Historia al azar: La otra oportunidad de Tom
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Laguna Estigia » Capítulo 12 - Segunda Parte
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 12 - Segunda Parte



***


Fortaleza de la Orden Oscura
2 de noviembre de 2004
Dos y cuarto de la madrugada




- Este castillo es definitivamente idóneo para ser centro de operaciones del círculo de Lord Voldemort. – Murmuró Phinehas mientras contemplaba sin reservas el dichoso lugar. – Oscuro, confuso y… - una sonrisa peligrosa se delineó en el pálido rostro del vampiro. – ensangrentado.


Filldeserp sólo asintió a la descripción, sin especificar su inclinación. Por unos momentos, dado el tenso silencio, sus pasos resonaron extraviados en el corredor, anteriormente repleto de actividad. A aquellas horas de la noche, era entendible que nadie anduviese por los sectores inferiores de la fortaleza, es decir, las mazmorras de los prisioneros. Difícilmente alguien ingresaba allí de día por voluntad propia.

Las paredes poseían marchas de sangre, de imágenes abstractas, cerca de las puertas de hierro. Eran gestos dramáticos que Voldemort exigía a cada nuevo prisionero: debía renovar la marca con su propia sangre, hacer suya la celda. Por supuesto que el vampiro se excitaría ante tales ademanes. Nada los tentaba ni los descontrolaba más que el aroma a sangre.

Sin embargo, Filldeserp no pudo reconocer ni una pizca de miedo en su interior. Simplemente observó, casi desinteresado, cómo los colmillos del conde se prolongaban frente a la provocación y cómo sus ojos adquirían un brillo maniático cuanto más cerca se hallaba de víctimas con vida y sangre corriendo en sus venas.

Era una visita casual a las mazmorras para que el conde se cerciorara de la calidad de su banquete, y el de sus acompañantes, durante las próximas semanas. Había solicitado expresamente la presencia de Filldeserp, que como buen anfitrión había aceptado, aún sabiendo que se trataría de otra maniobra para intentar manipularlo en sus redes.

Se preguntaba cuándo los humanos, criaturas oscuras y dioses se darían cuenta que él estaba más allá de su alcance.


- En lo personal, empiezo a añorar mi hogar en mi querida Deutschland. No es tan distinto y, no obstante, lejos de nuestra tierra natal, no existe nada que se le compare.
- Los lugares en los que nos desarrollamos son tan parte de nosotros como las personas con las cuales nos relacionamos. – Musitó Filldeserp, siguiendo la conversación por inercia.
- Y sin embargo, ninguno de los dos, ni lugar ni personas, son en verdad nosotros. Es por eso que podemos distanciarnos de ellos y superarlos, bajo ciertas condiciones temporales.


El heredero de Voldemort calló. Las palabras lo traicionarían si continuaba por ese rumbo.

Extrañamente Phinehas sonrió complacido, esperando aquella reacción. Sus ojos se desviaron, para que su atención no se concentrara sospechosamente en el joven. Su habilidad en la política se destacó en aquel preciso instante por su forma de retomar la conversación.


- He escuchado susurros entre estos muros… que confieren de un heredero sin piedad y con una creatividad inimaginable a la hora de abordar torturas para los traidores y enemigos.


Se detuvo frente a una de las puertas; su mirada fija en la nube de sangre que corrompía su negrura.


- ¿Podría solicitar una demostración, Lord Filldeserp? No me malentienda, no dudo de sus dones, pero en una noche como ésta, esos dinamismos me harían sentir un poco más a gusto. Más cerca de mi hogar, entenderá a lo que me refiero.


Sus ojos vacíos evaluaron el precio a pagar por un producto cuya dimensión desconocía; la oscilación duró un instante en el cual con su magia desactivó la cerradura de la celda, cuyo leve sonido penetró el silencio que había caído sobre ellos. Había ocasiones en las que había que ceder para poder obtener algo mucho mayor a cambio.

¿Qué era un momento más de dolor y gritos? ¿Cuál era la diferencia?

Con un gesto elocuente, le indicó al Conde Phinehas que ingresara al lugar. No variaba mucho en aspecto al resto de las mazmorras, sólo que tenía el accesorio de los grilletes y tres humanos dentro, de los cuales uno solo estaba consciente. Al verlos entrar, empezó inmediatamente a emitir insultos, que Filldeserp debió confesar no eran demasiado originales. Era increíble como la gente podía llegar a sentir un odio tan profundo y no saber cómo expresarlo en palabras…

Ambas criaturas oscuras sonrieron con perversión ante la situación. El humano enmudeció, detectando que sus palabras sólo eran un ruido fastidioso para sus espectadores. O quizás fue la tensión de la magia oscura sobre su cuerpo, provocando que se paralizara por el terror.


