Historia al azar: Come What May
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Laguna Estigia » Capítulo 8 (Segunda Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 8 (Segunda Parte)

Sus pasos acelerados le condujeron automáticamente a las mazmorras de la Fortaleza. En el camino se cruzó con muchos mortífagos que extrañados contemplaban como el heredero del Dark Lord, cuyas ropas estaban manchadas de sangre, estaba sumergido en una inagotable furia, y se apartaban con temor. Ninguno de ellos osó interrumpirlo, aunque el miedo no les duró lo suficiente como para no detener los rumores que empezaron a diseminarse por todo el castillo respecto a la causa de tal estado.

Ajeno a todo eso, Filldeserp ingresó a una de las celdas vacías y se encerró allí, habiendo visitado previamente otro calabozo y trayendo de él una víbora cuyo cuerpo estaba aferrado a su cuello, siseando irasciblemente, indagando por su comida. Le sonrió, asegurándole que pronto obtendría su alimento tan preciado y se sentó en el suelo, su espalda contra la húmeda pared, deliberando sobre lo que había sucedido en la Sala de Entrenamiento.

Cuando Voldemort le había comunicado la noticia de que Hermione sería útil para sus planes y que él tendría que entrenarla, se había jurado impasibilidad ante todos los reclamos e intentos por conversar sobre el pasado por parte de Hermione; había jurado jamás relatarle los eventos que habían tenido lugar en 1997.

No quería volver al pasado; tenía una vida nueva, un destino nuevo... ya no había razón para traer aquellas memorias al presente; no había razón para sacar a la luz nuevamente todo el dolor, la traición, la furia y el odio que había sentido. Siete años habían pasado y aquel evento ya no tenía interés en la actualidad. No importaba cuánto Hermione le cuestionara al respecto: Harry Potter y Filldeserp ya no eran la misma persona.

¿Por qué entonces sus barreras habían fallado? ¿Por qué su inconsciente había permitido la entrada de Granger a sus memorias, sobre todo a ésa?

Ahora entendía de dónde provenían los poderes de Granger, tras haber visto en su mente la Laguna Estigia. Todo encuadraba y el plan comenzaba a cobrar el sentido que Voldemort le había prometido que encontraría con el tiempo. Sin embargo, eso no justificaba que el golpe de la memoria protegida hubiera sido tal que había destruido toda defensa mental. La fuerza sólo había sido suficiente como para expulsarlo. Eso había sido un fallo suyo. De nuevo se había debilitado.


“No puedo permitir que mi heredero tenga debilidades, mucho menos emocionales...”


Se estremeció ante la memoria de aquella tortura mental que había sufrido a manos de su Lord y suspiró largamente. Inevitablemente el informe de su estado de humor sobresaltado llegaría a sus oídos. Posiblemente ya lo supiese, dada la conexión mental que compartían.

No obstante, aquella vez no sólo su Lord lo castigaría, sino también que se aseguraría que nunca más sus barreras mentales cedieran de aquella forma. Se aseveraría de que las memorias estuviesen donde les correspondía estar: enterradas. Y la única forma de aprender aquello era recurriendo al dolor; el dolor era la única sensación que podría ayudarlo a entender y superar su debilidad.


“Tienes que mejorar, Harry. Esos recuerdos que tienes sobre tus épocas de Hogwarts son consecuencia de añoranzas tan profundas, que ni siquiera sabes que existen.”


¿Acaso ya no había reprimido esas añoranzas? ¿No había vuelto a aprender las Leyes? ¿No había reforzado su Oclumancia y experimentado con toda clase de juegos mentales, como la hipnosis y la confusión? Él no era un mago vulgar para estar cometiendo esos errores... él era Filldeserp, el heredero de Voldemort... su mano derecha, la persona con más poder en su elite. Tales debilidades eran pecado; serían su perdición algún día.

No lo permitiría.


- Muerde. – Ordenó a la víbora, extendiendo su brazo derecho.


Por un instante, la criatura se mostró dubitativa ante el comando de su amo. Dañar a un Parselmouth era una falta digna de asesinato en su raza. Pero ir en contra de las órdenes de un Parselmouth, al mismo tiempo, la condenaría directamente.

Con habilidad la víbora descendió por el brazo y preparó sus colmillos altamente venenosos para el ataque. Con una última mirada en dirección a Filldeserp para confirmar su cometido, los clavó en su pálida piel, justamente debajo de su muñeca.

Sangre comenzó a brotar, no obstante Filldeserp colocó su mano izquierda en su muñeca lesionada e hizo presión, para que el veneno se extendiera más rápido por sus venas. Repentinamente sintió un ardor por todo su brazo que se expandió a su cuerpo íntegro, paralizándolo y provocándole convulsiones. Ahora la sangre salía de su boca y toda su piel estaba cubierta por un sudor frío. La temperatura de su cuerpo aumentó y toda la mazmorra pareció desvanecerse ante sus ojos.

Sólo así aprendería la lección.


***


- Mi Lord... – Murmuró un mortífago que acababa de ingresar al despacho del Dark Lord con paso inseguro; el miedo era evidente en sus ojos.


