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Laguna Estigia » Capítulo 7 (Segunda Parte)
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Laguna Estigia (R13)
Por Parvati
Escrita el Domingo 1 de Agosto de 2004, 17:38
Actualizada el Martes 29 de Junio de 2010, 10:54
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Capítulo 7 (Segunda Parte)

16 de agosto de 2004
Horario: una y media de la mañana.


“¿Alguna familia que necesites descartar, Tom?”
“Sé lo que necesitas, heredero mío, y tengo los candidatos perfectos para tu objetivo. Los Rockbell.”
“¿El auror?”
“Así es. Nathan Rockbell, el prestigioso auror, es miembro de la Orden del Fénix... Su esposa, Christine, es una sangre sucia, y forma parte del Departamento de Catástrofes Mágicas en el Ministerio. Es una experta en los hechizos de memoria. Tienen dos hijos; una muchacha, Ravenclaw, que cursa su tercer año en Hogwarts, y un bebé que no tiene más de un año... Bueno, creo que ya sabes qué hacer con esta información, ¿verdad?”
“Por supuesto, mi Lord.”



Fue así como Filldeserp se halló en un pueblo típicamente muggle, recorriendo sus calles en busca de la dirección correcta. Todas las casas poseían el mismo diseño, lo que hacía del paisaje ligeramente monótono. Por alguna extraña razón, atraía memorias remotas de su infancia en Privet Drive; memorias que sólo contenían miseria y soledad. Apretó los labios, en un gesto claro de resentimiento, y se obligó a ignorar aquello. Los Dursley ya no tenían lugar en su vida. Eran simplemente una herida del pasado, personas que jamás volvería a ver aunque tuviera la oportunidad... o aunque su vida dependiese de ello.

Se detuvo a observar la casa de sus futuras víctimas. Dormían tranquilamente, sin saber lo que les acechaba. Una sonrisa malévola cruzó su rostro y sus ojos destellaron en la oscuridad de la noche. Estaba muy cerca de cumplir su cometido, de realizar aquel ritual. Sólo necesitaba unos pocos ingredientes más... un poco de sangre más. Nada que no pudiese conseguir en aquella vivienda.


Concédele aquello que más anhela:
Sangre, lágrimas, dolor y muerte.
Inocencias corrompidas,
Purezas concedidas,
Vidas sustraídas,
Órganos vulnerados.



Con un sencillo movimiento de manos, la puerta del frente cedió, junto con algunas barreras de seguridad que habían sido dispuestas por la Orden del Fénix. Sonrió para sus adentros. Esos inútiles no sabían proteger a su gente, por más valiosa que fuera. Dumbledore estaba muy equivocado si pensaba que aquella escoria de magia blanca lo pararía. Quizás la senectud le había terminado de afectar su cerebro.

La casa permanecía en un inquebrantable silencio, sin embargo Harry podía percibir su ansiedad. Escaneó la sala de estar con su magia en busca de algún artefacto que pudiera llegar a detectarlo. Ante la respuesta nula prosiguió con su misión, subiendo las escaleras que conducían a los dormitorios. Volvió a escanear el pasillo y sus habitaciones adyacentes para descubrir un detalle sorprendente.

Sólo había tres personas; dos medianamente adultas y un infante. Pero ninguna de las tres auras pertenecía a un auror entrenado...

Giró rápidamente hacia la derecha, logrando esquivar la maldición de Nathan Rockbell por escasos centímetros. Las lámparas del amplio pasillo se encendieron y así pudo contemplar al auror con mayor nitidez y viceversa. Por unos instantes continuaron rígidos, observándose y meditando el próximo movimiento.


- No tocarás a mi familia. – Sentenció Rockbell, sus ojos brillando con determinación. – Te detendré.


Yo lo detendré.


