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Laguna Estigia
(R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38 Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54 [ Más información ]
Capítulo 9 (Segunda Parte)
***
Fortaleza de la Orden Oscura 16 de septiembre de 2004 Horario: diez y treinta y cinco de la noche. Por lo menos una vez al mes los miembros del Círculo Interno de la Orden Oscura se reunían para comentar y detallar los diversos planes que se llevarían a cabo en un futuro cercano; eran sesiones mucho más centradas y profundas que las reuniones de los mortífagos en general, donde simplemente se intercambiaban ciertos reportes (y sobre todo información que podía ser compartida con posibles espías). Los auténticos movimientos estratégicos eran detallados en privado o por escrito, y sólo Voldemort y Filldeserp tenían acceso a la totalidad de todos ellos. Entre el Círculo Interno existía un clima de informalidad, aunque limitado siempre por la situación y el humor de los Lords. En las reuniones no solía estar toda la elite presente (eran muy infrecuentes tales ocasiones), sobre todo porque muchas de las misiones que se le presentaban a estos miembros requerían de cierto tiempo y ausencia en el entorno. La mayoría de ellos ostentaban poderes políticos e influencia sobre la comunidad mágica; unos pocos se especializaban en lo referido a la violencia y las batallas en sí mismas. Casi todos compartían grandiosas habilidades estrategas, o al menos astucia y contemplación. - En reiteradas ocasiones nos hemos reunido para debatir sobre el Congreso que se aproxima. – Empezó Voldemort, deteniendo su mirada carmesí en cada uno de sus mortífagos más fieles, que conformaban el Círculo. – Hemos recibido varios reportes de nuestras fuentes, concernientes a nuestros aliados y enemigos. Sin embargo, hay algunos que aún no se han presentado. Lacroix, ¿sabes algo al respecto? Jehanne Lacroix era una mortífaga de mediana edad y de origen francés, miembro de una familia jerárquica de ese país, graduada como estudiante modelo de Beauxbatons y con los títulos más altos en toda la temática de políticas mágicas y relaciones internacionales. Había ascendido rápidamente en la Orden Oscura gracias a tales talentos, y se había convertido en una de las armas más poderosas a niveles diplomáticos. - Lamento traerle malas noticias, mi Lord. El clan de vampiros de Alemania aún está evaluando su posición presumiendo, por el momento, neutralidad. – Dijo Lacroix con un acento primoroso. Ante tal informe, Voldemort frunció el entrecejo e intercambió una silenciosa conversación con Filldeserp, aunque ninguno de los dos rostros llegó a variar de la impavidez. Los miembros sólo podían detectar una comunicación en proceso por el característico silencio y ciertos signos imperceptibles para aquél que desconocía a las dos figuras más prestigiosas del lado oscuro. - ¿Han declarado sus razones para rechazar nuestra oferta de renovación? – Cuestionó Filldeserp. - No. Dicen tener el derecho para meditar al respecto, y que no estamos en condiciones de presionarlos... - ¿Ha adquirido Phinehas un heredero? Su tiempo como conde pronto llegará a su fin... por más que sea vampiro, ha reinado lo suficiente, y su poblado exigirá una nueva generación... – Volvió a hablar Filldeserp, esta vez adoptando un tono más pensativo. Voldemort pareció tensarse ante aquellas palabras y un brillo de entendimiento cruzó sus ojos antes de ser suplantado por su típica máscara. - Tampoco. Ni siquiera parece apurado... – Contestó la francesa nuevamente. - ¿Es posible que tantos años en el poder hayan nublado su juicio? – Sugirió Kenneth Carrow, uno de los miembros más antiguos de la elite, incluso previo a la asociación de Filldeserp con el lado oscuro. – Trescientos cincuenta años debe hacer eso en uno... - Sigue sin ser razón para declinar nuestra oferta. – Contrarrestó Alice. – No le hemos ofrecido menos de lo usual... y ha llegado a mis oídos que ni la Orden del Fénix ni el Ministerio se han acercado a ellos... - Es probable que se hayan cansado de la guerra... – Estipuló Avery. - ¿Un vampiro cansarse de la sangre? – Exclamó Kenneth, alterado por el razonamiento del mortífago camarada. - ¡Jamás he oído algo tan absurdo! Les estamos ofreciendo la gratificación de su necesidad principal en abundancia, y de buena calidad. Un vampiro nunca puede negarse a eso. - Creo que estás subestimándolos. – Objetó Avery. – No son solamente criaturas en pos de sangre. Saben que, sin nuestra ayuda, pueden subsistir. La sangre que le ofrecemos no es imprescindible; que tengan una tendencia a la guerra y les guste participar generalmente en el Lado Oscuro, donde pertenecen, no significa que no puedan contrastar sus impulsos y asumir una postura más... controlada. - El Conde Phinehas no abandonará la guerra. Sería un movimiento político poco productivo, ya que se estaría retractando de una decisión que tomó con el pleno don de sus facultades de gobernación. Le restará popularidad entre los suyos. – Contestó Kenneth, comenzando a perder la paciencia. – La cancillería pedirá su destitución, y hará urgir a la familia Kunz... - ¡Están blasfemando contra el actual condado! – Profirió Lacroix, uniéndose al debate. – El nombramiento de la familia Kunz sería un deshonor para los Henkel; más de un milenio en el poder hasta que sus