- Adelante, Conde Phinehas. Le presento la entrada del día. – Dijo Filldeserp, con un humor agrio. El vampiro, no obstante, tenía otros planes.
- Preferiría que primero tuviera lugar la condimentación del plato, si no es mucha molestia, Lord Filldeserp. Eso acrecentará mi apetito y podré disfrutarlo en mayor calibre.


El heredero de Voldemort prefirió no pronunciar comentario al respecto. Después de todo, un vampiro tenía siempre un apetito voraz por la sangre, y no necesitaban ser tentados para acceder a él. Mas contradecir al Conde sería visto como una falta muy grave a sus modales como anfitrión, especialmente cuando se pedía tan pequeño sacrificio a cambio.

Examinó a su futura víctima con ojos frívolos mientras se iba acercando a él, trazando en su mente todo el proceso de tortura adecuado.


- ¿Crudo o cocido, mi estimado conde?
- Cocido. – Respondió el vampiro, sin titubear.


Dagas se materializaron en sus manos y por un instante, toda su atención estuvo centrada en ellas, admirándolas con un aire profesional. Una sonrisa despiadada se enunció en su rostro al mirar directamente a los ojos a su víctima, cuyo espanto y anticipación eran palpables. Su muerte estaba sellada.

Al principio, las dagas simplemente desfilaron sobre el cuerpo del prisionero, en un patrón incierto y desinteresado. El maldito humano no dejó de chillar y gritar de dolor, aún cuando aquel sufrimiento era trivial comparado con lo que le esperaba. No aplicó un hechizo silenciador sobre él porque pudo apreciar cómo Phinehas se regocijaba con cada par de cuerdas vocales que se desgarraba.

Convocó a su elemento a la superficie y lo concentró en las armas blancas, que pronto se tornaron candentes. Locura debió destellar en sus ojos, porque su víctima se presionó contra la pared, en un intento infructuoso de alejarse de él, al mismo tiempo que no paraba de negar con la cabeza, suplicando sin sentido. No se requería un Cruciatus para quebrar la cordura de algunas personas, a fin de cuentas.

Las dagas recorrieron el mismo trayecto nuevamente, esta vez quemando la carne y los músculos que se encontraban a su paso. Un aroma nauseabundo, una mezcla de sangre, mugre y cenizas, empezó a asediar la celda. Filldeserp no aminoró su tarea al percibirlo, ni se preocupó por él.

Sangre infamó el suelo. Sangre infamó las paredes. Sangre infamó sus ropas. Las dagas seguían despedazando y calcinando, y simultáneamente el mago oscuro manipuló la sangre dentro del cuerpo y la impulsó a salir de él, de aquella prisión superflua, y a desparramarse por el lugar. La expresión en el rostro del Conde lo decía todo: estaba encantado con aquella morbosa ceremonia. Sus colmillos se habían prolongado y el brillo de sus ojos sólo podía personificar sed y lujuria.

Con una sonrisa pérfida, terminó su labor. El cuerpo de la víctima permaneció insensible contra la pared, sostenido sólo por las cadenas. Allí la obra de arte, anteriormente una imagen vana en la mente de Filldeserp, se había hecho realidad. Todo el tronco del cuerpo de la víctima había sido empleado como materia prima para representar legítimamente el escudo de la familia Henkel.


- Su ingenio es, sin duda, imponderable, Lord Filldeserp. Le agradezco el detalle. ¡Si mi familia pudiera ver esto! – El vampiro se relamió los labios. – Proseguiré a cenar, si me lo permite.
- Por supuesto.


Phinehas se aproximó al cuerpo, aún vagamente vivo. Con una cautela que refrendaba el respeto que tenía por el trabajo realizado, acarició las heridas que conformaban el escudo de armas. Los dedos manchados de sangre fueron lamidos y el sabor debió ser dulce y óptimo, pues el vampiro se posicionó en el cuello del mortal casi de inmediato. Clavó sus colmillos allí y succionó, cerrando los ojos y consintiendo que la corriente de placer lo anegara.

Tal fue su intensidad que Filldeserp pudo sentir la coacción contra sus barreras mentales, algo sencillamente imposible porque su inconsciente se encargaba de reprimir todo agente externo que quisiera influenciarlo a aquel nivel. Pestañeó, aturdido, cuando un suave crack se escuchó en las profundidades de su mente. Instantes después, a pesar de todos los muros presentes que pretendieron resistirse, cayó de rodillas, víctima de una corriente de placer irrefrenable que se filtró por la pequeña fisura.

Junto con el placer, surgió un deseo inhumano por beber sangre. Sus sentidos se agudizaron y pudo oír las débiles pulsaciones del corazón de un mortal a pocos metros, además de sentir aquel aroma delicioso que sólo aumentó su avidez. Todo careció de sentido hasta que aquella sustancia no estuvo en sus labios y siendo debidamente ingerida. El placer se duplicó y perdió noción de la realidad, descarriado en aquellas sensaciones carnales.