Potter hizo una mueca. Muchos habían dicho eso previamente, y todos ellos se encontraban ahora muertos. No obstante, estaba dispuesto al desafío. El auror era uno de los mejores, y efectivamente representaba un reto. Un poco de entrenamiento físico no le vendría mal, aunque tampoco debía entretenerse demasiado. No le haría nada bien a la misión que de repente media Orden del Fénix acudiera al socorro de los Rockbell.


- ¡Chris, toma a los niños y vete! – Gritó Nathan antes de colocarse en pose de duelo y defenderse de los brutales ataques del heredero de Voldemort.


¡Lily, toma a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre!


Rockbell probó ser un excelente mago, desplazándose con agilidad y enviando hechizos certeros de increíble variedad. Sin embargo, su punto débil era demasiado fehaciente: su concentración no estaba en el duelo, sino en su familia. Sus ojos castaños se desviaban constantemente hacia las puertas cerradas del pasillo (ahora totalmente destruído), y en sus acciones denotaba la desesperación y el nerviosismo. No poseía ninguna estrategia de combate, al contrario de Filldeserp. Ningún plan de defensa.

El duelo duró unos cuantos minutos y fue intenso, pero no lo suficiente. Harry terminó por aburrirse y decidió rematarlo prontamente. Fue entonces cuando Nathan vio la sed de sangre en aquellos oscuros ojos verdes y supo que su fin había llegado, sin haber cumplido su promesa, sin haber protegido a su familia... dejándolos a la merced de un monstruo, a la merced de la muerte.

Súbitamente todo se oscureció.



Filldeserp caminó sobre el cadáver de Nathan para luego atravesar todo el pasillo, sabiendo que el resto de la familia no había tenido el suficiente tiempo para huir. Después de todo, el llanto del bebé no sonaba tan lejano y los pasos apresurados de Christine revelaban su posición. La única chimenea del hogar se hallaba en la planta inferior, y saltar por la ventana, por más que se tratara de una bruja, no resultaba ser la mejor solución cuando también querías salvar la vida de tus hijos desde un segundo piso bastante alto. Tampoco se podía desaparecer, dadas las barreras colocadas por Filldeserp en el lugar. Estaban atrapados.

Irrumpió en la sala para hallarse con una escena que rompería cualquier corazón, menos el suyo. Christine le apuntaba con la varita, su mano temblante, y con lágrimas abundantes recorriendo su pálido rostro. Su hija, vestida con un sencillo traje de dormir rosado, estaba arrodillada en un rincón y tenía a su pequeño hermano acurrucado en su pecho, intentando calmarlo a pesar de que ella misma no estaba en un estado demasiado favorable. Su varita yacía olvidada en uno de sus bolsillos.

La habitación, podía deducirse sin mucho miramiento, correspondía a la del pequeño. El papel de las paredes poseía colores chillones y juguetes simpáticos descansaban en el suelo. Las ventanas estaban cerradas, una prueba irrefutable de que no habían intentado escapar siquiera. Filldeserp no pudo evitar cuestionarse la razón.


- Tú... – Murmuró la mujer descorazonada. La animadversión y el asco profundo resplandecían en sus ojos, junto al dolor y la pérdida.


Harry supo al sólo verla que no guardaba esperanzas de vida, que su única razón de ser en aquel instante era proteger a sus hijos. No le importaría morir por ellos. No le importaba sacrificarse por ellos. Aquella mujer estaba sufriendo por la muerte de la persona que más amaba en el universo, y aún así había decidido su destino con claridad.


- ¿Por qué? ¿Qué consigues con esto? – Susurró ella.
- Mucho más de lo que puedas llegar a imaginarte, sangre sucia. – Respondió altivadamente, avanzando hacia ella.
- ¡¿Por qué?! ¿Qué pueden llegar a hacerte mis hijos? ¡Ellos no han hecho nada...! ¡Mátame a mí en su lugar!


A Harry no... Ten piedad, te lo ruego.


Por un segundo Filldeserp se preguntó cómo Christine podía saber que su objetivo principal no era ella, sino sus hijos. Nada en toda la situación había demostrado aquello, no obstante... aquella mujer había sabido prever sus movimientos, hecho que ni siquiera Dumbledore podría hacer ya.