enemigos declarados los suplan... - ¡Silencio! – Ordenó Voldemort por sobre los clamores de sus súbditos. – Si el clan Henkel decide oponérsenos, atacaremos y nos certificaremos de que los Kunz asciendan en su lugar. Sin embargo, estamos otorgándole demasiada importancia a una alianza que sabíamos tarde o temprano se descompondría, dadas las numerosas pérdidas que ha sufrido el clan bajo los ataques de los licántropos aliados a Dumbledore. Me interesa más saber si ha habido algún avance sobre estos grupos... - Han accedido a una reunión durante el Congreso, milord. – Notificó Damir Sklar, otro miembro prestigioso de la elite y extranjero. Era el principal aliado del Lado Oscuro en los sectores de licantropía, dadas sus condiciones especiales. - Excelente. Me deleitaría que ganases su apoyo, Filldeserp. – Sugirió el Dark Lord con una sonrisa retorcida en sus labios, que su heredero correspondió. - ¿Alguna noticia sobre la comunidad de Elementales de China? - Se han negado a participar del Congreso. – Comunicó Lacroix. - Por lo tanto podemos deducir una posible alianza con Dumbledore. – Murmuró Voldemort, entrelazando los dedos. – ¿Lo crees posible, Filldeserp? - Potencialmente. – Asintió él; la expresión de su rostro severa. – Esa comunidad está atestada de elementales de Tierra y Viento. Dado que reconocen los indicios de un líder de fuego en esta guerra... - ¿Has podido contactar a los elementales de Agua, Alice? – Cuestionó el Dark Lord. La maestra de pociones negó lentamente con la cabeza. - Permanecen aislados, posiblemente en América, lo cual me impide contactarlos en forma directa sin alertar a Dumbledore de mis misteriosos viajes. - ¿Existe la probabilidad de que los elementales de Viento varíen de su opinión una vez que la hallamos entrenado? – Indagó Voldemort a Filldeserp, ignorando por completo los rostros de confusión del resto de la mesa. - Depende en si acepta ayudarnos. – Proporcionó. - Si lo hace, y conseguimos guiarla correctamente en la diplomacia, son altas las posibilidades de triunfo. - Prosigamos con el plan entonces. – Instruyó Voldemort, sonriendo complacido. - Mi Lord, tengo noticias sobre la Orden. – Advirtió Megan Jones. - ¿Por qué no nos lo has dicho antes, Jones? – Reprochó el Dark Lord, sus ojos rojos reluciendo ferozmente. Si había algo que odiaba, era la retención de información vital. Y todo lo relacionado con la Orden del Fénix era vital. - Le ruego que me perdone, milord. Simplemente consideré que el Congreso mantenía la prioridad... - Hoy me hallo benevolente, Jones, así que no recibirás ninguna punición. No obstante, de frecuentarse esta situación... - Muchas gracias, milord. – Asintió Megan bajando su mirada, sumisa. - Continúa. - En la última reunión oficial de la Orden, tres aurores españoles se presentaron en formal alianza. – Informó la espía. – Son los representes, y presuntos líderes, de una Orden Revolucionaria en España... - Illegitimi non carborundum – Susurró Filldeserp, inclinándose en su asiento. El resto de los miembros se voltearon con desconcierto, sin entender el significado de sus palabras. Sin embargo, tanto Voldemort como Lacroix pronunciaron sonidos de sorpresa y alerta. - Es imposible que la hayan revivido... Grindelwald la destruyó por completo... – Sostuvo Lacroix. - Siempre pueden generarse nuevos votos. – Refutó Filldeserp. – Oí rumores sobre un renacimiento durante mi novísima estadía en España. No se referían a esta organización y sin embargo... - El mensaje connotativo del fénix es inexcusable. – Concluyó Voldemort, habiendo captado la idea de su heredero. - Disculpe mi ignorancia, mi Lord, pero... ¿qué es la Illegitimi non carborundum? – Se animó a curiosear Carrow. - Me sorprende que no la conozcas, Kenneth. – Dijo Voldemort, con un tinte de burla en su mueca. – Como bien ha dicho Megan, es una orden revolucionaria española... muy famosa durante la época de Grindelwald, aunque su esplendor se dio mucho antes, con Kinderman. - ¿Aquel maniático español que quería unificar el mundo mágico y el muggle? – Dijo Avery, frunciendo el entrecejo. - Correcto. – Dijo Filldeserp, ligeramente decepcionado ante la ignorancia del Círculo Interno. – Su causa empezó con cierta proyección, pero dicen que tras ciertos rituales perdió la cordura... y a partir de allí todo fue descontrol. Sobre todo con el conservatismo de la época. - Y esta organización le dio fin a su Época de Terror... – Dedujo Kenneth. - Dicen que sus métodos de contraponer fuerzas eran muy originales y efectivos. – Señaló Lacroix, con aspecto de estar buscando más información en su memoria. – Uno de los primeros movimientos de inteligencia de Grindelwald fue aislarlos y exterminarlos, ya que conocía el peligro que significaba un enemigo así. - ¿Y quiénes son los “presuntos líderes”, Megan? – Preguntó Voldemort, su rostro habiendo cobrado convicción y firmeza. - Lucas de Santos, Francisco García y Javier Martínez. - ¿De Santos? – Dijo Filldeserp con una sonrisa peligrosa. - ¿El mismo auror que...? - Así es. – Le interrumpió Voldemort. – No me sorprende que aún no se haya rendido. - Ni lo hará hasta que no consiga su venganza. – Ratificó su heredero. - Me pregunto cuándo te cansarás de jugar con él, Filldeserp... – Murmuró el Dark Lord, divertido. En respuesta, Potter sonrió vorazmente. - Posiblemente hasta que no lo vea destruido en su