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Laguna Estigia » Capítulo 11 (Segunda Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2010, 12:57
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Capítulo 11 (Segunda Parte)

Fortaleza de la Orden Oscura
31 de octubre de 2004
Horario: diez y cuarto de la noche



Recorrió su inminente mirada por todo el Salón, decorado de aquellos colores que hermanaban a la Orden Tenebrosa. El lugar se veía espectacular. Una orquesta, con los más variados instrumentos, se hallaba en un rincón expuesto y ensayaban una melodía suave, dado el temprano horario. El Salón apenas se estaba llenando y faltaban aún cientos de aliados, de los cuales Filldeserp era el encargado de dar la bienvenida.

Por un segundo, dirigió sus ojos fulminantes hacia Voldemort, quien dialogaba con uno de los miembros del Círculo Interno en uno de los sectores superiores, y fue compensado con una sonrisa deleitada que no ayudó a su fastidio. Usualmente se entretenía con política, especialmente cuando le competía jugar con las mayores personalidades de las Comunidades, pero tener que ser peón… Por supuesto, Voldemort le objetaría que debería sentirse honrado al ostentar con el papel de anfitrión, pero Filldeserp lo cedería muy gustosamente en esta situación particular.

Sobre todo porque prefería concentrarse en una víctima, y no dividir su atención entre cientos, convirtiéndose así él en la víctima, sobre todo de aquellos que buscaban lavarle el cerebro y distanciarlo de la influencia de Voldemort, o de los neutrales, que lo examinaban muy atentamente en busca de alguna debilidad que explotar. Preferiría mil veces tener que contraponerse con Dumbledore y toda su Orden del Fénix y aliados juntos, con sólo su magia como arma.


- Muy buenas noches, Lord Filldeserp. – Saludó solemnemente una voz detrás de él.


Se dio la vuelta con una rapidez vertiginosa y se encontró frente a frente con el Conde Phinehas, cuyos ojos lóbregos lo inspeccionaban meticulosamente. Una sonrisa propiamente vampirezca se situó en el rostro del conde, luciendo sus luengos colmillos, demasiado blancos para el gusto de Filldeserp.


- Increíbles reflejos; envidiables para algunos vampiros novatos, e incluso avanzados.
- Sus elogios me enaltecen, Conde Phinehas. – Murmuró Filldeserp, acostumbrado a aquella introducción. – Confío en que la Oscuridad lo haya protegido en esta premiosa travesía.
- Y las estrellas me guiaron adonde atinaría con virtuosos amigos, aún en su mortalidad.


Filldeserp frunció el entrecejo. Aquella no era la réplica común a su bienvenida. La mayoría de las criaturas oscuras agradecerían y duplicarían el deseo de protección, luego expondrían alguna curiosidad o se retirarían de su presencia, divisando otros invitados con los que anhelaban intercambiar similares saludos. Conde Phinehas había salteado aquel paso y lo había conducido a un campo que exigía su atención. Era un gesto grato, sobre todo porque era una de las especialidades de Filldeserp y lo alejaba de las trivialidades, pero también imposibilitaba su deber de anfitrión.

Le planteaba un conflicto. ¿Quién poseía más importancia a sus ojos en este momento: el Conde Phinehas o el resto de sus adeptos y posibles aliados?

Se permitió un vistazo a Voldemort, quien aún desde la distancia vigilaba atentamente la escena y captó sus ojos, que le enviaron su afirmativa.


- ¿He de asumir que las estrellas me señalaron para coadyuvarlo en su gracia?
- No te permitas un momento de duda, Lord Filldeserp. Tu presencia es bienvenida entre los míos, y aprobada por las estrellas, cobijadas en la oscuridad que tanto tú como yo amamos y cortejamos.


Teniendo en cuenta el estado delicado en el cual se encontraba la alianza entre el Clan Henkel y la Orden Tenebrosa, sus palabras eran demasiado presuntuosas y encendieron alarmas en la mente de Filldeserp. Aún cuando Phinehas sólo había estado hablando de su relación con el heredero de Voldemort, ahora había incluido a su clan. El detalle que sin duda no había olvidado, sino que había dejado de lado a propósito, era incluir al clan de Filldeserp en su discurso.

Aquello connotaba una alianza de clanes perdida, pero que quizás podría recuperar en cierto porcentaje… aunque fuese desde lo individual e involucrara más sacrificios.


- Me regocijo en su excelentísima aprobación y en la gratuita amabilidad de tu clan hacia mi humilde persona. Desearía poder extender la misma gentileza desde los míos hacia los tuyos, guiado por las mismas estrellas que enlazan nuestros destinos.
- Aprecio la afición, pero lamento profundamente tener que rechazarla, aún bajo la admonición de la mismísima Oscuridad que sólo aspira ver a sus niños hermanados. Me aflija tener que decirlo, pero los tuyos sólo han atraído desgracia a los míos. Sin embargo, aún en mi congoja, me rejuvenece saber que aún es posible una alianza devota entre nosotros; las estrellas me han guiado hasta aquí junto con el conocimiento de que ninguna de esas desgracias que cayeron sobre los míos fueron aprobadas por ti, y por lo tanto, eres el único mortal valioso entre los tuyos que aún merece mi consideración y respeto. Incluso admiración, porque tu esencia demuestra la fuerza de tu voluntad, aún frente aquellos que han ambicionado apaciguarla.


Filldeserp sintió el recelo viajar por su sangre cuando la mirada de Phinehas se desvió muy puntualmente hacia Voldemort, que ahora lo suplía en su rol de anfitrión. Simbolizaba un insulto desahuciado, ya que estaba dirigido hacia aquél que lo había resguardado en la oscuridad, y realizado durante una danza oscura, por lo cual se agravaba la intención, y bien Phinehas lo sabía. En la única situación que podría ser interpretado favorablemente era frente a un descendiente de un linaje maldito por sus decisiones erradas, pero que posiblemente, con movimientos hábiles, el joven había reverdecido la gloria de su familia, endurando su desaprobación y escarmiento.