¿Acaso... el instinto maternal...?

Su estómago se agitó ante la extrema sensación de deja vú. Él ya había vivido aquello... él...


- Por favor, mis hijos no... por favor...


A Harry no... A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor...


Se sintió sobrecogido por los dolorosos recuerdos. Aquella noche de Halloween, en la cual había perdido a sus padres a manos del que ahora ocupaba su lugar... Aquella noche cuando su padre había peleado con Voldemort, aún sabiendo que nada podía hacer ya por su familia, tal cual Nathan. Aquella noche cuando su madre había suplicado por su vida, deseando poder regalarle la oportunidad de vivir... la oportunidad de ser...

Por un mínimo instante, quiso derrumbarse y sollozar. Quiso detenerse, olvidarse de la misión... honrar la memoria de su madre. Quiso suicidarse ante la espeluznante culpabilidad que recorría cada fibra de su cuerpo. Pero no lo hizo. Desde hacía tiempo tenía asumido que sus padres se sentirían avergonzados de él, que no había merecido el sacrificio y amor de su madre. Sabía que había tomado decisiones que no debería haber tomado jamás, pero las circunstancias lo habían llevado a ello...

Y no permitiría que los recuerdos destruyeran su presente, sus ideales, aquellas cosas por las cuales vivía. El poder lo era todo ahora, la oscuridad lo había consumido y nada quedaba ya del antiguo Harry, aquel que lo podría haber llegado a dar todo por sus amigos, por su familia... e incluso, por desconocidos, por la gente inocente. En su lugar había renacido Filldeserp, y él no era una persona que se dejara llevar por sus sentimientos.

Tenía otra memoria que honrar. La de su padre, la de Voldemort...


- Apártate, estúpida. – Ordenó y con un ligero movimiento de varita, Christine salió despedida contra la pared.


Apártate, estúpida… Apártate...


Sin embargo, Christine volvió a levantarse y se interpuso en su camino.


- Mátame a mí en su lugar... Tómame a mí. Pero te lo ruego, por favor... ellos nunca han hecho nada... Ten piedad... Haré cualquier cosa... Juraré neutralidad... me uniré a ustedes, pero por favor...


A Harry no. Te lo ruego, no. Tómame a mí. Mátame a mí en su lugar… A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad.


Se aferró a su varita con más fuerza, sus ojos fijos en la mujer. La odiaba porque por ella las memorias no se rendían y seguían surgiendo de las sombras de su mente, sombras que había pensado nunca se animarían a volver a salir a la luz. Casi podía vislumbrar a Lily, con sus brillantes ojos verdes... ojos llenos de ternura y de esperanza... suplicando por él... y a James, luchando con todo de sí contra Voldemort, peleando por lo imposible y con sólo un propósito en mente: salvar a su familia, asiéndose de todo aquello querido para él.

A Harry no… A Harry no… Por favor… haré cualquier cosa...

Cerró los ojos y se concentró nuevamente en el presente. No era el momento de flaquear ni tampoco valía la pena vivir en el pasado. Sus padres estaban muertos... muertos por una causa vana y mísera. Una guerra liderada por dos magos, quienes habían sacrificado y sacrificaban a todos sus peones sin titubear. Sus padres habían sido peones de un juego manipulador, de un líder manipulador. Meros peones en una guerra sin vencedores. Sólo sangre, sólo sacrificios... sólo poder.

Él no era un peón. Lo había sido, en su tiempo, cuando había estado ingenuamente bajo la tutela de Dumbledore. Había derrochado esfuerzo, energías y lágrimas en una misión que había cobrado más vidas que las que había salvado; había seguido al director sin dudar, confiando en sus buenas intenciones... en sus palabras tranquilizadoras y repletas de valentía. Había confiado en él, en sus amigos, en su familia postiza, y se había sacrificado por ellos... sólo para ser traicionado. Sólo para ser usado. Sólo para representar una Esperanza inexistente, un futuro perdido, una sociedad utópica... Había dado todo por nada.

