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Por Lara Potter
Escrita el Viernes 18 de Mayo de 2007, 09:52 Actualizada el Jueves 24 de Mayo de 2007, 11:12 [ Más información ]
Capítulo 8
Harry levitó a Lara J. hacia la habitación y la depositó suavemente en la cama. Fue al baño y buscó su varita. La miró sin saber que hacer, seguía perdiendo sangre.
—¡Férula! Dijo apuntándole al costado izquierdo con su varita, de esta surgieron vendas que se enroscaron por todo el costado de la chica. —Vamos Lara, debes despertarte... ¡Enervate! Lara J. abrió los ojos en blanco y los volvió a cerrar poniéndose más pálida. Harry rasgó las vendas desesperado, tenia que cerrarle la herida y rápido. La tocó con la punta de su varita esperanzado. —Cúrate. Musitó mirando intensamente la herida pero no sucedió nada. —¡Ciérrate! Vio como la herida se cerraba un poco, se estaba curando de adentro para afuera. —¡Ciérrate! Volvió a exclamar con energía, en su varita surgió una diminuta lucecita blanca y la herida de Lara J. dejó de emanar menos sangre cerrándose un poco más. —¡CIERRATE! La herida sanó un poco más rápido aunque todavía estaba abierta. —Férula. Dijo contra la herida y esta se cubrió de vendas al momento, le apuntó al pecho con su varita. —¡Enervate! Lara J. abrió los ojos lentamente y los fijó en Harry algo desenfocados. Trató de incorporarse poniendo cara de dolor pero Harry la detuvo con una mano empujándola suavemente para que se acostara de nuevo. —Estás herida. Le dijo Harry cuando logró acostarla de nuevo. —Que novedad. Dijo Lara J. con los ojos al techo. —Ese maldito me hirió cuando intenté utilizar mis poderes. —¿Que pensabas hacer? Preguntó Harry frunciendo el entrecejo. —Algo que nunca me salió bien. Gruñó Lara J. pero soltó un gemido arrugando el rostro, Harry le acomodó la almohada. —Traté de transformar las cuerdas en fuego, asi estaría bajo mi control. Harry abrió los ojos como platos. —Mis cuerdas, no las tuyas. Aclaró Lara J. ante la cara del chico. —Solo te pido una cosa, no le digas nada a mamá, me voy a curar un poco pero no se me va a sanar del todo. —Pero Lara, debe saber. Dijo Harry tendiéndole una mano a Lara J. y la chica la agarró. —No Harry, no quiero que se preocupe más de lo que está. Dijo Lara J. apretándole la mano, bajó un poco la cabeza. —Siempre estoy en problemas y te arrastro a ti conmigo. —No Lara, ninguno de los dos arrastra al otro, solo... nos sucede. Dijo Harry tratando de hacerla entrar en razón. —Debo decirle, va a saber que hacer. —Por favor Harry, no le digas nada. Pidió Lara J. mirándolo con sus ojos verdes algo claros. —Está bien, no diré nada. Dijo Harry soltando aire. —Pero no se que voy a inventar. —Dile cualquier cosa, dile que... Comenzó a decir Lara J. atropelladamente. —... Que tenia sueño y... me quise acostar a dormir un rato. Harry asintió y Lara J. sonrió levemente pero ese intento de sonrisa desapareció cuando hizo una mueca de dolor. Cerró los ojos, su pelo comenzó a ondear y en su frente apareció el Ank plateado destellando débilmente. En la unión de las manos de los chicos apareció una luz. Harry cerró los ojos sintiendo calor en su mano. Lara J. abrió los ojos tomando aire bruscamente y a luz se extinguió completamente. Le soltó la mano a Harry y se miró, se cubrió completamente con la sábana con los ojos como platos. —¿Que sucede Lara? Preguntó Harry al ver la reacción de la chica. —Que vergüenza. Dijo Lara J. poniéndose algo roja. —Estoy en sujetador. Harry comenzó a reírse y Lara J. frunció ligeramente el entrecejo. —¡No tiene nada que ver Lara! Exclamó el chico riendo. —Somos hermanos, ¿No? Nunca te miraría con malos ojos. —Pero eres un chico. Gruñó Lara J. recelosa cubriéndose con la sábana. —Vamos Lara, ¿Cuántas veces no me has visto en calzoncillos? Preguntó Harry buscando el pijama de la chica. —Ahora déjame ayudarte para que te cambies. Lara J. se descubrió resignada. Harry la levitó de solo mirarla y le tendió la blusa del pijama. La chica se la puso con cuidado y luego se quitó el vaquero para cambiarse para el pijama. Harry la puso de nuevo con cuidado sobre la cama y le sonrió. —¿Nunca te había dicho que eres el mejor hermano del mundo? Preguntó Lara J. sonriendo. —Bueno... si me has dicho gusarapo cuatro ojos, esqueleto rumbero, entre otras cosas, que me digas eso... Dijo Harry fingiendo pensar. —Tú también eres la mejor hermana del mundo. Lara J. le guiñó un ojo haciéndolo sonreír ampliamente. Harry buscó un montón de libros de hechizos y pociones bajo la mirada curiosa de Lara J. Salió un momento de la habitación y limpió la sangre que había sobre el sofá y las gotas que habían por el suelo hasta la cama. Limpió todas las sábanas con cuidado y cubrió a Lara J. hasta la cintura. Entró al baño a dejar su varita