Había dejado a su elección e interpretación si era un halago o un insulto. Filldeserp, intentando disimular su enfado, midió las ventajas y desventajas de la propuesta, apretando los dientes con fuerza.


- Nunca abandonaría a los míos, si lo que en verdad insinúas es una muda por mi parte. Si, por el contrario, nuestra alianza significara obviar la venganza que tu pueblo anhela ejecutar sobre los míos…
- ¿Aún frente a la posibilidad de inmortalidad no los abandonarías?
- La inmortalidad no me brindará lo que deseo obtener; no requiero ninguno de sus dotes. Y aún si así fuera, los míos me necesitan y desdorado sería yo si los desertara en este momento de cambio. No oses interpretarme erróneamente, Conde Phinehas: no son ellos los que me sujetan, sino mi lealtad hacia ellos, y mi propio deber y voluntad de protegerlos y guiarlos hacia la gloria; con la misma voluntad refulgente que tú acabas de elogiar.


Phinehas permaneció en silencio mientras hombro a hombro pasearon por la galería principal. Cuando al fin se decidió por el rumbo de su respuesta, sus ojos irradiaban tal audacia y avidez que Filldeserp cerró los ojos por un instante, preparándose para las punzantes palabras que sin duda alguna escucharía.

Tendría que notificarle a Voldemort de un nuevo fracaso, y poner en marcha la alianza con el clan Kunz para asegurar su subida al poder para remediar el aliado perdido.


- Seré franco contigo, Lord Filldeserp, porque has demostrado nuevamente que tus habilidades te ubican como mi igual, incluso con tu juventud e inexperiencia. Lord Voldemort no tiene nada que ofrecerme que acapare mi atención ni seduzca a mi pueblo… - Sus ojos oscuros brillaron con una chispa maniática y una sonrisa peligrosa se situó sobre su rostro, sobre todo cuando los hombros de Filldeserp cayeron ante la ya asumida derrota. – Salvo tú.


El heredero de Voldemort se detuvo abruptamente, estupefacto ante el rumbo que había adquirido la danza. Cuando hizo un amague de réplica, la mano derecha de Phinehas estrechó su hombro izquierdo con una fuerza que sólo un vampiro o un licántropo podía profesar, y lo silenció, para luego desmantelar el agarre.

“¿Ha adquirido Phinehas un heredero? Su tiempo como conde pronto llegará a su fin... por más que sea vampiro, ha reinado lo suficiente, y su poblado exigirá una nueva generación...”

Sus propias palabras en aquella reunión del Círculo Interno, previa al rescate de Hermione, lo alcanzaron en ese momento, y de repente la expresión que había visto en el rostro de Voldemort adquirió significado. Probablemente su expresión en este momento fuese un duplicado.


- Desde que Lord Voldemort te presentó por primera vez ante mí, cinco años atrás, supe que eras el ingrediente esencial de su pócima para la victoria… y pude entender porqué. – Sonrió el conde hambrientamente. – La oscuridad que abrazaba su alma, combinada con el fuego de tu magia… cualquier criatura oscura se sentiría inmediatamente atraída hacia ti, y hacia todo lo que propusieras. Aún con mi experiencia, no pude resistir la atracción. Instintivamente supe que eras el mortal que había estado esperando todas estas centurias… el único mortal lo suficientemente digno para suplirme y conservar al linaje Henkel en su meritoria cúspide…


Contra todo sentido de supervivencia, Filldeserp persistió estático en su lugar mientras Phinehas reducía lentamente los escasos pasos que los distanciaban. Si retrocedía, mostraría su debilidad al haber sido intimidado y Phinehas podría jugar con él, incluso conducirlo hacia su objetivo. Mantuvo firme su mirada sobre los ojos del vampiro, desafiando sus poderes de hipnotismo con sus barreras de Oclumancia; casi podía sentir el aire condensándose a su alrededor ante la tensión de fuerzas.


- Conde Phinehas. – Interrumpió en forma de saludo una voz que Filldeserp bien conocía y agradeció su oportunidad. – Confío en que la Oscuridad lo haya guiado prudencialmente hacia nuestro hogar, sin desvíos ni anormalidades, y que las estrellas hayan aprobado los gestos de mi heredero hacia usted con la misma munificencia.- Con una sonrisa complacida, Voldemort apoyó su mano izquierda sobre el hombro de Filldeserp, reforzando sus palabras y casualmente dejando libre su mano derecha, que se hallaba situada con disimulo sobre su varita.
- Por supuesto, Lord Voldemort. – Respondió Phinehas, su tono lejos de ser amigable y desistiendo de la formalidad, en una abierta injuria hacia la gentileza de su anfitrión. Como respuesta, el Dark Lord alzó una ceja inquisitiva, pero asintió de todas formas.
- Lamento tener que eximirlo de la presencia de mi heredero, pero requiero de su asistencia. Seguramente tendrán la ocasión de reanudar su charla durante la velada. – Voldemort tuvo la delicadeza de sonar apenado, aunque el sarcasmo era igualmente perceptible.
- No se preocupe, Lord Voldemort. Podré encontrar otra persona con la cual entretenerme hasta que Lord Filldeserp se libere de sus compromisos. – Sin más, se volteó y desapareció entre la multitud, sin ni siquiera preocuparse en hacer una reverencia de respeto.


Voldemort contempló su partida con una sonrisa burlona, provocando una manifestación de exasperación en Filldeserp.