Entumecido, recobró la conciencia minutos después. Se hallaba arrodillado al lado del cadáver, que en algún momento había sido liberado de sus cadenas y depositado sin delicadeza en el suelo. Su boca se encontraba a pocos centímetros del estómago, donde una de las mayores lesiones se había centralizado. Sus manos rozaron sus labios y sangre fresca se desprendió de ellos.

Phinehas se arrodilló a su lado con una sonrisa plácida. De no estar tan anonadado, hubiera reaccionado y hubiera convocado a la Oscuridad para hacerle saber que consideraba roto el pacto de hospitalidad. Dudaba que fuese una petición aceptada, ya que a los ojos de cualquier criatura oscura, el gesto de Phinehas habría sido considerado un halago, y no una ofensa. Pero Filldeserp lo resentía, especialmente por los estragos que había provocado en su mente. Pasarían horas hasta que sus barreras mentales se reestabilizaran…


- Espero que mi regalo haya sido satisfactorio. Después de todo, qué conde miserable sería si no supiera agradecer tanta dedicación… Además, cenar solo me causa una gran congoja… Prefiero compartir tan deleitable banquete.


Filldeserp optó por el silencio para no ser grosero. Además, difícilmente podría formular palabra alguna en aquel estado. Phinehas no pareció ofenderse por su falta de respuesta; por el contrario, tomó el mentón del mago y lo elevó lo suficiente para que sus ojos estuviesen a la misma altura. Los contempló con apego, pudiendo advertir a través de ellos algo que lo contentó en demasía.


- Hoy te he otorgado otra memoria para analizar. Anhelo que te haga recapacitar en tu elección. Mi gente tiene muchas cosas que ofrecerte, más allá de este placer… pero me pareció idóneo mostrártelo, para que pudieses conocer mejor las profundidades de los sentimientos y capacidades de un vampiro. Tus barreras mentales pueden ser impresionantes, pero más es nuestra habilidad para la empatía y el hipnotismo. Ni siquiera el regalo que te otorgó Voldemort en tu último cumpleaños podría contrarrestarlo… En cualquier momento puedo hacer caer tus barreras y hacerte aceptar mi propuesta… sin embargo, considero que algo así debe ser elegido por voluntad propia. Pero no te engañes… puedo cambiar de opinión fácilmente.


El vampiro sacó del bolsillo de su túnica un pequeño frasco con una pócima, cuyo color era un rojo tal que le hizo recordar aquella sustancia que acababa de beber, y quiso vomitar. Mas el vampiro no le permitió continuar con aquella línea de pensamiento y le ordenó que bebiese el frasco. No pudo oponerse y pronto el líquido estuvo dentro de su organismo.

Se sentía tan impotente, tan débil. Su mente era un tumulto incontrolable y su cuerpo apenas le respondía. Cerró los ojos, arriesgándose a ser atacado por el vampiro, pero eso ya no importaba. Necesitaba recuperarse cuanto antes. Gimió cuando una arcada lo asaltó sorpresivamente e intentó tranquilizarse, respirando hondo repetidas veces. En la lejanía, sintió como una mano, totalmente foránea, se apoyaba en su espalda y le efectuaba masajes. Fue entonces cuando la pócima que había consumido empezó a hacer efecto: su mente se aclaró y su cuerpo comenzó a reaccionar. Poco a poco fue recuperando los sentidos y su estómago dejó de convulsionarse.


- Estos síntomas son exclusivamente consecuencia de la exposición a la corriente… tu cuerpo mortal no puede resistirlo. La poción te ayudará a recuperarte más rápido. De lo contrario, podrías llegar a estar días indispuesto.


Filldeserp apretó los dientes. Desde un principio Phinehas había programado aquello… Voldemort estaría furioso. Y lo peor era que no podrían reprocharle nada.

Una punzada de placer estremeció su organismo.


- Ah, me olvidé comentarte… por varios días sentirás los ecos de la corriente. Las sensaciones serán mucho más intensas, especialmente las gratas. Encontrarás, cuando te hayas recuperado, que el placer de los mortales no puede compararse a esto…


... Así que Phinehas ansiaba que Filldeserp le suplicara por más de aquel espléndido tratamiento.

Maldito sería Filldeserp si se vendía por un precio tan bajo.


***


Su sorpresa fue inmensa cuando al ingresar a sus aposentos, con la ilusión de dormir unas diez horas al menos para recomponer sus barreras, se topó con una joven cómodamente sentada en uno de los sillones de la sala principal. No solía tener visitas. De hecho, no eran visitas, sino conferencias programadas o personas cuya presencia solicitaba él mismo. El único que podía tener acceso a sus habitaciones, a parte de él por obvias razones, era Voldemort.