Voldemort, quien había estado muy concentrado en sus planos y leyendo los reportes de la semana, levantó la vista quince minutos después, con aspecto de estar dispuesto a lanzar cruciatus al primer mortífago que se cruzara en su camino.

El hombre tragó saliva sonoramente mientras frotaba sus sudorosas manos. Empezaba a temer por su vida.


- ¿Qué es lo que quieres, Snahorn? – Demandó Voldemort.
- Mi Señor... – Tartamudeó Snahorn. Se detuvo entonces para tomar aire e intentar hablar con claridad, pero volvió a fracasar.


Los ojos rojos destellaron.


- ¿Y bien, Snahorn? – Exigió nuevamente, esta vez su impaciencia era evidente en su voz. Para dar más énfasis al tiempo que le estaba haciendo perder, se puso de pie y se encaminó hacia el mortífago con lentitud, alterando los nervios del hombre.
- Mi Lord... uno de nuestros especimenes ha desaparecido... – El mortífago era el encargado del sector de criaturas muggles-mágicas y era responsable de mantener a cada una de ellas en su lugar y en buen estado.
- ¡Crucio!


Gritos resonaron en el despacho. Aquellos mortífagos que estaban circulando por el pasillo menguaron su marcha durante un segundo, escalofríos recorriendo sus cuerpos, para luego proseguir con sus tareas. Agradecieron no ser la víctima de la maldición y de la cólera del Lord.


- ¿Qué espécimen, Snahorn?
- Una víbora áspid, mi Lord...
- ¡Crucio!


No obstante, esta vez el Dark Lord no estaba concentrado en la tortura. Víboras áspid eran muy valiosas, no sólo para ingredientes de pociones, sino también como armas de batalla. Eran de las criaturas más venenosas del oeste de Europa y eran custodiadas por mortífagos de cierta confianza. Por lo tanto era muy extraño que hubiera desaparecido sin dejar ninguna clase de rastro o sin accionar las alarmas.

“¿A qué estás jugando esta vez, Filldeserp?”

Abrió su conexión mental con su heredero, la cual había conservado cerrada para centralizarse en sus planes y permitirle resolver a Filldeserp el tema Granger sin estar siendo interrumpido. Se sorprendió, aunque no gratamente, de hallar sus barreras mentales semi-bajas. Sin embargo, sus sospechas se confirmaron.

Filldeserp estaba usando a la víbora áspid como punición. Sonrió internamente. La idea no había estado tan mal... después de todo, el muchacho no iba a morir envenenado, ya que habían desarrollado hacía varios años un antídoto vitalicio contra la mayoría de los venenos de serpiente. Obviamente, la fórmula estaba guardada en los mismísimos aposentos de Voldemort, así que los únicos que eran totalmente inmunes a sus efectos eran los dos Dark Lords. No permitiría que Dumbledore tuviera un medicamento así a su disposición.


- Puedes retirarte, Snahorn. Espero que no se repita.


El mortífago permaneció unos instantes inmóvil, sin poder creer su suerte. Luego hizo una reverencia y salió casi corriendo del despacho.

Voldemort rió entre dientes. Patético.

Así que, resignado con su ejército de inútiles y con las ideas del próximo ataque aún activas en su mente, salió de su despacho, dispuesto a poner orden en la Fortaleza. No obstante, al cruzar el marco de la puerta, una mujer colisionó contra él en su apuro. Volteó, con el encantamiento cruciatus a punto de efectuarse sobre la dichosa persona, cuando reconoció a la joven castaña quien ahora le contemplaba con cierto pánico e histeria en su mirada.


- ¿Se puede saber qué haces fuera de tus aposentos, Granger? – Preguntó, en su voz impresa la curiosidad y la amenaza.
- Yo... – Murmuró ella, ligeramente cohibida ante la presencia del majestuoso Dark Lord.
- ¿No deberías estar en clase? – Cuestionó en tono autoritario, sabiendo muy bien que Filldeserp no estaba en condiciones de instruirle nada a la muchacha.
- Él... – Quiso explicar, pero los nervios nuevamente la trabaron.
- Así que decidiste salir a pasear por la Fortaleza, ¿uhm? – Dijo Voldemort en tono casual, aunque Hermione inmediatamente supo que por dentro él estaba buscando la maldición más adecuada para castigarla por su atrevimiento. – Te creía algo más inteligente, Granger...
- ¡Es que...! ¡Filldeserp...! ¡Él...! – Exclamó Hermione, al borde de la histeria.
- A ver... Granger... veamos... – Dijo, respirando hondo y buscando algún resto de paciencia. – Eres Hermione Granger, aurora estrella, famosa miembro de la Orden del Fénix... Te encuentras en la Fortaleza de la Orden Oscura. Estas personas que transitan por los pasillos no son viejos amigos de mis tiempos en Hogwarts que han venido a visitarme, son mortífagos. ¿Te suena la palabra? ¿Sí? Bien. Verás, estos mortífagos no simpatizan con aurores... ley natural de la vida, ya ves. Así que... dame una buena razón para no mantenerte bajo un cruciatus durante cinco minutos...
- Filldeserp... él... temo que... esté tomando medidas drásticas... salió muy perturbado, fue mi culpa, la verdad y...


