|
||||
|
Menú
|
|
|||||||||||
|
Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26 Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20 [ Más información ] Tweet
Planes de batalla
Capítulo 38: Planes de batalla
Que saltes al vacío y que no vuelvas nunca y que toda tu vida te mate la culpa de haberme robado un pedazo del alma "El vacío" de la Vela puerca
La calma ira recorría su cuerpo sereno. La cueva se extendía por debajo de su mirada roja, y todo estaba sumido en un silencio profundo y aterrador. Lord Voldemort bajó de la barca y agitó la varita por encima de la fuente llena de poción que él mismo había dejado allí. El contenido verdoso se evaporó, y aferró con la mano de largos dedos el relicario que yacía en el fondo. Solo un vistazo le bastó para saber que aquel no era su Horrocrux. Un rugido de rabia escapó de sus labios, y el relicario falso se rompió en sus manos. Haciendo girar su capa, desapareció de la cueva. Cuando apareció en medio del comedor de la Mansión Malfoy, el silencio se tragó a los presentes, que observaron con avidez al Señor de las Tinieblas. —Mi señor… —llamó Bellatrix, haciendo una reverencia. —Ahora no, Bella —ordenó con aspereza. Bellatrix retiró la mano solicita, y lo miró con la devoción profunda de un amante—. Mañana —empezó, y todos contuvieron el aliento—, me acompañarán al castillo de Hogwarts para hacerles una pequeña visita a nuestros discípulos —una horrible sonrisa deformó sus pálidas facciones. Un rugido de aceptación le siguió a sus palabras. —Nagini —siseó en voz baja, y la serpiente se deslizó por el suelo para trepar a los hombros de su amo—, es hora hacer un pequeño viaje a Hogwarts. Harry parpadeó y abrió los ojos. Se encontraba tumbado encima de las mantas de la cama inferior de la cucheta, y Hermione lo miraba con preocupación. Se incorporó, jadeante, y el paño frío que reposaba en su frente cayó en su regazo. —¿Alguna otra bomba más? —murmuró una voz resentida, y Harry giró la cabeza para encontrarse con los ojos azules de su mejor amigo. —¿Estás bien? —preguntó Hermione, sin mirar a Ron. —Llevará a Nagini a Hogwarts —dijo atropelladamente—, y a sus Mortífagos para sembrar el caos y que no… y que nadie vea dónde… Creo que sabe que tal vez a nosotros se nos ocurra ir también allí y quiere tomar precauciones… —¿Y se nos ocurrirá? —Hermione se mordió el labio, angustiada. Harry se puso de pie. Sus dos amigos lo observaron en silencio mientras se paseaba por la carpa, y se desordenaba el cabello con la mano. —No podemos entrar solos —razonó—. Es suicida hacer eso. —Lo es —concordó Ron de inmediato. —Podemos… podemos reunir a la Orden. —Pero… —Es el último Horrocrux, Hermione —dijo llanamente Harry—. Sí logramos derrotarlo… tal vez… —Es hora de que la batalla final también tenga lugar —completó Ron, con voz calma. A Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas y sacudió la cabeza. Harry también apartó la vista, y Ron bajó la cabeza. —Podemos salir esta noche a la casa de mi tía Muriel, si te parece —expuso no muy convencido Ron, esquivando su mirada. Harry se quedó en silencio un momento. —Vamos ahora mismo. No hay tiempo que perder. Hermione ahogó un sollozo. —Lo siento —se disculpó, secándose las lágrimas rápidamente—. Sí… vamos ahora. Ordenemos todo y… Media hora después, la carpa se había convertido en un bulto de tela y estacas a sus pies. Hermione lo guardó en el bolsito y se abrazó a la cintura de Ron. Harry se colocó al lado, y tomó su mano, antes de girar sobre sí mismo y arrastrar a sus dos amigos a la oscuridad. Aparecieron junto a la cerca que rodeaba la casa. A Harry se le encogió el corazón, e intentó no ver por todos los medios el lago que se extendía a solo unos metros. Hermione seguía aferrada al brazo de Ron, y los tres avanzaron por los jardines. Ron miró a sus amigos. Por primera vez desde que había despertado, miró a Harry a los ojos, y su amigo le devolvió la mirada. Pareció toparse con algo en los verdes ojos de su mejor amigo, porque se irguió levemente. Se giró y tocó la puerta con el puño. Anochecía, y la lluvia ya se había secado hace unas horas. El sol se ocultaba en algún lugar del lejano horizonte, y las nubes decoraban el ocaso como acuarelas. Los tres mantenían un silencio cómplice; sus respiraciones eran suaves y profundas, y no