Historia al azar: Fidelity
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Laguna Estigia » Capítulo 9 (Tercera Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 9 (Tercera Parte)

***


Fortaleza de la Orden Oscura
24 de septiembre de 2004
Horario: ocho y cuarto de la noche


Tras mucho pensar sobre esto, he terminado de definir que es esta sensación que se ciñe sobre mi estómago y no deja mi conciencia en paz, induciéndome a pesadillas que han empezado a variar de los recuerdos del asesinato de mi padre a una donde la oscuridad abunda, y en mi búsqueda de luz sólo encuentro dos figuras en lados opuestos, tendiéndome una mano: la venganza o el perdón.

Sé qué decisión voy a escoger y aún así, me hundo en la pesadumbre, y descubro que a veces fluctúo, y por ese instante de irresolución lo pierdo todo; ya no dispongo yo, la situación se escapa de mis manos, y paso a ser manipulada por las circunstancias y mi propio corazón y mente.

He recorrido demasiado del camino ya como para arrepentirme. Le he otorgado la llave, y él se las ha ingeniado para entrar sin que yo lo perciba, y acaricia cosas que las cuales no tendría que tener acceso. Sin embargo de alguna insólita forma lo consigue, y me hallo sin poder quejarme o rehusarme a los cambios. Los acepto y los asimilo, rearmando mi mundo en función a sus edictos. Podría decirse que estoy siendo manipulada, y lo peor de todo es que soy conciente de ello y no hago nada para cambiar la situación...

Pero el problema reside en que los cambios de mi mundo... no me desagradan del todo. Estoy cómoda aquí, de algún modo siento que pertenezco; que aquí es donde siempre he deseado estar y es donde puedo hacer una diferencia, y ser útil.

El Perdón. Eso es lo que he elegido. No importa todos los males acaecidos, no importa todo el dolor, toda la tragedia que circunda su pasado, todo lo que me importa egoístamente es que está aquí, a mi lado, y está dispuesto a protegerme y a permitirme ayudarle. Incluso pospone ciertas actividades importantes de su rol de Lord para acompañarme en alguna salida a los terrenos.

No olvido que es una maquina asesina, no olvido que es la causa del sufrimiento de miles de personas, no olvido que su simple existencia represente todo aquello en lo que he estado en contra. Ya no me importa. He entendido que en esta guerra, no existen solamente dos bandos, sólo dos ideologías. Hay mucho más allá de eso, y muchas más razones que las muertes injustas.

Admito que no habría forma de que lo que siento fuera verdad si no pudiese perdonarlo. Y sino lo perdono, me atormentaré por siempre con esto que guardo dentro. Y no quiero hacerlo. No puedo. Necesito hacer algo, necesito soltarlo... necesito que sea algo palpable y no algo indefinido de mi mente. Necesito que ya no dependa de mí. No quiero que sólo dependa de mí...



Una solitaria lágrima cayó por el rostro de Hermione, con meta al pergamino, y apretó la pluma en su puño. Había momentos en los que se sentía idiota, como si hubiese abandonado aquel sentido común e inteligencia nata que la caracterizaba. Cuando aquella mañana se había levantado agitada luego de otra pesadilla, se había dado cuenta de su significado, y el peso del entender la colmaba. Por una vez en su vida, hubiese preferido continuar en su inocente ignorancia, obviar las claras señales y ganar un poco más de tiempo para poder negar rotundamente la idea. No obstante, no podía huir de los mandamientos de su corazón.

Negar lo que sentía sólo la anegaría en un estado de impugnación y recelo, persistiría en una postura cobarde y terminaría de convertirse en una persona sometida a los sucesos. En cambio, afrontaría sus sentimientos, afrontaría sus consecuencias, afrontaría todo, mientras la decisión estuviese en su conciencia, y fuera su error, y no uno ajeno. Se rehusaba a delegar la responsabilidad a otra persona en un asunto tan importante.

Permanecía incrédula aún, sin entender cómo o porqué su corazón palpitaba de aquella manera. Pero sabía que ese órgano no se regía por la racionalidad sino por impulsos y sensaciones; por más Oclumancia que practicara, lo que sentía seguiría estando, y absolutamente nada haría que las causas absurdas que lo habían llevado a encapricharse se desvanecieran.