Ahora era la mano derecha del Dark Lord, su heredero legítimo... era mucho más que un peón. No estaba bajo la categoría ‘sacrificable’. Ya no se guiaba por los sentimientos, ya no permitía que las apariencias nublaran su juicio... Y ya no confiaba en nadie más que no fuera él mismo y a lo sumo, su Lord. No cumplía ninguna orden que no convocara su interés. No protegía a nadie que no hubiese justificado ser valioso para la Causa. Ahora tenía un poder que iba más allá de lo que había llegado a imaginar, más allá de aquella guerra.

Él tenía el poder de sobrevivir, el poder de adaptarse a los cambios... el poder de olvidar...

Al simple precio de su humanidad.


- A un lado, Rockbell.


A un lado… Hazte a un lado, muchacha…


- ¡JAMÁS!
- El destino de tus hijos y el tuyo ya han sido decididos por algo mucho más superior a ti. Nada de lo que hagas ni digas los salvará. Ya están muertos.


Muertos.

Era algo más que destino, más allá de lo eventual e inevitable. Era la muerte, una consecuencia plena de decisiones propias y ajenas, y del retorcido sentido del humor de la vida. Quizás aquel bebé no había hecho nada, tal vez a penas sabía caminar, pero era hijo de un peón y, por lo tanto, un peón sería. Totalmente utilizable.

Totalmente dispensable.

Mala suerte por haber nacido en una sociedad podrida, donde los que sobreviven son los más aptos, con mayor poder y oportunidades; mala suerte por haber nacido bajo un manto de muerte.


Un crío ingenuo, perdido en la oscuridad del mundo,
Una mujer impoluta, desconocedora del deseo carnal,
Una mujer manchada por tu engaño y persuasión,
Un órgano que palpita en el sueño de la muerte,
Sangre de sucesor, digna merecedora de su labor,
Fuego ardiente que fusiona planos,
Viento que intercede y protagoniza.



Lanzó un sencillo desmaius hacia la mujer. Ya lidiaría con ella más tarde, cuando ya no existiesen riesgos de repetir el error de su Lord en aquel nefasto Halloween.

Sus ojos depredadores se localizaron en la adolescente quien gritaba aterrada, sin quitar su mirada del cuerpo aparentemente inerte de su madre; tan inexperta que no sabía diferenciar un Desmaius de un Avada Kedavra. Filldeserp se cuestionó por un instante qué estaría enseñando Dumbledore en Hogwarts, si esta niña era la alumna estelar de su año. Inútil.

Y él tampoco iba a menguar su pena revelándole la verdad, ¿cierto?

Que se muriese pensando que lo había perdido todo. Ahora del hecho aún más conmovedor.


- Ponte de pie, muchacha. – Le ordenó, sin dejar de señalarla con la varita.


Ella intentó efectuar el comando, pero falló ineludiblemente. Su espíritu estaba quebrado. Ni siquiera percibía ya la presencia de su hermanito en sus brazos. Todos sus pensamientos residían en la desazón y en la desesperanza. Ya no había nada por lo cual luchar. En su mente no surgió ni un rastro de sed de venganza. Nada que le incitara a levantarse... y encima estaba siendo humillada.


- ¿No quieres morir de pie? – Se burló Filldeserp. - ¿No quieres honrar la memoria de sus padres, con los que pronto te volverás a reunir?


La muchacha hizo un amago de escupirle pero abandonó cuando una Cruciatus hizo palpitar su cuerpo de un dolor tan intenso que por un instante le hizo olvidar su pena. Gritó despavorida, concentrando su dolor y tristeza en la acción. Se retorció en el suelo, tosiendo sangre en abundancia, y le suplicó a la nada que todo terminase, que tuviera piedad de ella... ya no tenía fuerzas ni para gritar. Nada a lo cual aferrarse y resistir aquel horroroso momento. Su vida había perdido todo sentido, toda razón de ser...

