Historia al azar: Un asesinato en Hogwarts
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Laguna Estigia » Capítulo 2
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
[ Más información ]

Capítulo 2

CheP: Grax! ^^ Me alegro que te guste la idea y el principio del fict. Por más que sea el primero, es uno de los que más valen: si tú primera impresión es mala, costará mucho que le veas valor a los siguientes. El paralelismo de la profecía es estupendo, I love it XD! Aquí está el segundo capi, con mucha acción (y sangre!) Y ahora veremos un poco el POV de Filldeserp. Besos!

Pris: Me alegro que te haya gustado. Gracias por el review!

~*~

Título: Laguna Estigia

Autora: Parvati-Blossom

Resumen: Reto N° 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.

Rating: PG

Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Muerte *sangrienta* de personaje. No digan que no les avisé.

~*~

I am the son
and the heir
of a shyness
that is criminally vulgar
I am the son and heir
of nothing in particular


~*~


Capítulo 2


Nadie advertía esos pasos cautelosos y silenciosos que se dirigían a la sala de reuniones. Sin embargo, al ver la arrogante figura del más leal de todos los mortífagos, todos ellos evitaban mirarle, se desviaban de su camino o simplemente le ignoraban. Algunos pocos se atrevían a lanzarles miradas de resentimiento y envidia; sólo aquellos que no poseían un cerebro para meditar lo que estaban haciendo.
La figura sonrió con insolencia ante algunas reverencias ejecutadas por los inútiles aprendices. Ellos le admiraban y lo adoptaban como una especie de... ejemplo a seguir en el trayecto de su lealtad al Lord. Odiaba la sola idea de volver a ser adorado por simples rumores que corrían por los pasillos de la fortaleza de la Orden Oscura. Filldeserp quería respeto por aquellos que podían considerarse su igual y provocar intimidación en los débiles. Tener poder sobre ellos, de esa forma todo resultaba muchísimo más fácil. No deseaba ser admirado por débiles, solamente ellos se dejaban sorprender con lo elemental. Idiotas.
Su elegante túnica plateada se mecía dramáticamente detrás de él. Uno de los mortífagos avanzados gruñó ante esto, molesto por toda aquella parodia. Filldeserp le dedicó una sonrisa burlona de lado, siempre manteniendo su pose orgullosa. El mortífago sostuvo su mirada por un par de segundos, antes de derivarla nerviosamente hacia cualquier cosa que pudiera llegar a ser interesante. Ante esto, el protegido de Voldemort rió suavemente y continuó su caminata a la sala de reuniones.
¿Por qué aquel mortífago no pudo mantener el contacto visual? Era obvio. Nadie resistía aquellos ojos verdes oscuros fijados en su persona autoritariamente. Les hacía sentir invadidos, hasta tal vez espiados, como si Filldeserp siempre supiera qué estaban pensando o si estaban ocultando algo. Por más que supieras que no estabas fallando en nada, incitaba una sensación de... inseguridad... No. Flaqueza.
Sólo el Dark Lord respondía la intensidad de esos ojos. Ninguno tenía razón para temerle al otro, se debían respeto y confianza, y eso volvía a Potter un mortífago inigualable. Por más esfuerzo que los demás pusieran, nunca captarían la atención de Voldemort como el mocoso lo había hecho desde un principio. Nunca lograría su familiaridad. Porque eso era lo que mantenían los antiguos dos enemigos, Potter era el heredero perfecto según el Lord... Pasados similares, presentes simultáneos y futuros paralelos.
La sola idea de tener que venerar a Filldeserp como un “joven” amo alteraba los humores de los mortífagos más veteranos. Pero no podían hacer nada al respecto, era orden directa del Dark Lord. Además, los que osaban desafiar las órdenes del ex niño dorado de Dumbledore sufrían sus serias consecuencias. Muchos aún recordaban cuando el muchacho, de tan sólo diecinueve años, fue bautizado como Filldeserp hacía cinco años atrás, y existió una persona que se opuso al título de éste. Fue castigado enfrente de todos para que aprendieran a no llevarle la contraria al Dark Lord... Torturado, humillado y asesinado de la forma más ensangrentada que se le ocurrió a Potter en aquel momento.
Era esa imagen de suplicio la que impedía a los mortífagos pensar en traicionar a Voldemort. Sabían que no existía ninguna persona que pudiera escapar del escarmiento. Sin embargo, eso lo fueron descubriendo con el pasar de los años; nada fue inmediato.
Filldeserp ingresó en la sala sigilosamente, aunque como los presentes lo estaban aguardando no pasó desapercibido. Recibió cuatro miradas de odio y una sonrisa complacida. Hizo una ligera reverencia a su Lord antes de situarse en el lugar privilegiado: la silla a la derecha del Dark Lord. Escaneó la mesa, reconociendo a los cuatro mortífagos presentes. Bellatrix Lestrange (muy a su pesar, no pudo llegar a vengarse completamente, aunque disfrutó de varias torturas concedidas por su Señor a aquella perra por su propia mano), Draco Malfoy (quien dignamente había seguido los -contaminados- pasos de su padre), Anthony Goldstein (un Ravenclaw fanático de las Artes Oscuras, si le preguntaban) y Megan Jones (¿su especialidad? Ser espía en la Orden del Fénix.)
El único Gryffindor presente sabía de sobras del trópico clave de aquella reunión privada: la revisión de la organización del ataque a Callejón Diagon que se produciría esa misma noche. Para él, sería su primera salida al público desde el mes de mayo. Estaba ansioso por descargar toda su adrenalina en aquella gente inservible y necia que creía aún en las palabras de Dumbledore. También sería divertido verles las caras de nuevo a esos patéticos aurores del presente. ¡Cómo si pudieran desafiarlos a ellos...!
En fin, los cinco mortífagos presentes serían los líderes de los cinco grupos de ataque programados que luego se esparcirían por aquella zona. El grupo más experimentado sería el encabezado por Harry y se encargaría de la zona central de Callejón Diagon, la más difícil de todas las divisiones. Los demás cuatro se ubicarían en el resto de los puntos cardinales. Dejarían a la gente sin forma de escapar (era sabido que nadie podía aparecerse o desaparecerse en aquella zona, aunque con Artes Oscuras todo es posible.)

- Bien, ya que estamos todos presentes podemos empezar... – Propuso Voldemort, fijando sus ojos escarlatas en cada uno de sus cinco servidores.