totalidad. Y no sólo físicamente hablando... – Su sonrisa se expandió. – Su fuerza de voluntad no tiene mucho tiempo de vida restante... y entonces, el mayor golpe sobrevendrá. Nada le causará más dolor que saber que desde un principio ha fallado; aún siendo el comandante de la INC... - ¿Es verdad que es uno de los aurores más poderosos de Europa? – Preguntó Megan con cautela. - En efecto. – Asintió Filldeserp. – Que se haya aliado con la Orden del Fénix es un hecho preocupante, pero no que requiera de nuestra absoluta atención. De hecho, era algo que veníamos esperando con el Lord desde hacía varios meses... - No es poderoso solamente en lo referente a niveles de magia. Es muy respetado entre la comunidad española, y por lo tanto ejerce cierta influencia. También era reconocido por su extrema fuerza de voluntad, y sus camaradas admiraban su sentido del humor... aún en las peores ocasiones, dicen que poseía un espíritu restaurador... – Explicó Leonel Saavedra, mortífago español y con una destacada carrera en ese ministerio. - Noto tu uso de tiempo verbal... – Murmuró Megan. - Un hombre así era muy peligroso; demasiado. Por supuesto que nos encargaríamos de aplacarlo. – Contestó Filldeserp. Emitió una mueca con cierta inclinación a la satisfacción. – Sigue activo, sigue siendo respetado, pero ha perdido muchas razones por las cuales luchar. La desesperanza no es una actitud que le conducirá a buen destino... - ¿Por qué entonces ha sido elegido como líder de la INC, sabiendo que posiblemente sus sentimientos afecten su juicio de la guerra? – Cuestionó Avery. - Necesitan a un mártir... a un héroe. – Indicó Kenneth. – Alguien que haya sufrido la guerra y que sea un digno ejemplo de un guerrero; de un auror fiel a sus juramentos y a sus ideales. Alguien que no sea ajeno a las propias experiencias ni que permanezca estático ante determinas revelaciones... alguien que puede ser indiferente y sensible simultáneamente, y que sepa cuándo es el momento. - ¿No le habremos brindado un arma a Dumbledore? – Señaló Avery de nuevo. - Puede que mejore ciertos aspectos de la Orden del Fénix; puede que reviva ciertos espíritus... pero todo será en función de lo que permitamos. – Sonrió Voldemort fríamente. – Esto no es inesperado; es más, podría considerarse que incluso estaba en nuestros planes... Es un juego, en verdad. – Rió entre dientes antes de explicarse. – ¿Cuántos héroes fracasados podrá resistir la Comunidad? ¿Cuánta esperanza le resta? Un primer golpe fue la pérdida del Niño que Vivió, – compartió una sonrisa con su heredero – un segundo golpe podría llegar a ser De Santos... o la muerte de Dumbledore; incluso la derrota de Longbottom. Una vez que hayan perdido sus figuras... ya no tendrán fe y cada héroe les habrá decepcionado de tal manera que ya no existirán salidas. No serán figuras de sacrificio... serán ejemplos de ideologías que ya no sirven, que ya no tienen nada para dar y que son inferiores a las que proponemos... Después de todo, la historia la escribe quién triunfa en la guerra... Manipulación emotiva e ideológica; algo que le permitiría gobernar sin necesidad de incesantes rebeliones o batallas. Aquello que convertía en débil al hombre sería la fortaleza de su régimen. Destruiría cada ideal, cada héroe, con sus propias manos de ser necesario, y se aseguraría que su memoria no pudiera ser inmolada. Un control absoluto y sin percepción de tal respecto a sus súbditos. *** 20 de septiembre de 2004 Retornando a mi pasado, me recibí como aurora con las mejoras calificaciones. Inmediatamente ingresé al Ministerio –era miembro de la Orden desde 1998- y fui ascendiendo, junto Neville y Ron, hasta alcanzar a ser Jefes del Departamento, más bien de un equipo seleccionado de aurores. Emprendimos misiones peligrosas, estuvimos en el frente de batalla en muchos ataques; sufrimos muchas pérdidas de amigos y familiares, aunque no sólo por esas razones. Perdimos muchos compañeros y constantemente se puso a prueba nuestra lealtad a la Causa; nuestro Juramento de defender a los inocentes, aunque nuestra vida se desmoronara en el intento. Fuimos capaces de eso y mucho más. Hasta el secuestro. Mi mundo se hizo añicos entonces. No sé cómo, siquiera porqué. Sólo sé que... la reintegración de Filldeserp a mi vida tuvo algo que ver. Algo que me conduce a creer en sus palabras, aún cuando éstas puedan herirme... pienso que estoy dispuesta a dejar que me hieran, mientras pueda seguir escuchando su voz, seguir leyendo aquellas emociones en su rostro... Es erróneo. Era mi enemigo. Era mi mejor amigo. Ahora... ¿qué es ahora? Mi protector. Le tendió un medallón. Lo contempló con cautela, admirando su incalculable valor. Era una verídica piedra esmeralda, encerrada en un borde plateado y enlazada en un colgante de oro puro. Temblorosa de aceptar tal joya, fijó sus ojos almendrados en los de Filldeserp, en busca de una explicación. - A partir de ahora se te permitirá explorar la Fortaleza. Has probado ser digna de nuestra confianza... sin embargo, los mortífagos no. En cualquier ocasión que encuentren, intentarán perjudicarte. Aún más aquellos que puedan llegar a descubrir tu identidad. – Explicó con suavidad, acercándose a ella y situando el medallón en su cuello con elegancia. Para la sorpresa de Hermione, no pesaba nada. Posiblemente a causa de un encantamiento. - En cuanto reconozcan