Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26
Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20 [ Más información ]
Clasificación: Apto para mayores de 15 años Categorías: 7º Año
Géneros: Aventura, Amor
1816 palabras en este capítulo
—Avada Kedavra. — susurró Voldemort torciendo una deforme sonrisa,
apuntando directamente, al corazón del chico.
Entonces todo ocurrió muy rápido. Harry, preparado para el impacto de la maldición
asesina, había cerrado los ojos, cuando sintió que alguien lo empujaba con
fuerza.
Escuchó el grito de furia del Señor Oscuro taladrarle los oídos, y,
sorprendido, abrió los ojos, para encontrarse el rostro de Ron a escasos
centímetros del suyo
Harry vio, demasiado aturdido como para reaccionar, como su amigo suspiraba de
alivio al verlo sano y salvo.
— ¿Eres estúpido o qué?—masculló Ron apretando los dientes, al tiempo que le entregaba,
con manos temblorosas, la varita de endrino— ¿Por qué demonios no nos avisaste?
Harry negó con la cabeza intentando sacudir su aturdimiento y dirigió la mirada
hacia Voldemort, solo para abrir aún más sus ojos verde esmeralda.
El Innombrable se encontraba en el centro del gran patio. Pero no estaba
solo.
Absolutamente toda la Orden Del Fénix se había aparecido en aquel
sombrío lugar, luchando y dando lo mejor de sí contra los Mortifagos. Los
hechizos surcaban el aire, las luces de colores se disparaban a diestra y siniestra.
Harry también pudo divisar a los Weasley, que se veían como manchones
pelirrojos a través de la virulenta lucha. Sintió una clara sensación de alivio
al ver que Ginny no se encontraba allí. Y,
aunque no la veía, sospechaba que también faltaba la Señora Weasley.
Sin perder más tiempo, Harry se levantó del suelo de un salto y, blandiendo la
varita como un desaforado, comenzó a lanzar hechizos y maldiciones a los Mortifagos
que se le aparecieran a su alrededor, luchando por rodearlo. .
Hermione, cuya enrulada melena castaña se agitaba a la par de sus movimientos,
y Tonks, luchaban contra Narcisa Malfoy, que las observaba con el rostro
desencajado, defendiéndose como podía de la potencia de los hechizos de las dos
brujas.
Lupin y Fred, luchaban violentamente contra Greyback, que lanzaba hechizos
con una torcida sonrisa en su deforme cara. El Señor Weasley y George, luchaban
a dúo contra Peter, lanzando maldición tras maldición. Colagusano apenas si
podía esquivar los hechizos, gimiendo patéticamente.
Ron luchaba impecablemente contra Alecto Carrow, mientras Harry, a escasos
metros de su mejor amigo, intentaba repeler los hechizos de Severus Snape.
Snape, que no daba tregua entre hechizo y hechizo, no parecía estar
disfrutando al ver luchar a Potter con toda su fuerza de desenvoltura de la que
era capaz. No luchaba con maldiciones imperdonables como Harry esperaba que lo
hiciera, (al menos no veía ningún avada surcar el aire) pero la potencia de sus
hechizos mantenían a su contrincante entretenido.
— ¡Depulso!—bramó Harry y Snape se
vio obligado a conjurar un poderoso protego
con una sacudida enérgica del brazo.
— ¡Crucio!— exclamó Snape, blandiendo
la varita como un látigo. Harry se tiró al suelo para poder evitar el hechizo,
y sintió la maldición chamuscarle parte del cabello.
Justo detrás del lugar donde Harry luchaba contra Snape, se encontraba Ron,
luchando con destreza contra Carrow.
El odio que destilaban los ojos de Ron, era palpable incluso a la distancia.
Cada hechizo lo lanzaba con una ira en la voz, que Alecto había dejado de lucir
su estúpida sonrisa y ahora arrugaba el ceño profundamente.
Después de todo, esos despreciables magos, habían atentado contra la vida de
muchísimas personas, y no solo eso, sino que ahora habían secuestrado a su
hermana pequeña. ¿Estaba mal matarlo? Él lo mataría si podría… Un arrebato de
inexplicable culpa lo invadió por completo; en parte, era su culpa. Él no le
había creído a Harry, cuando este les confió a Hermione y a el que Voldemort tenía
a Ginny…
— ¡Avada Kedavra! —gritó Alecto, tomando al pelirrojo desprevenido. Ron se lanzó a un lado para esquivar el
hechizo. La furia lo invadió por completo, y no lo pensó dos veces.