Hermione dejó de prestarle atención al libro en su regazo y alzó la mirada para sonreírle. Por un momento, la imagen lo distrajo de su actual condición de debilidad, pero no tardó en recordar su cansancio y acomodarse en el sillón enfrentado al de Hermione, antes de que la muchacha pudiese levantarse a saludarlo propiamente. Le observó con preocupación, percibiendo su extraño estado, aunque él la obvió, quitándose la túnica negra y apoyándola en el brazo del sillón.


- ¿Estás bien? – Cuestionó ella, olvidando el libro sobre la superficie del sillón y arrodillándose enfrente de él.
- Cansado. – Murmuró Harry, cerrando los ojos y recostándose. Imaginó el entrecejo fruncido de Hermione y se enorgulleció de haberlo podido captar a la perfección.
- Será mejor que vayas a descansar, entonces. Lamento haberte importunado…
- Nada de eso. Me alegra que… estés aquí… - Su mano buscó, a ciegas, la de Hermione, que descansaba en su rodilla. La estrechó con cariño. Podía visualizar la mirada incrédula que la Gryffindor le había dirigido, y sonrió divertido.
- Voldemort me lo sugirió… tengo el reporte sobre mis avances con los modales y costumbres de los elementales… y consideró que era lo suficientemente importante como para ser analizado antes de que te retiraras a descansar…
- Lo habría sido, sí…
- Harry… ¿qué sucede? Estás actuando muy…
- Herm…
- ¿Qué sucede? – Su tono de voz era alarmado. Harry abrió los ojos y la observó, sonriendo ampliamente durante todo el proceso.
- Acércate. – Hermione le miró extrañada, pero accedió, incorporándose y haciendo un amague de sentarse a su lado; sin embargo, el fuerte brazo de Harry la condujo a su regazo. La joven se sintió momentáneamente incómoda con la posición, pero tenía otras cosas por las cuales agitarse.
- Harry… - El heredero de Voldemort la contemplaba atentamente. Su mano había pasado a su mejilla, donde la acariciaba con suavidad. – Creo que lo mejor será que llame a Voldemort… definitivamente no estás…
- No lo necesito a él. – Susurró Harry. Su mano había cesado en sus caricias y ahora la sostenía cerca. – Me alegra que estés aquí… - repitió antes de besarla.


No fue un beso normal, inmediatamente Hermione captó la diferencia. Éste estaba repleto de sentimiento, de pasión, y la fuerza con la cual Harry la besaba la hizo jadear por momentos. Era una fuerza casi inhumana. Se sintió intoxicada en tanto frenesí; no supo si por la magia que los rodeaba o por la cantidad de sentimiento que estaban poniendo en juego. Pronto necesitó de aire y tuvo que separarse de aquellos labios que la habían capturado.

No obstante, él no se contuvo. Su objetivo descendió a su cuello, donde empezó a besarla y a morderla con delicadeza. Las manos de Hermione se vieron obligadas a aferrarse a la camisa negra de Harry para no caer. Él no pareció molestarse, aunque en sus labios se había formado una sonrisa traviesa que por un segundo la perturbó. Luego, estuvo muy ocupada disfrutando de las caricias.

Sin ser conciente de sus propios actos, desabrochó la camisa y tímidamente empezó a rozar sus dedos con la piel de Harry. La encontró fría, aunque eso con rapidez se estaba solucionando, y un tanto áspera. El joven la sorprendió examinando fascinada su pecho, lo que ocasionó que se ruborizara, avergonzada. Él rió y acarició nuevamente su rostro, con una ternura que no solía expresar.


- Supongo que fue ingenuo de mí creer que un hombre tan atlético como tú tendría un cuerpo vulgar… - Murmuró Hermione.
- ¿Te intimida?
- Un poco. – Harry definitivamente adoraba el tinte rosado en las mejillas de su amada. – Eres el primer hombre con el cual… errr…
- Te entiendo. – Y sus ojos esmeraldas se lo aseguraban. – ¿Quieres continuar? ¿O preferirías…?
- Quiero continuar… aún no estoy lista, pero… me gustaría… ¿ir aprendiendo…? – Él sonrió, conmovido por su inocencia.


Harry la tomó en brazos y la ayudó a acostarse en el largo sillón. Él quedó encima de ella, con una sonrisa que bajo otras circunstancias le hubiera causado un terrible pavor. Retornó a la administración de caricias en su cuello, aunque pronto sus manos se deslizaron a su cintura, donde se infiltraron por debajo de su blusa. La intrusión la apabulló, ocasionando que su rostro se tornara rojo en su totalidad, pero pronto se acostumbró al tacto ajeno sobre su estómago. En ese momento, Harry encontró un punto sensible que le incitó cosquillas y comenzó a reírse exageradamente, una mezcla de nervios y emociones.

La interrupción no irritó a Harry. Por largos segundos se mantuvo quieto, observándola mientras se reía, y sus ojos brillaron con un sentimiento que Hermione sólo pudo traducir a calidez y amor. Volvió a besarla, esta vez con lentitud y aumentando la fogosidad.

