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Laguna Estigia » Capítulo 10 (Primera Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
[ Más información ]

Capítulo 10 (Primera Parte)

Buenas tardes, gente ^^! Cómo han estado?


Yay! He aquí, un mes después de la última actualización... creo que esto es todo un record en la historia de LE xDD!! He ganado la apuesta, ya que el capi estuvo listo para el lunes, pero por una serie de inconvenientes (exámenes, citas con el dentista y virus en la PC), me había visto impedida de actualizar. Pero aquí está... 25 pages... ninguna de las cuales ha sido beteada, así que tendrán que disculpar errores, ya sea de tipeo, despistes de ortografía o gramática... o lo que sea.


Es un capítulo de transición. No hay acción. Incluso hay muy poca cosa que pueda llegar a llamarles la atención, ya que todo el capi gira alrededor de las múltiples POVs, basadas sobre todo en sus impresiones más que nada. Para ser más precisa...
- 4 POV de Herm
- 1 POV de Lucas
- 1 POV de Neville
- 1 POV de Ron
- 1 POV general de la Orden


Como podrán ver, suprimí la escena dark que iba a tener el capi xD Así que es todo Light. Pero alégrense! Es el último XD! El próximo ya volveremos a la normalidad de LE. Especialmente con POVs de Filly. Sé que lo extrañan XD!


No saben cuán feliz soy que el capítulo 9, después de todo, haya caído bien. Le tenía tanto miedo a ese capítulo... Les agradezco infinitamente sus reviews. Serán respondidos como corresponde durante la semana, ya que ahora no dispongo de más tiempo... y creo que prefieren capi a reviews, ¿verdad? *risas*


No esperen el capi 11 para antes de Junio. Con los exámenes de trimestre, trabajos prácticos, Juvencor, poco tiempo libre y tal... y un capítulo que promete ser pesado, haré todo mi esfuerzo, pero dudo tenerlo antes de ese mes. Sorry, guys...


Espero que disfruten de la lectura.


Dedicado a Jandres. Feliz cumpleaños! Y vete preparando para cumplir con la prenda!
***

Título: Laguna Estigia
Autora: Parvati-Blossom
Resumen: Reto N 7 de La Orden de las Mortífagas. UA. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.
Rating: PG15
Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...
Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter. Sin embargo, aquellos personajes que no pertenecen al Cannon, son de mi propiedad. ¿Ejemplos? Alice Kolberg, Lucas de Santos... Por lo tanto, LE no es completamente tuyo, ¿verdad, Jo? -risas- Es un fict sin fines de lucro.
Advertencia: Capítulo demasiado Light -.-! Puede provocar descomposturas a aquellos con alergia al género.

***
Capítulo 10


Cuarteles de la Orden del Fénix
24 de septiembre de 2004
Horario: nueve y media de la noche




Se sentía tan pesada y extenuada. El mundo parecía concentrarse sobre ella y no la dejarla respirar, presionándola contra sí misma. Físicamente todo su cuerpo ardía, con más intensidad en algunas zonas; toda su piel estaba cubierta de marcas intachables de un maltrato desmedido y de un odio inconmensurable.

Nada era propiamente coherente. Todo giraba en torno de un infinito dolor y una confusión que no la dejaba pensar su Realidad.

Había perdido la noción del tiempo. Había perdido la noción de sí misma; la noción del mundo externo.

Ya no discernía entre la Oscuridad y la Luz. En aquel momento, eran dos entes tan semejantes, tan hermanados, que no entendía porqué existían dos términos para describirlo, si con uno alcanzaba.

Fácilmente podría haberse dejado guiar por cualquiera de los dos, y Todo Hubiese Estado Bien.


Incluso más tarde llegó a abstraerse del espacio. El calor y el frío perdieron sentido; el dolor, la agitación... eran todas sensaciones lejanas, incluso antecedentes de un pasado que en su mundo insustancial jamás había existido.

No era necesario aclarar que ni siquiera su mundo
insustancial había existido. Todo era un juego de su mente, un juego de imágenes grabadas, que buscaban expresarse sin restricciones, y cada una de ellas forzaba su salida de un modo agónico... Sin signos, sin intenciones, sin objetivos... Trascendiendo de ella y adquiriendo su autonomía.

Quizás todo se debía a que estaban desorganizando las funciones básicas de su cerebro; creando y estipulando con lo más valioso que retenía con ella. Su mente estaba siendo manipulada por una ilusión, poderosa e insondable, que modificaba sin miramiento todo su ser para que nadie dudase de ella; para que nadie se diese cuenta de la farsa...

Para que nadie sospechase que todo formaba parte de un plan...

Para que ella misma olvidase y no llegase a imaginarse que estaba siendo víctima de ésta...

Para hasta que ella creyese que ese dolor era auténtico; que cada herida era una prueba inapelable de un Pasado; que en aquel momento, lo único que tenía que hacer era aferrarse a las imágenes, a sus creencias escabullidas, e intentar recuperarse de toda aquella Confusión...

Sólo Recuperarse. Sólo Sobrevivir.


Cerró los ojos, consumida por el sufrimiento y tentada a perderse en la inconsciencia.

Pronto estaría a salvo... pronto se encargarían de sanar sus ideas y heridas... y todo volvería a ser mucho más conciso... todo volvería a ser paz...

Pronto...