- Sabes que esta vez sólo te ha cedido tu punto porque así lo planificó, ¿verdad? – Dijo Filldeserp, y Voldemort rió entre dientes.
- Obviamente. Sin embargo, yo también tengo algo planificado. – Anunció Voldemort. – Simplemente quería confirmar mis sospechas. – Sus ojos relampaguearon por la cólera. – Eres mi heredero, y el de nadie más. – Filldeserp alzó ambas cejas, acostumbrado al sentimiento de posesión de Voldemort, pero no a su declaración pública.
- Me haces sentir casi como un objeto. – Sonrió Filldeserp satíricamente. Como refutación, recibió una mirada intensa. – Sé que no aludes a mí de esa manera, pero de todas formas… la decisión termina siendo mía, ¿verdad? – La desconfianza y el entrecejo fruncido de Voldemort incentivaron una carcajada vacía en él. Se volteó para alejarse y reasumir su papel en el baile de inauguración del Congreso. – Nunca renunciaría al linaje Slytherin ni a tu protección, padre.


Y se retiró de su presencia.


***


- ¿En verdad crees que nadie me reconocerá? – Susurró la muchacha de cabello platinado y ojos de un color ambarino, cuyo brazo estaba entrelazado con el del mortífago.
- Claro que no. – Una mueca sarcástica se ubicó en su rostro. – Estás agrediendo mis pericias como Inefable. Nadie podrá reconocer el glamour, te lo aseguro. Bueno, salvo Filldeserp. – El mortífago rió entre dientes, como si la excepción le causara regocijo.
- ¿No tendrás que reportarte pronto a Voldemort?
- Chist. Es Dark Lord. Como mi prima, no puedes andar desafiando su hegemonía. Pero sí, tengo que presentarme ante él, y tú conmigo, obviamente.
- ¿En verdad debo? – Preguntó la muchacha, jugueteando con uno de sus refinados bucles y con sus grandes ojos suplicando al mortífago por una negativa.
- ¿Preferirías quedarte sola en mitad de una sala en la cual no conoces a nadie? ¿Con vampiros, licántropos y Merlín sabe qué otras bestias horrorosas? ¿Qué puede hacerte el Dark Lord que no te haya hecho ya? Tarde o temprano deberás enfrentarte a él. Aunque yo temería más a Filldeserp. Me han dicho que últimamente anda algo… enardecido.


La mujer lo fulminó con la mirada aunque desistió cuando el mortífago empezó a andar en dirección a su Lord, con pasos largos que le generaban dificultad dado el largo de su vestido de gala, y lo desacostumbrada que estaba a los tacos.


- Augh. Hazme recordar nunca más ser tu pareja de baile. – Musitó, irritada.
- No creo que tengamos la oportunidad. – Respondió el hombre con el semblante sereno, aunque la mujer supo leer la burla en él.
- Buenas noches, Austen. – Saludó una dama, que justo en ese momento se cruzó en su camino, a su pareja y que se le hizo insólitamente familiar.


La mortífaga rubia definitivamente quería llamar la atención con aquel vestido rojo escotado, con detalles en negro. Ya de por sí su sonrisa depredadora afirmaba sus intenciones.


- ¿Cómo has estado, Alice? – Sonrió Austen encantadoramente.
- Muy bien, gracias. – Dijo la nombrada Alice con un tono endiosado. – Tu compañera no me es familiar. – Observó, aunque su desinterés en su identidad era palpable.
- Te presento a Iris, una de mis tantas primas de las que te he hablado… - La dichosa Iris le dirigió una sonrisa forzada a Alice de pura cortesía. – Iris, esta es Alice, una de las más fieles súbditas de nuestro Lord.
- Iris… la flor de la elocuencia. – Dijo la mortífaga, en tono que variaba entre el elogio y la indiferencia. – Todo un placer, admito.
- Gracias. – Murmuró Iris entre dientes. La mortífaga asintió y tras intercambiar unas palabras más con Cailean, los abandonó.
- Qué mujer tan desagradable. – Masculló Iris. Cailean, divertido, elevó una ceja.
- Ustedes, las mujeres, viven diciendo eso sobre todas las personas de su mismo sexo que encuentran. En verdad, uno supone que si fuera por ustedes, sólo existiría una mujer. El problema estaría, obviamente, en cuál de entre los billones.
- Dices eso porque disfrutas contemplándola. Sin embargo, bien sabes, que es una criatura que no tiene ninguna clase de respeto, ni a sí misma ni aquellos que tienen que soportar su imagen, ni mencionemos sus... designios.
- Te aseguro que no nos quejamos. – Sonrió Cailean, quien visiblemente estaba disfrutando el sacarla de quicio. – Lord Filldeserp, en primer lugar.
- ¿De qué hablas? – Cuestionó Iris, su expresión concentrándose ante el nuevo tópico.
- Es de conocimiento público entre mortífagos que Alice goza del favor de Filldeserp. – Cailean le dirigió una mirada significativa y descendió el tono de su voz. – Aunque en el último año ha menguado. Antes, incluso, corrían rumores de un supuesto compromiso…
- Idioteces. Filldeserp no se reduciría a algo así…
- ¿Y usted cómo podría saberlo, señorita? – Interrogó una voz detrás de la pareja, sobresaltándolos.

***


Voldemort había estado vigilando a las diferentes personalidades del Salón muy rigurosamente. Algunos de sus mortífagos más allegados habían sido encomendados con la tarea de cooperar con él, y podía presumir así tener todo bajo control, salvo por el Conde Phinehas, pero estaba dispuesto a aceptar aquella singularidad.

La orquesta había empezado desde hacía rato con canciones más vigorizantes, y varias parejas se encontraban bailando en un sector del salón. Otras tantas aún disfrutaban del delicioso banquete en sus respectivas mesas, y algunos paseaban por las áreas permitidas de la Fortaleza. Era una noche de formalidades e informalidades, aunque el pacto era claro: ninguna magia o fuerza debería ser usada ofensivamente. Ningún ataque debía iniciarse. Era una noche de paz, por extraño que sonase en la mente de un Dark Lord.