Estuvieron discutiendo por más de media hora las diferentes posibilidades y situaciones que se podrían presentar en el ataque, las mejores formas de dar alarma y desaparecer, y por supuesto la estrategia de pánico. Cuáles serían las mejores maldiciones y maleficios que se aplicarían (las favoritas eran las imperdonables) y a cuáles miembros del ministerio deberían procurar secuestrar. La lista de opositores al Dark Lord era cada vez más reducida, aunque los que permanecían intactos eran los más peligrosos. Los principales obviamente eran Dumbledore y Longbottom, acompañados por algún que otro auror...
No obstante, no durarían mucho más. No poseían los medios para ganar esa guerra. ¿Longbottom, el gran auror? Filldeserp tuvo que contener una risa irónica. En sus años de Hogwarts, no se hubiera esperado eso del pobre de Neville. Las vueltas que daba la historia... Igualmente estaba seguro que Longbottom no sabía dónde se había metido. Pronto lo descubriría y la comunidad mágica ya vería como caería. ¿Neville Longbottom, el héroe? ¡Ja! ¡Qué basura tenía la gente implantada en la cabeza!

- Ya saben cuándo y adónde partir, y también saben qué tienen que hacer para no defraudarme. – Voldemort expresó su advertencia en cada una de esas palabras. No toleraría ningún error en la práctica de aquel ataque. - Pueden retirarse todos, menos tú, Filldeserp.

Él asintió obedientemente mientras que el resto tomaba los reportes y pergaminos de la mesa y salían por la puerta sin producir el mínimo sonido. Habían aprendido a no molestar en la pasibilidad del lugar y Harry sonrió satisfecho ante la idea. Aquel día estaba de un radiante buen humor, lo que Voldemort no tardó en notar.

- Veo que traes buenas noticias, Harry. – El joven Potter elevó las cejas, pero no hizo acotación alguna. No le gustaba escuchar su verdadero nombre, pero viniendo de su Señor carecía de importancia.
- No lo creo, mi Lord. – Suspiró, resignado, haciendo desaparecer su alegría y tornando su rostro serio nuevamente. – Tres mortífagos fueron capturados por el ministerio en el último ataque. – La mirada de Voldemort destelló en odio. – Sin embargo, el número es bastante... óptimo con relación a la cantidad que pudo haber sido.
- ¿A qué te refieres, Filldeserp?
- Diez mortífagos más estuvieron a punto de ser capturados por el ministerio, pero lograron escapar gracias a la cooperación de Gilbert Whimple desde adentro.
- ¿Quiénes son los capturados? – Harry vaciló al responder.
- Jugson, Cornfoot y Branstone...
- ¿Cornfoot? – Repitió Voldemort lentamente.
- Según la información que he recibido del ministerio, Judgon y Branstone se han negado a declarar. – Prosiguió Filldeserp, decidiendo dar primero las “buenas” noticias. – Ya han de estar prisioneros... Y en cuanto a Cornfoot, el muy cobarde ha accedido a la propuesta...
- ¿Cuándo es la declaración?
- Mañana a primera hora. – Voldemort miró pensativamente a su protegido y éste le mantuvo la mirada, exhibiendo su respeto simultáneamente.
- ¿Crees que podrás eliminarlo antes de esa hora, Filldeserp?

Los ojos verdes oscuros brillaron extrañamente ante la proposición. Tal vez por el placer o el desafío que significaba aquella misión: escurrirse por los pasillos del ministerio hasta la celda provisoria del mortífago y sancionarlo por su traición. Lo había hecho algunas veces, pero en la mayoría de los casos Voldemort prefería presenciar la tortura, así que ordenaba a uno de sus fieles mortífagos en el ministerio la tarea de secuestrarlo. Mandar directamente a Filldeserp sería asesinar al hombre enfrente de las narices del ministerio sin que ellos se percataran hasta la mañana siguiente. Probablemente Voldemort quería que el acontecimiento de sucesos fuera rápido por la cercanía de la hora de declaración y su concordancia con el ataque al Callejón de esa misma noche.

- ¿Duda de la perfección de la realización de mis misiones, mi Lord? – Respondió Filldeserp con una sonrisa soberbia que informaba indirectamente a Voldemort de su conformidad con la orden dada.
- Por supuesto que no, mi heredero. – Voldemort le devolvió la sonrisa. – Sólo ten cuidado. No queremos ninguna clase de inconvenientes con el ataque de esta noche, ¿verdad?
- Llegaré a tiempo, Tom. No sé de qué te preocupas...

Había ciertas ocasiones donde el ‘mi Lord’ sonaba demasiado formal para estar hablando en privado con Voldemort, sabiendo de la confianza que se tenían. En sus antiguas conversaciones nocturnas en Hogwarts, en aquella etapa donde Harry comenzó a fijar sus lealtades en el bando oscuro, fue donde ‘Voldemort’ se descomponía a ‘Tom.’ Sólo lo usaba cuando la situación no era seria y obviamente, cuando estaba seguro que nadie escuchaba. No quería humillar a su Lord, ¿verdad?

- No me decepciones, Filldeserp. Si tú fallas, no sé en quién más podría confiar una misión tan vital...

El joven asintió serenamente y cuando hizo amago de levantarse y realizar la cotidiana reverencia, Voldemort colocó una mano en su hombro, deteniéndolo. Los ojos verdes le observaron, sorprendidos y luego pacientes.

- Feliz cumpleaños, Harry.

Él miró intensamente a Voldemort, mentalmente eligiendo su respuesta a la felicitación. Realmente no se había esperado ningún recordatorio del mismo. Era verdad que los anteriores también habían sido rememorados por el Lord, pero aquel año pensó que sería diferente, con todas las complicaciones que el 31 de Julio estaba trayendo.
No obstante, cuando finalmente se decidió a responder, su Lord volvió a interrumpirlo.

- Mereces un obsequio, como en todas las fechas preliminares. En la primera ocasión, te otorgué el vínculo con Nagini, con todas sus virtudes. – Comenzó a enumerar el Dark Lord. – En la segunda, tu nombramiento oficial... En la tercera y cuarta, accesos especiales a las bibliotecas de la fortaleza, donde perfeccionaste tu entrenamiento. – Sonrisa orgullosa. – En el quinto te permití la ejecución de Wormtail y el año pasado obtuviste la espada legendaria de familia Slytherin...

