Historia al azar: Un amor casi imposible...
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Laguna Estigia » Capítulo 11 (Primera Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2010, 12:57
[ Más información ]

Capítulo 11 (Primera Parte)

Lo siento mucho. Creo que es lo único que puedo decir respecto a la demora. Les aseguro que no fue intencional y que hice mi mayor esfuerzo... pero hay cosas con las que uno no puede luchar, y una de esas es un bloqueo y la falta de tiempo. Creo que lo van a percibir en algunas escenas del capi.

Tengo dos personas a las cuales agradecer muy profundamente, porque su aporte me sacó de ciertos aprietos. Una de ellas es mi querido Rómulo, quien me ayudó en la caracterización del personaje Sheila. La niña simplemente se negaba a expresarse en palabras!

Y otra es mi recientemente bautizada sobrinita mía, Fanny, que se ofreció a betearme y me sugirió un par de detalles que emparcharon un poco mi disconformidad con las últimas escenas. Para ella va dedicado este capi, también como regalo a todos los años que no le presté atención, aún siendo su tía!

Gracias a todos aquellos que recordaron mi cumpleaños y me enviaron sus saludos. Lo aprecié mucho. Entre los regalos que recibí, voy a compartir con ustedes el de Rómulo, quien me alegró el día con su dibujo de LE! http://ar.geocities.com/parvati_usagi/Laguna_Estigia.jpg "

Mi Fanlisting, Jaque Mate, ha soportado una mudanza, por razones técnicas. http://jaquemate.bynes-online.net/jaquemate/ Muchas gracias, Chei, por seguir dedicándote a él.

HPEFS no ha sido abandonado. Pronto espero poder actualizarlo… todo depende de mi musa, a esta altura.

Espero disfruten de la lectura. Aunque nuevamente el capi no me convence… pero me he cansado de reescribir. Ustedes juzgarán. Con este capi, se termina el período de ficts lights. De hecho, este tiene un balance favorable al dark. Volvemos a la normalidad! Y con suerte, se terminarán los bloqueos y los problemas de caracterización.

Nuevamente me disculpo. Muchas gracias por su paciencia, y por seguir leyendo LE.


***


Título: Laguna Estigia

Autora: Parvati-Blossom

Resumen: Reto Nº7 de La Orden de las Mortífagas. UA. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.

Rating: PG15

Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter. Sin embargo, aquellos personajes que no pertenecen al Cannon, son de mi propiedad. ¿Ejemplos? Alice Kolberg, Lucas de Santos... Por lo tanto, LE no es completamente tuyo, ¿verdad, Jo? -risas- Es un fict sin fines de lucro.

Advertencia: Tortura y cierta violencia explícita. Relación sexual implícita.


***


Capítulo 11


Guildford
11 de octubre de 2004
Horario: once y cuarto de la noche



Un silencio desdeñoso reinaba sobre el pueblo. Los pocos faroles que se hallaban situados sobre sus calles principales iluminaban mezquinamente el panorama, revelando un sencillo y típico poblado muggle con exiguos magos de linaje impuro en él. Ignorando los ojos indiferentes que se encontraban observándolos en la espera del momento indicado, la mayoría de los habitantes se dirigían a sus camas para descansar tras un exhaustivo día de trabajo. Otros permanecían despiertos, viendo la televisión o alguna de esas extrañas actividades con las que se entretenían los muggles.

El grupo de mortífagos aguardaba el comando de su líder detrás de las dichosas edificaciones o camuflados por algún hechizo o en la abundante vegetación de la zona, que en aquella ocasión no serviría para brindar serenidad ni belleza; la sed de sangre podía ser percibida en el aire, así como también el deseo de demostrarse fidedignos y valiosos a la Causa. Filldeserp sonrió despiadadamente al presenciar la ansiedad de sus subordinados.


- Aprisionen a aquellos dignos de ser presentados ante el Conde Phinehas y los suyos. Al resto… elimínenlos. – Ordenó con superlativa frialdad a los dirigentes de los diferentes grupos de ataque.
- ¿Limpiamente? – Cuestionó Avery, su tono de voz incrédulo.
- Queda libre al criterio del ejecutor, mientras recuerde no privilegiar demasiado a un individuo sobre los demás. – Contestó Filldeserp, cuyos ojos parecían haberse oscurecido a un negro absoluto.


Los dirigentes extendieron rápidamente las órdenes al resto de los mortífagos y se dispusieron a accionar, habiendo predeterminado las diversas líneas ofensivas instantes previos en la Fortaleza. Los gritos de pánico y dolor no tardaron en elevarse por todo el pueblo. La noche se tiñó de rojo mientras las estrellas parecían lamentar cada una de las vidas que estaban siendo exterminadas. Eso no detuvo a la Orden Oscura, quien avanzó casa por casa juzgando a sus víctimas y decretando cómo sería su muerte, un poder popularmente sólo delegado a los Jueces... pero que los mortífagos demostrarían que había sido usurpado.

Ahora ellos capitaneaban.