La mente de Harry era un caos de emociones. Cada contacto con la piel de Hermione le provocaba sensaciones de placer que huían fugazmente, acrecentando su anhelo por más. No supo cómo logró controlarse y mantener cierta serenidad, pues cada sonrisa, cada risa, cada caricia de la muchacha lo enloquecía. Al besarla, volvía a sentir un eco de aquella penetrante pasión, semejante a lo experimentado anteriormente al beber sangre. Era tan delicioso que dolía.

Sus barreras mentales habían quedado olvidadas. Se movía por instinto, por los sentimientos, y mucho más sincero de lo que había sido en años. Cada beso, cada caricia, le secuestraba la respiración y le hacían sentir por cada poro de su piel todo el amor que sentía por aquella mujer, cuánto anhelaba protegerla y retenerla en sus brazos, cuánto aspiraba ser la causa de su sonrisa, del brillo de sus ojos...

Saber que era suya, y de nadie más… que sólo él podía causar todos esos sentimientos en ella, y ella en él. Sólo él la hacía estremecerse bajo sus besos, sólo él le provocaba aquel sonrojo, sólo él la exploraba… sólo él era el receptor de aquella mirada tan dulce… suya.

La obsesión por la posesión debió de transmitirse en el beso, ya que Hermione gimió bajo la presión. Codició escuchar más de esos gemidos, y hubiera persistido, si no fuera porque su parte conciente llegó a tomar las riendas momentáneamente. En su mente, algo le decía que se arrepentiría si apresuraba demasiado las cosas… Y que sería mucho mejor aguardar y tener pequeños aperitivos de aquella esencia que lo absorbía y lo encandilaba…


- Será mejor dejar el reporte sobre los elementales para mañana, ¿verdad? – Murmuró Hermione, con los ojos cerrados.
- Evidentemente.


Por unos minutos, permanecieron en silencio, disfrutando el momento de paz.


- ¿Quisieras… permanecer conmigo esta noche? – Musitó Harry con cautela. Hermione abrió los ojos y le sonrió.
- Me encantaría.


Así fue como se levantaron y caminaron hasta su dormitorio. Hermione comentó burlonamente sobre el tono lúgubre del lugar, y Harry se entretuvo durante el dialogo que le continuó, insinuando juguetonamente su irritabilidad con los colores escarlata y dorado. Luego, la joven le solicitó amablemente a un elfo doméstico que le enviase su pijama y se dirigió al baño, para salir minutos después vistiendo el dichoso pijama de color níveo, el cual, según la opinión de Harry, iba muy bien con Hermione.

Por su parte, el Lord no tuvo más que chasquear los dedos y sus ropas se transfiguraron. Hermione fingió mirarlo con cierto recelo y envidia, a lo cual él sonrió con sorna.

No tardaron en ubicarse debajo de las sábanas. Al principio, Hermione prefirió mantenerse alejada, pero se fue tranquilizando al notar que a Harry no le importaba, y continuaba charlando como si no se hubiese percatado de su incomodidad, lo cual era imposible. Con el paso de los minutos, la joven Gryffindor adquirió valor y se aproximó, rodeando el cuerpo de Harry con su brazo y semi-acurrucando su cabeza en su hombro. Podía escuchar su propio corazón latir aceleradamente, pero Harry sólo sonrió más y se inclinó para besarle la frente, gesto que la atestó de añoranza.

Su padre había tenido la costumbre de hacer eso.

Unas lágrimas agrias se escurrieron de sus ojos, pero la sonrisa fija en sus labios no menguó. Harry la estudió con inquietud, mas Hermione sólo negó con la cabeza y se hundió más en su hombro.


- Yo también me alegro de estar aquí… - Susurró.


Se durmió poco después, sintiéndose segura y reconfortada entre aquellos brazos, en aquel lugar donde la fragancia de Harry estaba impregnada en todas las cosas. Incluso en ella.


***


Cuarteles de la Orden del Fénix
5 de noviembre de 2004
Horario: Nueve de la noche



Últimamente los días eran más grises y nublados, y no era debido a la cercanía del invierno, como mucha gente se permitiría pensar. En particular, Neville cada día sentía un frío interior que se iba expandiendo con el paso del tiempo, drenando sus fuerzas y su espíritu. Desde el inicio de Noviembre, lo sentía concentrado en su corazón y nada había funcionado para volver a brindarle su calidez natural.

La razón más inmediata de tal situación había sido la traición de Hermione. Neville no podía negar que había funcionado como detonante de toda su amargura, de toda su desilusión. Al contrario que Ron, Neville no se había dejado engañar por las circunstancias. Cuando Lucas De Santos hizo su reporte, en una reunión urgente de la Orden del Fénix ese mismo primero de Noviembre, Longbottom había sido capaz de asumir la autenticidad de su declaración, si bien aún no encontraba una explicación para la decisión de Hermione.

