Historia al azar: Mi primer año, mi primer amor
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Laguna Estigia » Capítulo 13 - Segunda Parte
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 13 - Segunda Parte

Fortaleza de la Orden Oscura

25 de diciembre 2004

Horario: cinco y cuarenta y cinco de la noche






Hermione había participado en muchas de las campañas realizadas por la Orden luego de los ataques. Estaba acostumbrada a ver cuerpos ligeramente desfigurados o quebrantados, y a los curanderos corriendo de un ala de la torre a la otra, en busca de pociones y hierbas medicinales. Sin embargo, debía reconocer que tanto los métodos como el ambiente mismo de la Orden Tenebrosa eran distintos.



En primera instancia, no se trataban víctimas civiles, por lo que no había un desconcierto general o desesperación por la ignorancia. Todos allí eran soldados preparados para aquella clase de sufrimiento. Todos allí estaban dispuestos a pelear por aquella causa, si bien no morir por ella en su mayoría. Voldemort monitoreaba todos los ingresos, inmutable, mas Hermione podía percibir cierta ansiedad en su postura. Al igual que ella, parecía tener un mal presentimiento sobre los resultados del ataque.



Sabían, por lo comunicado por Austen, que Filldeserp había logrado un acuerdo con los goblins. No todas las cláusulas previstas, pero sí gran parte de ellas, lo cual era progreso. En los términos propios del alcance del ataque mismo, habían logrado infiltrarse en los sitios anhelados y, a pesar de la precaución de la Orden, había habido víctimas civiles, pero no estaban seguros si algún referente de la Orden había sido reducido.



Hermione hubiera preferido una infiltración más pacífica, aunque costara más tiempo. Pero, como Voldemort y Filldeserp habían resaltado, aquel no era el ritmo que necesitaba aquella guerra. Suspiró, cerrando los ojos e imaginando el Callejón Diagon… ¿estarían vivos Neville y Ron? Su corazón latió con fuerza. Aún cuando ya no estuviera técnicamente en su bando, no soportaría la noticia de sus muertes… continuaban siendo sus amigos, a pesar de que posiblemente ellos ya la hubiera descartado de sus mentes.



Cailean se aproximó y, por un momento, él también contempló en silencio la ventana de aquella torre y los terrenos que se revelaban en su paisaje. Luego se inclinó y le sonrió con calma, casi como si hubiera adivinado sus pensamientos.





- Todo acontecerá como deba acontecer, milady.

- ¿Tanta confianza tienes en los Jueces, Cailean?

- ¿Confianza? – El mortífago rió, mas sus ojos permanecieron impasibles. – Como Inefable, he podido examinar varias de sus obras en este reino terrenal, milady. Permítame decirle que jamás osaría pensar que exista un poder humano que les supere. Tantos misterios, tantos esquemas inmensos…

- ¿Qué es lo que te enlaza con el lado oscuro, Cailean? No pareces el estilo de hombre que aprecie los combates.

- Los ideales de magia que Lord Filldeserp sostiene, milady. Si la comunidad mágica continúa en el camino de los últimos siglos, pronto seremos una raza en extinción, por nuestra propia mano. La magia está insatisfecha. Amo la magia, más allá de lo que ofrece, por lo que es.





Hermione le escuchó respetuosamente, pudiendo visualizar la pasión de aquel hombre. Todos los Inefables eran humanos singulares, pero Hermione nunca había tenido la oportunidad de familiarizarse con uno. Cailean no le era fiel a nadie más que algo tan inmaterial, pero tan poderoso, como era la magia. Sin duda, él era más sabio que todos aquellos mortales que luchaban… sin conocer en verdad porqué estaban muriendo.



La visión de Cailean era cómoda, desde luego. Él era un sangre pura, con un buen nivel adquisitivo, un buen puesto en el Ministerio… no tenía familia por la cual preocuparse en proteger. Si luchaba, lo hacía por placer o por demostrar algo, pero no por obligación o auténtica fidelidad a algo. Era, posiblemente, el hombre más libre con el cual Hermione se hubiese topado alguna vez. En cierta forma, le hacía recordar a Luna y a su manera tan única de ver las cosas.





- No se asuste, milady. Todo saldrá bien. – Susurró Cailean, apoyando una mano en su hombro para luego guiñarle un ojo pícaramente y retirarse.





Hermione permaneció atónica junto a la ventana, sin comprender las palabras del mortífago. Las había dicho con tal tono compasivo que, más que calmar a Hermione, le había plantado nuevos temores. ¿Acaso algo malo había sucedido? ¿Dónde estaba Filldeserp?



Casi como si todo hubiese estado sincronizado, la respuesta a sus intrigas arribó. El vampiro que había divisado varias veces junto a Filldeserp se materializó en el punto de aparición, prácticamente sosteniendo en su hombro todo el peso del heredero de Voldemort, cuyo rostro estaba ceñudo por el dolor. Las exclamaciones de horror y los gritos de órdenes no tardaron en presentarse, pero todo aquel movimiento acaecía para Hermione en cámara lenta.



Antes de que incluso uno de los curanderos pudiera arrimarse, Filldeserp perdió el conocimiento en los brazos del vampiro, agravando la preocupación en los presentes. Phinehas lo depositó con cuidado sobre una de las camas de aquella ala e inmediatamente fue conducido por Voldemort a un rincón aislado, siendo Hermione la única que tuvo el coraje y la posibilidad de unirse a la conversación.





- ¿Qué es lo que…? – Cuestionó Voldemort, pero fue rápidamente interrumpido por el vampiro.