***


Cuarteles de la Orden del Fénix
25 de septiembre de 2004
Horario: siete y cuarto de la mañana



Los cuarteles de la Orden del Fénix no tenían semejante movimiento desde hacía varios meses. Si un miembro que no estaba al tanto de lo acontecido ingresara y viese el ir y venir de personas, algunos con rostros desesperados, otros aliviados y unos simplemente indiferentes, hubiese pensado que un nuevo ataque había tomado lugar. Sin embargo, la realidad estaba muy lejos de ser tan escalofriante.

Cailean Austen se hallaba sentado en el centro de una de las salas utilizadas para las reuniones generales, siendo interrogado con técnicas que hasta los Inefables envidiarían. No obstante, pocas cosas parecían obtenerse de su declaración. Algunos aurores lucían decepcionados, como si se hubiesen esperado que todo fue muchísimo más complicado o porque quisieran tener una razón para sacarle el crédito a un mortífago cretino. Pero nadie podía objetar nada: Cailean Austen acababa de lograr algo imposible hasta ese momento: rescatar a una prisionera de la Fortaleza donde los mismísimos Dark Lords vivían. Y lo había hecho todo con tanta prolijidad, precaución y astucia que, si bien errores existían (posiblemente Voldemort ya supiese quién era el traidor), había conseguido su objetivo.

Salvar a Hermione Granger.

“Sigo pensando que esto no es toda la historia”, le había murmurado Lucas de Santos a Dumbledore, una vez terminado el interrogatorio. El anciano profesor le contempló con ojos pensativos, pero no hizo comentario al respecto.

Había demasiada esperanza, demasiada alegría en los Cuarteles, para que tal pensamiento pudiese ser discutido con objetividad. Sobre todo si se tenía en cuenta el estado del cuarteto de jóvenes, quienes no se habían despegado del lado de su amiga desde que se les había notificado de su rescate. El efecto de la noticia había sido sorprendente: la actitud cansada y desmoralizada de sus semblantes se había desvanecido para volver a brillar en un sincero contento y en ese ímpetu que sólo la gente joven podía gozar.


Una sanadora se acercó a Dumbledore y tras un leve asentimiento con la cabeza en señal de respeto, prosiguió a informarle del estado de salud de la ex–Gryffindor.


Otra de las reacciones había sido el shock. Todo el cuerpo de Hermione estaba atiborrado de heridas, algunas recientes, otras más antiguas, y variaban en calibre. Había rastros evidentes de desnutrición y todos se habían sorprendido de que aún así, con todo su cansancio, el dolor y el abandono que había sentido, Hermione se hubiese aferrado a la vida.

Más sorprendidos, sin embargo, estaban que Filldeserp no hubiese terminado con ella, en el estado de desuso en el que se había encontrado; lo que sólo trajo más aprensión a los miembros de la Orden: ¿qué podría haber sido más importante que torturar, abusar y asesinar a otra pieza remota de su pasado, al que tanto detestaba, al que tanto disfrutaba destruir? ¿Qué planes habían reclamado más atención?

Algunos decían que se le estaban dando demasiada importancia a Hermione. Después de todo, teniéndola prisionera, Filldeserp no habría encontrado apuro en asesinarla. Con lo sádico que era, encontraría más placer desgarrando poco a poco el aliento de vida de su antigua mejor amiga, que con un simple Avada Kedavra.


- La señorita Granger continúa en estado crítico. La mayor parte de sus heridas ya han sido tratadas, pero las más graves sólo podremos curarlas una vez que despierte, lo cual podría ser cuestión de horas, días o semanas en el estado de cansancio en el que está. Además, la desnutrición no es algo que sea tan fácil de sanar. Le hemos administrado pociones con todos los nutrientes y proteínas que necesita, pero pasará algún tiempo hasta que recupere cierta normalidad física.
- ¿Se ha podido detectar algún daño psicológico? – Cuestionó De Santos con cautela.
- No lo sabremos a ciencia cierta hasta que no despierte. – Contestó la sanadora.
- Muchas gracias, Margaren. Notifícame ante cualquier novedad.


La sanadora volvió a inclinarse y desapareció por las escaleras que conducían a las habitaciones. De Santos guardó un silencio prudente al ver la mirada nostálgica que Dumbledore había lanzado hacia aquella dirección. Hubiese querido cuestionar sus pensamientos de una forma más directa, pero tuvo que contentarse indagando por su opinión respecto a toda la situación.