Irónicamente también era la fecha de conmemoración de la conclusión de su Primer Ascenso. En un gesto inconsciente, sus ojos rubíes se estacionaron en la figura de Filldeserp. Veintitrés años. Una sonrisa afectada surcó su rostro al pensar que nueve años atrás había estado maldiciendo aquel Halloween, y en el presente era un día que veneraba y aún si los Jueces le permitiesen volver al pasado, cometería el mismo error, porque el resultado había valido la pena a largo plazo.

Fue distraído de sus ensimismamientos cuando algo vulgar captó su atención. Una pareja se encaminaba hacia él, aparentemente en medio de una discusión, cuando fueron interceptados por Alice. No supo porqué la escena lo atraía, pero conociendo la importancia de seguir su intuición, se acercó de manera camuflada hasta ellos.


- Es de conocimiento público entre mortífagos que Alice goza del favor de Filldeserp. Aunque en el último año ha menguado. Antes, incluso, corrían rumores de un supuesto compromiso… - Le escuchó murmurar a Austen.
- Idioteces. Filldeserp no se reduciría a algo así… - Replicó la muchacha, con tal seguridad que le provocó suspicacia a Voldemort.
- ¿Y usted cómo podría saberlo, señorita? – Preguntó, adorando la forma en que los aterrorizó y sin poder reprimir una sonrisa maliciosa.


Austen inmediatamente se puso de rodillas y bajó su cabeza, pero la muchacha, que sabía que nunca había visto, pero que a su vez sus rasgos se le hacían extrañamente familiares, permaneció de pie. Frunció el entrecejo. Se había prometido que no torturaría a ninguno de sus invitados aquella velada, salvo que cometiesen alguna atrocidad, pero aquella mujer estaba resultando ser una verdadera tentación…

Cailean agarró el antebrazo de la mujer y prácticamente la arrojó al suelo, provocando una exclamación alarmada de sus labios. Pero, al parecer recordando donde estaba, se controló de hacer comentario y agachó la cabeza, sumisa.


- No has satisfecho aún mi intriga. – Señaló Voldemort. Notó que el labio inferior de la mujer temblaba, aún cuando se estaba esforzando por ocultarlo mordiéndolo. – ¿Quién eres?
- Es mi prima Iris, milord…
- Cailean, no te he preguntado a ti. – Le irrumpió el Dark Lord. – Agradece que hoy me encuentro benevolente o serías gravemente castigado por tu insolencia. – Volteó sus acusadores ojos a la denominada Iris. - ¿Podrías responderme a qué se deben tus inferencias, Iris?
- Simplemente… No podría imaginarme a Lord Filldeserp con aquella escoria, milord, por todas sus grandezas… que mi primo me ha relatado muy amablemente…
- Mientes.


Podía percibir la mentira incluso usando una Legeremancia superficial. A veces se preguntaba si era una ofuscación popular creer que había llegado a la categoría Dark Lord simplemente chasqueando los dedos. Por supuesto que podía distinguir cuando estaban intentando engañarlo. Él era un maestro en el arte, después de todo.


- Milord… yo… - Balbució la mujer.
- ¿No crees que estás exagerando, Tom? – Dijo Filldeserp, apareciendo entre las mesas, con una marcha refinada y resuelta. Se ubicó a su lado derecho y contempló con curiosidad reservada a la pareja, alzando las cejas soberbiamente. – Austen. – Su tono se tornó frío al decir el nombre.
- Milord. – Respondió el dichoso mortífago, agachando la cabeza aún más, casi rozando el suelo.
- De pie. – Ordenó Filldeserp, cuyo rostro había perdido todo rastro de humor en un instante. Una vez cumplida su orden, examinó a la mujer de cabellos platinados. - ¿Dices ser la prima de Austen…?
- Así es, milord. – Murmuró casi inaudiblemente. – Iris Austen.


Filldeserp asintió y como típico gesto, tomó la mano izquierda de la mujer y se inclinó para besarla, pero se detuvo a centímetros de su piel. Sus ojos se ensancharon y su mano se cerró con mayor presión sobre la de Iris, incitando un gemido de dolor. Casi con ferocidad, levantó sus ojos y los posicionó sobre los ambarinos, atacando bruscamente la mente de la mujer con Legeremancia. No pudo adquirir el acceso a su mente, pero reconocería aquellas barreras en cualquier sitio…

Llamó su elemento a la superficie, sin manifestarlo externamente, y el fuego concretó sus sospechas.

Elemental de Viento.


“Iris” retrocedió ante la intensidad de aquellos ojos y la sonrisa encrespada que tomó forma en el rostro anteriormente relajado de Filldeserp. Sin embargo, su mano aún permanecía sujetada y no podría ir muy lejos, incluso si hubiese deseado huir. Había esperado toda clase de bienvenidas, sobre todo con la extraña actitud que el heredero de Voldemort había adoptado hacia ella durante el último mes, pero…

La bofetada la encontró desprevenida.


- ¿Has venido a mofarte de mí? – Siseó Filldeserp, la mano aún en alto. - ¿O a qué rayos has venido?
- Definitivamente esperaba otra bienvenida. – Musitó, manteniendo la conexión visual y sin replegarse.


Filldeserp volvió a amenazar con otra bofetada, pero esta vez la mano de Voldemort retuvo su movimiento a mitad de camino. Su heredero volteó a verlo, con una mirada casi traicionada, pero la seriedad del rostro de su Lord lo serenó.