- A grandes rasgos, los dementores.

- ¿Los dementores? – Repitió Hermione, incrédula.

- Así es. Sorpresivamente… Filldeserp se tornó sensible a ellos. – Explicó Phinehas, mirando con frialdad al Dark Lord, cuyos ojos rojos destellaron y se fijaron en Hermione. – Eso debilitó su autocontrol y, sumado un duelo con Dumbledore…

- ¡Dumbledore! – Voldemort exclamó, aprensivo. – Así que fue él quien le indujo esa herida…

- No, en verdad no. Fue uno de los miembros de esa familia de pelirrojos… ¿Wesley era?

- ¿Weasley? ¿Ron? – Murmuró Hermione, palideciendo. Voldemort la fulminó con la mirada, aborreciendo el simple hecho de nombrar a un miembro de la Orden del Fénix.

- De no haber intervenido, Filldeserp se hubiera suicidado por la ejecución de un ritual de magia oscura y el empleo de su elemento al mismo tiempo, situación que en condiciones normales no hubiera significado tan graves adversidades, pero... dada su vulnerabilidad e inestabilidad…

- Insensato… - Musitó Voldemort, escupiendo las palabras por la furia. – Si no fuera porque se encuentra postrado en cama, ya le habría…

- ¿Es todo en lo que puedes pensar? ¿Castigarlo? ¿Disciplinarlo? – Gritó Hermione, fuera de sí. - ¡Estuvo a punto de morir por tu hermosa Causa y…!

- ¡No juegues con fuego, muchacha! Tu insolencia no es apreciada. Sé cómo manejar a mi heredero…

- ¡No se trata de un objeto que arreglar! ¿Acaso…?

- Cállate, sangre sucia. Para empezar, tú eres la causante de todo esto. Si Filldeserp no se hubiera enamorado de una muchacha tan inservible y compasiva como tú, su apatía lo hubiese protegido. ¡Los sentimientos no son más que debilidades!

- Harry es mil veces más fuerte que tú. – Susurró Hermione con determinación y rozando el tono amenazante.

- Pues qué bien lo ha demostrado. Son sobresalientes sus habilidades en…

- ¡Cómo te atreves! – Gritó la ex-Gryffindor. - ¡Siempre es Filldeserp el que lidera las misiones más peligrosas mientras que tú aguardas aquí, limándote las uñas y enalteciendo tu propio ego! Es Filldeserp a quienes estos hombres respetan… - Señaló acusadoramente a los mortífagos presentes, que contemplaban aquella discusión completamente aturdidos. – Es él en quien confían. ¿Acaso no lo distingues? Si pudieras tan sólo entender el valor de estar presente, de combatir hombro con hombro con tu gente… ¡allí podrías decir que eres mejor que Dumbledore! ¡Allí podrías demostrar que tu Causa es algo más que terror injustificado! Pero es Filldeserp a quien todos ven…

- Cómo te atreves. – Gruñó Voldemort, sacando su varita y realizando un gesto dramático con su túnica. – Maldigo el día en el cual permití que fueras parte de la familia Slytherin…

- Y yo maldigo el día en el que entraste a nuestras vidas. – Respondió Hermione, elevando el mentón. Su varita permanecía guardada en su túnica.

- ¡Crucio!





Hermione no intentó escapar de la maldición, sino que la enfrentó como una indiscutible Gryffindor. El dolor estremeció su cuerpo, pero persistió de pie, desafiando a Voldemort con sus ojos castaños. Los mortífagos, que hasta entonces habían fingido no estar curioseando en la plática, retrocedieron, como si el cruciatus fuese masivo o una epidemia.





- ¿Eso es todo lo que el gran Dark Lord Voldemort puede hacer? – Logró decir entre dientes. Los ojos rojos relampaguearon, probablemente ideando en su mente la imagen de Hermione disgregada.

- ¿Eres masoquista, muchacha? – Hermione le dedicó una sonrisa sarcásticamente dulce.

- Me contagió mi marido.





Un hechizo de color púrpura surcó la sala, dándole de lleno a la antigua aurora, quien fue abatida reciamente al suelo. Durante unos segundos, estuvo arrodillada, respirando con dificultad, antes de levantarse y sonreírle a Voldemort, quien a su vez perduraba con su postura imperiosa a unos metros.





- Deseo morir de una manera muy original. Por favor, concédeme mi deseo.





Un cuchillo transfigurado fue arrojado sin vacilación en su dirección, pero Hermione decidió moverse a un lado para eludirlo. No hizo lo mismo con un rayo azul oscuro, que le generó una herida en la pierna izquierda. Voldemort se adelantó unos pasos, ojeándola con legítima repulsión.





- Tienes un concepto arcaico de original, Tom… - Susurró la muchacha. Sonrió con altivez y se arremangó las mangas del delicado vestido que lucía. – Ahora es mi turno.





Una oleada de viento recorrió el ala de la torre antes de asediar a Voldemort y obligarlo a elevarse en el aire, mientras las ráfagas desgarraban sus ropajes. Sin embargo, el Dark Lord logró luchar contra la fuerza del viento y agitó su varita, enviando una peligrosa maldición, que fue rechazada por el escudo elemental de Hermione.