escondida. Salió a la sala con los libros bamboleándose en sus brazos. Los regó por el sofá y se hundió a leer a ver si encontraba algún hechizo efectivo para curar heridas profundas. Comenzó a despeluzarse leyendo cuando la puerta de la calle se abrió. El ni cuenta se dio, como estaba tan concentrado. Pasó la página con el ceño fruncido y alzó una ceja al ver que no era lo que buscaba. Lanzó el libro a un lado y tomó otro y comenzó a buscar en el índice con la lengua entre los dientes. Se desgreñó más todavía resoplando. —¿Que hace mi niño? Preguntó la voz de Gabriela por detrás de él haciéndolo pegar un buen brinco. —¿Que lees cielo? —Er... nada mamá. Dijo Harry al momento cerrando el libro de golpe. —Me alegra saber que no salieron de casa. Dijo Gabriela dándole la vuelta al sofá y frunció el ceño tomando un libro que era de pociones curativas. —¿Pociones cielo? —Emm, si, solo... lo miraba por curiosidad. Dijo Harry recogiendo un poco de libros y Gabriela se sentó a su lado. —¿Estás bien? —Perfectamente. Dijo Gabriela sonriendo. —¿Que buscabas? ¿Te puedo ayudar en algo? —No, nada importante, de veras. Dijo Harry terminando de recoger los libros apilándolos en la otra esquina del sofá. —¿Y tu hermana? Le preguntó Gabriela y Harry trató de disimular su nerviosismo tosiendo. —Está en la habitación, me dijo que tenía sueño asi que la dejé dormir. Dijo Harry al momento emparejando los libros. —Puedes decirme que buscabas. Lo presionó Gabriela. —Creo que tengo hambre. Dijo Harry levantándose de golpe. —¿No estás contento de ver a tu madre? Le preguntó Gabriela haciéndose la abatida. —Por supuesto. Dijo Harry al momento, la abrazó y le besó la mejilla. —Vaya, tengo bastante hambre. Salió disparado para la cocina. Gabriela entró despacio en la habitación de los chicos. Lara J. estaba boca arriba tapada hasta la cintura mirando al techo. De vez en cuando se frotaba un poco el costado izquierdo. Terminó de entrar cerrando la puerta despacio. —Harry, ¿Puedes... Comenzó a decir Lara J. alzando un poco la cabeza, miró a los lados parpadeando al ver quien era y se acostó de nuevo en la cama. —Hola mamá. Gabriela se acercó despacio y se sentó al lado de ella en el borde de la cama. Por la cara de la chica no le había hecho mucha gracia quien había entrado. —Tu hermano me dijo que tenías sueño. Le dijo Gabriela suavemente. —Pero creo que no me dijo la verdad. —Si te dijo la verdad, yo... dormí hasta ahora. Dijo Lara J. tratando de sonreír. —¿Estás bien? —Si, por suerte no sucedió nada que tenga que lamentar. Contestó Gabriela acariciándole la cabeza, frunció el ceño cuando le tocó la frente. —Son ideas mías o... ¿Tienes fiebre? —Deben ser ideas tuyas. Dijo Lara J. apartando la mano de Gabriela de su frente. —Tienes las manos frías, debe ser eso. Gabriela cabeceó y se inclinó sobre Lara J. tocándole la frente con los labios. Se incorporó, a su hija le sucedía algo y Harry le estaba cubriendo las espaldas. Tenia que lograr que le contara, pero... ¿Como? Si hablar con ella era como hablar consigo mismo, no daba su brazo a torcer. Miró como la chica trataba infructuosamente sonreír. —Tienes fiebre, ¿Por qué? Le preguntó suavemente, Lara J. miró a otro lado. —Vamos, me puedes contar. —Debe ser... que pesqué un resfriado o algo. Dijo Lara J. encogiéndose de hombros y deseó no haberlo hecho, una punzada atravesó su costado izquierdo. —¿Por qué no confías en mi? Preguntó Gabriela mirándola detenidamente. —¿Me temes o algo? —Tengo miedo... Comenzó a decir Lara J. y Gabriela alzó una ceja. —... de tus reacciones. —Me lo imagino. Dijo Gabriela acomodándole la sábana por los costados, le apretó sin querer la herida y Lara J. soltó un largo gemido de dolor arrugando el rostro. —Pero... ¿Que tienes ahí? Déjame ver. —¡No! ¡No es nada! Exclamó Lara J. tratando de sentarse pero un dolor agudo atravesó su costado y subió como un corrientazo hacia la cabeza, cerró los ojos con los dientes apretados y se agarró el costado. —Solo... un dolor sin sentido. —No es un dolor sin sentido si pones esa cara, déjame ver. Insistió Gabriela tratando de que la chica se quitara la sábana de encima. Frunció el ceño mirándose las manos, la hora se estaba terminando. Soltó aire y dejó su bolso encima de la cama y sacó su varita y el frasco con poción. Lo destapó y bebió el último trago. Cerró los ojos estremeciéndose. —¿Por qué hiciste eso? Preguntó Lara J. enroscándose en la sábana con cuidado. —Deberías estar feliz de que se terminara la hora. —Tranquila, quítate la sábana de encima. Le dijo Gabriela con voz tranquilizadora, Lara J. solo agarró la sábana con fuerza. —Vamos cariño, confía en mí. Lara J. se descubrió resignada. Gabriela fue a subirle la blusa pero Lara J. la miró con mala cara agarrándole las manos. —¿Ahora que? Debo mirar. Dijo