Historia al azar: RON & HERMIONE LOVE
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Lo daría todo por ti » Con un poco de ayuda
Historia terminada Lo daría todo por ti (R15)
Por adictaapotter
Escrita el Jueves 12 de Febrero de 2009, 09:26
Actualizada el Sábado 5 de Noviembre de 2011, 02:20
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Con un poco de ayuda

Capítulos
  1. Lo siento.
  2. ¿El último amanecer?
  3. Con un poco de ayuda
  4. Algo por lo que luchar.
  5. En problemas.
  6. Me lo prometiste.
  7. El despertar.
  8. Volver a empezar.
  9. Un beso , un sueño y un evento desafortunado.
  10. Revelaciones.
  11. El sonido de tu ausencia.
  12. El recuerdo.
  13. El hechizo
  14. Al estilo de Bellatrix Lestrange.
  15. De vuelta a casa.
  16. ¿Pero qué ha hecho?
  17. Promételo
  18. La noche, la luna y un lago, como testigos
  19. Solo queda decir adiós.
  20. Querida Pequitas
  21. Sabor a traición
  22. Horrocruxes.
  23. Causas y Consecuencias
  24. Ansias de soledad.
  25. Entre espadas y carcajadas
  26. Pesadilla
  27. El viaje
  28. Pendiendo de un hilo
  29. Entre hermanos.
  30. Cartas, guerras y diarios
  31. La noticia de El Profeta
  32. Sueños
  33. Un ángel durmiente
  34. La recta final
  35. Una amenaza silenciosa
  36. Una excursión a Gringots
  37. Invadiendo mentes
  38. Planes de batalla
  39. Hogwarts
  40. La luz dorada
  41. Heroes
  42. Epílogo

Con un poco de ayuda

 

Avada Kedavra. — susurró Voldemort torciendo una deforme sonrisa, apuntando directamente, al corazón del chico.

Entonces todo ocurrió muy rápido. Harry, preparado para el impacto de la maldición asesina, había cerrado los ojos, cuando sintió que alguien lo empujaba con fuerza.

Escuchó el grito de furia del Señor Oscuro taladrarle los oídos, y, sorprendido, abrió los ojos, para encontrarse el rostro de Ron  a escasos centímetros del suyo

Harry vio, demasiado aturdido como para reaccionar, como su amigo suspiraba de alivio al verlo sano y salvo.

— ¿Eres estúpido o qué?—masculló Ron apretando los dientes, al tiempo que le entregaba, con manos temblorosas, la varita de endrino— ¿Por qué demonios no nos avisaste?

Harry negó con la cabeza intentando sacudir su aturdimiento y dirigió la mirada hacia Voldemort, solo para abrir aún más sus ojos verde esmeralda.

El Innombrable se encontraba en el centro del gran patio. Pero no estaba solo.

Absolutamente toda la Orden Del Fénix se había aparecido en aquel sombrío lugar, luchando y dando lo mejor de sí contra los Mortifagos. Los hechizos surcaban el aire, las luces de colores se disparaban a diestra y siniestra.

Harry también pudo divisar a los Weasley, que se veían como manchones pelirrojos a través de la virulenta lucha. Sintió una clara sensación de alivio al ver que  Ginny no se encontraba allí. Y, aunque no la veía, sospechaba que también faltaba la Señora Weasley.

Sin perder más tiempo, Harry se levantó del suelo de un salto y, blandiendo la varita como un desaforado, comenzó a lanzar hechizos y maldiciones a los Mortifagos que se le aparecieran a su alrededor, luchando por rodearlo. .

Hermione, cuya enrulada melena castaña se agitaba a la par de sus movimientos, y Tonks, luchaban contra Narcisa Malfoy, que las observaba con el rostro desencajado, defendiéndose como podía de la potencia de los hechizos de las dos brujas.

Lupin y Fred, luchaban violentamente contra Greyback, que lanzaba hechizos con una torcida sonrisa en su deforme cara. El Señor Weasley y George, luchaban a dúo contra Peter, lanzando maldición tras maldición. Colagusano apenas si podía esquivar los hechizos, gimiendo patéticamente.

Ron luchaba impecablemente contra Alecto Carrow, mientras Harry, a escasos metros de su mejor amigo, intentaba repeler los hechizos de Severus Snape.

Snape, que no daba tregua entre hechizo y hechizo, no parecía estar disfrutando al ver luchar a Potter con toda su fuerza de desenvoltura de la que era capaz. No luchaba con maldiciones imperdonables como Harry esperaba que lo hiciera, (al menos no veía ningún avada surcar el aire) pero la potencia de sus hechizos mantenían a su contrincante entretenido.

¡Depulso!—bramó Harry y Snape se vio obligado a conjurar un poderoso protego con una sacudida enérgica del brazo.

¡Crucio!— exclamó Snape, blandiendo la varita como un látigo. Harry se tiró al suelo para poder evitar el hechizo, y sintió la maldición chamuscarle parte del cabello.