este medallón, sabrán que estás bajo mi absoluta protección y no osarán ir contra mis órdenes. - ¿Y si se atreven? – Preguntó Hermione, sin rastro de miedo en su rostro. Las esmeraldas brillaron peligrosamente, desafiando a adversarios invisibles. - Entenderán porqué nunca debieron atreverse. – Una palpable intimidación en su voz. Recuerdo aquello y no puedo evitar una sonrisa. Por un momento su actitud me pareció tan adorable. Aunque sé que Filldeserp es todo menos adorable. Quizás en ese momento me dejé engañar por lo que veían mis ojos... pero por lo menos, ahora lo sé. Era la primera salida que hacía por la Fortaleza sin la vigilancia de Zeeky, la elfa doméstica que solía cuidarla y avisarle sobre las órdenes de ambos Dark Lords. No entendía porqué la experiencia le resultaba tan laboriosa: desde que había sido secuestrada, se había sentido encerrada y controlada; ahora que se le estaba dando la posibilidad de escapar de aquella situación por un tiempo limitado, respirar con un poco de libertad... sentía que no quería. Quizás era el peligro que representaba la Fortaleza; tantos mortífagos con un libre albedrío pleno, tantas posibles trampas, el ambiente sofocante y aprensivo; la poca luz de los pasillos, al igual que el silencio perturbador con el que se tropezaba a cada esquina... Se sentía insegura, incapaz de arriesgarse a ir más allá del tenebroso pasadizo; presentía la poca utilidad y claridad mental que una salida así podría brindarle. Por más que quisiese convencerse de lo contrario, seguía estando en terreno enemigo; seguía siendo gobernada y cada uno de los pasos que diese estaría siendo supervisado por algún sirviente de Voldemort, ya fuera criatura o humano. La última vez que había corrido autónomamente por esos pasillos había sido en búsqueda de Filldeserp o de su Lord, en su desesperación por detener aquello que sus temores le habían llevado a imaginar que sucedería. No estaba segura si en verdad aquellas suposiciones habían estado bien fundadas, sin embargo, por las marcas en la muñeca que portaba Filldeserp hacía una semana... Si había algo que no había entendido de todo el escenario, era porqué lo había hecho. Su teoría más atinada, suponía, era para luchar contra su debilidad. Jamás había visto a Filldeserp tan derrumbado, pero sabía que eso era un resultado de sus bajas barreras mentales, ocasionadas por el ataque mental que ella misma había iniciado. Consiguientemente aquello era un indicio de que cada una de las máscaras de Filldeserp estaba basada en su Oclumancia, en la calificación de cada una de sus memorias y emociones, y en la detención y represión de aquellas que viablemente tuvieran un efecto negativo. Cualquier emoción que fuese demasiado fuerte sería paralizada, y una frialdad indestructible la reemplazaría. Sus ojos se volverían duros e intransigentes. Aquella energía que estaría recluida a las profundidades de los escudos mentales sería utilizada para un fin más productivo: el elemento fuego, quizás un poco de magia innata o incluso en el impulso de la Legeremancia. Pero el círculo se quebraría si aquella energía era liberada desde un principio; quizás, sin quererlo, había agredido contra las reservas mágicas de Filldeserp, lo que había agregado otra debilidad. Otra procedencia de aquel deseo de autocastigarse podría ser el tema que había abordado en el ataque mental... la traición de Ron. Hermione aún no podía creerlo, y lo más factible sería que jamás pudiese hacerlo. Ron, si bien celoso, impulsivo y a veces un poco grosero, nunca habría traicionado a sus amigos. De hecho, lo que más le había herido al pelirrojo en su cuarto año, cuando creyó que Harry había puesto su nombre en el cáliz de fuego, fue eso: la posibilidad de que su amigo no hubiese confiado en él lo suficiente, no hubiese creído en él lo suficiente... y por lo tanto, había traicionado las reglas básicas de la amistad: confianza y apoyo. En su mente, Ron creyó que Harry lo había traicionado y aquello fue lo que le enfureció y le hizo reaccionar. Viéndolo superficialmente, sí, los celos habían influido, y estaba segura que había sido la gota que había colmado el vaso, pero... sólo fueron un detonante. No obstante era conciente que el Ron de cuarto año y el Ron de séptimo eran personas diferentes; esencialmente la misma, pero con ciertas características dadas por las experiencias que había sufrido. Lo mismo sucedía con ella y con Harry. Sobre todo Harry. Exactamente la misma circunstancia que ahora ella vivía respecto Ron había sucedido hacía seis años en el ataque a Hogwarts, y sus semanas posteriores. Nunca había creído posible que el Niño que Vivió, su mejor amigo, honorable Premio Anual, pudiese traicionar así a sus amigos y compañeros, a la memoria de sus padres y padrino; que pudiese traicionar así cada una de sus creencias, cada principio que había promovido desde su llegada a Hogwarts. Harry nunca había sido conciente, pero su presencia en Hogwarts, especialmente los últimos dos años, habían influenciado demasiado. Daba un poco de calidez, un poco de fe, a aquellos que convivían con él; los alumnos se sentían más seguros estando junto a él, porque siempre habían creído que, si algo llegaba a suceder, él los defendería; él pelearía hombre a hombro junto a ellos. Incluso había sido un factor clave en la integración de tres de las cuatro casas de Hogwarts