Continuaron así, varios minutos, Hermione ejerciendo su elemento mientras Voldemort administraba su magia negra. Habían cambiado ubicación en distintas ocasiones e incluso habían olvidado los espectadores que poseían. Todo había quedado reducido a una cuestión de honor. La letalidad de los ataques fue aumentada en ambos lados, para el entusiasmo de varios de los mortífagos que no podían aguardar para contemplar el asesinato de aquella sangre sucia que se había infiltrado en el Círculo Interno del heredero…





- Hacía tiempo que no participabas en un duelo de verdad, ¿no, tito Voldie? – Se burló Hermione con auténtico descaro. Varios de los mortífagos quisieron responder en lugar de su Lord, mas éste se los impidió con un gesto soberbio de su mano.

- ¿Te crees muy valiente, sangre sucia? – La mueca de resentimiento que formuló el Dark Lord desfiguró aún más su rostro pálido.

- No le temo a la muerte, si es lo que te interesa. Por supuesto, eso no se aplica para ti, ¿cierto? – Contestó, sonriendo con gentileza.





Hacía tiempo que no se sentía tan viva, tan llamada a hacer algo. No sabía porqué estaba haciendo aquello, pero sentía que era lo correcto. Filldeserp nunca se defendería contra aquél que consideraba como un padre, aún a pesar de todas las torturas y manipulaciones. Hermione ya no lo toleraría.



Ella tenía el poder para marcar la diferencia.



No obstante, Voldemort expidió una cadena de hechizos desconocidos, que Hermione se preocupó en evadir. Cuando se giraba para responder con su propio elemento, vio avecinarse un haz rojo, que supo en ese instante que le penetraría el corazón, siendo incapaz de moverse.



Mas nuevamente descubrió que ese no era el momento de su muerte. Un cuerpo se había interpuesto entre el hechizo y ella, salvándole la vida, mas siendo sujeto de una profunda herida en el estómago por la posición de su cuerpo. Con terror, reconoció aquel cabello azabache y aquellos ojos esmeraldas, tan ahogados…





- ¿Cómo… te… atreves…? – Musitó a duras penas, tosiendo sangre. - ¿Acaso… deseas… matarlo?





Por un momento, Hermione estuvo a punto de hablar, indignada que aún continuase defendiendo a Voldemort. Pero entonces vio cómo, con su mano ensangrentada, tocaba su vientre, manchando su vestido con la sustancia rojiza. Sus ojos castaños se nublaron al observar cómo la sangre se expandía por la túnica en la periferia de la herida, y cayó de rodillas, arrastrando a Filldeserp con ella dado que era su soporte. El golpe seco del derrumbe de sus cuerpos resonó en el tieso silencio que se había impuesto sobre la sala; recordaría aquel sonido en las siguientes noches de insomnio, como un eco interminable de sacrificio y muerte.



Se echó a llorar desmedidamente, deseando rectificar todo lo sucedido aquel día... anhelando no haber perdido el sentido.





- Perdóname…





***





Cuarteles de la Orden del Fénix

28 de enero de 2005

Horario: once y media de la mañana






Cuando Ginevra le había dicho a Ronald que deseaba que no hubiera una próxima vez en la cual ella debiera golpearlo para que sus neuronas funcionaran, sin duda no lo había proclamado con la intención de que al día siguiente su hermano arribara a los Cuarteles de la Orden del Fénix casi muerto. No obstante, las lágrimas del ave fénix, sumado a un eficiente tratamiento que la misma Ginevra había administrado, le habían salvado la vida a Ron, y también su cuerpo. La única marca que permanecía con él, testigo del feroz duelo, era la cicatriz en su hombro que, por alguna legendaria razón que ellos desconocían, se había empeñado en persistir en su piel.



Neville se había puesto lívido al enterarse del duelo con Filldeserp, tanto desde el testimonio de Ron como el de Dumbledore. Se había sentido realmente avergonzado de no haber estado cerca para cooperar, pero, como Albus le subrayó, él había estado salvando vidas civiles en otro sector, y eso no era desmerecedor.



Aún no podía creer que Filldeserp había tenido bajo punta de espada a Dumbledore y a todos los miembros de la Orden y que, no obstante, se habían salvado por la propia desesperación del heredero. Nunca ninguna persona había descripto a Filldeserp como débil. De hecho, siempre estaba impasible, con un plan bajo la manga y no arriesgando más de lo necesario. Aquel error, quizás, significaba un triunfo para la Orden, dado que demostraba que Filldeserp no era más que humano y, por lo tanto, vencible.



Sin embargo, también acrecentó la inquietud del cuarteto. Dumbledore los había convocado aparte, días después del ataque, y les había confesado su estudio del acontecimiento.





- Que Filldeserp haya recobrado su sensibilidad tras la obtención de Hermione podría no ser casual. Es posible que Hermione haya rescatado a Harry de sí mismo…

- ¿De qué hablas, Albus? – Preguntó Neville, frunciendo el entrecejo. Albus suspiró, extenuado. El duelo lo había agotado a él también.

- Tengo la leve sospecha de que Filldeserp ama a Hermione, por más… sobrenatural que esto suene. Nuestro Contacto nos informó que la resguardó de Voldemort, aún cuando él estaba casi desfallecido.

- Podría ser toda una farsa para que nos confiemos… - Dijo Ron. Albus, sin embargo, negó con la cabeza.

- Estuviste allí, Ronald. ¿Tú crees que Filldeserp accedería a demostrar debilidad, aún cuando sirviese a un esquema superior? Son todas suposiciones, pero… no puedo evitar esperanzarme. No estoy diciendo que Filldeserp se haya convertido de la noche a la mañana en bueno o que esté actuando en contra de Lord Voldemort… pero sin duda, ya no es su réplica exacta.