Voldemort hizo una exasperación con los ojos. Realmente... si esta era la aurora más inteligente y habilidosa que el ministerio tenía, ¿para qué se estaba preocupando tanto en los planos de los ataques? O quizás la joven no entendía el significado de la expresión “buena razón”...


- No tengo tiempo para lidiar con tus histerismos, Granger. Así que te sugiero que te des la media vuelta y emprendas tu camino de regreso a tus habitaciones ahora.
- ¡Pero...! ¡Filldeserp...!
- Ahora.
- ¡Pero...! – Nadie podría decir que no le había dado la oportunidad, ¿verdad?
- Desmaius.


No efectuó gesto alguno por detener la inevitable y ruda caída de Granger contra el frío suelo. El sonido del golpe resonó violentamente, pero Voldemort sólo se encogió de hombros, sin ninguna preocupación respecto a una posible herida en la dura cabeza de la joven. Chasqueó los dedos con elegancia y uno de los elfos domésticos apareció al instante.


- Llévala a sus habitaciones. – Ordenó con indiferencia.
- ¡Sí, señor! – Exclamó la criatura con voz chillona.


Argh. Criaturas indeseables, extremadamente risueñas y escandalosas. Aunque debía admitir que eran más útiles que algunos de sus mortífagos... y por lo menos, no exigían sueldo ni deseaban poder ni nada por el estilo. Simplemente servían. No eran tan indeseables entonces, si se lo ponía a meditar con profundidad.

Pero tenía mejores cosas que hacer que pensar sobre elfos domésticos. Entre muchas otras, verificar el estado de su heredero y recuperar a la víbora áspid. Posteriormente planearía un castigo para Granger; no permitiría que la muchacha se librara así de fácil. Había cedido a no torturarla en ese momento porque su agenda estaba muy ocupada ese día, sin embargo se aseguraría de dedicarle el tiempo que se merecía. Lord Voldemort era un Dark Lord muy considerado y atendía muy bien a sus sirvientes y huéspedes.

Primero un inútil y tartamudo mortífago, delegado de su zoológico personal, y después una insufrible sabelotodo Gryffindor y sangre sucia... Peores especimenes no podría haber elegido como compañía...


- Tom, ¿no deberías estar trabajando? – Siseó Nagini, emergiendo de las sombras del corredor y como siempre regañándolo por su falta de responsabilidad.


Sin analizar a Nagini.


***



Mansión de los Malfoy
5 de septiembre de 2004
Horario: nueve de la noche



8 de Agosto de 2004


Querida Alice:

Si esta carta llega a tus manos, significa que he encontrado mi muerte. Espero que no haya sido extremadamente dolorosa... o que por lo menos, lo haya hecho con la conciencia tranquila. No es fácil expresar tantas cosas en tan vulgares palabras, sin embargo lo intentaré, siéndote plenamente sincero. Lo juro.

La primera vez que te vi supe que eras esa mujer que había estado buscando desde mi ruptura con Parkinson (¿recuerdas que te hablé de ella?), no solamente atractiva sino... una mujer que con facilidad cumplía mis expectativas y las superaba. Admiré cómo con habilidad y astucia te fuiste elevando en los rangos del Dark Lord hasta llegar a la Elite...Y no me extrañé cuando llegó a mis oídos la noticia de que Filldeserp te había tomado como pareja. Me sorprendió, no obstante, cuando se separaron luego de tantos meses... cuando en la Fortaleza ya se corrían rumores de compromiso y de la aprobación del Lord a tal decisión.

Afortunado me sentí cuando finalmente posaste tus ojos en mí. Podría decirse que fuiste la única mujer que llegó a ponerme nervioso... a mí, Draco Lucius Malfoy, heredero de la gran fortuna Malfoy y Black, empresario de alta jerarquía en el ministerio y mortífago de la Elite más selecta del Dark Lord. Eras la única mujer que representaba realmente un reto para mí; la única que no había sucumbido a mi dinero o a mi status... la única que podía llegar a jugar conmigo de una forma tan estúpida que me hacía sentir desmerecedor del apellido Malfoy... Me sedujiste... y lo hiciste de manera perfecta.

A nosotros, herederos de familias sangre pura, se nos ha enseñado a no casarnos por amor; de hecho, la mayoría de nosotros desconocemos esa palabra. Se nos ha enseñado a elegir a nuestra pareja basados en las tan superficiales características, como dinero, posición política-social y/o poder... No obstante, toda lección al respecto perdió importancia para mí cuando te conocí realmente. No sé cómo, pero... me encontré aprendiendo lo que es el amor y entendí que lo que he sentido por ti es mucho más que simple atracción... Te amo, Alice.

Cuando una persona se enamora... el mundo se detiene. A veces, incluso, cambia totalmente su rumbo, haciendo añicos el viejo esquema de futuro que uno tenía para sí. Estoy seguro que con estas palabras parezco un estúpido Hufflepuff (y eso es decir algo)... y que lo más probable es que estos sentimientos no sean correspondidos; como he mencionado anteriormente, nacimos y fuimos educados para no amar, para huir de los sentimientos... de nuestras debilidades.