interrumpían con palabras la densa incertidumbre que flotaba a su alrededor. —¿Quién es? —la voz de la señora Weasley hizo que los tres dieran un pequeño respingo. —Nosotros, mamá —contestó con voz clara y algo temblorosa Ron. Hermione le apretó la mano en señal de apoyo. —¡Identifíquese! —la voz de Molly sonó desafiante pero los tres sintieron como que quebraba. —Eh... —Ron vaciló—. Soy tu sexto… sí, sexto hijo… Ron Billius Weasley… Eh… —se llevó los dedos al puente de la nariz, y presionó intentando pensar—.Te encanta regalarme buzos rojos con mi inicial en navidad y… Eh… me fui de casa hace unos meses con Hermione y Harry… —la puerta no se abrió, y el pelirrojo miró a sus amigos con exasperación—. Mamá, ya, nos estamos helando. ¿Puedes…? Ron no pudo terminar de quejarse, porque la puerta se abrió, y la pelirroja melena de la señora Weasley apareció en el umbral, opacada por la penumbra. Escrutó sus rostros durante unos instantes, conteniendo la respiración. Su varita se alzaba delante de los tres amigos, apuntándolos temblorosamente. —Hola, mamá. Los labios de Molly temblaron antes de lanzarse en brazos de su hijo menor. Las lágrimas estallaron en sus ojos, y comenzaron a caer rápidamente por sus mejillas mientras estrujaba a su hijo menor contra su cuerpo. —¡Ron! ¡Oh, Ronald! —Mamá… me ahogas… La señora Weasley soltó a su hijo y lo observó, tomando su rostro entre sus manos. —¡Estás tan delgado! ¡Ay, Ron! —se lamentó, y Ron frunció el ceño—. Y… ¡Harry! ¡Hermione! La señora Weasley acababa de reparar en la presencia de los dos amigos de su hijo, y los apretujó en otro abrazo, haciendo que sus cabezas se chocaran. Harry sintió las lágrimas de la madre de su mejor amigo mojarle el cuello del suéter. Cuando los soltó, volvió a escrutarlos con la mirada, buscando heridas (¡Pero sí estás tan pálido!) y quejándose de lo flacos que estaban (¡Pero sí se fueron de aquí con diez kilos más, al menos!), hasta que Ron creyó oportuno recordarle que se estaban helando. La señora Weasley los empujó dentro de la casa, y cerró estrepitosamente la puerta, sellándola con hechizos protectores. Los tres amigos volvieron a quedarse aturdidos al ver todos los rostros de la familia Weasley girados hacia ellos. Luego de unos segundos interminables, el revuelo se hizo presente; la acogida del resto de la familia también fue vivaz. El señor Weasley los abrazó a los tres brevemente, y Charlie también los recibió con los brazos abiertos. Los gemelos soltaron sendas risotadas al sacudir el cabello de su hermano menor, y al saludar escandalosamente a Harry y a Hermione. —¡Fred! ¡Devuélveme mis gafas! —¿Te acuerdas cuando las usamos nosotros, George? —preguntó con voz sentimental Fred, enseñándole las gafas de Harry a su gemelo, manteniéndolas fuera del alcance de Harry. —Sí, y se veía tan bien en nuestros bellos rostros —dramatizó su gemelo. —¡Accio! —gruñó Harry agitando la varita, y las gafas se escaparon de las manos de Fred, que intentó atraparlas sin éxito. Se las colocó con cuidado, mientras George le daba un codazo en las costillas, riendo. —¡Buuu, ahora hace hechizos, Fred! ¡Debemos cuidarnos! —la voz de George se entrecortaba por la risa. Harry sacudió la cabeza, y sus ojos verdes se tropezaron con un destello rojo que serpenteó a unos metros. El corazón le saltó a la garganta, y las manos comenzaron a sudarle. Se sintió levemente aturdido, y jadeó por lo bajo para inundar de aire a sus pulmones, que parecían haberse olvidado cómo respirar. Sus ojos verdes buscaron con afán los melados, que lo miraron profunda y largamente. —¡Enana! —exclamó de pronto Ron estruendosamente, y abrazó a Ginny. La pelirroja le devolvió el abrazo un poco tarde, y luego se separó para abrazar a Hermione, que la estrechó con cariño. Interminables segundos después, la pelirroja se soltó de la castaña, que miró con ternura como Ginny se acercaba a Harry, y fue donde Ron. Harry pestañó, tratando de enfocar la vista en otro lugar. —Hola, Harry —murmuró con voz suave Ginny, mirándolo a los ojos escrutadoramente. —Hola, pelirroja —devolvió con una sonrisa torcida, antes de que ella se lanzara en sus brazos. Harry no puedo evitarlo; la abrazó con deliberada fuerza, alzándola unos centímetros del suelo. Su perfume floral le hizo cosquillas en la nariz, y le recorrió el cuerpo