- Es increíble como los novicios se engolosinan con el poder del Lord. – Murmuró Bellatrix, apoyada sobre uno de los faroles y contemplando la escena con desinterés.
- ¿Sólo los novicios? – Altercó Filldeserp. – Y yo que pensaba que te gustaban esta clase de asaltos…
- No hay ningún desafío aquí. Sólo un par de sangres sucias inútiles y muggles que no entienden lo que sucede, y salvo que tengan a mano alguno de esos juguetes de metal con los que se creen todopoderosos, no brindan mayor resistencia... no creo que al conde Phinehas le agrade esta clase de banquete.
- Son sólo la entrada, Bella. – Sonrió el heredero de Voldemort. – El plato principal será mucho más suculento…
- Ya veo. – Una mueca retorcida tomó lugar en el demacrado rostro de la mortífaga al presenciar una sesión de tortura que uno de los mortífagos estaba desplegando sobre una mujer embarazada, que forcejeaba y gritaba por ayuda con una frenética consternación, no muy lejos de ellos. – Atrae viejos recuerdos, ¿verdad?
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Filldeserp, frunciendo el entrecejo ante la extraña afirmación.
- Vivías en un barrio así antes de unirte al Lord, ¿no? – Por su entonación se deducía que no era una pregunta. – Debió de ser una horrible experiencia… convivir con semejantes ratas… - Bellatrix centró sus penetrantes ojos negros en él. – Debes agradecer todos los días que el Lord te haya salvado de continuar en esas condiciones…
- Me sorprende tu amabilidad esta noche, Bella. No sueles mostrarte tan comprensiva conmigo. Mucho menos con mis raíces. – Replicó Filldeserp, refinando su sarcasmo en las últimas palabras. – Aunque espero que no hayas olvidado mi posición de jerarquía sobre ti… ¿Quién de nosotros dos posee el favor del Dark Lord? – Atestiguó como la furia revivió en los ojos de la mortífaga antes de continuar. – Eso pensé. Espero que en el futuro seas más conciente, Bella; si bien aprecio tu preocupación, no permitiré que hables de mí con tan bajo acato. Después de todo, no quieres terminar siendo la cereza en el postre del Conde, ¿verdad…?
- Aún no entiendo cómo el Lord pudo perdonar tus actos… cómo pudo concederte a ti, a aquel que lo destituyó en primer lugar, más poder y protección que a nosotros, que nos desvivimos por él, hasta abrazamos Azkaban voluntariamente por Él, honramos cada uno de nuestros juramentos… mientras que no has tenido ni una pizca de nuestro honor, ni le has entregado ni has sacrificado ni una décima parte de todo lo que nosotros le dimos… y aún así, te recompensa con más decoros, con más estimación…
- No debes medir la lealtad o el honor según los sacrificios que has realizado… sino que deberías fijarte más en tu eficacia como fuerza en la Causa. A parte de conferirte al Ministerio como una Gryffindor, enloquecer en una celda mugrosa en la que poco podías hacer por tu Lord, ¿qué más has hecho en los últimos veinticinco años, Lestrange? Ya ni sabes porqué luchas, has derrochado toda belleza que como mujer podrías haber llegado a poseer, has perdido el juicio, y con ello tu habilidad mágica y tu capacidad estratega… Agradece que el Lord no haya desprovisto de ti aún, y que te conceda oportunidades para volver a serle útil, la gracia de su misericordia… te aseguro que yo no la tendría.
- Y es por eso que nunca llegarás a ser nuestro Lord. – Impugnó Bellatrix. – Nunca llegarás a ser más que un arma que emplear para desestabilizar la balanza y luego exonerar… nadie te seguirá a ti. Sólo desacreditas nuestra Causa. La impureza de tu sangre, la debilidad de tu estirpe, lo certifica.
- Me encargaré de hacerle llegar al Lord tu informe, Lestrange. – Musitó Filldeserp, dándole la espalda para ir a examinar a los mortífagos y a sus víctimas. – Estoy seguro de que hallará de gran interés tu blasfemia a sus decisiones.


Abandonó la conversación allí, aún cuando Bellatrix parecía dispuesta a seguir injuriándolo. Prefirió cumplir con su función y asegurarse de que los mortífagos estuvieran actuando con discernimiento.

Con el tiempo que ya había transcurrido, la mayoría de los muggles que serían tomados como prisioneros yacían en medio de la calle, inmovilizados con magia o simplemente inconcientes. Todo aseguraba un trabajo bien realizado: la desesperación en sus ojos, su estado convulsionado, las súplicas; principalmente el odio. Rió entre dientes cuando un adolescente intentó zafarse de los brazos de un mortífago que lo retenía al ver el cadáver de su madre sobre el pavimento, rodeada de un charco considerable de sangre, y sólo consiguió un cruciatus como premio.

La mujer embarazada cuya tortura había observado durante la conversación con Lestrange ahora se encontraba descuartizada, y sus porciones distribuidas por todo el frente de su casa. No había aportado mayor resistencia desde que el mortífago le había clavado brutalmente un puñal en el vientre.