Sé que Annabelle fue un error. Un error que no calculamos... y que nunca quisimos cometer. O por lo menos, no conscientemente o en este momento de la guerra. No obstante... resultó ser la mejor noticia que he tenido durante mucho tiempo... desde la muerte de mi padre. El día de su nacimiento... cuando contemplé sus inocentes y risueños ojos azules zafiro, idénticos a los tuyos, entendí que era mucho más que simple carne humana. Por primera vez... hallé algo que me importaba mucho más que el poder. Eso cambió mi vida, Alice. Annabelle Helen Malfoy Kolberg se tornó la razón de mi existencia. Cada sonrisa suya era un alivio para mi helado corazón... tenerla allí, entre mis brazos... supe que tenía que protegerla. No quiero que mi Belle crezca entre tanta oscuridad... no es el futuro que quiero para ella; no quiero que tenga que vivir lo que yo viví... Por favor, Alice, no permitas tal destino.

Soy conciente de que moriré. El Dark Lord ya me cree inservible, aunque lo niegue. Soy un buen contacto en el Ministerio, pero... perfectamente suplantable. Y se ha dado cuenta que ya no le sirvo como antes. No dudará en eliminarme. El linaje Malfoy, desde los tiempos de mi abuelo, ha estado a su servicio... se ha aburrido ya de los mismos rostros e ideologías. Sabe que, en cuanto una mejor oferta surja, lo apuñalaremos por la espalda. Fue por eso que asesinó a mi padre –se había revelado contra la Causa–. Ya no puedo asistir a una Causa que ha probado ser mortal para mi familia... el Orgullo Malfoy fue ultrajado.

El bando de la Luz nunca ganará; no, por lo menos, con los aliados y fuerzas que tienen; muy pocos espías y mínima información valedera para defenderse en los ataques. Pero estoy dispuesto a hablar con Dumbledore. Esto es lo que me llevará a la muerte, pero... todo por ti y Belle. Quiero conseguir un estado neutro en esta guerra para nuestra... ¿familia? No quiero que mi Belle sea utilizada... manipulada... Protégela, Alice... y permítele vivir. Es la última de mi linaje...

La decisión final la tomarás tú de todas formas; si quieres permanecer en el lado oscuro o en la neutralidad. Elige cómo quieres que sea el mundo para ti... y para Belle... No olvides cuál fue mi decisión y cuál fue el resultado. Sé conciente de los riesgos...

Tengo fe en que... lo que optes, será lo mejor.

Cuídense,

Con cariño,

Draco



Las manos de Alice temblaron, aún con la carta de Malfoy entre ellas. Sus ojos no reflejaban nada, pero unas hoscas lágrimas se habían escapado de ellos; los únicos signos reales de su consternación.

Había decidido visitar la casa de Draco tras un mes de su muerte, de la cual había sido indirectamente la causante al revelar su ubicación en Hogwarts. En la mansión ahora sólo vivía Narcissa, quien se había retirado de los servicios del Dark Lord hacía un par de años; unos meses después de la misteriosa muerte de su marido. Su Lord le había concedido su deseo de neutralidad a cambio de la lealtad de Draco –que ya de por sí estaba ingresando en los rangos menores-. Y así fue como el futuro del heredero Malfoy terminó de sellarse.

Irrespetuosamente había ingresado a la habitación del difunto donde el aire que se respiraba era intranquilo; un augurio de cambios indeseados que estaban a la expectativa. Allí, sobre el refinado mueble que residía a un costado de la habitación, había encontrado la carta dentro de un sobre firmado con su nombre. Su primer impulso fue quemarlo, sin embargo decidió leerla, sólo para satisfacer su curiosidad sobre la última voluntad del rubio; a parte de su testamento, claro está, donde le había designado todos sus bienes materiales y propiedades. Sino hubiese sido extremadamente cuidadosa con la lectura del testamento, el cretino de Malfoy hubiera revelado los verdaderos colores de Alice a Dumbledore, quien aún seguía pensando que ella era neutral.


“¿Y cuál es esa petición, Alice?”
“Hacerle pagar por todo lo que hizo.”



Annabelle Helen Malfoy Kolberg había sido un desliz, un terrible desliz. Había discutido innumerables veces con Draco al respecto; como él había descrito en su carta, ella había sido educada para jamás amar y para casarse con alguien poderoso, que pudiera mantener el honor de su familia vivo. Sus ojos siempre habían estados fijos en Filldeserp... y siempre lo estarían. Lamentaba constantemente la ruptura de su relación, años atrás. Ella sólo había buscado en Malfoy diversión... un entretenimiento temporal para adaptarse a la ausencia. Pero el error ocurrió.

Nunca amó, ni siquiera llegó a apreciar, a Draco Malfoy, ni tampoco había estado dispuesta a tener a Annabelle. Él la había convencido de tener piedad y, sin saber porqué, cedió. Permitió incluso el apellido de la niña con tal de complacer al mortífago.