Ron había perdido toda noción de control, y había comenzado a gritarle a De Santos, culpándolo por no haber podido retener a Hermione. El joven Weasley aún persistía en su argumento de que Hermione no había estado actuando por voluntad propia, y de haber podido sacarla de las redes de Filldeserp, la Orden podría haber sanado su mente. Fue necesaria la intervención de Dumbledore para que no fuese imperioso un duelo de honor entre De Santos y Ron. Luego de eso, el pelirrojo se había retirado de la sala y no volvió a aparecer hasta la mañana siguiente en el Ministerio, reticente a entablar un diálogo, siquiera con el mismo Neville.

El joven auror suspiró, sentado en la cocina de los Cuarteles, con sólo una taza de té para focalizar su congoja. Al principio, había estado a punto de reaccionar como Ron, pero se había contenido, por el simple hecho que no veía correcto culpar a Lucas. Neville reconocía su gran capacidad y si no había podido atrapar a Hermione, no había sido por su culpa, sino de Filldeserp. Por más brillante que fuera el español, dudaba que pudiera vencer al Dark Lord en un duelo uno a uno… lo sabía por experiencia propia.

“Aún si en verdad son riesgos los que les depara... habrá valido la pena vivirlo. Habrá valido la pena arriesgarse...”

No había definido su postura frente a la traición de Hermione hasta horas después de la reunión, acostado en su cama y contemplando el techo de su habitación, sin lograr conciliar el sueño. Había analizado el último mes de convivencia con Hermione e incluso había utilizado un pensador para algunas de sus conversaciones, y había llegado a la conclusión que Hermione había elegido.

“Dime, Herm, ¿acaso hay alguien en mente?”

No supo exactamente porqué o cómo, pero comprendió que su amiga no había estado bajo ninguno influjo, salvo su propio corazón. Aquel Alguien… había sido y era Filldeserp. Por eso su mirada triste. Por eso sus preguntas abstractas en los momentos más extraños… Por eso esa sensación de que su amiga no le estuviese mirando a los ojos, sino contemplando una realidad lejana, invisible.

No la justificaba y posiblemente jamás le perdonaría su elección, pero al menos le permitía ver, y no mentirse. Los había abandonado… pero no porque les hubiera engañado respecto a sus creencias, su voluntad, su estima hacia ellos o su vocación, sino porque su ser le había dictado estar en otra parte, junto a otro hombre. Por un momento, tal razonamiento le pareció ilógico para la siempre racional Hermione, pero Neville sabía que su amiga también era instintos, también era sentimientos…

Hubiera deseado que sus sentimientos se manifestaran en otros tópicos, que hubieran vencido a su mente en otras áreas, pero si había sucedido por Filldeserp… por algo sería. Era lo último que le podría otorgar a Hermione. No la odiaría, no la culparía, pero tampoco la perdonaría ni la olvidaría.

“¿Y tú por qué luchas, Nev?”

Terminó la taza de té y se puso de pie. Era hora de enfrentarse a la realidad. Una reunión de la elite de la Orden del Fénix aguardaba por él.


- Neville… ¿qué haces aún aquí? – Preguntó Ginny desde el umbral de la puerta, con sus ojos apagados por la preocupación.


Se permitió una débil sonrisa. Hubiera podido preguntarle lo mismo a la joven Weasley, pero se encontró conociendo la respuesta sin necesidad de confirmación.


- Necesitaba un poco de té. – Contestó misteriosamente mientras se acercaba a ella. – ¿Vamos?



Albus, Remus, Tonks, Ron, Luna, los tres españoles y algunos miembros más de la Orden cuyos nombres sabía pero no le interesaba recordar, ya se encontraban en la Sala. De hecho, sólo faltaban ellos. Se disculparon por la tardanza y se colocaron en sus asientos. Neville se inquietó ante la mirada profunda que le dirigía Ron, pero no consiguió descifrar su origen. Luna compartía su intranquilidad, al parecer, por cómo intentaba llamar la atención de Ron y distraerlo de sus conflictivos pensamientos.


- Bienvenidos. – Saludó Albus. Su rostro manifestaba su cansancio y resignación. – Esta reunión, como ya saben, ha sido convocada para definir nuestra respuesta a los últimos eventos que han acontecido. Además de otorgarles las pruebas sobre… el cambio de lealtades de la señorita Granger, que Ronald solicitó en nuestro anterior encuentro, con todo derecho.


Ron también se había negado a creer en la palabra de Dumbledore, cuando éste la aseveró que estaba completamente seguro sobre Hermione. Había demandado conocer la fuente de su convicción, a lo cual el profesor simplemente había profesado no poder realizarlo en ese momento, pero que pronto estaría en contacto con las pruebas.

