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Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26 Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20 [ Más información ] Tweet
La noticia de El Profeta
CAPÍTULO 31 La Noticia de El Profeta "Tengo
miedo. La tarde es gris y la tristeza "Tengo Miedo" de Pablo Neruda.
Harry tenía los ojos muy abiertos. La luna amarillenta, que brillaba en el oscuro cielo, se reflejaba en sus grandes y brillantes ojos verdes. Sentía nauseas, y tenía la sensación de que a cada paso que daba, todo su alrededor comenzaba a girar. Se tambaleaba con pasos inseguros y torpes sobre la hierba, mientras un sudor frio le empapaba el rostro. No supo cómo llegó a la carpa, ni como escaló la colina en la que se hallaba, pisando la hierba reseca, ni como entró. Ron y Hermione se besaban apasionadamente cuando su pálido rostro se asomó por la entrada de la carpa. Ron estaba debajo de Hermione, y estaban tan apretados, que no se sabía donde empezaba un cuerpo y acababa el otro. Ambos se apartaron con brusquedad cuando lo vieron, y sus rostros, de un rojo intenso, palidecieron al ver la cara de su amigo. Hermione se puso de pie, y miró con cautela a Ron y luego a su amigo, antes de preguntar con voz nerviosa: —Harry ¿Qué pasó? —¿Estás bien?—Ron la secundó, mientras su mano inconscientemente volaba al bolsillo donde se encontraba su varita mágica, preparado para enfrentar lo que sea que había atacado a su amigo. Harry no contestó. Se sentó en una butaca aterciopelada, sin mudar de expresión y sin mirarlos. —Harry—Hermione se arrodilló a su lado mirándolo con preocupación. Ron miró alrededor reticente, pero luego de asegurarse que no había ningún peligro físico existente, guardo otra vez la varita y se arrodillo al lado de su novia. Y los dos estaban demasiados pendientes intentando averiguar qué era lo que le había pasado a su amigo, como para advertir que el periódico que Harry llevaba entre sus mano estallaba en llamas, que poco a poco comenzaron a devorar el ceniciento papel. Ambos se apartaron, instintivamente, con brusquedad, pero el paródico siguió quemándose en las manos de Harry, quien lo miraba fijamente y sin parpadear, sin inmutarse siquiera ante la quemazón. —¡Harry!—Gritó Hermione aterrada, mirando con horror como las llamas lamian las manos de su mejor amigo. —¡Aguamenti!—bramó Ron, apuntando a las manos de su amigo con la varita. El chorro de agua apagó el fuego en cuestión de segundos. Ron, asustado ante la falta de reacción de Harry, se acercó y le quitó el carbonizado periódico de las manos con rapidez. Tomó las manos enrojecidas de Harry entre las suyas. —Tráeme la esencia de díctamo—le pidió a Hermione con un hilo de voz. Hermione se levantó torpemente, y se lanzó tambaleante sobre el bolsito de cuentas, que reposaba en una de las butacas. Tardó un par de minutos en encontrar la pequeña botellita. Se volvió a acercar a Harry, con el rostro pálido y los ojos brillantes, y dejó caer en las manos de su amigo un par de gotitas. Harry se estremeció visiblemente cuando una capa de piel nueva cubrió la quemadura, y un débil gemido escapó de sus labios. —¿Harry?—Hermione volvió a arrodillarse a su lado. Lo miró directo a los ojos, pero él no le devolvió la mirada. Harry tenía la mirada ausente, y el color verde vivo de sus ojos parecía haberse tornado de una oliva líquido. —Es mi culpa—su voz fue menos que un murmullo roto cuando habló. Sus ojos se alzaron de repente, para tropezarse con los de Hermione—. Es mi culpa-gimió otra vez. —¿Qué? —¿De qué hablas, Harry? —Es mi culpa—volvió a decir, apretando fuertemente los ojos como si quisiera despertar de una pesadilla. Los temblores se incrementaron. —Harry… —¿Qué… que dice el diario, Ron? —¿De qué diario…? ¡Ah! Ron se inclinó rápidamente y tomó el chamuscado periódico entre dedos temblorosos. Juntos, Ron y