Y Filldeserp se regocijaba viéndola padecer bajo su poder. Sangre decoró las paredes, anteriormente alegres, de la habitación. Sangre salpicó el rostro del bebé, olvidado en el suelo por su hermana. La criatura sollozaba a puro pulmón, tratando de llamar la atención de su familia... sin saber que nadie respondería en su auxilio; sin saber que su hermana no volvería a protegerlo. Sin saber que pronto una luz verde, idéntica al color de ojos de su asesino, le robaría todas las oportunidades a cambio de nada.


- ¡Avada Kedavra!


El cadáver del niño se desplomó.

Su hermana, a su lado, no se había dado cuenta del letal suceso. Estaba muy ocupada pretendiendo recuperar su respiración normal, aunque todo su organismo se convulsionaba sin cesar.

Era el momento de despertar a la madre y ver qué opinaba ahora de él, del Salvador del Mundo Mágico. Una sonrisa macabra cubrió el rostro de Filldeserp al mismo tiempo que aplicaba un Ennervate en la viuda señora Rockbell, cuyos ojos no podrían haber expresado mayor desolación y desesperación ante la escena con la cual se enfrentó. Su rubicundo alrededor le impactó de sobre manera, pero su corazón terminó de destrozarse al ver el cadáver de su pequeño bebé y a su hija, envuelta en dolor y sangre, perdida en la oscuridad.

En su mirada se deslumbró un brillo de locura, aquella locura desazonada posterior a un trauma. Como pudo, se levantó y corrió hacia su hija, abrazándola y murmurándole palabras cálidas en el oído, aunque todos sus intentos probaron ser vanos ya que la joven Ravenclaw no dio indicio de escucharla ni de atender a la realidad. Se hallaba simplemente extraviada en su mundo, en su dolor...

Rockbell empezó a llorar y apretó a su hija contra sí con mayor fuerza, como si quisiera alejarla de todo y de todos. Aquella acción podría haber roto cualquier conciencia o cualquier máscara de frialdad, menos las de Filldeserp. La varita en su mano no tembló y sus ojos no se suavizaron; al contrario, se llenaron más de odio.

Era hora de mandarlos al infierno y cumplir con la misión.


- ¡Avada Kedavra!


El rayo verde surcó el aire hasta terminar con la vida de la joven Rockbell; tan verde había sido que le hizo recordar a las esmeraldas resplandecientes de su madre y a su ternura desmesurada. Lástima que éste verde fuera letal y perverso. Lástima que ya no hubiera lugar para sentimientos en su vida...

...O se hubiese dado cuenta de que una parte de su alma se había desvanecido aquella noche.


***


Fortaleza de la Orden Oscura
22 de agosto de 2004
Horario: once y media de la noche.



La Fortaleza de la Orden Oscura tenía a su disposición innumerables mazmorras. Algunas se empleaban para encerrar a los rehenes o cautivos de los ataques, otras eran salas de torturas con ambientación perfecta mientras que las restantes caían en desuso o se utilizaban de vez en cuando para ciertas ceremonias.

Aquel día era una de esas ocasiones. Se trataba de una mazmorra amplia, con una pequeña ventana en su frente por donde se podía contemplar la oscuridad de aquella noche sin luna. Varias antorchas permanecían en las paredes, iluminando tenebrosamente el lugar. El olor a humedad era tangible en el aire y agradeció mentalmente el haberles ordenado a los elfos domésticos limpiar el sitio. De no haber sido por ello, no hubiera podido respirar dentro.

Tenía poco menos de media hora para concluir con los preparativos. En el suelo ya estaba marcado el símbolo necesario para el ritual: un pentáculo, la legendaria estrella de cinco puntas (pentagrama) encerrada en un círculo. Cuatro velas estaban colocadas en sus cuatro puntas inferiores en representación de los cuatro elementos del universo. Filldeserp sonrió con complacencia. Faltaba muy poco.