Neville sabía que una parte de las pruebas eran los estudios que De Santos había hecho sobre el carácter de Hermione y sus movimientos, una vez adquirida su libertad e independencia. La habían seguido en cada salida y habían buscado sus razones por su interés en los museos, las bibliotecas, edificios públicos muggles… No había sido inusual, Hermione antes de su secuestro solía hacer esas visitas. No obstante, Lucas había tenido la certeza de que podrían deducir una trama detrás de todas esas apariencias.

La otra fuente resultó ser una persona infiltrada en el círculo interno de los Dark Lords. El auror se cuestionó cómo era posible. Había desconocido que la Orden tuviera informantes en aquella jerarquía de honor… Los Dark Lords no eran idiotas y solían certificarse de la lealtad de sus más allegados antes que de los mortífagos que recién se iniciaban. Además, era extraño que una persona que ostentara semejante confianza entre Filldeserp y Voldemort quisiera abandonarlos, mucho menos sentirse culpable y traicionarlos. Snape había sido un espécimen de una especie en extinción, y todos habían sido testigos de su enorme sacrificio y el precio que había pagado por ello.

El contacto en cuestión no podía hacer aparición en aquella reunión, argumentado que sus Lords habían solicitado su presencia en sus Cuarteles, pero el ingenio de Dumbledore solía, de vez en cuando, lograr superar las barreras de las Artes Oscuras. Le había otorgado al Contacto un objeto (se había negado a definir qué exactamente) que funcionaría como canal de diálogo. Fue así como Dumbledore depositó el anillo que solía portar en su mano derecha sobre la mesa, y de ahí surgió la voz distorsionada del Contacto, aunque Neville pudo registrar la tendencia a una voz femenina.


- Espero que reconozcan los riesgos que estoy corriendo en este preciso momento por realizar esta comunicación. – Dijo el Contacto. – Tengo entendido que los Lords no pueden identificar el trazo mágico de este objeto, pero uno no puede estar nunca completamente seguro…
- ¿Qué tareas has estado efectuando estos últimos días? – Preguntó Dumbledore.
- Los agentes de la elite somos los encargados de coordinar ciertas actividades obligatorias del Congreso… la variedad es infinita. Además, los Lords no suelen confiar toda la información, por lo tanto sólo sé que estoy haciendo una parte del trabajo.
- Me gustaría que volvieras a realizar el informe sobre Hermione Granger.
- ¿Acaso aún dudan? Filldeserp no frecuenta rescatar a sus subordinados… eso define cuán especial Granger es para él.
- De todas formas, me gustaría que…
- Entiendo. – Cortó secamente. – Hermione Granger no fue torturada ni tuvo que soportar un mes en las mazmorras.
- ¿Qué hay de sus heridas? – Cuestionó Ron, sin poder evitar que su escepticismo se transmitiera a su voz.
- Filldeserp es un maestro en glamours. Austen también. Sospecho que entre los dos habrán obtenido una faena perfecta.
- ¿Por qué Hermione no fue tratada como una prisionera? – Intervino Neville. – Filldeserp no ha tenido piedad con ninguno de los miembros de la Orden…
- Desconozco sus motivos. Sólo sé que formaba parte de un plan formulado por los Lords, y que dio resultado. Granger contaba con absoluta libertad para transitar por la Fortaleza y muchas veces pude visualizarla en compañía de Filldeserp. Incluso corren rumores entre los mortífagos que asesinó, no sin previa tortura, a los Carrow en su defensa.
- Todo esto carece de sentido. – Murmuró Ron. - ¿Cómo sabemos que podemos confiar en él? Hasta ahora la única prueba que tienes de la traición de Hermione, Albus, es este testimonio… pero tampoco cuenta con tanta veracidad. ¿Por qué, si tantos mortífagos vieron a Hermione, ninguno del resto de nuestros Contactos hizo declaración al respecto?
- Los mortífagos estaban bajo el influjo de un encantamiento que les impedía hablar sobre ella. Sólo nosotros, el Círculo Interno, podíamos hacerlo, aunque el precio fue alto.
- ¿Es decir? – De Santos solicitó más detalles.
- La tortura que sufrí es indescriptible. Sólo puedo alegar daños a mis barreras mentales, que estimo jamás podrán ser reparadas, y, como era de esperar, dolor físico, aunque ya me he encargado de ello.
- ¿Los Lords sospechan de tu traición?
- Saben que tienen un traidor en su círculo, pero no he logrado adquirir mayor información. Dudo que sus ojos estén en mí, sin embargo.
- ¿Por qué? – Preguntó Ginny.
- Apariencias.


El interrogatorio siguió unos minutos más hasta que el Contacto anunció su retirada. No aportó ningún dato de gran relevancia ni tan turbulento como la lealtad de Hermione, pero dejó a la elite de la Orden sumergida en un tenso silencio.