Sonrió con nostalgia al contemplar en el horizonte como lentamente el sol se ocultaba para dar paso a la noche. Aquellos colores anaranjados la rodearon cálidamente, pintando el cielo con un estilo experto y refinado, y haciendo contraste con la frialdad que vivía con frecuencia en la Fortaleza, aún estando en ese momento en los terrenos, sentada sobre un tronco de árbol. Se abrazó a sí misma, de repente sintiéndose infinitamente sola. Un viento otoñal sacudió sus cabellos y pareció unirse al abrazo, brindándole su consuelo invisible.

Tu elemento integra una fracción esencial de tu alma; es el contacto directo con la naturaleza a través de tu magia, de una forma tan íntima que sólo nosotros podemos llegar a entenderlo. Están relacionados con las emociones... con las memorias. Para poderlos controlar tienes que lograr dirigir tus memorias, tus emociones...

Cerró los ojos y respiró hondo, llamando su magia a la superficie, y canalizándola a través de sus memorias... dejando sus emociones correr libres por la noche y tomar un limitado control sobre su entorno. Pudo percibir el contacto con su elemento e incluso se halló interactuando con él con cierta timidez; una energía que nacía dentro de ella y se esparcía, vaciándola de sus miedos, de sus inseguridades, y sólo sujetando las sensaciones positivas; todo aquello que la hacía sentir viva y la impulsaba a ser.

Rió feliz, como recordaba haber hecho hacía poco en la clase con Filldeserp, y dejó que el viento la guiara y mostrara aquel mundo al que siempre había correspondido; la condujo a paisajes que jamás había llegado a imaginar que pudiesen existir, le hizo experimentar la libertad y la paz, exhibiéndole toda la pureza de aquel mundo; toda la magia que existía en aquel universo, donde ella era una más, y a la vez, simplemente todo.

Bailó entre memorias y logró adquirir las fuerzas que le habían faltado para confrontar la realidad; ya no se sintió tan sola ni tan miserable. Ya no quiso dudar más, ya no quiso restringirse en cadenas; ya no quiso sucumbir a la misión que alguien pudiese tener para ella. Todo lo que ella necesitaba estaba allí, dentro de su propia alma, y estaba en ella defenderlo y luchar por ello.

Ya no quería huir. Era hora de perdonar y disculparse. Era hora de curar las heridas y remediar errores; era hora de avanzar bajo la luz de un nuevo sendero, donde forjaría sus acciones con cada sudor de su frente, y tomaría decisiones y juicios con conciencia plena, y siempre, siempre, creyendo en sí misma, en la esperanza y en la pureza de todo aquello que le envolvía.

Silenciosamente le agradeció al viento aquel gesto que había tenido para con ella, y una sonrisa cobró efecto sobre su rostro, relegando la antigua tristeza e impotencia. Suspiró con alivio y abrió los ojos, para encontrarse directamente enfrente de Filldeserp, cuyos ojos la examinaban con cautela y hasta con cierta preocupación. Su sonrisa no menguó, siquiera bajo la severa mirada.


- No deberías haber hecho eso. Si perdías el control y yo no hubiese estado en la Fortaleza... – Empezó Filldeserp, su tono de voz repleto de enfado.
- Pero eso no sucedió. – Respondió Hermione despreocupadamente, algo que resultaba ser muy paradójico a su actitud normal.
- Mas podría haber sucedido. – Contrarrestó él.
- No es la realidad, por lo tanto, no debería preocuparte. Estaba en control de mi elemento... y además, en verdad necesitaba eso... – Dudó por un instante antes de seguir hablando. – ¿Qué es lo que el fuego te reveló a ti?


Toda muestra de enojo o preocupación se evaporó del rostro de Filldeserp, para ser reemplazada por apatía. Sus ojos se endurecieron y se tiñeron de un verde que rozaba el negro. Pudo notar que la mano que él mantenía sobre su hombro se fruncía más.


