada, pero tuvo que contenerse.

Harry aún la vigilaba de reojo.

 

-                  Hemos revisado los cuarteles antes de venir aquí. - Informó Voldemort. - Las consecuencias no han sido díscolas. La privación parcial de la Fortaleza es lo más grave.

-                  Dymtrus ha muerto. - Anunció Filldeserp. - De Santos ha recuperado a su hija.

-                  ¿Qué hay del vínculo entre la niña y tú? - Preguntó Phinehas.

-                  Aún está cerca, sospecho que en los cuarteles de la Orden. - Respondió el heredero. - La trasladarán pronto y entonces sí será una complicación.

-                  ¿Por qué? - Intervino Hermione, desconcertada.

-                  Deberías saberlo ya. - Murmuró Filldeserp, aún resentido con su actitud. - Soy su mentor. Si no está conmigo o con personas designadas de mi confianza, marcadas con mi elemento, el vínculo entre nosotros… bueno, no es placentero y aumenta con el tiempo y la distancia. Sobre todo para ella.

-                  Y quienes estén con ella. - Agregó Voldemort, sonriendo con crueldad. - Entonces, ¿los españoles lograron entrar en la Fortaleza?

-                  Antes del ataque. - Confirmó Filldeserp.

-                  Por lo tanto… tenían varios objetivos. - Dedujo Voldemort. - Recuperar a la niña, tomar posesión de la Fortaleza…

-                  Eliminar a Filldeserp. - Añadió Hermione. Voldemort alzó una ceja.

-                  Creí que nosotros, los Dark Lords, siempre estábamos en peligro de muerte. - Dijo, sarcástico.

-                  Un mortífago los traicionó. - Elaboró Hermione. - Quiso asesinar a Filldeserp.

-                  Una mortífaga. - Corrigió Voldemort. - La misma que entregó la manera de atravesar las barreras.

-                  ¿Cómo pudo saber algo así? - Cuestionó Hermione. - ¿No es acaso magia demasiado avanzada?

-                  Nosotros le proveímos la información, indirectamente, claro. - Respondió Filldeserp, indiferente. - Debíamos comprobar su identidad.

-                  Entonces… ¿sabían del ataque? - Prorrumpió, confundida.

-                  No. - La confesión pareció dolerle a Voldemort. - Hace tiempo tiene en sus manos el recurso. Creíamos que actuaría antes, pero… eligió el momento.

-                  Por eso estamos analizando sus objetivos. Entre ellos tiene que estar la razón de su traición… y de la elección del momento. - Dijo Filldeserp. - A los efectos prácticos es irrelevante, pues su final será el mismo, pero ha sido una circunstancia peculiar.

-                  ¿Qué sucedió con Remus? - Preguntó Hermione, recordando repentinamente los acontecimientos de la noche pasada. Filldeserp la miró sobresaltado, apretando su mano debajo de la mesa.

-                  ¿Lupin? Hermione, no me preguntes a mí sobre los miembros de la Orden. - Le contestó, disgustado. - Si te interesa tanto, ve y pregúntale a tu querido Dumbledore.

 

Voldemort observó el intercambio con suspicacia, pero en cuanto Dumbledore fue nombrado, su atención se desvió hacia otros asuntos.

 

-                  Algunos miembros de la Orden nos estorbaron durante nuestra visita a Alemania. - Junto con el énfasis en el tono, Voldemort miró a Hermione significativamente. - Son unas moscas porfiadas.

-                  ¿Pudieron descubrir algo sobre la profecía? - Preguntó Filldeserp, entornando los ojos ante la cotidiana provocación.

-                  La profetisa que la pronunció vive en las montañas de Harz… - Indicó Phinehas.

-                  ¿Harz? ¿No es allí donde se realiza la festividad de Walpurgis? - Dijo Filldeserp, con el entrecejo fruncido.

-                  ¿Walpurgis? - Volvió a preguntar Hermione.

-                  Es una tradicional fiesta de magos. - Contestó Phinehas en tono condescendiente. - Equivalente a Halloween… sólo que es especialmente celebrada por magos y criaturas oscuros. Debería acompañarte en la próxima festividad, Filldeserp. ¡La disfrutarán!

