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Laguna Estigia
(R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38 Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54 [ Más información ]
Capítulo 8 (Primera Parte)
Buenas noches, gente! Cómo han estado? Espero que sin demasiadas complicaciones, sobre todo quienes tuvieron que dar exámenes finales y tal...
Yay!! Por fin diciembre!! Vacaciones de veranooo!! Libreeee!! XD. Y aprobé todos mis exámenes con notas excelentes, así que ando muy satisfecha con este año! Lástima la irregularidad en el tema ficts, pero... prometo recompensarlo en estos dos meses que tengo de vacaciones. Para aquellos que preguntaron, el viaje de egresados estuvo fenomenal y realmente lo pasé muy bien. Muchas gracias por la paciencia y todo, gente! En otras noticias: Primera noticia: He sido nominada para los Premios Anuales HA 2005, como Mejor Escritora entre 15 y 19 años y como mejor fict en proceso (Laguna Estigia). Para aquellos que deseen votar: - Mejor Escritora: http://www.harryargentino.com/ComunidadHA/index.php?showtopic=6247 - Mejor FF en proceso: http://www.harryargentino.com/ComunidadHA/index.php?showtopic=6245 Para poder votar, necesitan ser socios de HarryArgentino, y usuarios de su respectivo foro. Segunda noticia: He escrito un fict compartido con ChePotter. Podría decirse que en realidad no es tanto fict, porque los personajes son muggles y completamente ajenos al mundo de HP, sino fuera porque son fans de él. Aquellos que estén interesados, podrán hallarlo aquí: http://www.harryargentino.com.ar/fansfictions/viewstory.php?sid=17783 :: Juntos. Tercera noticia: ChePotter (una gran y fiel lectora, además de escritora y una de mis mejores amigas), como regalo de cumpleaños atrasado *risas*, me ha regalado nada más ni nada menos que un FanListing en mi honor. Aquellos que quieran ver de qué se trata o quieran unirse, los invito a visitarlo: http://nyaza.dark-obsessions.net/jaquemate/ Allí podrán hallar las noticias más novedosas sobre mis ficts y tal... (y para quienes querían votar en los Premios Anuales y no sepan cómo registrarse, visítenlo que ofrece una buena guía que con las restricciones claras de ff.net yo no puedo brindarles aquí ^^) Cuarta noticia: en realidad esta es una vieja noticia xD, pero me olvidé de avisarles en el capi pasado. Tengo un blog, para aquellos que quieran saber en qué ando que no actualizo o estén interesados en conocerme un poco más... XD Incluso estoy considerando dar adelantos de los capis allí... so... Quienes deseen chekearlo: http://parvy.splinder.com/ *** Bueno, proseguiré con el capi en sí. Estimo tener el capi 9 para la segunda semana de enero... quizás un tanto antes... depende de mi musa, la verdad. Haré mi mayor esfuerzo para tenerlo lo antes posible. Dedicatoria: *sonríe* A quién más puedo dedicarlo que a aquellas dos niñas, que tanto y tanto se esfuerzan en hacerme sentir querida, y al mismo tiempo asegurarse de que actualice pronto? *risas* Sí, nenas, este es uno de los regalos que les prometí. Capítulo 8 va para Cheita y Kathy. También quiero expresar mis agradecimientos a Jandres, cuyo desafío me mantuvo firme en mi decisión de actualizar. Gracias, amigo! Y a ustedes, mis lectores... este es mi regalo de navidad!! Los quiero!! Les deseo lo mejor en estas fiestas; ojalá estén repletas de amor, paz y felicidad! Que empiecen el 2006 con el pie derecho y con todas las ganas. En verdad les agradezco todo el apoyo que me han dado en este año de LE (cumplió un año a fines de Julio *snif* Mi bebé está creciendo!!) GRACIAS!! Felices fiestas!! Todo mi cariño para ustedes!! *** Título: Laguna Estigia Autora: Parvati-Blossom Resumen: Reto N° 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido. Rating: PG15 Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción... Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T Advertencia: Leves torturas morales y físicas *sí, sí... por fin un capítulo sin una gran escena morbosa! xD!* *** Capítulo 8 Fortaleza de la Orden Oscura 22 de agosto de 2004 Horario: medianoche. - Bienvenido al plano mortal, Riocárd Ciaran Slytherin, hijo de Salazar Slytherin. Al escuchar sus palabras Hermione reaccionó desde su estado de ensueño, sus ojos abriéndose y revelando un color gris platinado. Se fijaron en Filldeserp con mesura, evaluándolo. Tras unos minutos de atormentado silencio el espíritu contestó al saludo, empleando el cuerpo de la Gryffindor. - Vengo en pos de atender tu Llamado, Henry James Potter-Riddle, hijo de Thomas Marvolo Riddle. – Riocárd abandonó todo protocolo del ritual tras terminar esa frase y se dirigió a su Convocador con insólita familiaridad. – Me enorgullece ver que mi linaje continúa vivo en tan poderoso y digno hechicero. - Sus palabras me loan, Sir Slytherin. – Hizo una reverencia y una leve sonrisa se expandió por su rostro, aunque el gesto no tocó sus ojos. - Mucho tiempo ha pasado desde que fui convocado por última vez al plano mortal, Lord Filldeserp. – Murmuró Ciaran con cierta nostalgia camuflada bajo su máscara de impasibilidad. Alzó su mano derecha (o mejor dicho la de Hermione) hasta rozar su propio rostro, acariciando lentamente la suave piel de la Gryffindor, saboreando el cuerpo vivo. – Interesante Recipiente has elegido. Es curioso como, aún siendo originaria de muggles, – prácticamente escupió la palabra – pueda poseer poderes tan formidables, aunque se encuentren en estado salvaje. - ¿Sabe a qué se debe esta rara ocurrencia, sir Slytherin? – Cuestionó con solemnidad. Ciaran sonrió malévolamente, en una clara señal de burla hacia la ignorancia de Filldeserp, quien automáticamente supo que su antepasado no estaba mintiéndole: sabía la respuesta a su pregunta, pero no iba a concedérsela. Ya fuera por simple burla o porque los Jueces no se lo permitían. Quizás era una mezcla de ambas. - No voy a mentirle, Lord Filldeserp. – Dijo Ciaran con aparente cortesía. – Conozco la verdad, no obstante no gozo del derecho para otorgársela. - Entiendo, sir Slytherin. – Asintió Harry, pensativo. - Convocador, disculpe mi rudeza e impaciencia... pero, ¿cuál es el objetivo de esta convocación? – Preguntó con curiosidad Slytherin. - No finja no saber, Riocárd. – Le encaró con hosquedad. – En el mundo de los muertos no existe el tiempo, por lo tanto el conocimiento no está limitado para ustedes. Conocen el pasado, el presente y el futuro... aunque para ustedes signifique sólo acontecimientos vanos, ya que ni pueden intervenir. - Veo que sabe sobre nuestro plano, Lord