Gabriela insistiendo en subirle la blusa pero la chica le hizo presión. —Soy tu madre, solo voy a ver que tienes en el costado. Lara J. frunció el ceño renuente a que le subieran la blusa y negó con la cabeza. Gabriela soltó aire mirando al techo, la entendía perfectamente. —Por favor Lara, tienes algo ahí. Le dijo Gabriela suavemente tratando de convencerla, se inclinó y le besó la frente. —Confía en mamá. Lara J. quitó las manos lentamente. Gabriela le subió la blusa hasta el nivel del busto y cerró los ojos al ver un vendaje rodeando todo el costado de su hija. Le pasó una mano por el vendaje hasta llegar al costado izquierdo. Sintió algo húmedo y se miró los dedos, tenia sangre. —¿Q-Que... Comenzó a decir Gabriela a punto de explotar mirando la sangre en sus dedos, la chica se encogió temerosa, logró calmarse y habló con voz serena. —¿Que te sucedió? Lara J. abrió la boca pero la cerró dándose cuenta de que Gabriela estaba haciendo grandes esfuerzos por controlarse. La puerta de la habitación se abrió de repente y se cerró. —¡Lo tengo Lara! Exclamó Harry sin apartar la vista de un grueso libro de hechizos. —¡Lo encontré! Es un hechizo para curar heridas pro... Harry se detuvo descubriendo a Gabriela. Lara J. tenía el vendaje al descubierto con los ojos cerrados y tragando en seco constantemente, la mandíbula le temblaba. Harry cerró la boca con los ojos como platos. Abrió la boca pero no salía ningun sonido de ella. Comenzó a retroceder despacio hacia la puerta. Pero Gabriela fue más rápida. Se levantó como un rayo y lo alcanzó quitándole el libro y agarrándole un brazo con fuerza. —¿Que hicieron? Preguntó Gabriela apretándole el brazo a Harry, mostró el libro. —¿Por qué me mientes Harry? —¡El no tiene la culpa! Dijo Lara J. de repente con la voz entrecortada. —¡Yo le pedí que no dijera nada! —No mientas Lara. Dijo Harry al momento, miró a Gabriela fijamente. —Si alguien merece un castigo, ese soy yo. —¡No! Dijo Lara J. tratando de sentarse de golpe pero soltó un débil grito de dolor. —¡No te puedes levantar Lara! Dijo Harry frunciendo el ceño, Gabriela solo pasaba la mirada de uno a otro, se estaban protegiendo. —No hagas ninguna tontería o esa herida va a abrirse de nuevo. Gabriela soltó a Harry y miró el hechizo en el libro. Miró al chico unos segundos y se acercó de nuevo a Lara J. Dejó el libro abierto encima de la cama y blandió la varita contra el vendaje. —¡Diffindo! El vendaje se cortó limpiamente y lo quitó con cuidado. Harry se acercó despacio a la cama y bajó la cabeza sentándose en una esquina. Gabriela hizo que Lara J. se sentara con cuidado y la estrechó contra si. —Va a doler un poco. Le dijo suavemente, la chica solo estaba encogida y tensa por miedo a que explotara en cualquier momento. —Tranquila. Gabriela le tocó la herida con su varita y murmuró algo casi inaudible. Lara J. sintió como si le quemaran la piel lentamente. Se aferró a Gabriela con fuerza con los dientes apretados sintiendo como si fuese un hierro candente en la herida. Harry veía como la herida cicatrizaba lentamente hasta que quedó reducida a un arañazo. Gabriela quitó el hechizo y Lara J. aflojó el agarre recostándose a ella con los ojos cerrados. Gabriela le bajó la blusa despacio y la abrazó besándole la cabeza. —Ya terminó mi niña, solo hay que esperar a que cicatrice bien. Le dijo dulcemente al oído, Lara J. seguía encogida y sin devolver el abrazo. —Ahora, me van a decir que hicieron. Lara J. hizo el intento de separarse de ella pero Gabriela apretó el abrazo y le besó la frente suavemente. Harry comenzó a retorcer el dobladillo de la sábana de Lara J. —Pueden contarme, no me voy a enojar. Los presionó Gabriela, Lara J. intentaba salir del abrazo pero no podía. —Prometo que si me dicen todo, no me voy a enojar ni castigarlos, ¿Es que no confían en vuestra madre? —Ese es el problema. Murmuró Harry bajando la vista. —Que... no eres nuestra madre, aunque tengas otra forma pero tu mente sigue siendo la misma. —Harry. Lo llamó Gabriela dulcemente, Harry la miró incómodo. —Siempre que tenga esta forma, soy tu madre y la de Lara ¿Entiendes cielo? Harry asintió haciendo una mueca y regresando la mirada a la sábana. —Ahora no soy ese gruñón, insoportable, obstinado y sin sentido del humor. Prosiguió Gabriela sonriendo, Harry la miró y ladeó la cabeza. —Lo veo todo desde otro punto, ahora ven aquí... eso es mi niño, cuéntenme todo y no tengan miedo. —Bueno, ¿Tiene que ser todo? Preguntó Harry cuando llegó al lado de Gabriela, Lara J. solo parpadeó un par de veces y abrazó a Gabriela. —Por supuesto cielo, ¿Como piensas que voy a saber lo que hicieron si no me cuentan con detalle? Dijo Gabriela sonriéndole, lo estrechó contra si con el brazo libre. —Cuenten, soy toda oídos. —¿Prometes que no te vas