-                  No es la clase de fiesta que le apetece a Hermione, Phinehas. - Señaló Filldeserp, riéndose. Ante la expresión de ella, aclaró: - Son muy populares las orgías, sacrificios de muggles…

-                  No se alarme si este año no nos ve, conde Phinehas. - Intervino Hermione. - Ni el siguiente. Ni el otro. Posiblemente nunca. - Ante su determinación, los tres hombres rieron.

-                  Puedes quedarte en casa si quieres, querida, pero soy un Dark Lord. Mi asistencia es prácticamente obligatoria. - Le comentó su marido, carcajeando todavía.

-                  Ya lo veremos. - Amedrentó ella. - Entonces, ¿la profecía?

-                  "¿Quién tan tarde cabalga en la ventosa noche?

                  Un padre con su hijo, a lomos del corcel

                  Bien cogido lo lleva en sus brazos, valiente

                  Y seguro al recaudo de su regazo ferviente.

                  Sin prisa, pero sin descanso.

                  El pasado y el presente por igual seducen.

                  El hecho es todo, la gloria nada

                  cuando la paz falta.

                  La sangre, en un exótico néctar,

                  se regenera.

                  La mejor mitad de la vida se atraca:

                  la noche cabalga.

                  Él, quien no abandona,

                  esculpirá el mundo a su forma." - Recitó Phinehas.

 

Filldeserp cerró los ojos y se recostó en su asiento. Detrás de aquella apariencia meditativa, Hermione percibió resentimiento y angustia. No se extrañó de tal reacción; él, más que nadie, odiaba las profecías y cualquier hecho referido a un destino fijado.

 

-                  Pero… ¿dónde está la conexión con Harry? - Interpeló Hermione luego de repasar el contenido.

-                  No está literalmente, pero su nombre fue inscripto en la profecía misma cuando se generó una copia en el Ministerio alemán, junto a otro sujeto que permanece desconocido. - Respondió Phinehas, quien estudiaba al heredero con interés. - Creemos que se trata de su hijo.

-                  Pero hay otro detalle curioso. - Intercedió Voldemort. - La profecía no es… primera edición. Posee dos fechas: una de hace tres meses y otra de hace mil años.

-                  Por Merlín… - Susurró Filldeserp, pálido y turbado. Miraba a Voldemort implorante, en la búsqueda de la refutación de su teoría.

-                  Algunas profecías no se cumplen en el tiempo de vida previsto… no es raro que reincidan o se cumplan siglos después. - Comentó el Dark Lord en un tono casual, pero sus ojos rojos respondían a la mirada intensa de Filldeserp. - Sobre todo cuando los personajes reinciden también.

 

Cuando Hermione, tras ver que Phinehas experimentaba su mismo desconcierto, iba a solicitar que los Dark Lords compartieran su hallazgo, Folly apareció en el comedor, disculpándose por la interrupción, pero argumentando que un invitado, que proclamaba ser un sanador, había arribado por la chimenea.

El dichoso sanador hizo su aparición entonces, realizando las correspondientes reverencias ante sus líderes.

 

-                  Lord Filldeserp, regresaré después si este no es el momento oportuno. Sé que le anuncié que vendría por la tarde, pero…

-                  Derwent, me complace que el bienestar de mi familia lo impaciente tanto. - Le interrumpió el heredero, con un dejo de sarcasmo. - Adelante. Pongámonos cómodos.

 

Hermione y Harry subieron junto al sanador al dormitorio, pero Voldemort y Phinehas decidieron permanecer en el comedor.

La Gryffindor se recostó en la cama como el sanador le indicó y el hombre empezó a agitar su varita, pronunciando diferentes encantamientos que ella desconocía. De soslayo pudo ver a Harry monitoreando cada uno de los movimientos del sanador, atento a cualquier inconveniente o anomalía.

Al terminar el procedimiento, el sanador se sentó en una de sillas disponibles con signos evidentes de sudor. Murmuraba para sí mientras tomaba nota en un cuaderno.

 

-                  ¿Y bien? - Apremió Filldeserp, impaciente.