Filldeserp. – Respondió él tranquilamente. – Aún cuando es información prohibida para ustedes, los mortales. - ¿Cuándo eso nos ha detenido? – Se burló Harry, avanzando unos pocos pasos intimidantes hacia Ciaran. - ¿Acaso el hombre alguna vez ha dejado de cuestionarse sobre la muerte y qué hay más allá de ella? ¿O han menguado sus deseos de Inmortalidad? - La misma mente vertiginosa que tu... padre, al parecer. – Comentó Ciaran agudamente. - ¿Tú también vienes a pedirme la inmortalidad? ¿Cuántas veces tengo que negárselas, inútiles mortales? ¿Cuándo entenderán que se requiere mucho más que poder y conocimientos para poder contar con el invaluable tesoro de la vida eterna? Al contrario de lo que Riocárd esperaba, Filldeserp sonrió, considerablemente entretenido con su discurso, y más aún cuando vio el rostro estupefacto de Slytherin ante su reacción. Estuvo tentado a reírse también, sin embargo no quiso tantear su suerte. El espíritu no colaboraría si le faltaba el respeto de forma tan atrevida. No obstante, eso no significaba que no jugaría un poco con el espíritu. Simplemente no lo llevaría al límite. - ¿Y cuándo aprenderán ustedes, esencias muertas, a no prejuzgarnos en su arrogancia? La vida eterna ya no es de nuestro interés. Los mortales estamos preocupados por otros asuntos que van más allá de eso. Estamos en plena guerra y no podremos ofrecerles nada de lo que se nos será solicitado si pedimos tal cosa. Además es sabido, aún por los inútiles mortales, que la Inmortalidad tiene un costo demasiado alto. Un costo que ningún Dark Lord ha estado dispuesto a pagar. Un tenso silencio se formó en la sala mientras que Ciaran evaluaba a Filldeserp con sus insensibles ojos platinados. En una primera estancia, Slytherin había estado a punto de perder su temperamento por la indignación y el disgusto de haber sido tratado así por un mortal, sin embargo recobró su postura antes de que aquello se diera y ahora estaba meditando sus palabras. Muchas cosas habían cambiado en el mundo mortal desde la última vez que lo visitó. Filldeserp se mantuvo callado, sabiendo que su misión dependía de aquella respuesta. - Me has sorprendido, Filldeserp. De verdad lo has hecho. Ningún mortal jamás se ha atrevido a hablarme así, pero... Eso te da crédito. – Una sonrisa maligna brotó en sus labios. – Me agradas, muchacho. Serás grande algún día. - Viniendo de un muerto... puedo apostar en ello. – Compartieron una sonrisa cómplice por un instante, aunque casi de inmediato se desvaneció. - Días oscuros se avecinan, debes estar preparado. No cedas tu guardia en ningún momento o te arrepentirás. – Aconsejó Ciaran con seriedad y luego su postura se relejó. – Sin embargo, dudo que tu Llamado haya sido simplemente para escuchar consejos de un muerto mendaz, ¿verdad? - Aquel que atiende al Llamado no puede decir nada más que la verdad a su Convocador. – Recitó Filldeserp con una sonrisa altanera. – A lo sumo puedes negarte a hablar, pero jamás mentir. - Correcto. - Desde los tiempos de Salazar Slytherin, existe una maldición que ha condenado a nuestra familia desde entonces; una maldición que los Fundadores de Hogwarts impusieron sobre nuestro linaje... – Ciaran hizo una mueca de repulsión hacia los magos nombrados. – Cada vez que un nuevo heredero de Slytherin nazca, su antecesor perderá todos sus poderes, ocasionando su muerte bajo el medio más cruel existente. - La extirpación de su magia... – Ciaran se estremeció y cerró sus ojos, por un instante, recordando seguramente su propia muerte. – Fue el único método que Gryffindor encontró para castigar a Salazar de su conversión al “lado oscuro”. Obviamente, exiliado como yo estaba del país, jamás me enteré hasta que mi esposa... mi estimada Aíbell, dio a luz a mi primogénito, Niklas... – una sonrisa amarga se posó en su rostro – Fue el dolor más penetrante y feroz que jamás había experimentado. Supe entonces que todo había llegado a su fin... pero juré venganza. Filldeserp rió fríamente ante tal declaración. Y qué venganza había sido. Gryffindor y los suyos nunca hallaron paz en el Reino de los Muertos, y aquellos de su linaje que aún permanecían vivos se habían convertido en squibs, muggles puros con el pasar de los años; toda dignidad y poder de la familia perdidos. Jamás podrían retornar al hogar que les correspondía por derecho, ya que Hogwarts no los reconocía ni los reconocería más. Sin embargo la maldición sobre la familia Slytherin jamás pudo ser eliminada. Muchos lo habían intentado, pero jamás se había conseguido una cura total. Generaciones de Slytherin habían sido huérfanos por esta razón, y el linaje se fue reduciendo en cantidad, limitándolo a un heredero por época. De hecho, aquella era la primera época en siglos que dos herederos de Slytherin estaban con vida. Voldemort había encontrado una manera muy astuta de eludir la maldición. Había convertido a Harry Potter en su hijo legítimo bajo un ritual de magia oscura: la maldición no surtió efecto, ya que Harry Potter no había nacido en ese momento sino que se había agregado otro linaje a su sangre y no era puramente Slytherin. No obstante, no era una cura... y para que el linaje se expandiera, necesitaban una solución íntegra. - Para exterminar la maldición, hay que unificar los Planos. – Expuso Filldeserp y en consecuencia Ciaran frunció el entrecejo. - ¿A qué se refiere, Lord Filldeserp? – Así que habían vuelto al título. Sonrió mentalmente. - Es increíble que una maldición pueda explayarse con tanta intensidad a través de los años. Definitivamente está basado en algo sanguíneo, pero conectado con el pasado... conectado con su fuente. - Gryffindor. – Murmuró Ciaran, sorprendido. - Quien está muerto. – Asintió Filldeserp. - ¿Acaso es posible...? – Slytherin permaneció estupefacto mientras el mortal reía. - No actúe sorprendido, Riocárd. Esta no es información que usted no sepa de antemano. - Me asombra que haya podido deducirlo, Lord Filldeserp. Generaciones han pasado y nadie... nadie se acercó siquiera a la verdad. Me complace ver que por fin nuestro linaje se librará. - ¿Cooperará entonces? - No gratuitamente. - Como todo Slytherin. – Dijo Filldeserp, habiendo intuido tal respuesta. – ¿Cuál es su precio? - El alma de tu heredero. Harry palideció fugazmente, sus ojos nunca abandonando la figura de Hermione, aún siendo poseída por Riocárd. Sus manos, que todavía sujetaban el Athamé, temblaron por un mínimo segundo y su aura pareció decaer, intensamente conectada con sus más profundas emociones. Sin embargo pronto