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Lo daría todo por ti » Heroes
Historia terminada Lo daría todo por ti (R15)
Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26
Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20
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Heroes

Capítulos
  1. Lo siento.
  2. ¿El último amanecer?
  3. Con un poco de ayuda
  4. Algo por lo que luchar.
  5. En problemas.
  6. Me lo prometiste.
  7. El despertar.
  8. Volver a empezar.
  9. Un beso , un sueño y un evento desafortunado.
  10. Revelaciones.
  11. El sonido de tu ausencia.
  12. El recuerdo.
  13. El hechizo
  14. Al estilo de Bellatrix Lestrange.
  15. De vuelta a casa.
  16. ¿Pero qué ha hecho?
  17. Promételo
  18. La noche, la luna y un lago, como testigos
  19. Solo queda decir adiós.
  20. Querida Pequitas
  21. Sabor a traición
  22. Horrocruxes.
  23. Causas y Consecuencias
  24. Ansias de soledad.
  25. Entre espadas y carcajadas
  26. Pesadilla
  27. El viaje
  28. Pendiendo de un hilo
  29. Entre hermanos.
  30. Cartas, guerras y diarios
  31. La noticia de El Profeta
  32. Sueños
  33. Un ángel durmiente
  34. La recta final
  35. Una amenaza silenciosa
  36. Una excursión a Gringots
  37. Invadiendo mentes
  38. Planes de batalla
  39. Hogwarts
  40. La luz dorada
  41. Heroes
  42. Epílogo

Capítulo 41: "Heroes"


Go and try; you'll never break me
We want it all, we want to play this part
I won't explain, or say I'm sorry
I'm unashamed, I'm gonna show my scar
Give a cheer, for all the broken
Listen here, because it's who we are
I'm just a man; I'm not a hero
Just a boy, whose meant to sing this song
I'm just a man; I'm not a hero

"Welcome to the Black Parade" My chemical Romance

 

 

Sentía calor; un calor suave que, como una mariposa, revoleaba por encima de su cuerpo y se adhería a su piel, y no le permitía despegar los parpados. Movió la mano lentamente para cubrirse el rostro y así poder abrir los ojos, y al alzarla rozó el suelo en donde se encontraba tendido. Una textura suave le acarició las yemas de los dedos.

          Harry Potter abrió los ojos y las esmeraldas verdes se encontraron con el cielo azul. El sol brillaba en lo alto, y pestañó para acostumbrarse a la luminosidad. Harry se incorporó lentamente, y bajó la mirada para ver sobre qué estaba sentado. El césped se agitó apaciblemente por la brisa de viento cuando él fijó su mirada.

          Se puso de pie cuidadosamente, inspeccionándose el cuerpo. Llevaba la misma ropa que horas antes, solo que limpia y en perfectas condiciones. Se miró las palmas de las manos y los brazos; ni rastro de las heridas que horas antes los surcaban.

          Harry alzó la mirada para mirar a sus alrededores. Se le encogió el corazón cuando reconoció perfectamente los arcos, el estadio, y los relucientes terrenos que se veían a lo lejos: se encontraba en el estadio de Quidditch, sin duda alguna.

          —Harry James Potter —pronunció una voz a sus espaldas, y Harry se giró con rapidez—. Hijo mío.

          —¿Papá? —se le había secado la garganta. Harry retrocedió unos pasos hacia atrás y despegó los labios, intentando decir algo que pudiera contradecir el hecho de que James Potter, que llevaba muerto más de diecisiete años, se encontrara allí de pie, con los brazos abiertos en señal de bienvenida.

          —El mismo que viste y calza —contestó James, y soltó una risa. Se acomodó los anteojos, y salvó en unas zancadas la distancia que separaba al padre del hijo. Tomó a Harry de los hombros—. Estoy muy orgulloso de ti, hijo.

          —¿Cómo…? —un nudo en la garganta no dejó que terminara la pregunta. Harry intentó soltarse, pero no consiguió reunir fuerza suficiente para deshacerse del agarre de su padre. Se sentía tan real… Soltó un jadeo, y sintió como se le doblaban las rodillas. Su padre lo sujetó del brazo, y no lo dejó caer. Harry sintió las lágrimas formándose con rapidez detrás y las dejó caer.

          —Tienes los ojos de tu madre —murmuró James, y Harry vio que los ojos de su padre también se llenaban de lágrimas—. Y la miopía de tu padre —añadió y soltó una risita.