- No es de tu incumbencia. – Replicó secamente. Hermione pestañó, sorprendida por el efecto que habían tenido sus palabras.
- ¿Tan malo fue? ¿Cómo es posible? – Filldeserp la fulminó con la mirada antes de desviar sus ojos hacia el horizonte, donde los anaranjados empezaban a palidecerse.
- Tu elemento es, más que nada, descubridor. Viaja por lugares inaccesibles para el resto de los elementos, y se maneja con confianza y fidelidad, ya que cuenta con voluntad e intelecto. Tiene sus momentos de ira como también los de calma, pero más que nada se regocija vagando y conociendo nuevos lugares... – Un suspiro cansado prorrumpió de los labios del Lord. – Por el contrario, el fuego es mucho más volátil. Crea y destruye con la misma facilidad con la que puede incitar la vida o quitarla. Su júbilo es el caos, la acción, y demostrar ser superior a los demás elementos. Constantemente busca reconocimiento, y se jacta de su propio poder.


Hermione se mantuvo en silencio, aunque no pudo evitar extraviar su mirada hacia la misma dirección que Filldeserp, inconscientemente indagando por aquello que llamaba su atención y ocasionaba que su rostro luciese casi melancólico.


- Aquello que vives con tu elemento jamás debe ser compartido. – Murmuró. – Sin embargo, puedo hacer mención a ciertas imágenes... El fuego me ha abierto un mundo de posibilidades, exhibiendo diferentes destinos. Puedo fundar o devastar la vida, puedo establecer confusión sobre este mundo y otros planos, puedo ser símbolo de paz y calidez... Puedo permitir que me domine y convertirme en un hereje de la libertad de la magia... El fuego busca la destrucción de cada elemento, salvo él mismo. Eso va contra las leyes naturales, y por eso es constantemente castigado, lo que lo pone aún más furioso...
- ¿Y por qué no prefiere crear? – Preguntó Hermione, cohibida por la intensidad del discurso.
- Porque es mucho más fácil destruir. – Dijo Filldeserp, sonriendo con burla. – Porque cree que exterminando, será más temido.
- Creando será respetado. – Objetó Hermione. Filldeserp negó con la cabeza y volvió a centrar sus ojos en los de ella.
- El fuego es volátil porque es débil en sí mismo. Puede imponer su voluntad, sí, pero interiormente él mismo es un caos. No halla paz, y cree que eso se debe a los otros elementos... por eso les guarda un particular rencor, especialmente al agua. Con el viento puede asociarse, porque no hay nada que le satisfaga más que expandirse, y puede hacerlo más cómodamente con su ayuda.
- Puedo entender porqué es tu elemento. – Sonrió ella con un limitado tinte de humor que para su sorpresa fue correspondido por una pequeña sonrisa. Cobrando un poco más de seriedad, se inclinó un poco más hacia él y en un impulso, tomó sus manos entre las suyas. – Estoy segura de que aún así, puede crear cosas maravillosas... – Filldeserp no respondió. – No todo tiene que ser caos... alguna vez tendrá que encontrar paz...
- ¿Acaso todavía crees que lo merezco? – Susurró él, al parecer sin poder sostener su mirada.
- Que te cuestiones eso es un claro indicio de que sí... todavía existe algo humano en ti... – Por un momento, Hermione pensó que su voz se quebraría y no llegaría a decirlo, pero el tono se conservó firme. – Todavía hay algo en ti que siente, algo que te permite dejar de ser sólo un arma... Sino fuera así no podrías ejercer tu elemento. Algo dentro de ti aún crea y vive, y lucha sobre todo para defender tus propias ideologías... – Nuevamente el silencio se interpuso entre ellos, pero estaba decidida a insistir.
- Cuando venciste, incluso sin saberlo, a Voldemort aquel Halloween... le diste esperanza al mundo mágico... Le brindaste paz. Fuiste capaz de mantenerla hasta trece años... y continuaste siendo signo de esperanza al luchar y no decaer. Quizás ya no podías prometernos paz, pero sí nos brindaste la posibilidad de creer. Más allá de todo lo que haya sucedido después, hubo un momento en el que creaste...
- De la misma forma en la cual destruí. – Interrumpió Filldeserp con rudeza. – Y sabes muy bien que no me...
- Puedes volver a crear. – Perseveró Hermione. – Y si bien aquellas vidas que fueron ultrajadas no volverán, evitarás que más gente sufra... que tu mundo se destruya, que el caos lo gobierne todo... terminarás consumido en tu propia destrucción.
- Eres conciente de que eso ya no me importa...
- ¡Claro que te importa! – Exclamó la Gryffindor, empezando a perder la paciencia. – Sino fuera así... no resentirías tanto las intenciones de tu elemento... no aborrecerías tanto recordar aquello que te mostró, y no me envidiarías tanto al saber que he experimentado la paz y la libertad en su más pura fase...
- Tales sentimientos jamás se concibieron en mí. No me arrepiento haber elegido este camino, ni haber asesinado a todas esas personas, ni ser el causante de una futura destrucción del planeta... no me arrepiento de haber optado por la destrucción. Nací para ser esto...
- Es irónico que, mientras dices oponerte al destino que te imponen los Jueces, lo único que haces es dejarte influenciar por ellos. – Remarcó ella. Filldeserp se puso de pie como si acabara de darle una descarga eléctrica, y el brillo de sus ojos enloqueció con cólera.
- Vuelvo a advertirte: no interfieras con lo que no te concierne. – Se volteó y sus pasos comenzaron a dirigirse hacia la Fortaleza, dando por concluido el tema.