Harry recordaba cada uno de esos regalos. Nagini se había convertido en su decimoctavo cumpleaños su inseparable colega en misiones como la que tendría que hacer esa misma tarde en el ministerio, donde el trabajo en equipo y el sigilo eran fundamentales. El nombramiento oficial (donde también había efectuado su primer castigo a los mortífagos) fue una gran ceremonia y una muy grata sorpresa. Le otorgó el respeto que tanto anhelaba entre los mortífagos y comunidad mágica, que no tardó en enterarse de la noticia de que el niño que vivió era ahora el heredero legítimo del Dark Lord.
Las Artes Oscuras que aprendió entre su cumpleaños veinte y veintiuno eran conocimientos inigualables y exclusivos. Era posible que sólo él y el Dark Lord supieran de la existencia de aquellos encantamientos, rituales y pociones. Puras joyas de magia negra. Y en cuanto a la tortura de Wormtail y su posterior asesinato bajo su mano, fue una exquisita venganza. Cuando la rata traidora dejó de respirar al final, una formidable delectación invadía a Harry. Pronto conseguiría a Bellatrix, pero primero tenía que aguardar a que el Lord no la necesitara más en sus planes.
Nadie dudaría del buen uso que Filldeserp le daba a la espada de Slytherin. Durante su primer año en la fortaleza, se lo había entrenado para toda clase de defensa y ataque. Así que manejaba a la perfección su espada... Aunque ver sus feroces movimientos en persona era sólo un privilegio que sólo enemigos (ahora muertos) habían tenido. La llevaba consigo todo el tiempo, sin embargo nadie lo sabía. Bueno, casi nadie. Voldemort sí.
¿Qué mayor obsequio podría darle ahora el Lord más de lo que ya había obtenido?

- Les has dado una servicial usanza a cada uno de ellos. – Sonrió Voldemort. – Estoy seguro que el de este año también...
- ¿De qué trata?

Voldemort se levantó de su asiento y caminó lentamente hacia la vieja estantería del fondo, a la cual muchos mortífagos solían acudir cuando necesitaban información para las estrategias. El Dark Lord dirigió su atención a la fila más alta y extendiendo su mano derecha, un libro de portada carmesí viajó hasta él. Tenía un aspecto antiguo y delicado, de una inmensa necesidad de ser tratado con cautela porque se podría deshacer ante la brusquedad. Por su fachada, Harry pudo deducir que hacía mucho tiempo que nadie lo leía.
Finalmente Voldemort volvió a sentarse y le entregó el libro a su protegido, que le miraba interrogativamente.

- La mirada tiene poderes misteriosos, Harry. – Explicó el Lord. – Sabes manejar la mayoría de los encantamientos sin varita y eso no sería posible de no haber desarrollado una pequeña habilidad con el poder de ellos. Los antiguos llamaban Sharingan al poder que genera la pupila. Con él, se puede ver a través de hechizos de cambio de aspecto, invisibilidad, etcétera... y cancelarlos. No sólo eso, también se puede comprender técnicas del adversario y copiarlas paralelamente.
- ¿Todo con los ojos? – Voldemort asintió, viendo que Harry estaba comprendiendo.
- En este libro se revelan las técnicas más efectivas y arcaicas. Algunas realmente complicadas, pero no dudo que podrás adquirirlas sin problemas. También perfecciona el poder de la hipnosis, la confusión, la amnesia, la inhabilitación y la recuperación. No sólo hay que saber dañar físicamente, sino también con la mente.
- Le sacaré ventaja a estos conocimientos, Tom. Ya verás. - Filldeserp se puso de pie, con el libro fuertemente agarrado por su mano derecha. Voldemort asintió en conformidad.

Posteriormente a la inclinación, el heredero de Voldemort salió de la sala, empezando a conjeturar el plan de infiltración en el Ministerio. Sería una tarde muy entretenida.