- Contrólate, a menos que quieras hacer de esto un espectáculo. – Le susurró, reprochador. Filldeserp asintió levemente con la cabeza, aunque se denotaba por la ferocidad de su rostro cuántas cosas hubiese querido hacer o decir de no haber estado en público. - ¿Podrías explicarme cuál es la ofensa que la joven Iris ha urdido contra ti?
- Nada tiene de Iris, milord. – Siseó Filldeserp, sin desviar sus intensos ojos del rostro de la joven, la cual podía intuir los cuchillos que ajaban su piel en la mente del heredero de Voldemort. O quizás una tortura un tanto menos sangrienta pero igual de dolorosa. – Frente a ti no tienes a nadie más que a Hermione Granger… por extraña que sea tal afirmación, teniendo en cuenta que prácticamente se está entregando a sus verdugos… ¿por qué facilitarnos la tarea, Granger?
- Con qué facilidad desvirtúas tus promesas y doctrinas, Filldeserp. Tú, quien me enseñó las artes de la mente y de la guerra, aquél que ante todo coloca la supervivencia, aquél que me juró que no sería más que una persona neutral o enemiga fuera de la Fortaleza… He venido aquí en busca de una alianza, y sólo recibo disgusto.
- No vengas con tus petulancias, sangre sucia. – La interrumpió Filldeserp. – Tu alianza no es bien recibida; no cuando realmente abrazas a la luz.
- ¿Qué es lo que he hecho para hacerte pensar eso? Te aseguré que recibirías mi respuesta antes de noviembre… y hasta donde entiendo, todavía es octubre. – Murmuró en un tono mordaz, absorbida también por el momento. – Tú fuiste el que me inculcó que siempre hay que asegurar nuestros objetivos… ¿qué pretendías que hiciera frente a una Orden del Fénix que cada vez estaba más suspicaz respecto a mis intenciones? Si no les demostraba pronto que pretendía recuperarme y reintegrarme… ¡te aseguro que no fue fácil adoptar un rol… casi de espía! Sobre todo por y en nombre de un hombre como tú, que sólo ve lo que quiere ver, que ya nada le importa… ¿cómo podía saber que te iba a importar? ¡Tú mismo me lo dijiste, que fuera de la Fortaleza serías Filldeserp! – Exclamó, a punto de gritar por su frustración.


Hermione respiró hondo y por unos segundos se dedicó a observar la expresión consternada en el rostro del mago oscuro. Una parte de su enojo e indignación permaneció allí, pero ante todo amó que ya no fuese impasible; amó el ardor de sus ojos, ya que sólo demostraba que lo había hecho sentir de nuevo, que en verdad era humano… y que ella no le era indiferente.

No se preocupó en contemplar a Voldemort, ni siquiera le dedicó una mirada de soslayo a Austen. Toda su concentración residía en Filldeserp.

Un mes había transcurrido sin verlo. A veces, hubiese deseado que el tiempo hubiese pasado más rápido; había otras ocasiones en las que hubiese preferido detenerlo, tan sólo para estar un instante más lejos de él. Eran sus dos posturas incompatibles respecto a una misma persona, y sin embargo, allí estaba, frente a ella, mirándole a los ojos. Tal vez no fuese la persona indicada a la cual proclamar lealtad; quizás no fuese la persona indicada con la cual enamorarse; quizás ni siquiera fuese digno de ser considerado como humano, por todas las monstruosidades diarias que cometía. Pero allí estaba ella, amándolo y odiándolo con el mismo ímpetu, y sólo deseando que su pelea interna concluyera al fin… Y no tenerse que cuestionar ni una vez más si estaba haciendo lo correcto o no.

Porque a lo mejor tales distinciones no existiesen. Por lo menos no existían cuando sólo deseaba borrar la mirada traicionada del rostro de Filldeserp, cuando sólo quería sepultar todo el dolor y la furia que irradiaban como brasas en su interior…


- Tuve claro mi lugar prácticamente desde la conversación con Dumbledore… - Susurró, habiendo canalizado la mayoría de su exacerbación y decidiéndose por un método más apaciguador. – De hecho, no tardé mucho tiempo en hablar con Cailean y arreglar todo para este día… Juro que mi participación en la defensa de los pueblos no tuvo mayor intención que salvaguardar mi condición… y quizás saldar mi deuda con mi falencia como aurora…
- Entonces… ¿estás dispuesta a jurar lealtad a la Oscuridad, aún cuando signifique ir en contra de tus propias creencias, de tus propios pensamientos? – Cuestionó Voldemort. – Esto no es un juego, Granger. Ya no tendrás posibilidad de redención… por parte de ninguno de los dos bandos. Ninguno te tenderá la mano de nuevo si traicionas. Esto es una guerra.
- Difícilmente la Oscuridad me aceptará. – Dijo Hermione, con una ligera sonrisa. – Sin embargo, estoy dispuesta a jurar lealtad a la empresa de Lord Filldeserp… todo lo que pueda aportar para impulsarla, dentro de mi magia blanca…
- Posiblemente seas la primera bruja cuya magia está aliada a la luz y proceda a emplearla para fines oscuros en la historia de nuestra comunidad… - Musitó Voldemort. Sin embargo, su sonrisa sugería su satisfacción.
- Sólo se trata de la primera. – Dijo Filldeserp, correspondiendo a la sonrisa de su Lord. Su mirada retornó a Hermione, quien ya se había colocado como lo indicaba el ritual de alianzas e iba a proceder a proclamar las primeras palabras de tal ceremonia. – Detente, Hermione. Este no es el lugar ni el momento… ni la forma. – Sonrió ante la mirada de desconcierto de la joven.
- Creí que era una fecha lo suficientemente simbólica…
- No, no lo suficiente. – Negó con actitud altanera. Se apresuró a rectificarse al contemplar las mejillas ruborizadas por la vergüenza. – No obstante, no tenías posibilidad de saberlo. Nuestra alianza no florece frente a la derrota de un Dark Lord ni frente al respeto a los espíritus que rondan esta fecha… por lo tanto Halloween no es la ocasión que buscabas.
- ¿Y el modo? – Preguntó Hermione.
- Tengo una manera mucho más tradicional y franca en mente, y que contempla nuestras diferencias como la mayoría de los juramentos de lealtad no suelen hacerlo.