No obstante Hermione no lo dejaría así. Se incorporó y corrió hasta alcanzarlo, situándose delante de él e impidiéndole avanzar, aferrándose a sus brazos. Él tuvo la intención de deshacerse de su agarre, pero Hermione persistió e insistió hasta que le prestara atención.


- Al contrario de lo que piensas, me conciernes. Eras mi mejor amigo, y aún me preocupo por ti... y no permitiré que derroches esta oportunidad simplemente porque estás demasiado centrado en lo que crees que es tu destino. Aún puedes obtener la paz que tanto ansías...
- Creí que ya habías superado esa etapa tuya de ideologías estúpidas. Veo que me equivocaba. – Impugnó Filldeserp con frialdad. – Escucha, Granger... nada de lo que hagas o digas cambiará las cosas. Soy un Dark Lord, pertenezco aquí, y mi misión es destruir para poder crear entonces el sistema que tanto ambiciono. Los Lords tienden a conquistar y a gobernar. No a pacificar y vivir una vida de anonimato... y por más que creas estar en lo correcto, no me harás cambiar de opinión. Sigue siendo una cuestión totalmente ajena a ti...
- ¿Incluso si...? ¿Si confieso que...? – Las palabras se aglomeraron en su garganta y tuvo que respirar hondo para conseguir desencajarlas. Su estómago dio un respingo y su corazón latió con más fuerza, mientras su mente se negaba a pronunciar en voz alta aquello que la condenaría. –... ¿Que te amo?


Filldeserp se separó de ella, finalmente desprendiéndose de su amarre, y fijó su mirada en la Fortaleza, eludiendo a toda costa el contacto visual con la joven. La única auténtica reacción que pudo diferenciar tras su usual máscara fue el ligero temblor de sus manos y el nerviosismo que se escondía detrás de la oscuridad de sus ojos. Su indiferencia la hirió, sin embargo no permitió que eso derrumbara todas sus intenciones.


- Que esto que siento me supera; que me ha llevado a decidir cosas que antes jamás hubiese... que descubrí que incluso sería capaz de permanecer aquí y olvidarme del resto del mundo, olvidarme de todos los Juramentos que hice cuando me gradué como aurora... olvidarme de todo concepto de justicia y paz en los que alguna vez creí... porque de otra forma, enloquecería. No sé cómo lo conseguiste, después de todo nada compartes con mi imagen de amante ideal, pero de alguna forma... he caído demasiado profundamente como para retractarme ahora.


Filldeserp apretó los labios y reemprendió su marcha hacia la Fortaleza. Hermione sintió las lágrimas pugnar por salir de sus ojos, pero las retuvo habiendo casi previsto esa reacción. Todo empeoraría si ahora simplemente abandonaba a la decepción y el dolor, que había sabido que brotarían. Ya podía preocuparse por eso después, una vez que estuviese segura de que ya no había nada por lo cual luchar.