a enojar? Preguntó Lara J. temerosa. —Por supuesto cariño. Contestó Gabriela dulcemente. —Pueden hablar sin miedo. —Bueno… que te seguimos y… hicimos magia. Murmuró Harry bajando la cabeza, Gabriela comenzó a acariciarle la cabeza maternalmente. —Hurtamos las varitas… lo sentimos, pero debíamos hacerlo, queríamos… ayudarte. —Fue mi idea seguirte. Dijo Lara J., Gabriela le besó la cabeza suavemente. —Solo queríamos espantar a ese muggle. —Solo les debo decir una cosa con respecto a esta parte. Dijo Gabriela muy seria, los chicos se prepararon para la explosión, de repente les sonrió y los abrazó con fuerza. —Gracias, realmente agradezco vuestra ayuda, de verdad son adorables. —¿En serio? Preguntó Harry mientras Gabriela les sonreía y los estrechaba con ternura. —¡Claro cielo! Dijo Gabriela sin dejar de sonreír. —Ahora, la segunda parte, ¿Cómo entraron sin capas invisibles? —Éramos los guardias de seguridad. Dijo Lara J. más animada. —Y los camareros que los atendieron. —¿De donde consiguieron la poción multijugos? Preguntó Gabriela intrigada. —Fue ilusionismo. Aclaró Harry sonriendo levemente. —Lara fue la de la idea, solo duraba 30 minutos. Gabriela miró con orgullo a Lara J. y la chica se ruborizó. —Habían mortífagos allí, ¿Fueron ellos los que… Comenzó a preguntar Gabriela frunciendo ligeramente el entrecejo. —No. Contestaron los chicos al unísono. —Fue Voldemort. Gabriela parpadeó ante la mención del nombre e hizo una mueca. —En cuanto te fuiste, quitamos del medio a Dolohov y Bellatrix. Explicó Lara J. al momento. —Frank no nos vio las caras, salimos corriendo por la playa hasta que varios guardias de seguridad muggles nos detuvieron y tuvimos que luchar como muggles, pero al parecer el Ministerio de Magia del Cairo supo del disturbio y envió magos a detenernos. —Tuvimos que salir huyendo y Lara provocó una tormenta de arena para cubrirnos la retirada. Prosiguió Harry. —Llegamos al puerto y cuando íbamos a seguir Vol… quien—tu—sabes nos detuvo y nos amarró, nos preguntó por el mapa y… nos lanzó una Cruciatus, y… Lara fue a utilizar sus poderes y la hirió, escapamos cuando quiso utilizar la Imperio para controlarnos. —Debo decir… Comenzó a decir Gabriela reprimiendo los deseos de reprenderlos duramente. —Que lo hicieron bastante bien. —Si quieres regañarnos lo puedes hacer, ya estamos acostumbrados. Murmuró Lara J. tratando de salir del abrazo pero Gabriela la estrechó contra si más fuerte. —No cariño, no los voy a reprender, lo prometí. Dijo Gabriela haciendo todo lo posible por que no se notara que estaba rabiando. —Solo otra pregunta. —¿Otra más? Preguntó Harry haciendo una mueca leve. —Si cielo, ahora, ¿De quien son las varitas que tengo en el bolso? Preguntó Gabriela alcanzando el bolso y abriéndolo, sacó dos varitas y las mostró. Los chicos sonrieron tímidamente y Gabriela agitó las varitas. Las dos dieron un chillido y una se transformó en un pollo de goma y la otra en un pescado de hojalata. La mujer puso una cara súper graciosa de desconcierto. Los chicos aguantaron la risa entre sus brazos ya que sabían que no le iba a hacer mucha gracia. Pero Gabriela solo se echó a reír y los abrazó con fuerza. —¡De verdad son unos pillos! Exclamó riendo, los chicos se miraron confusos por el cambio, esperaban que estallase. —¡Nunca pierdan ese sentido del humor! Cambiarme las varitas por unas de pega… ni a mi se me hubiese ocurrido, ahora, les tengo una noticia. —¿Buena o mala? Preguntó Harry tímidamente. —Depende como se la tomen. Contestó Gabriela pasando la mirada de uno a otro. —Bueno, entonces habla. Dijo Lara J. adivinando que no seria nada bueno. —Que he decidido… Comenzó a decir Gabriela algo seria, los chicos abrieron los ojos como platos bajando la cabeza. —… quitarles el castigo. —¡¿Qué?! Exclamaron a un tiempo pegando un brinco. —Que ya pueden hacer magia, toda la que quieran. Dijo Gabriela sonriendo ampliamente. Los chicos se quedaron con la boca abierta sin poder creerlo. Parpadearon un par de veces sin reaccionar. Abrazaron los dos de repente a Gabriela sonriendo ampliamente. —¡Te quiero mamá! Exclamó Lara J. arrodillándose en la cama, comenzó a besarle muchas veces la mejilla a Gabriela. —¡Me encanta tenerte como madre! —¡Si! ¡Somos libres! Exclamó Harry por su parte balanceando a Gabriela, se alzó y le besó la otra mejilla. —¡Te quiero mucho! Lara J. se paró encima de la cama y alzó los brazos con expresión relajada. Una espiral plateada la rodeó completamente brillando intensamente mientras su largo pelo ondeaba. Se dio vuelta sonriendo rodeándose de una espiral de agua. La espiral de agua fue cambiando para una de aire y se extinguió al cabo de unos segundos. Lara J. se bajó de un salto de la cama. —¡Como nueva! Exclamó con los brazos al techo. Harry saltó de la cama y