Hermione, se sumergieron en su lectura. SIN RASTROS Ayer por la tarde, personal del ministerio irrumpió en una casa en un suburbio muggle, en busca de información sobre el paradero del Indeseable Nº1. Fuentes de cercanas y de comprobada veracidad, habían rumoreado que era allí donde residían clandestinamente, los familiares más cercanos del Indeseable Nº1. El impecable personal del ministerio, irrumpió en el lugar a las 17:35pm del día de ayer. Pero al llegar, se encontraron con barreras, mágicas e ilegales, que imposibilitaban el paso. Lamentablemente, estos pacíficos moradores de la paz, se vieron obligados a recurrir a todo el equipo especializado para ingresar. Desgraciadamente, los inquilinos no se mostraron tan pacíficos como el excelente personal del ministerio, y se vio la urgente necesidad de reducirlos. Pese a eso, las cinco personas que se encontraba en casa (tres de ellas, muggles), no parecieron dispuestos a cooperar, y el ministerio se vio obligado a recurrir a los infalibles guardias de Azkaban, que lograron reducirlos. Se trasladó a Dedauls Diggle, Hestia Jones, Vernon Dursley, Petunia Evans de Dursley, y al menor, Dudley Dursley, al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Es allí donde dos de la mujer y el menor muggle permanecen en cuidados intensivos, para ser trasladados luego al Ministerio de Magia, donde serán interrogados para conocer el paradero del indeseable Nº1, y probablemente enviados a Azkaban por ilícitas formas de ocultación clandestina y encubrimiento premeditado. Harry Potter, mejor conocido como el Indeseable Nº1, buscado desde Junio del año pasado, para ser interrogado acerca de la muerte del reconocido director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Albus Dumbledore. Recordemos que Potter… (Sigue columna 3, pág. 2) A continuación, había una gran foto de Harry, y debajo de ella la leyendo "Indeseable Nº1" y otra más pequeña, que mostraba una casa en ruinas. Ron y Hermione levantaron la cabeza al mismo tiempo y se miraron. Inesperadamente, Hermione rodeó con sus brazos a Harry con fuerza, como queriendo amortiguar con su cuerpo el dolor de su amigo, y ocultando en su hombro sus lagrimas. Harry no le devolvió el abrazo, pero Hermione sentía como su cuerpo temblaba bajo el suyo. Se separó de él y lo miro con los ojos llenos de lágrimas. Harry temblaba de forma incontrolable, no era capaz de controlarse. Hermione se mordió el labio y le pasó una mano por la mejilla, acariciándolo con suavidad. Harry se estremeció visiblemente. Hermione se puso de pie, cogió una manta y se la echó por encima de los hombros. Harry, lejos de calmarse, se convulsionó con más fuerza. —Está helado—susurró ella, mirándolo angustiada. —Harry—llamó Ron, con voz suave—. Escucha, se que lo que leíste es terrible, pero…—respiró hondo—, no creo que debas confiar al pie de la letra todo lo que dice en el Profeta… recuerda que está controlado por el innombrable para discernir sobre mentiras… Se interrumpió, porque Harry había alzado la cabeza con expresión aterrada. —Quieres decir q-que...—Preguntó en un frágil susurro y su piel palideció aun mas, hasta quedar en un blanco enfermizo. Parecía apunto de desvanecerse. —¡No!—se apresuró a contestar Ron—. No creo que sea… hum, peor de lo que aquí dice. Lo que quiero decir, es que probablemente este… ligeramente distorsionado. Harry volvió a bajar la cabeza y se aferró a la manta que le había dado Hermione. Las manos le dolían horrores, pero estaba desesperado por controlar el temblor de su cuerpo. —Tal vez…—la voz de Hermione sonó tomada, y ella carraspeó antes de continuar—: tal vez podamos comunicarnos con los de la Orden, o ir a San Mungo camuflados… —No—la voz de Harry la interrumpió con firmeza. Sus amigos lo miraron sorprendidos, y él bajó la cabeza con tristeza—. No puedo—musitó en un susurró ahogado—. No puedo mirar a mi