- La señorita Granger es fuerte, Lucas. – Le dijo Dumbledore. – No dudo de su capacidad de sobrevivir esto. Después de todo, si su fe en la amistad con los jóvenes Longbottom, Weasley y Lovegood la mantuvo con vida hasta ayer, podrá perseguir esa misma psicología hasta recuperarse.
- Entiendo el peso de cada una de las vidas de los miembros de tu Orden, Dumbledore, pero, ¿por qué se retiene a esta joven con tanta estima? – El anciano sonrió con suavidad y colocó una mano en el hombro del español.
- Hermione es una chica muy perceptiva e inteligente, una gran aurora. Sin embargo, lo que la convierte en prioridad en este momento no se debe sólo a eso, sino también porque forma parte de nuestro quinteto dorado, como los han bautizado algunos viejos miembros...
- Tengo entendido que son bastante famosos en la Orden. – Dijo De Santos, alzando las cejas.
- Así es. Tres aurores y dos sanadoras. Tienen un espíritu que brinda esperanza al resto de los miembros, incluso a la Comunidad Mágica en general. Con la pérdida de Hermione, ese espíritu parecía estarse extinguiendo. ¿Cómo es esa frase muggle...? “Todos para uno y uno para todos”...
- Pero, - acotó De Santos - ¿no solían ser un sexteto? Uno supondría que ya estarían acostumbrados a extraviar miembros... – El rostro de Dumbledore perdió cierto color ante sus palabras. – Sobre todo con el miembro que perdieron en aquel entonces... un líder, un héroe... el “fundador” del grupo, incluso.
- No tiene relevancia al caso. – Objetó Albus. – Cada uno de ellos tiene su valor individual, sin importar lo que haya pasado que los hubo unido.
- Quizás subestimas a Harry Potter, Albus. – Murmuró De Santos, con un tinte de burla en su voz.
- ¿A qué te refieres, Lucas? – Cuestionó Albus, frunciendo el entrecejo.
- Harry Potter fue mucho más que un simple traidor. – Respondió Lucas, desviando sus ojos hacia otro extremo de la habitación. – Fue mucho más que un líder, que un héroe... pero ustedes siguen limitándose a verlo de esa forma...
- Hubiese pensado que compartirías nuestra opinión con todo lo que te ha hecho... – Susurró Dumbledore.
- No me dejo cegar por los acontecimientos. Esto es una guerra, Albus. No existen las leyes en tiempo de guerra, no existe la justicia... sólo nos queda el amargo sabor de la muerte, la sed de venganza y una interminable red de fracasos y triunfos bañados en sangre.
- ¿Sara fue sólo eso para ti? ¿Una muerte, un fracaso...?
- No. De la misma forma en la que Harry Potter no es simplemente un traidor o un héroe. – De Santos sonrió con aflicción. – No me interpretes mal, Albus. No hay nada que ansíe más que asesinarlo, en lo posible de la misma manera en la que asesinó a Sara, pero eso no hace que diste de entender quién fue Harry Potter; que diste de entender el significado de la vida de Granger o siquiera la importancia que le dan a Longbottom.


Suspiró con un dejo de angustia y longanimidad, y se alejó de Dumbledore, no deseando seguir aquella conversación.


Sus ojos negros vagaron por la sala, sin realmente ver nada.


***


Cuarteles de la Orden del Fénix
28 de septiembre de 2004
Horario: ocho de la noche



Aglutinados en la sala central de los Cuarteles de la Orden del Fénix, todos los miembros de mediana jerarquía habían sido invitados a formar parte de aquella reunión. Sin embargo, muchos asientos estaban vacíos, ya fuera por el desinterés o la imposibilidad de acudir. O una mezcla de ambas.


- Bienvenidos, amigos míos. – Saludó Dumbledore con su típica sonrisa bonachona que la gran mayoría correspondió, algunos en un acto reflejo y otros porque en verdad compartían su deleite. – Hoy tendrá lugar una reunión muy especial.


No era necesario aclarar que casi todos los presentes sabían el tema a intimar. No obstante, para aquellos que aún no se hubiesen enterado, el director aclaró:


- La noticia que más nos atañe es el rescate de uno de nuestros miembros bajo las mismísimas narices del Dark Lord y su heredero.
- ¿Cómo es eso posible? – Cuestionó, atiborrada de incredulidad, una mujer cuyo nombre Neville creía que era Megan Jones, aunque no estaba del todo seguro. Después de todo, formaba parte del sector secundario de la Orden, lo que hacía que sólo la viese en las reuniones más generales, como ésta.
- Uno de nuestros espías (su nombre permanecerá confidencial) había sido nombrado guardia del sector donde Hermione Granger se hallaba. Todo este mes estuvo planificando su estrategia de rescate, sin ni siquiera consultarnos a nosotros por si había alguna fuga de información. – Narró Dumbledore con serenidad. - Aprovechaba las ocasiones en las que ninguno de los dos Dark Lords estaba presente en la Fortaleza para practicar con diferentes clases de transladores, hasta dar con el indicado...
- ¿Dar con el indicado? – Preguntó Fred Weasley.
- La magia central de las barreras que protegen la Fortaleza es oscura, como ya sabíamos. Los transladores son en esencia magia blanca, por lo que su uso dentro de la Fortaleza altera las barreras y previene a Voldemort de cualquier intromisión o evasión. Por lo tanto, nuestro espía tuvo que jugar con la estructura básica de los transladores, perturbando su energía fuente, e ideando una propia variante que no pusiera las barreras en alerta.
- Creí que sólo magos experimentados podían crear transladores. Ni hablar de transmutarlos... – Apuntó Francisco García. A su lado, Martínez equivalió su mueca suspicaz.
- Así es. Nuestro espía es un experto en teoría de la magia y se encuentra en fase de entrenamiento en el Departamento de Misterios...
- ¿Y cómo es posible que se sepa esa información? – Exclamó Megan Jones, al parecer aturdida ante la simple idea de semejante calidad de información. – Los Inefables nunca permiten que su identidad sea conocida...
- Es un trato especial que hemos establecido entre el Ministro y el Jefe del Departamento. – Acotó Dumbledore, sin intenciones de dar mayor información. – Los Inefables no son emancipados de esta guerra. Al ser magos tan experimentados, se ha solicitado su colaboración desde que la guerra se nos ha empezado a escapar de las manos.
- ¿Cómo está Hermione? – Preguntó Ron, inclinándose en su silla. El resto de sus amigos, especialmente Neville, repitieron su gesto de ansiedad. Del otro lado de la mesa, los españoles hicieron gestos de exasperación ante el rudo cambio de tema.
- Ha recobrado la conciencia, lo que les ha permitido a los sanadores terminar de tratar sus heridas. Incluso hoy a la mañana he podido hablar con ella. – Dijo Dumbledore francamente, sabiendo que sus palabras calmarían al cuarteto.
- ¿Qué recuerda de lo sucedido? – Inquirió De Santos.
- Principalmente recuerda la noche de su secuestro y una de las sesiones de tortura, donde Voldemort analizó cada una de sus memorias. Luego admite que sus recuerdos son muy confusos, habiendo perdido la noción de tiempo y de su propia mente, por lo que teme que en su ataque de Legeremancia, Voldemort haya afectado algo más que sus memorias...
- ¿Filldeserp alguna vez la... visitó? – Interrogó Neville, cuyo rostro había empalidecido.
- Sí. Aunque sólo recapitula una ocasión con nitidez. – Dumbledore suspiró, negando con la cabeza. – No nos brinda demasiada información sobre los movimientos en la Fortaleza. Sólo se preocupaban en torturarla y humillarla, y encerrada en una celda, poco ha podido captar, mucho menos en el estado en el que se encontraba. Ahora lo importante es aguardar a su recuperación y estar alertas. Dudo que Filldeserp o Voldemort se tomen muy bien el escape...
- ¿Podemos confiar en que los testimonios del mortífago y de Granger sean verídicos? – Dijo De Santos, con el entrecejo fruncido y recostado sobre el respaldo de su silla.
- ¿De qué estás hablando? – Retrucó Ron con agresividad. - ¿Cómo podríamos dudar de Hermione? – Dijo, con un gran énfasis en la última palabra.
- Me parece muy sospechosa toda la situación. – Explicó Lucas sin turbarse en lo más mínimo. – Aunque el mortífago sea tan hábil y astuto como dicen, muchos han intentado hacer lo que él ha “logrado”... fallando al primer intento. Están obviando el hecho de que nuestros enemigos son dos de los Dark Lords más poderosos de la historia; obviando el hecho de que no confían la seguridad de sus prisioneros a cualquier mortífago...
- ¿Cuál es tu punto, Lucas? – Dijo Neville, sin llegar a la brutalidad de Ron pero sin que sus palabras fuesen tan aplacadas como siempre.
- Todo esto puede ser una trampa. – Resumió el español. – Aún si el testimonio de Granger es auténtico, ella misma lo ha dicho: no sabe si han jugado con su mente. En este mismo momento puede estar siendo controlada por cualquiera de nuestros enemigos... Aún si el testimonio y las intenciones del mortífago son en verdad propias de él, no podemos descartar que Filldeserp o Voldemort quizás le permitieron realizar ese movimiento. Granger puede serles más útil viva que muerta, y tal vez sabiendo que este mortífago en particular es un espía...
- Esto es absurdo. – Murmuró Ron, poniéndose de pie.
- Tranquilícese, señor Weasley. – Pidió Dumbledore con suavidad. – Lucas simplemente estaba haciendo una observación. En lo personal, tampoco me hallo inclinado a que sea así, pero Lucas cuenta con mi respeto y le proporcionaré la posibilidad de profundizar su hipótesis. – El español asintió, complacido.
- Pasando a temas menos alborozados, se espera que una serie de ataques tenga lugar durante las siguientes semanas. Por lo tanto, confío la misión de hacer las investigaciones pertinentes al respecto y la organización de la defensa en ustedes, señor Weasley, señor Longbottom.
- Pero... – Quiso objetar Ron, pero fue interrumpido por Francisco.
- No esperarías que se te consintiera una licencia para cuidar de tu amiga, ¿verdad, Weasley? Tu juramento y deber de auror sigue en pie, aunque tus mismísimos hijos estén en estado crítico en San Mungo. Cruel, pero en tiempo de guerra no existen tales cosas. Sacrificios deben ser efectuados.


Ron volvió a abrir la boca para dar su opinión, pero fue acallado inteligentemente por Ginny. Neville se recostó en la silla con cuidado, intentando disimular su interés de la mejor forma posible, y pudo notar el intercambio de miradas que tenía lugar entre los tres españoles.

Su atención se centró en De Santos, cuya expresión facial se había cerrado y sus ojos habían descendido varios grados centígrados. Un vacío se ubicó en la boca del estómago de Neville, quien al bajar la vista a la mesa, no pudo evitar que las últimas palabras de García resonasen en su cabeza.

Sacrificios deben ser efectuados.


Sonrió con pena. Conocía ese lema bastante bien...

De reojo y por tan sólo un instante, sus ojos ámbar chocaron con los de Ginevra Weasley.


***


Cuarteles de la Orden del Fénix
25 de septiembre de 2004
Horario: diez de la mañana



Contempló el dosel de su habitación con expresión vacía. Se hallaba en parte aturdida, en parte resignada, con todo lo que estaba sucediendo a su alrededor y en su propio interior. Era como si las emociones emplearan su cuerpo de canal, sin permanecer demasiado en él... sin dejar rastro; sólo una agonizante angustia que se condensaba sobre ella, que le dificultaba la tarea de respirar y hacía que toda acción requiriese el doble de esfuerzo.

