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Destined to Fall [Cap. 1]
(R15)
Por Belle Riddle
Escrita el Domingo 9 de Noviembre de 2008, 15:54 Actualizada el Domingo 16 de Noviembre de 2008, 12:09 [ Más información ]
Capítulo 1. Hogwarts, otra vez
Durmstrang. Quiero volver a Durmstrang.
Eso es lo que no dejaba de repetirme conforme más cerca estaba de la vistosa locomotora escarlata. Un miedo ridículo e injustificado se había apoderado de mí nada más pisar el andén, y lo único que se me ocurría hacer en esos momentos era soltar mi equipaje en medio de la marea de gente y salir corriendo. La gran mayoría de los alumnos estaban ya dentro de los vagones, y los padres, madres y demás familiares dirigían sus saludos y sonrisas hacia las ventanillas de estos. Algunos corrían a entregarles objetos olvidados, otros les repetían una y otra vez frases como "pórtate bien" o "sé bueno". Una estampa tierna donde las haya. Pero yo seguía angustiada. Notaba un nudo en el estómago, una presión en los pulmones, un malestar extraño que no hacía más que ponerme más nerviosa de lo que ya estaba. Caminaba apresuradamente en paralelo al tren, intentando decidir en qué vagón iba a entrar. Aquél era, técnicamente, mi quinto año en Hogwarts. Pero en realidad era el segundo. Tan sólo asistí el primero, y al acabarlo, mis padres me llevaron a hacer el segundo curso en Beauxbatons, por aquello de "convertirme en una chica con mundo". Francia era precioso, no diré que no, y más la parte mediterránea, con sus bonitas costas, pero… Digamos que un colegio tan remilgado no era el adecuado para mí. Tengo demasiado carácter, y no soy la típica chica que tan solo piensa en cómo peinarse y qué ponerse. Hice amigas, congenié con ellas y me adapté, sí, pero aquél ambiente edulcorado seguía sin convencerme. Pero tampoco tuve tiempo de pedirle a mis padres que me devolvieran a Hogwarts; justo una semana antes de terminar el segundo curso en Beauxbatons, me dieron la fabulosa noticia de que nos íbamos a vivir a Rusia, Moscú concretamente. Mi madre y su familia eran de allí, además yo había nacido en San Petersburgo, así que me alegré muchísimo de volver a mi hogar, además de alejarme de Beauxbatons. Así pues, al terminar mi segundo año, nos traslademos a Rusia. Y eso significó que mi nuevo colegio sería Durmstrang. Durmstrang… adoraba Durmstrang. Al igual que mis padres. Y creo que esa fue la razón principal de que nos mudáramos a Rusia… No querían que me mezclara con sangre-sucias, y en ese caso aquél colegio era perfecto. A mi verdaderamente eso me daba igual, lo que me importaba era la férrea educación que daban y… bueno, de acuerdo, algo de los ideales de mis padres sí que compartía, no mentiré. Todo aquello era muy bonito, todos éramos felices, pero ya se sabe, nada dura eternamente. De nuevo, al acabar mi cuarto curso, tuvimos que volver a Inglaterra. La II Guerra Mundial, que aunque ya hacía unos tres años que había comenzado, sembraba terror en Europa, y, aunque no salimos del continente, mis padres encontraron Gran Bretaña más segura que Rusia. Intenté negarme, y les pregunté si acaso éramos como los débiles muggles para salir huyendo. Tal osadía me costó un buen castigo, y obviamente, no conseguí convencerlos de que me dejaran en Durmstrang. Y ahí estaba de nuevo, tras tres años, entrando en el tren que me llevaría al que fue mi primer colegio, Hogwarts. Me sentía como un alumno de primer año, menos por el hecho de no tener la incertidumbre de saber en qué casa me tocaría. Me eligieron para Slytherin tiempo atrás, y eso no había cambiado. Era un gran alivio, una preocupación menos. Ya estaba dentro de vagón, y caminaba trabajosamente a lo largo del pasillo, tirando del equipaje. A esas alturas ya era tontería pensar en salir corriendo, a menos que quisiera pasar por una loca psicópata. Muchos alumnos me miraban, quizás porque les sonaba mi cara o porque creían que era demasiado mayor para estar en primero. En cualquier caso, opté por no tomar en cuenta toda la atención que se centraba en mí y seguí caminando, mientras miraba a un lado y al otro para comprobar que no me saltaba ningún compartimiento vacío. Y fue cuando encontré uno, casi al final, que respiré algo más tranquila. Dejé todo el equipaje en el estante de la pared, cerré la puerta y me dejé caer sobre el asiento, pegada a la ventana. Suspiré, mientras me llevaba las manos al pelo, un tic maníaco que repetía constantemente. El tren daba los últimos avisos para los alumnos rezagados, que corrían torpemente hacia las