          —¿Dónde está mamá? —preguntó Harry en apenas un susurro.

          —¿Alguien preguntaba por mí?

          Harry se giró con tanta rapidez que tropezó, y su padre lo sostuvo por el brazo. Su madre le sonrió radiante.

          —Hola, cariño —dijo en voz baja la pelirroja, sonriendo cálidamente. Harry no lo pensó, solo se dejó llevar. Lily Potter recibió con los brazos abiertos el abrazo de su hijo, estrechándolo contra su cuerpo.

—¡NO! —el gritó rompió el insondable silencio—. ¡Harry! —la voz que gritaba se quebró. Ginny se soltó de los brazos de sus padres, que la aferraban firmemente, y corrió hacia el lugar donde había caído Harry. Se dejó caer de rodillas a su lado—. Harry —sollozó—, despierta.

          Deslizó una mano por su frente, despejando el flequillo y dejando al descubierto la cicatriz en forma de rayo. Harry tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

          —No —lloró Ginny, y la primera lágrima cayó sobre el rostro de Harry. Lo abrazó, alzándolo contra su pecho—. Por favor, no me hagas esto.

—¿Puedo interrumpir el emotivo recuentro?

          —¡Sirius! —exclamaron Harry, James y Lily al mismo tiempo, el primero emocionado, el segundo risueño y la tercera exasperada.

          —¡Pero mira cuánto has crecido, cachorro! —exclamó Sirius, ignorando a los padres de Harry, y abriendo los brazos para recibir al más joven de los Potter.

          Harry lo abrazó, y las lágrimas volvieron a empaparle el rostro.

          —¿Por qué lloras? —preguntó Sirius frunciendo el ceño, y Harry alzó la vista. Sirius se encontraba más joven y apuesto de lo que Harry lo había tratado en vida.

          —Lo siento —se disculpó Harry, secándose las lágrimas que caían sin control, con el dorso de la mano—. Es solo que te extrañé tanto, Sirius… —se giró. Sus padres, abrazados por la cintura, observaban la escena con una sonrisa triste—. Los extrañé mucho a todos —confesó en voz baja—. Me alegra estar aquí.

Ron abrazó a su hermana con todas sus fuerzas. Ginny soltó el cuerpo de Harry para aferrarse a su hermano mayor, llorando silenciosamente. Ron tenía los ojos rojos, los labios fruncidos y las orejas coloradas, y parecía estar conteniéndose duramente para no romper a llorar tan desconsoladamente como lo hacía su hermana.

          Hermione se cubrió la boca con las manos. Se dejó caer al lado del cuerpo de Harry, respirando erráticamente. Dejó resbalar una mano por la mejilla de su mejor amigo, y le temblaron los labios. Levantó un poco el cuerpo de Harry para apoyar su cabeza en su regazo.

          —Lo lograste —hipó—, lo venciste, Harry.

          Se llevó una mano a la boca para contener el lamento. Sus ojos se cruzaron con los de Ron cuando él alzó la mirada. El pelirrojo la miró con los ojos inundados en lágrimas, aún abrazando a Ginny, que tenía la cabeza hundida en su hombro. Hermione sollozó con más fuerza, y extendió una mano para aferrar la de Ron.

—¿Voldemort está muerto?

          —Así es —afirmó con gravedad James.

          —Salvaste el mundo, hijo —dijo en voz baja Lily besando dulcemente la mano que había estado sujetando.

          —No salvé el mundo —expuso el moreno, y los tres rostros se volvieron hacia él, confusos—. Quiero decir, no solo. Sin… sin Ron y sin Hermione me hubiera sido imposible —dijo lo último en voz muy baja, mirando fijamente su regazo.

          —Por supuesto que no —sonrió Sirius—. ¿Qué sería uno sin los amigos?

—'Mione —Ron habló con la voz rota de dolor—. ¿Está…? —se le quebró la voz, y bajó la mirada para ocultar las lágrimas.

          Hermione apenas podía ver a través de las lágrimas. Deslizó una mano sobre el rostro de Harry, y la bajó hasta su pecho. Escurrió la mano por debajo de la camisa sucia y destruida, sin preocuparle el mancharse las manos de sangre, y cerró los ojos. Le temblaban tanto las manos que no podía sentir nada, y se forzó a respirar profundamente para tranquilizarse.