Justo detrás del lugar donde Harry luchaba contra Snape, se encontraba Ron, luchando con destreza contra Carrow.

El odio que destilaban los ojos de Ron, era palpable incluso a la distancia. Cada hechizo lo lanzaba con una ira en la voz, que Alecto había dejado de lucir su estúpida sonrisa y ahora arrugaba el ceño profundamente.

Después de todo, esos despreciables magos, habían atentado contra la vida de muchísimas personas, y no solo eso, sino que ahora habían secuestrado a su hermana pequeña. ¿Estaba mal matarlo? Él lo mataría si podría… Un arrebato de inexplicable culpa lo invadió por completo; en parte, era su culpa. Él no le había creído a Harry, cuando este les confió a Hermione y a el que Voldemort tenía a Ginny…

— ¡Avada Kedavra! —gritó Alecto, tomando al pelirrojo desprevenido.  Ron se lanzó a un lado para esquivar el hechizo. La furia lo invadió por completo, y no lo pensó dos veces.

—¡¡Avada Kedavra!! — el rugido brotó de los labios de Ron, que aún yacía en el suelo, desde la posición en la que había caído. La maldición de Ron le dio a Carrow directamente en el rostro y él brujo se desplomó sin vida en el suelo, con una última mueca de terror grabada en el rostro.

— ¡NO!—se oyó el aullido de Voldemort quebrar la atmosfera. Con un solo movimiento de la varita, sus dos contrincantes salieron despedidos por los aires. Estaba furioso, fuera de sí.

No iba a permitir que ese despreciable traidor a la sangre, matara a uno de sus Mortifagos. Con la destreza por la cual se caracterizaba, convocó con la varita magica la espada que se le había caído a Potter, y murmuró unas palabras que cortaron en seco el ambiente.

Al instante de haberlas pronunciado la multitud de combatientes, buenos y malos, se apartaron, dejando un estrecho pasillo entre él y Ron. Los combatientes no se inmutaron, ni siquiera, cuando Voldemort lanzó la espada de Godric Gryffindor en dirección recta, directa, inequívoca, hacia Ron.

Nadie se había dado cuenta, nadie se había siquiera inmutado. Ni siquiera Ron, que se había puesto de pie y lanzaba hechizos una vez más. Nadie se había dado cuenta, a excepción de Harry. Al muchacho se le borró de la mente toda clase de sentimiento o pensamiento. La mente le quedo en blanco. No. Eso no. No iba a permitir que Ron muriera por su culpa. No mientras pudiera evitarlo.

No lo pensó dos veces más.

Harry corrió tan rápido como pudo, sintiendo las piernas de plomo, hacia donde se encontraba Ron, hacían donde se dirigía, volando a un velocidad vertiginosa, la espada de Gryffindor, lista para asestar en su blanco. Reuniendo fuerzas de algún lado, Harry se lanzó hacia Ron y lo empujó todas sus fuerzas…

...la espada lo atravesó justo entre las dos costillas.

No sintió el suelo cuando volvió a caer. Ni siquiera estaba seguro de haber caído. El dolor agudo que sacudió violentamente su cuerpo se sucedió casi de inmediato, pero  a la vez estaba todavía tan impresionado, tan aturdido, que sus sentidos no reaccionaron siquiera.

Una espesa nube blanca se fue apoderando de su cabeza, a una velocidad alarmante. Ya nada importaba. No sabía dónde se encontraba, ni recordaba que hacia allí. No entendía por qué sentía un inexplicable dolor recorriéndole el cuerpo, ni porque tenía una espada clavada en el abdomen. Ni por qué sus piernas cedieron inmediatamente ante el peso de su cuerpo.

Sintió su cuerpo desplomarse moribundo en el suelo, mientras su respiración se entrecortaba, y se volvía rasposa e irregular.

Un grito sordo, angustiado, le llegó bruscamente a los oídos. Y sin embargo retumbó tan lejano, que pareció hasta irreal.

Ron lo atrapó entre sus brazos antes de que terminara de desplomarse en el suelo y, sin miramientos, y de un tirón le arranco la espada. Lo recostó con cuidado en el frio suelo de piedra y mármol. El pelirrojo negó lentamente con la cabeza, con el horror impreso en su mirada. Confuso y sin ser plenamente consciente de lo que estaba ocurriendo, Harry vio llegar a una figura borrosa que se inclinó a su lado.

Parpadeó varias veces, esforzándose por mantener su respiración contante y su mente consiente. Al fin distinguió la nublada silueta del Señor Weasley que le susurró algo a Ron que se encontraba arrodilladlo a su lado, sin quitarle de encima la mirada a su amigo.

—Ron, llévalo inmediatamente a casa de Muriel. Espérame a ahí— musitó en un susurro casi inaudible. O eso le pareció a Harry.