Sonrió sin gracia a la Nada. Tras un mes de anhelar y anhelar volver con sus amigos, honrar su juramento y permanecer junto a sus ideales, estaba de nuevo en su “hogar”...

Lástima que ya no se sintiese como tal.


No podía creer que su estadía con Filldeserp la hubiera cambiado tanto. A veces no quería pensar en él, huía de su imagen en su cabeza... huía del eco de sus palabras, del abismo del recuerdo de su sonrisa, porque no podía distinguir, menos identificar, la increíble variedad de sentimientos que se instalaba en su alma. Lejos de la influencia de la Fortaleza, irónicamente, todo parecía más oscuro.

Ya no sabía quién era. Ya no sabía qué sentía. Ya no sabía qué pensar. No tenía comandar su vida porque no sabía hacia dónde dirigirse. Su corazón estaba partido en dos; su mente, confusa... su cuerpo inhábil y cansado bajo los efectos del encantamiento glamour. Se sentía como una pequeña presa de dos grandes predadores. No sabía cuál era mejor. No sabía cómo librarse de ellos...

No sabía cómo librarse del compromiso de su alma.

Una lágrima descendió por su mejilla. Solitaria, triste y perdida. Todo sería más fácil si Filldeserp jamás hubiese existido o que por lo menos, nunca hubiese intervenido en su vida. Pero de la misma forma, no sería igual de fácil imaginarse a sí misma existiendo sin haber nunca visto esos ojos esmeralda; sin haber compartido con él su adolescencia, sin haber vivido esas aventuras ni haber aprendido de él el significado de la amistad, de la valentía, de la esperanza...

Recordaba muy bien quién había sido ella antes de Hogwarts. Una niña cuya vida social había sido escasa; cuyo único hobby habían sido los libros; cuyo rostro no solía cambiar de la seriedad que había disfrazado su angustia. Había vivido encerrada en sí misma; encerrada en un mundo que no había hecho más que oprimirla, limitarla a una existencia ermitaña y a una supervivencia sin sentido.

Soledad. A penas había contado con amigos en su primaria. Sus compañeros sólo se preocupaban en hacerla sentir como un fenómeno, un ente sin valor humano, gracias a su personalidad de sabelotodo insufrible y los accidentes mágicos que ocurrían a su alrededor sin su consentimiento ni conocimiento. Había adoptado una máscara de indiferencia, de autosuficiencia y había sobrevivido...

Hogwarts no le había asegurado ningún cambio de rutina en su carta; no que ella lo hubiese deseado concientemente. Había intentado, por mera insistencia de su madre, caer bien a algunos compañeros en su primer día. Dio como resultado un fracaso rotundo, así que volvió a hundirse en su mundo interior.

La diferencia radicaba en que ella había nacido y se había criado en el mundo muggle; lo conocía tan bien como a sí misma; su condicionamiento, las gracias de su sistema, las libertades, la cultura e historia. No obstante, el mundo mágico era totalmente desconocido, y se sentía como una extranjera en un país cuyo idioma no manejaba. Tan fuera de lugar. Incluso había llegado a plantearse la idea de olvidar sus dotes mágicas y retornar al mundo muggle, donde tenía asegurada una vida pasiva.

Era impropio de ella acobardarse de sus dotes; su mayor deseo era entenderlo y manipularlo de la forma más eficaz, utilizar su talento para cosas útiles, llegar a ser alguien con ese conocimiento, no abandonarlo como si jamás hubiese existido. Toda herramienta que caía en sus manos debía ser utilizada, y por eso la mera idea de irse de Hogwarts la colocaba en medio de una congoja. Resistió hasta aquella clase de encantamientos, donde las palabras de un Ronald Weasley la habían hecho estallar en lágrimas en un baño de niñas.

Sonrió con nostalgia al recordar al troll. Sin querer, indirectamente Voldemort había unido al trío dorado; sin ni siquiera entenderlo, Voldemort había hecho nacer en ellos sentimientos como lealtad, bravura, incluso compasión, al tan sólo enseñarles contra qué tenían que luchar, y con quiénes permanecer mientras tanto.

... De la misma forma que, sin entenderlo, Voldemort había empujado a Filldeserp al sentimiento, que él tanto aborrecía, hacia la persona menos indicada. Una enemiga; una enemiga que lo había debilitado hasta tal punto que había logrado su liberación con a penas unas palabras pomposas.

No había sido intencional. Y sin embargo, el destino los había llevado hasta allí por algo...


Pegó un salto cuando una mano tibia acarició su rostro, retirando las lágrimas. No había notado la presencia de Neville a su lado, y por como estaba acomodado en la silla, ya llevaba algún tiempo allí.

Pocas cosas habían cambiado en Neville en ese mes. Hermione sólo pudo notar el crisol de emociones que se evidenciaba en sus ojos, pero nada más. Su cuerpo, sus gestos, todo... seguía siendo igual.

No sabría decir si lo mismo ocurría con ella.


- Hace mucho que no te veía llorar. – Dijo Neville en un murmullo nostálgico; culpa, impotencia, pero una tozuda determinación presentes en su voz.