gracias al ED, que se había mantenido durante su sexto año con cierta regularidad. Había infundado valentía en los corazones de aquellos que no creían poder enfrentarse a la Guerra, a la Realidad. Simplemente les había dado algo en lo cual creer. Ese fue el golpe mayor en el ataque de Hogwarts. Encontrarse en el campo de batalla, de repente sin ese héroe, sin ese amigo, sin esa fe, no había sólo estimulado el ataque más cercano a la conquista de Hogwarts de toda la historia, sino que había provocado más muertos que los que Filldeserp había asesinado con su Avada Kedavra. Y no habían sido pocos. ¿Qué la había sorprendido más? ¿La traición de Harry o la traición de Ron? ¿Cuál le había dolido más? A sus ojos, eran igual de semejantes. Posiblemente la traición de Harry simbolizara más en lo general, por la cantidad de fallecidos. En cambio, Ron sólo había asesinado a su padre y había permitido que Bellatrix Lestrange enloqueciese a su madre... ¿Sólo eso?, una voz cruel remarcó en su mente. Las dos personas más preciadas de toda su vida... ¿podían llegar a valer más, o menos, que cientos de asesinados? Ambos eran igual de traidores. Ambos la habían dañado a niveles inconcebibles... Y estaba dispuesta a perdonarlos a los dos. Se sentía estúpida, porque ninguno le había pedido perdón ni se había arrepentido. Pero... cuando cerraba los ojos y recordaba aquellos años gloriosos de amistad, donde había pertenecido a un trío de verdad, sentía como su corazón se encogía en nostalgia... Quería darles una nueva oportunidad, porque no podía hallar en sí misma la fuerza para creer que todo aquello se había perdido para siempre; que sus amigos, en la realidad, nunca habían existido y que todo había sido un juego de su mente; incluso del tiempo. El futuro le aterrorizaba; la constante incertidumbre de no saber cómo se desarrollaría su misión y qué le deparaba en el proceso, pero más que nada en su final; a veces deseaba ser un poco menos Gryffindor y huir de aquella responsabilidad. Un peso invisible se había instalado sobre su cuerpo y mente e, hiciera lo que hiciera, sabía que hasta que no cumpliese, no se desvanecería. Ahora podía llegar a entender cómo se había sentido Harry tras descubrir el contenido de la Profecía. Los superaba y, en ese mundo tan lacrado, podría haber supuesto que no tendría escapatoria; que su final y su historia ya estaban escritas, sino fuera porque estaba viviendo desde hacía más de un mes con la prueba sólida de que podía desafiar su destino; quizás no huir, pero sí manejarlo a su manera. Disponer ella del juego. Poner ella las reglas. Sumergida como estaba en sus pensamientos, no se percató de su andar. Ni se fijó en las figuras que pasaban a su lado, sin ni siquiera osar posar sus ojos en ella. Tampoco se preocupó en memorizar el camino. Sin pensar en el miedo, en la inseguridad que la abrumaba, le era mucho más fácil enfrentar aquella libertad condicional y valorarla. Ella podía operar el juego. No tenía porqué intimidarse ni desesperarse. Mientras se mantuviese serena y no demostrara ninguna actitud que diera a conocer su condición de no-mortífaga (y efectivamente aurora estrella), todo estaría bien. No obstante, nunca tendría el control incondicional. Siempre sucederían eventos impredecibles, que no sólo desacreditarían las reglas del juego, sino que la obligarían a adoptar nuevas, salvo que no quisiese intervenir en el caos, lo cual resultaba ser una postura que nunca se permitiría tomar. No había nada que le irritase más que ignorar el curso de los sucesos, especialmente no tener cierto conocimiento que le permitiera defenderse y conservar una postura propia. Aquella sería una de esas ocasiones en las que el juego se volvería en su contra. Percibió un rudo movimiento detrás de ella e inmediatamente (gracias a los reflejos adquiridos en la Academia) se volteó, lamentando no tener su varita. Se encontró siendo arrojada con violencia contra la pared y con una varita colocada sobre su cuello, de tal forma que no pudiera moverse. Al contemplar el rostro de su agresor, una extraña familiaridad la sacudió pero aún así no pudo identificarlo. El rostro del mortífago era regordete, sin rastro alguno de la típica elegancia del legado de un sangre pura. De cabello enrulado color azabache y ojos grises que fácilmente podrían haber sido negros, la túnica que vestía daba a conocer su rango poco importante. De hecho, sino fuera por la desventaja de no poder defenderse, Hermione no dudaba de que ese mortífago no poseyera habilidad alguna en el combate, por su modo torpe de sujetar la varita. Quizás cumplía un rol relativo al espionaje, pero por alguna inexplicable razón también descartó esa posibilidad. El medallón que Filldeserp le había otorgado relucía sobre su pecho. No había forma de que ese mortífago no supiera que estaba reaccionando contra las órdenes de sus Lords, salvo que dentro de su ignorancia, no reconociera una joya de la herencia de Slytherin, o no interpretase su significado. - ¿Se puede saber qué haces aquí, sangre sucia? Ni siquiera tuvo la delicadeza de mantener su tono de voz bajo. Varios mortífagos que pasaban por allí se detuvieron, pero al contrario que su ofensor, reconocieron el medallón y siguieron su rumbo. Ninguno pensó en socorrerla. Tal vez no querían verse envueltos en una situación que podría perjudicarlos a los ojos de