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Lo daría todo por ti » Un ángel durmiente
Historia terminada Lo daría todo por ti (R15)
Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26
Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20
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Un ángel durmiente

Capítulos
  1. Lo siento.
  2. ¿El último amanecer?
  3. Con un poco de ayuda
  4. Algo por lo que luchar.
  5. En problemas.
  6. Me lo prometiste.
  7. El despertar.
  8. Volver a empezar.
  9. Un beso , un sueño y un evento desafortunado.
  10. Revelaciones.
  11. El sonido de tu ausencia.
  12. El recuerdo.
  13. El hechizo
  14. Al estilo de Bellatrix Lestrange.
  15. De vuelta a casa.
  16. ¿Pero qué ha hecho?
  17. Promételo
  18. La noche, la luna y un lago, como testigos
  19. Solo queda decir adiós.
  20. Querida Pequitas
  21. Sabor a traición
  22. Horrocruxes.
  23. Causas y Consecuencias
  24. Ansias de soledad.
  25. Entre espadas y carcajadas
  26. Pesadilla
  27. El viaje
  28. Pendiendo de un hilo
  29. Entre hermanos.
  30. Cartas, guerras y diarios
  31. La noticia de El Profeta
  32. Sueños
  33. Un ángel durmiente
  34. La recta final
  35. Una amenaza silenciosa
  36. Una excursión a Gringots
  37. Invadiendo mentes
  38. Planes de batalla
  39. Hogwarts
  40. La luz dorada
  41. Heroes
  42. Epílogo

Mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte

¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,

Me depara un tiempo sin memoria

De mi nombre y de todo lo que he sido!

¡Ah, sí en esta mañana hubiera olvido!

"El despertar" de Jorge Luis Borges.

 

 

Harry se consideró feliz por primera vez en mucho tiempo, y casi no sintió cuando ella se estremeció bajo sus labios.

El corazón se le detuvo por un segundo entero, para después acelerar sus latidos a un ritmo vertiginoso. Ginny murmuró algo en voz baja, y Harry se apartó con mucho cuidado de su rostro angelical. Su mano se dejó resbalar por su cabello, y le brillaron misteriosamente los ojos cuando una pequeña sonrisa surcó el rostro de Ginny. Al menos ella si podía soñar cosas bonitas.

Apoyó, con suavidad, sus labios en el rostro de Ginny, aspirando lentamente por la nariz, disfrutando de su fragancia. Deseó poder quedare así por siempre. Deseó… deseó detener el tiempo.

Apartó su rostro del de ella, y se la quedó mirando soñadoramente. Lucía tan perfecta… parecía un ángel durmiente.

Le apartó otro mechón de pelo, y se lo echó hacia atrás, dejando entrelazar sus dedos por su cabello, y permitiéndole a su mano resbalar por aquellas pelirrojas y finas hebras que inspiraban poesía. Las yemas de sus dedos acariciaron aquella textura tan suave y tan pura como el algodón.

Harry cerró   los ojos, como si así pudiese permitir que aquella imagen, aquel olor, aquel sentimiento y, sobretodo, aquel momento, quedase grabado por siempre en su memoria.

Y entonces, Harry lo comprendió. Aquella era una despedía, una verdadera despedida. Lo presentía, no solo porque tenía bien en claro que no se animaría a regresar, sino porque sentía como cada poro de su piel aullaba en silenciosas suplicas, y como su corazón latía a una velocidad acelerada, rogando en acallados ruegos que despertara a la pelirroja, y que no solo la besara con pasión y desvelo, sino que le hiciera el amor como nunca lo habían hecho juntos. Comprendió, mientras se mordía los labios, que ahí, en ese lugar y en ese momento, estaba dejando una parte de sí mismo.

Respiró hondo, mientras se ponía de pie con latitud, intentando calmar los chorros de diferentes emociones que navegaban por su cuerpo. Un sentimiento inconfundible de felicidad se propulsaba a través de su sangre, porque por primera vez desde hacía meses que se sentía absolutamente completo y vivo. Y tristeza, porque sabía que aquel adiós… era incierto, y, sobretodo, injusto.

Suspiró y se puso de pie. La miró una vez más, y le acarició con su mano derecha la sonrojada mejilla, disfrutando del tacto.