*~*~*

Filldeserp entró en una vieja cabina telefónica roja a la que le faltaban varios vidrios. Tomó el teléfono muggle que colgaba torcido de la pared y comenzó a marcar en el disco del teléfono una serie retorcida de números. La típica voz femenina sonó dentro de la cabina telefónica, cuestionando identidad y justificación de la visita. Embozando una sonrisa burlona, se identificó como Draco Malfoy, jefe del departamento de Cooperación Mágica Internacional.
Se veía que el Ministerio no aprendía... La seguridad vigente en la cabina no poseía un buen detector de mentiras ni de hechizos de magia oscura avanzada. Tampoco habían avanzado en modernizarse con la tecnología muggle, por el aspecto antiguo que poseía el teléfono.
“El Ministerio de la Magia le desea un buen día”
¡Ja! Otra prueba que no sabían lo que les esperaba... El 31 de Julio nunca sería una compasiva fecha, lo había prometido en su cumpleaños número diecisiete.
Tomó la placa distintiva y se la colocó sobre su refinada túnica. Le encantaba la idea de meter en problemas a Malfoy entrando bajo su nombre en un horario inadecuado para su departamento, aunque debía ser cauteloso. Luego de que encontraran el cadáver del mortífago, inspeccionarían todos los nombres registrados que habían ingresado en el día. Cada uno de ellos sería investigado y bla bla bla... El Lord no quería que se descubriera dónde yacían las lealtades del rubio.
Tras salir de la cabina y verse en uno de los extremos del vestíbulo, aplicó sobre sí provisorios encantamientos de invisibilidad sobre su varita y armas, y anulación de sonidos bruscos. No que los fuera a necesitar, pero sería una catástrofe que un jefe de un departamento irrumpiera en el ministerio con una daga bajo la manga, ¿verdad? También tenía el presentimiento de que esa tarde resultaría ser bastante interesante para la temática de espionaje... Podría darse una vuelta por el cuartel de aurores...
Tenía que moverse naturalmente, sino quería levantar sospechas en los aurores que patrullaban. Seguramente todos conocían la actitud inexpresiva y política de Malfoy, y verlo interesado de repente en un ambiente que frecuentaba sería... extraño. Más extraño le resultaba a él trabajar camuflado como un Malfoy. Le asqueaba la idea de verse en el espejo y que éste reflejara al Slytherin. Cómo se notaba que eso sólo lo hacía por el bienestar de la Causa... Sino se hubiera rehusado a aplicarse un encantamiento espejo. Augh...
El clon de Draco caminó tranquilamente hacia el ascensor, sabiendo de antemano que el niño que fingía jugar en el centro de vestíbulo, deteniéndose de vez en cuando a contemplar las estatuas que decoraban el lugar, era un auror disfrazado con poción multijugos que observaba a todos los sujetos que ingresaban y salían del ministerio. Era demasiado obvio, porque sus ojos marrones atendían a cada movimiento y tenían un brillo de precaución inevitable. ¿Desde cuando los niños de cuatro años se preocupaban por los mortífagos? Cosa que no recordaba haber visto la última vez que había salido al aire libre...
Una vez dentro del ascensor, esperó hasta que se detuviera en el segundo piso. El tiempo apremiaba. Si quería sacar algo de información de los Cuarteles de los Aurores tendría que hacerlo ahora pues sino, cuando volviera, la mayoría ya se habría retirado. Algunas personas se detuvieron a saludarle al pasar, pero Filldeserp simplemente las ignoró. Ojalá no estuviera arruinando los fabulosos contactos de Malfoy...
Dobló en una esquina, pasó por unas gruesas puertas dobles de roble y salieron a una zona, espaciosa pero desordenada, dividida en cubículos. Todas las puertas estaban cerradas porque de ser de la otra forma, los encantamientos de silencio no cobrarían efecto. Filldeserp sonrió al ocurrírsele instantáneamente una idea de cómo superar aquel pequeño problema. Observó a los lados, por si alguien se acercaba a él. Nadie.
Murmuró una serie de palabras terriblemente confusas para quien no conocía el idioma. Concentró toda su atención en el poder que estaba invocando sobre sí mismo y dejó que la magia fluyera consecuentemente. Un potente sentimiento de energía recorrió sus venas en esos microsegundos. Luego todo cesó, pero supo que lo había conseguido, como sucedía con todo lo que se proponía.
Se había transformado en un espectro invisible, con el poder de traspasar elementos sólidos. Sonrió mentalmente. Las joyas que la magia negra siempre le brindaba...
Pasó a través de la pared que le separaba del Cuartel General de Aurores. La sensación indescriptible que le invadió fue impar. Sentirse muerto y vivo a la vez, ser nada y todo simultáneamente, corpóreo pero etéreo... Podía percibir cómo cada partícula sólida se dispersaba invisiblemente en su camino. Era anómalo, pero maravilloso. Tenía el poder sobre aquello.
Bien. Volvió a concentrarse en la consistente realidad. Cuál fue su sorpresa al verse ahora estaba enfrente del trío dorado de Dumbledore. Longbottom, Granger y Weasley, discutiendo, por el aspecto que mostraban, algo que les incomodaba. Ningún sentimiento le agitó cuando contempló a sus dos antiguos mejores amigos. Absolutamente Nada. Como si nunca los hubiera conocido ni supiera nada de ellos.
Lo que sí sintió fue regocijo al ver que ninguno de los tres se había percatado de su intrusión. Cualquier mago o bruja lo suficientemente poderoso se tendría que haber percatado del cambio de aire en el ambiente. Tendrían que haberse dado cuenta de que estaba contaminado por Artes Oscuras. Aquello demostraba que sólo eran un grupo de aurores incompetentes, dominados por el vejete.
Les escuchó conversar sobre el ataque al poblado muggle, los mortífagos que habían capturado, el miedo que ocasionaba él en los mortífagos –sonrisa orgullosa- y lo que opinaban sobre... Bah. Puras tonterías. Por mientras, él había inspeccionado los archivos que poseían allí y los últimos registros que tenían de sospechados de actividad oscura. No llegaban ni a un quinto de la verdad. Decepcionante, como siempre.
Salió del Cuartel, traspasando de nuevo la pared. Hizo desaparecer la maldición de espectro y ágilmente volvió a colocarse los encantamientos espejo. Su apariencia revelando un Draco Malfoy aburrido. Había pensado que espiar a los aurores sería más divertido... Bah. Estaba a punto de conseguir la verdadera diversión: vengarse de un traidor.
Nuevamente volvió a encaminarse hacia el ascensor, omitiendo los saludos cordiales de la mayoría. Por un momento pensó que Malfoy tenía unas amistades algo... err... insólitas, porque los saludos más calurosos que recibió fueron provenientes de hombres demasiado formales. Tuvo que contener una sonrisa satírica al apoyarse en la pared del ascensor. La idea de Malfoy siendo bisexual no le sorprendería...
Aguardó unos quince minutos hasta que finalmente el aparato muggle llegó a donde quería ir: las mazmorras prohibidas. Una vez que salió del elevador, éste inmediatamente desapareció, dejándolo teóricamente sin forma de escape. Interesante... Cómo sino hubiera estado antes allí.
No había puertas a los costados, únicamente un largo pasillo, sin ventanas ni luz. Cualquier ignorante sacaría su varita y convocaría un hechizo lumos, sino fuera porque éste activaría las alarmas. Los aurores de patrulla poseían un objeto especial que les guiaba en aquella característica oscuridad. Un intruso no.
Filldeserp caminó por el corredor largos minutos. Sus pasos eran monótonos y no producían sonido alguno. No estaba intranquilo ni apurado; sabía que tenía tiempo de sobra para la operación. Los mortífagos podrían empezar solitos el ataque al Callejón, él llegaría para dar el golpe final; su Señor le había autorizado su tardanza en el mismo.
Se detuvo frente a la puerta de roble reforzada con escudos mágicos de blanquísima magia. Cuando éstos chocaron con los suyos propios (que estaban naturalmente instalados), no hubo ninguna clase de reacción negativa, simplemente la puerta se abrió, provocando a su vez un suave quejido. Ante él se mostró lo que el Ministerio llamaba “prisión de mortífagos”, el reciente reemplazo de Azkaban. Ja.
Tenía que admitir que desde adentro de esas celdas sería bastante complicado huir. La magia estaba anulada para los prisioneros y formas muggles de fuga quedaban descartadas. Sin embargo, era sumamente fácil escapar si alguien externo, que sabía dónde estaba pisando, cooperaba contigo. Todavía nadie había escapado... Porque nadie había merecido ser perdonado por el Lord. Nadie que estuviera detrás de esas rejas era de verdad un mortífago trascendental.
Las primeras celdas encarcelaban a mortífagos novatos, condenados por crímenes triviales. A partir de ahí, cuanto más profundo ibas, más peligroso era el ser detrás de la reja. Ya sabía dónde estaría Cornfoot. Peligrosidad Media.
Se dirigió hasta el sector en cuestión. Cruzó miradas con muchos rostros conocidos, algunos que le trajeron recuerdos del pasado. Volvió a controlar sus emociones tras su máscara impasible, preparándose para la dulce tortura que ejecutaría minutos más tarde. Efectivamente. Sus ojos grisáceos se inmovilizaron al encontrarse con los negros del traidor, quien en ese momento le miraba interesado.
El aspecto de Cornfoot era deprimente, aunque Harry no se paró a sentir lástima de él. Tirado en el suelo, habiendo perdido toda clase de dignidad y lealtad hacia sus propios ideales, simplemente era otra rata patética que pensaba que podría escabullirse del Castigo. Qué ingenuidad, subestimaban al Dark Lord. Error que les costaría la vida.