—Entonces… —Harry vaciló, y bajó la mirada. No le importó ruborizarse profundamente cuando preguntó—: estoy muerto, ¿ah?

          —Eso… Bueno, en realidad no, no precisamente —dijo con voz incómoda Sirius.

          —¿Cómo? —Harry preguntó, seguro de que había oído mal. Se giró completamente hacia su padrino y sonrió, esperando que Sirius lo acompañara en su sonrisa—. Sirius, ¿cómo voy a poder verlos si no estoy muerto? —tentó.

          —¿Dónde crees que estás, Harry? —preguntó dulcemente su madre, y Harry se giró hacia ella.

          —Eh… en el estadio de Quidditch, ¿verdad?

          —No me refiero a qué lugar, cielo, sino… —Lily se mordió el labio—. ¿Esto es real para ti, Harry?

          —Bueno, nunca había muerto antes, pero… —bromeó ligeramente.

          —Estamos dentro de tu cabeza, Harry —intervino James.

          —¿Qué quieres decir con…? ¿Entonces esto no es real? —la decepción se transformó en algo parecido a la angustia, y Harry soltó la mano de su madre.

          —Nadie dijo que no fuera real, cariño, solo que está ocurriendo dentro de tu cabeza.

          —Pero, ¿cómo…? Yo maté a Voldemort, ¿verdad?

          —Así es —contestó Sirius, llevándose las manos a los bolsillos.

          —Lo maté con mi propia magia, ¿cierto? —Sirius volvió a asentir—. Entonces, ¿cómo puede ser que esté vivo?

          —Nadie dijo que estuvieras vivo, hijo —se apresuró a corregir James—, solo que no estás muerto. Estás en un limbo, atrapado entre tu magia y la realidad. Desde que despertaste aquí has tenido la opción de decidir. Puedes decidir que ya hayas hecho suficiente allá afuera, y venir con nosotros, o puedes regresar y entonces nos despediremos hasta la próxima.

          —Pero… Snape dijo que quien hacía ese hechizo liberaba su magia, y que muy pocos lograban hacerla volver a tiempo.

          —El profesor Snape —Lily habló con claridad, y James y Sirius pusieron los ojos en blanco—, nunca realizó este hechizo, amor. Muy pocos magos lo han podido realizar y atestiguarlo, porque en verdad muy pocos darían su vida para que otro muriera. A no ser que no tengan remedio, claro —se apresuró a añadir—. Pero todos aquellos magos que lo realizaron, tuvieron la posibilidad de decidir.

          —Entonces… ¿debo volver?

          —Tu decisión —dijo Sirius, alzando las manos como para desentenderse.

          Harry bajó la mirada.

          —¿Qué sucede, corazón? —preguntó Lily suavemente.

          —Es solo que… bueno, aquí se está muy bien —murmuró—. Pero… Ron, Hermione… Ginny… —se le ahogó la voz.

          —Nos volveremos a encontrar, Harry —dijo James con gravedad—. Ya sea con nosotros dentro de unos cuantos años, o con ellos.

          Harry se mordió el labio.

          —¿Qué debo hacer, papá? —preguntó en voz muy baja, y a James le brillaron los ojos.

—¿Hermione?

Ron soltó a Ginny, que suspendió su llanto y alzó la implorante mirada hacia Hermione. Los ojos brillaron llenos de esperanza.

          —¿Hermione, qué…? —Ginny apenas podía hablar a través del temblor que sacudía su cuerpo.

          Hermione, se tapó la boca con la mano, y dejó escapar un sollozo. Retiró la mano del pecho de Harry, y miró con los ojos inundados de lágrimas a Ron.

—Bueno, supongo que allí abajo tienes la posibilidad de volver a empezar. De ser feliz, ya sabes, ahora que Voldemort se ha ido —sonrió James, y se acomodó los anteojos antes de proseguir—. ¿Nunca lo has pensando? Casarte, tener hijos, tu propia casa… Ser un auror o un famoso buscado de Quidditch, ¿ah?

          —Volver a empezar —repitió Harry, y suspiró. Alzó la vista, miró a su padre y tomó aire—. De acuerdo.

          Lily sonrió, y rodeó los hombros de su hijo con sus brazos. Lo besó en la frente.

          —Te estaremos esperando, Harry —dijo en voz baja.

          —Los quiero —murmuró el moreno. Miró a su padre durante unos momentos, que lo estrechó cálidamente en un abrazo.