Se dio vuelta, y fue hacia la ventana. En el escritorio, se desparramaban montones de papeles. Tomó uno y lo apoyó encima de un pequeño cuadernito muy grueso. Tomó una pluma y, mojándola, escribió.

 

Feliz cumpleaños, pelirroja.

PD: Duermes como un ángel.

 

No firmó la carta, pero supuso que no haría falta. Dobló el papel por la mitad, y lo dejó en el escritorio. Dejó la pluma otra vez en el tintero, y estaba preparando para irse, cuando su mano rosó accidentalmente unos papeles, que cayeron al suelo. Los levantó, y los iba a volver a dejar en el escritorio, cuando reconoció la caligrafía que se plasmaba en el papel. Se quedó helado. Eran sus cartas. Con manos temblorosas, dio vuelta el papel, y leyó: "Querido Harry…" ¡Eran las respuestas a sus cartas!

Se preguntó, con un deje de inocencia, si se molestaría demasiado si Harry leía esas cartas. No. Claro que no. Después de todo… Eran para él. Torciendo media sonrisa, guardó el manojo de caras en el bolsillo delantero de su campera negra, y se subió al escritorio para salir por la ventana. Antes de bajar por la pared, giró una vez más para ver las sombras que envolvían a Ginny y observar su cuerpo tragado por la oscuridad de la noche. Caminó con calma sobre la húmeda hierba, acomodándose la capa por encima de los hombros, hasta llegar a un lugar fuera del alcance de los hechizos. Entonces, giró sobre sí mismo y se sumergió en la oscuridad.

Apareció en un matorral, cerca de donde estaba acampando. Aún no quería regresar, pero sabía que si no le avisaba a Hermione que estaba bien, ella se enfurecería o preocuparía en demasía. O las dos cosas.

Cuando llegó, encontró a Hermione dormida en la entrada de la carpa, con la cabeza apoyada en sus rodillas. La sacudió un poco para despertarla.

-Herms… ya estoy aquí-le susurró al oído-. Estaré cerca de aquí, ¿de acuerdo? Vuelvo en un rato.

Hermione murmuró algo, y giró la cabeza para el otro lado. Harry se incorporó y comenzó a caminar por el lugar. Hacía un clima húmedo y frío y la hierba que crecía desmedidamente, olía a lluvia. No se alejó mucho, porque su intención no era perderse. Solo quería caminar un poco, alejarse, para sentirse un poco menos… prisionero de su propia celda. Era noche de luna llena, y las estrellas titilaban en el cielo. Su luz blanquecina se filtraba por entre las ramas de los pelados y rugosos árboles.

Luego de un rato, encontró un lugar debajo de un árbol. Se sentó allí, apoyando la espalda contra el tronco. Buscó su varita en el bolsillo de su campera, y le susurró a la noche:

Lumus!-la luz prendió su foco y el lugar en el que se había sentado se aclaró bajo la cálida luz amarilla. Estaba en una especie de bosque. Por donde quisiera que mirase, veía árboles y setos.

Sin soltar la varita, metió la mano en el otro bolsillo de su campera, y sacó el manojo de cartas. La mayoría de las que tenía en la mano tenían su letra, pero había otras que no. El corazón se le aceleró al reconocer la pequeña y prolija letra de Ginny. Alzó un poco más la varita para leer bien lo que decía.

Harry:

         Me he planteado una y otra vez escribirte estas letras. Decidí que no. No porque creyese que mis palabras no te serían de ayuda, sino porque sé que no lo serán. Sé que me escribes en forma de descarga, y esperas que con paciencia y clama te escuche y comprenda, desde el calmo silencio del anonimato. Pero no quieres mi respuesta, no quieres saber que tal vez no tenga idea de lo que se siente estar en tu lugar, o tal vez creas que lo sé demasiado bien, y por eso prefieres no saberlo.

Aún así, quise escribirte esta carta para ti, pero voy a guardármela yo. Quiero releerla cuando estés a mi lado, cuando todo esto haya terminado.

Debes saber aunque tal vez nunca lo sepas  que no son pocas las noches en las que me despierto gritando tu nombre. Yo también te extraño, Harry, y tu ausencia me duele horrores. Hay noches en las que no puedo dormir, y me quedo mirando fijamente la ventana, esperando ver a otra lechuza callejera traerme tus palabras.