Por un instante se detuvo, perturbado, cuando la voz de Hermione tomó vida en su cabeza, actuando casi como una conciencia. “¿Qué hizo el bebé para merecer no nacer?”. Nada, le contestaría. No había hecho nada. Pero no siempre los culpables saldan su deuda. Hay veces en que los inocentes pagan con su sangre el precio de la justicia, mejor conocida como venganza.

Permitiéndose sólo un momento de aflicción, se acercó a donde la cabeza de la mujer se encontraba, apartada de su cuerpo, y se inclinó sobre ella, miró sus ojos vacíos y bajó sus párpados.


- Que los Jueces ofrezcan magnanimidad con tu alma. – Susurró, y ese fue el único gesto que le brindó a sus víctimas.


Después de todo, era el heredero de Voldemort.


- Mi Lord. – Saludó Goldstein con una ligera reverencia.
- ¿Qué tienes para reportar, Anthony? – Dijo, poniéndose de pie y adoptando una postura soberbia.
- Setenta y seis muggles han sido capturados, milord. Los cinco sangres impuras, tras convidárseles la piedad de nuestro Lord, se negaron a cooperar, dos de ellos presumiendo lazos con la Orden del Fénix, y fueron eliminados. Estimamos que alrededor de cincuenta muggles más han sido torturados y descartados. Sólo resta acabar con el pueblo… y con una docena de muggles. Quizás podamos sumar más al banquete.
- Muy bien, Anthony. Procedan. Posiblemente la Orden del Fénix y el Ministerio no tarden en llegar, así que no se distraigan. – El mortífago volvió a hacer una reverencia y desapareció tan rápido como se había presentado.


Caminó nuevamente hacia los prisioneros, donde el adolescente seguía batallando. Era increíble el ruido que una sola persona podía hacer contra al menos otras cinco que le rodeaban. Había recibido varios cruciatus y otras maldiciones de semejante dolor, y aún así seguía intentando. Su objetivo era desconocido; probablemente nulo. Pero el ardor de su odio, de su dolor, le dotaban de una adrenalina destacable, aún siendo muggle y no pudiendo dar nada más que patadas y mordidas.

Se sintió reflejado en la desesperación del muchacho. Le hizo recordar todo el sufrimiento, toda la desazón, todo el aborrecimiento que había sentido al presenciar la muerte de Sirius. Había pensado que la venganza no llenaría el vacío que su padrino había dejado en su alma, pero al menos lo haría menos punzante. Parcialmente, había estado en lo cierto. Le había ayudado a enterrar el recuerdo de Sirius, a enterrar todo lo que era, todos esos valores e ideologías por los que había luchado y sufrido inmensurablemente, y a hallar consuelo y refugio en las Artes Oscuras… El vacío de su alma se había ampliado y nada sanaría la herida, pero por lo menos eso era lo que había elegido ser. Se había alimentado del odio para sobrevivir.


- Harrods, ¿cuál es el problema? – Preguntó a uno de los mortífagos que pretendían apresar al muchacho. Al notar su presencia, el resto del grupo palideció y se apresuraron a fingir un poco más de confidencia y poder sobre el muchacho que lo que en verdad habían tenido.
- El niño se niega a cooperar, señor. – Filldeserp elevó una ceja.
- ¿Qué esperaban? – Miró al muchacho, quien ahora había fijado sus ojos castaños en él y permanecía inmóvil, al igual que esos inútiles mortífagos. – No creo que ustedes se muestren muy coadjutores cuando el Lord se disponga a torturarlos por su ineptitud.
- ¡Por favor, mi Lord, debe entender…!
- ¿Debo entender que cinco de mis hombres no pudieron contra un chiquillo muggle?
- Así que usted es el cabecilla. – Murmuró el niño con desfachatez. Luego escupió a los pies de Filldeserp. – Púdrase.
- ¡Insolente! ¿Cómo osas hablarle así a Lord Filldeserp? ¡Deberías estar de rodillas, suplicando por tu miserable existencia…! – Exclamó uno de los mortífagos. El muchacho ni se inmutó y siguió fulminando con la mirada al dichoso Lord.
- ¿Qué hicimos para merecer esto? No participamos en política, ni en ningún movimiento ideológico o religioso… no somos parte de la milicia… sólo somos simples trabajadores…
- El lugar equivocado en el momento equivocado. – Dijo Filldeserp con apatía. – Quizás te guste llamarlo suerte… o destino. Pues bien. Han sido agraciados con el privilegio de ser nuestro regalo a un conde, que disfruta bebiendo la sangre mortal. ¿Por qué deberíamos negarle nuestra amabilidad? – Sonrió con perversidad. – Mándale mis saludos a Acheron. – Y con un chasquido de sus dedos, el muchacho cayó inconsciente al suelo.


Prefirió no ver los rostros de los mortífagos, así que se volteó a admirar la destrucción del pueblo, primordialmente cómo las casas eran incineradas. En su interior su elemento instaba en manifestarse y abrazar las llamas, intensificarlas y hacerlas danzar, pero contuvo la tentación. No valía el esfuerzo ni el derroche de energía. Por la sensación que le siguió a su negación, su magia parecía estar haciendo un puchero. Rió ante aquella imagen mental.