volvió a la normalidad, su máscara de nuevo asentada. Pero Slytherin se había percatado de su oscilación. - Sabías que te pediría algo que no estarías tan dispuesto a sacrificar. – Se burló Ciaran. – Aún cuando quiero volver a ver a mi linaje en esplendor, también tiene que haber un beneficio alto para mí, ¿no te parece? - Es completamente entendible, sir Slytherin. – Respondió en un susurro. - Así que devuelta al título, ¿eh? – Silencio. Ojos verdes fulminaron a los plateados desafiantemente. - Es un buen intercambio si lo meditas bien, Filldeserp. Un hijo con un alma en poder de una esencia muerta... será una criatura muy poderosa, con control sobre el Reino de los Muertos, sobre las Sombras y... - Un hijo con un alma en poder de una esencia muerta es justamente eso: un muerto. No quiero tener un hijo muerto. - ¿Entonces permitirás que la maldición siga vigente? - No, pero pondré condiciones. – Su expresión impasible no dio lugar a contradicción. – No tendrás memoria pasada. Puedes ocupar el cuerpo de mi hijo, pero... nacerás como si fuera... tu primera vez. No es una resurrección. - Pero... – Quiso refutar Ciaran, escandalizado. - ¡Tendré que aprender a controlar mis poderes, algo que no sería necesario si poseo mi memoria pasada, mis visiones del Reino! - Si es verdad que mi hijo tendrá un control sobre el Reino de los Muertos, visiones tendrá ya de por sí. Y algo que hace de los poderes algo valuable es que uno aprenda a usarlos, ¿verdad? Y también es más entretenido... - Necesitarás un heredero conciente, no un infante, en esta guerra... - ¿Crees que no sé para qué usarás a mi hijo, Riocárd, si te concedo tus memorias? Pretenderás destruirnos para tomar tú el liderazgo e imponer tus reglas. Prefiero que mi hijo crezca normalmente y aprenda, y que luego él decida si necesita o quiere las memorias de su personalidad muerta. Sólo así te concederé el alma de mi hijo. Y ten de seguro que si tú no aceptas el trato, habrá otro de mis antepasados que lo hará. - De acuerdo... – Dijo Ciaran, atrapado en el juego del mortal. – Acepto tus condiciones. Pero ahora es mi turno de solicitar derechos. - ¿Qué más deseas, Riocárd? – Murmuró Filldeserp, intentando ocultar su disgusto. - Te estás olvidando de algo fundamental. – Sonrió Ciaran astutamente. – Tu tiempo límite para tener un heredero será un año... si para ese entonces no has honrado tu palabra, la maldición volverá a tomar efecto... y tomaré mis represalias... - Razonable. – Admitió el heredero de Voldemort, asintiendo. - Los Jueces estarán muy satisfechos con el avance de los sucesos... – Susurró Ciaran, más para sí que para el joven frente a él, quien chasqueó su lengua, ligeramente iracundo ante la mención de los Mayores. – Aún cuando no te agraden, ellos te tienen mucho aprecio. - Buenas noticias. – Dijo Filldeserp con tono sarcástico. – Me siento mucho mejor ahora que sé que quienes manejaron mi vida en el pasado me tengan aprecio... porque la verdad que lo estuve dudando durante años... – Ciaran rió. - Predijeron que tu reacción sería así. - Me preocuparía bastante si ellos, los Jueces en el Reino de los Muertos, no supieran predecir a un mortal... que llegado al caso, siempre estuvo en sus planes y se mantuvo sumiso a sus ordenanzas... - Aún lo estás. – Opinó Ciaran. – Te gusta negarlo, pero esto estaba en tu destino. No los sorprendiste al aceptar la proposición de Lord Voldemort. - Pero... – Musitó Filldeserp, de repente perdiendo su seguridad y pasando a estar dubitativo. Los Jueces siempre lograban perturbarlo, aún después de tantos años. – ¿Y la profecía? Ya no tiene efecto... - Cuán equivocado estás, mortal. – Rió abiertamente Ciaran. – La profecía sigue vigente. Debe cumplirse, tanto como cuando estabas en el Lado de la Luz... – Filldeserp cerró sus puños e hizo una mueca. - Saben muy bien que la profecía jamás se hará realidad... jamás osaré a traicionar a mi... - Nadie ha hablado de que traiciones a Lord Voldemort. Sin embargo... pronto... llegará el momento en el que te darás cuenta que no puedes escapar de tu destino... por más poder que hayas adquirido, por más que quieras dejar tu pasado atrás... todo volverá. Y llegada la hora, surgirá otra profecía... que marcará tu destino de nuevo... - Deséale suerte de mi parte a los Jueces en esa misión... porque esta vez no les será tan fácil. – Aseguró Filldeserp y observó impávido como Ciaran carcajeaba satíricamente. Había llegado la hora de terminar con todo aquello. – Que así sea. – Filldeserp selló el pacto entre el hijo de Slytherin y él, y una sonrisa astuta se embozó en su rostro mientras el espíritu era destituido del cuerpo de Hermione. – Hasta entonces, sir Slytherin. – Se despidió con sorna clara en su voz. El cuerpo de Hermione se desplomó en el suelo; la esencia de Riocárd desvaneciéndose de su cuerpo. Pronto la estirpe Slytherin retornaría al poder y entonces una nueva era empezaría. Hasta entonces, aún quedaban preparativos que realizar... y cierta profecía que debían anular. Tenía que reunirse urgentemente con su Lord. *** Laguna Estigia Reino de los Muertos Recordaba aquel lugar. Ya había estado allí anteriormente, quizás demasiado tiempo atrás para que la memoria acudiera a su mente, pero... todo aquello le era familiar: la espesa niebla que abrigaba el lugar, impidiendo su contemplación completa en una extraña similitud a un espejismo, por la sensación de lejanía y añoranza que inspiraba; la Laguna que separaba dos dimensiones enormes de tierra, una llena de vida, color y Luz, y del otro lado, se encontraba su brutal opuesto. Muerte, deslucimiento y oscuridad. La Laguna que les distanciaba era lo único que tenían en común y la única forma de contacto entre ambas dimensiones. Pero solamente una barca podía cruzar esa Laguna. Y sólo una persona muerta podía hacerlo, de otra forma... volvería a su mundo sin más contemplaciones. No entendía cómo podía saber aquello... pero le daba mala espina. Estaba segura de que no estaba muerta, entonces, ¿por qué estaba cruzando al Reino de los Muertos? Lo último que recordaba era dormirse en su habitación en la Fortaleza... ¿Sería posible que su hora hubiese llegado de manera tan improvista? Instintivamente cuando la barca se estacionó en tierra firme, habiendo arribado a su destino frente a una enorme entrada a lo que parecía ser un palacio, aún con la lava y el fuego rodeando la zona, descendió y se dirigió frente a las grandes puertas decoradas con runas que nunca antes había visto. Sus instintos le indicaban que permaneciera alejadas