Hermione hizo una mueca afectada. Cómo había extrañado la sensación de confianza y paz que siempre recorría su cuerpo cuando estaba junto a Neville. Era su serena personalidad, sus ojos ámbar irradiando fe, su postura despreocupada...

Cada gesto de su cuerpo intentaba infundarle un mensaje de “todo va a estar bien”.


Hermione dudaba que fuese verdad, pero en honor a la amistad que tantos años contaba, se permitiría creer por un instante en su amigo. Cerró los ojos y se relajó, recostándose sobre las almohadas de su cama y casi pudiendo ver detrás de sus párpados como el peso sobre sus hombros se acomodaba para no causarle tanta coacción. Los brazos de Neville la rodearon entonces y en su nervioso apretón pudo percibir temor; un temor que iba mucho más allá de lo que había sucedido y sucedería; que iba mucho más allá de ellos dos.


- Pensé que estabas muerta... – Susurró en su oído.


“Yo también”, pensó.


- Lo siento tanto, Herm... debí de haber podido protegerte como me lo propuse ese día... debí haber podido detectar antes la trampa de Malfoy...


Produciendo ruidos grotescos, las ratas empezaron a cavar en su piel, ya no sólo desde las piernas, sino también sus brazos. Los gemidos agonizantes que Draco emitía evolucionaron a gritos, y perdió el control de su cuerpo, empezando a convulsionarse. Luchó, pataleó, suplicó, pero las ratas no cedieron, y tampoco lo hizo Filldeserp...

Las ratas dejaron de cavar. Empezaron a comer. Poco a poco, disfrutando cada bocado. Carne tan sabrosa; sangre tan gustosa. Y entre mordisco y mordisco, resonaban los gritos de Draco, sordos para aquellos que estuvieran afuera de la habitación. No había nadie allí que pudiera detener aquello. Nadie... salvo ella...



- En verdad pensamos que te habíamos perdido... – Neville se aferró a su mano, como si quisiese asegurarse que aún seguía con él. – Teníamos esperanza... pero la esperanza es nada cuando no puedes sostenerla con hechos...


“¿No fue la Esperanza lo que llevó a la gente en creer en mí? ¿Qué pasó con esa ‘Esperanza’?”


- Por más que buscásemos, ningún mortífago sabía nada sobre ti; ni siquiera si seguías viva. Absolutamente nada durante un mes de búsqueda... – los ojos de Neville se nublaron. – Perdóname, Hermione, por no haberlo intentado lo suficiente...
- Nev... – Hermione se reincorporó y se inclinó hacia su amigo, tomándolo por el mentón y elevando su mirada para que sus ojos se encontrasen y poder así serle verdaderamente sincera. – Te olvidas de quiénes eran tus enemigos. Si ellos no querían que nada se supiese sobre mí, es lógico que nada llegase a ustedes. ¿Recuerdas cuánto terror infunda Filldeserp en los mortífagos? ¿Recuerdas sus habilidades para manipular la información? No fue tu culpa, Neville... de hecho, la idiota fui yo. Sólo a mí se me ocurre ir a un cementerio caída la tarde... y aún aunque fuese de día, ¿cuál hubiese sido la diferencia? Estaban fijados a atraparme. De alguna forma u otra, hubiese terminado en la Fortaleza...
- No. – Le contradijo Neville. – De haber entendido los riesgos que corríamos, podríamos haber impuesto una mejor batalla. Los cinco hubiésemos podido inventar algo para impedir que colocasen un solo dedo sobre ti...
- No teníamos idea de sus intenciones, Neville. De hecho, ni ahora sabemos. Yo tampoco entiendo porqué sigo viva. No entiendo qué lograron atrapándome y torturándome, más que información sobre la Orden que ya sabían de todas formas...


Respiró hondo.

De repente una cálida sensación viajó por todo su organismo. Sin habérselo propuesto, continuó su discurso, sin pensar en lo que decía... sin saber porqué lo decía. Sin ni siquiera saber si era ella quien lo decía.


- Tengo miedo, Nev... tengo miedo que me hayan hecho algo de lo que no soy conciente. Y no me refiero a daños psicológicos o físicos... sino que me hayan hecho algo que me convierta en un arma...
- ¿A qué te refieres, Herm?
- A que puedan utilizarme, Nev... a que puedan poseerme... – Los ojos del auror se ensancharon y apretaron la mano de Hermione con mayor fuerza.
- Eso no es verdad, Herm. Sabes que los sanadores han indagado por residuos de pociones o encantamientos con tales efectos, y el resultado ha sido nulo...
- Estamos hablando de Filldeserp y de Voldemort, Neville. ¿Crees que no sepan lo suficiente sobre medimagia como para no poder ocultar los efectos de alguna poción?


Las manos de la muchacha juguetearon con el borde de la sábana, sin que ella se lo hubiese planteado. Neville contempló en silencio sus muestras de nerviosismo por unos instantes. Luego un aura de sólida resolución lo envolvió y su sonrisa hizo que el corazón de Hermione se encogiera de alivio... aunque tampoco supo porqué.


- No te preocupes por nada, Herm... todo va a estar bien. Ya lo verás. Saldremos adelante, como siempre, mientras nos mantengamos juntos. ¿Entiendes? No importa si hay poción, ritual o maldición de por medio... sigues siendo nuestra Hermione. Eso ni Filldeserp nos lo puede sacar...