- ¿Qué haces aquí, Malfoy? ¿Vienes a mofarte de mí como si fueras mucho mejor que yo? – El mortífago murmuró sólo para que Harry le escuchara. El protegido del Dark Lord no pudo evitar sonreír perversamente.
- Cuánto tiempo habría gastado para nada si sólo viniera a mofarme de ti, ¿no te parece? – Respondió, inmóvil en su sitio.
- Entonces... ¿eres quién ha mandado Él para torturarme?
- Cierto.
- ¿Tú? – La voz de Cornfoot podría haber tenido ironía, sin embargo era demasiado idiota como para lograrlo.
- Yo.

Cornfoot frunció el entrecejo. Esa no era la forma de responder que Draco Malfoy utilizaba a sus ofensas. Siempre replicaba, demandaba un respeto que no merecía y presumía tener poder sobre él. Definitivamente no permanecía quieto ante un insulto directo. ¿Qué estaba pasando?

- ¿Te sientes bien, Malfoy? Te veo colorido...
- ¿Será porque el encierro te está afectando o de repente te has dado cuenta que eres daltónico? – Replicó Harry bajo la apariencia del rubio.
- Eres un idiota, Malfoy. ¿Crees que el Innombrable te dará una recompensa por la misión que estás realizando ahora? Sólo somos esclavos, gente que hace el trabajo sucio por él. Nada más.
- Al igual que los aurores hacen el trabajo sucio para Dumbledore. Cuéntame algo que no sepa, Cornfoot. – Harry decidió no ponerse a discutir ideas sobre las dos destacables personalidades del mundo mágico con aquel ingrato. No merecía la pena.
- Bien, te contaré algo que parece que no sabes. No estás armado. No puedes dañarme.
- Me estimas en menor valor de lo que soy, traidor. Mucho menos.
- ¿Ah, sí? ¿De qué eres capaz ahora, Malfoy? La última vez que revisé apenas sabías conjurar bien un Expelliarmus...

Harry fijó toda su atención en la expresión fácil del mortífago, no quería perdérsela. Sonriendo cínicamente, deshizo todos los encantamientos espejo por segunda vez en el día. Dejó de ser el rubio de Draco Malfoy para pasar a ser el auténtico Harry Potter moreno. Sus ojos grises cobraron color y sus facciones se oscurecieron aún más. Durante el proceso de transformación, que no duró más de quince segundos, Cornfoot fue recreando expresiones de horror y pánico. Podía leer en los ojos de Filldeserp su futuro, no necesitaba que se lo contasen. Iba a morir.

- ¿Decías, Cornfoot? – El silencio le respondió.

Sus pálidos labios se curvaron en una sonrisa repleta de maldad, gemela de la de Lord Voldemort. El mortífago retrocedió unos cortos pasos, hasta que su espalda estuvo apoyada en la pared del fondo. Escasos metros le separaban del asesino, metros que no le salvarían. Él tendría que estar a kilómetros de Filldeserp para tener una posibilidad de recomenzar todo...
Con terror, vio como Filldeserp sacaba su varita de entre sus ropas. El detector de la puerta no se había inmutado ante el núcleo mágico; estaba preparado para eso. El joven apuntó con ella directamente al traidor al mismo tiempo que las rejas que los había separado se esfumaban como si nunca hubieran estado. Una serie sencilla de palabras en pársel y el mundo del mortífago empezó a quebrarse en mil pedazos.
Cada parte de su cuerpo comenzó a arder, sus músculos se contrajeron en anticipación al dolor. Empezó a percibir como sus huesos primordiales se quebraban lentamente. Con legítima debilidad, cayó al suelo de rodillas. Pero el dolor que experimentaba ahora no sería nada con el que se aproximaba.
Su cerebro dejó de pensar coherentemente (si era que alguna vez lo había hecho.) Nada tenía sentido. Su vista se nubló y la cruel oscuridad le abrazó. Pero algo lo mantenía conciente. Más bien, alguien. Dejó de escuchar y de oler. Sólo estaba permitido sentir.
Una vez que sus huesos estuvieron correctamente quebrados, se percató que su pulso había aumentado la velocidad. Su corazón estaba bombeando más sangre a todo su sistema porque algo le decía que lo precisaba. En realidad, sólo estaba derrochando energía porque pronto Cornfoot estuvo cubierto de su propia sangre, con diferentes heridas por todo el cuerpo. Respirar se le comenzó a dificultar porque sus pulmones estaban verdaderamente cansados y magullados. Si las costillas estaban rotas también...
Pero lo peor llegó. Lo inimaginable. Cornfoot no pudo evitar gritar y gritar de dolor como nunca lo había hecho en su vida. No había forma de que un cuerpo pudiera soportar tanta tortura y desgastamiento. Sus huesos quebrantados, heridas por su cuerpo, una importante pérdida de sangre, respiración dificultosa... ¿Quién podría vivir por mucho tiempo así? ¿QUIÉN? Filldeserp se estaba encargando de que él estuviera conciente hasta su último aliento de vida, el muy maldito...
“Sobrecargadas” de sangre, sus venas y arterias empezaron a hincharse. Poco a poco. Dolía, sí, dolía... Se sentía como si su propia sangre saliera y extrañamente entrara nuevamente a su sistema. Era asfixiante. Faltaba y a la vez sobraba líquido. No obstante, el Sufrimiento se dio en extremo cuando la primera de todas sus venas no pudo más y se desgarró. La segunda, la tercera... Quinta... Octava... Pronto perdió la cuenta.
El dolor no era semejante a nada. Era como si dientes se aferraran a su piel y jalaran, desgarraran sin piedad cada centímetro de ella. Todo su cuerpo ardía, era insoportable. No había postura que no produjera un infierno. Insensibilidad, pero sentimiento a la vez. Nunca hubiera imaginado que su muerte sería tan dolorosa. Ahora creía lo que todos los mortífagos decían que Filldeserp podía llegar a ser peor que Voldemort. Él no tenía ni siquiera consideración por los servicios de los mortífagos.
Filldeserp contemplaba todo aquello con placer y maldad. Disfrutando de cada expresión del traidor. De cada jadeo, de cada súplica que se escapaba por sus labios morados... En normales condiciones, ya hubiera muerto. Pero la magia negra estaba favoreciendo a la Causa: unos minutos más de vida para vivir lo que nadie había llegado. Cornfoot tendría que sentirse halagado.
Caminó los limitados pasos que le separaban del ex mortífago, mirándolo con auténtico odio y asco mientras lo veía retorcerse en el piso. Sacó una filosa y larga daga de uno de los compartimientos secretos de su túnica.