Un suave golpe en la puerta le advirtió de la presencia de un mortífago. Al voltearse vio a Alice, aguardando en el marco de la puerta, y con ella traía a una inconsciente Hermione. La mortífaga, tras un asentimiento de parte de su Lord, dejó caer a la Gryffindor al frío y duro suelo con intencionada brusquedad. Le dedicó su mirada de más profundo asco antes de volver a dirigirse a Filldeserp.


- El Lord me solicitó que le enviase a Granger, mi Lord.
- Muchas gracias, Alice. – Respondió Filldeserp.


Sin embargo la mujer no se retiró. Su sonrisa astuta se tornó traviesa y con sensualidad se acercó a Filldeserp, quien le siguió el juego, sin quitarle los ojos de encima. Compartieron una mirada cómplice y por unos instantes permanecieron inmóviles, sus labios a penas rozándose. Se trataba de un duelo de voluntades, de quién cedía primero a la pasión. La expectativa crecía en ambos...

Hasta que él decidió conceder. Potter la besó en un impulso arrebatado que ella respondió casi simultáneamente. Empezaron a jugar con una intimidad que hablaba a grandes rasgos del tiempo que llevaban forjando esos encuentros. Eran besos furiosos, casi impersonales. No había cariño en sus gestos, a penas un ligero respeto. Todo residía en el deseo, en la locura, en el frenesí...


- Será mejor que dejemos esto para otro momento, Alice. – Interrumpió Filldeserp minutos más tarde, aún sin efectivamente separarse de ella. – Es una misión demasiado importante...
- Comprensible, mi Lord. – Alice recobró su postura seria, aunque su imagen se veía quebrada por su sonrisa insinuante. – Pero deberá recompensarme por el sacrificio.
- Por supuesto. – Sin más, la mortífaga se retiró de la sala, volviendo a dejarlo solo.


Filldeserp contempló el cuerpo de Hermione, tendido en el suelo. Respiró hondo. Era el momento de proseguir.

Con un sencillo Mobilicorpus la colocó en el centro del pentagrama. Luego él se ubicó entre las puntas correspondientes a la Tierra (la punta que indicaba el norte) y el Fuego (la punta que indicaba el sur) y recitó, prendiendo al mismo tiempo todas las velas con un movimiento de su mano izquierda:


- Espíritu del Este, el Antiguo Viento, le convoco a atender a este Círculo. Cárguelo con tus Poderes. Que así sea.


Una corriente de aire recorrió la sala y el cuerpo de Hermione comenzó a emanar una cegadora luz amarrilla que fue menguando hasta transformarse en un aura exiguamente visible. Era sin duda alguna una respuesta afirmativa del Elemento.


- Espíritu del Sur, el Antiguo Fuego, le convoco a atender a este Círculo. Cárguelo con tus Poderes. Que así sea.


El proceso volvió a repetirse con dos únicas diferencias; era Filldeserp el que ahora era envuelto por una cegadora luz escarlata. Su Elemento había respondido tal como se lo había comandado.

Era hora de emprender la segunda fase del ritual.

De su elegante túnica negra sacó un frasco que contenía una sustancia rojiza... Sangre.


- Una mujer impoluta, desconocedora del deseo carnal.


Derramó el líquido en la punta correspondiente al agua (que marcaba el oeste). La Sangre corrió por todo el pentagrama, brillando maquiavélicamente bajo la luz de las antorchas. Era una imagen encarnizada.


- Una mujer manchada por tu engaño y persuasión.


Nuevamente extrajo un recipiente lleno de sangre y lo vertió en la punta correspondiente a la tierra, mezclándose naturalmente con la anterior.


- Un crío ingenuo, perdido en la oscuridad del mundo.


El contenido la tercera botella fue dispersado por la punta correspondiente al Espíritu (la punta superior y quinta). La mezcla se renovó.


- Sangre de sucesor, digna merecedora de su labor.