Aquella sonrisa misteriosa probablemente la acecharía por el resto de la velada. Pero no pudo preocuparse menos, especialmente porque pocos segundos más tarde recibió una mirada que le garantizó que la discusión no había concluido y que quedaban muchas cosas aún por decir.

Pero no pudo preocuparse menos.


***


Para conceptuarlo en palabras sencillas y concretas, además de muggles, se sentía como sapo de otro pozo.

Cailean había tenido la razón: era definitivamente un gran error estratégico, por no insinuar suicidio, permanecer en el centro del salón sin compañía, principalmente por las condiciones especiales que la vinculaban a la Causa. No era como ninguno de ellos, ni siquiera si se comparaba a los neutrales, que simplemente analizaban todo desde una perspectiva superior y desglosada. Todos los rostros le eran extraños, todas las palabras ceremoniales que se murmuraban en los rincones sonaban como modismos de una lengua desconocida… todo en general: la música, los gestos…

Definitivamente no era su lugar natural. Recordaba los concilios internacionales organizados por la Orden del Fénix en los que solía estar tensa también, pero había sido otra clase de tensión. Estaba acostumbrada a lidiar con la honestidad y las maneras directas de expresarse de aquellos que se vinculaban con la Luz, totalmente inversos a los modos de la Oscuridad, cuyos golpes eran más inciertos, más disimulados y discretos; y donde los dobles sentidos abundaban y le provocaban severos dolores de cabeza.

Sin embargo, se forzaría a entender, a comprender, aquel micro-mundo. Se esforzaría para no tener que persistir oculta en una esquina, por temor a ser saludada por alguien y no dar la réplica correspondiente; se esforzaría para poder acompañar a Filldeserp en sus manipulaciones políticas y poder mantenerse a su lado con honor. Y también, porqué no, porque le causaba curiosidad.

Tampoco había sido natural de la Luz; siendo hija de muggles, cuando se enfrentó al primer día en Hogwarts, se sentía tan desubicada como en este momento. Y se había alentado a que no fuese así, a aceptar lo que era y obligar a los demás a aceptarla. Porque ella tenía el mismo derecho que ellos a estar allí estudiando y creciendo en su magia; lo mismo sucedía con la Oscuridad, si bien nunca sería una compañera fiel ni tan amable como la Luz…

Después de todo, ya fuese Luz u Oscuridad, era Magia. En un punto tan abstracto y tan supremo, no eran disímiles: de hecho, eran puramente lo mismo; las dos caras de una misma moneda, dos caminos con un mismo inicio y un mismo final.

Hermione sonrió y sus ojos almendrados destellaron ante la perspectiva del desafío. Nada le entusiasmaba más. Era una Gryffindor, a pesar de todo; aún cuando pareciese que había dejado una parte de sí misma en los Cuarteles, allí donde todo podría haber sido distinto…


- Lamento que la velada no sea tan deleitable para ti como la es para mis invitados.


Volteó su rostro y se encontró con Filldeserp, sentado aristocráticamente a su lado, con sus curiosos ojos en ella. Tal había sido su ensimismamiento que no se había percatado de su presencia. Volvió a desviar la mirada a la pista de baile, donde había disfrutado un cierto período de tiempo bailando con Austen hasta que el mortífago había hallado asuntos más interesantes con los cuales danzar.

Era verdad que los invitados estaban disfrutando la noche. En el ambiente había un clima de distensión y satisfacción, aunque no alcanzaba la calificación de alegría. Todos aquellos brujos y criaturas tenían algo en común: la magia oscura; una causa. Y todos sin excepción se regocijaban en la hermandad.

Su sonrisa cobró un tinte de amargura.


- Preferiría que no fueras tan formal conmigo. – Murmuró Hermione, quien llegó a captar el asomo de una sonrisa en Filldeserp.
- Créeme que en una noche como ésta es muy difícil escapar de la formalidad. Pero lo intentaré. – Hubo un instante de silencio, en el que ambos evitaron mirarse. – ¿Qué es lo que te he ofrecido que la Luz no pueda darte en sí misma? – Preguntó él espontáneamente, en un susurro casi inaudible.


Hermione se alegró por la pregunta y al mismo tiempo le causó una enorme disconformidad. No obstante, recóndito entre aquellas palabras que se oían tan suaves, estaba el conocimiento que Filldeserp podría haber entendido si su lealtad hubiese permanecido con la Orden. Por lo tanto, no era la falsa decisión que había tomado la que lo había decepcionado y enfurecido, sino algo mucho más complejo y profundo. Quizás entonces la pregunta era si lo habría aceptado.

Sonaba casi como las dudas de un niño tembloroso y tímido, que no podía llegar a divisar su valía y veía el mundo quizás demasiado grande para jugar a ser el gran héroe. Como si dudase de sus propias habilidades. Como si ya no se tratase de Filldeserp, el hombre que conquistaba ejércitos y mujeres con su carisma y poder, aquél que los aurores y civiles murmuraban que era más terrorífico que el mismo Lord Voldemort. La imagen mental por sí misma le ocasionó una carcajada, hasta que se corrigió y se dio cuenta que no había sido la respuesta correcta al ver la máscara que cayó como una cortina sobre el rostro de Filldeserp.