          —Nosotros también, Harry —dijo Sirius, sacudiéndole el cabello. Harry lo abrazó—. Vamos, te están esperando.

          —¿Qué? —Harry alzó la vista. Tenía los ojos llorosos—. Sirius… estás desapareciendo.

          —Tú estás desapareciendo, Harry —contestó el merodeador, y James le dio un golpe en la cabeza.

          —Déjate de juegos de palabras con mi hijo, Padfoot.

          —¿Por qué siempre arruinas la diversión?

—Está vivo —Hermione tembló violentamente—. Tiene pulso —repitió—, está vivo.

 

—Creo que está despertando.

          —Cállate, Ron.

          —¡Ay!

          —Baja la voz, no queremos que nos saquen de aq… ¿Harry?

          —¡Te dije que estaba despertando!

          —¡Ron, cállate! Harry, ¿puedes escucharnos?

          Harry abrió los ojos y pestañó varias veces para acomodarse a la luminosidad. Las caras de Ron y de Hermione le arrancaron una sonrisa.

          —Hola, chicos —murmuró.

          —¡Oh, Harry! —los ojos de Hermione se le llenaron de lágrimas—. ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

          Harry estiró la mano para buscar los anteojos, y Hermione se apresuró a dárselos torpemente. Ron le dio un vaso de agua.

          —Gracias —dijo con voz ronca e intentó incorporarse. Ron y Hermione se apresuraron a ayudarlo.

          Una vez que estuvo apoyado sobre los almohadones, Harry exploró la habitación. Al parecer estaba anocheciendo; las persianas estaban bajas, y los últimos rayos de sol se filtraban por entre ellas. La habitación era pequeña, pero cómoda. Harry estaba recostado en una cama en el centro de la habitación, justo frente a la puerta. Ron y Hermione estaban sentados a ambos lados de la cama. Hermione aún sujetaba su mano con fuerza contra su pecho, y Ron lo miraba ansiosamente, aunque una sonrisa comenzaba a formarse en su rostro.

          —Bienvenido de vuelta, amigo —dijo Ron sonriendo, y Hermione también sonrió llorosamente. Harry les devolvió la sonrisa.

          —¿Estamos en San Mungo? —preguntó, llevándose el vaso de agua a los labios. El líquido se deslizó por su garganta refrescantemente.

          —Sí —contestó Hermione, apartándole el cabello del rostro—. ¿Cómo te sientes, Har?

          —Bastante bien —respondió sinceramente, y se acomodó un poco entre los almohadones—. ¿Qué sucedió? ¿Voldemort está muerto? ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cómo…?

          —Hey, calma —rió Ron—. Sí, Vol… —se mordió los labios—, Voldemort está muerto.

          —Estás internado desde hace tres días —se apresuró a contestar Hermione—, los sanadores curaron todas las heridas superficiales —Harry se miró. La mayoría de las heridas que se había hecho en la batalla no eran ahora más que pequeñas lastimaduras. El brazo izquierdo estaba vendando desde la muñeca hasta el codo, pero no le dolía—. Dijeron que básicamente te hallabas agotado física y emocionalmente por el derroche de magia, y que necesitabas descansar.

          —Y vaya que descansaste —bromeó Ron—. Tres días durmiendo, un récord.

          —Vaya —Harry suspiró.

          —Salvaste el mundo, Harry —dijo Hermione con voz temblorosa—. Siento haberte gritado cuando… cuando me di cuenta de lo que pensabas hacer —se secó una lágrima que resbaló por su mejilla—. Es que tuvimos tanto miedo de perderte…

          —No llores, Herms —susurró Harry, y le apartó un mechón de cabello del rostro—. Estoy bien.

          —Nos diste el susto de la historia —murmuró Ron, y Harry lo miró. Su mejor amigo tenía la mirada clavada en su mano, que aún yacía suspendida en el aire, a pocos centímetros del rostro de Hermione.

          —Lo siento —se encogió de hombros ligeramente—. Yo también pensé que… Bueno, en realidad, creo que técnicamente sí estuve muerto. Aunque por unos segundos, nada más, claro —se apresuró a añadir.

          —¿Cómo…?

          —Snape no sabía cómo funcionaba el hechizo luego de realizarlo —explicó Harry—. El mago que realiza el hechizo con desinterés personal, tiene la opción de elegir.

          —¿Elegir? —preguntó Hermione extrañada.

          —Sí, elegir si volver o… —bajó la voz y también la mirada—, o volver.