alguno de los Lords... Como mostrar compasión por una sangre sucia. Sin embargo, una figura sí se acercó, aunque a paso lento y dubitativo. No pudo ver sus rasgos, mas pudo definir que se trataba de una mujer. - Amycus, ¿qué sucede? – Preguntó la mortífaga, cuyo rostro estaba oculto tras una capa. - ¿No lo ves, Aly? Es la sangre sucia que nos atacó en las afueras de Dundee. La supuesta “Aly” chasqueó la lengua en señal de reconocimiento, además del cambio amenazador en su postura. Del mismo modo, Hermione había hallado las respuestas que buscaba. Eran los Carrow, una pareja de hermanos a los que había perseguido en sus primeros meses como aurora en el Ministerio. Había conseguido alcanzarlos, se habían enfrentado a ella y, aún con la ventaja numérica, Hermione los había vencido sin demasiada dificultad. Fue un golpe bajo al orgullo de ambos, a parte de haber estado bajo la supervisión del ministerio durante dos meses hasta que lograron escapar (el cómo todavía era un misterio). No eran los únicos mortífagos que le guardaban rencor y habían jurado vengarse. Más aún, los Carrow formaban parte del grupo de los más débiles que había combatido. No había rastro alguno de miedo en la mente de Hermione. De alguna forma u otra, sabía que no podrían culminar su intimidación. Estaba subestimando a su enemigo, lo sabía, pero... Los hermanos Carrow sólo sobrevivían gracias a su parentesco con Kenneth Carrow, miembro de la elite de la Orden Oscura. Era la única razón por la cual Filldeserp no los habría eliminado ya por incompetencia. - Sabes muy bien cuánto ambiciono vengarme, Amycus, incluso más que tú. Pese a eso, no podemos ignorar el Medallón... – Dijo Alecto, mientras ojeaba la dichosa alhaja con aprensión. - ¿Cómo sabemos que no se ha infiltrado en la Fortaleza y está usando una joya falsa para evitarnos? – Masculló él con desconfianza. - No podemos arriesgarnos, Amycus. – Contrarrestó su hermana. – Si Granger está en verdad bajo la tutela del Lord... recuerda que es nuestra última oportunidad... - ¿Y qué si es una infiltrada? ¿Imaginas el prestigio que eso nos daría? Alecto permaneció callada, evaluando las palabras de su hermano, del mismo modo en que la ex-aurora estuvo tentada a poner los ojos en blanco, pero consiguió contenerse. Ni la Orden del Fénix, ni tampoco el Ministerio, emprenderían una misión de espionaje en tales condiciones. Mucho menos arriesgando una de sus piezas magistrales, como había sido Hermione, en una jugada cuyo único final solamente podía ser la muerte. Y, para empezar, ni siquiera sabían la ubicación exacta de la Base de la Orden Oscura, y menos cuál distintivo usaban los huéspedes de los Lords. El silencio continuó hasta transformarse en un gesto de aprobación de Alecto. Entonces, Amycus embozó una sonrisa maniática y sus ojos se tiñeron de expectativa y odio, con seguridad formulando un método efectivo para vengarse. Aún en ese momento el corazón de Hermione seguía palpitando a su velocidad normal y su rostro se conversaba impasible, aguardando con paciencia el veredicto. - Qué criatura tan asquerosa... – Susurró Amycus, inclinándose sobre su oído izquierdo para procurarle un mayor efecto. – Tan mefítica, tan deshonrosa... tu mera presencia está contaminando el aire tan puro de este Santuario... Aquellas palabras no hicieron variar la actitud tranquila de Hermione. Ninguna de ellas era original, ni se acercaba a tocar alguno de sus puntos débiles. Hacía tiempo ya había admitido su condición de hija de muggles con dignidad, y aún cuando esas palabras osaran derribarla, no le importaba lo que aquellos sangre puras pensaran de ella. Sus padres muggles habían sido mucho más honoríficos que ellos. Sus padres muggles la habían criado y educado con amor y cobijo, y eso era mucho más de que lo que aquellos mortífagos podían presumir tener en sus fortunas de dinero y poder político. Incluso, si lo que Filldeserp había dicho en su primera clase elemental era cierto, ella poseía más poder mágico que cualquiera de ellos. Eso la convertía en algo más puro de lo que ellos jamás podrían llegar a vislumbrar. - ¡Crucio! Se mantuvo inmóvil mientras la maldición imperdonable cobraba resultado sobre su mente y cuerpo. Pero aún así, se encontró pudiendo mantener la cordura y se prohibió gritar, siquiera delatar algún gesto de sufrimiento. El Cruciatus de ese mortífago sólo le provocaba cosquillas al lado de los de Voldemort o Filldeserp. Por más que Amycus tuviera el odio necesario para invocar la maldición, no tenía el poder suficiente para respaldar el efecto. Asimismo había experimentado tantas veces aquel dolor que podía presumir cierta inmunidad, pensó Hermione con cinismo. - Débil, ni siquiera te defiendes... ¿dónde está tu honor, Granger? ¿Dónde están tus habilidades persuasivas, tu impresionante intelecto? ¿O acaso todo eso se evapora cuando no están tus amiguitos? – La ridiculizó el mortífago, cambiando su varita de posición alternativamente con cada pregunta, procurando variar el foco del Cruciatus. - ¡Responde, estúpida! “Maldita Sangre Sucia. Eres más débil de lo que supuse. Decepcionante, la verdad... Esperaba más de la sabelotodo insufrible...” “¡Deja de llorar, estúpida!” La voz de Filldeserp surgió de sus memorias sin previo aviso; sus palabras repletas de intención y de un rencor inconcebible, que en aquel entonces había alcanzado para