entró corriendo al baño bajo la mirada curiosa de Gabriela. —¡Lara! La llamó el chico a sus espaldas, giró y sonrió ampliamente. —¡Atrápala! Harry le lanzó una varita y Lara J. la atrapó sonriendo. Le dio vueltas entre sus dedos como una batuta y de la punta brotaron chispas rojas y doradas. Gabriela se levantó de la cama recogiendo su bolso, estaba loca por librarse del vestido. —¿Dónde vas mamá? Preguntó Harry al ver que se retiraba. —Creo que merezco un tiempo libre ¿No? Contestó sonriendo. Los chicos se miraron y sonrieron. Gabriela salió de la habitación cerrando la puerta tras de si. Enseguida sacaron el mapa y la extraña gema roja. Se sentaron sobre la cama con el mapa desplegado entre los dos. Tocaron la gema al mismo tiempo con sus varitas y esta vibró intensamente. Se elevó unos 2 centímetros brillando y cayó de nuevo sobre el mapa. Los chicos se miraron desilusionados. —Ahora si no se como funcione esto. Dijo Harry recogiendo la gema y poniéndola en la palma de la mano. —Nunca podré ver a Sirius de nuevo. —No te rindas Harry. Lo animó Lara J. poniendo su mano encima de la de él con la palma hacia abajo. —Si lo vas a ver de nuevo. Lara J. le apretó la mano mirándolo comprensiva. Sintió un calor intenso en la mano y una luz roja salió de la unión de las manos de los chicos. Estos abrieron los ojos como platos sintiendo vibrar la gema entre sus manos. Movieron las manos sin despegarlas hasta ponerlas vertical. La luz se hizo más intensa iluminando toda la habitación. Se atrevieron a despegar las manos lo suficiente para ver. La gema destellaba girando lentamente flotando entre sus manos. Lara J. abrió los ojos como platos viendo como los jeroglíficos se multiplicaban haciendo una escritura doble y se acercaban a las paredes en direcciones opuestas de la gema. No tuvo tiempo de leerlos. Las extrañas escrituras traspasaron las paredes y pasaron como unos borrones entrando en la piel de Harry y de ella. Los chicos sintieron algo bajando por sus venas a gran velocidad. Harry solo veía una especie de niebla blanca y un canto sobrenatural que sonaba en sus oídos, el canto del fénix. Todo se aclaró y los chicos volvieron en si. La gema cayó sobre el mapa y se disolvió en él volviéndolo de color rojo revelando unas nuevas escrituras. Lara J. se inclinó sobre el mapa y leyó rápidamente la escritura. La tinta roja se disolvió como chupada por el pergamino y la gema roja apareció donde cayó con un destello. Harry no lograba recoger la quijada de la cama. Miró a Lara J. interrogante. —“En Karnak está parte de tu camino, donde van los valientes y donde las almas cantan su desdicha, busca más allá de donde se pone el sol detrás de Anubis y donde la arena dorada se levanta con el viento, el camino está escrito”. Recitó Lara J. y cuando fue a coger la gema estaba partida en dos pedazos exactamente iguales. —¡Ave Maria! Te juro que no fui yo. —Tranquila Lara. Dijo Harry saltando de la cama buscando un pergamino, tinta y pluma, se lo tendió a la chica. —Escribe lo que leíste. Lara J. escribió todo mirando de reojo la gema rota. Harry la recogió y la trató de unir pero no sucedía nada. Lara J. terminó de escribir y enrolló el pergamino. —Harry, con un poco más de fuerza la podrías unir. Dijo Lara J. tomando un pedazo y lo juntó bruscamente con el otro que sostenía Harry. Un haz de luz surgió en la unión de las piedras y una fuerza invisible los empujó hacia atrás. Chocaron contra la pared con los ojos como platos mientras la gema flotaba brillando intensamente unida donde antes la sostenían ellos. Soltó un último haz de luz y cayó rota de nuevo encima del mapa. La puerta se abrió y se asomó Snape con el ceño fruncido. Pasó la mirada por los chicos que estaban incrustados en cada esquina de la habitación con la boca abierta y los ojos como platos. —No jueguen con magia de esa manera. Los reprendió muy serio, los chicos lo miraron lentamente sin poder articular palabra. —Espero que solo hayan sido hechizos de poca monta, no estoy para deshacer encantamientos extraños. —Lo… Karnak… Balbuceó Lara J. parpadeando, no podía coordinar bien las ideas. —Por favor Lara, no hables tonterías, no, no me digan que fue un encantamiento serio. Dijo Snape terminando de entrar en la habitación, miró el mapa encima de la cama y la gema rota encima de él. —¿Qué le hicieron a la gema? —N-Nada. Contestó Harry incorporándose lentamente. —S-Sabemos… donde está... la segunda pista… —¿En serio? Preguntó Snape recogiendo los dos pedazos de gemas, los fue a unir. —¡NO! Exclamaron los chicos de repente abalanzándose sobre él pero ya Snape había unido la gema y no sucedió nada. —¿Ustedes dos están bien? Preguntó Snape mirándolos como si estuviesen enfermos. Le tocó la frente a Lara J. que todavía estaba con un poco de fiebre. Frunció