Avanzó firmemente.


- ¿No tienes nada para decir al respecto? – Desafió. Él se detuvo y se giró para volver a encararla. En sus ojos había algo indescriptible, sin nombre, y que a pesar de eso, consiguió llenar su corazón de expectación.
- ¿Qué puedo decirte? – Dijo, casi gritando. - ¿Qué desde un principio Voldemort sabía que iba a ser así, que caerías sutilmente en su trampa? ¿Qué vuelvo a sentirme tan vacío como aquella vez que le fallé a Weasley, pensando que la trampa no resultaría? ¿Qué lo que sientes es tan injusto, dado tu aislamiento durante un mes... que indudablemente te encontrarías anhelando mi compañía?


Esta vez las lágrimas sí corrieron. Paralizada, contempló como el rostro de Filldeserp se distorsionaba en aquellas emociones que habían abundado en ella momentos antes de viajar con su elemento: la impotencia, el dolor, el miedo...

Y cómo su propio corazón lloraba ante la sola idea de haber sido manipulado; de haber sido usado de forma tan ruin y descarada; de que todo formara parte de un maldito plan para destruir la comunidad mágica...


- ¿Qué con cada día que pasaba a tu lado simplemente me encontraba despojado cada vez más de mi máscara? ¿Qué llegaste a alterarme de tal forma que me importase tu bienestar... me importase lo que pensases... me importase que fueses lo más feliz posible? ¿Qué fuiste capaz de elevar nuevamente un pasado enterrado... sentimientos enterrados...? ¿Qué pudiste invertir la trampa... e influenciarme a ir contra la más expresa orden de aquél al que considero lo más cercano a un padre que jamás he tenido?


Los ojos verdes relucieron con lágrimas cristalinas.


- Teniendo tantas, justamente tenías que ser... – Cerró los ojos y al abrirlos ya no había rastro alguno de lágrimas. Sólo había abatimiento.


El mensaje oculto detrás de aquellas palabras tardó en ser comprendido por Hermione; no por el significado en sí, sino por su significante. Una alegría inmensa recorrió todo su cuerpo tratando de consumir al mismo tiempo el sufrimiento que las antiguas palabras habían provocado en ella. El vacío continuaba allí, demasiado magno como para ser ignorado.

El amor que sentía no era verdadero. Había sido maniobrado. Aquello no era verdaderamente amar...

Pero eso no se aplicaba para Filldeserp. Él sí había tenido contacto con otras personas, él sí se había visto vasto en opciones... y todavía así, aquel corazón que parecía no latir había dictado por ella. Era irónico. Ella, la única supuesta en enamorarse, posiblemente no lo estuviera. Y él, aquél que desde un principio había sido prevenido de los riesgos y había jurado vencerlos, había caído.

Aquél sin debilidades y repleto fortalezas se había rendido a un sentimiento... el mismo que tanto había odiado y luchado por destruir.