derrumbarla. Fue increíble como el discurso de Carrow pasaba por sus oídos sin dejar agravio, mientras que aquel momento con Filldeserp aún persistía en su memoria y la dañaba. Resonaba en su mente, y cada vez infligía una mayor herida. Quiso cerrar los ojos y taparse los oídos, pero supo que ninguna de las dos acciones detendría la memoria. Ninguna de las dos era el presente. “El Lord te entregó a mí bajo la condición de ser mi Protegida. Tengo el deber de entrenarte y de defenderte… protegerte y respetarte. Hubo ocasiones en las que no cumplí en verdad con mi rol, pero debes entender que no estoy acostumbrado a... trabajar en equipo. O simplemente no está en mi naturaleza enseñarte sin disfrutar humillar tu ignorancia.” Defenderla y protegerla, ¿eh? ¿Dónde estaba ahora...? ¿Dónde estaba ahora para demostrar que aquella confesión había sido verdadera? - ¡Contesta! ¿Quién te crees que...? - No tiene porqué responderte, Carrow. De hecho, ni tienes el derecho a demandar respuesta de ella. – Dijo una fría voz al final del corredor, interrumpiendo el nuevo ataque verbal. – Es tu superior, después de todo. – Un toque de burla era palpable en aquel comentario. - Mi Lord. – Murmuraron ambos mortífagos al mismo tiempo en que se arrodillaban y bajaban la cabeza, con la vista fija en el suelo. Hermione fácilmente podía compararlos con unos perros cuyo dueño acababa de ordenarles que se sentaran. Sin tener una varita en el cuello y habiéndose disipado todo efecto del patético cruciatus, se alejó de la pared y se aproximó más a Filldeserp, quien permanecía en su sitio con aquella aura de poder y autoridad que últimamente no había usado alrededor de la joven Gryffindor. Por unos instantes se cuestionó si tendría que agradecerle, pero se rehusó a hacerlo. Los Carrow tampoco habían representado demasiado peligro... Porque inconcientemente había sabido que Filldeserp acudiría en su ayuda... Había creído en su palabra. Había confiado en él lo suficiente como para considerar que la salvaría; había confiado lo suficiente como para depender de él. Y él había cumplido. - Llevo buscando una excusa para condenarlos desde hace tiempo, Amyucs, Electo. – Filldeserp sonrió sádicamente y avanzó un par de pasos, sus ojos brillando de forma innatural. – Cualquier cosa que me permitiese infamarlos a los ojos de Kenneth... – Los mortífagos se estremecieron, aún arrodillados. – No sólo han atacado a mi protegida, sino que también han obrado contra mis órdenes. Ustedes mismos han firmado su pasaje a la hoguera... - Mi Lord, nosotros... – Intentó hablar Amycus. - ¡Crucio! ¿Osas interrumpirme, mortífago? ¿Osas contradecirme? - ¡Mi Lord, se lo suplico! – Rogó Alecto, con lágrimas vanas en sus ojos. – Mi hermano es tan culpable como yo... – Filldeserp hizo una mueca despectiva. - Te has tornado una Hufflepuff, Alecto. – Murmuró y la mortífaga se hundió en humillación. – Y has cometido el mismo error que tu hermano: has colocado tu juicio por encima del mío... ¿y quién es el Lord aquí? Retiró la Cruciatus sin detenerse a contemplar la temblorosa figura a sus pies. El rostro de Alecto se distorsionó en una tortura interna, queriendo socorrer a su hermano y a la vez encontrándose restringida de tal acción por la presencia imponente de su Lord. Finalmente optó por la idea más sensata y permaneció en silencio, fijando aún más sus ojos nublosos en el suelo, mientras Amycus seguía convulsionándose a su lado y gimiendo a causa de las secuelas. La bota de exquisito cuero negro de Filldeserp tomó contacto con el mentón de la mortífaga, lanzándola rudamente de espaldas al suelo, donde se mantuvo, tiesa, en espera de otro golpe. - Te he hecho una pregunta, Alecto. – Dijo Filldeserp; su voz glaciar e implacable. La mujer ahogó un sollozo. El espectáculo representaba una verdadera miseria a los ojos de Hermione. Era increíble como aquellos dos habían estado dispuestos a vengarse y ahora ni siquiera podían perseverar una postura digna frente a un superior, que ya había decretado sus destinos. Eran débiles y cobardes, y se hundían en su orgullo cada vez más. La imagen hizo que la pena fluyese en ella, sobre todo al ver la furia en los ojos del heredero de Voldemort. Se imaginaba que esa era la misma furia que demostraba frente a aquellos que resolvían traicionar la Causa; más allá de las torturas y la muerte que aguardaba en la puerta de aquel mortífago que emprendiera tal proyecto, la sola idea de tener que desafiar a alguien tan poderoso e intenso en sus creencias y expectativas ya provocaba turbación. - ¡Crucio! La dirección de la maldición sorprendió a todos al ser enviada contra Amycus, que aún no se había recuperado de la última sesión. Alecto sollozó aún más fuerte al contemplar su hermano sufrir por su ineptitud, y en un intento desesperado por librarlo de la maldición quiso interponerse entre ésta y él, sin efecto alguno. La maldición simplemente la traspasó tal cual a un espíritu, sin ni siquiera reducir su calibre. Filldeserp observaba todo esto con una sonrisa indiferente. - Milord, por favor... – Imploró patéticamente Alecto. No sólo Filldeserp no despejó la maldición, sino que le agregó más intensidad por los gritos desmedidos del mortífago. – Milord... - Escúchame y hazlo bien, Alecto... – Murmuró el Lord en tono letal. – No toleraré estos egos suyos... ya han superado el límite. No sólo interpusieron