de ellas, pero ignorándolos por completo, avanzó. Las puertas simularon reconocerle por ende se abrieron para cederle el paso, y fue empujada hacia adentro por una fuerza superior a ella. Pudo sentir su poder descomunal y casi tuvo miedo. Se estaba adentrando a la boca del lobo. Cuando abrió los ojos, se hallaba en un lugar completamente distinto. No había ni laguna ni fuego a la vista, sólo una lujosa sala con muebles variados y coloridos cuadros en las paredes. Inmediatamente se sintió fuera de lugar, sabiendo que no pertenecía allí... aún cuando era tan similar a la Fortaleza. Vacilando, caminó hasta un espejo que había detectado en una de las paredes y contempló su reflejo, paralizada. Era ella, no iba a negarlo. Sin embargo, a su parecer, nunca había estado tan bonita. Al contrario del último reflejo que había visto de sí misma, su piel poseía un simpático bronceado y su cabello castaño caía con gracia sobre sus hombros, no completamente lacio pero tampoco enredado. Sus ojos tenían un brillo que habían perdido años atrás y vestía un aristocrático vestido blanquecino con perlas de incalculable valor. - Luces muy encantadora en tu personalidad muerta, ¿no crees? – Una voz fría resonó en la habitación, sorprendiéndola y haciéndola voltear bruscamente. Allí, apoyado en el marco de la puerta con refinada burla, se hallaba un hombre de no más de treinta años, con unos ojos verdes sombríos y cabello negruzco. Totalmente opuesto a la muchacha, llevaba una túnica negra con detalles esmeraldas y plateados sobre una exquisita prenda verde y pantalones negros. Por un instante Hermione hubiera podido confundirlo con Voldemort. Las analogías eran impresionantes; su rostro sereno e imponente inspiraba más poder que su postura orgullosa. Sus ojos eran intimidantes, repletos de desafecto y maldad. - ¿Quién...? ¿Quién es usted? El hombre rió entre dientes y abandonó su lugar en la puerta, para trasladarse hasta ella, inclinándose con caballería y tomando su mano derecha, rozando sus labios con su piel. - Lord Salazar Slytherin a su disposición, mi lady. Permaneció aturdida, no sabiendo cómo reaccionar frente a uno de los magos más influyentes y poderes de la historia de la comunidad mágica, además de su inesperado respeto hacia ella. Sus mejillas adquirieron un adorable color rosado y sólo atinó a asentir ante el saludo. Slytherin le sonrió burlonamente. - Bienvenida al Reino de los Muertos, donde el tiempo no existe y vivimos bajo la morada de los Jueces, lo que no quiere decir que en el mundo mortal no se dé esa condición, pero... - ¿Qué estoy haciendo aquí? – Preguntó, el miedo creciendo en su interior. - Estás muerta, ¿por qué estarías aquí sino? – Contestó Salazar con sarcasmo. No pudo controlarse más. La noticia destruyó toda máscara o fuerza que hubiera podido tener hasta el momento, y comenzó a temblar sin poder creer que todo hubiera terminado así de fácil. ¿Cuántas veces había deseado estar muerta? Sin embargo... ahora... se arrepentía de tantas cosas que no había hecho o no había alcanzado a hacer. Había abandonado su mundo... y no había podido hacer nada para solucionar su crueldad; no había podido entender cuál era su misión en aquel mundo... tantas preguntas sin respuesta... tantas cosas que hubiera deseado vivir y ahora no tendría la oportunidad. Un sollozo escapó de sus labios. Finalmente había conseguido lo que tanto había deseado: paz. Nada más podía sucederle allí, estaría protegida de todo dolor y decepción... ya nada importaba una vez que se había instalado en un lugar donde sólo la eternidad existía. No obstante, ¿era paz lo que en verdad había deseado? No se sentía completa. Algo le faltaba. Sentía que había dejado una parte de sí en el mundo mortal. O quizás la había perdido... había perdido la vida... y no entendía cómo. No entendía porqué. - Tan crédula como cualquier Gryffindor. – Murmuró Salazar, sumamente hastiado. - ¿Qué? – Dijo Hermione, sin haber salido aún de su estupor. - Niña... si hubieras muerto, créeme, hubieras sentido algo más que pena por no haber vivido lo que querías vivir. Además que hubieras hecho una visita directa a los Mayores... No creo que tu lugar en el Reino de los Muertos sea con las viejas generaciones del linaje Slytherin... - ¿Entonces? ¿Qué estoy haciendo aquí? – Volvió a preguntar, furiosa de haber sido engañada. Malditos Slytherin y su arrogancia... - Verás, tu querido Lord Filldeserp ha llevado a cabo un ritual que le permitirá sellar un pacto con mi hijo Riocárd. Y utilizó tu cuerpo como recipiente, así que... un intercambio de almas se originó. Hasta que Filldeserp no dé por concluido el ritual estarás aquí... En realidad, es un milagro que seas una elemental de viento y sobreviviente de la Laguna, o sino ya estarías muerta. - ¿Por qué? – La sonrisa inhumana de Slytherin provocó escalofríos por todo su cuerpo. - Las Puertas te hubieran reconocido como muerta de verdad... y toda conexión con tu cuerpo mortal se hubiera perdido, así que no podrías regresar. Con tu condición, las Puertas te concedieron un estado de Visitante. Demasiados privilegios para una sangre sucia, aún cuando tengas otras características dignas... Hermione seguía sin entender nada, pero prefirió no volver a cuestionar al fundador; la trataría de estúpida la próxima vez. Y aún cuando no le importaba lo que un muerto pensara de ella, prefería no exponer su poca voluntad ante un mago oscuro que haría añicos toda su autoestima con sencillez. - Los Jueces quieren aprovechar tu tiempo de visita y han solicitado tu presencia. Sígueme y te conduciré ante ellos... - ¿Los Jueces? ¿Quiénes son...? – Slytherin bufó. - ¿Es que acaso ya no les enseñan nada en el colegio? Mortales ignorantes... – Murmuró más para sí que para la muchacha. – Los Jueces son... Dioses, como los llaman ustedes. Se encargan, entre tantas otras cosas, de definir el destino de cada uno. Una vez muerto, juzgan tus acciones y te colocan en el sector del Reino que te corresponda. - ¿Por qué quieren verme? – Inquirió aún sin moverse de su lugar. - Tú también tienes un destino que cumplir, Hermione Granger. – Dijo Salazar con una sonrisa maliciosa. – Fuiste Elegida por los Jueces aquella ocasión en la que cruzaste la Laguna por primera vez; eres portadora de poderes que tu legado nunca podría haberte entregado, ni mucho menos tu cuerpo resistido. Te permitieron crecer como querías y ser como querías. Pero ahora ha llegado la hora de que comienzas a cumplir tu misión... - ¿Qué pasaría sino lo hiciera? - Se perdería el equilibrio