—¡¡Avada Kedavra!! — el rugido brotó de los labios de Ron, que aún yacía
en el suelo, desde la posición en la que había caído. La maldición de Ron le
dio a Carrow directamente en el rostro y él brujo se desplomó sin vida en el
suelo, con una última mueca de terror grabada en el rostro.
— ¡NO!—se oyó el aullido de Voldemort quebrar la atmosfera. Con un solo
movimiento de la varita, sus dos contrincantes salieron despedidos por los
aires. Estaba furioso, fuera de sí.
No iba a permitir que ese despreciable traidor a la sangre, matara a uno de sus
Mortifagos. Con la destreza por la cual se caracterizaba, convocó con la varita
magica la espada que se le había caído a Potter, y murmuró unas palabras que cortaron
en seco el ambiente.
Al instante de haberlas pronunciado la multitud de combatientes, buenos y
malos, se apartaron, dejando un estrecho pasillo entre él y Ron. Los
combatientes no se inmutaron, ni siquiera, cuando Voldemort lanzó la espada de
Godric Gryffindor en dirección recta, directa, inequívoca, hacia Ron.
Nadie se había dado cuenta, nadie se había siquiera inmutado. Ni siquiera Ron,
que se había puesto de pie y lanzaba hechizos una vez más. Nadie se había dado
cuenta, a excepción de Harry. Al muchacho se le borró de la mente toda clase de
sentimiento o pensamiento. La mente le quedo en blanco. No. Eso no. No iba a
permitir que Ron muriera por su culpa. No mientras pudiera evitarlo.
No lo pensó dos veces más.
Harry corrió tan rápido como pudo, sintiendo las piernas de plomo, hacia
donde se encontraba Ron, hacían donde se dirigía, volando a un velocidad
vertiginosa, la espada de Gryffindor, lista para asestar en su blanco.
Reuniendo fuerzas de algún lado, Harry se lanzó hacia Ron y lo empujó todas sus
fuerzas…
...la espada lo atravesó justo entre las dos costillas.
No sintió el suelo cuando volvió a caer. Ni siquiera estaba seguro de haber caído.
El dolor agudo que sacudió violentamente su cuerpo se sucedió casi de inmediato,
pero a la vez estaba todavía tan
impresionado, tan aturdido, que sus sentidos no reaccionaron siquiera.
Una espesa nube blanca se fue apoderando de su cabeza, a una velocidad alarmante.
Ya nada importaba. No sabía dónde se encontraba, ni recordaba que hacia allí.
No entendía por qué sentía un inexplicable dolor recorriéndole el cuerpo, ni
porque tenía una espada clavada en el abdomen. Ni por qué sus piernas cedieron
inmediatamente ante el peso de su cuerpo.
Sintió su cuerpo desplomarse moribundo en el suelo, mientras su respiración se
entrecortaba, y se volvía rasposa e irregular.
Un grito sordo, angustiado, le llegó bruscamente a los oídos. Y sin embargo
retumbó tan lejano, que pareció hasta irreal.
Ron lo atrapó entre sus brazos antes de que terminara de desplomarse en el
suelo y, sin miramientos, y de un tirón le arranco la espada. Lo recostó con cuidado
en el frio suelo de piedra y mármol. El pelirrojo negó lentamente con la cabeza,
con el horror impreso en su mirada. Confuso y sin ser plenamente consciente de
lo que estaba ocurriendo, Harry vio llegar a una figura borrosa que se inclinó
a su lado.
Parpadeó varias veces, esforzándose por mantener su respiración contante y su
mente consiente. Al fin distinguió la nublada silueta del Señor Weasley que le
susurró algo a Ron que se encontraba arrodilladlo a su lado, sin quitarle de
encima la mirada a su amigo.
—Ron, llévalo inmediatamente a casa de Muriel. Espérame a ahí— musitó en un
susurro casi inaudible. O eso le pareció a Harry.
Antes de darse cuenta lo que estaba pasando, antes de poder decidir si cerrar
los ojos y sumergirse en la inconsciencia, Harry sintió un tirón en el ombligo
y una sensación de opresión en el pecho que no lo abandonó ni siquiera
cuando volvió a sentir su cuerpo apoyarse en la tierra.
La tos surgió desde su pecho, haciendo inextricable esfuerzos por conseguir
aire, y le raspo la garganta dolorosamente.