sus suposiciones a los hechos, – agarró a Hermione por los hombros y expuso el medallón sin demasiado cuidado – sino también a mi comando. Conjuntamente decidiste no responder una pregunta muy simple y directa... ¿y ahora me pides que tenga misericordia de ti y tu impertinente hermano? ¿Cuando te aventuraste a dañar lo que me pertenece y desafiaste mi autoridad sobre tu miserable existencia? Ahora mismo podría despedazarte... y puedo asegurarte que Kenneth me lo agradecería... aún no puede creer que sus sobrinos herederos sean tan inservibles... Todavía con Amycus bajo los efectos del Cruciatus, Alecto no emitió palabra alguna. No había nada que responder; el tono de Filldeserp no permitía réplicas. El Cruciatus cayó, aunque con la intención de ser reemplazada con una maldición mortífera y por lo tanto, irreversible. Sin embargo, Hermione actuó improvistamente (incluso para ella misma) y se interpuso entre Amycus y Filldeserp, deteniendo a éste último a mitad del conjuro. - Hermione, apártate. – Ordenó pero ella se negó. Los ojos verdes se entrecerraron amenazadoramente, pero la muchacha había tomado una decisión. - No guardo rencor hacia estos mortífagos. No hay porqué condenarlos. – Un destello rojizo destiñó las esmeraldas. - Ya he tenido suficiente insolencia por hoy, Granger. Apártate. No me hagas tener que retirarte. - Esto no es necesario... – Intentó de nuevo la Gryffindor. - No pretendas refutarme o serás condenada bajos sus mismos delitos... - Que así sea. – Designó ella, retadora. Resultó ser un movimiento poco prudente de su parte, ya que Filldeserp no tardó en arrojarla al suelo con un simple chasquido de dedos. Posteriormente la maldición asesina sustrajo toda vitalidad del cuerpo de Amycus, y Alecto se sumergió casi inmediatamente en un estado de shock, que Filldeserp estimuló con un Cruciatus. - Nadie toca lo que me pertenece. – Susurró él y sus ojos se posaron por un instante sobre la pálida figura de Hermione, inmóvil en su lugar. Me hallo confusa. ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué quiere protegerme? ¿Por qué cree que le pertenezco? Desde entonces he intentado no salir de mis aposentos, sin embargo Filldeserp suele insistir en que lo haga. Hay ocasiones en las que me acompaña, y en vez de tener nuestras conversaciones sobre política encerrados en una habitación, solemos hacerlo mientras caminamos por los corredores... o cuando salimos a los terrenos. Adentro de la Fortaleza todo es oscuro; una digna vivienda de un Dark Lord. No obstante, afuera... todo es distinto. Como un mundo aparte. Extrañaba sentir los rayos del sol sobre mi piel, me estaba tornando demasiado pálida. No sé porqué, pero se lo comenté a Filldeserp... y en vez de una mirada recelosa y un ‘¡estúpida Gryffindor!’, me dedicó una sonrisa... de esas que son tan infrecuentes. Una sonrisa... divertida. Proveniente de un humor sano. Me asusté al verla y él pareció darse cuenta, porque nuevamente desvió su mirada y la máscara se instaló sin mucho miramiento. Afuera todo es mucho más verde; mucho más... vivo. Es un lindo paisaje y tranquilo –los mortífagos no suelen circundar por esas zonas-, y en las últimas salidas he ido directamente a ahí. Encuentro... paz. Puedo cerrar los ojos y dejar de ver esta horrible realidad; puedo dejar de ver sangre, dejar de presenciar la muerte de mi padre una y otra vez en mis sueños. Puedo volver a sentir... y sentirme Hermione. Entendí entonces a qué se refería Voldemort aquella cena en la cuál lo confronté sobre el cuadro de unicornios. “¿No sería más conveniente un cuadro de serpientes?” “Pero, Hermione... ¿Acaso no sabes apreciar a tan valiosas criaturas, quizás la clave de la inmortalidad? ¿Aquellos seres que parecen tan blancos... pero en realidad son tan neutros? Apoyan la Vida, ¿no es así?” “Sigue sin tener coherencia.” Claro que la tenía. La creencia popular dice que un Dark Lord va en contra de la Vida, pero aún así defiende la magia. La magia forma parte de la vida... es un círculo quebrado. Un mes con dos Dark Lords como única compañía –a excepción de la simpática elfa doméstica que suele atenderme en las habitaciones- me ha enseñado que no es tan absoluto. Ellos defienden la magia... la continuidad del legado; luchan contra la corrupción de la Comunidad Mágica. Buscan un nuevo gobierno, uno que implemente cambios decisivos; uno que pueda desligar a los muggles de su Comunidad. No van a rechazar a los sangre impura –Filldeserp me lo ha explicado en la anterior lección: necesitan de esa impureza-, pero no van a permitir que los muggles puedan llegar a conocer nuestro secreto. Y destruir milenios de historia. Sus métodos son indignantes. Nunca toleraré la matanza indiscriminada de inocentes. Pero puedo entender una guerra política. Aún cuando no me guste. Defienden la magia. Defienden costumbres perdidas y que merecen ser revividas. Lástima que incentiven la sangre, el odio y la ambición... Sin embargo, me creo capaz de cambiar eso. Aunque sea, influenciarlos lo suficiente como para que no sea tan extrema... Los Jueces me encargaron una misión. Mantener la Esperanza viva. Ya he dicho que no lo haré por ellos, sino por mí, por aquellos que me son queridos... Por Harry... Por Filldeserp... Por aquello que me hace feliz. *** (Continúa en la siguiente page...)
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