el ceño y le puso una mano a Harry en la frente, el chico tenia la temperatura normal. —Lara, a la cama. Ordenó Snape recogiendo el mapa junto con la gema. —P-Pero papá… Comenzó a decir Lara J. no quería pasarse toda la tarde mirando el techo y sin hacer nada. —No tengo nada. —Tienes fiebre. Dijo Snape guardando las cosas junto con la flauta, cuando cerró la gaveta le dio un toquecito con su varita murmurando algo. —Así que sin excusas para la cama… —No me voy a acostar en la cama. Dijo Lara J. cruzándose de brazos. —¡No me siento nada! —Lara… no me hagas utilizar medidas drásticas. Amenazó Snape mostrando los dientes y lanzándole una mirada asesina, la chica se metió de un salto en la cama y se cubrió hasta la nariz con la sábana. —Mucho mejor. —Pero de veras papá, no tengo na… —¡Si tienes Lara y basta de replicar!... ¡Tú! Dijo Snape girando de repente hacia Harry haciéndolo pegar un brinco. —Ya que estabas tan interesado en Pociones ven conmigo. Harry tragó en seco y miró a Lara J. en busca de apoyo. Pero la chica estaba encogida ante la mirada de Snape. —Harry, creo haber dicho que vinieras conmigo. Gruñó Snape abriendo la puerta. Harry dio un respingo y siguió a Snape afuera. Este lo llevó a la cocina y abrió los ojos con horror al ver un caldero levitado sobre un fuego morado mágico con un libro abierto al lado. —Sigue las instrucciones y procura hacer bien la poción, es para la fiebre de tu hermana. Le dijo Snape señalando con la cabeza el caldero, Harry lo miró con reproche. —Vamos, no es para la semana que viene. Harry hizo una mueca de desagrado poniendo los ojos en blanco cuando caminaba hacia el caldero. —¡Vi eso! Dijo Snape sobresaltándolo. —Estoy en mi habitación, cualquier cosa me buscas allí, y no quiero ver a tu hermana fuera de la cama sin haberse tomado la poción ¿Está claro? Harry dio una especie de gruñido que Snape interpretó como un: “Si papá”. El susodicho lo miró unos segundos con los ojos entrecerrados y salió de la cocina. Harry puso manos a la obra algo obstinado y resignado. Siguió cuidadosamente las instrucciones y terminó la poción algo que no fue cuestión de minutos. Llenó una copa y puso cara de asco compadeciendo a Lara J. Llevó la poción a la habitación y se detuvo frente a Lara J. que se había sentado en la cama al ver quien era, lo que no miraba con buena cara la copa humeante. —Papá quieres que te la tomes. Dijo Harry alejando la copa de si mismo como si fuese un escreguto de cola explosiva. —¿No puedes echarla por el retrete y decir que me la tomé? Sugirió Lara J. esperanzada mirando con cara de asco la copa. —Lo siento Lara, se va a dar cuenta cuando vea que la fiebre no te bajó. Dijo Harry a punto de soltar la copa. —Si te la tomas puedes salir de cama. —¡Dame acá la bazofia esa! Exclamó Lara J. arrebatándole la copa a Harry de las manos, se tapó la nariz y cerró los ojos poniendo una cara muy graciosa. —Todo por la libertad. Harry arrugó el rostro con cara de asco cuando Lara J. se tomó toda la poción sin respirar y con la garganta apretada. Comenzó a toser tendiéndole la copa a Harry. Sacudió la cabeza y comenzó a salirle vapor por los oídos. —Que valor. Comentó Harry cabeceando levemente. —Que aguante, recuérdame estrangular a papá cuando nos tropecemos con él. Gruñó Lara J. levantándose cuando ya solo le salía un débil vaporcillo de los oídos, alzó su varita apuntándole al armario. —¡Accio! El armario se abrió y a sus manos voló un vaquero de mezclilla azul oscura y una camiseta rosa. —Con permiso pero debo cambiarme, no pienso estar en pijama todo el tiempo. Dijo Lara J. mientras se quitaba la blusa y se quedaba en sujetador. —Yo también debo cambiarme, tengo sangre en la ropa. Dijo Harry como si nada quitándose su camisa, la dejó en el suelo y se quitó el vaquero. —¡Accio! Una gaveta se abrió y a las manos de Harry volaron un vaquero del mismo color que el de Lara J. y un pullover negro. Se terminaron de cambiar como si nada y Harry dejó la ropa del suelo en el cesto de la ropa sucia que había en el baño. Salieron de la habitación y se dedicaron a lavar la copa y limpiar bien el caldero. Enseguida extinguieron el fuego mágico, no querían una Ashwinder rondando por la casa. Fueron a la sala dispuestos a hacer un duelo de magia cuando tocaron a la puerta. Guardaron las varitas fastidiados y Harry fue a abrir la puerta de mala gana. Cuando la abrió puso los ojos como platos y la cerró de golpe recostándose a ella. Tocaron de nuevo a la puerta. —¿Que sucede Harry? Preguntó Lara J. al ver la cara del chico y de cómo cerró la puerta en la cara de la visita. —¿Por qué no abres la puerta? —Abre tú y me dices. Dijo Harry apartándose de la puerta. Lara J. soltó aire con los ojos en blanco y abrió la puerta. Puso los ojos como platos y cerró de