- La Orden del Fénix se aproxima, milord. – Notificó Goldstein. – ¿Nos preparamos para recibirlos?
- Déjalos. Sólo hallarán ruinas. – Sonrió, consintiendo que el aroma a sangre y a cenizas lo inundara. – Retirémonos.


Odio para sobrevivir.


***


Fortaleza de la Orden Oscura
15 de octubre de 2004
Horario: nueve de la mañana



Ingresó al despacho de Lord Voldemort con su semblante impasible. Realizó la típica reverencia de forma casi mecánica y aguardó de pie cerca de la puerta, ahora cerrada, fijando sus ojos esmeraldas en los escarlatas de su Lord. Se mantuvieron unos minutos en silencio, únicamente contemplándose, hasta que Voldemort se levantó de su asiento y se dirigió hacia su heredero, con un periódico apretado en su puño derecho.


- Espero que tengas una buena explicación para esto. – Le dijo, explicitando su amenaza.


Le tendió el periódico, que Filldeserp tomó sin demostrar emoción alguna. El silencio se condensó sobre ellos durante la lectura y prosiguió al terminarla, porque su heredero no elevó los ojos del artículo ni hizo intento de satisfacer sus expectativas.

“Ataque mortífago frustrado”


- Dos de los mortífagos que lograron escapar dieron su reporte también. Si bien el Profeta ha convertido el contraataque en un hecho sumamente heroico, los datos básicos son verídicos. Y los mortífagos indican haber visto el medallón. Sabes muy bien que sólo ella puede usarlo, y que sólo nuestros mortífagos pueden verlo… por lo menos, según tu propio informe tras su partida. Estoy seguro que Dumbledore no podría romper los encantamientos y engañarnos.


Filldeserp permaneció taciturno, aún sabiendo que eso enfurecería aún más a Voldemort. No podía quitar sus ojos del artículo. No quería admitir la verdad de los hechos. Si bien cuando la había dejado marchar, sabía que estaba la posibilidad de que su futuro encuentro fuese en bandos enfrentados en un campo de batalla, nunca había pensado que podría cumplirse. Cada fibra de su ser había creído que de ninguna forma el plan podría invertírsele. De ninguna forma el arma que habían estado cultivando ese mes podría ser esgrimida en su contra…

El problema radicaba en que ya no era sólo un arma.

“Entonces tendrás la muestra del lugar de mi lealtad antes de Noviembre.”


- ¿Puedes explicarlo, Filldeserp? Después de todo… esta fue tu idea. Desde un principio te indiqué que no confiaras, que no le dieses otra opción… me aseguraste que esto sólo la haría más fiel a nuestra Causa… me niego a creer que hayas operado esa decisión con tu juicio nublado. Así que explícame… ¿es esta otra estrategia tuya para hacerle creer a la Orden que Granger ha vuelto con ellos? ¿O es que me has fallado?


“El foco del ataque tuvo lugar en un pueblo a las afueras de Derbys, donde se presume el objetivo era secuestrar a un integrante del Departamento de Entrada en Vigor de la Ley Mágica.”

Aún cuando en el exterior su rostro no reflejó nada, por dentro se sentía asfixiado. El dolor, la decepción, la traición… la traición. La osadía de Hermione… Había estado en lo cierto. Granger era la mejor auror de todos los que integraban la Orden del Fénix. Había engañado al mismísimo Filldeserp, lo había retenido en sus garras y había destruido todo esquema. Algo, muy en lo profundo de su ser, se quebró e identificó aquella sensación con la que hacía tantos años atrás se había afrontado.

“Hermione Granger se ha reincorporado a las fuerzas del Ministerio, tras haber permanecido un mes prisionera en los Cuarteles de la Orden Oscura y otro mes recuperándose en los Cuarteles de la Orden del Fénix.”

Se había permitido esa debilidad; se había permitido confiar en ella, encariñarse con ella… había dejado que ella volviese a traer a la luz aquellas memorias por las que tanta vergüenza, tanto odio, tanto dolor, sentía. Había convertido al inmutable, poderoso y perfecto heredero de Voldemort en un débil y miserable hombre. Simplemente siendo ella misma. Ningún veneno, ninguna arma, ningún ejército había podido superar sus barreras… salvo ella. Una sangre sucia.

“Fue crucial su reaparición como co-jefa del departamento de aurores para revivir las esperanzas durante la defensa del pueblo.”


- Le he fallado, mi Lord. – Susurró, aunque su mente estaba muy lejos de la realidad.


Y no sólo eso, sino que lo había obligado a ir contra su propio Lord… contra aquél que consideraba un padre, contra aquél que lo había salvado y le había brindado la posibilidad de ser.

Dos manos se situaron sobre sus hombros y al alzar la vista, captó los ojos de Voldemort. Aún cuando aquel fiasco le aseguraba una larga jornada en la sala de tortura, esos ojos rojos no le hablaban de ello.

“La mayoría de los mortífagos presentes fueron aniquilados, en un número cercano a los veinticinco. Otros tres fueron arrestados y aguardan su juicio frente al Wizengamot. Un escaso número logró escapar.”