gratificantemente. —Ejem —carraspeó una voz, y Harry torció la mueca al ver a Fred y a George a ambos lados, mirándolo escépticamente. —Mantente lejos —gruñó Fred. —Por tu bien —completó George. —Potter —finalizó Fred, aunque le giñó un ojo. Ginny se separó, radiante, ignorando a sus hermanos. —Ustedes tres —llamó la señora Weasley, y empujó a Harry con Ron y Hermione a la cocina—. Van a comer hasta que… —Señora Weasley —interrumpió Harry con voz calma—. Estoy seguro de que los tres estamos igual de hambrientos pero… —miró brevemente a sus amigos—. No vinimos aquí para hacer una visita de cortesía. Necesitamos ayuda. La tensión en el ambiente se hizo palpable de inmediato. La señora Weasley frunció el ceño. —De acuerdo —cedió a regañadientes—. Les traeré algo aquí —sentenció—. Y pueden comer mientras… mientras informan qué es lo que sucede. Harry asintió secamente con la cabeza. Los tres amigos se apretujaron en el sillón mullido. Ginny se acurrucó en una butaca cerca de Ron, y Fred y George se dejaron caer en los peldaños de la escalera. El señor Weasley los miró con seriedad, mientras Charlie tomaba asiento a su lado. —Bueno —Harry carraspeó, y miró con seriedad al señor Weasley—. Este… —se llevó una mano al cabello y lo desordenó con nerviosismo, antes de continuar—, tenemos información de que el Innombrable... —tomó aire profundamente —, entrará a Hogwarts a esconder algo que nosotros necesitamos encontrar. El silencio secundó sus palabras, mientras todos intentaban asimilar sus palabras. La señora Weasley había entrado en la habitación, y se había quedado quieta y atenta en el umbral de la puerta. —Necesitamos entrar a Hogwarts a su par, si no es antes —expuso Ron, y sus padres dieron un ligero respingo. —Confiamos en que si logramos encontrar aquello que buscamos —siguió Hermione, con voz clara y firme—, estaremos mucho más cerca de destruir a… —un súbito foco ahogó sus palabras. Pestañó con insistencia y prosiguió—, a el Innombrable. —Aún así… el Innombrable no entrará solo; su séquito de mortífagos entrará con él, solo para asegurarse de crear suficiente caos como para que nadie se dé cuenta de nada. Sería prudente —Harry vaciló—, oponer la misma resistencia. El señor Weasley se llevó las manos al puente de la nariz. La señora Weasley se había acercado para dejar un plato lleno de sándwiches en la mesa ratona, pero los tres amigos parecían haber perdido el apetito. —¿Me están diciendo —dijo en voz baja pero clara—, que debemos reunir a la Orden para batirnos a batalla con los mortífagos en un lugar lleno de niños? —Podemos evacuar Hogwarts —murmuró Hermione. Los ojos se le habían encendido y brillaban por encima de sus palabras—, aunque no podemos obligar a todos a irse. El silencio volvió a tragarse a los presentes. Harry soltó un jadeo al sentir un nuevo pinchazo en la cicatriz, y los rostros de Ron y Hermione se giraron hacia él con preocupación. —Debemos darnos prisa —murmuró el pelinegro, frotándose la frente con la palma de la mano. El señor Weasley exhaló profundamente y se dirigió a Charlie. —Charlie, ve y comunícate con Bill, Lupin y Kingsley. Molly… ¿puedes llamar a los miembros de la Orden? —pidió con firmeza y la señora Weasley se apresuró a asentir con la cabeza. *** El silencio se dispersaba por la casa como motas de polvo, y los únicos que hablaban lo hacían en voz muy baja. La Orden había llegado hacia menos de una hora, y habían dispersados mapas, planos y notas sobre la gran mesa de madera del comedor. —Bien —dijo de pronto Kingsley sin alterar el tono de voz, pero todos los presentes apagaron sus murmullos—. Vamos a organizarnos en grupos —anunció—, Fred, George y Charlie, ustedes deberán ingresar por la torre de Gryffindor. Irán y avisarán a la profesora McGonagall para que alerte a los profesores que están de nuestro lado, y ayuden a evacuar el castillo. Luego irán directamente a deshacerse de aquellos que no se muestren tan prestos a colaborar —estableció con severidad—. Arthur, Melliar, y yo entraremos por la torre de astronomía; evacuaremos esa zona del edificio. Molly, Bill y Lupin tienen que proteger al castillo por sus límites, dificultar el ingreso; deben alertar a Hagrid primero para que reúna a todos los centauros, gigantes y demás criaturas del bosque que estén dispuestas a