-                  El embarazo parece marchar con normalidad. - Dictaminó Derwent, aunque su rostro lucía preocupado. - Puedo garantizar que ambos fetos están saludables y…

-                  ¿Ambos? - Interrumpieron Hermione y Harry a la vez. El sanador tartamudeó, sumamente cohibido.

-                  Mellizos… un niño y una niña… lo siento, milord, pensé que sabía…

-                  ¿Está…? ¿Está seguro? - Cuestionó Filldeserp, petrificado por la noticia.

-                  Completamente.

-                  ¡Por Merlín! - Exclamó por segunda vez en el día, sentándose pesadamente en otra de las sillas.

-                  Debe manejarse con cuidado, milady. - Aconsejó Derwent. - Intente usar la menor cantidad de magia posible… los fetos se están alimentando ahora con particular ímpetu de la magia. Imagino que a causa de la experiencia traumática que sufrieron… - Ante la mirada penetrante de Filldeserp, calló. - Probablemente la fecha de parto sea por mayo.

-                  ¿Qué? No es posible. - Gritó Hermione en esta ocasión. - La concepción fue en noviembre…

-                  La aceleración… ¿también fue originada por la… experiencia traumática? - Preguntó Filldeserp, entrecerrando los ojos.

-                  No podría probarlo, pero sí. - Afirmó Derwent. - Es posible que… haya incitado que los fetos maduren más rápido. Por eso se alimentan tanto de su esposa, en especial de su magia. También puede ser que el cuerpo de ella los esté rechazando luego de… volver en sí. Es muy pronto para saberlo. Debo monitorearla regularmente.

 

Aquellas noticias dejaron a Hermione boquiabierta y abrazando con vigor su vientre. Harry se aproximó a ella entonces y acarició su mejilla, sosegándola instantáneamente al injerirle un poco de su magia. Luego besó su frente y se volteó hacia el mortífago, de nuevo en el rol de Dark Lord.

 

-                  Permítame acompañarlo a la salida, Derwent. - Sugirió Filldeserp. - Hermione, permanece aquí, por favor.

 

Una vez fuera de la capacidad auditiva de su esposa, el mago oscuro acorraló al sanador contra la pared, con varita en el cuello.

 

-                  Ni se te ocurra difundir estas noticias si valoras tu vida, Derwent. Mi esposa está muerta, ¿entendido?

-                  Perfectamente, milord.

 

Tras asegurarse de la partida del mortífago, se unió a Voldemort y a Phinehas en el comedor para comunicar las noticias. El vampiro fue el primero en reaccionar, felicitándolo; incluso preguntó con picardía quién sería el padrino de la niña, proponiéndose para el puesto. Voldemort, no obstante, no fue tan cálido.

 

-                  En cuanto nazca, deberías prescindir de la niña. - Exhortó. - Suficientes problemas traerá ya el niño.

-                  No. - Decidió Filldeserp sin vacilar. - De todas formas, de momento, me preocupa la salud de Hermione. No podemos exponerla a los mortífagos en estas circunstancias.

-                  Estoy de acuerdo. - Intervino Phinehas y Voldemort lo fulminó con la mirada por su intromisión.

-                  Por muy apreciable que sea su sentir, conde, esto es un asunto entre Dark Lords.

-                  Simplemente opino, Lord Voldemort; nadie aquí desafía su autoridad o su territorio. - Respondió el vampiro.

 

La exasperación de Filldeserp creció. Ya estaba acostumbrado a la disyuntiva entre Hermione y Voldemort, pero si debía sumar a eso las constantes jactancias entre Dark Lord y vampiro, no sabía cuánto más su paciencia podría digerir.

 

-                  Declararé a Hermione muerta. - Resolvió. - Así la mantendremos apartada y a salvo de los mortífagos y de la Orden.

-                  ¿Y dónde podrás hacer eso? - Preguntó Voldemort, irónico. - No podrás establecer su aislamiento en ninguno de nuestros cuarteles… y hasta que no aseguremos la Fortaleza…

 

Filldeserp sonrió ampliamente, abriendo los brazos y señalando su entorno.

 

-                  El Valle de Godric es muy acogedor, ¿no lo cree así, conde Phinehas?

 


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