Cuando escribes tus cartas nunca dices, ni exacta ni claramente, donde estás están. Así que dejo volar mi imaginación, y pienso que estás en un pintoresco bosque, a jugar por la tierra que mancha el burdo papel. Con tu negro cabello revuelto, porque ambos sabemos que no tiene caso intentar peinarlo, y tus verdes ojos brillantes. Eso, y una gran sonrisa en tus labios.

Créeme, se que la realidad se aleja mucho de eso. Pero prefiero pensar que estás feliz y seguro, que en la más aterradora intemperie.

Te ama con todo su ser,

Tú pelirroja

Una lágrima manchó la última palabra, y Harry se apresuró a enjuagársela con el dorso de la campera. Tenía frío, así que se acurrucó sobre su propio cuerpo. Se abrazó las rodillas con los brazos, y metió la mano dentro del puño de la campera. Afirmó bien la varita entre sus manos, y siguió leyendo la segunda carta no enviada.

Harry:

         Es noche de luna nueva, y llueve. No hay estrellas en el cielo, ni brilla la luna. Hace dos semanas que no tengo noticias tuyas.

Estoy en el jardín de la casa de los padres de Tonks, junto a un bonito estanque. Estoy acurrucando una taza de té con m mano izquierda, mientras que con la derecha te escribo estas palabras, con la pluma de fénix que me regalaste para mi último cumpleaños. Estoy acostada boca abajo, apoyada en mis codos, al lado de este bonito estanque.

Las bengalas del Dr. Filibuster de Fred y George, que están a mi lado "experimentando", alumbran mis palabras. Te lo confieso; me aterra pensar que cuando se acaben, yo me quede sumida en la más absoluta oscuridad.

Te amo, Harry. Odio que tú puedas decírmelo y yo no. Odio la idea de pensar que tal vez no te lo he dicho suficientes veces. Me encantaría que lo pudieses oír sólo una vez más.

Hay algunas mañanas en las que creo que todo fue un sueño. Y entonces vuelvo a caer en la cuenta que no, que no lo es. Que nunca lo fue.

Las cosas aquí no marchan bien. La orden se reúne todos los días, a veces varias horas seguidas. Como es de esperarse, no dicen mucho, pero hay cosas que… que se les escapan.

Hay veces en las que me siento impotente por no saber, y otras en las que preferiría no saber nada. A veces… A veces necesito volver a creer que soy aquella niña a la que todos cuidaban de la verdad. Sé que te pasa lo mismo, Harry.

Adiós, Harry. Las bengalas se apagaron, y te escribo a oscuras. Ojala algún día te llegue este poquito de luz y amor que espero se tiña en las letras.

Ginny.

Un nudo se le había hecho en la garganta, y amenazaba con ahogarlo. Se sentía muy angustiado y tremendamente mal. Aún así, releyó las palabras de Ginny, casi sintiendo su voz susurrarle al odio. Tomó la última carta con manos temblorosas, y los ojos brillantes.

Mi amor:

         Esto es horrible. Son las tres de la mañana, pero no puedo dormir. Me siento mal, y hoy no puedo dejar de llorar. Lloro y lloro, pero no quiero acordarme de la razón de mis lágrimas. Sabes bien que no me gusta llorar, pero hoy es la única manera de desahogarme.

Mamá subió hace un rato, y cuando me vio llorando, en vez de preguntarme porque lloraba, me abrazó y se quedó un rato conmigo. Tú también hacías eso. ¿Recuerdas? No preguntabas nada, pero me abrazabas con fuerza. Me acariciabas el cabello, y recorrías mi cuerpo con una caricia. No decías nada y yo tampoco. Secabas mis lágrimas con besos, sin importarte que siguieran cayendo. Yo lloraba y tú calmabas mi llanto. Al final, te confesaba porque lloraba. A veces no. A veces dejaba de llorar y me quedaba dormida en tus brazos, para despertar a la mañana siguiente en mi cama.

Ahora, extraño tus manos secando mis lágrimas. Extraño tus brazos rodeado mi cuerpo. Extraño tus ojos verdes y brillantes. Extraño tus besos. Extraño tus palabras.

Te extraño.