- Sigue siendo un asesino. – Objetó Ron. – Ha explorado las magias prohibidas… No ha salido intacto.

- Por supuesto que no, Ron. – Respondió Ginny con cautela. – No obstante, ¿no te gustaría creer que Hermione no nos abandonó, sino que en verdad eligió intentar redimir a Harry? Puede que aún sea nuestro enemigo, pero es distinto…





La conversación los había perturbado. Las posibilidades que se abrían frente a aquella visión los conducían a imaginar supuestos y a ilusionarse. Muchas veces, Ginny hubiera preferido no saber, pues odiaría desilusionarse y descubrir que, en verdad, Hermione había decidido cambiarse de bando por conveniencia o que Filldeserp sólo había tenido un mal día y que la próxima vez que la Orden se enfrentase a él, acabarían todos calcinados como Snape.



Neville le sonrió desde el marco de la puerta de la cocina. Ginny lo miró sorprendida, sabiendo que en aquel horario el auror debería estar en el Ministerio trabajando. El brillo travieso en sus ojos, sin embargo, parecía ratificarle su fuga. Le devolvió la sonrisa mientras se aproximaba.





- El jefe del departamento de aurores se ha escabullido de su deber… ¿para visitar a esta mujerzuela? – Murmuró la pelirroja. Neville tomó uno de sus mechones que circunvalaban su rostro y jugueteó con él.

- ¿De qué me sirve ser jefe si no puedo disponer de mi propio tiempo?

- Qué muchacho tan irresponsable… te mereces un castigo.





Se inclinó y lo besó en los labios con pasión, a lo cual él corroboró abrazándola y acercándola más hacia sí. El amor hizo desaparecer cualquier noción de tiempo y de espacio, mucho menos de problemas y de lesiones de guerra. Riéndose entre beso y beso, Ginny se encontró de repente apoyada contra la mesa, en una postura incómoda de la cual, sin embargo, no se quejó. Adoraba el rubor en el rostro de Neville, cómo sus ojos no se desviaban de los suyos, la intimidad de sus caricias...





- Hay una habitación libre inmediatamente después de subir la escalera, a la derecha, en el primer piso. – Comentó con ligereza la melódica voz de Luna Lovegood. – O pueden proseguir, pero avísenme así cierro la puerta.





La pareja se distanció, acomodándose innecesariamente la ropa por la vergüenza. Habían olvidado que se encontraban en la cocina de la Orden en el arrebato de cariño.





- Si están interesados, la hija de Tonks y Remus acaba de nacer, con veintinueve semanas de vida, es decir, prematura. Sin embargo, está saludable y estable. – Luna sonrió vagamente, como si la noticia que les había brindado no fuese un verdadero júbilo. – Pero han decidido internarla, para mayor seguridad.

- ¿Ya le han puesto nombre? – Preguntó Neville con nerviosismo. Ginny rió, sabiendo que estaba intentando olvidarse del accidente anterior.

- Hannah, Hannah Lupin.





***





Fortaleza de la Orden Oscura

1 de febrero de 2005

Horario: seis y cuarto de la tarde






Enero había sido un mes delicado. La vida en la Fortaleza se había vuelto inconsistente desde el ataque al Callejón Diagon, dado el conflicto de intereses entre Hermione y Voldemort. Ambos habían accedido con hostilidad a una tregua por la cordura de Filldeserp, pero cada vez que la ex-aurora y el Dark Lord se cruzaban, la temperatura de la habitación descendía considerablemente.



Mientras tanto, la recuperación de Filldeserp había sido un proceso lento. Más allá de las heridas físicas, que para el día siguiente ya habían desaparecido sin rastros de una cicatriz, lo más grave había sido el efecto en la magia del heredero. Se había tornado voluble, reaccionando en momentos inesperados y con una violencia brindada por el propio descontrol de las emociones centralizadas. Incluso tras una sesión de oclumancia avanzada, Filldeserp continuaba necesitando reposo en el aspecto mágico.



Según Phinehas, quien era el único que había podido hacer un análisis de la situación, la magia se había consternado frente a los dementores, el propio caos emocional de Filldeserp y la impotencia de su elemento. Sumado a eso, su condición física: las heridas sufridas en los duelos y la insuficiencia de descanso previa al ataque, a lo cual el vampiro había admitido cierta responsabilidad.



Voldemort no había estado satisfecho, pero Hermione se había sentido terriblemente culpable. Había intentado hablar de lo sucedido con Harry, mas el joven se negaba a conversar sobre la contienda entre su padre y su esposa, quien no había cesado de disculparse en cada ocasión pertinente que surgía.



Hermione aún estaba conmovida por las palabras y la intención detrás del acto de interponerse entre la maldición y ella. Estaba segura que, de no haber estado embarazada, Harry aún la hubiera protegido con su propia vida, pero el hecho de que valorara a su hijo, su familia… probablemente nunca olvidaría la forma en la que sus ojos la habían penetrado en aquel momento. Más allá de la utilidad de su hijo, lo había hecho por amor. No era sorpresa que todos los mortífagos e incluso Voldemort se hubieran quedado de piedra frente aquella declaración.



Aquel acto de sacrificio había sido más poderoso que el más vigoroso de los escudos.



Podría imaginar el rostro de Dumbledore de haberlo atestiguado.





- ¿Qué sucede, Hermione? – Le preguntó Filldeserp, desviando su atención del libro que había estado leyendo para mirar a su esposa. – Llevas varios minutos observándome.