          El silencio consumió la habitación. Hermione apretó los labios y pareció estarse concentrando duramente para no llorar. Harry desvió la mirada.

          —Y… todos… Ya saben, ¿cómo están todos?

          —Bueno… —Ron miró rápidamente a Hermione—. Papá y mamá están bastante mal por lo de Percy, ya sabes —Ron sacudió la cabeza—. Pero muy aliviados de saber que tú estás bien. Y Lupin estuvo demasiado pendiente de tu evolución como para sacar a relucir nada más, así que aún estamos esperando que salga del shock.

          —¿Y ustedes? —preguntó en voz baja.

          —Muy bien —sonrió Hermione, mirándolo con ojos brillantes—. Les devolví la memoria a mis padres, y aún están bastante resentidos. Insistieron en llevarme de vuelta a casa, pero yo quería quedarme aquí contigo —se sonrojó—. Así que alquilaron un hotel a unas pocas cuadras de aquí.

          —Me alegro, Herms —expresó Harry, y estiró los brazos para desperezarse—. Por cierto, ¿dónde está Ginny? —preguntó Harry acomodándose.

          —Bajó a los jardines de San Mungo a tomar un poco de aire —contestó Hermione, sonriéndole cálidamente—. No se alejó de ti desde que llegaste aquí… ¿A dónde crees que vas, Harry Potter?

          Harry había bajado los pies de la cama, y Hermione se había puesto de pie de un salto.

          —A buscarla —contestó Harry, y puso los pies en el suelo. Se le doblaron las rodillas, y Ron lo sujetó antes de que se diera de bruces contra el suelo—. Estoy bien, estoy bien —se apresuró a decir, porque Hermione había soltado un grito ahogado.

          —¡Harry James Potter! ¡Ni se te ocurra! ¡CASI MUERES, estuviste durmiendo tres días! ¿Y así como te levantas quieres irte? ¡Estás completamente loco si crees que…!

          —¡Herms, cálmate! —la calló Harry—, ¡solo quiero buscarla! Luego vendré aquí otra vez, te lo prometo —dijo—, vamos, Herms, déjame ir. ¡Estoy bien, de enserio! —se soltó del agarre de Ron, que lo observaba con media sonrisa en el rostro, sujetándolo del brazo. Harry se tambaleó un poco con los brazos en alto, pero logró permanecer de pie—. ¿Lo ves? ¡Estoy bien!

          —No te irás de aquí hasta que te vea un sanador, Potter —gruñó Hermione, poniendo los brazos en jarra.

          —¡Hermione, vamos…!

          —'Mione tiene razón, Harry, deja que al menos te vea un sanador…

          —¡No! Seguramente me darán alguna poción que me dejará durmiendo hasta navidad —gruñó Harry.

          —¡Porque necesitas descansar! —exclamó Hermione.

          —Okey, de acuerdo —Harry respiró hondo, y se alejó unos pasos de sus amigos—. Si en menos de… eh, diez minutos no regreso, tienen todo el derecho de armar una revolución en San Mungo. Simplemente iré a buscar a Ginny, volveré y tú podrás llamar a todos los sanadores que quieras —Hermione lo miró con el ceño fruncido—. Por favor, Herms —suplicó, alzando la mirada.

          —Oh, sí serás… —Hermione se mordió el labio—. Que sean siete minutos.

          Harry le dio un puñetazo al aire en señal de triunfo.

          —¿Dónde están los jardines?

          —En el piso de abajo, por ascensor —contestó Ron, riendo.

          —Genial, genial. ¿Mi varita mágica?

          —Ah, no, eso sí que no, Harry Potter. Casi mueres por gastar energía, no quiero ni pensar que pasará si usas tu varita mágica sin ni siquiera dejar que un sanador te ve…

          —De acuerdo, de acuerdo, como tú quieras —la calmó Harry—. Ya vengo —dijo, conteniendo una sonrisa, y salió por la puerta lo más rápido que pudo. A medio camino giró, se dio vuelta y volvió a entrar—. Creo que mejor busco algo para cambiarme —dijo, ruborizándose. No le agradaba la idea de que lo reconocieran por los pijamas del hospital. Buscó un buzo dentro de un pilón de ropa que había en el armario.

          Les sonrió a Ron y a Hermione ampliamente, y volvió a salir por la puerta. Casi había salido al ascensor, cuando se detuvo y volvió sobre sus pasos.