- Te lo advertí, Harry. Te advertí que no la dejaras… que tarde o temprano lo utilizaría para su provecho. Desde un principio lo hice. Incluso cuando recién estábamos proyectando los cimientos del plan, ¿recuerdas lo que te dije? – Su tono de voz era suave, casi como un padre regañando a su niño por haber aceptado un caramelo de un extraño. – Te dije que el éxito del plan residía en tu capacidad de engañarla, y no caer tú también en el engaño. Me juraste que no lo harías. Más tarde, me juraste que no estabas cayendo. Y aquí está la prueba de que me juraste en vano… excelentes máscaras, excelente autocontrol… pero tu magia termina revelando lo que en verdad sientes…


El fuego los rodeaba, chispeando y lagrimeando su furia, su desconsuelo, su sufrir; poseía un intenso color rojo, que a veces se suavizaba a anaranjado. Se había adherido a las paredes de piedra, a todos los muebles del elegante despacho. No quemaba, simplemente se manifestaba con anhelos de destruirlo todo, con anhelos de dejarse consumir.

Finalmente el fuego se concentró en el periódico que Filldeserp había conservado olvidado en sus manos. Se prendió en él y lo convirtió en cenizas con tal cólera que por un segundo Voldemort estuvo predispuesto a retroceder.

Fue entonces cuando las esmeraldas volvieron a fijarse en la realidad, brillando innaturalmente. También ellas parecían consumirse en el fuego del ser de Filldeserp.


- Te he fallado, padre… pero tú mismo fuiste el que me enseñó que emociones tan fuertes como el rencor… el amor, pueden transmutarse en energía. Y esta vez prometo no romper mi juramento… utilizaré este odio, este dolor, para corregir mi error, y para pagarlo. Granger no llegará a vivir para arrepentirse de lo que ha hecho… Estará demasiado ocupada gritando y suplicando…


Voldemort sonrió complacido.

Odio para sobrevivir.


***


Fortaleza de la Orden Oscura
16 de octubre de 2004
Horario: seis y cuarto de la tarde



Sus manos temblaban frenéticamente mientras transcribía las indicaciones y detalles del próximo ataque a un informe general. Se detuvo un instante a examinar por décima octava vez el mapa del pueblo y suspiró con frustración, dejando caer la pluma sobre el escritorio con un golpe seco.

Algo se le estaba escapando de las manos. Algo no estaba logrando contemplar, y un pequeño detalle como aquél podría conducirlo a otro fracaso que a toda costa deseaba evitar. Se cubrió el rostro con las manos, en un intento infructuoso de serenarse. En su mente se reiteraba una y otra vez la imagen del periódico y el titular danzante que con maña se burlaba de él; al mismo tiempo, esa imagen se confundía con muchas otras que habían constituido los meses de agosto y septiembre…

Y él se había creído lo suficientemente Slytherin como para no ser afectado…

Absorbido por el furor, golpeó la superficie de su escritorio con el puño cerrado y se puso de pie. No podía permitirse aquel descontrol e indisciplina. No podía permitir que un evento tan trivial, tan insustancial, lo afectara. Granger no era nada especial; no tenía porqué ser nada especial.

Aún cuando hacía pocas semanas hubiese admitido que sí lo era…

Respiró hondo y se centró en el silencio de la Fortaleza, abriendo sus barreras de Oclumancia. Dejó fluir sus sentimientos por su mente y los transformó en una energía traslucida a su elemento, que en los últimos dos días se había visto intensificado de manera ilógica. Pronto sus pensamientos volvieron a estar en blanco y listos para concentrarse en tareas más productivas que pensar en Granger y las diversas maneras en que la torturaría.


“¿Filldeserp?”


Aunque obviamente, la muchacha no se daría por vencida. Por supuesto que no… y había aprovechado sus barreras bajas para acceder al vínculo de comunicación a través del Medallón… qué estúpida al intentar forjar algún asomo de manumisión, cuando él ya había jurado no volver a considerarla nunca más.

Comenzó el agobiante proceso de forzar sus barreras arriba y expulsarla de su mente.


“¡Filldeserp, aguarda! ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué no me has…?”
“Como si no lo supieras ya, repugnante sangre sucia.”
“¿Pero qué dices? Pensé que… tú más que nadie… entenderías…”
“¿Entender qué? Has elegido tu bando. Ya no hay nada más que hablar.”


Púdrete.


Su mente retumbó. De repente, el silencio ya no era más una situación bien recibida.

Al abrir los ojos, sonrió amargamente ante la escena que se le presentó. Todo su alrededor estaba embelesado en fuego, cuyos colores evolucionaban del rojo al amarrillo. De no haber estado tan ensimismado en su odio, se hubiese detenido a admirar la libertad y el poder que manifestaban aquellas grandes llamaradas, aquellos signos de inexorable destrucción.

Su propio ser estaba tan desencajado que no podía distinguir entre los planos de su mente y el real. Ambos berreaban y, descontrolados, lo consumían.

Unas suaves, aunque frías, manos acariciaron su rostro. Suspiró ante la familiaridad del contacto y se inclinó, codiciando satisfacer aquel odio. Un par de labios conocidos respondieron con la misma pasión y lo guiaron hasta concentrar todo en aquel gesto. Perdió noción del trazo que realizaban aquellas manos sobre su cabeza y su espalda, y no se preocupó en retener las suyas, abriéndose el paso.