Hermione se mordió el labio inferior, recostándose en su confortable silla. Se encontraban en una de las salas de reunión, aguardando la hora que habían acordado juntarse con los elementales aliados. Insegura de revelar sus auténticos pensamientos, le dedicó una débil sonrisa.





- Nada en especial… tan sólo estaba soñando despierta. – Harry alzó una ceja inquisitivamente.

- Parecías bastante afligida.

- Es que… - Suspiró, sabiendo que ya no podría mentir. – Estaba pensando en Dumbledore.

- ¿Qué hay de él? – Cuestionó con frialdad. Últimamente, cualquier mención del anciano profesor irritaba a Filldeserp, quien continuaba negándose a relatar lo sucedido en su duelo.

- Simplemente… me pregunto qué habría dicho de haber contemplado…





Filldeserp cerró el libro con brusquedad, frenando su respuesta. Sus ojos escondían un odio arraigado.





- Hubiera afirmado que ese es el poder. Que el lado oscuro no es el lugar al cual pertenezco. – Murmuró, siseando con asco las palabras. Hermione abrió la boca para opinar, pero tras ver su expresión, desistió. – Voldemort tiene razón. Todo esto no debería haber sucedido.

- ¡No empieces tú también! – Exclamó Hermione, encolerizada. - ¡Amar no es malo! Las circunstancias no estuvieron a tu favor, fue eso nomás.

- Dumbledore podría haberme asesinado de haberlo querido, Hermione. – Contestó Filldeserp, poniéndose de pie. – Y eso no es lo peor… - Él miró la palma de su mano con rencor. – Podría haberlo destruido todo. Podría incluso haber matado a mis aliados. En una misión horrorosamente simple.

- Harry…

- ¿Acaso no lo entiendes, Hermione? – Le preguntó, enfurecido. – Podría haberte asesinado si hubieras estado allí. Soy un peligro para nuestra Causa… soy un enemigo para nuestro propio futuro…





Hermione no soportó ni una palabra más. Lo cacheteó con dureza.





- Eres tú quien no lo entiende, Harry. Me da igual cuán inestable sea tu elemento, me da igual cuán peligroso puedas ser… eso no es lo que eres. Aún en estado crítico, te apareciste enfrente de mí y me protegiste. Eso es lo que en verdad eres, Harry. Humano. Cometes errores, terribles errores, pero, ¡eso no es lo más transcendental! Son nuestras elecciones y decisiones las que nos definen, más allá de nuestras habilidades, ¿recuerdas? Lo que hace significativo esto es que podrías haber elegido arruinarlo todo, y sin embargo estás aquí, con remordimientos. Es eso lo que Voldemort no comprende. Cada uno decide qué clase de persona desea ser.





Hermione se arrimó a él y le acarició con suavidad la mejilla que acababa de abofetearle. Cerró los ojos y se apoyó en su hombro, inhalando la fragancia de su esposo, el hombre al que amaba con todo su alma.





- Juntos lograremos salir adelante. – Susurró en su oído. Harry suspiró y la rodeó con sus brazos por la cintura.

- Prométeme que no volverás a disputar contra Voldemort.

- No, Harry. De ser necesario, lo reiteraría.

- Hermione…

- No te prometeré algo que no voy a cumplir, Harry. – Se separó de él para mirarlo a los ojos y transmitirle su sinceridad. – Ese hombre ya te ha maniobrado lo suficiente. Sé que incluso no están completamente unidos por la Causa, así que no tiene sentido que me mientas…

- ¿Cómo…? – Preguntó Filldeserp, atónito por el alcance de su conocimiento.

- No importa cómo. ¿Cuándo pensabas comunicarme que tienes tu propio séquito, Harry? ¿Cuándo pensabas decirme que te estás alejando de él?

- No es tan así, Hermione…

- ¿Crees que no me he percatado de tus viajes diurnos, Harry? Algo estás preparando. El vampiro tiene algo que ver, ¿cierto? – La expresión en su rostro pálido cambió, cobrando mayor seriedad.

- Es peligroso, Hermione. No deberías saber de ello…

- El pacto que hiciste con la Muerte… - Hermione no pudo contenerse y acarició el lugar donde imaginaba estaría la marca latente. Cailean le había informado de ella. – No resultó cómo esperabas. ¿Qué le solicitaste para que quisiera vengarse de aquella forma? – Filldeserp cerró los ojos, negando vagamente con la cabeza. - ¿Qué tienes pensado con los Lukyan? La niña… ¿qué…?

- Por favor, Hermione. – Insistió Filldeserp, callándola. – Espero que no hayas hablado de esto con ninguno de los mortífagos. Si la Orden llegase a…

- ¿Qué tiene que ver con la Orden? – Filldeserp resopló, exasperado.

- ¡Todo, Hermione! El origen mismo de la niña… es de rebelión

- ¿No es hija de Dymtrus? – Preguntó Hermione, turbada por aquella revelación. – Entonces… ¿es hija de alguien de la Orden?





Palideció ante la posibilidad. Filldeserp había secuestrado a una niña y la había colocado en una familia aliada para cumplir con sus propósitos… había sido capaz de desmantelar una familia, cuando él mismo había privilegiado a su hijo sobre la furia de su Lord…





- No exactamente nuestra Orden, sino una Orden Revolucionaria… extranjera. La Illegitimi non carborundum…





España.

“¿Cómo está tu familia, Lukitas? … Pronto será el aniversario de la muerte de tu querida esposa Sara, ¿no? Y de tu pequeña… ¿Cecilia era su nombre…?”