Hubiese querido largarse a llorar tras esas palabras. Hubiese querido gritar y patalear, pero lo único que pudo hacer fue comerse su impotencia, su dolor, y devolverle vagamente la sonrisa a Neville, sintiendo como de nuevo recobraba el control sobre su cuerpo.

“Nadie toca lo que me pertenece...”


El Medallón. De ahí había nacido toda la sensación cálida...

Las palabras. Los gestos. Era todo una actuación para que su cuartada fuese más convincente; para que nadie dudase de que ella había sido torturada, tratada peor que cualquier animal, y que ahora se sentía inútil y sobre todo, insegura, porque temía que algo en ella traicionase su juramento...

Por supuesto que Filldeserp la ayudaría a que la Verdad no fuese descubierta. Por supuesto.

Si pudiese, encontraría una gran satisfacción en quitarse el maldito medallón y tirarlo al suelo, pisotearlo unas cien mil veces y luego proseguir a lanzar maldición tras maldición para que cada partícula de la joya perdiese su incalculable valor. Estaba harta de las mentiras; harta de las manipulaciones, harta de mirar a los ojos de Neville y sentirse una traidora y una cobarde. Harta de simplemente no poder sentirse en paz ni pertenecer en ninguno de los dos lugares...

Harta de que aún tan lejos, Filldeserp siguiera cuidando de ella y reclamando su título de Protector... Harta de que su corazón latiese con más fuerza ante la perspectiva que todas esas molestias se las había tomado para que la Orden no la condenase... y que en caso de elegir distanciarse de la guerra, pudiera hacerlo en paz y sin una sentencia pisándole los tobillos...

Harta de creer amar a alguien que estaba muy lejos de ser digno de ese sentimiento...


- ¿Por qué, si crees tanto en el poder de nuestra amistad, tienes entonces tanto miedo de Filldeserp? – Preguntó en un susurro, bajando los ojos.
- ¿De qué estás hablando, Hermione? – Dijo Neville, frunciendo el entrecejo, sin haber captado las intenciones de su amiga.
- ¿Por qué, si crees en el poder del amor, tienes tanto miedo de Filldeserp? ¿Por qué permites que ese mismo poder se vea manipulado, deteriorado, por ese miedo?
- Sigo sin entenderte, Herm...


La muchacha levantó sus ojos almendrados y los fijó en Neville, quien se quedó anonadado por su brillo indescriptible. Había tanto sufrimiento y confusión en ellos, mezclados con el mismo miedo que todos los días se posaba sobre el corazón del joven... y que a la vez, lucía tan inmaculado, tan puro, que era imposible pensar que estuviese siendo influenciado por corrientes tan negativas.


- ¿Por qué aún no has hablado con Ginevra, Nev? ¿Cuánto más piensas esperar?


Neville la miró totalmente sorprendido y sus mejillas cobraron un adorable color escarlata. Sus ojos ámbar vagaron por la habitación, como si estuviese buscando alguna salida alternativa o alguna distracción. Tras no hallar ninguna, se volteó hacia Hermione y suspiró, haciendo palpable su dolor y extenuación.


- ¿Cómo sería capaz de poner su vida en peligro por un capricho mío?
- No es un capricho, Neville. – Respondió la muchacha. – Es mucho más que eso. ¿O crees que simplemente la deseas?
- ¡No! – Exclamó Longbottom, indignado. - ¿Cómo podría quererla sólo por su atractivo físico? Es guapa, pero mucho más bello es su espíritu, su personalidad...
- ¿Y por qué no se lo has dicho? – Preguntó Hermione, sintiéndose de repente una entrometida; una especie de cupido indeseado.
- ¿Quizás porque el mero hecho de quererla la pone en riesgo? – Dijo Neville, exasperado. Se puso de pie y empezó a andar por la habitación a grandes zancadas. – No tengo derecho...
- No tienes derecho a tomar la decisión por ella, Neville. Ella está aguardando a que te decidas sobre lo que quieres hacer... ¿quieres que tu vida esté dominada por la guerra, sin ningún otro objetivo? ¿O quieres vivir por mientras?


En su mente, Hermione visualizó a Harry, con sus 17 años, su mirada perdida en el campo de Quidditch, sus ojos tristes y solitarios, disfrazados bajo una máscara de orgullo y seguridad; se había convertido en un arma de la guerra, una simple herramienta sin ninguna otra función, en medio de una lucha de influencias y poderes...

Cerró los ojos con pesar. ¿Adónde había Harry sido conducido tras años de sólo dedicarse a la guerra? ¿Una guerra que lo había reclamado como suyo desde su primer año de edad y lo había condenado a una vida de miseria, decepciones, culpas e imposibilidades?

Neville necesitaba un propósito de vida, más allá de la guerra, más allá de los entrenamientos de la Orden, más allá de la venganza y la justicia. Necesitaba tener una vida paralela, una vida a la cual asirse, una vida nueva, donde no existiese la guerra, donde no existiese nada más que él y las personas que amaba... para que, al terminar la guerra, no se sintiera una anticuada herramienta, no se sintiera inútil... y pudiera seguir viviendo con la gloria en sus venas.