Antes de darse cuenta lo que estaba pasando, antes de poder decidir si cerrar los ojos y sumergirse en la inconsciencia, Harry sintió un tirón en el ombligo y una sensación de opresión  en el pecho que no lo abandonó ni siquiera cuando volvió a sentir su cuerpo apoyarse en la tierra.

La tos surgió desde su pecho, haciendo inextricable esfuerzos por conseguir aire, y le raspo la garganta dolorosamente.

—No...Por favor, Harry, por favor...—el balbuceo de Ron apenas era audible. —...no te mueras...No me dejes, no así...por favor, Harry...

Ron comenzó a sollozar, pero Harry lo escuchaba como si estuviera muy lejos y no tuvo las fuerzas suficientes como para intentar consolarlo. Al bajar la vista y ver que su pecho sangraba copiosamente, se le nubló la vista. La niebla blanca se apoderaba de su visión rápidamente.

—R-ron...—masculló con voz ahogada y haciendo un esfuerzo inconcebible por seguir respirando.

—Estoy aquí, Harry...estoy aquí...—aseguró Ron con voz temblorosa, sujetándole la mano con fuerza—. Aguanta...ya, ya vienen a ayudarnos...Resiste un poco más. Todo estará bien, solo aguanta...

—R-ron...—volvió a repetir Harry intentado aclararse la voz, pestañando copiosamente. Tenía que asegurarse...tenía que saber que no le hubiera pasado nada malo...—, G-Ginny...Ginny...

—Ella está bien, Harry—se apresuró a contestar Ron, apretándole fuertemente la mano—. No le han hecho daño, no te preocupes por eso ahora.

Harry asintió con la cabeza y cerró los ojos momentáneamente, luchando por respirar. Vaya, ahora sí que sentía el dolor.

—Tengo...mie…miedo—confesó mientras sentía como las lágrimas se le escurrían de los ojos inconscientemente.

—No pasara nada, Harry. Debes ser fuerte, t-todo estará bien— afirmó Ron con voz temblorosa.

—Es que… es que duele… duele mucho… yo no sé… no sé si… si podré…— los balbuceos de Harry se fueron apagando, y las lagrimas resbalaron con más furia que antes por las mejillas del muchacho.

—Lo sé, hermano, lo sé… ya pasará, ya pasará— susurró Ron, pestañando para retener sus propias las lágrimas. Pero al ver que Harry abría la boca para hablar, añadió—. No hables ahora. Todo estará bien, pero debes conservar tus fuerzas.

El dolor  se fue alzando frente a él, preparado para enfrentar batalla. La agonía en la que se estaba sumiendo su cuerpo era tan increíble, que creyó que enloquecería allí mismo. Sentía como si lo estuvieran desgarrando por dentro, arrancando trozo a trozo su piel. Sentía como si lo estuvieran quemando por dentro.

Un grito de dolor quiso escapar de sus labios, pero afloró ahogado en sangre tibia. No podía respirar... Todo se desvanecía en un rio de colores apagados... 

 En ese momento oyó un suave chasquido y vio como el señor Weasley aparecía a su lado. 

Sin mediar palabra, alzó a Harry entre brazos y comenzó a correr hacia una gran casa que Harry no había visto antes. Al llegar lo acostó sin miramientos en un sillón de terciopelo.

— ¡Molly! ¡Molly, rápido! Llama a los Sanadores de la orden...—gritó el Señor Weasley a su mujer. La señora Weasley soltó un grito de espanto.

— ¡Por Merlín, Arthur!—chilló la señora Weasley saliendo rápidamente de la habitación para llamar a los medimagos.

Harry, que se estaba sumiendo cada vez un poco más en aquella espantosa oscuridad, sintió que alguien se inclinaba sobre él y, con ojos entrecerrados, vio el rostro de  Ginny a escasos centímetros del suyo, mirándolo con una clara mueca de horror. 

Harry intentó sonreír, pero su sonrisa se vio transformada en una mueca de pura agonía. Alzó una mano temblorosa y manchada con sangre, y acarició suavemente el rostro de la mujer con la que había soñado por meses.

La oscuridad se teñía de luz blanca y el rostro de Ginny se alejaba en un túnel de niebla. Sus parpados deslizaron suavemente sobre sus ojos, y de lo único de lo que fue consiente fue del tacto de las manos de Ginny sobre su rostro, y el débil hálito de su voz implorándole que no la dejara, diciendo que lo amaba y que siempre lo amaría.

Entonces, la niebla blanca se terminó de apoderar de su cuerpo, envolviéndolo, entumeciendo sus sentidos y llevándose, por algunos segundos eternos, el dolor y la agonía.

­­­­­


Wiii, suspenso, suspenso, SUSPENSO :)

Me haría súper feliz que dejen sus comentarios, que me cuenten que les parece… ¡Gracias a los que ya lo hicieron! Sus review significan mucho para mí :)

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

 


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