La carta terminaba allí. Para entonces, sus propias lágrimas resbalaban por sus mejillas, una tras otra. El nudo en la garganta creció y un sollozo escapó de sus labios. Se intentó secar las lágrimas con el dorso de la campera, pero estas caían una tras otra sin remedio alguno. Al final, se tapó la cara con los brazos, mientras su cuerpo se sacudía en violentos sollozos. Lloró, sin preocuparse en ahogar los lastimeros sonidos que le brotaban del alma.

La luz clara tiñó el horizonte cuando Harry se restregó el último rastro de lágrimas de los ojos.

Respiró hondo, ahogando un profundo suspiro. El nudo en la garganta se había aflojado considerablemente. Ahora se sentía casando, con muchas ganas de dormir, pero considerablemente más liviano.

Sentía como aquella angustia que lo había estado carcomiendo desde hacía meses, hubiese aflojado su presión.

         Se puso de pie, pestañando para ocultar la hinchazón y el enrojecimiento de sus ojos. Apagó la luz de la varita, guardándola en el bolsillo de  la campera. Dobló en dos las cartas, y también las dejó en su bolsillo.

         Caminó hacia la carpa, mientras se pasaba una mano por el cabello y lo desordenaba involuntariamente.

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Pero computadora de mierd* que no me deja escribir correctamente... digo, ¡Hola!

Si, actualicé este capítulo con mi nota de autor, agradeciendo a Car que se tomó el trabajo de subirlo por mi, a tiempo y hora (bueno, tal vez un poco más tarde de lo planeado, pero...), ajajaja. Gracias otra vez, preciosa.

Bueeeeeeeeeeeeno, pa que vean que no me tardo nadinas, incluso si tengo que mandar a alguien a publicar por mi. Y como sé que de seguro todos están ansiosisimos por conocer los adelantos y la fecha de la próxima publicación, estarán leyendo esto una vez más(?), o no, y simplemente se quedarán con la intriga.

Ojalá les haya gustado el capítulo, y disculpen los dedazos y los errores de ortografía, estuve con muy poco tiempo y a penas lo terminé, lo subí. Así que otro día me pasaré a arreglarlo un poco.

Bueno... ¿Para cuando la próxima actualización? Y dale, Musa pretenciosa, tú y tu afán de hundirme... es decir, sé que ansias escribir el próximo capítulo... si, ya sé que se acerca el final y se te ponen los pelos de punta de solo imaginar que pasará... y lo sé, pero... De acuerdo... Veamos. ¿30 de diciembre es buen número para ti? ¿Cómo qué no? No, antes no. Qué no, que tengo que rendir quichicientos exámenes, que antes del 30 NO. Si, es un no definitivo. De acuerdo, venga. Si puedo antes, antes será, pero por ahora 30 de diciembre de 2010, estarás leyendo el capítulo número... ¡34! ¡Ay, ay, ay, que emoción! Y sin contar conque en febrero se cumplirán como tres años desde que empecé... Bueno, bueno, Musa, no llores, que todavía falta un toco :)

¿Adelantos? Bueno, te puedo prometer que para el próximo capítulo la trama avanzará mucho en cuanto a espacio fisico, y veremos claramente como es que pasó el tiempo, mientras el trío busca desesperadamente los horrocruxes, ansioso de terminar con la guerra de una vez por todas. Así que, así es, eso siginifica ¡nueva aventura! Y... ¿qué es eso que veo a lo lejos? ¿Una montaña, un río y un sol deslumbrante? ¿Alguien gritando? Espera, espera... Ese que se cayó al agua... ¿No es Ron, verdad? Aguarda un momento. ¿Es Harry? Ah, yo no sé, pero tú lo sabrás el próximo 30 de diciembre :D

ajajajajaja. Bueno, nada más, creo... ¡Ah, si, como olvidarlo! ¿Disfrutaron la pelicula de Harry Potter, parte uno? Espero que sí, y que al menos hayan derramado una misera lágrima en la parte del final... Oh, pobre Dobby. Jajajaja, bueno, por las dudas no spoileo :) De todas formas, ir al pre-estreno... Inolvidables momentos, ¿no qué si, Car? JAJAJAA.

Bueno, nada más. Recuerda, antes de irte a hacer cualquier otra cosa, dale un super click a "comentar este capítulo", y cuentame que te pareció, y todo eso que quieras decirme/preguntarme/contarme.

¡Abrazos a todos! Nos leemos pronto

Cam


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