tío sabiéndome causante de que su mujer y su hijo se estén mu…muriendo—se le ahogó la voz. Hermione lo volvió a rodear con sus brazos, mientras suaves lágrimas resbalaban por sus mejillas. —Entonces avisarnos a la Orden, porque debemos evitar que los envíen a Azkaban… no te preocupes, Harry, no va a pasarles nada…—lo consoló Hermione, sin soltarlo aun. Harry cerró los ojos con fuerza y las lágrimas se desprendieron sin remedio de sus ojos. —Es mi culpa…—volvió a lamentarse. —No, Harry—intervino Ron, mirándolo con gravedad—. De ninguna manera, tú no tienes la culpa de esto ni mucho menos de esta guerra. El único culpable aquí es… Vold…—respiró hondo—, Voldemort. Harry no dijo nada, pero las lágrimas seguían cayendo de sus ojos y resbalando por sus mejillas y su cuerpo se seguía agitando en espasmódicos temblores. —Iré a mandarles un patronus a los de la Orden—anunció Ron, y Salió de la carpa, dejando tras sí a un tembloroso Harry y a una Hermione que intentaba calmarlo. Al día siguiente, el cielo amaneció gris. Gruesos copos de nieve se formaban en las alturas, y caían con lentitud, adornando el paisaje con un color blanco y puro. Habían regresado a Inglaterra en la madrugada y al llegar los había sorprendido aquel frio helador. A su favor, no había nadie en las calles y los edificios comerciales se hallaban cerrados por la alerta meteorológica, por lo que no les costó conseguir comida. Habían instalado la carpa en la cima de un cerro, en un claro protegido con los árboles de la nieve. Aun así, se habían visto obligados a protegerse con encantamientos impasibilitadores, porque el viento rugía con tanta fuerza que amenazaba con volar la carpa. Harry se había dormido apenas habían llegado y no despertó hasta muy entrado el día. Los rayos de sol que lograban hacerse paso por entre los restos de nieve que aun permanecían en las copas de los arboles, se filtraron en la carpa cuando Ron abrió el cierre para entrar. Acto reflejo, Harry se tapó la cabeza con las mantas para protegerse de la luz amarillenta que le dio de lleno en el rostro y el ruido de los pájaros que bullían afuera. —Hola Harry—saludó Ron al verlo despierto—. ¿Te desperté? —Mmmsi—asintió Harry somnoliento. Se restregó los ojos con ambas manos; los notaba hinchados y le ardían al cerrarlos—. ¿Qué…hora es?—preguntó reprimiendo un bostezo. —Las tres y media—contestó Ron encogiéndose de hombros—. Te quisimos despertar para el almuerzo, pero dormías muy profundamente. —Vaya—suspiró él, mientras Ron se sentaba en una butaca en frente a la cama de Harry y él tanteaba a su lado buscando las gafas. Una vez que se las puso, se incorporó hasta quedar sentado y miró a Ron, debatiéndose entre preguntar o no—. Este… ¿Has hablado con los de la Orden? —Ajá—Ron sonrió, pero a Harry se le ensombreció el rostro. —¿Y bien? —¿Qué? —¿Cómo qué? ¿¡Los sacaron de allí o qué?! —¡Ah! Si, si—Ron observó a Harry recostarse entre las almohadas, aliviado, antes de continuar—Los estaban trasladando a un lugar seguro esta mañana. Tu tía y tu primo se llevaron la peor parte, pero me dijeron que se recuperaran. Más que nada, están asustados. —Genial—musitó Harry, con la voz ligeramente temblorosa. Cerró los ojos y ahogó un profundo suspiro. Se tapó la cara con las manos. —Hey, Harry, sé lo que estas pensando hermano—lo atajó Ron—, pero no es así, tú no tienes la culpa de esto. —Mis tíos tampoco—susurró Harry, mirando con fijeza la almohada—. Y sin embargo son ellos los que están en un hospital y no Voldemort. —Harry—Ron lo llamó con gravedad, haciendo un gran esfuerzo por que su voz sonara firme—. ¿Recuerdas para qué estamos aquí o es que ya lo has olvidado? Estamos intentando que Vold… el Innombrable pague por todas las atrocidades que hizo. Vamos a lógralo, Harry. Pero no te nos puedes venir abajo, no justo ahora, amigo. Necesitamos estar los tres juntos para lograr esto. Le siguió un profundo silencio, y a Harry se le encogió dolorosamente el corazón. Una pregunta le estaba quemando los labios, y respiró hondo antes de soltarla de sopetón. —¿Hablaste con Gi…—vaciló una milésima de segundo antes de corregirse—…con tus padres? ¿Cómo están? —Oh, muy bien—Ron puso los ojos en blanco y frunció ligeramente el ceño— Mi madre no evitó la oportunidad de poner el grito en el cielo diciendo que debíamos regresar y qué sé yo… —¿Y…?