- De Santos… - Filldeserp asintió, suspirando con pesar.

- La misión original era asesinar a su familia, como premio a su constante oposición a nuestra infiltración en su país. Primero matamos a su esposa, en una ofensiva al ministerio español… tres meses después, secuestramos a su hija bajo su propia nariz.





Filldeserp sonrió con aflicción, como si aquel momento hubiera sido un gran triunfo que le provocaba, ahora, gran amargura. Sus ojos se habían perdido en los recuerdos, dado que su semblante demostraba una gran añoranza. Ya no miraba a Hermione.





- A los pocos días de tenerla bajo nuestro control, uno de los mortífagos decidió torturar a la niña… entonces, su magia reaccionó accidentalmente. Cinco años de edad... y su primer indicio elemental. – Soltó una risa vacía, enunciando una mezcla de orgullo y desgracia. – Seguramente ya lo sabes, con todo lo que has leído sobre tradición… si tu elemento se exterioriza antes de que hayas cumplido los quince años, debe buscarse un elemental adulto para que sea tu tutor hasta que domines la magia. En ciertas ocasiones, el elemento elige por sí mismo, en su gran sabiduría… Así, automáticamente, al encontrarme en la habitación durante su pequeña exhibición accidental, su magia me reconoció como su tutor. Ya no podía asesinarla, y no lo hubiese hecho aún si no estuviese bajo mi cargo. Los elementales debemos cuidarnos, no extinguirnos entre nosotros. Debía colocarla en una familia aliada, pues de ninguna manera De Santos era una posibilidad y yo no estaba dispuesto a encargarme directamente de ella…





Filldeserp sonrió con tristeza. Contempló las palmas de sus manos con gran impotencia, desafiando aquella presión que le había obligado a tomar aquella decisión. Hermione dudaba que se arrepintiera, mas seguramente hubiera deseado nunca tener que manipular una vida tan inocente de aquella manera. Se debía sentir un reflejo de Dumbledore, controlando el destino de una criatura que, en su ingenuidad, esperaba lo mejor de él.





- Borramos sus memorias y las sustituimos por los estímulos pertinentes. En cuanto a De Santos… preferí no conservara ninguna esperanza y le otorgamos un cuerpo, copiando los datos de ADN… ya conoces el método de engaño.





Hermione se dejó caer en su silla, imaginando el dolor de aquel padre. Su hija estaba viva, y él la creía muerta. Había perdido todo frente a una guerra que no era suya y, sin embargo, perseveraba en combate, aún cuando su país se hubiese proclamado nuevamente neutral, como tanto él había insistido en primera instancia. Quizás lo movilizara el sentimiento de venganza o de justicia por la vida de su familia; quizás lo hacía en honor a ellos.



Pero su hija estaba viva, siendo criada por una familia enemiga, sin recuerdo alguno de su padre y admirando a su tutor, quien era la causa de la fragmentación de su antigua estructura familiar.



Antes de que pudiera opinar al respecto, ingresaron a la sala los elementales que Filldeserp había citado, entre los cuales se hallaban Dymtrus y Sheila. Hermione logró suprimir un sollozo al observar a la niña detenidamente por primera vez. Aquellos ojos verdes opacos debían de ser herencia de su madre, dado que ninguna remembranza guardaba con los negros de su padre. Sin embargo, su piel morena, su nariz, su sonrisa… eran idénticas a las de Lucas. Sus bucles eran de un rubio tan oscuro que Hermione no podía comprender cómo había supuesto que eran legado del rubio inconfundible de Dymtrus. Nada la unía a los ucranianos, salvo su memoria montada.



Y una vida de servidumbre.





- Milord, Lord Voldemort solicita que se reporte inmediatamente después de esta reunión en su despacho. – Enunció Alice con estoicismo, ubicándose en su recurrente asiento. – Al parecer, se presentó algo imprevisible en Alemania y el Lord debe viajar con Phinehas.

- ¿Viajar a Alemania? – Dijo Filldeserp, recobrando su postura y frunciendo el entrecejo. Le dirigió una mirada de advertencia de soslayo a Hermione.

- El Lord habló de una profecía, señor. Phinehas tiene la certeza de que le atañe a usted.

- ¿Y por qué entonces será Voldemort el que vaya a investigar? – Indagó Hermione con desconfianza, sin poder reprimir el impulso.

- Por la probabilidad de que su esposo sufra una recaída en el viaje, imagino, milady. – Replicó Alice, su tono rozando la ironía.





Hermione se ruborizó por la bravura de aquella mujer e iba a comunicarle su parecer cuando Filldeserp situó una mano en su hombro y la silenció. Entendió entonces, por la manera en la cual cerró posteriormente el tema, que Alice era leal a Voldemort, aún a pesar de las apariencias.



La Orden Tenebrosa era una gran red de caretas y retruques que todavía no estaba preparada para conocer. Y en aquella red, crecía una niña inocente, que quizás jamás sabría que estaba predestinada a enfrentarse a su padre en el campo de batalla.





- Si esa es la decisión del Lord, no debemos cuestionarla. De todas formas, no es el asunto que nos concierne en esta comisión...