- ¿A qué viene todo esto? – Indagó Neville, intentando distender sus pensamientos de la conversación.
- Un mes en una celda, sin mayor compañía que un par de cadáveres y ratas... y ya verás como meditas sobre la vida. – Murmuró Hermione, esta vez ella, y no ningún medallón, poniendo la excusa.


Si bien su condición física había estado muy lejos de esa descripción, con los magnánimos lujos de sus aposentos en la Fortaleza, psicológicamente al principio se había sentido así: encerrada, sola, sometida, horrorizada. Posteriormente se había acostumbrado y había hallado cierto placer en la rutina, pero no había dejado nunca de reflexionar sobre la realidad; Filldeserp no la hubiese dejado hacer otra cosa con sus charlas tan intensas.


- Me di cuenta de muchas cosas que me había perdido por centrarme demasiado en la guerra. – Musitó, desviando sus ojos de los de Neville y colocándolos sobre el dosel. – Hubiera sido erróneo, de la misma forma, no prestarle ninguna clase de atención. Egoísta, incluso. Pero... ¿por qué cosas estoy luchando? ¿Qué es lo que me incita día a día a levantarme y a seguir andando? ¿Es sólo por la mera idea abstracta de justicia? ¿Por mi juramento de aurora? ¿Por los muertos de mi pasado? ¿Por las cosas que he perdido y no volveré a recuperar, luche cuanto luche? ¿Por qué estamos luchando, Nev?
- Lucho porque no quiero que más gente sufra. Lucho porque quiero vivir en paz, con mis amigos. Lucho porque ya no quiero seguir lamentando o afligiéndome sobre sangre derramada; quiero que mis muertos descansen de una vez por todas. Lucho porque mi corazón late, y quiero que siga latiendo, por todo aquello que me hace feliz; todo aquello que me hace sentir yo, y no un peón en un tablero de ajedrez. Lucho porque sería muy triste bajar los brazos y dejar de vivir... por eso lucho, Nev. Porque los tengo a ustedes; tengo la promesa de una vida mejor. La promesa de que algún día, todo va a estar bien...
- ¿Y tú porqué luchas, Nev?


Neville permaneció estático a su lado, observándola minuciosamente. Tras unos minutos de silencio y de profunda meditación, el joven le sonrió e inclinó su cabeza para indicar que había entendido. Luego caminó hacia la ventana y se apoyó en su marco, extraviándose en el paisaje.


- Lucho porque no quiero perder a mis amigos; ya no quiero perder más seres queridos por una causa injusta. Lucho porque sólo así puedo defender quién soy, sólo así puedo enfrentarme a la realidad con la frente en alto y honrar a todos los que han caído detrás de mí. Lucho porque quiero defender este mundo en el que vivo... para poder disfrutarlo, para poder compartirlo. Para poder cambiarlo. Lucho porque no existe objetivo más trascendente que la esperanza de que algún día... algún día... – Respiró hondo, como si lo que fuera a decir le reclamara un gran atrevimiento. – De que algún día pueda expresarle lo que siento a Ginny, y amarla sin tener que ocultarlo... y poder compartirlo todo con ella sin miedo...


Hermione asentó su mirada en las sábanas y un suspiro se escapó entre sus labios; los mismos labios con lo que había besado a Filldeserp el día anterior. Sonrió con un dejo de tristeza y colocó sus dedos sobre ellos, recordando la calidez de su tacto y cuántas emociones habían transgredido el momento.

Se sentía como si una parte de ella hubiese sido extirpada en ese mismo santiamén; como si Filldeserp se hubiese adueñado de una parte de su alma, a la que no dejaría ir, y siempre la obligaría a regresar a él porque le pertenecía. Al mismo tiempo, el pensamiento de que ella también se había quedado con algo de él... algo mucho más precioso, mucho más infinito, que su poder, su mente o sus ideales...

No sabía qué era lo que la impulsó a hablarle a Neville de aquel modo. Sencillamente había visto su soledad, el dolor que nacía de un sacrificio demasiado enorme para ser justificado; aquella congoja que ella misma había sufrido toda la semana, de no saber qué hacer, cómo controlar lo que sentía, cómo huir de todo... Temiendo lo que inexorablemente pertenecía a su ser, a lo que ella era.

Al contrario de Hermione, Neville sabía que sus sentimientos eran auténticos. Y bien ella sabía que Ginny los correspondía, pero que respetaba la decisión de su amigo de no llevar su relación más allá, aunque la enfureciese su cobardía. Hermione sabía que Neville necesitaba eso, necesitaba de Ginny, para seguir adelante, para sacar a luz lo mejor de sí, para mantener su esperanza viva...

Y Hermione había cumplido su promesa de ayudar a conservar la llama activa. Sólo necesitaban un empujón hacia la dirección correcta, y ambos dejarían de pensar en sacrificios, en la guerra, en las muertes...


- No temas, Nev. – Le dijo, sonriendo. – Juntos no tendrán porqué temerle a nada. Aún si en verdad son riesgos los que les depara... habrá valido la pena vivirlo. Habrá valido la pena arriesgarse... - Neville le retornó la sonrisa.
- Suenas como esas idealistas románticas... – Rió, burlón. – Nuestra siempre lógica Hermione dejándose llevar por sus sentimientos... Dime, Herm, ¿acaso hay alguien en mente?


Hermione compartió la risa al mismo tiempo que la incertidumbre la comía por dentro.

“Si tan sólo supieras, Nev...”


***

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