Neville sabía lo cuidadoso que tenían que ser al considerar la información aportada por el Contacto. Personas tan cercanas a los Lords solían poseer una gran astucia y un sentido de supervivencia muy arraigado. No importaba lo que Dumbledore les hubiese ofrecido a cambio, siempre los Contactos daban discursos con doble significado y las novedades de peso no solían ser deliberadas inmediatamente, por el riesgo a que fuese una emboscada de los Lords en su cacería por el traidor. Incluso existía la posibilidad de información errónea, y no porque el Contacto no fuese sincero.

También no debían olvidarse que el Contacto continuaba siendo un mortífago y que quizás estuviese entablando un vínculo con ellos por órdenes de los Lords. Había sucedido en ocasiones previas, y podía volver a suceder. Sus planes eran tan retorcidos que no podían predecirlos.

Inevitablemente, los miembros de la Orden cuestionaron a Dumbledore sobre la cantidad de confianza que podían depositar en este Contacto. Su respetado líder les advirtió que había hecho un examen de confianza del Contacto, tanto con Veritaserum como con Legeremancia, y que contaba con su pleno apoyo. Aquello hubiese significado mucho para los jóvenes en su momento, pero Neville pudo detectar la reserva de Ron, Luna y Ginny tan sólo al intercambiar un par de miradas. Él mismo sintió duda. Sin embargo, su postura frente a la traición de Hermione era distinta, y ya no importaba si el Contacto era honesto o no.

La incredulidad, no obstante, afirmaba algo sobre la Orden del Fénix.

Se estaba desmoronando.

Ya no estaban tan unidos. Ya no estaban tan confiados. Ya no compartían métodos.

Tener un contacto en la elite de Voldemort no resultó ser tan buena noticia como Neville hubiese creído.



La reunión duró una hora y media más. Cuando finalmente acabó, el cuarteto de amigos no tardó en desaparecer de la sala y reunirse en la cocina para otra taza de té. La necesitaban para calmar los nervios, y necesitaban hablar. Neville había insistido hasta que aceptaron. Le dolió la mesura, pero especialmente la indiferencia en la mirada de Ron, aunque controló su reacción.

No le importaba ya si la Orden permanecía unida o no. Ellos sí debían permanecer unidos… aunque los acontecimientos indicaran que uno a uno irían desapareciendo. Primero Harry, ahora Hermione… ¿quién sería el próximo?

Ginny se sentó a su lado y tomó su mano entre las suyas. Por un instante, Neville estuvo tentado a unir sus labios, con la voz susurrante de Hermione en el fondo de su mente como incentivo, alegándole sobre sacrificios y riesgos que debían ser desafiados, pero prefirió contentarse con contemplar esos ojos chocolate e intentar calmarla con una pequeña sonrisa.

En su corazón estaba el temor a no verla más, a que se separaran… a que ella también se desvaneciera de su lado, de su vida. Pero allí, admirándola, tomó la decisión que hacía tiempo venía difiriendo. La amaba y haría lo imposible para que continuara a su lado, para protegerla, para tenerla en sus brazos.

Haría lo imposible.

Una vez servido el té, Neville abrió la boca para empezar, pero fueron interrumpidos por la llegada de Remus y Tonks, que sorpresivamente iban de la mano. No era sorpresa que estuviesen juntos como pareja; eso hacía tiempo era conocimiento de la Orden, pero de todas formas no solían manifestarlo tan abiertamente. De hecho, Remus a penas hablaba sobre ella y Tonks a penas aparecía en los Cuarteles, salvo para las reuniones.

Se sentía un poco inhumano por sostener ese pensamiento, pero Neville dudaba que Tonks y Remus se amaran muy profundamente. Sí, se gustaban, hacían una linda pareja, compartían muchas cosas, pero Neville sabía que Remus, frente a todas sus pérdidas y debido a su condición de hombre-lobo, nunca se entregaría totalmente a una mujer. Ni se permitiría recibir de ella. Era una pena, porque ambos podrían renacer en aquella relación, pero no tenía sentido sostener sueños imposibles. Remus ya no era un hombre de riesgos. Ya no era un hombre que quisiera vivir.


- Seremos breves, no queremos demorar lo que tengan que hablar. – Dijo Remus con seriedad. Su mano estrechó más fuerte la de Tonks e intentó emitir una sonrisa, presentando una mueca. – Sé que no es una noticia que vaya a alegrarlos demasiado, teniendo en cuenta las circunstancias, pero… - Se mordió el labio inferior. – Me gustaría que lo supieran.
- ¿Qué pasa, Remus? – Preguntó Ginny, comenzando a preocuparse.
- Estoy embarazada. – Musitó Tonks, con los ojos brillantes por las lágrimas.


El movimiento de sillas no fue instantáneo, pero pronto la pareja se encontró siendo abrazada y reconfortada, además de felicitada.

La vida continuaba a pesar de la guerra, aunque quedaba por verse si lograrían sobrevivir. En su mente, Neville prometió que así sería mientras la esperanza de nueva vida inundaba sus corazones.


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