- Despídete del mundo, Cornfoot. Así es como uno paga la traición. Con sangre y muerte. – Hizo una mueca tras decir aquellas palabras.

El pulso no le tembló cuando clavó el arma blanca justo en el corazón del mago. La punta de la daga salió por la espalda del mismo. Permaneció unos instantes admirando la sangre que brotaba del cuerpo de su víctima y luego jaló su herramienta favorita hacia afuera. Daga bañada de un líquido puramente rojizo. Observó a Cornfoot respirar su último bocado de aire antes de desfallecer en el suelo. Sin vida.
Con un sencillo hechizo, su daga quedó limpia de toda prueba. Tanto ésta como su varita volvieron a ser ocultadas bajo un hechizo y ropas. Se aplicaron por última vez los encantamientos espejo en su cuerpo. En cuanto a su túnica manchada de sangre... Uhm... Chasqueó los dedos y quedó reemplazada por otra túnica idéntica. La original había sido enviada a la fortaleza, eran prendas sagradas... Recuerdos de asesinatos.
Retornó al elevador. Decidió bajar en el segundo piso. Todo en aquella jornada se estaba tornando repetitivo. Odiaba que fueran tan aburridas esas misiones... ¿Acaso los aurores no podrían haber conversado de algo que hubiera llamado su atención? No. Tenían que hablar del pasado, mezclándolo con cursilerías. Guack.
Los pasillos ahora estaban muchísimo más despoblados que hacía una hora. El ataque al Callejón todavía no había empezado y si ya la mayoría de los aurores se habían retirado a sus hogares, tardarían mucho en atender a la defensa. Todo estaba perfectamente programado.
Tal vez solamente un hecho se escapó de su perfecta ecuación. Al girar en una esquina, vio a Hermione Granger caminando hacia su dirección. Sus miradas se entrelazaron. La de ella le examinó con desprecio mientras que él con cierto interés. Tenía que admitir que su amiga tenía mejor aspecto que antes. Lástima que se desperdiciara con la compañía de Longbottom y Weasley. Dos auténticos idiotas. Sólo ella valía la pena en aquel trío; sólo ella lucía la dignidad, la inteligencia y la valentía necesarias en el presente.
Filldeserp decidió mover una ficha en aquel juego: le sonrió a Granger con un toque único de malicia. Ella le miró extrañada, detectando algo infrecuente en la forma en que le había sonreído. Ese no era el estilo de Malfoy. No eran sus típicas sonrisas. Pero, entonces...
Cuando Hermione le siguió segundos más tarde, Malfoy ya había girado en la siguiente esquina. En vez de encontrarse con Draco caminando en dirección a los cubículos, la nada absoluta le recibió.
Malfoy se había desaparecido en el segundo piso del Ministerio, uno de los más protegidos, y las alarmas no habían sonado.

*~*~*

El cielo estaba cubierto de nubes negras que presagiaban una brutal precipitación. El viento no era muy fuerte, pero tenía su fuerza. Era un día demasiado frío para que fuera pleno verano. O tal vez no, si se tenían en cuenta los acontecimientos que pasarían aquel atardecer. La gente paseaba por el Callejón Diagon sin percatarse del peligro que corrían; sin sentir que el aire que respiraban estaba impregnado de contaminante expectativa, augurando destrucción de sangre inocente.
No fue hasta que se dio la orden de ataque por parte de los líderes de los cinco grupos de mortífagos que las personas comenzaron a correr en diferentes direcciones y a gritar con pavor. Sólo algunos valientes sacaron sus varitas de las túnicas y empezaron a defender a su gente, pero nadie salió del shock inicial demasiado rápido. Por lo tanto, cuando empezaron a contraatacar, estaban rodeados estratégicamente.
Se dio el aviso de ataque al Ministerio y a la Orden del Fénix inmediatamente. Aunque los refuerzos tardaron en llegar, por las barreras situadas sobre el Callejón.
Mortífagos versus aurores. Túnicas negras y blancas destacaban sobre la multitud, que protegía con sus propios cuerpos a los niños, los más débiles de todos los presentes. No había salida, estaban todas bloqueadas y era imposible aparecerse. Ni los trasladores que probaron los aurores en primera instancia funcionaron. Gente inocente iba a morir, lo sabían.
Hermione, Ron y Neville luchaban hombro a hombro en la región central, la zona del banco de magos y edificios importantes, donde las fuerzas oscuras estaban concentradas. Rayos de luces iban y venían. Había que ser ágil para evitar encantamientos o demasiado poderoso para que sus escudos no se tambalearan ante la potencia de los ataques.
Pronto llegó el momento en el cual el trío estuvo rodeado por quince mortífagos, que se habían cerrado en un círculo, dejándolos a ellos adentro. Ellos estaban juntos, cada uno protegiendo la espalda del otro y sus varitas impávidamente alzadas. Sus túnicas blancas estaban manchadas con sangre, propia y de otros. Cuerpos adornaban el suelo a lo largo del Callejón. Los mortífagos habían conseguido lo que se proponían: una masacre.

- Miren qué tenemos aquí... Al trío dorado. – Se burló uno de los mortífagos. Su voz era femenina y no tardaron en identificarla como Bellatrix Lestrange.

Algunos mortífagos habían perdido sus máscaras, revelando sus rostros ante la comunidad. Ninguno era verdadera sorpresa, porque los que obviamente no querían ser registrados custodiaban sus máscaras colocadas.

- Guárdate la verbosidad, Lestrange. – Dijo Neville, desafiante. La mortífaga soltó una carcajada.
- ¿Crees que podrás vencernos, Longbottom? Seguramente eres muy poderoso o estúpido para creer que podrán contra quince al mismo tiempo.

Cuando Ron iba a contestar la réplica de Lestrange, una persona se acercó al círculo de mortífagos con arrogancia. Su túnica era totalmente diferente comparada con cualquiera de los dos bandos. Era aristocrática, de color plateada con algunas tonalidades verdes, en honor a Slytherin. Su pálido rostro no estaba oculto detrás de ninguna máscara, no la necesitaba. Sus ojos verdes tenían un brillo glaciar y amenazante.