bruscamente... lo que provocaría la muerte de la especie humana tal como la conocemos. – Expuso Slytherin con simpleza. Hermione soltó un grito de sorpresa. - ¿Qué? ¿Sólo porque yo no cumpla mi destino...? - Muchas personas han fallado ya la misión que se te ha dado. – Susurró Salazar, sus ojos verdes perdiéndose en algún lugar de los recuerdos. – Podría decirse que... es la última oportunidad. - ¿La última oportunidad para qué? ¿Y por qué se me ha otorgado a mí? - Por una extraña razón... los Jueces confían en ti. – Los ojos de Slytherin volvieron a concentrarse en ella, expresando toda la gravedad del asunto en ellos. – Les agradó tu personalidad... típicamente Gryffindor. Impulsiva, aunque inteligente, sentimental y persistente, sin miedo a enfrentar la verdad. Les sorprendió tu fuerza de voluntad... y tu Esperanza. Consideraron que si bien todo aquello podría llegar a ser una enorme debilidad... sería tu mayor fuerza. – Slytherin desvió su mirada. – Sigo sin estar de acuerdo con ellos. Aún cuando estés obteniendo cierta parte de tu cometido sin saberlo... Sigo sin creer que eras la indicada. - ¿La indicada para qué? – Insistió. Un nudo se había instalado en su garganta y las palabras le faltaban. Su corazón latía con emoción, lo sabía, aunque no entendía la razón. ¿Los nervios? ¿El miedo? ¿O... quizás... la satisfacción? - No podemos permitir que el equilibrio se pierda antes de lo permitido. – Explicó Salazar; su discurso lento y cuidadoso, como si estuviera midiendo sus palabras. – El Elegido ha estado sorprendiendo a los Jueces estos últimos siete años... negándose a escucharlos e intentando suprimir todo instinto humano de su ser... Habían profetizado su conversión al lado oscuro... pero jamás creyeron que a semejantes niveles... - ¿El Elegido...? ¿Harry? – Exclamó, entendiendo a lo que se refería Slytherin. - Así es... como tú, lo eligieron por su valentía y honradez... además de su increíble paralelismo con Tom Riddle... sin embargo, las circunstancias forjaron otro destino para el Elegido... - ... Filldeserp... – Murmuró la muchacha, comprendiendo. - Así es. Pero el equilibrio se les está escapando a los Jueces. Temen que Filldeserp pueda predecirlos como la última vez y escapar de su destino... de lograrlo, un nuevo régimen se instalará sobre el mundo mortal... Y no será placentero para los mortales no-mágicos... – Hermione supo que interiormente Slytherin sonreía, complacido con tal final. – El equilibrio de fuerzas no debe ser forzado. - ¿A qué te refieres con eso? – Preguntó, nuevamente confundida. - Todos los mortales tienen su igual... aquél que es su proporción; el otro lado de la moneda. Tiempo antes de que tú nacieses, Dumbledore encontró el suyo en Grindelwald. Voldemort halló el suyo aquel Halloween de 1981 en Harry Potter. Son los típicos ejemplos, y son obvios por su poder... pero no todos son tan obvios o llegan a cruzarse en algún momento de sus vidas... sólo si sus destinos lo creen necesario... sólo cuando el equilibrio quiere ser quebrado. - Con la unificación de Voldemort y Potter, los Jueces consideraron que debían retrasar el quiebre, y renombraron a Neville Longbottom como el posible contrincante de Potter. Aunque saben que no está a su altura, puede llegar a servir su propósito... - ¿Acaso somos...? ¿Somos peones para los Jueces? – Exclamó Hermione, enfurecida ante tal declaración. Sabían que Neville jamás llegaría a matar a Filldeserp, pero lo utilizaban... sólo para ganar tiempo. ¿Ella también tendría una finalidad irrealizable? ¿También sería un peón sacrificable? Toda la grandeza que posiblemente los Jueces hubieran podido darle no interesaba más. Lo único que les importaba era mantener el equilibrio para no perder la armonía que con certeza estaba instalada en el Reino de los Muertos; no querrían perder su Reino. Como los mortales, los Jueces se basaban en poder. Hasta el poder divino era corrupto... ¿qué esperanza podría guardar cuando los mismos Dioses ofrendaban vidas sólo por beneficio propio? La eternidad les pertenecía, y con ella jugaban... se divertían creando dimensiones. El cambio era inevitable... y se estaba volviendo terriblemente necesario en esas condiciones. No habría forma de detenerlo. No cuando la manipulación y las mentiras se extendían hasta las puertas de la mismísima Muerte. “¿Y cómo sabes cuando ese cambio se ha dado? ¿Cuándo sabes si el mal y el bien han dejado de existir... para transformarse en poder y debilidad?” “Cuando el cambio es inevitable... necesario. Cuando ya no hay almas que quieran combatir... o cuando ya no haya más esperanza.” “Cuando el bien y el mal no existan más, ya no habrá razón por la cual luchar. ¿Y para qué la Esperanza, cuando no tiene fundamento? ¿Cuándo ya no hay más posibilidades de equilibrio?” “La Esperanza siempre vivirá.” Ella misma se encargaría de que hubiera esperanza para el mundo, que la humanidad luchase por lo Correcto, aún cuando los Jueces estuviesen jugueteando con ellos. Les demostraría que los mortales no eran así de fáciles; que no se doblegaría a un destino injusto. Ella podía decidir por sí misma qué hacer y cuándo hacerlo, y ningún Dios iba a decírselo. No le importaba que tuviera que luchar contra la mismísima Eternidad ni afrontar las verdades más crudas del mundo... Ella siempre tendría esperanza y siempre esa llama que la impulsaba a vivir estaría con ella. Se cercioraría de ello. Slytherin volvió a sonreír al contemplar su reacción. Cuán previsibles eran los Gryffindor... - Esa es tu misión, Hermione. Mantener la esperanza viva; hacer renacer los sentimientos. – Dijo Slytherin. – Ah... como dirían ustedes, fantasiosos Gryffindor... “Demostrar que no todo es tan oscuro”... – Recitó el fundador con una expresión de asco exagerado en su rostro. – Tienes que ser portadora de tal esperanza. No será una misión fácil: tendrás que enfrentarte a la frialdad de una máscara... pero los Jueces tienen Fe en ti... - No lo haré por ellos. – Contestó la aurora con determinación. – Lo haré por mí, por quienes me son preciados... y por... - El Elegido. – Completó Slytherin por ella, de nuevo la burla en sus facciones. Hermione se sonrojó, pero no lo negó. La única forma de crear un nuevo régimen en el cual se pudiera sobrevivir era volviendo a generar la humanidad en Harry Potter. No eliminar a Filldeserp, como tanto ella deseaba, sino hallar un balance de las emociones positivas y negativas dentro del “Elegido”. Desde que asistió a la tortura de Draco, se había resignado con la maldad de Filldeserp. ¿Cómo