un portazo antes de que Frank abriera la boca. Los chicos se miraron haciendo una mueca que pronto convirtieron en un gruñido amenazante. Lara J. volvió a abrir la puerta con mala cara y Harry se puso a su lado. —Vaya recibimiento. Protestó Frank cruzándose de brazos. —¿Que quiere? Gruñeron los chicos a un tiempo adoptando una actitud defensiva. —Harry, Lara, ¿Dónde están sus modales? Dijo la voz de Snape detrás de ellos, parpadearon un par de veces. —Buenas tardes señor, ¿A quien desea? —Ah, eh, yo... soy el vecino del número 5. Dijo Frank señalando la puerta del otro lado del pasillo por encima de su hombro. —Frank O’ Maley. —Severus Evans. Dijo Snape en un susurro frío pero se le entendía todo, les puso las manos en los hombros a los chicos y los presionó. —Pase, siéntase como en su casa. Snape hizo que los chicos desbloquearan la puerta dejando entrar a Frank. Snape les soltó los hombros a los chicos y señaló el sofá con un elegante gesto. Frank se sentó nervioso, ese hombre tenía una mirada fría y sus ojos negros hacían pensar en túneles oscuros. Snape se sentó en la otra punta del sofá. —Disculpe, ellos son mis hijos, Harry y Lara Evans. Dijo Snape viendo a los chicos deslizarse por detrás del sofá. Frank sonrió nervioso y los chicos solo inclinaron la cabeza por cortesía. —Estamos en nuestra habitación papá. Dijo Harry cerrando la mano derecha en un puño. Snape asintió y los chicos se apresuraron en entrar en la habitación. Buscaron las orejas extensibles y se pusieron en plancha para escuchar mejor. —Bien, ¿Desea algo? ¿En que lo puedo ayudar? Preguntó Snape con una voz peligrosamente suave. —Yo... buscaba a... Gabriela. Dijo Frank intimidado. —¿Mi esposa? Preguntó Snape. —Ella está durmiendo, cuando llegué ya estaba acostada, solo estoy de pasada, vine a ver a mis hijos. —¿Ella se siente bien? Preguntó Frank notablemente nervioso. —Si, aunque... está... algo... molesta. Dijo Snape con un tono de voz cada vez más peligroso, los chicos ya daban a Frank por muerto. —Me ha comentado que usted... la... amenazó. —¿Yo? O no, yo nunca haría eso. Dijo Frank atropelladamente. —Escúcheme bien. Dijo Snape bruscamente y haciendo saltar a los chicos. —Le pone una mano encima a mi esposa... le toca aunque sea un cabello... y se va a acordar de mi por el resto de sus días, ¿Entiende? —Tengo influencias, señor. Trató de amenazar Frank algo que fue un horrible error. —Yo también. Saltó Snape. —Asi que cuídese las espaldas si no quiere que le suceda algo... que tenga que lamentar. Los chicos sonrieron cuando vieron sombras moverse apresuradamente por la sala. La puerta de la calle se abrió y se cerró. Los chicos recogieron las orejas extensibles y las guardaron en los bolsillos. Salieron de la habitación. Snape estaba de pie con las manos en los bolsillos de su túnica negra mirando a la puerta. —¡Muy bien papá! Dijo Lara J. palmeándole la espalda, Snape la miró y sonrió levemente. —¡Lo pusiste en su lugar! Agregó Harry sonriéndole a Snape. —Va a regresar. Dijo Snape regresando la mirada a la puerta. —Ese es un descarado con honor y va a regresar. —¿Te olvidas de que estamos nosotros? Preguntó Lara J. enganchándosele de un brazo y apoyando la cabeza en el antebrazo de su padre. —Por supuesto que no. Contestó Snape acariciándole la cabeza. —Ustedes dos son par de pillos. —Lo que me recuerda. Dijo Harry pensativo, sacó su varita y la agitó al aire. —¡Accio llave! La puerta de la habitación de los chicos se abrió y de ella salió volando un juego de llaves que aterrizaron en las manos de Harry. El chico se las entregó a Snape. —Son las llaves de su yate. Dijo Harry sonriendo maliciosamente. —Yo fui el que se las quitó. —Me salvaste de una buena. Dijo Snape mirando las llaves en sus manos, se las lanzó a Harry de vuelta. —Devuélvanle las llaves, pero que no los vea. —Déjamelo a mí. Dijo Lara J. sonriendo maliciosamente, se rodeó de una espiral plateada transformándose en una gata atigrada. —Dame las llaves Harry, voy a dejarlas por debajo de la puerta. Harry se agachó y le puso las llaves en la boca a Lara J. La gata esperó a que le abrieran la puerta y salió al pasillo. Se sentó en el medio de este moviendo su cola felpuda de un lado a otro. Se acercó a la puerta y dejó las llaves pegadas a esta. Con una pata las logró colar por debajo de la puerta. Se sacudió y se sentó de nuevo en el medio del pasillo cuando la puerta del número 5 se abría y se asomaba Frank desconcertado. Pero en el pasillo solo había un gato atigrado que lo miró y mostró los dientes erizando el lomo. Se encogió de hombros y cerró la puerta. Lara J. se acercó a la puerta del número 6 y dio un fuerte maullido. Enseguida le abrieron una rendija de la puerta y entró rápidamente. Se transformó en humana sacudiéndose las manos. —Ya