- Qué decepcionante, Bella. – Murmuró Filldeserp, con sorna en la voz.

El trío de aurores fijó su atención en el heredero de Voldemort. Se notaba por su forma de hablar y de encarar a la mortífaga que tenía confianza en sí mismo y una extraña autoridad sobre los mortífagos. Algunos de ellos habían retrocedido respetuosamente cuando le reconocieron mientras que otros le observaron con animadversión. Tanto Neville como Ron apretaron aún más fuerte sus varitas, concentrando en ellas todo su odio por la persona que tenían enfrente, mientras que Hermione no podía creer lo que veía. No podía creer en lo que se había convertido Harry.

- ¿Se puede saber qué quieres? – Bella miró de reojo a Filldeserp. – Intervienes en la diversión, siempre arruinándola...
- Eres una cobarde, Bella. – Comentó Filldeserp casualmente. – Quince contra tres, ¿acaso no tienen dignidad?
- ¡¿Se puede saber a qué llamas dignidad, traidor?! – Gritó Ron.
- Defendemos el honor de la sangre y el poder, y van y acorralan a tres aurores, con sólo ventaja numérica... Decepcionante. – Dijo Filldeserp, ignorando a Ron.
- No es nuestro problema si ellos no tienen quién les auxilie, Potter. – Contrarrestó Bellatrix. – Yo pienso, en cambio, que el Lord va a estar muy enfadado contigo por defender a tus antiguos amigos. Porque eso eran, ¿no?
- Yo no estoy defendiendo a nadie, Bellatrix. – Murmuró Filldeserp fríamente. – Sólo protejo el honor del Dark Lord. No quiero que ratas como tú lo ensucien.

Filldeserp no mentía. No estaba en sus pensamientos salvar al trío. ¿Volver a ser el héroe? ¡Ja! En sus sueños... Simplemente creía que si iban a asesinarlos, que fuera con mérito y no porque abusaron de la habilidad y agilidad de ellos.
Harry no sintió absolutamente nada cuando conectó miradas con sus ex amigos, igual que en el ministerio. Ningún remordimiento ni culpa. Ni siquiera recuerdos. Ellos no formaban parte de su vida actual, eran necios elementos que se oponían a su Lord. En el pasado pudieron haber sido algo significativo para él, hubiera muerto por ellos. Pero ahora ya no. Es más, asesinarlos no sería tan mala idea...

- ¿Crees que al Dark Lord le importa si tenemos ventaja numérica o no, Potter? – Volvió a hablar Lestrange, recalcando nuevamente su verdadero apellido, cosa que irritaba a Harry de sobremanera.
- Eres una cobarde, Lestrange. Nada más que eso. – Harry se giró para retirarse del lugar cuando Neville intervino en la conversación.
- ¡Y tú eres un hipócrita, Potter! ¿Crees que eres mucho mejor que Lestrange? – Harry se volteó para mirar a Neville fijamente a los ojos.
- Sí, lo creo, Longbottom. Seré hipócrita, pero no me escondo detrás de una masa de gente ni soy dominado por órdenes de un vejete insensato.
- ¡Eres un maldito bastardo, eso eres! ¡Obedeces a un monstruo homicida, quien asesinó a tus padres! ¡¿No podrías tener un mínimo cargo de conciencia por ello?! ¡Traicionaste a tu sangre! – Exclamó Ron, furioso.
- Las razones por las cuales traicioné a mi sangre no te incumben, Weasley. Además, tu estrecho cerebro no las comprendería. Estás subyugado a una ilusión. Dumbledore nunca triunfará y su verdad está soportada por mentiras. El día que te des cuenta de que tengo razón será demasiado tarde... Ya verás.
- ¡No sabes lo que dices! – Chilló Granger, saliendo de su ensimismamiento.
- ¿Dónde está Dumbledore ahora, Hermione? ¿Dónde está? ¿Lo ves luchando hombro a hombro con ustedes, defendiendo a su gente? ¿O está en su patético cuartel, comiendo un caramelo de limón, aguardando a que ustedes terminen con todo el trabajo pesado, hasta tal vez muriendo en la tarea? – Los mortífagos rieron abiertamente ante su discurso.
- Yo no veo a tu Lord por aquí tampoco, Potter. – Dijo Neville.
- No necesita estar para tan simple ataque. – Respondió Filldeserp con tranquilidad. – Además que él siempre está con nosotros, aunque ustedes no lo crean. – Los ojos verdes destellaron con cierta locura. – Sólo mueren aquellos que no merecen su comprensión. Pero creo que Dumbledore cree que nadie merece su comprensión, por eso cada vez hay menos aurores, ¿verdad? – Con una sonrisa burlona, se dio vuelta y empezó a caminar en sentido contrario.

Neville no aguantó más y lanzó una maldición hacia Filldeserp, quien ni siquiera se inmutó ante el ataque por la espalda. Un perfecto escudo de magia negra se encargó de hacer rebotar la maldición. El mago oscuro volvió a mirar cara a cara al auror, sonriendo maliciosamente.

- Un idealista Gryffindor... Tan predecible... – Neville volvió a atacar y los encantamientos volvieron a ser evitados.
- ¿No crees que es de traidor atacar por la espalda, Neville? – Comentó Harry.

No obtuvo respuesta. Los mortífagos estaban expectantes, deseando que el duelo comenzara mientras que Ron y Hermione observaban inquietos la situación. Neville no se había fijado, pero Harry estaba haciendo magia sin varita.

- Nunca llegaré a ser tan traicionero como tú. ¿Heredero de Voldemort? ¿A eso llegan tus ambiciones, Potter? – La ironía de Neville fue evidente, pero Harry no hizo ningún gesto de enojo. Sencillamente rió. Se rió de Neville de forma descarada.
- Palabras vacías, ¿eso es lo único que sabes decir, Longbottom? Esperaba algo más del auror estrella... Del héroe que me reemplazó. Se necesita algo más que palabrerío, Neville. Tienes mucho que aprender. Uhm... – Filldeserp observó pensativamente su alrededor. – Creo que podríamos empezar ahora con la primera lección, ¿no te parece?