Sonrió con orgullo mientras desparramaba la sangre de su Lord en el círculo que encerraba al pentagrama. A penas había necesitado preguntarle a Voldemort por la sangre; se la había cedido voluntariamente y no había escatimado en la cantidad, una clara muestra de la confianza que tenía depositada en su heredero.


- Fuego ardiente que fusiona planos.


Esta vez no hubo frascos. Simplemente tomó una de las dagas que llevaba siempre con él y se arrodilló junto a la punta de su elemento. Ni siquiera hizo un gesto de dolor o cerró los ojos cuando dejó que la daga se deslizara por su muñeca y produjera una herida de mediana profundidad. Con suprema delicadeza permitió que su sangre cayera en la figura tallada en el suelo.


- Viento que intercede y protagoniza.


Retomó el monótono procedimiento de verter el contenido de un recipiente. En aquella ocasión se trataba de una involuntaria donación de Hermione, de la cual la muchacha a penas se había enterado. A decir verdad había estado totalmente sedada, tal como lo estaba ahora.


- Un órgano que palpita en el sueño de la muerte.


Una sonrisa sádica se plasmó en su rostro. Cualquier persona que lo hubiese visto lo hubiese tratado de loco desquiciado o sencillamente un asesino siniestro, dos características igual de oportunas.

Murmuró un hechizo convocador y en instantes el tan solicitado órgano se halló en sus manos como si hubiera sido retirado hacía segundos. Draco Malfoy seguía siendo de utilidad aún muerto. Su sonrisa maniática resonó entre las frívolas paredes que parecieron estremecerse ante el sonido.

El corazón de Malfoy era el último ingrediente. Una vez colocado en la punta correspondiente al espíritu, todo estuvo listo.

Tomó el Athamé que estaba sujeto a su cinturón y lo observó con afición. Era un cuchillo de rituales mágicos, simbolizando el principio masculino y asociado al elemento Aire y Fuego. Tenía el mango negro, el cual poseía la figura del pentáculo como inconfundible arma litúrgica, y una hoja muy filosa, aunque raramente utilizada. Su función principal era dirigir la energía del Conjurador durante el rito. Lo había esgrimido en variadas oportunidades y en todas ellas había demostrado ser una herramienta leal y efectiva.

Apuntó con ella al norte y se movió alrededor del círculo en el sentido de las agujas del reloj, partiendo desde el fuego (sur).


- Bendiga este lugar y este tiempo, y bendígame a mí, Henry James Potter-Riddle, quien está con Usted. Que así sea.


Esperó unos segundos antes de continuar.


- Sin él, no puede haber oscuridad; sin ella, no puede haber luz. – Cantó con voz suave, cerrando los ojos por primera vez en todo el ritual. El cántico iba dedicado a la Diosa, más bien conocida como Madre Naturaleza, y al Dios, como Padre de la Fuerza.


Condescendió su aura mágica a expandirse por la sala y a equilibrar las energías del ritual. La sangre en el pentagrama se agitó, pero ni una sola gota cayó fuera de la figura. Hermione persistía en su inconsciencia aunque su rostro se iba palideciendo más y más a medida que el rito avanzaba.

A lo lejos un reloj marcó la medianoche.


- Espíritu, acude a la llamada de tu amo,
Acude e intérnate en el plano mortal,
Acude y atiende a quien solicita tu presencia,
No acudas y no descansarás.
No acudas y el infierno las puertas te abrirá.



El Círculo resplandeció intensamente, cargado con la energía de los dos Elementales, además de las seis sangres combinadas. La misma corriente de viento que había aparecido cuando había convocado al elemento dominó la sala y se le sumaron las llamaradas de fuego que viajaron por el pentáculo.

El Círculo estaba Completo.


Filldeserp abrió los ojos. Nada había cambiado excepto Hermione. Estaba de pie, aún en el medio de la estrella, con los ojos cerrados y su piel extremadamente blanca.

Una sonrisa triunfante iluminó su rostro.


- Bienvenido al plano mortal, Riocárd Ciaran Slytherin, hijo de Salazar Slytherin.



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