ayudar. Tonks, Harry, Ron y Hermione entrarán detrás respaldados por ellos, por las puertas de los jardines. Ginny, Fleur y los que queden, entrarán detrás por la puerta principal, una vez que sea bloqueada, y advertirán a Madame Pomfrey para que pida refuerzos para atender a los posibles heridos. ¿Entendido? —¿Cómo llegaremos hasta allí? —preguntó Ginny con seriedad. —Nos apareceremos en Hogsmade —sentenció el señor Weasley—, y de ahí iremos volando. Rosmerta nos proporcionará escobas. —En total, contamos con dos horas para evacuar a los estudiantes del castillo, y organizar dentro bien los grupos de combatientes. ¿Es tiempo suficiente, Harry? Las miradas cayeron sobre el muchacho pelinegro, que miraba fijamente las notas tendidas sobre la mesa. —Esperemos que sí —dijo quedamente—. De todas formas —prosiguió, alzando la mirada y clavando sus ojos verdes en los de Kingsley—, a juzgar por las medidas que estamos tomando, no esperas que lleguemos solos —su voz no tenía ningún rastro de acusación, pero Kingsley se tensó. —Mejor prevenir que lamentar —dijo al fin, forzando una sonrisa. —Bien —resolvió Hermione—, entonces debemos partir en una hora, antes de medianoche —su mirada recorrió a los presentes, desafiándolos a contradecirla. Nadie lo hizo. —Entonces será mejor que nos vayamos a prepararnos —murmuró Ron. Tomó a Harry por el hombro y, lanzándole una elocuente mirada, susurró—; vamos. Harry tragó saliva, pero no opuso resistencia. Siguió a Ron escaleras arriba. Los pasos de su amigo retumbaron contra sus oídos hasta que llegaron a la habitación de Ron. El pelirrojo apuntó la puerta con la varita, murmuró "mulffilato", y se giró hacia Harry. —Dime —exigió con voz clara y temblorosa—, dime qué carajo es eso que dice Hermione de que… de que… Harry bajó la vista, y se sentó en la cama. Los elásticos rechinaron levemente ante el inesperado peso. —Es lo que Dumblendore quería —expresó con voz neutra. —¿Qué quería? ¿Qué te mataras? —Ron lo fulminó con la mirada. —Lo siento —susurró, pero no descompuso la expresión. Ron inhaló y exhaló varias veces, tratando de tranquilizarse. —No vas a… eres un… —soltó un gruñido, y golpeó la pared con el puño. —Ron, es la única manera… —¡No puede ser la única manera! —¡Es la que él creyó mejor! —¿Y quién carajo es él, si se puede saber? ¡Está bien, era un gran mago! ¿Y qué? —Ron —Harry lo miró suplicante, tratando de hacerlo entrar en razón—. Está en mis manos terminar con esto, Ron. No puedo sentarme a ver como todos mueren sabiendo que yo puedo evitarlo. —Hermione dijo que… —Que tal vez pueda evitar que se me vaya de las manos, sí —afirmó Harry, y le brillaron los ojos. —¿Entonces? —¿Entonces qué? —¿Vas a…? —sacudió la cabeza—, ya sabes. —Mientras pueda evitarlo, no. Ron sacudió la cabeza. Se dejó caer en la cama que se encontraba justo enfrente de la de Harry. —¿Qué pasará con mi hermana? —Harry alzó los ojos, y lo miró sin comprender—. Ya sabes, sí… sí mueres. Harry se tensó. —Prometiste… prometiste que la cuidarías sí… sí… Ron se incorporó bruscamente. Había algo en sus ojos que a Harry le provocó escalofríos. —Ya lo sabías —dijo en voz baja—. Siempre lo supiste —cerró los ojos, y sacudió la cabeza—. ¿Desde cuándo? —Desde que los mortífagos me secuestraron hace unos meses —susurró el moreno. —¿Y por qué no nos dijiste nada? —la dolida voz de Ron lastimó a Harry más que ninguna otra cosa que el pelirrojo había dicho esa noche. —Porque no quería que pasara esto. —¿Ibas a matarte sin que nos enteráramos el porqué? ¿Sin siquiera una despedida? —No quería que todo resultara más difícil de lo que ya es de por sí, Ron —dijo Harry con voz suplicante. Ron abrió la boca para contestar, pero la puerta de la habitación se abrió y Hermione apareció por ella. —Tu padre dice que ya todo está listo —dijo Hermione, visiblemente incómoda. Llevaba puesto un par de vaqueros oscuros y una blusa blanca, y se había recogido el cabello en una larga trenza—. Salimos en treinta minutos. Harry se puso de pie, y sus amigos lo observaron con aprensión. Dirigió su mirada a la ventana, mirando el cielo negro consumir el paisaje. Dándoles la espalda, sentención con voz apagada: —Llegó la hora de luchar.
¡Nos estamos leyendo! Cam
Potterfics es parte de la Red HarryLatino
Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R. |