Al mismo tiempo que Harry sacaba la varita de su túnica, los mortífagos se lanzaron sobre Hermione y Ron, separándolos de Neville. El auror estaba en posición defensiva, concentrado en predecir el primer movimiento de su enemigo. Sin embargo, algo que aprendería esa noche sería que Filldeserp no era previsible. Ya no más. El Dark Lord le había enseñado a ser original con sus movimientos y a cambiar de dirección en el último segundo. Jugar siempre con el elemento sorpresa sobre el contrincante.
Los primeros minutos de duelo entre los dos líderes de las fuerzas opositoras en aquel ataque fueron basados en encantamientos triviales. Ambos se movían con auténtica agilidad y apuntaban con precisión. Poco a poco, los mortífagos y aurores fueron fijando más su atención en aquel duelo que prometía ser a muerte que en sus propias misiones. Era impresionante la destreza de la magia de ambos, si bien Filldeserp destacaba. Utilizaba su varita para atacar mientras que con la izquierda se encargaba de dirigir sus escudos. Era escalofriante la concentración que sus ojos verdes demostraban, además que parecía interpretar cada movimiento que Neville hacía, bloqueándolo fácilmente.
Cada minuto las maldiciones aumentaban su gravedad. Neville, que sólo empleaba su varita, se veía imposibilitado en algunas ocasiones de defenderse y era el más herido de los dos. Harry tenía algunas heridas superficiales, causadas por el roce de algunos rayos. Pronto Filldeserp empezó a recurrir a las Artes Oscuras avanzadas y en algunos momentos guardaba su varita para realizar arduas maniobras de invocación.
No pasó mucho tiempo hasta que Neville quedó desprovisto de su varita mágica, que yacía en el suelo, a unos metros de él. Pero Harry, en vez de aprovecharse de su condición, dejó de efectuar magia para proseguir a sacar de su túnica la misma daga con la que había asesinado a Cornfoot.
La daga era de hoja delgada pero ligeramente larga. Tenía una guarnición para cubrir el puño y gavilanes para los quites. Podía ser utilizada no sólo para apuñalar y herir, sino también para rechazar los golpes de espada del oponente o embotar la hoja de un arma. Era la perfecta combinación con una espada, pero Filldeserp no creyó necesario esgrimir una contra Longbottom. Con la daga sería suficiente.
Los mortífagos y aurores, alrededor de ellos, seguían luchando, no obstante permanecían atentos a los sucesos del duelo. Estaba claro que la ventaja la tenía el bando oscuro. Ni siquiera los refuerzos que iban llegando poco a poco podían lograr que hubiera una gran baja de magos tenebrosos. Ellos mismos se encargaban de conjurar trasladores y hacer desaparecer a sus miembros caídos antes que los aurores tuvieran la oportunidad de atrapar a alguno.
Muchos miraron con asombro como el protegido de Voldemort atacaba a Neville con exactitud y éste hacía enormes esfuerzos para no ser apuñalado. Sin tener un arma con la cual defenderse, el auror sólo eludía. Llegó el momento en el que no pudo más y la daga hirió su brazo derecho. Perdió el ritmo y muy pronto estuvo inmovilizado, con el arma blanca rozándole firmemente el cuello. Contuvo la respiración mientras miraba aquellos ojos verdes asesinos. Impasibles.
Los mortífagos lucían sonrisas expectantes mientras que los aurores y miembros del bando de la luz miraban con horror la escena. Tanto Ron como Hermione estaban intentando aproximarse, pero temían no llegar a tiempo. Perder a Neville. A su Amigo.

- ¿Sigues pensando que soy cobarde e inhábil, Longbottom? – Susurró Filldeserp suavemente. Neville no contestó, estaba más concentrado en recuperar la normalidad de su respiración.
- ¡Déjale! – Gritó Hermione a unos cuantos metros de ellos. La desesperación y la agonía eran indudables en su voz. Harry miró de reojo a la muchacha, para luego volver a mirar a Neville. La daga aún en su cuello.
- La sangre sucia suplica que te deje, ¿crees que debería hacerle caso, Neville? Aunque toda piedad tiene un precio. Tú me desafiaste, no yo. ¿Por qué debería de dejarte con vida?
- Eres igual que Él. – Murmuró Neville, con sus labios levemente morados. – Eres su igual... su heredero. ¿No sientes vergüenza de ti mismo, Harry?
- Siento vergüenza de tu estupidez, Longbottom. Sólo eso.

Todo pasó muy rápido. Hermione y Ron, cada uno en diferentes extremos, levantaron sus varitas al unísono y conjuraron dos poderosos hechizos ofensivos contra Filldeserp. Éste levantó su mano izquierda para hacer girar el hechizo de Ron y que retornara a su conjurador mientras que con su mano derecha, retiró la daga del cuello de Neville y señaló con ella el rayo de Hermione, que se dividió en dos y cambió de dirección, dándole a dos aurores. Neville, que de repente se encontró sin la daga en el cuello, volvió a recoger su varita y apuntó a Harry con su mano temblándole incontrolablemente.
Ron estaba en el suelo de rodillas mientras Hermione observaba aturdida lo que sucedía. Potter miraba persistentemente a Longbottom, como si pensara asesinarlo con el efecto visual; su daga estaba dirigida al suelo. Bellatrix gritó algo como ‘¡termínale ya, Potter!’, pero nadie le prestó atención. Ni siquiera Harry, que siempre estaba dispuesto a ridiculizarla. El silencio parecía ser indestructible con el pasar de los minutos. Nadie se movía, los pares de ojos encaminados a Filldeserp y Longbottom.
Fue entonces cuando un relámpago destelló en el cielo oscuro y comenzó a llover con ímpetu. Neville no pudo evitar gemir ante el dolor que las gotas de lluvia provocaban en sus heridas. Jadeó ante el esfuerzo que le costaba mantenerse de pie y miró con resentimiento a su enemigo, que parecía no tener ganas de terminar con toda la faena. Como si matarlo fuera algo que todavía no quisiera hacer. Pero eso no era lo que en verdad sucedía. Harry sólo aguardaba a que la debilidad del auror fuera demasiada para que continuara en pie. Quería verlo inclinado en el suelo, humillado.
Resultó. Los miembros del bando de la luz contemplaban la imagen con aflicción mientras los mortífagos sonrieron con placer. Allí estaba la clara prueba de que nadie podría contra el Dark Lord ni contra Filldeserp. Nadie. No obstante, los mortífagos habían esperado que su líder asesinara en el siguiente instante a Longbottom. Para la sorpresa de todos ellos, levantó su mano derecha en el aire: la señal de retirada.
Algunos se permitieron el producir sonidos de reprobación y furia, lo que fue una mala idea porque Filldeserp registró cada uno de los nombres de los osaban retar su orden. Tras una mirada peligrosa de su parte, el resto de los cuatro líderes elevaron sus manos.
Cinco segundos más y ningún mortífago pisaba el Callejón Diagon.

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