Malfoy había sido un gran padre. Prácticamente había adorado a Annabelle. No obstante, aquello no significó nada para Alice cuando a sus oídos llegó la noticia de la traición de Draco al Dark Lord. Una irracional cólera se había apoderado de ella y lo entregó en bandeja de plata, sabiendo que era lo correcto. Ella claramente le había dicho que su destino, y que por lo tanto, el de su hija también, estarían junto al Dark Lord, aún cuando éste no estuviera al tanto todavía de la existencia de la pequeña.

Su hija no necesitaba un padre así.


“Pero Alice, querida... él no te ha hecho nada... Eres tú quien deberías pagar por traición...”
“Pagará por deshonrarme. Por no llegar a sus expectativas, mi Lord; por fallar en una misión clave para usted. Pero sobre todo... por no llenar
mis expectativas.”


- Estúpido. – Murmuró y estrujó la carta en su puño. – Moriste por una causa vana, Malfoy. Jamás serviré a Dumbledore. Tu linaje me importa poco y nada. Ahora sólo me preocuparé por mí... y por Annabelle.


Sería fiel a Annabelle. Todo lo que haría, lo haría por ella. Por nadie más. Era lo único que podía prometerle a la memoria de un Slytherin ingenuo.


- ¿Ahora entiendes porqué los Slytherin no tienen permitido enamorarse, Draco? – Susurró a la nada, con una sonrisa burlona en su rostro.


Los Slytherin no saben cómo amar...


***


Fortaleza de la Orden Oscura
Sala de Entrenamiento
6 de septiembre de 2004
Horario: tres de la tarde




Casi una semana había pasado desde la clase de Oclumancia; toda una semana en la cual Filldeserp había estado de misión en misión, y poco se había ocupado de ella, dejando sus lecciones a cargo de Lord Voldemort. Si bien había aprendido cosas muy interesantes durante su tutela, seguía sin estar cómoda en su presencia y deseaba hablar con Filldeserp sobre lo sucedido... sobre sus memorias; quería aclarar las cosas entre ellos, aunque sabía que de nada valdría porque todo seguiría oscuro. Incluso más difícil que antes.

No sabía si él había elegido todas esas misiones para eludirla o si el Dark Lord se lo había ordenado. Lo único que conocía al respecto era que las misiones cumplían una función informativa, seguramente de espionaje. Por el resto, Voldemort se había negado a darle más detalles.

Suspiró con cansancio mientras aguardaba la llegada de su instructor, intuyendo que sería nuevamente Voldemort. A penas había dormido aquella semana, entre todos los ejercicios mentales que él le había hecho practicar y las pesadillas que todas las noches imposibilitaban su descanso. Veía los rostros aterrados de sus padres, siendo asesinados por su amigo Ron, y ella sin poder hacer nada para modificarlo. Aún seguía sin poderlo creer. Por eso quería conversar con Filldeserp: quería entender la Verdad ahora. Y eso sería mucho más complicado que aplicar Legeremancia en una persona inconsciente.

Su cuerpo se tensó por completo cuando el crujido de la puerta le previno sobre la presencia de alguno de los dos Dark Lords. Permitió que la sorpresa se expresara en su rostro cuando distinguió a Filldeserp. Sin embargo, su aspecto no era igual de imponente que siempre; de hecho, sino fuera porque temía un Cruciatus, le hubiera pedido que suspendiera la clase, sólo para darle el tiempo para descansar.

En su rostro había múltiples heridas que aún estaban cicatrizando; tenía unas ojeras enormes debajo de sus ojos, haciéndolos manifestarse espeluznantemente tristes. Estaba más pálido de lo común y su mirada parecía perdida; por el resto, seguía siendo el heredero de Voldemort, con su postura orgullosa, sus ropas elegantes y su aura poderosa. Era un contraste turbulentamente inusual.

Hermione se puso de pie e inclinó la cabeza en señal de respeto. Filldeserp levantó una ceja, demasiado incrédulo ante lo que presenciaba. Posteriormente una sonrisa burlona se extendió por su rostro. Por un instante la imagen de Salazar Slytherin reapareció en la mente de la Gryffindor. Las semejanzas no pasaban de ser percibidas.


- Veo que una semana con el Lord te ha enseñado un poco de disciplina y respeto. – Remarcó Filldeserp, sentándose frente a Hermione quien había vuelto a ocupar su asiento.


La muchacha contuvo la réplica que anhelaba salir de sus labios, su orgullo Gryffindor desmoralizado. No obstante, sabía que las palabras del joven eran realidad: entre las clases de Oclumancia e historia de la magia, Voldemort también había hallado tiempo para enseñarle las bases del protocolo de la Orden Oscura. Unas dosis de cruciatus y había aprendido a reaccionar automáticamente en la presencia de ambos Lords. No era una cuestión de gustos o preferencias, debía cumplir el protocolo.


- Excelente. El Lord me ha comentado tus avances sobre la Oclumancia. ¿Finalmente has logrado colocar obstáculos en tu mente?