está. Dijo Lara J. sonriendo, Snape lanzó una mirada reprobatoria a la sala. —¿Que te está pasando por la cabeza papá? —Que la sala está un poco sucia. Dijo Snape mirando las paredes, notó algunos adornos rotos. —Y la casa está en ruinas, pónganse a limpiar en estos mismos instantes. Los chicos se pusieron a protestar al mismo tiempo. —¡Pero nosotros no tenemos la culpa de que esté sucia! —¡No rompimos nada! —¡Para eso estás aquí! —¡No es justo! —¿Quieren ver como los pongo a limpiar los baños también y sin magia? Amenazó Snape mostrando los dientes, los chicos se callaron al momento. —¿Y no creen que merezco un buen descanso? No se crean que lidiar con ustedes dos es fácil, asi que... ¡Quiero ver esta casa limpia cuando salga de mi habitación! Y si veo un solo adorno sin reparar o indicios de un duelo de magia... prepárense. Snape pasó la mirada de uno a otro con los ojos entrecerrados y entró en su habitación dejando a los chicos a punto de caerle a hechizos si no se apresuraba en desaparecer por la puerta. Comenzaron a reparar todo con hechizos y a limpiar cada rincón de la casa. Estaban algo cansados y tenían hambre asi que decidieron comer algo a pesar de que estaba oscureciendo. Fueron directo a la cocina y se pusieron a registrar en el refrigerador. —¡Salgan de ahí! ¡No van a comer nada a esta hora! Gruñó la voz de Snape proveniente de la entrada de la cocina, los chicos pegaron un buen brinco pegándose con la parte superior del refrigerador. —¡Vayan a vuestra habitación y aguanten! ¡Después me salen con que no tienen hambre! Los chicos pasaron corriendo por su lado y Snape los atrapó antes de que se le escaparan. Harry se llevaba un bocadillo en la mano. Miró al chico entrecerrando los ojos y le señaló el bocadillo con la cabeza. Harry se lo entregó a regañadientes y como vio que lo seguía mirando con mala cara decidió entregar el segundo bocadillo que tenía escondido en la camisa. Lara J. también pasó por la requisa de Snape y tuvo que entregar resignada unos pedazos de jamón que llevaba reducidos en los bolsillos. Se fueron arrastrando los pies hacia la habitación de ellos y se tumbaron sobre la cama sobándose el estómago para ver si las tripas se calmaban. Lara J. alzó su varita y comenzó a entretenerse dibujando en el aire. Harry sonrió y también comenzó a dibujar por su parte. Lara J. comenzó a reírse de un dibujo de Harry que no se sabía ni que cosa era. El chico le gruñó bajando la varita con la inspiración por el suelo. Lara J. se sentó en la cama y Harry la encaró. Se miraron entrecerrando los ojos. A los segundos siguientes ya estaban enzarzados manos con manos para ver quien derribaba a quien. Harry agarró a Lara J. por la cintura (Algo que le fue un poco difícil) y le dio una voltereta encima de la cama. Lara J. terminó piernas arriba y comenzó a darle arqueadas a la espalda. La chica logró comenzar a rodar por encima de la cama y se desprendió del agarre de Harry que quedó boca arriba con los pelos de punta y los lentes ladeados. Lara J. mostró los dientes de manera maliciosa y alzó y bajó las cejas un par de veces. Dio una dentellada al aire y se lanzó al ataque encima de Harry que le agarró las manos a duras penas. Snape abrió la puerta de la habitación justo a tiempo de ver a los chicos forcejeando con los dientes afuera y apretados, los ceños fruncidos y los pelos de punta. Frunció el entrecejo, al parecer no se habían dado cuenta de que él estaba en el umbral de la puerta. Lara J. sacudió a Harry haciéndolo parpadear y los lentes se le quedaron en la punta de la nariz. Se puso bizco mirándolos unos segundos y puso la lengua entre los dientes haciendo fuerza para derribar a Lara J. Lara J. entrecerró los ojos sonriendo levemente y el chico dio un respingo. Snape se apoyó en el marco de la puerta, al parecer iba a ser larga la espera. Lara J. de repente agarró a Harry por la camisa y por el vaquero y lo alzó sin esfuerzo alguno apoyándolo en sus hombros. Le dio tal vuelta que lo dejó boca abajo en la cama, se sentó sobre su espalda cruzando las piernas y lo miró sonriendo maliciosamente. Harry alzó la cabeza y gruñó cuando los lentes se le quedaron colgando de una oreja. —Bien, tiempo fuera luchadores. Intervino Snape pasando la mirada de uno a otro. —Ya la cena está lista. Lara J. saltó de encima de Harry en un abrir y cerrar de ojos y se dio vuelta sacándole la lengua. Salió corriendo cuando vio que Harry hacia el intento de sacar su varita. —¿Alguna nota que agregar? Preguntó Snape cuando Harry se bajaba de la cama acomodándose los lentes. —Si. Respondió Harry. —Recuérdame no volver a agarrarla por la cintura y tumbarla sobre la cama, es tan delicada. Snape sonrió cabeceando mientras Harry salía de la habitación.
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