En la lejanía pudo escuchar un grito repleto de dolor, sin embargo estaba demasiado ocupado en aquel cuello, adorando aquella piel destilada que se encargó de desgarrar con sus propios dientes. Saboreó aquella sangre dulce y manchó con ella los labios a los cuales retornó, paralelamente ahogando los gritos.


- Quema, ¿verdad? – Murmuró mientras deslizaba su dedo índice por aquel pecho. Los sollozos acompañaron su trayectoria, pero aún así, el cuerpo convulsionado que había inmovilizado bajo su posesión no tuvo en ningún momento intención de apartarse de su tacto abrasador.


Ella también deseaba aquello, igual que hacía años atrás… Sus cuerpos se sincronizaban, aquella lujuria, que nunca había llegado a ser algo más, los gobernaba y no obstante… sus magias se rechazaban, y renunciaban a la intimidad.

El fuego se volvía real, y el agua replicaba, nunca armónica, siempre desafiante.

Ojos zafiros que lo fulminaban…

Y los gritos resonaban y los bosquejos se destrozaban junto con aquella ambición ideal, que nunca llegaría a concretarse.

Simplemente porque estaban condenados a nunca pertenecerse.


***


Fortaleza de la Orden Oscura
25 de octubre de 2004
Horario: nueve y cuarto de la mañana



- ¿Cuál es tu informe sobre el ataque a Somerset, Filldeserp? – Cuestionó Voldemort, impaciente; sus ojos inquisitivos analizando cada expresión del rostro de su heredero.


Manteniendo la costumbre de todos los años, las semanas previas a la inauguración del Congreso resultaban ser una pesadilla en el sentido más literal. Las reuniones entre el Círculo Interno solían reducirse simplemente a los dos dirigentes de la Orden Tenebrosa, dada la severidad del evento. Las tareas importantes, pero no fundamentales, eran delegadas al Círculo Interno y así sucesivamente en los rangos, aunque poco en verdad terminaba sabiendo un individuo sobre el Congreso, salvo que actuara en colectividad, limitando así las posibilidades de espionaje y fuga de información sustancial.

Sin embargo, este año resultaba ser el más complejo, ya que el Congreso tomaría lugar en la mismísima Fortaleza, mientras que en las ocasiones anteriores se había situado en otras edificaciones importantes que contaba la Orden Tenebrosa bajo su poder, como había llegado a ser en el 2002 el Condado de Phinehas en Alemania.

Ante tal condición, los mortífagos se movilizaban constantemente por la Fortaleza, organizando y diagramando las actividades bajo los ojos supervisores y amenazantes de sus Lords. Si bien el Congreso era una excelente oportunidad para conseguir y reafirmar aliados, afianzar el poder político sobre ciertas regiones y asegurarse que nadie hubiese olvidado su deber a la Oscuridad, Voldemort detestaba la pérdida de tiempo que solía causar toda la preparación. Si tuviera súbditos más expeditivos no se lamentaría tanto, pero ese no era el caso.

Nunca era el caso.


- Éxito absoluto, milord. Hemos eliminado al gobernador muggle, aún cuando la mismísima Orden del Fénix se presentó para resguardarlo por órdenes del Ministerio. También destrozamos el pueblo, secuestrando el número de muggles y sangre sucias y mestizos solicitado.
- ¿Lograron reducir algún número de la Orden del Fénix?
- Heridas severas a varios miembros, pero portaban transladores automáticos… - Voldemort suspiró cansadamente.
- Espero que recuerdes lo esencial que resulta en este momento comprimir a la Orden, Filldeserp. De lo contrario, el ataque a Gringotts se transformará en una misión suicida… Y que no obstante, deberá emprenderse y no quiero arriesgar más números de los que ya hemos perdido por estos movimientos extemporáneos…
- Lo recuerdo, milord. – Murmuró Filldeserp, cuyos ojos por un momento se desviaron.
- Perfecto. Avancemos entonces sobre…


Tras un tenue golpe a la puerta, Alice ingresó a la sala, realizando la reverencia correspondiente. Permaneció unos segundos más que de costumbre con la cabeza agachada, pero ambos Lords lo asumieron como un gesto de disculpa por la interrupción indeseada. Posteriormente se adelantó unos pasos, con sus ojos azules fijos en Voldemort.


- Los Lukyan han arribado, milord. Creí conveniente otorgarles una de las habitaciones para huéspedes de mediana categoría. ¿He obrado correctamente?
- Sí, excelente, Alice. – Luego de un instante de rigurosa reflexión, Voldemort asintió y se volteó a ver a Filldeserp, quien alzó una ceja ante la orden indirecta que reflejaban aquellos ojos escarlatas. – Estoy seguro que no te molestará darles la bienvenida, ¿verdad, Filldeserp? La pequeña Sheila se alegrará mucho de verte…
- Por supuesto, milord.
- En cuanto te desocupes, regresa. Aún quedan asuntos por atender.