—el rubor cubrió su pálida piel y carraspeó—¿Y Ginny?— Ya no recordaba cual había sido la última vez que la había llamado por su nombre en voz alta, pero la palabra le dio una suave y placentera sensación de cosquilleo en los labios. —Mi hermana está bien, se encargó de controlar a mi madre… ya sabes, solo ella logra que entre en razón. Se puso a gritar cosas como que ya somos mayores de edad, y que estamos tan seguros lejos como en casa y que sé yo… Cuando me fui seguían discutiendo—Ron soltó una suave risotada. Harry también rió, pero no pudo evitar olvidar aquella horrible sensación de vacío que le surgió en el pecho, cuando por primera vez en semanas, daba rienda suelta a la preciosa imagen de su pelirroja. Desde que le había escrito la última carta, había evitado pensar en ella cuidadosamente, apartando aquella sensación de miseria que nacía en su interior cuando pensaba en ella. Y ahora su recuerdo se alzaba contra él, sin que Harry pudiera mover un dedo para defenderse. Y es que la verdad, extrañaba Ginny como nunca pensó extrañar a nadie en su vida. Su subconsciente lo llevaba a caer siempre en ese mismo juego enredoso, donde el corría por aquel oscuro pasillo. En las últimas semanas, el sueño había variado sutilmente. Porque detrás del pasillo, siempre lo estaba aguardando Ginny, pero él nunca podía llegar hasta ella. El ruido que Hermione hizo al entrar a la carpa, lo apartó de sus pensamientos. Harry sacudió la cabeza, algo aturdido. —¡Hola Harry!—Sonrió Hermione, aprontando los dientes. Tenía las mejillas coloradas y restos de nieve en el cabello castaño. Se sentó en la cama de Harry, al lado de este, y tomó las sabanas que se arrugaban a los pies de la cama. Se cubrió completamente, y se estremeció de frio. —¿Qué?—preguntó con cara de inocencia mirando a Ron, que la observaba con una ceja arqueada—. Tengo frio. Harry rió, y le pasó un brazo por encima de los hombros de su amiga. Ella apoyó su cabeza contra su hombro, y volvió a estremecerse de frío. Eh… ¿Hola? ¿Hay alguien vivo del otro lado? ¿Algún sobreviviente? ¡Ah, hola! Si, lo sé… si… ya sé… si, me tardé muchísimo… es imperdonable, ajá… Hum, de acuerdo… ¿Capítulo en una semana? ¿¡Enloqueciste, musa desquiciada!? ¿Es que quieres hundirme? ¿Cómo que me lo merezco? No, de ninguna maner… ¡Qué no! Si, antes de un mes si. YA SÉ QUE DIJE LO MISMO LA ÚLTIMA VEZ, pero… ¡BUENO MUJER! El día… déjame ver… ¿Sábado 30 te viene bien? ¿Cómo que no? ¿Antes? No, discúlpame, en estos términos yo no trabajo… Qué no… de ninguna manera… El sábado 30 o no hay trato. Ajam… si, lo prometo largo… y con mucha acción… SI y una escena Harry/Ginny… Musa pretenciosa… No, nada querida, decía que si, que vas a tener tu escenita romántica… ajá ¿Entonces SI está bien? Genial, sábado 30 de octubre será entonces la próxima actualización. Si, si… espera, no cortes el teléfono. Después de leer los comentarios, dale clic a "Comentar capítulo" y dime que te pareció. Adelantos capítulo 32 "Sueños". - -"Levantó un poco la cabeza, parpadeando e intentando seguir consiente. Porque si perdía el conocimiento allí, en la nada y en la nieve, entonces no viviría para contarlo…" - -"Se ahogaba. Abrió la boca y boqueó furiosamente, intentando conseguir algo de aire." - -¡Harry! ¡HARRY! - -Me preocupan tus pesadillas, Harry. Cada vez… cada vez son peores. - —Soñé con Ginny...
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