          —¿Y ahora qué? —rió Ron, cuando Harry volvió a entrar en la habitación.

          —Nada, es solo que… —Harry se pasó una mano por el cabello, revolviéndolo—. Quería darles las gracias —los miró fijamente—. Por todo. Por todo lo que hicieron por mí, por haber estado siempre —carraspeó—. Ya saben, desde primer año, cuando no éramos más que unos niños… Ustedes se quedaron conmigo a pesar de todo —bajó la vista, y la volvió a alzar—. No tengo palabras para decirles todo lo que significa para mí haberlos tenido a mi lado todo este tiempo. No sé qué hubiera hecho sin ustedes —confesó, en voz muy baja.

          —Oh, Harry —Hermione dejó escapar unas lágrimas, y lo abrazó con fuerza. Harry le devolvió el abrazo, y sintió como Ron se unía también.

          —Abrazo de trío —exclamó el pelirrojo exagerando la o, y los tres estallaron en carcajadas—. Vamos, ve a buscar a mi hermana, Harry —dijo Ron, dándole un suave golpe en el hombro.

          Harry se separó del abrazo, los miró durante unos segundos y luego se dio vuelta y salió de la habitación.

Harry bajó los últimos escalones casi sin aliento. Como medio hospital parecía estar pendiente de la evolución del paciente de la cicatriz, le había resultado casi imposible huir de las personas. Aún así, estaba fuera del horario de visita, entonces no había más gente que el personal de San Mungo y los enfermos.

          Los jardines de San Mungo, rodeados por una muralla blanca, tenían una fuente en el centro. Estaban prácticamente desiertos; comenzaba a caer la noche.

          Entonces la vio. Ginny estaba de espaldas a él, mirando la luna que se asomaba por detrás de unas nubes. Su larga cabellera roja caía lisa y radiante sobre sus hombros. A Harry se le secó la garganta.

          —Ginny —murmuró con apenas un hilo de voz, pero el efecto fue instantáneo. La pelirroja se dio vuelta, y los ojos melados se abrieron de par en par. La escuchó pronunciar su nombre, y correr hacia él, y él mismo despegó los pies del suelo para encontrarse con ella.

          Ginny se lanzó en sus brazos, y Harry la estrechó contra su cuerpo con toda la fuerza que fue capaz de reunir, alzándola del suelo. Ginny hundió su rostro en el hombro de Harry, y el moreno sintió como las lágrimas le mojaban el cuello del buzo.

          La pelirroja se separó del rostro de Harry, y lo miró intensamente con los ojos brillosos. Sus pies rozaban el piso. Ginny alzó temblorosamente la mano, y apartó el cabello negro del rostro del moreno, para deslizar la yema de los dedos suavemente por la cicatriz en forma de rayo.

          —Terminó —susurró Harry en voz baja, y rozó sus labios.

          —Terminó —corroboró Ginny, dejando resbalar sus brazos por detrás de la cabeza del moreno.

          Harry Potter se inclinó sobre su boca, atrapó sus labios entre los suyos, y la besó.

                        FIN

 

*Cam se seca una lágrimita*. Aw. Bueno, llegó. Lo retrasé, consciente o inconscientemente, lo apuré, lo deseé y acá está, escrito, terminado. Una historia que no solo tardó tres años en dignarse a dejarme poner la palabra final, sino que estuvo conmigo prácticamente desde que tomé la decisión de que escribir era lo único que quería hacer en mi vida. La maltraté con errores de ortografía, al principio, y fui aprendiendo sobre la marcha sobre el uso de los guiones, sobre cuándo van las sangrías, sobre qué palabras llevan tildes y cuáles son tramposas, sobre lo que se sentía trasnochar terminando un capítulo, sobre la emoción de leer los reviews.

Esta historia, demás está decirlo, fue hecha con mucho cariño y mucho amor, y significa mucho para mí. Al igual que ustedes, que me acompañaron capítulo a capítulo, esperándome incluso cuando me tardaba meses en actualizar.

Así que no me queda más que agradecerles a todos los que leyeron, a los que no terminaron del leer, a los que agarraron la historia la final, a los que me siguieron desde el principio. Gracias por haber estado ahí, disfrutando conmigo de lo que más me gusta hacer. Escribir.

Sequen esas lágrimas, ¡aún queda el epílogo!

Nos estamos leyendo pronto,

Cam

 


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