No había sido tarea fácil. Hubiera preferido diez mil veces tener a Filldeserp de profesor que a Voldemort, quien no dudaba en aplicar un cruciatus a cada fallo. La mayoría de las tardes había salido inconsciente de la sala de entrenamiento, ya que realmente el Dark Lord le había exigido hasta sus límites y aún más: la había obligado a superarse. Fue una semana dura e interminable. Sin embargo el doloroso entrenamiento había dado sus frutos: su mente ahora estaba muy cerca de ser inasequible.


- Correcto, mi Lord. – Respondió, asumiendo una actitud sumisa. Quizás, si daba una buena impresión...
- ¿Mi Lord? – Cuestionó Filldeserp. Su voz había sonado ligeramente perturbada, como si la idea de tenerla bajo sus órdenes fuera desnaturalizada. Hermione sonrió en su mente.
- Así es, mi Lord. El Lord ha requerido que demuestre el respeto que se merece, mi Lord. – Filldeserp chasqueó la lengua, fastidiado.
- Te crees muy lista, ¿no es cierto, Granger? – Murmuró, amenazante. – Tu respeto me deshonra si es en estas condiciones.
- ¿A qué se refiere, mi Lord?


Impulsivamente, Filldeserp se levantó de su asiento y estuvo tentado a abofetearla. Sin embargo algo lo detuvo y su mirada se colmó de odio. Hermione tuvo que admitir que, con ese aspecto, lograba ser bastante más atemorizante. Parecía un muerto vivo en busca de venganza.

No obstante, cuando él había elevado su mano para pegarle, Hermione había logrado advertir una herida profunda en el dorso de su muñeca. Por su apariencia parecía estar cicatrizando, pero era un curioso sitio para lastimarse...


- Sabes muy bien a lo que me refiero, Granger. – Musitó entre dientes, enfatizando su furia, y distrayéndola de sus suposiciones. – No me tienes respeto. No me consideras tu Lord. Lo finges sólo para tu conveniencia. Eso es intolerable. – Hermione permaneció callada, entendiendo que seguirlo desmintiendo sólo empeoraría la situación.
- ¿Qué es lo que quieres saber, Granger? – Preguntó Filldeserp directamente.
- Quiero entender. – Contestó Hermione con sinceridad.
- ¿Y qué es exactamente lo que no entiendes? – Dijo él, haciendo un gesto de exasperación con sus ojos.
- Ronald. No entiendo cómo... cómo pudo hacer lo que hizo en 1997. Él... él nunca fue una persona sádica... ni es un mortífago... los detesta con todo su alma...


Una sonrisa repleta de congoja apareció en el rostro de Filldeserp, aunque fue reemplazada de inmediato por una mueca. Sus ojos verdes vagaron por la sala por unos instantes, juzgando si responder a su pedido o dejarla en la oscuridad. Finalmente emitió un suspiro abatido y asintió, volviendo a fijar sus ojos en los de ella.

Ese no era el Filldeserp que ella conocía. Era como si la cáscara que lo había envuelto todo aquel tiempo se hubiera resquebrajado y ahora estuviera desenmascarando la parte más débil del famoso asesino. Al contrario de lo que hubiera esperado, Hermione no se sintió aliviada ni alegre por el acontecimiento; más bien, se sintió angustiada. ¿Qué le había ocurrido durante aquella semana?


- ¿Recuerdas lo que hablamos sobre la supervivencia en nuestra primera clase? – Dijo Filldeserp. Hermione tuvo que esforzarse en recordar pero indiscutiblemente la memoria sobrevino.


“Seguramente en alguna misión, has tenido que asesinar mortífagos. ¿Eso es bueno o malo?”
“No es ni bueno... ni malo... Es...
supervivencia.”
“Y a la hora de sobrevivir, ‘el fin justifica los medios.’”



- Es difícil determinar cómo reaccionaríamos cuando no estamos en el escenario planteado. Podemos suponer, basados en nuestros principios y miedos, las opciones que consideraríamos... y hasta quizás arrimarnos a la auténtica decisión que tomaríamos cuando... nuestra vida corre peligro y no hay esperanzas de rescate; cuando se nos está ofreciendo una oportunidad de escapar, a cambio de un servicio.
- Sin embargo... cuando la vida propia está en riesgo, la mayoría de los seres humanos tienden a pensar en ellos mismos. No miden las consecuencias que un trato de aquellas características pueda traer. No miden, siquiera, si su vida vale el precio. No son concientes que no sólo depende de ellos mismos, sino también del resto de las personas. Porque de alguna forma u otra, siempre habrá alguien externo a nosotros mismos que será afectado por nuestras resoluciones. El mundo está sostenido por un equilibrio y por leyes irrevocables. Como dicen los muggles, la vida es un bumerang: todo lo que va, en algún momento tiene que volver. Nadie puede escapar de eso. Absolutamente nadie.