- ¿Y qué piensas hacer al respecto? – Cuestionó Hermione, sabiendo que la decisión ya no recaía más en ella. Él la observó por unos momentos, su rostro lleno de expresión.
- Te otorgaré la oportunidad de elegir, – susurró y embozó una sonrisa amarga. – a pesar de ir contra las órdenes del Lord... Podrás reincorporarte a la Comunidad o permanecer aquí.
- ¿Qué quieres decir exactamente con... “reincorporarme”? – Preguntó ella, suspicaz.
- Retornarás con Dumbledore y los suyos. Podrás elegir si unirte nuevamente a la Orden del Fénix o permanecer neutral...
- Sabiendo que no existe tal clasificación en la guerra que propones. – Colaboró ella, y él volvió a regalarle una de esas sonrisas. Esas sonrisas que decían todo y a la vez nada.
- En caso de que elijas la Orden... volverás a ser mi enemiga y no dudaré en asesinarte la próxima vez que nos crucemos en el campo de batalla. Tendrás de tiempo para decidirte...
- ¿Y qué sucede si... decido regresar? – Titubeó Hermione ligeramente.
- Serás recibida. – Contestó él y sus ojos se volvieron a enfriar. – Si por un instante la idea de traicionarme a Dumbledore y pretender utilizar mis... sentimientos hacia ti como una debilidad llega a pasar por tu cabeza... Piénsalo dos veces. Aquí puedes considerarme Harry... allá afuera – su mano izquierda señaló vagamente las fronteras de la Orden Oscura – soy Filldeserp.
- ¿Qué debería contarle a la Orden? ¿Cómo pude escapar? – Dijo, habiendo decidido ya lo que haría, aunque sin poder creer aún lo que sus oídos estaban captando.
- Un mortífago que trabaja para nosotros (pero que Dumbledore cree fiel a su causa) será el honrado con el título de tu salvador. Logró distraernos lo suficiente a mí y al Lord como para llevarte hasta las barreras (él era el guardia de turno) y emplear un Traslador. En caso de que desees retornar... – Su mano derecha tentó el medallón de Slytherin y Hermione pudo ver cómo aplicaba un hechizo de invisibilidad en lenguaje pársel, entre otros, sobre el mismo. – Sólo necesitarás comunicarte con este mortífago o usar el Traslador del Medallón... ten cuidado con éste último, ya que no puedo asegurarte un arribo pacífico.
- ¿Por qué haces todo esto? – Murmuró Hermione, sus manos temblando sin control cuando la realidad cayó sobre ella sin miramiento.
- Porque no podría tolerar la idea de que tú también me quisieses sólo porque así fue planeado... – Sus palabras estaban impresas en honestidad y había un brillo de resignación en sus ojos; como si admitiese su derrota y con ello se comprometiera a ofrecerle únicamente la verdad. – Valoro ante todo la libertad de decisión, Hermione. No podría perdonarme si te obligase a permanecer conmigo, sin verdadero conocimiento de lo que sientes...
- ¿No podrías perdonarte algo así mientras sí te perdonas el genocidio de tu guerra? – Cuestionó la Gryffindor, alterada por la mente retorcida de su protector.
- Necesito un reordenamiento de prioridades. – Rió Harry sin humor.
- ¿Qué sucederá con Voldemort? – Inquirió, temblorosa, sabiendo de antemano la respuesta.
- Podré manejarlo. – Dijo él con sencillez, restándole la verdadera importancia.


Vaciló antes de asentir. Contempló la sonrisa vacía que se instaló sobre el rostro de Filldeserp y pudo sentir su corazón estrechándose. No quería irse en verdad, pero era conciente de que tenía que hacerlo o nunca sus dudas terminarían de despejarse de su mente. En parte, Filldeserp se estaba asegurando que cuando volviese, fuese realmente fiel a él, y no entre mitades; que esta vez lo eligiese y no pudiese recriminárselo.

Tenía miedo de retornar a la Realidad; miedo de estar con Neville, Ron, Ginny, Luna... porque demasiadas cosas habían cambiado. Tenía miedo de que ellos se percatasen incluso del cambio y toda la cuartada se echase a perder; Dumbledore cobraría interés en su persona y volvería estar en medio de una red de manipulaciones interminables.

Tenía que arriesgarse. Había muchas cosas que tenía y quería hacer. Era una Gryffindor. No permitiría que las circunstancias la excediesen; no perduraría oculta en algún lugar recóndito del planeta; afrontaría la realidad y su papel en ella. Esta vez no fallaría.


- Cailean Austen te estará esperando en destino. – Explicó y le extendió el mismo pergamino en el cual había estado escribiendo aquella tarde y del cual se había olvidado por completo luego de su experiencia con el viento. – Aplicaré encantamientos de glamours lo suficientemente reales como para que los sanadores no se den cuenta del engaño...


Un chasquido de dedos y la piel de Hermione estuvo cubierta de heridas profundas; algunas con aspecto de pasadas y otras bastante recientes. Su cabello perdió su elegancia y sus ropas cambiaron. Lucía como una auténtica prisionera y no como la huésped y aprendiz que había sido.

Pese a eso, antes de tomar el pergamino y que Filldeserp iniciase la cuenta regresiva, le pidió silenciosamente permiso para consumar aquello que ambos anhelaban pero que ninguno pensaba admitir en palabras.

Lo besó.

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