***





Cuarteles de la Orden del Fénix

3 de febrero de 2005

Horario: nueve y cincuenta de la noche






Los planos yacían olvidados sobre la mesa. La puerta estaba cerrada con un encantamiento, que también imposibilitaba la transmisión del sonido. Los únicos presentes en la habitación permanecían distribuidos y en silencio, casi como si estuvieran meditando. Por un lado, Javier Martínez estaba de pie junto a la puerta, reposado contra la pared; Francisco García estaba cruzado de brazos e inclinado en su silla, con los zapatos sobre la mesa, mientras Lucas De Santos revisaba algunos de los pergaminos. Sus reuniones eran frecuentes, especialmente debido a que debían realizar los informes para la INC en España. Además, solían debatir sobre ciertos de los aspectos abordados por la Orden del Fénix, para decidir un curso de acción conjunto.



No obstante, y este detalle Albus Dumbledore lo ignoraba, también consagraban movimientos independientes de la Orden. Eran más que nada movimientos políticos, dado que tampoco tenían los recursos para intervenir en un campo de batalla sin la Orden. Por ahora.



El Contacto se había comunicado con ellos en ocasiones anteriores, notificándoles de detalles que no siempre mencionaba frente a la Orden. Posiblemente se debía a que, de haberlo hecho, algunos de sus miembros hubieran deducido con facilidad su identidad, y ese era un secreto que el Contacto no estaba dispuesto a diseminar. Sin embargo, no teniendo los españoles demasiado conocimiento sobre todas las personalidades de la Orden Tenebrosa ni tampoco estando demasiado interesados en ese detalle, existía una mayor confidencia entre ellos.



Aquel día era una de las fechas asignadas para tratar con el Contacto. No tenían muchas esperanzas de obtener información relevante, pero aún así no despreciaban las pequeñas pizcas de información, especialmente las vinculadas con Filldeserp y su estado de salud.



Su método de enlace era distinto al que manejaba la Orden. Cualquier objeto que funcionara directamente como canal de diálogo podía ser detectado por los Dark Lords en un momento de descuido. En cambio, el Contacto les había proporcionado un pensadero, de características inusuales. Las únicas memorias que podían ser colocadas eran las del propio Contacto, que no necesitaba estar cerca del objeto para estacionar sus pensamientos en él. Debía de existir una conexión (por medio de algún encantamiento) que enlazara al Contacto con el pensadero de manera incondicional. Transcurrida una hora desde la introducción de la nueva memoria, ésta se evaporaba, dejando al pensadero vacío e inútil, sin ningún tipo de residuo mágico que les permitiera rastrear la ubicación del Contacto.





- Me encuentro ansioso. – Comentó Francisco con ligereza, manteniendo su posición.

- ¿Insomnio? – Preguntó Javier, haciendo una mueca.

- No. Es como si… - Respiró hondo, cerrando los ojos. – Como si tuviera un presentimiento.

- ¿Malo o bueno?

- No seáis supersticiosos. Seguramente es por el poco movimiento que en estas semanas el Lado Oscuro exhibe… estamos demasiado pendientes. – Gruñó De Santos, sin elevar los ojos de su objeto de lectura. Francisco se encogió de hombros.

- Sin Filldeserp estable, han perdido a su gran comandante.

- No lo creo. – Murmuró De Santos. – Su atención está en otro lado… Por ejemplo, aún no sabemos cuál fue el propósito de su visita de Gringotts. Está claro que el ataque no era lo más relevante.





Callaron. La falta de respuestas y soluciones a la guerra les estaba impacientando. Llevaban varios meses en Inglaterra, sin alcanzar resultados. En España no podrían haber hecho demasiado, pero sentían como si tampoco estuvieran en verdad colaborando en Inglaterra. Todo parecía inútil cuando no podían evitar, al menos, la matanza de vidas inocentes.



Súbitamente, el pensadero, ubicado a un extremo de la mesa, vibró y una sustancia tenuemente etérea apareció en él, brillando de una manera fantasmagórica. Los tres españoles se dirigieron hacia el objeto y, tras compartir una mirada silenciosa, se internaron en su contenido.



Como siempre sucedía, la memoria era nublosa. Nada se distinguía. Aún si caminaban, nada cambiaba. Todo se mantenía cubierto de niebla, alterado forzosamente por el Contacto. Por unos instantes sólo hubo silencio hasta que una voz distorsionada, pero burlonamente siseante, comenzó a resonar en aquel vacío.





“Buenas noches, caballeros del mio Cid. En esta velada les ofreceré un gran banquete. He trabajado arduamente para que todo fluya a la perfección, por lo que no duden de la autenticidad de mi fruto.”





Javier entornó los ojos. Un doble agente nunca era auténtico a nada, salvo a sí mismo.





“En primera instancia, el rey ha partido de su dominio en busca de un oráculo, en una tierra austera del continente. El príncipe ha quedado a cargo.”



“Los nobles chismean alrededor del vientre de la princesa. Ha perdido el favor del rey y muchos aguardan por la reacción del príncipe, a quien presionan para que gesticule.”








El distanciamiento entre Lord Voldemort y Hermione Granger no era novedad. El contacto ya lo había mencionado durante una de las reuniones de la Orden, mas aún persistían aguardando alguna exhibición de Filldeserp que aseverara su decisión, ¿su Lord o su esposa?





- ¿Ha dicho un oráculo? – Murmuró Francisco, frunciendo el entrecejo. - ¿Qué querrá decir con eso?

- Más me preocupa la confirmación de que Granger esté embarazada… - Dijo Lucas. – Está claro que no fue casual su elección del momento. ¿Por qué ahora, en plena guerra? ¿Acaso temen la extinción de su linaje?





“Los comedores de muerte se descuartizan, cada vez más palmariamente”





- Era de esperarse. Lo sucedido tras el ataque al callejón Diagon funcionó como detonante… aquellos a favor de Voldemort no tolerarán que una sangre sucia lo haya desafiado y que su propio heredero la haya protegido, en contra de los deseos de su Lord. – Musitó Javier.