- La Luz me ofreció todas aquellas cosas que podría llegar a desear… una vida, un sentido para ella, amigos, el conocimiento de estar haciendo lo correcto; incluso un proyecto con el cual sentirme plenamente realizada. Sin embargo, mi decisión no radicó en ofertas, ni en promesas de futuro… ni siquiera en una ética con la cual pudiese justificar mis acciones. Ni siquiera fue por vengarme de todos los daños sufridos por sus engaños. Dudo poder idearle un nombre a mi razón… es sólo la sensación de… poder aportar algo, de poder ser alguien, que no cualquiera puede ser, de quizás poder marcar la diferencia, y mi trabajo y persona sirvan en algo importante, más que para poner un rostro a una causa La posibilidad siempre estará de haber tomado la decisión errónea, que éste no es el camino más adecuado para cumplir mi misión… pero por más que todo lo que haya conseguido apreciar sea destruido, aún ante el gigantesco riesgo que estoy corriendo… sé que éste es mi lugar, y de alguna manera sé que a pesar de todo ello, de todo el daño, es la decisión correcta, porque la he elegido yo. Sé que aquí es donde quiero estar, donde necesito estar. No lo podría explicar de otra forma… - Una sonrisa untada de tristeza cobró forma en su rostro. – Llámame egoísta, lo soy, pero no me arrepiento de ninguna palabra dicha la última vez que nos vimos…


Su discurso concluyó en una entonación nostálgica, deseando que su mirada fuese correspondida para así poder contemplar los sentimientos de Harry a través de ellos, y no aquel perfil de facciones inmutables. Se hubiese sentido satisfecha con eso.

Así permanecieron algunos minutos; ella, expectante por su respuesta, sintiendo como la congoja en su pecho aumentaba con cada latido; él, con su atención puesta en la celebración, dando la impresión de no haber escuchado a Hermione.

Bajó la mirada a su regazo.


- ¿Me permitiría este baile, señorita?


Pestañó y fijó su mirada en él, al principio creyendo que se estaba burlando de ella, tratándola como una desconocida. Luego captó la sonrisa juguetona en su rostro, sus ojos que parecían iluminados por un fuego interior, y no completamente consecuencia de su magia; su mano que tomó la suya y la condujo serenamente, midiendo sus pasos, a la pista de baile, y sus sentimientos respondieron antes que sus pensamientos.

Quizás fuese el hecho de que era la primera vez que bailaba con él. Quizás fuese porque todas sus inquietudes se dispersaron, de un modo esotérico. Quizás fuese porque sabía que era la primera mujer con la que Filldeserp compartía un baile aquella noche. Quizás fuese por su propio romanticismo. Pero no le importó las ojeadas incrédulas de su público, no le importó haber desertado a la Luz, no le importó estar danzando con el hombre que el mundo temía o veneraba; para ella, era simplemente Harry.

Ni su amigo. Ni su enemigo. Ni su amante. Ni un apóstata. Ni su confidente. Ni un desconocido. Ni un compañero.

Ni Filldeserp. Ni el heredero de Voldemort. Ni el ex–muchacho dorado de Dumbledore. Ni siquiera un hombre…

Sólo Harry. Y esa afirmación respondía a todas las preguntas.

Y ante sus ojos la realidad de que Harry estaba junto a ella…


Se apoyó en su hombro mientras bailaban al suave compás de la música y cerró los ojos, impregnándose en su aroma y en la millonada diversidad de sensaciones que se precipitaban por su cuerpo. Sintió el leve dolor en su rostro, causado por la sonrisa más extensa que podría jamás producir, y también percibió como algunas lágrimas desfilaban por él. Más que nada, apreció la mano que con delicadeza acarició su mentón y acompañó esas lágrimas.

Las notas de los instrumentos de la orquesta bailaban en su mente y se fusionaban hasta convertirse en un rumor insustancial del que apenas era consciente. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando sintió un aliento que subía lenta pero irremediablemente sobre su cuello y se estremeció cuando el sonido de una respiración zumbó en su oído.

Sin embargo, la odisea aún no había concluido. Todas sus emociones colapsaron en un torrente irracional de colores cuando unos labios forasteros se entrelazaron con los suyos, acariciándola cual una brisa, y la guiaron a un lugar que variaba análogamente entre el cielo, la tierra y el infierno.

Un lugar denominado Laguna Estigia.


***


Westminster
1 de noviembre de 2004
Horario: cuatro y cuarenta de la madrugada



Cuánto había intentado descartar aquella sonrisa ingenua que se la había adherido al rostro, y sin embargo, persistía allí, como el único legado que la noche le había permitido conservar, aparte de sus recuerdos.

Parecía casi parte de un sueño. Tras bailar algunas canciones, cuya historia Harry se había encargado de relatarle, habían caminado por las galerías de la Fortaleza, algunas veces cruzándose con gente lo suficientemente arrogante para acercarse y entrometerse. Disfrutaba contemplando los cortos diálogos que Filldeserp mantenía con ellos, pero más que nada se había regocijado en las conversaciones que se desprendían de ellos. Así había aprendido algunos detalles de la diplomacia en los ámbitos de la oscuridad, y de algunas personalidades. Había criaturas presentes en aquel Congreso con las que hubiera preferido nunca encontrarse, y otras que enseguida despertaron su curiosidad, al igual que los magos oscuros provenientes de otras culturas, con modelos de ética mágica muy diversos.

Muchos habían solicitado su nombre, dado que seguía aún con el glamour aplicado, por lo tanto nadie podía reconocerla, y a pedido de Filldeserp, había sostenido el nombre de Iris Austen. Se había ganado todavía más miradas curiosas, ya que era una familia sangre pura de leve prestigio en Escocia. Hubo un momento en el cual se cuestionó porqué a Cailean no le molestaba que una sangre impura portara su apellido…

“Vivo para servir”

Supuso que no le importaría una noche de desgracia frente al prospecto de años de distinción, que posiblemente hallaría si continuaba complaciendo los deseos y demandas de sus Lords.

Otro lapso apacible del inicio del congreso fue su reencuentro con Voldemort, en mejores condiciones que al principio de la velada. Como era de esperar, el Dark Lord se había dirigido a ella con mera indiferencia y hasta apatía, aunque había instantes en los que podía percibir cierto deje de su contentamiento durante la plática.

No habían discutido mucho sobre el futuro, ya habría otra oportunidad para ello. No obstante, había hecho notar su deseo de retornar a su apartamento aquella noche para terminar de recoger sus cosas y las últimas pesquisas que pudiese rescatar. Filldeserp inmediatamente se había opuesto a la idea, indicando el índice de peligrosidad, ya que era probable que la Orden se hubiese percatado de su ausencia.