no hacerlo, cuando tantas máscaras, tanto odio y maldad, se interponían entre ella y lo poco que podía quedar de Harry? Lo había dado por muerto y por fin había caído en la realidad de que no había vuelta atrás. Filldeserp era un monstruo, sin aparentes debilidades y colmado de fortalezas. Ahora sabía que tenía el poder para superar todas esas máscaras... sabía que estaba en ella hacerlo y su fracaso lo pagarían billones de vidas. Dentro de su corazón había vuelto a prenderse algo que había dado por extinto, al igual que su cariño por Harry... y era la esperanza. No volvería a fallar. No decaería. Hallaría la verdad detrás de todas las mentiras de su pasado y de allí partiría. Toleraría cuántas torturas tuviera que soportar mientras que no fuera otro peón más de guerra... otra vida sin sentido. Ayudaría al nuevo régimen a consolidarse, aún cuando fuera en contra de ciertos de sus ideales. Tenía que hacerlo. - ¿Cuál es su misión? – Preguntó, su voz vibrando por un instante. Sabía sobre la vieja profecía, pronunciada por Trelawney, sobre Harry y Voldemort. Pero la Orden del Fénix había estado segura de que había sido anulada cuando Harry se había aliado con su Némesis. Salvo que aquella profecía nunca hubiera sido el destino de Harry, aún cuando él era el igual de Voldemort... - Mantener el equilibrio y guiar a la Comunidad Mágica a un nuevo esplendor... – Musitó Slytherin. - ¿Cómo puedo ayudarlo en tal misión? – Indagó, sintiéndose pequeña ante aquellas palabras. - Encontrarás el modo. Cuando todo sea más claro... entenderás. Y cuando entiendas, dejarás de condenar. Y sólo entonces, serás capaz de perdón... y hallarás tu mayor fuerza y podrás entrenarla al máximo. Mientras tanto, serás Portadora de un gran destino... cuya proporción nacerá dentro de poco tiempo. Si el equilibrio toma las riendas, tendrás una vida muy interesante por delante, Hermione Granger. – Dijo Slytherin, solemne. - ¿Si el equilibrio toma las riendas...? – Inquirió. Salazar sonrió con astucia. - Mi heredero no se dejará dominar por los Jueces, señorita Granger. Y tengo la seguridad de que será el primero... en lograr escapar de ellos. - ¿De qué bando está usted, sir Slytherin? - Un verdadero Slytherin sabe que no hay mejor bando que el propio, señorita Granger. Sin embargo y, este es un secreto que permanecerá entre usted y yo, el reino de los Jueces ya es exasperante. Es hora que el Imperio Slytherin se instale... - ¿Y por qué me ha contado esto, entonces? ¿No hubiera sido mejor mantenerme en la ignorancia y que así no pueda impedir que Filldeserp escape de los Jueces? La sonrisa de Salazar Slytherin le indicó que algo se le había escapado a su deducción. - ¿Y quién dijo que impedir que Filldeserp escape de los Jueces es su misión, señorita Granger? - Pero... – Odiaba a los Slytherin. ¿Por qué todos tenían esa capacidad de enredarla? - Está en mí saberlo y en usted averiguarlo, mi lady. – Dictó Slytherin con sorna. – Es hora de su retorno al mundo mortal. Y un consejo para su misión... el fin justifica los medios. Y todo se desvaneció. *** Fortaleza de la Orden Oscura Sala de Entrenamiento 30 de agosto de 2004 Horario: tres y media de la tarde Una semana había pasado desde la ejecución del ritual. Hermione se había mantenido en silencio, aún cuando Voldemort había intentado cuestionarla respecto a lo que había vivido en el Reino de los Muertos, pero aquellas memorias estaban protegidas por los Jueces. Sólo ella y a quien ella quisiera confiar la información podrían saber. Se extrañó mucho cuando se percató de que Filldeserp no tenía intenciones de que ella compartiera su experiencia con él. Incluso con su actitud parecía incentivarla a guardar silencio. No iba a negarlo: tenía mucha curiosidad por saber de qué habían dialogado Filldeserp y el hijo de Salazar Slytherin, sobre todo sabiendo que era una misión fundamental para la guerra (como Voldemort se había arriesgado a confesarle), sin embargo había aprendido a no indagar sobre aquellos temas que no le incumbían... bueno, tal vez sí, pero por lo menos no indagarlos a los dos Dark Lords. Por otro lado, seguía buscando la manera de hallar la verdad sobre el ataque a la casa de sus padres en 1997, ya que lo único que poseía eran hipótesis. Ya había intentado con Voldemort de una forma sutil, y él sólo la había mirado con aquellos ojos rojizos brillando misteriosamente, lo cual había estimulado el deseo de Hermione de saber la verdad. Sólo quedaba una persona que pudiera concedérsela... y la oportunidad ideal para encararlo sería en la clase de Oclumancia. Es decir, en ese momento. Filldeserp y Hermione se encontraban en la sala de entrenamiento desde hacía una hora y media hora, intercambiado opiniones sobre el arte de proteger la mente. Ella ya había sabido las bases, dado su entrenamiento avanzado como aurora, pero Filldeserp había querido empezar de cero, volviendo a instruirla en la teoría. Había muchos detalles que el entrenamiento de aurores había pasado por arriba, sobre todo a lo relativo a la Oclumancia experta: la falsificación de emociones y memorias. Como Gryffindor que era, Hermione jamás había hallado la necesidad de mantener sus barreras mentales constantes, generalmente dejando su mente al descubierto para cualquier ataque sin saberlo. Filldeserp le había hecho ver la importancia de hacerlo, mostrándole cómo a lo largo de la historia, los mejores espías siempre habían sido aquellas personas inocentes que habían confiado ciegamente en un desconocido que por un instante le había mirado a los ojos. Sin embargo, una vez que alzó sus escudos mentales, Filldeserp la había felicitado por su excelente estrategia. Había construido algo semejante a túneles subterráneos en su mente, en un laberinto de memorias. La había organizado de tal forma que las memorias de menor importancia eran las del primer sector mientras que las más importantes se encontraban en la profundidad del túnel. Alguien como Filldeserp no demoraría más de cinco segundos en llegar, pero era un adelanto. - Con el tiempo, aprenderás a producir memorias falsas que te servirán de escudo para todos los sectores. También podrás hacerte de las memorias más fuertes para construir obstáculos... - ¿Obstáculos? – Cuestionó Hermione, recuperándose aún del último ataque mental. - Depende de la mente de cada uno. – Expuso él, con una sonrisa peligrosa. – Por ejemplo, en mi mente... podrás encontrar guardianes como serpientes y dragones. Aquel que intente invadir sin mi permiso tendrá que enfrentarse a ellos