Filldeserp volvió a asentir y consumó la tradicional reverencia antes de retirarse del despacho de Voldemort junto con Alice, quien al llegar al corredor, optó por el camino contrario del cual el heredero de Slytherin debía escoger. De nuevo, excusó su comportamiento por el estrés y las probables tareas que aún debía de tener bajo su tutoría. Últimamente todos los mortífagos actuaban así de abstraídos.

Resignado con su misión, emprendió su viaje por la Fortaleza hasta llegar a uno de los niveles superiores, otorgado por este período limitado de tiempo a los huéspedes. Consultó con uno de los mortífagos a cargo de la organización del sector sobre la ubicación de los Lukyan y así finalmente alcanzó a su destino.

Solicitó permiso para ingresar y una vez dentro de la sala común que comunicaba las dos habitaciones otorgadas a los Lukyan, fue recibido por Dymtrus, un hombre corpulento, de cabello rubio y ojos grisáceos. Sin embargo, la importancia de Dymtrus no residía en sus características físicas, ni siquiera en su nacionalidad ucraniana, un país que normalmente se perseveraba neutral, sino en su linaje y su inconmovible lealtad. Descendiente de una de las familias de sangre pura más prestigiosas y con el mayor registro de elementales de Europa, ostentaba un gran poder sobre el gobierno ucraniano, de tal forma que había triunfado en convencerlo de firmar una alianza con la Orden Oscura, que tendría lugar en el Congreso.

Su esposa, Maryska, procedía de una familia pura antiguamente reconocida, y que en la actualidad se hallaba desacreditada por la alarmante e inusual cantidad de squibs que había producido en esta generación. Sus hermanas mayores, Nyura e Ionna, habían tenido dos y cuatro hijos respectivamente, y sólo uno de los seis había sido considerado lo suficientemente mágico como para acudir a Durmstrang. Su hermano menor, Hadeon, se había casado recientemente, y su esposa estaba embarazada. No obstante, los pronósticos eran desalentadores.

Sin embargo, aún frente a las suposiciones negativas del pueblo mágico ucraniano, el linaje de Dymtrus había prevalecido sobre el de Maryska en Sheila, la única hija con la cual contaba el matrimonio. Se rumoreaba que, durante sus primeros cinco años de vida, la pequeña Lukyan había sido reservada en reclusión para asegurar su magia y adaptabilidad, ya que nadie en Ucrania la había visto hasta hacía pocos meses. Incluso nadie había sabido de su existencia hasta entonces.

Filldeserp, no obstante, conocía la verdad, y ésta se hallaba muy lejos de aquellos rumores.


- Lord Filldeserp, permítame reiterarle mi agradecimiento ante su hospitalidad, especialmente por consentirme con la presencia de Maryska y Sheila, quienes ansiaban visitarlo muy vivamente. – Dijo Dymtrus con un inglés desabrido, pero inteligible.
- Bien sabes, Dymtrus, que es un placer, sobre todo con las brillantes noticias que nos traes. De la misma manera, anhelaba observar el progreso de Sheila y ayudarla en su aprendizaje, si puedo llegar a ser de utilidad durante estos meses que permanecerán con nosotros.
- Lord Filldeserp. – Saludó Maryska con una esmerada reverencia, apareciendo por una de las puertas. El dichoso Lord se acercó a la mujer y, con una sonrisa arrebatadora, agarró su mano izquierda y besó su palma con suavidad, cumpliendo con uno de los gestos protocolares típicos de la nobleza ucraniana. – Siempre tan amable.
- No me reduciría a menos. – Extendiendo una fría sonrisa a Dymtrus, continuó: - Confío en que el viaje haya estado libre de inconvenientes.
- Por supuesto. – Sonrió Maryska cálidamente. – Aprovechamos la oportunidad para detenernos en algunas ciudades a las que Sheila aún no había concurrido. Quedó enamorada en especial de París.
- Posiblemente tenga que volver a pasar por allí en el viaje de retorno. – Murmuró Dymtrus, resignado. – Lo que uno hace por sus hijas…


Casualmente la dichosa niña entró a la antecámara en ese momento, con aquella inconfundible mirada infantil repleta de curiosidad. Sus ojos verdes se iluminaron al distinguir a Filldeserp y redujo en pocas zancadas los escasos metros que los separaban, pero se detuvo a unos pasos, sin animarse a entrar en contacto con él. Filldeserp sonrió ante la timidez de la niña y se agachó para quedar al mismo nivel visual.


- Bienvenida, Sheila.


La pequeña se ruborizó y jugueteó con la tela de su vestido plateado, bajando sus grandes ojos al suelo. Tras respirar hondo y alzar la vista con claro nerviosismo un par de veces, finalmente se armó de valor y replicó:


- Hola, señor... Fill... Fillde... señor... – Volvió a descender su mirada al suelo, avergonzada. Filldeserp sonrió interiormente, aunque Maryska se apresuró a acotar.
- Discúlpela, milord… Aún no puede…
- Lo entiendo perfectamente, Maryska, no hay necesidad de que te disculpes. – Esta vez hizo física la sonrisa. Se volteó de nuevo hacia la niña. – Y cuéntame, Sheila, ¿cómo van tus estudios? ¿Te has estado esforzando?
- Pues... pues... – Balbució Sheila. – Puedo hacer que las cosas vuelen... y que se hagan grandes... y que se vuelvan a hacer chiquititas... – Dijo, intentando explicarse y paralelamente haciendo grandes ademanes con sus manos. – Y... y...cuando estoy a oscuras y me da miedo... pues... pues hago que se enciendan luces... y mi papa me está ayudando a que las encienda sola... y... y... ya está, señor.