entradas de los vagones. Miré a mi alrededor, sin saber muy bien qué hacer. Estaba sola, no sabía tan siquiera si mis antiguos amigos se acordaban de mí y yo vagamente me acordaba de ellos. Todo eso no es que ayudara precisamente a mi frágil estado anímico. Al momento, comencé a oír un par de voces, hablaban entre ellas, y se acercaban al compartimiento. Eran dos chicas, y parecían indignadas. - ... increíble! ¿Se puede saber de qué pretende? Patética. - decía una de ellas. Tenía una voz fina y melodiosa, bañada por el tono de burla que estaba empleando. - Déjalo, Grace - le aconsejaba la segunda voz, esta parecía más madura - ¿Qué más dará lo que haga esa cría? Está en segundo aún, y encima, es una Gryffindor. No le hagas caso. - Vergüenza me daría ser ella - concluyó, mientras dejaba ir una risita - Eh, este creo que está vacío. La puerta del compartimiento se abrió a medias, lo justo para que una de las chicas pasara para comprobar su interior. Era una chica menuda, delgada y pálida. Su cara era afilada, delgada. Lo que más llamaba la atención llamativos y brillantes ojos grises, de aspecto felino. Tenía una mirada muy expresiva y provocativa, unos labios rosados y finos, la nariz era pequeña y fina. Llevaba el pelo rubio corto, un poco más por encima de los hombros, con un corte bastante moderno. Era muy guapa, así que lo más seguro es que tuviera locos a la mitad de los chicos del colegio. - Oh, vaya. - murmuró, poniendo los ojos en blanco. Se volvió a girar hacia su amiga y prosiguió - Nada, no está vacío, sigamos. Apenas me dio tiempo ni de abrir la boca para decirles que no me importaba, que podían pasar. Parpadeé perpleja, y se fue. Volvió a cerrar la puerta y oí como los pasos de las chicas se alejaban. De repente se detuvieron y volvieron hacia atrás. El compartimiento volvió a abrirse, y por la puerta apareció de nuevo la chica de antes. - Perdona. - estaba frente la puerta, con los brazos cruzados. Me miraba con una ceja arqueada, con desconfianza. Señaló el escudo de Slytherin que lucía mi túnica. - ¿Cómo es que no te hemos visto antes? - inquirió, sorprendida. - Ehh. Quizás porque éste es mi segundo año y… - intenté empezar mi larga explicación. - ¿Segundo año? ¿Nos tomas el pelo? - negó con la cabeza - No puede ser - habló a su compañera, que ahora se apoyaba en la entrada del compartimiento. - ¿A ti te suena, Athena? - Si me permites que te explique… - volví a intentar presentarme, sin éxito de nuevo. - Si que me suena, Grace - contestó la chica, Athena, sin dejar de mirarme. Parecía concentrada. Me sonrió - ¿Neysa, verdad? ¿Neysa Rowle? Le devolví la sonrisa, y de pronto recordé quienes eran aquellas dos Slytherin: Grace Delancy y Athena Morgan, mis mejores amigas cuando estuve en primero. Empezaban el mismo curso que yo, quinto. Al parecer, Athena me había reconocido al momento. Siempre había sido una chica despierta y observadora, prestaba atención todo. Athena era un poco más alta que Grace y yo. Igual que esta, tenía unos ojos muy llamativos, azules. Tenía una mirada expresiva, penetrante y madura. Su piel era blanquecina, rosada por las mejillas. Esto le daba un aspecto inocente, pero chocaba con la madurez de su mirada. Su pelo, a media melena, era castaño y ondulado, lo llevaba suelto y con un corte sencillo. También era guapa, pero junto a Grace su belleza se veía eclipsada. Grace abrió los ojos como platos y miró confusa a Athena, que asintió. La chica rubia se tapó la boca con las manos, ahora incrédula, y pegó un saltito de felicidad. - ¡Anastasia! - exclamó, llamándome por mi nombre real. Puse los ojos en blanco… ¡cómo odiaba ese nombre! Antes de advertirle que no me llamara otra vez así, se abalanzó contra mí y me abrazó, poniéndome de pie y todo. Mis brazos colgaban torpemente a cada lado de mi cuerpo. No estaba especialmente acostumbrada a esa efusividad ni por parte de amigos ni por parte de familiares. Los levanté, y le di unas palmaditas en la espalda, sonriendo. Athena nos miraba divertida desde la puerta. - ¡Eeeh! ¿Donde has estado? ¡Intentemos contactar contigo, pero no lo conseguimos! ¿Cómo se te ocurrió irte tan de repente? ¿Te parece bonito? ¡Tres años sin saber de ti! - Grace, ya no me abrazaba, parecía enfadada, hablaba rápido y alto, y a la vez me daba en el pecho con el dedo índice. - ¡Contesta! - ¡Grace! Deja que se reponga. La pobre tiene pinta de no saber apenas donde está - le reprochó Athena, que ahora se había sentado en uno de los asientos, con las piernas cruzadas. Me miraba aún con una sonrisita. Mi