Filldeserp hizo una pausa en la cual Hermione notó cuánto le costaba hablar sobre el pasado. Habiendo huido de sus memorias por tantos años, ahora todas ellas acudían como una tormenta potente. Las piezas del rompecabezas se iban acomodando lentamente en la mente de Hermione y se sintió culpable; culpable por condenar a Filldeserp a revivir todo aquello que había vuelvo cenizas su mundo; sus sentimientos, su moral... todo se le fue arrebatado.

Ahora entendía porqué Filldeserp estaba desafiando a los Jueces; porqué estaba evitando de sus órdenes y buscando su propio destino; construyéndolo con sus propias manos. Era su venganza a todo lo que le habían hecho vivir, a todas las decisiones que le habían hecho tomar... y a toda la traición y el dolor. Harry Potter había sido asfixiado en una solitaria agonía.

Había tantas cosas que deseaba poder cambiar...


- Fue un plan perfecto de Voldemort y lo admito, dejé que sucediera, como él sabía que haría. Yo conocía cuál era su propósito y creí... confié... en que fallaría. – Susurró, sus palabras teñidas de culpabilidad. – Voldemort se contactó con Weasley aquel verano, aunque Ronald no sabía que era él en ese momento. En lo personal, reconocí los efectos inmediatamente. Él estaba teniendo sueños extraños y en su mente escuchaba una voz que le advertía que el final de su vida se acercaba y que sólo podría sobrevivir si acudía a Regent’s Park aquel 9 de agosto a la medianoche, sin avisarle a nadie. – Un suspiro se escapó de entre los labios de Harry. – Confié en el sentido común de Ron y en su decisión. Juzgué que esta vez, la responsabilidad no estaba sobre mis hombros... y que por algo era. Dejé que las cosas siguieran su curso.
- Weasley, como típico Gryffindor, acudió al llamado. Voldemort estaba allí... – Cerró los ojos con pesar.


Hermione sintió una intrusión a sus barreras mentales y aprobó su entrada. En su mente, escuchó la voz de Voldemort y la de un Ron adolescente, que intentaba no demostrar su terror:


“No necesariamente tienes que morir.”
“¿Qué debo hacer en caso de querer vivir?”
“Eso sólo lo sabrás si es lo que eliges.”



- Ronald no midió las consecuencias ni se detuvo a pensar qué costo tendría su vida; no pensó, antes de dirigirse a Regent’s Park, que todo podía ser una trampa, que quizás ése no era el momento para hacerse el héroe. Su conexión con la Orden del Fénix y su antigua amistad conmigo deberían haberlo hecho recapacitar... Sin embargo, yo estaba esperando demasiado de un Gryffindor... que sólo deseaba demostrarle al mundo que él era mejor que el Niño que Vivió.
- Solía preguntarme si eso era en lo que había consistido nuestra amistad; fama, dinero, celos... Si todo siempre había sido tan falso en nuestra relación... – Hermione se percató que Filldeserp ya no le hablaba a ella, sino que estaba nublado en sus memorias. – Si hubiera sido un buen amigo, hubiera entendido mi necesidad de madurar, de crecer en cuestiones como el conocimiento y el poder, después de la muerte de Sirius... pero nunca lo entendió. Y pasó a ser otra persona más que sólo me veía como “el Niño que Vivió” o el “elegido”... de hecho... dudo que haya habido alguien que no lo hiciera.


Hermione hubiera dado su opinión sino fuera porque las declaraciones de Filldeserp en verdad le habían pasmado. Estaba conmocionada y con un dolor de cabeza punzante, consecuencia de todas las emociones que estaban fluyendo entre ellos. Aquellas verdades, la confianza que Filldeserp estaba depositando en ella, relatándole todo aquello... iban en contra de todo lo que había visto en la Fortaleza hasta aquel momento. Le hacían recordar los grandiosos momentos que había compartido con un inocente Harry Potter; aquella persona a la que había querido y admirado como a nadie...


“Vivir”


Eso era lo que Ron había elegido, al mismo tiempo penando a sus padres a una muerte segura... condenando a Harry Potter a la oscuridad y sumergiéndola a ella en un mundo de mentiras. Si Ron no los hubiera traicionado... si hubiera sido leal a la amistad que alguna vez habían compartido... si hubiera pensando antes de reaccionar... cuán diferentes serían las cosas. Tal vez aquella guerra se hubiera consumado tiempo atrás... quizás Filldeserp jamás hubiera nacido... Quizás...

Un mundo de posibilidades que nunca más podrían llegar a efectuarse; destinos que ya no existían; esperanzas desperdiciadas en un pasado irremediable.

Sin embargo, aún existía un futuro restaurable; un futuro donde nuevas esperanzas podrían ser deleitadas y nuevos destinos fundidos; un futuro donde podría reparar su fatal error.