Sin embargo, Hermione había planificado su salida concienzudamente. Había procurado al menos una vez a la semana, desde que había solicitado su traslado de los Cuarteles tras su incorporación al Ministerio, salir a distintos lugares durante su tiempo libre, que se había visto cada vez más reducido a medida que la Orden y el Ministerio se habían asegurado de su salud y lealtad. Había optado por lugares que no elevasen sus sospechas, espacios donde su presencia era concebible: desde bibliotecas y teatros, hasta incluso visitar a viejos amigos o merodear durante un rato por alguna plaza o espacio público, como un bar.

La Orden no tenía porqué pensar que esta ocasión iba a ser diferente, sobre todo cuando Neville había visto la entrada que había comprado para una tragicomedia en el teatro Apollo. Solía estar un largo tiempo fuera de su hogar en esas ocasiones. La Orden había empezado a creer que su estadía en la Fortaleza le había hecho ver las pequeñas cosas de la vida y por eso se estaba encargando de disfrutar más de ella, incluso en aspectos amorosos.

En cierta forma, era cierto. Pero no en el sentido que ellos desearían.

Por lo tanto, Voldemort había accedido a permitirle dos horas para retornar al mundo mágico y volver de inmediato a la Fortaleza, ya que tenían demasiados asuntos por conferir todavía. Parcamente Filldeserp también se lo había consentido, no sin antes recordarle la función del Medallón y que el rol que ella cumplía en la Orden Oscura no era de espionaje, y que por consiguiente, no se arriesgara sólo por conseguir una pizca de información.

Si alguien le hubiese inquirido a Hermione porqué creía que Filldeserp había dudado tanto en dejarla ir, ella se hubiese atrevido a decir que era por preocupación y temor, aquella enorme inseguridad que por intervalos se advertía en sus ojos, aún cuando lo había disfrazado en un plan práctico.

Esa era la razón de su sonrisa.

Habiendo arribado a la puerta de su departamento, buscó la llave en su bolso (había cambiado su vestuario en la Fortaleza por elegantes ropas muggles) y prosiguió a ingresarla en la cerradura. No supo porqué, pero por un instante, osciló en hacerla girar. Su instinto le indicaba que algo estaba mal, pero no había razón aparente para ello. Sólo se había vuelto paranoica… además, estaba muy cansada, por lo tanto sus sentidos estaban paliados. Sus pies le dolían de tanto caminar y bailar, y su cabeza retumbaba, a pesar de lo sosegada que estaba.

Tenía que hacer de aquella excursión lo más breve posible. Necesitaba descansar o empezaría a creer que había rastros de magia en la cerradura.

Hizo girar la llave y, al abrir la puerta, su paranoia se vio confirmada. La cerradura había sido forzada con magia…

Hermione era ahora el objetivo de cinco varitas, y no precisamente en señal de paz. Reconoció a tres de ellos como aurores del Ministerio que el día anterior habían estado bajo su comando, y a los dos restantes como miembros de la Orden, Lucas De Santos y Francisco García.

No había razón para entrar en pánico, dedujo. Quizás alguien había chequeado el teatro Apollo y no la había encontrado en él, alzando la voz de alarma por las dos organizaciones. Tenía un plan secundario para ese caso, y alguien que podría declarar a su favor, en caso de que desconfiaran.

Quizás creían que era una mortífaga bajo la apariencia de Hermione, quien, si se habían forzado a estipular sobre la situación, había vuelto a ser secuestrada por la Orden Oscura. Sería otra posibilidad completamente normal y fiable…


- Señorita Granger, está bajo arresto. Despójese de todo utensilio, especialmente su varita, y confiérala sin resistencia. – Declaró De Santos.


Definitivamente no había creído que esas serían las primeras palabras que escucharía, pero podía adaptarse a ellas. No podrían arrestarla. No tenían razón para recluirla.


- Permítame consultar los cargos de los que se me cree culpable, auror De Santos, antes de ceder mi varita. – Musitó con la mayor calma que pudo asumir.
- Traición. Cooperación con criminales reconocidos y de alta amenaza. Filtración de información… y le aseguro que no son cargos efectuados a la ligera. – Contestó De Santos con sequedad. – Recomendaría que se limitara a acatar las órdenes, señorita Granger. Cualquier palabra que diga podrá ser usada en su contra.


Podría tratarse de otra prueba que el ministerio y la Orden habían colocado en su camino para comprobar su lealtad. No había forma de que hubiesen conseguido pruebas de su deslealtad, especialmente porque no había sido concretada hasta aquella noche.

¿Valdría la pena arriesgar su varita por una coartada que ya no tendría utilidad de todos modos? Al día siguiente, ya fuera por esto o por su desaparición, la Comunidad Mágica sabría que Hermione Granger ya no les pertenecía.

Mientras lentamente extendía su mano con la varita para entregársela a De Santos, sus ojos almendrados fijos en los españoles, con la otra y en un movimiento brusco, se aferró al Medallón en su cuello, enviando un mensaje claro y que esperaba Filldeserp atendiera a pesar de sus barreras mentales.

“Estoy bajo arresto. Espero que esto se considere ‘emergencia’ en tus prioridades.”

De no estar en una situación con crítica, hubiese reído de la ironía de cómo su mundo se había volteado y como las cartas barajadas habían sido trucadas. Pero en aquel momento, estaba muy ocupada retirando su mano derecha del alcance de De Santos y empuñándola como si se tratase de un arma blanca, cuya blancura paradójicamente era cuestionada por sus antiguos colegas, ya que parecía haberse matizado de negro.

Existían cosas que iban más allá del Bien o del Mal… y una de ellas era el amor, y todo lo que se hacía por él. No lo justificaba ni lo explicaba, pero sí le daba una razón de ser.

Y una voluntad para existir.

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