Filldeserp pestañeó, sorprendido por el progreso de la niña. Aún cuando su magia tuviese afinidad con esa clase de manifestaciones, la levitación era una materia muy compleja y muy pocos magos adultos terminaban de manejarla en profundidad. Si bien los niños mágicos, especialmente aquellos con dotes elementales, tenían exhibiciones de magia que superaban los límites que se imponían los adultos, y sólo se producían con emociones intensas… Sheila había prosperado mucho más de lo que esperaba, aún con el apoyo y la instrucción familiar.

Algo de su sorpresa y satisfacción debió de translucirse en su rostro por la sonrisa orgullosa en el rostro de Dymtrus.


- Mi pequeña ha trabajado muy duro estos meses. – Anunció mientras se arrimaba a su hija y la alzaba en brazos. – Está siguiendo el ejemplo de sus padres, ¿verdad que sí, nena? – Juguetonamente le agarró uno de sus mejillas y la estiró, provocando un gemido de fastidio. – Ella también quiere serle útil a Lord Filldeserp en un futuro, y ser la guerrera que dirija sus tropas a la victoria.
- Preferiría que fuera la señorita que asegurara sus movimientos políticos entre los elementales, cariño. – Indicó Maryska.
- ¿Una elemental limitándose sólo a política? ¡Patrañas! Ninguna Lukyan se esconderá en un rol secundario cuando podría estar protagonizando. Menos mi pequeña Sheila. ¿Verdad que no, nena?


Sheila miró fijamente a su padre y luego a su madre, sin entender íntegramente el asunto de la discusión y temblorosa de elegir algo que disgustara a uno de ellos. Por último, volteó sus ojos verdes opacos hacia Filldeserp, quien sonrió divertido ante la disyuntiva de la niña y extendió su palma derecha, en donde convocó una flama azul. Inmediatamente Sheila olvidó su irresolución y concentró su atención en la magia; sus ojos brillando con ilusión.


- ¿Yo… yo también podré hacer eso… señor?
- No. Pero sí podrás conjurar luz.
- ¿Luz? – La niña lo cuestionó con curiosidad.
- Así es. – Sonrió Filldeserp. – Pero tendrás que esforzarte mucho.
- ¡Lo haré! – Prometió Sheila en una exclamación entusiasta. Posteriormente se abrazó más fuerte a Dymtrus. – ¿Me ayudarás, papá?
- Claro que sí, princesa.
- No podré evitar que sea una guerrera, ¿verdad? – Suspiró Maryska, resignada. Filldeserp rió entre dientes.
- Un elemental que sólo se dedica a política es un poder desperdiciado, Maryska. Si tanto temes por ella, bríndale los recursos para que nunca tus aprensiones se vuelvan realidad. – Entrelazó la mano de la mujer con la suya. – Lamento tener que obligarlos a esto…
- ¡No lo lamente, Lord Filldeserp! – Prorrumpió Dymtrus, alterado. – ¡Con todo lo que usted ha hecho por nosotros! Los Lukyan honran cada una de sus palabras; nuestro juramento no será vano. En lo que podamos serle útil, lo seremos. Aún cuando signifique sacrificar a nuestra princesa… - Le sonrió a la niña, cuyo desconcierto era palpable. – Los haremos sin recelo y con dignidad. Nuestra Sheila estará a su lado, como una de sus principales generales, y realizará nuestras ambiciones y protagonizará nuestros valores; defenderá nuestras ideologías… será la Luz de la Oscuridad.


El rostro de Dymtrus reflejaba una determinación inalterable que iluminó el rostro de Maryska y maravilló a Sheila, aún cuando la niña no llegaba a discernir que aquellas palabras hablaban de su futuro oscuro, pero ilustre; aún sin entender que sería un arma, entrenada a voluntad, y parte de una nueva generación de magos que cambiaría la comunidad mágica.

Y no le importaría. Lo haría con la dignidad de la familia Lukyan guiándola, aún cuando flaqueara; sus ojos verdes ya brillaban con la misma lealtad que resplandecía en las profundidades de los grisáceos de Dymtrus y aún le restaban años de entrenamiento y esfuerzo. Pero lo lograría y alcanzaría el puesto de honor y jerarquía que su padre esperaba de ella.

Lo haría por el espíritu perseverante y conquistador que habitaba en ella.

Filldeserp rió internamente por la ironía de todo, con las palabras de Dymtrus retumbándole en la cabeza.

“Está siguiendo el ejemplo de sus padres, ¿verdad que sí, nena?”

La Luz de la Oscuridad, nadie podría calificarla mejor.

(Continúa en la siguiente página...)

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