—No...Por favor, Harry, por favor...—el balbuceo de Ron apenas era audible. —...no
te mueras...No me dejes, no así...por favor, Harry...
Ron comenzó a sollozar, pero Harry lo escuchaba como si estuviera muy lejos y
no tuvo las fuerzas suficientes como para intentar consolarlo. Al bajar la
vista y ver que su pecho sangraba copiosamente, se le nubló la vista. La niebla
blanca se apoderaba de su visión rápidamente.
—R-ron...—masculló con voz ahogada y haciendo un esfuerzo inconcebible por
seguir respirando.
—Estoy aquí, Harry...estoy aquí...—aseguró Ron con voz temblorosa, sujetándole
la mano con fuerza—. Aguanta...ya, ya vienen a ayudarnos...Resiste un poco más.
Todo estará bien, solo aguanta...
—R-ron...—volvió a repetir Harry intentado aclararse la voz, pestañando
copiosamente. Tenía que asegurarse...tenía que saber que no le hubiera pasado
nada malo...—, G-Ginny...Ginny...
—Ella está bien, Harry—se apresuró a contestar Ron, apretándole fuertemente la
mano—. No le han hecho daño, no te preocupes por eso ahora.
Harry asintió con la cabeza y cerró los ojos momentáneamente, luchando por
respirar. Vaya, ahora sí que sentía el dolor.
—Tengo...mie…miedo—confesó mientras sentía como las lágrimas se le escurrían de
los ojos inconscientemente.
—No pasara nada, Harry. Debes ser fuerte, t-todo estará bien— afirmó Ron con
voz temblorosa.
—Es que… es que duele… duele mucho… yo no sé… no sé si… si podré…— los
balbuceos de Harry se fueron apagando, y las lagrimas resbalaron con más furia
que antes por las mejillas del muchacho.
—Lo sé, hermano, lo sé… ya pasará, ya pasará— susurró Ron, pestañando para
retener sus propias las lágrimas. Pero al ver que Harry abría la boca para
hablar, añadió—. No hables ahora. Todo estará bien, pero debes conservar tus
fuerzas.
El dolor se fue alzando frente a él, preparado para enfrentar batalla.
La agonía en la que se estaba sumiendo su cuerpo era tan increíble, que creyó
que enloquecería allí mismo. Sentía como si lo estuvieran desgarrando por
dentro, arrancando trozo a trozo su piel. Sentía como si lo estuvieran quemando
por dentro.
Un grito de dolor quiso escapar de sus labios, pero afloró ahogado en sangre
tibia. No podía respirar... Todo se desvanecía en un rio de colores
apagados...
En ese momento oyó un suave chasquido
y vio como el señor Weasley aparecía a su lado.
Sin mediar palabra, alzó a Harry entre brazos y comenzó a correr hacia una
gran casa que Harry no había visto antes. Al llegar lo acostó sin miramientos
en un sillón de terciopelo.
— ¡Molly! ¡Molly, rápido! Llama a los Sanadores de la orden...—gritó el Señor
Weasley a su mujer. La señora Weasley soltó un grito de espanto.
— ¡Por Merlín, Arthur!—chilló la señora Weasley saliendo rápidamente de la
habitación para llamar a los medimagos.
Harry, que se estaba sumiendo cada vez un poco más en aquella espantosa
oscuridad, sintió que alguien se inclinaba sobre él y, con ojos entrecerrados,
vio el rostro de Ginny a escasos centímetros del suyo, mirándolo con una
clara mueca de horror.
Harry intentó sonreír, pero su sonrisa se vio transformada en una mueca de
pura agonía. Alzó una mano temblorosa y manchada con sangre, y acarició suavemente
el rostro de la mujer con la que había soñado por meses.
La oscuridad se teñía de luz blanca y el rostro de Ginny se alejaba en un túnel
de niebla. Sus parpados deslizaron suavemente sobre sus ojos, y de lo único de
lo que fue consiente fue del tacto de las manos de Ginny sobre su rostro, y el débil
hálito de su voz implorándole que no la dejara, diciendo que lo amaba y que
siempre lo amaría.
Entonces, la niebla blanca se terminó de apoderar de su cuerpo, envolviéndolo,
entumeciendo sus sentidos y llevándose, por algunos segundos eternos, el dolor
y la agonía.
Wiii, suspenso, suspenso, SUSPENSO :)
Me haría súper feliz que dejen sus comentarios, que me cuenten que les
parece… ¡Gracias a los que ya lo hicieron! Sus review significan mucho para mí
:)