como si estuviera en el plano real. - Interesante. – Murmuró ella, imaginándose la ferocidad de las barreras mentales del heredero de Voldemort. Un estremecimiento recorrió su cuerpo. - Pero por el momento concéntrate en bloquear mi búsqueda de memorias por tu mente. Bloquea la asociación de las emociones anulando tus propios sentimientos y crea más... túneles sin salida. – Hermione asintió, cerrando los ojos y concentrándose. - ¿Lista? ¡Legeremens! La sensación de la brusca invasión a su mente era algo a lo que nunca llegaría a acostumbrarse. En cierta forma sentía su pasado violado y ultrajado, y un dolor penetrante descentralizaba su concentración. Había aprendido a reconocer la fuente del ataque, pero aún no podía elevar demasiado sus defensas, mucho menos contrarrestarlo. El toque de Filldeserp era característico: paseaba por sus memorias con ligero cuidado y forjaba su entrada a los túneles más profundos con auténtico talento y astucia. Hermione quedaba realmente exhausta tras su intromisión y ahora entendía cómo debía de sentirse Harry en su quinto año con Snape enseñándole. Intentó abolir toda clase de emoción, pero la angustia por no haber sabido comprender a su amigo la asaltó, sumada a una sensación de terrible culpa por no haberlo podido ayudar, sobre todo luego de la muerte de Sirius. Angustia. Memorias sobre la muerte de su padre, su primera visita al hospital donde su madre residía, sumergida en una horrenda depresión; su último año en Hogwarts donde los ataques del Innombrable se habían vuelto cuotidianos y noticias sobre el caos del mundo externo rompían con la burbuja que desde siempre había sido el castillo; el ataque de Voldemort el día de la graduación... la traición de Harry... Dolor. Se había sentido morir aquel día. Todo su mundo se había desmoronado, haciéndose añicos. Finalmente la burbuja se había quebrado y la realidad cayó sobre ella. Había querido morir aquel día junto con sus compañeros, en aquel campo de concentración... de matanza. Muerte. Se dio cuenta que Filldeserp había logrado irrumpir ya en los túneles más hondos y secretos. La cadena de sentimientos la llevó diecisiete años atrás, a aquel trágico día del accidente... donde había muerto clínicamente por diez minutos, donde había visitado por primera vez la Laguna Estigia... Era una memoria que ningún mortal que no hubiese acudido previamente tenía permiso para ver. No obstante, Filldeserp se arriesgó sin saberlo y reconoció el lugar antes de ser expulsado violentamente de la mente de la muchacha. En el plano real, una corriente intensa de viento sin un origen lógico lo precipitó contra una pared, haciéndole volar varios metros. El golpe fue inesperado y terrible. Hermione cayó de rodillas al suelo, jadeando por el esfuerzo. Abrió los ojos y se horrorizó al ver a Filldeserp, tendido en el suelo, con sangre brotando de su nuca, aparentemente inconsciente. No supo porqué pero una terrorífica agonía oprimió su corazón... desesperación. Se puso de pie y corrió hacia él, arrodillándose a su lado y dándole la vuelta por los hombros con extremo cuidado. No obstante, cuando sus manos tomaron contacto con él, sintió vértigo. Todo se desvaneció y súbitamente se halló en un tenebroso y exuberante bosque, corriendo sin rumbo y como si su vida dependiese de ello. Se detuvo sin aliento y al contemplar el paisaje, notó como escurridizas criaturas comenzaban a rodearla. Serpientes. Y entendió. Estaba en la mente de Filldeserp. E hizo lo único que realmente podía hacer: huyó de los reptiles e inconscientemente eligió su vía de escape. A su paso, notó como iba rompiendo con las barreras mentales. Definitivamente Filldeserp estaba inconsciente o no podría lograr tal hazaña. Corrió y corrió, internándose en las profundidades del bosque, en su eterna oscuridad... hasta que una memoria surgió. Una memoria celosamente guardada, pero no olvidada. Hermione reconoció su pureza en cuanto apareció: emociones tan intensas eran imposibles de fabricar, principalmente estando inconsciente. Se hallaba en la habitación que Harry y Ron habían compartido en Grimmauld Place durante tres años. Los particulares postres de Quidditch, la pequeña estantería repleta de pesados libros... cómo podría olvidarlo. Curiosamente divisó la insignia de Premio Anual de Harry sobre su cama y dedujo que era una memoria situado en el verano de 1997. Un Harry de a penas diecisiete años entró en la habitación. Su rostro era un revoltijo de emociones. Las crudas diferencias con el actual Filldeserp la azotaron. Aquel Harry era expresivo y sincero, y aún cuando en aquellos días la seriedad y la soledad ya ocupaba sus facciones, aún era el Harry que ella recordaba con cariño. Sus ropas eran todas negras, lo que sorprendió a Hermione. No recordaba a Harry por su oscuridad tan evidente. No, no era su hábito vestirse completamente de negro. Se trataba... se trataba de un día de luto. El día de la muerte de sus padres o el posterior. El dolor le sobrevino, pero supo mantenerse con calma. Frente a ella se encontraba la verdad que había estado buscando durante una semana. En aquella memoria hallaría las respuestas que buscaba. Harry se sentó en la cama y suspiró cansadamente, posando sus tristes ojos verdes en el suelo de la habitación, ¿derrotado?, y lo vio estrujar sus manos en un evidente gesto de inseguridad. Fue entonces cuando Ron ingresó, una máscara temblorosa de indiferencia en su rostro. - ¿Querías hablar conmigo? Harry elevó su mirada hasta fijarla fríamente en la de Ron, quien le esquivó, fingiendo contemplar por la ventana el paisaje. El moreno se reincorporó de la cama y caminó lentamente hacia él. Hermione detectó su estrategia de aplicar Legeremancia en Ron, aún sin entender qué estaba sucediendo. - Sabes tan bien como yo que Hermione necesita de nosotros en este momento tan arduo de su vida. Sería bueno que dejáramos nuestras diferencias de lado, aunque sea mientras estemos en Grimmauld Place... ¿No estás de acuerdo? – Dijo Harry, con su voz suave e insinuante. Su estrategia dio resultado. Aquellas palabras provocaron sorpresa en Weasley y fue la emoción inicial que Potter usó para entrometerse en la mente de su amigo y comenzar a explorarla, sin que el otro se diese cuenta de nada. Tras segundos de investigación, Harry chocó con la memoria que buscaba: la última visita de Ron a la casa de los Granger. Hermione no supo contener su espanto cuando se halló en su antigua casa, siguiendo a un Ron pálido y trémulo; no pudo creer sus ojos cuando vio a su madre aparecer