aspecto debía ser de lo más cómico. - ¡Tranquila, tranquila! - me separé un poco de ella, con las manos enseñándole las palmas - Yo también me alegro de veros! - les espeté con ironía. - No nos entiendas mal - se adelantó Athena - Si que nos alegramos de verte, ¡pero comprende que tu desaparición repentina nos preocupó mucho! - ¡Exacto! Los malditos muggles en su estúpida guerra… ¡ya pensábamos que te habría pasado algo! - añadió Grace con dramatismo. - ¡No, no, no! He estado bien, de verdad - aclaré, asintiendo con la cabeza - Tan solo me fui a estudiar fuera. Athena dio unas palmaditas en el asiento, a su lado, para que me sentara. Las dos chicas me miraban, ávidas de información. - Ya sabes, lo que toca, ¿no? - dijo Athena, arqueando una ceja. Me senté, soltando un bufido. - Y bien - Grace se sentó a mi otro lado - ¿Dónde estuvo estudiando mi Anastasia favorita? - preguntó, remarcando mi nombre apropósito. - Neysa - le corregí, justo después de darle un codazo - Me llamo Ney-sa. - Está bien, Ney-sa. - aceptó, a regañadientes. - ¡Venga! Cuéntanos, ¡vamos! - me instó Athena. - ¡Que sí, que sí! - me quedé unos segundos pensativa, con la mirada fija en la ventana - Veamos, básicamente, pasé mi segundo año en Francia, en Marsella. Estaba cerca de Beauxbatons, así que ya os imaginaréis a que escuela fui… - Oh, por Merlín. No te imagino ahí. - interrumpió Grace, negando enérgicamente. - Yo tampoco me imaginaba a mi misma - hice una mueca -. Afortunadamente, volvimos a Rusia justo cuando acabé el segundo año. Viví en Moscú con mis padres hasta principios de verano. - ¿Hasta Rusia os fuisteis? ¿Y eso por qué? - Athena ladeó la cabeza - Bueno, ya sabemos, eres de allí, pero… ¿no fue un cambio demasiado brusco? - No, qué va. Al contrario. Me gustó mucho, hacía años y años que no iba. Y además… tuve la oportunidad de ir a Durmstrang a estudiar. - ¡AH! ¡Durmstrang! Aquello debe ser fabuloso, sin sangre sucias que te molesten… - decía eso en tono soñador, como quien se imagina unas vacaciones de ensueño. Sabía que Grace soltaría aquel comentario, para algo era una Slytherin convencida. - Y las Artes Oscuras, ¿no? Dicen que allí les dan más importancia. Debes haber aprendido mucho… centenares de hechizos… - dependiendo de en qué momento, Athena se volvía un poco sádica… - Lo reconozco, eso es sin duda lo mejor. Había cosas que ni sabía que fueran posibles… y hay otras… horribles - hice una mueca - Athena, habrías disfrutado como una niña pequeña. - ¡Eso ni lo dudes! - contestó, riendo, pero entonces se puso seria - ¿Y por qué volvisteis aquí? - Oh… - miré hacia abajo, incómoda - Pues fue por la guerra. Mis padres creyeron conveniente alejarme de la zona continental… y mírame, aquí estamos de nuevo - sonreí, aunque la alegría no llego a mis ojos. - Vaya… - Grace carraspeó - Tu estabas bien en Durmstrang, ¿verdad? Bueno, llevabas dos años… - Si, bueno… pero prefiero no pensar, ¿sabes? Además, lo que más me preocupaba era eso de volver a hacer amigos, pero veo que ya está resuelto - sonreí amablemente - ¡No creía que nadie fuera a recordarme! - Oh, claro. Anastasia es un nombre tan común… - murmuró Grace irónicamente. - ¡No tiene nada que ver! - hice un mohín - ¡Athena me reconoció y no sabía mi nombre! - Cierto, cierto - coincidió la aludida. Nos quedamos un momento en silencio. El tren ya hacía rato que se había puesto en marcha, y por las ventanas solo se veían extensos paisajes verdes y algún que otro riachuelo. Era precioso. - ¡Grace! - exclamó de pronto Athena, dando un botecito en el asiento - ¿No tendrías que estar en el vagón de los prefectos? - ¡Anda! ¿Eres prefecta? - pregunté. - ¡AH! ¡Por Merlín! - se puso de pie como si la hubiera impulsado un muelle, ignoró mi pregunta - ¡Me he olvidado completamente! ¿No te dije que me avisaras? ¿Eh? - ¿Y qué acabo de hacer? - le espetó Athena, arqueando una ceja. - ¡Pero antes! Oh, Merlín. Me mata, me va a matar - repetía, llevándose las manos a la cabeza. - Esto, ¿Grace? ¿Y si vas? ¿No solucionaría eso el problema? - Igualmente, ¡estará furioso! La primera de mis tareas como prefecta y fallo estrepitosamente… - Grace estaba histérica. - ¿Quién estará…? - empecé, pero de pronto me vi interrumpida… La puerta del compartimiento se abrió de repente. Grace estaba de pie frente a ella, se mordía el labio inferior con nerviosismo, mientras miraba a quién la había abierto. Athena se aguantaba las ganas de reír, y yo, no me enteraba de absolutamente nada. Entonces, él entró.
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