- Cuando Ronald volvió de Regent’s Park, supe que lo había hecho... que nos había traicionado a todos. Supe que él era el asesino, aunque al principio tampoco quise creerlo... Cuando lo enfrenté al respecto, todas mis dudas se despejaron. Sin embargo, jamás podría acusarlo frente a la Orden. No a él, a quien había considerado mi mejor amigo... me mantuve en silencio...
- Y fue ahí donde... te acusó a ti, ¿verdad? – Dijo Hermione, insegura de interrumpir. Filldeserp hizo una mueca amarga. – Y yo le creí... – Murmuró, casi en un sollozo.
- Eso es la supervivencia. No le importó cómo, mientras que viviese. No le importó cómo, pero se libró de la culpabilidad y la condena. Estoy seguro que hasta se engañó a sí mismo, suprimió las memorias y se quedó con la idea de mi culpabilidad. Le habrá resultado fácil escapar del pasado, con todos creyéndome el culpable...
- En ese momento decidiste unirte a Voldemort, ¿verdad? – Preguntó Hermione, trémula.
- Todo el sexto año había estado debatiéndome entre mi inclinación a la Oscuridad y el permanecer con mis amigos... aquellas personas que creí, me querían a y no al Niño que Vivió. Pero ese 10 de Agosto... me demostró que ya no había nada que me uniera con el bando de Dumbledore. Todos los ideales, que alguna vez había poseído y perseguido, se desmoronaron ante mis ojos. Ya no valía la pena seguir luchando por una Causa, que a mis ojos, estaba perdida; una causa que sólo me había llevado a la tragedia y a la perdición...
- Dumbledore siempre supo quién había salido esa medianoche de los cuarteles. Al ser el Guardián del secreto de la ubicación de Grimmauld Place, tenía un perfecto control sobre las barreras; quienes salían, quienes entraban... todo estaba custodiado.
- ¿Y por qué nunca dijo nada? – Cuestionó Hermione, sin entender el razonamiento.
- Ronald Weasley: Sexto hijo de una prestigiosa familia sangre pura que siempre fue leal a la Luz, Gryffindor, sin poderes demasiado notorios... futuro auror... Dumbledore jamás quiso asociar ese perfil con el de un asesino a conveniencia. A ciencia cierta, nunca supe qué era lo que Dumbledore creía de todo el ambiente... ninguna vez me acusó en forma directa, sin embargo, sé que en séptimo curso había empezado a sospechar de mis acciones... y me vigiló mucho más que antes... algo que creía imposible. – Dijo Filldeserp, con una suave burla en su voz.


Hermione meditó sus palabras. Después de todo, Filldeserp también la había traicionado, eligiendo a Voldemort por sobre el mundo que por tantos años había luchado y querido; se había convertido en un Ron a su manera... sin embargo, nunca le echó la culpa a nadie sobre sus acciones. Nunca le mintió. Ellos mismos se mintieron, contemplando al Niño que Vivió y elevando sus esperanzas bajo su falsa, pero famosa imagen... sin ser concientes que de aquella forma, estaban cediendo su mundo.


“Eso es lo que hace a este mundo hipócrita. Esperan muchas cosas... pero hacen pocas.”


- Espero que con esta educativa charla hayas entendido la verdad. – Concluyó Filldeserp, levantándose de su asiento con cierta dificultad aunque intentando no demostrarlo.
- ¿Por qué accediste a contármelo? – Indagó Hermione por última vez. Él suspiró, sin mirarla a los ojos.
- Porque el Lord pensó que sería una buena idea. – Indicó.


Hermione sintió una vaga decepción ante aquellas palabras. Sin embargo, podía entender ahora la actitud derrotada y permisiva de Filldeserp. Se mordió el labio inferior entre tantos sentimientos conflictivos y asintió, igual de vencida que él.

No obstante...


- Además, porque creía que... tenías derecho a saber; derecho a entender porqué murieron tus padres... – Sus ojos esmeraldas brillaron extrañamente por un segundo y Hermione se sorprendió por la transparencia de emociones que podía contemplar allí.


Filldeserp, por ese segundo, se había abierto a ella; por un segundo pudo compartir su sufrimiento, su abandono, su furia... pudo experimentar todo lo que él había sentido aquel día de la traición de Ron que parecía ahora tan lejano. Por un segundo, pudo divisar a Harry entre tanta oscuridad.

Harry. No el Niño que Vivió ni el Elegido, ni siquiera el heredero de Voldemort.... Sólo Harry.


Vivido ese segundo, todo volvió a la normalidad. La máscara que Filldeserp había dejado caer durante aquella sesión volvió a instalarse en su rostro y todo rastro de debilidad desapareció. Incluso la herida en su mejilla parecía menos grave con el aura que aviesamente había regresado a ceñir su figura. El orgulloso e invencible Filldeserp había retornado, dejando a Hermione cuestionándose si todo lo que había sentido y oído había sido sólo un juego de imaginación.

Sólo sobrevive aquél que logra adaptarse al nuevo ambiente; aquél que supera las obstáculos y evoluciona; aquél que entiende que, en la naturaleza, el fin justifica los medios.

Fue Filldeserp aquél que había subsistido de todas las decisiones erróneas, los destinos forzados y las esperanzas perdidas; de entre Harry Potter, el Niño que Vivió, y Filldeserp, el heredero de Voldemort, él había sido el más apto.

El más poderoso y fuerte. Aquél que conquistaba sus debilidades y las transformaba en sus más insólitas fortalezas.

El nuevo líder del Imperio.

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