de la puerta de su habitación, llamando al invasor por su nombre. Presenció la muerte de su padre, quien había estado durmiendo pacíficamente, a manos de uno de sus mejores amigos... No quiso enterarse de más. Y aunque hubiese querido, no hubiera podido ya que fue expulsada de la mente de Filldeserp en ese instante. - Dios mío... Dios mío... ¿Cómo...? ¿Cómo pudo pasar esto...? Mamá... papá... Se desplomó de bruces en el suelo, agitada y con amargas lágrimas cayendo por su rostro. Comenzó a sollozar, murmurando disculpas a sus padres y odiando al destino que cruelmente les había condenado a vivir aquello; que la estaba condenando a revivirlo. Nuevamente su mundo se estaba deshaciendo, perdiendo toda clase de sentido. Ya no sabía en quién confiar... ni qué hacer. ¿Qué ideales podrían sostenerla tras lo que había visto? No existía la lealtad ni la amistad... ni siquiera guardaba esperanza ya. Nada podría justificar lo que había pasado... Era como Filldeserp había dicho: la esperanza, el bien... era todo una utopía de un mundo que jamás llegaría a ser. El equilibrio se estaba perdiendo y pronto la guerra estallaría con todo su poder; destruiría todo aquello que no sirviera para la Nueva Era y de las ruinas renacería un mundo con un solo Dominante. Un Imperio. Entre su depresión pudo sentir como unos brazos fuertes la tomaban por los hombros con brusquedad y la arrojaban nuevamente al suelo. El dolor que recorrió su cuerpo la hizo reaccionar y abrir los ojos. Hubiera deseado no hacerlo. Frente a ella estaba Filldeserp cuyas ropas estaban teñidas de sangre. Sus ojos verdes estaban ahogados en la furia y la indignación, y todo su cuerpo temblaba descontroladamente. Le hizo recordar aquella primera clase que habían tenido y donde ella le había faltado el respeto, pero aquello era peor. No era el honor lo que Hermione había atacado, sino su pasado. “Filldeserp no tolera hablar de su... pasado, mucho menos que otra gente lo haga. Y realmente, no quiero que mi heredero tenga que pasar la noche en las mazmorras torturándote.” Las palabras de Voldemort resonaron en su mente. Cerró los ojos y se preparó para la tortura que inevitablemente llegaría. - ¿QUÉ SE SIENTE, GRANGER? ¿QUÉ SE SIENTE AHORA QUE SABES LA VERDAD? – Le gritó, enloquecido. Tras aquellas esmeraldas, Hermione pudo divisar dolor; un dolor tan profundo que aún ahora Filldeserp no podía ocultar con sus barreras mentales semi-bajas. Detuvo su llanto, pues sabía que eso sólo haría enojar más al heredero de Voldemort. Permaneció de rodillas, en una pose que pedía involuntariamente por piedad. Filldeserp la contempló con asco y pateó su estómago, haciéndola derribar otra vez. Soltó un gemido, pero nada más. Volvió a arrodillarse y sumisa, esperó otro golpe. Había dudado de Harry en 1997. Lo había acusado y lo había condenado a lo que era hoy. Y encima había osado a violar sus memorias, y aún cuando ella tenía el derecho de saber, nada justificaba que hubiera herido a Harry de tal manera. Ni siquiera teniendo en cuenta todas las personas que él había herido... “Ojo por ojo, diente por diente” no era exactamente un lema que Hermione defendiera. Sin embargo, el otro golpe nunca arribó. Elevó sus ojos castaños justo a tiempo para ver cómo Filldeserp, intensamente alterado, salía de la sala dando un portazo. Hermione perduró allí, en el suelo, sin poder creer lo que había sucedido. Había esperado un Cruciatus, alguna maldición torturadora o más agresiones físicas... pero no su silencio. Y debía admitir que eso era mucho más atormentador. Silencio había sido la respuesta de Harry a todas sus interrogaciones en su séptimo año en Hogwarts. Silencio había ocupado todas sus conversaciones durante aquel año... el silencio había expresado tantas cosas que ella no había podido o llegado a entender; su indignación con el mundo, por esperar de él tantas cosas pero no hacer nada mientras tanto, el sentimiento de traición, el sufrimiento interno, la soledad... el vacío de su alma. Y allí lloró por el amigo al cual ella había condenado a la Oscuridad; una Oscuridad que lo había consumido y hundido hasta la inexistencia. Sintió como un frío invernal se colaba por su corazón y se instalaba ahí, llenándolo de culpabilidad, de dolor, de pena... de rabia. ¿Cómo Ronald había podido hacerles esto? ¿Por qué había echado su amistad de seis largos años al olvido, traicionándolos de aquella forma? ¿Traicionando incluso a su familia, a la Orden...? ¿Por qué le había creído cuando acusó a Harry de asesino, cuando todo había indicado lo contrario? ¿Y por qué sus padres? ¿Qué le había hecho ella a Ronald para que la castigara así? Ellos no habían tenido nada que ver... no eran parte de aquella guerra, nunca habían querido serlo... “Nosotros no hicimos nada malo, Hermione. Fue él. Sólo él es el culpable de lo que sucedió. Se dejó caer. Se rindió, aceptó hacer lo fácil en vez de lo correcto... Lo pagará y cuando se dé cuenta de lo que hizo, ya será muy tarde.” Colocó sus manos sobre su rostro, recordando las palabras que Ron le había dicho un mes atrás. - ¿Acaso te estabas refiriendo a ti mismo, Ronald? – Susurró. “Tienes que superarte, Mione. No pensarás quedarte encerrada aquí por el resto de tu vida, ¿verdad?” “No, claro que no. Pero es que simplemente temo salir y encontrarme con la realidad; Caminar por la calle y cruzarme con el asesino de mi padre... Simplemente no podría soportarlo.” - Y siempre lo tuve a mi lado... ¿por qué? – Sollozó, herida por tantas memorias que acudían a ella en una tormenta de emociones. “¿Quieres venganza?” “No. Quiero paz.” Una paz que no conseguiría hasta que aquella guerra terminase, para bien o para mal; una paz que su corazón parecía no poder hallar entre tantas tinieblas; una paz inalcanzable, un equilibrio totalmente desbaratado. El mundo requería un Cambio y aquella Guerra se lo daría. Sus manos temblaron. Y la Guerra ahora la solicitaba a Ella. Elegida por los Jueces para ser Alguien que jamás había querido ser; portadora de poderes que su legado nunca podría haberle entregado ni mucho menos su cuerpo resistido. Lo que Salazar le había dicho se estaba empezando a cumplir... Ella tenía un destino en aquella guerra; un destino que la llevaría a ser protagonista del liderazgo del Imperio, porque ahora sabía dónde estaba su lugar; dónde sus lealtades debían descansar y el lugar donde su esperanza se conservaría viva... Con el único que aún no la había abandonado. *** Continúa en la siguiente page..
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