- Pero tampoco le conviene a la Orden Tenebrosa disgregarse justo ahora…

- Por eso Filldeserp no ha hecho ningún movimiento. – Concluyó De Santos.







“Tengo un obsequio para uno de ustedes, caballeros. Alguien a quien largamente han considerado perdido ha revivido del olvido, con sus ojos verdes y sus mechones blondos… Todo este tiempo fue ocultada por el príncipe, queriéndola reclutar en su ejército cuando alcance la pubertad pues aún infanta es. De su boca lo he oído y él no me zurciría.”





- ¿Qué rayos…? – Murmuró Francisco, pero fue interrumpido por la voz, que esta vez no efectuó pausa entre discursos.





“Mapa he dibujado de su reino, mas no he podido burlar a sus guardias. Entregárselos por un leal mensajero habría de, pero prefiero una conferencia personal, para que puedan reputar mis afirmaciones. Confío en que ustedes, mis nobles caballeros, podrán saltear a los guardas en el próximo cuarto creciente. Con el barbudo he de platicar también, pues su espada necesitarán. No desperdicien la oportunidad, porque la niña santa ha de marchar en la luna llena.”



“Su mote es aquel de la pequeña ceguera, si acaso ordenan más datos.”






- ¿Por qué habríamos de entrar a la Fortaleza? ¿Para salvar a una niña desconocida? - Preguntó Francisco.

- Debe tratarse de una trampa… - Acotó Martínez.

- Salvo que tenga algún mensaje connotado. – Murmuró nuevamente García. – Quizás no se refiere a una niña literalmente. ¿Ojos verdes, cabello rubio? ¿Santa? ¿Ceguera?





Bruscamente fueron expulsados del pensadero. Francisco y Javier aterrizaron de pie, pero Lucas cayó al suelo, donde permaneció inmóvil, con la mirada perdida. Sus amigos tardaron en darse cuenta, aún absorbidos en su discusión, pero en cuanto lo divisaron se arrodillaron a su lado y empezaron a sacudirlo y a aplicarle encantamientos vivificadores, pues parecía haber entrado en shock.



Luego de largos minutos, cuando ya habían empezado a meditar la posibilidad de pedirle ayuda a la Orden, Lucas reaccionó, aferrándose a sus brazos con una fuerza inesperada. Su piel morena había palidecido de sobremanera, pero poco a poco empezó a recomponerse.





- Mi niña, Francisco… - Murmuró, casi indiscernible. – Mi Cecilia…





Francisco y Javier intercambiaron miradas agobiadas. Un tenso silencio se ubicó sobre ellos mientras así, prácticamente abrazados, procesaban aquella conjetura.





- No puede ser, Lucas… - Musitó Javier lentamente, mordiéndose el labio inferior. – La viste, con tus propios ojos… la INC verificó que fuera ella… no es posible que…

- ¿Y si se tratara de necromancia? – Cuestionó Francisco, dubitativo. La sola posibilidad hizo estremecer a Lucas.

- “Todo este tiempo fue ocultada por el príncipe”… y si… ¿nos hicieron creer que… era ella? – Susurró Lucas, desmoronado.

- ¡Es una trampa! Sabes que no es posible, Lucas. ¡Era ella! ¡Cecilia está muerta! – Exclamó Javier, sumamente alterado por las circunstancias. - ¡El maldito Contacto está jugando contigo! Seguramente Filldeserp está detrás de esto. Está utilizando tus demonios, Lucas…

- ¡Cállate ya! – El español se puso de pie a duras penas, pero encaró a su amigo. Sus ojos destellaban, pero ni una lágrima había caído. – Ya sé que está muerta… ¿crees que no lo sé? ¡Debí haberla protegido! ¡Debí de haber sido yo, no ella! Me la arrancaron… y Sara… ¿qué hubiera dicho Sara? Dejé que nos robaran a nuestra niña… - Apretó los puños y bajó su rostro, temblando. El dolor era demasiado.

- Lucas, yo… lo siento…

- Pero… todo coincide. No sólo la descripción física… sino… ¿niña santa? Y el nombre Cecilia significa ciega… ¿cómo no puedo evitar asociarlo? Y si… ¿es verdad? ¿Y si Cecilia está viva, de alguna forma, y ellos la tienen? ¿Cómo podría vivir conmigo mismo, sabiendo que no hice nada para salvarla?

- Podría ser una trampa… - Insistió débilmente Javier.

- Lucas… - Francisco se acercó, interrumpiendo a Javier, y tomó a su amigo por los hombros, mirándolo fijamente a los ojos. – El Contacto dijo que nos dará una… conferencia personal. Allí podremos enunciar nuestras dudas… y Dumbledore seguramente tendrá algo para aportar, también. Si aún después de eso continúas creyendo que existe la mínima posibilidad de que sea ella… entonces… - Respiró hondo y le sonrió, intentando transmitir fuerza. – Entonces, y lo juro por mi magia, te acompañaré hasta el último rincón de la Fortaleza y la recuperaremos, Lucas.





Posteriormente Javier se aproximó también y con una débil sonrisa, también apoyó su mano en el hombro de su amigo. Otra vez el silencio se posicionó entre ellos, pero esta vez ya no tenían nada más que decir. El miedo, la desesperación, el dolor y la incertidumbre los ahogaba.



Mas los unía una mínima posibilidad; una pequeña esperanza ciega.



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